¡Hola a todos/as!, ¡como siempre mis agradecimiento a quienes han comentado!
El día de hoy: más de la desastrosa vida del moreno, aww, ya da un poco de pena, ¿no? =/
Nuevo anuncio: La próxima semana la actualización será en domingo =/ otra vez tengo que viajar, así que… Pero no se preocupen, esta vez tendré un ojo pegado sobre mi pendrive y todo respaldado =P
Harry agradeció que sus amigos le propusieran pasar esa noche con ellos en su habitación de Hotel, porque continuaba sin querer ver a sus compañeros de equipo, a Quinn o a Phillip. Realmente Harry no quería ver, ni saber de nadie. Y aunque conscientemente no lo deseaba para nada, inconscientemente su mente se empeñaba en recapitular, en recordar esa extraña forma en que sus sentimientos -esos que el moreno creía no tener- habían explotado esa tarde y cómo todas esas sensaciones y malestares somáticos cobraban sentido. A veces le daban ganas de golpearse contra una puerta.
En Hogwarts no sentía asco por el libertinaje de Malfoy, sino que estaba celoso. Supuso que en ese tiempo él era más simple de carácter, porque sólo necesito ver a su rubio follar con el indeseable de McDougall para darse cuenta. En éste caso no era que Draco fuera simplemente una jodida "espina" que se quisiera sacar sólo teniendo sexo con él, oh no, era que a pesar de los cinco años que habían pasado, nunca lo había olvidarlo. Aún tenía su imagen grabada en la retina, su voz en los oídos, esa sensación de ansiedad bajo la piel. Era que se había enamorado. Y quizás no fuese algo reciente, porque ciertamente le había gustado el Draco Malfoy que había conocido en Francia, alegre, desinhibido, sin los viejos prejuicios, abierto a esa vida que antes se le había negado. Pero aunque el rubio de ahora lo había cautivado, Harry aún recordaba al chico que había sido antes.
Y si había tenido celos era porque ya en ese tiempo había sentido algo… no es que sólo estuviese obsesionado con follar con él. Oh Merlín era tan obvio. Pero el Potter de ahora si bien era más complejo, también era más idiota y no se había dado cuenta. Pensó, ilusamente, que ese tiempo en Francia serían unas agradables vacaciones de quidditch y follar con su rubio, para después regresar a casa como si nada hubiese sucedido. ¿No lo había dicho ya? Si había que ser idiota para no darse cuenta, muy-muy idiota.
Suspirando se frotó el rostro con las manos, aún sin poder dormir. Y ya era bastante tarde. Una leve brisa entró a través de la ventana semi abierta, meciendo las cortinas con elegante suavidad. Harry se levantó tratando de no hacer mucho ruido. Sus amigos dormían profundamente en la cama contigua –había sido una linda y cómoda cama Queen size, antes de ser partida mágicamente en dos, para que el moreno tuviera donde descansar-, ambos estaban agotados después de pasar mucho tiempo conversando de cosas variadas, intentando hacerlo pensar en otra cosa que no fuera Draco.
Se acercó a la ventana y miró al exterior. El Hotel mágico estaba instalado invisiblemente por sobre la línea arquitectónica de las construcciones promedios de la ciudad, porque Harry se sorprendió de la hermosa vista. Distinguiendo a lo lejos, las picudas torres medievales o góticas de los castillos y las catedrales, bajo la mirada displicente del que pareciera ser el único edificio moderno de la ciudad, sobresaliendo como un dedo omnipotente e indicando al fresco cielo nocturno.
Volvió a suspirar, como por centésima vez, mirando el dorado de la luz de los faroles bañando los muros oscuros y las soleras de cemento.
Apoyó la frente sobre el vidrio, sintiendo reconfortante la fría superficie, refrescando su piel acalorada, afiebrada de lágrimas, de congoja, de tanto pensar. ¿Qué estaría haciendo Draco? ¿Pensaría en él? ¿Lo extrañaría? ¿Sufriría? ¿Aún pensaría que él era la persona correcta?
Pero por sobre todo ¿por qué no había visto las señales? Porque estaba seguro que Draco debió enviarle señales de que se sentía atraído, de que le gustaba o algo. Pero, ¿por qué no las había visto? ¿Cómo no las había reconocido? Había estado tan cegado en su capricho, en su obsesión malsana, que no lo había "visto" realmente a él. Pero por Merlín que lo había mirado hasta el cansancio, si hubiese podido se lo habría comido con los ojos, comido de verdad, hasta no dejar nada del rubio para nadie más. ¿Dónde estaban las señales?
»Sus ojos« dijo su mente.
Entonces pensó en esos ojos tormenta. En aquella vez en el parque, cuando se habían observado directamente y Harry no había podido identificar ese "algo" reflejados en ellos. Esos ojos hermosos y expresivos, grises como plata fundida, con esos destellos brillantes y esa amplia escala de tonos: hablándole, de alguna forma íntima y misteriosa. Y él había sentido que se estaba perdiendo de algo, que ahí había algo y él no lo había podido descifrar. ¿Esas habían sido las señales?
Cuánto daría por un pensadero justo ahora.
»¡Pero por qué necesitaba más señales!« pensó de pronto, criticándose a sí mismo. Por qué necesitaba identificar expresiones solapadas, ¿que acaso no había sido suficiente todo lo que habían vivido juntos? Las conversaciones compartidas mientras cenaban, mientras paseaban, las sonrisas expresadas, los secretos admitidos y las caricias. Draco se había abierto con él, se había mostrado tal cual era. Y Harry no había sido capaz de ser honesto.
Oh, ahora sí que mataría por su capa de invisibilidad. Así mañana –o técnicamente dentro de unas horas-, podría colarse a su Hotel o al Estadio donde entrenaba y obligaría al rubio a escucharlo y entonces él podría decirle toda la verdad.
Cuando ya eran cerca de las siete, abandonó el Hotel. Intentando hacer el menor ruido posible, les dejó una nota sencilla sobre la cama que apenas había ocupado. Había dormido un par de horas, literalmente y ya estaba cansado de sólo estar parado frente a la ventana, sin dejar de pensar, regodeándose en sus recuerdos. Debía hacer algo que lo despejara y que llevara a su mente a otras cosas, como por ejemplo: cómo enfrentaría a sus compañeros ahora.
Llegó a su Hotel pasadas las siete y se dirigió directamente hacia la recepción. Consultó con la mujer que seguramente hacía el turno de la mañana, si sabía o si tenía registrado a qué hora bajaba el entrenador Quinn. Con un hechizo rápido sobre el mapa de habitaciones e indicando específicamente el número 508, se desplegó un rollo de pergamino amarillento, detallándose una larga lista escrita con tinta negra.
-Su hechizo despertadog está a las seis y tgeinta.- dijo mostrándole un punto en la lista. –Es atendido pog el elfo Sassón y su desayuno es segvido a las ocho en punto, en la mesa doce, junto a la ventana.- terminó mostrándole dos indicaciones más en el listado.
Harry le agradeció y se encamino hacia el comedor. Al parecer no era la hora indicada para desayunar pero aun así habían unos cuantos magos, muchos de ellos con túnicas de trabajo, ocupando algunas mesas. Preguntó a uno de los hombres del servicio cuál era la mesa doce y fue a sentarse allí, a esperar.
El sonido de loza chocar muy cerca de él, lo despertó con un sobresalto. Pestañeando repetidas veces, distinguió al viejo hombre sentado frente a él. Se había dormido como un tronco.
-Entrenador…- murmuró con la voz pastosa por el sueño. Se irguió en su asiento, tratando se acomodarse la ropa y el desordenado cabello.
-Potter.- saludó con un asentimiento.
Harry miró la mesa contigua, allí estaba el asistente de entrenador, el asistente de buscador, de los golpeadores e incluso los encargados del material deportivo, estaba todo el plantel técnico de la selección. Sin sorprenderse demasiado, distinguió un par de miradas molestas.
-¿Debo suponer que quieres hablar conmigo?- Harry volvió el rostro para mirarlo. –¿O es una extraña coincidencia?-
-No.- retiró la media taza de café, ahora frío, que había pedido al llegar. –Quería pedirle disculpas- carraspeo un poco, –la verdad debería disculparme con cada persona del plantel.- pasó una de sus manos por su cabello. –Debo disculparme por todo lo que ha pasado este mes. Porque he sido un inmaduro, un inconsciente y un irresponsable, porque no he sido profesional y he dejado que cosas externas al quidditch afectaran mi trabajo.- suspiró y trató de no parecer tan idiota. -Usted tenía razón, necesitaba reconciliarme… yo no estaba bien conmigo mismo y estaba perdiendo la cabeza. Justamente aquí, en el Mundial.- se lamentó. –Pero no lo sabía, no me había dado cuenta…- miró a Quinn y no pudo evitar poner cara de culpabilidad. –Había algo muy mal en mí y no lo sabía.-
-¿Algo muy mal en ti?- lo miró extrañado. –¿Qué puede haber tan mal en ti?-
-…- se miraron, –que he vivido engañándome.-
-Eso no significa que haya algo mal en ti.- retiró su taza y el plato de tostadas. –Desde que te conozco has sido un chico muy complejo, muy llevado de tus ideas y siempre separando lo personal, lo familiar, lo profesional… por eso te dije que te reencontraras contigo. Pero esta dualidad, no significa que haya algo mal en ti. Yo creo que te has segregado en estas múltiples dimensiones de ti, como una forma de protegerte y de proteger a las personas que quieres.-
-¿De proteger?… si los he lastimado a todos.-
-No voluntariamente- le miró inclinando un poco la cabeza, dándole intensidad a sus palabras e instándole a ser honesto, también, -¿cierto?- Harry asintió. –Mira, te digo esto porque tienes un pasado complicado, que lo quieras o no, ha dejado más huellas de las que te puedas imaginar o de las que puedas ser consciente. Una situación como vivir una guerra, nos hace más complejos, nos hace crear defensas, detonar inseguridades, nos hace temer y valorar lo que se tiene en el presente. También nos puede provocar ansiedad por vivir más cosas y más rápidamente, frente a la posible muerte. Nos puede acercar a la familia o simplemente querer huir de todo… o ambas cosas.- dibujo con el dedo índice un circulo sobre el mantel blanco de la mesa, era una costumbre frecuente en él viejo Quinn. –¿Comprendes?-
-Sí.-
-Querías responder a las expectativas de tu familia y amigos cercanos, querías responder a las expectativas que se tenían de ti como jugador… pero también necesitabas una forma de escapar.-
-No es secreto para nadie, ¿ah?- comentó, pensando el su pasada fama de fiestero. Y fiestero era una forma delicada de decir lo que realmente era Harry Potter.
-La verdad, no.- sonrió el viejo. –Pero no te reclamo, no eres ni el primero ni el último jugador de quidditch que desperdicia su talento en fiestas y mujeres… u hombres.-
-Sí. ¿Sabe qué?, tiene mucho sentido lo que me dice.- lo meditó un poco. –Pero si yo realmente hubiese querido cumplir con lo que la gente y mi familia esperaba de mi, me tendría que haber hecho auror.-
-Oh, chiquillo…- negó con la cabeza, –con diecisiete años y todo lo que tú viste y viviste, nadie podría ser auror. A menos que tuvieras la suficiente sangre fría como para seguir viendo muertos, maldiciones peligrosas, gente en peligro, mutilaciones y todas esas cosas. Lo mismo si hubieses querido ser medimago.-
-Sí, tiene razón.- ¿mutilaciones? Escalofrío. -¿Entrenador… sigue… enojado conmigo?-
El hombre meditó largo y tendido y eso sólo le trajo un sentimiento de culpa más grande.
-No- dijo por fin, –enojado no. Después de todo cumpliste con tu parte del trabajo: lograbas atrapar las snitch. No siempre respondiste en los entrenamientos, ni pusiste todo el corazón en prepararte, pero había un buen resultado en la cancha.-
-¿Y ayer?-
-No seas tonto, los partidos no los ganan solamente los buscadores. Es cierto que muchas veces esos ciento cincuenta puntos son decisivos y que muchas veces la gente se centra en el espectáculo de atrapar la snitch, pero un equipo son siete jugadores, no uno. Y si tú te encontrabas mal, por el motivo que sea, tus compañeros deberían ser capaces de cubrirte las espaldas. Haciendo más puntos que el otro equipo, bloqueando y defendiendo mejor los aros, sabiendo manejar las bludgers…- Harry asintió lentamente. –Rusia fue mejor, en todo sentido. Y ya está. No fue tú culpa, porque aquí no hay culpas. Todos fuimos responsables, porque quizás no entrenamos lo suficiente, no ideamos una mejor estrategia o no supimos calibrar la verdadera capacidad de los rusos y así podría seguir enumerando todo aquello que pudo haber fallado. Ahora- hizo un gesto de resignación, –debemos evaluar nuestros errores, mejorar y derrotar a Camerún. Debemos llegar al menos con un tercer lugar, ¿no?-
-Es verdad.- se rascó la nuca indeciso. –¿Cree que los chicos estarán enojados conmigo?-
-Oh, eso es otro tema, Potter.- elevó sus canosas cejas. –Algunos saben que lo de Rusia fue una cuestión de capacidad de equipo y que no dimos la talla.- hizo una mueca irónica, seguramente esa frase la había escuchado de alguien más. –Otros… otros sí pensaron que teniéndote a ti, ya sabes siendo el chico-que-vivió-y-venció, ganaríamos el Mundial aunque tuviésemos que enfrentarnos al mismísimo Merlín. Ellos sí están un poco resentidos y desilusionados, sobre todo por lo que ha pasado con ese chico Malfoy.-
-¿Grown?-
-Los más jóvenes, principalmente.- asintió. –Les falta un poco de madurez.-
-Yo sólo tengo veintitrés…- Harry frunció el ceño, –no es como si fuera una eminencia o derrochara experiencia.-
-Tranquilo.- sonrió.
-¿Cree que sería buena idea que hablara con el equipo?, pedirles disculpas y eso.-
-Honestamente, yo no hablaría con todos.- le dijo en todo confidencial. –Chicos como Grown o Beagle, necesitan bajar la adrenalina del Mundial antes de que comprendan algo más que el diámetro de una quaffle.- Harry no pudo evitar sonreír. –Por otro lado, sería conveniente que hablaras con Murray, Anglessen y con tus amigos Lamont y Parks. Ellos saben que lo de ayer fue una falencia de equipo, así es que supongo que al menos intentarán comprenderte. Además han estado más cerca de ti y saben todo ese asunto con Malfoy. Querrán saber qué pasa por tú cabeza.-
-Vale…-
-¿Potter?-
-¿Si?- y Harry tuvo un ligero presentimiento.
-He escuchado muchas cosas, de muchas personas.- dijo –En ningún momento he querido censurarte o juzgarte, después de todo eres un hombre no un niño al que se debe corregir, pero me gustaría saber qué sucede con Malfoy. Por qué de pronto pareces haber perdido la cabeza.- Harry se lo quedó mirando, un poco envarado. No estaba seguro de querer explicar lo que pasaba con Draco, así que supuso que dar la versión extra-resumida era la mejor opción.
-Oh, eso es complicado.- simuló carraspear, tratando de ocultar su sonrisa avergonzada. –Bueno, usted sabe que… que…- Quinn lo miraba atento y él se sentía cada vez más abochornado, –que bateo… para el otro equipo.-
-Si, eres gay.- el moreno se removió inquieto.
-Y a Draco lo conozco desde el colegio.-
-¿Eran algo así como pareja?- el viejo alzó las cejas, analizando. –Pero pensé… por ser hijo de Lucius Malfoy, que el chico era-
-No, no. Él se fue de Inglaterra antes de la guerra.- se apuró en aclarar. –Pero a mí me gustaba…- e hizo unos gestos exagerados con las manos. »Soy idiota«, pensó para sí. –Bueno, aún me gusta.-
-Oh…- asintió. –Eso responde a tus desapariciones nocturnas.- Harry se trapicó con su propia saliva.
-Si… bueno… lo siento.- esperó algún tipo de reclamo, pero el entrenador no cambio su gesto comprensivo.
-Bien.- el hombre lo observó un poco más detenidamente. -¿Ya estas mejor?- Harry asintió un poco inseguro. -¿Quieres darte el día para descansar?, no tienes buena pinta.-
-Si, la verdad es que estos días no he podido dormir muy bien.-
-Bien, eso es lo que haremos entonces.- dio un pequeño golpe con ambas manos sobre la mesa, como dando la conversación por finalizada.
-¿Podría pedirle un tranquilizante o un relajante al medimago McPherson?- Quinn miró al mencionado hombre, quien se estaba untando una tostada con mermelada de arándano, mientras conversaba con su asistente.
-Claro, habla con él después del desayuno y aprovecha a que te haga un chequeo completo.-
-Ok. Gracias entrenador.-
-No hay de qué, Potter.-
Pedirle la medicina al medimago McPherson, fue una excelente idea… pero con lo fuerte que era la poción relajante, el moreno ni se enteró cuando Gale Strobe entró a patadas a su habitación.
Harry suponía que debió haber estado golpeando insistentemente, pero al no recibir respuestas, la había abierto con un potente Alohomora antes de propinarle un violento puntapié. Después se había abalanzado contra él, pero estaba tan dormido –más cercano a la inconsciencia que al sueño-, que no había sentido nada hasta que le dio el segundo puñetazo. Los gritos y el ajetreo alrededor, sólo hacía más caótica la borrosa situación.
-Joder…- apenas dijo, amodorrado mientras se llevaba las manos a la boca, sintiendo el sabor de la sangre.
-¡Hijo de puta!- escuchó de nuevo, apenas girando los ojos hacia el hombre que lo sujetaba del cuello del pijama. –Te metiste con mi hermano, ¡maldito puto de mierda!-
-…espera- y le dio otro puñetazo.
-Debería sacarte la mierda, Potter. Te llevé a mi casa como mi amigo, te di mi confianza y la de mi familia y tú, saco de mierda, ¡te aprovechaste de mi hermano menor! ¡Y con todos los putos rubios del puto Londres! Cochino embustero, bastardo hijo de puta… ¡Si te cortaría los huevos!- gritó enrabietado.
-Gale, ya para.- sintió a lo lejos a Phillip. Ah, bendito Merlín, estaba medio mareado, no sabía si por la poción o por los golpes -Es suficiente.-
-Sabiendo cómo es éste idiota ¿y te fuiste a meter con él?- gruño el guardián encima de Harry, a quien tenía con medio cuerpo fuera de la cama. –Si a quien debería darle su merecido es a ti, por imbécil.- gruñó a su hermano.
-Sí, ya…- a pesar de todo, el moreno pudo distinguir la voz dolida del rubio. –No es que esté muy orgulloso de eso.-
-¡¿No vas a decir nada, Potter?! ¡Abre los putos ojos al menos!- y lo zarandeó.
-Oh, joder…- se agarró de lo primero que tuvo a mano, estaba tan mareado que ya no sabía dónde era arriba y dónde abajo.
-Gale no vas a sacar nada, el idiota- remarcó el apelativo, despreciando cada letra, –no va a reaccionar.-
-¡Abre los ojos mierda!- y volvió a zarandearlo.
-Estoy… mareado…- apenas dijo.
-Es lo mínimo que te mereces, idiota…-
-Hey, ¿qué hacen?- escuchó a Lamont. Aghh. Se le estaba revolviendo el estómago.
-Resarciendo mi honor.- incluso con los ojos cerrados, sentía que hasta lo negro se movía desagradablemente.
-Cállate Phillip.- gruñeron sobre él. –Cállate y no me hagas pensar que este hijo de puta… Agh, te sacaría la mierda Potter, ¡te lo juro!-
-¿En serio?- volvió a escuchar la voz grave del golpeador.
-Voy a vomitar…-
-Sí, salió en El Profeta… junto con unas fotos que nos sacaron aquí.- escuchó a Phillip y todos hablaban como si él no estuviera ahí, dando arcadas.
-Oye Gale, tiene la cara verde… ya déjalo.- bendito Lamont y entonces Harry sintió otro fuerte zarandeo antes que lo soltaran, para su mala suerte su cabeza y todo su cuerpo dio contra el suelo. –Le dieron una poción para que descansara.-
-¡Ah!, y el señorito necesita descansar… hay que ser muy, muy…- Strobe le dio una patada en las espinillas.
Luego de un rato, en que todo comenzó a calmarse dentro de su cabeza -aunque la casi gritería rabiosa y unos cuantos golpes no-tan-violentos de Gale, seguían molestándolo a su alrededor-, sintió que lo levitaban y lo acostaban nuevamente.
-¡Eh, Potter!- escuchó otra vez a Gale, cuando ya se estaba durmiendo de nuevo. -¡Oye!- le cacheteó la mejilla, la misma que le había azuzado a golpes.
-…¿si…?- murmuró.
-Después vamos a hablar, ¿entendiste? Y espero que me des una muy-muy buena explicación de cómo y por qué has estado con mi hermano menor o de verdad, te sacare la mierda… ¿me oyes?- apenas asintió.
Harry despertó al día siguiente. Con la mejilla hinchada, la mandíbula adolorida y el labio partido y machacado. Lindo despertar. Y a pesar de que McPherson se había ofrecido a arreglarle el desperfecto, Harry prefirió quedarse con el punzante dolor, apenas lo toleraba y casi no lo dejaba comer o hablar con propiedad, pero después de todo se lo tenía bien merecido. Y estaba seguro que si Gale lo veía repuesto, no le temblaría la mano para esta vez, sí sacarle la mierda.
A diferencia de los días anteriores, Harry se sentía algo mejor, quizás era el hecho de haber podido descansar de todo el gran lastre que había estado llevando sobre los hombros, no estaba realmente seguro. Pero este regreso a la vida, no había traído consigo el ánimo y el optimismo que hubiese querido. Por ello no se le hizo raro que de alguna manera extrañamente conocida, el tiempo avanzara como una mancha borrosa delante de sus ojos, que a veces lo dejaba pasmado y sin consciencia de las situaciones. Un poco envarado en la velocidad de la propia vida, pero más ligero de espíritu. Sonaba a un ridículo cliché, pero era cierto.
Aun así, como decía su amiga Hermione -con sus frases de dos segundos y que se supone decían todo de forma claramente reveladora-, a modo de Mea Culpa, Carpe Diem y Libertas Capitur se había propuesto hacer una lista mental de todas las cosas que tenía pendientes para arreglar la situación con sus compañeros.
Hizo una mueca adolorida mientras sorbía precavidamente un poco de su infusión de melisa. Después del primer brusco trago que casi le había quemado las terminales nerviosas de la carne abierta de su boca, había tomado mayor atención.
Ya había hablado con sus compañeros durante la mañana. Bueno, con aquellos que el entrenador Quinn le había indicado y realmente había valido la pena. Si bien Lamont y Parks le dieron sus buenos zapes y varios "te lo dije", no objetaron nada más. Los cuatro estaban de acuerdo en que la derrota frente a Rusia había sido un problema de equipo y no sólo su culpa. Aunque Murray le recalcó que él sí creía que con su capacidad, habría podido derrotar a Khaliava. Si no hubiese sido taaan vago, taaan irresponsable, taaan obstinado, taaan inconsciente y sobre todo, si no hubiese tenido la cabeza taaan metida en los pantalones.
Después de pedirles disculpa y dar cuenta de las innumerables faltas de las cuales se sentía responsable por su falta de profesionalidad, Lamont lo había presionado para que hablara sobre Draco y qué había sucedido con el hermano de Strobe. En ese momento la situación se había puesto un poco compleja, pero al final, había optado por dar nuevamente la versión extra-resumida, como muestra de confianza. Sabía que no debería haber mentido, porque ya estaba harto de los engaños y las excusas, ese había sido uno de los problemas de su desmembrada personalidad, pero no quería echarle más carbón a su patética vida de "enamorado-looser" y ambos golpeadores volvieron a darle un par de golpes en la cabeza, junto con un explícito: ¡Era obvio!
»¡Sí… que "obvio"! Par de zánganos« pensó con ganas de atizarles un par de amistosos puñetazos.
El tema de Phillip fue mucho más difícil, después de todo era el hermano de un compañero de equipo. Lo que había hecho Harry había sido una traición a su confianza, una porquería, lo sabía. Así que tratando de minimizar los daños, había terminado por decirles que en su momento sí lo había querido… ¡pero en una de esas epifanías divinas!, se había dado cuenta de que siempre había estado enamorado de Draco Malfoy. Punto. No quiso dar más explicaciones. Antes se pilla a un mentiroso que a un ladrón.
La conversación con Gale había sido un poco más accidentada. Harry lo había llamado para que hablaran en el comedor justo después del almuerzo. El comedor si bien no era el epítome de la privacidad, al menos refrenaría las ansias asesinas del que había sido su amigo. Lo había citado a esa hora, con permiso de Quinn, mientras los demás jugadores se preparaban para partir por red flú hacía el Estadio donde entrenarían… y porque a esa hora Phillip se iba a dar una vuelta por el centro de Nantes. Eso es ser precavido, ¡precavido!, no cobarde.
Suspiró mirando por la misma ventana que ya llevaba más de dos horas contemplando. En ese momento el sol se ocultaba brillantemente, más de noventa grados de donde tenía posaba su mirada; bañando de amarillo, de naranja y de calidez su perfil y la gran masa de vegetación urbana, en donde se perdía. Se estaba yendo otro día, uno más desde que había visto por última vez a Draco.
Gale le había repetido lo mismo una y otra vez: -¿Cómo pudiste meterte con mi hermano?-
-En ese momento lo quería, era verdad.- dijo, aunque sabía que era mentira.
Había estimado a Phillip, pero de la misma forma como se quiere a un amigo o un cómplice de travesuras. Pero el menor de los Strobe había sido tan prescindible como los demás rubios. De hecho y Harry no se sentía para nada orgulloso de eso, no importaba con quién estuviera mientras pudiese follar y saciar ese gran vacio, esa enorme insatisfacción que tenía su vida. Nada era suficiente.
Si lo pensaba ahora, Harry suponía que tenía que ver con su lastimosa infancia carente de afecto. Seguramente no había pasado por el Complejo de Edipo, ni Electra dado el caso y eso era obvio, pensando en Petunia y Vernon, era imposible que hubiese sentido algún tipo de impulso sexual o de envidia teniendo a esa vieja uva-pasa o a ese viejo cara de lechón.
Harry estaba seguro que de haber conocido a Freud, él le habría dicho que por ese lado –dígase jodido Voldemort arruinándole su vida normal-, tenía una falla en su desarrollo psicosexual. Y Draco había sido el primer niño mago que había conocido, había sido su némesis, su piedra en el zapato, su grano en el culo y bueno, para un escolar virgen-quinceañero, había sido la manifestación más pura del sexo.
Vamos que con Draco era Edipo, Electra, Agamenon, Aquiles, todo el mundo griego. Y Harry venía acumulando frustraciones desde… desde siempre, ¡joder! Quizás por eso, el rubio siempre había sido y sería importante para él.
¡Ah!, qué más daba ya. Urgh, él nunca había sido una persona de pensar mucho, pero por Merlín que en estos días estaba batiendo un record. ¡Su mente no paraba de darle vueltas a todo el asunto!
Harry volvió a sorber un poco más de infusión y a su mente regresó la conversación con el guardián del equipo.
-Es verdad que llevamos ya un tiempo viéndonos- dijo. No podía mentir ante eso, Phillip ya debió haberle dado su versión de los hechos a su hermano, –yo no lo busqué deliberadamente, ni siquiera lo había pensado.- y ojalá Gale no saque cuentas, porque se había follado a su pequeño hermanito la semana siguiente de conocerlo. –No quiero dar excusas, Strobe, de verdad. Tú eres… siempre te he considerado mi amigo y nunca quise traicionar tu confianza, debes creerme, pero en ese tiempo- se detuvo y se inventó una cara de aflicción, –no, Quinn diría que desde hace mucho tiempo, he estado mal, he estado como perdido… no sé… yo sólo quiero encontrar a alguien con quien estar…- y no pensaba en Phillip, precisamente, –con quien pasar el resto de mi vida.-
-¿Y pensaste que mi hermano era el indicado?-
-Tú hermano es especial, Gale. Es… es, él es increíble, es maravilloso como persona, es perfecto y nos llevamos bien desde el primer momento.- »y muy bien de hecho« pensó recordando el polvo en el baño de la casa de sus padres. Vaya que no había querido traicionar su confianza. –Por primera vez en mucho tiempo me había sentido complementado con alguien.- continuó, intentando convencer a su compañero que sus intenciones habían sido buenas.
-En todo este tiempo…- dijo suspicaz, entrecerrando los ojos, –te he visto en varios encabezados de El Profeta, con otros chicos.- Ah, mierda. -Entonces, ¿qué pasaba con mi hermano?-
-Ehm…- no quedaba otra que echarse la culpa y asumirse como un asqueroso ruin, pero con buenas intenciones. Era mejor morir en la rueda que decir la verdad. –Yo… mm, después de un tiempo… me di cuenta…- suspiró, –lo que todo el mundo sabe: que yo no soy bueno para nadie.- ugh, directo al orgullo. –Por eso nunca quise hacerlo público o como dice El Profeta: "pasearlo" por esos clubes. No quería que se viera envuelto en ese asqueroso mundo.-
-Me estás diciendo… que en toda tu nobleza… lo que estabas haciendo… era… ¿protegerlo?- lo miró con las cejas alzadas. ¿Por qué todo el mundo hablaba de nobleza?, qué acaso no había otra palabra para calificarlo como, grandiosidad, grandilocuencia, maravillosidad, ¿no sé?
-Yo lo quería, era importante para mí… es cierto.- no, no era cierto. -Pero El Profeta está detrás de mi cabeza. Es verdad que salí con algunos de ellos- recordó una vez que había follado con el pequeño e inocente Dennis Creevey, se lo había encontrado en el departamento de su hermano y se lo había tirado en el sofá, antes de que llegara Colin y entonces se fuera a follar al hermano mayor a otro lado, –pero muchos fueron sólo una pantalla para que dejaran de acosarme y rebuscar en mi vida privada. Tú lo sabes mejor que nadie.- bufó, odiaba a El Profeta y a esa perra estúpida de Rita Skeeter. –Luego la cosa se puso muy jodida- dijo molesto, –yo no era bueno para Phillip y se lo dije.- la verdad es que le había dicho que él no era un hombre de compromisos, porque no lo era, no porque quisiera protegerlo.
-¿Entonces?-
-Sé que tú hermano es de relaciones estables y yo le dije que no quería comprometerme con nadie.- Harry no sabía qué estaba pensando Strobe, pero los nudillos de su puño estaban blancos. –No quería simplemente decirle que todo había acabado, no quería herirlo, pero él dijo que no le importaba y al final quedamos en algo así como… amigos… con derecho.- Oh, qué mal sonaba eso.
-No me gusta cómo suena eso.- Eso mismo.
-A mí tampoco.- levantó las manos en señal de defensa. –Sé que debí haberle hablado directamente, haber cortado con eso… Oh, joder, no sé…- Harry se frotó la frente impotente.
-¡Es mi hermano menor, joder!- Si Gale supiera de lo que era capaz su hermanito menor. -¿Cómo pudiste meterte con él?- le veía una vena hinchada en su frente.
-¿Qué quieres que te diga?-
-¿Por qué…?, ¿por…?-
-¡Traté de ser lo más sincero posible con él! Me gustaba y habría intentado algo "serio" con Phillip… si- apretó los labios, –si no hubiese ocurrido lo del mundial.-
-¿Malfoy?- Harry asintió. -¿Qué pasa con él? ¿Cómo te puede interesar semejante tipo, teniendo a-
-¡Eh!- lo miró unos momentos. –No lo metas en esto.-
-¡Qué!, has cambiado a mi hermano por él, así que claro que lo meto.- ambos fruncieron el ceño.
-No he cambiado a nadie… yo quise a tu hermano, pero hace tiempo de eso. Mucho antes de volver a ver a Draco.-
-¿Has follado con Malfoy, Potter?-
-¿A qué viene eso?- se inclinó un poco hacia atrás, recargándose en el asiento. Gale no contestó, continuó mirándolo hasta ponerlo espantosamente nervioso. -…sí…- respondió finalmente.
-Y besaste a mí hermano, ¡en la puta recepción del hotel!… ¡para El Profeta!-
-Mierda…- se desordenó el cabello con desesperación. –¡Ya está! ¡Lo hice!, ¡¿qué quieres que te diga?! ¡Fui un completo imbécil, bastar-
No que Strobe fuera una persona que se inhibiera en público, porque sin importar que fuera el comedor del hotel, con decenas de magos alrededor y ante la posibilidad de ser echados por disturbios, el puñetazo que lo dejó con medio cuerpo colgando de la silla, doblado en dos de dolor, con el labio hecho una mazamorra de carne aporreada… fue antológico.
-Ya sabes…- le dijo muy cerca de su silla, no se había levantado, así es que Harry suponía que estaba inclinado sobre la mesa para que lo escuchara, –debo defender el honor de mi querido pero idiota, hermanito menor y lo único que me hará sentir mejor, es- Harry lo supuso, –sacarte la mierda, Potter.-
Suspiró. Bendita la magia que tenía pomadas contra las contusiones, pociones crece huesos, hechizos para poner los huesos en su lugar, líquidos asquerosos para coagular, pociones regeneradoras, encantamientos reanimantes, etc., etc. Lo único bueno de haber sido dejado como puré de calabaza, es que liberaba la adrenalina, el exceso de testosterona y la rabia anterior. Por eso, después del leñazo Strobe pareció mucho más relajado y conforme con la situación.
-Ya qué, si mi hermano tampoco es un santo.- le había dicho el muy… Hubiera sido mucho más corto y simple si lo hubiese golpeado desde el inicio, de una vez y ya.
Harry bebió el último poco de infusión de Melisa, cuidando mantener el líquido caliente lejos de la herida aún abierta. Su cara había sido el saco de boxeo de Oscar de la Hoya o de Mike Tyson, incluido el trozo de oreja menos. Por suerte, el siempre atento y comprensivo medimago McPherson –Merlín le diera "larga vida y prosperidad"-, le había curado la mayoría de las heridas y ahora tenía una cara decente para recibir a sus amigos. Seguramente ellos habían tenido una tarde romántica recorriendo Francia, mientras a él le daban una paliza.
Harry se sentía un hombre que derrochaba suerte por todos los jodidos poros del cuerpo, ya saben, la piel es el órgano más grande del cuerpo, ¡así que él tenía más de dos metros de suerte! Y una mierda.
-Hol- ¡Oh, Dios mío, Harry! ¿Qué te pasó?-
Dejó el paisaje fuera de la ventana y se volteó a sus amigos. Hermione tenía las manos en la boca y Ron las cejas perdidas bajo el pelirrojo flequillo.
-Gale- dijo simplemente, indicándoles que se sentaran, –resarciendo la honra de Phillip.-
-Wow, te dio duro.- estaba seguro que Ron le miraba el ojo izquierdo, lo tenía como papa.
-De hecho fue peor.- Hermione parecía escandalizada, nunca le habían gustado las peleas, ella no podía entender que muchas veces eran catárticas. -McPherson ya me revisó y curo bastantes desperfectos.- empleó el mismo término simple que usaba el viejo.
-Harry…- dijo compungida.
-No te preocupes, me lo tenía bien merecido.- y le sonrió honestamente. –Se aclararon las cosas con Gale, con Quinn y con los chicos, así que no puedo quejarme. Son sólo un par de golpes y ya no me duelen demasiado. Así que quita esa cara de sufrimiento.-
-Bien.- suspiró e hizo un gesto de calma, como si intentara no darle importancia a su cara llena de machucones.
Mientras trataban de relajarse y olvidar un poco toda esa nube negra que tenía Harry sobre la cabeza, se había acercado uno de los meseros del comedor y tomó el pedido de los tres: una cerveza de mantequilla y un sándwich de res para Ron y un jugo de calabaza con una tarta de anís para Hermione. Harry se pidió un té y tarta de ruibarbo.
A los pocos segundos desapareció su taza vacía de infusión de melisa y era reemplazada mágicamente por los platos elegidos.
-Has visto a…- la castaña movió sus manos nerviosamente.
-No.- y apretó los labios.
-¿Has intentado contactarlo?-
-Sólo para su partido contra Camerún, el miércoles pasado.- negó con la cabeza. –Le pidieron a seguridad que no me dejaran entrar al estadio.-
-Joder.- dijo Ron.
-El equipo debe saber lo que sucedió… ya saben, Phillip envió todos esos recortes de El Profeta a la habitación que comparte con uno de los golpeadores.- se tocó el labio roto, presionando la zona contra sus dientes inferiores, sentía el sabor de la pomada curativa y a la sangre. Sangre. –Bado se los llevó un día en que yo lo fui a ver al entrenamiento, seguramente él sabía que teníamos algo, porque me miró como si fuera la última y más asquerosa acromántula del mundo.- Ron dio un respingo ante la mención del arácnido.
-Eso reduce las alternativas.- ella se cruzó de brazos. –Sus amigos tratarán de hacer lo mejor para él y eso es mantenerte alejado.-
-Gracias… ¿pero a qué te refieres?- el moreno la miró de costado.
-¿Qué?- sus castaños ojos brillaron tenaces. –¿Que acaso no has pensado en cómo recuperarlo?-
-¿Recuperarlo?- se envaró y miró a Ron para ver si lo que decía Hermione era cierto, su amigo sólo alzó los hombros -¿Lo dices en serio?-
-Claro.-
-¿Me ayudarán?- inquirió nuevamente.
-Eso es obvio, Harry.-
¡Continuará! =D
¡Por fin algo de ayuda! Ahora la cosa es saber si resultará… y cómo le irá a Francia en el Mundial de Quidditch.¡Que emoción! XD
¿Me merezco un comentario?
