RENACIMIENTO

Por Mal Theisman

Robotech y sus personajes pertenecen a sus respectivos propietarios, es decir: Harmony Gold, Tatsunoko Production y todos los demás, y no es mi intención infringir sus derechos de ninguna manera concebible. Esta historia es simplemente para propósitos de entretenimiento y nada más.

Y acá les dejo la conclusión del capítulo 14... espero que la disfruten.

Capítulo XIV: Buscando la Salida

(Parte II)

Domingo 15 de enero de 2012

Hasta ahora, el tan publicitado "regreso al hogar" de Lynn Kyle, candidato de la Unión Pacifista a la banca del Senado por la Región Autónoma de Denver-Colorado, estaba demostrando ser mucho menos espectacular que lo que había prometido con su anuncio unos días atrás.

No se debía a una falta de actividad por parte del propio Kyle; ya desde el momento en que puso pie en la Nueva Macross que había abandonado tres meses atrás, Lynn Kyle había estado dedicando cada segundo a acciones de prensa, protestas, marchas, reuniones con los pacifistas que residían en la capital en abierto desafío al ojo vigilante de los militares, y ocasionales apariciones ante la prensa local. Hasta el momento, había concedido sendas entrevistas al Macross Standard y al Semanario Global, en las que se había explayado con lujo de detalles sobre sus ideales y pensamientos, y los proyectos que tenía pensado llevar a cabo si la ciudadanía de Denver le concedía el honor de representarlos ante el GTU.

Todos esos proyectos variaban sobre un tema único e insistente: la mayor reducción posible de las Fuerzas de la Tierra Unida, tanto en presupuesto como en estructura y peso en la sociedad.

Pero sin embargo, a pesar de todo eso, había algo cuya ausencia pesaba cada vez más en el ánimo de Kyle... una inexplicable reticencia de los neomacrossianos a su prédica, sin mencionar lo que parecía ser el desprecio de una ciudad que apenas año y medio atrás lo había recibido como si fuera un hijo pródigo, convirtiéndolo en el ídolo de multitudes delirantes. Ahora, de parte de sus antiguos conciudadanos, lo que Kyle recibía era sorna, desconfianza y no poca ofuscación a las realidades que él les describía.

¿Sería posible que haber abandonado Nueva Macross hubiera enemistado a la ciudad contra él?

No podía ser: tenía que tratarse de alguna clase de jugarreta sucia de los militares... por supuesto, ellos debían estar más que preocupados por él, y por tanto habían montado una campaña de desprestigio en su contra, que podía leer en titulares como los del Macross Standard del día de su arribo a la capital:

"LYNN KYLE VIENE A LA CIUDAD: INQUIETUD ENTRE LAS AUTORIDADES ANTE POSIBLES DISTURBIOS E INCIDENTES."

Como si el repentino desprecio de sus conciudadanos no fuera suficiente, Kyle también debía soportar la molesta presencia de Rudolf Spier en sus asuntos. El asesor de campaña, aparentemente enviado de apuro por los cobardes y tibios de sus operadores políticos allá en Denver, no sólo no perdía oportunidad para hacerle saber a Kyle lo irritado que estaba con él por haber organizado esa campaña sin haber consultado con él, Brent o algún otro de los tibios... sino que parecía deleitarse en tenerlo sujeto a una correa muy corta.

En cuanto tuviera la oportunidad...

Ahora era momento de preocuparse de otras cosas, como la participación especial que tendría en poco más frente a las cámaras de MBS-1, como invitado a "La Hora de la Verdad"... sería una excelente oportunidad para hacer llegar sus ideas a más ciudadanos, esperando poder despertar en ellos las ansias de libertad que él sabía permanecían escondidas en sus corazones asustados e intimidados...

Y después... después venía la Comisión Extraordinaria y el teniente comandante Rick Hunter; no había que perder de vista los grandes objetivos que lo habían traído a Nueva Macross.

Pero mientras Kyle terminaba de ajustarse la corbata que usaría para ir a "La Hora de la Verdad", una serie de toques suaves golpearon la puerta de la habitación que él alquilaba en el Hotel Centinel, y sin mirar o inmutarse, Kyle decidió dejar entrar a quien fuera, dado que ya venía siendo hora de la cena frugal que se daría antes de ir a la televisión.

- Adelante...

La puerta se abrió con un chirrido suave y persistente, que pronto fue sustituido por los sonidos cortos de pasos pequeños... y de tacón.

Una carga eléctrica recorrió todo el ser de Lynn Kyle, desde los pies a la cabeza... era una sensación electrizante y a la vez familiar que él no sabía a qué podía deberse, pero que hacía mucho tiempo que no sentía, más precisamente desde la última vez que vio a...

- Kyle... - lo llamó una voz aguda de mujer, melodiosa y triste a la vez... una voz que hacía mucho tiempo que se había conseguido un lugar en el alma atormentada de Lynn Kyle.

Lentamente, el candidato a senador volteó, inseguro sobre si lo que vivía era realidad o una treta de sus propias fantasías y anhelos...

- ¡¿Minmei?!

En efecto, era ella... tras tres meses de separación que no podía explicar, Lynn Minmei había vuelto a cruzarse en su camino. Había sido relativamente poco tiempo, y todo en ella seguía tal como la recordaba: el cabello azabache y sedoso, esos brillantes ojos azules que lo habían hechizado hacía ya muchos años, esa figura bien cuidada y tonificada...

Era la misma Minmei de la que él se había enamorado en secreto... y sin embargo, parecía cambiada en maneras que él no podía precisar.

Se la veía más madura, más determinada y templada por el dolor... más triste incluso. Su alegre, dicharachera y veleidosa prima se había convertido en el plazo de tres meses en una mujer más madura y curtida por un profundo sufrimiento.

Cuando Lynn Kyle miró a su prima a los ojos, no vio en ellos el entusiasmo chispeante y la inocencia que siempre dejaban ver, sino una profunda tristeza... e incluso algo de rencor. Hacia él.

- ¿Cómo has estado? - le preguntó ella, tratando de sonreír y fallando en el intento a pesar de sus dotes actorales.

- ¡Muy bien, muy bien! - respondió él, emocionado y sorprendido hasta el punto de casi perder el habla, recuperándola luego para poder darle una conversación a su prima. - ¿Y tú, Minmei...? Hace mucho que no nos vemos--

- Tu madre te envía saludos - lo interrumpió ella con brusquedad, lanzando ese mensaje como si hubiera sido un disparo apuntado derecho al corazón de Kyle.

Él no pudo evitar acusar recibo del mensaje de Minmei, llegando incluso a sentir un agudo dolor en la boca del estómago que casi lo hace doblarse... pero nada tan evidente como el fulgor furioso que asomó en la mirada de Lynn Kyle.

- ¿Cómo está ella?

Minmei respondió con esa misma dureza que había empleado antes, como si no le importara herir a Kyle en el proceso.

- No muy bien.

En un gesto tan displicente como defensivo, Kyle volvió su mirada al espejo, haciendo ademán de ajustarse nuevamente la corbata como si nada hubiera pasado... e ignorando especialmente a su prima, quien de buenas a primeras se había convertido para él de ser un sueño a una causa de dolor agudo e insoportable.

- Tendría que visitarla ahora que estoy en la ciudad.

- Tendrías - lo fulminó Minmei con frialdad en la voz.

Esto ya era suficiente, no iba a tolerar que Minmei viniera a hacerle esa clase de planteos tras aquella separación inexplicable; una separación que comenzó con el día en que Minmei le anunció a Kyle que no se presentaría a cantar la noche siguiente en el Estadio de Denver... hablándole algunas horas después desde Nueva Macross, a donde ella había ido para regresar con su familia y serles de utilidad, diciéndole además que a partir de ese momento, iba a ser preferible que los dos se mantuvieran distanciados por un tiempo...

Y ahora que los dos estaban de vuelta, ella lo trataba con una frialdad y resentimiento que no sólo eran extraños en ella, sino que eran hirientes hasta el dolor para ese joven que no sólo la amaba... sino que también la idolatraba como la única salvación para su alma torturada.

- ¿Qué te pasa? - le espetó Kyle con dureza, volviéndose para verla y caminando hacia ella con pasos amenazantes. - Hace tres meses que no nos vemos y ahora llegas así, Minmei... realmente no te entiendo.

- No hay mucho que entender, Kyle - replicó la joven estrella sin moverse un centímetro de su lugar.

- ¿Qué has estado haciendo? - insistió Kyle, desdeñando su propia pregunta meros segundos después para ocuparse de asuntos de negocios; quizás con eso Minmei abandonaría esa hostilidad tan estúpida y se enfocaría una vez más en lo que valía la pena. - Bah, eso no importa. Lo que importa es que ya puedo hablar contigo... tengo prevista una serie de conciertos en Denver, con todo esto de la campaña, y calculo que con tus actuaciones vamos a lograr un gran éxito--

Una vez más la voz de Minmei detuvo a Kyle en seco, golpeándolo con una sola palabra que sonaba como latigazo en esa tarde neomacrossiana.

- No.

- ¿"No" qué? - devolvió Kyle, atónito por la contrariedad.

- No voy a ir a Denver a ningún concierto...

- ¿De qué diablos estás hablando? - gritó Kyle, ya irritado más allá de todo punto de calma, y decidido a respaldar sus instrucciones con toda la fuerza de la que era capaz, tomando a Minmei por la muñeca con firmeza cruel. - Ya dejaste pasar tres meses, no puedes suspender esto más tiempo...

- No me entendiste, Kyle - replicó su prima, forcejeando todo lo que pudo hasta que por fin se libró de la mano dura de Kyle. - No voy a ir a Denver a tocar ningún concierto... porque no voy a volver a Denver contigo. Voy a quedarme en Nueva Macross a ocuparme de mi carrera... ya he hecho los arreglos con Vance, mi agente... ¿lo recuerdas?

Contrario a lo que hubiera sido su reacción ante semejante desplante, Lynn Kyle simplemente se quedó allí, escrutando a su prima con una mirada turbia y llena en partes iguales de dolor e ira... y cuando el joven político abrió la boca, su voz sonó gélida y cargada de resentimiento.

- Fue papá, ¿no?

Minmei no respondió a la acusación; antes bien, se cruzó de brazos e invitó silenciosamente a Kyle a seguir con sus amenazas, porque a ella no le importaban.

- Él te puso en mi contra...

- No culpes a tu padre, Kyle... si hay alguien en esta familia a quien destrozaste fue precisamente a él - lo increpó Minmei, devolviendo frialdad con frialdad, dureza con dureza y dolor con dolor.

Pero un dolor genuino, real e indiscutible hirió de muerte el corazón de la joven estrella del espectáculo cuando oyó de boca de su primo, del héroe de su infancia, de su casi hermano mayor... de su primer, platónico e inocente amor de adolescente, palabras tan duras y venenosas contra Lynn Max que costaba creer que él fuera su hijo.

- Pues lo merece.

El dolor de Minmei no desapareció, pero en vez de congelarla la impulsó a mostrarle una realidad a su primo que tal vez él hubiera preferido sustituir con los cantos de sirena de la política y con la retórica de sus "ideales", pero que ella debió aprender a incluir en su vida sin importar que sólo por hacerlo hubiera condenado a su alma a sentir un permanente e insufrible dolor.

- No has cambiado en nada... sigues siendo el mismo--

- ¡Y TÚ SIGUES SIENDO LA MISMA EGOÍSTA DE SIEMPRE! - explotó Kyle, tomando sorpresivamente a su prima por los hombros y sacudiéndola bruscamente. - ¡Hay tantas cosas en juego y tú prefieres quedarte aquí a jugar a la estrellita tonta!

- ¿Qué hay en juego para , Kyle? - replicó Minmei, soltándose de las manos de su primo y alejándose de él como si fuera portador de la plaga. - Todo esto ha sido siempre por ti, por ti y esos "ideales" que dices tener...

- ¡No te atrevas a--!

- ¡Claro que me atrevo! - gritó la joven con los ojos henchidos de lágrimas, plantándose frente a su primo y desafiándolo a quitarla de en medio. - ¡Oír llorar a tu madre todas las noches por causa tuya me da todo el derecho a atreverme! ¡Ver a tu padre hecho una furia cada vez que se menciona tu nombre me da todo el derecho a atreverme!

Congelado y atónito, Lynn Kyle recurrió a lo único que le daba un propósito en la vida, aquello por lo que sacrificaría gustoso todo lo que él apreciaba en el mundo... aquello que le daba sentido a una existencia triste y cargada de ira, aquello que todo lo justificaba para él...

- ¿Tienes idea de las cosas que pasan en este mundo, Minmei, o ya nada te importa? - comenzó a proclamar el candidato a senador, clavándole un dedo furioso en el pecho a su prima. - ¡Tenemos -tienes- la oportunidad de cambiarlo todo y prefieres encerrarte en tu mundito!

Minmei no sólo no se dejó convencer por el discurso de su primo, sino que incluso intentó hablarle en un tono maternal y comprensivo... estaba quemando sus últimos cartuchos con él, y era muy consciente de que pocas veces como esa había estado en tanto riesgo de perderlo y hacerlo esfumarse de su vida y de la vida de su familia...

Tenía que demostrarle a Kyle que ella estaba haciendo todo eso por él, no por beneficio propio o de alguien más. Sólo por él... y por todas esas personas que él insistía en lastimar a cada minuto.

- Kyle, esto te lo digo como alguien que te quiere a pesar de todo...

El rostro de Kyle se tornó pétreo, y su mirada inquisitiva le hizo saber a Minmei que él escucharía lo que ella tuviera para decir.

- Deja todo esto - le imploró Minmei, con una voz que se quebraba a cada palabra, agotándola de dolor y sufrimiento. - Deja la campaña, aléjate de esa gente como Spier y Brent, deja lo que sea que estés haciendo en Denver y vuelve a casa--

- ¡JAMÁS! - gritó Kyle, sobresaltando a su prima y descargando en el acto una furia que apenas dejaba ver lo que él sentía en su interior atormentado...

- ¡Hazlo por tus padres! Ellos esperan volver a verte y quieren arreglar las cosas--

- ¡NUNCA!

- ¡ESTO VA A TERMINAR MAL, KYLE! - insistió una vez más Minmei, ya con lágrimas surcando sus mejillas - ¡Vas a lastimar a mucha gente... ya estás lastimando a mucha gente!

- ¿Como tu adorado comandante Hunter? - contraatacó Kyle, deleitándose de manera sádica con el dolor espantoso que pareció invadir a su prima a la sola mención de Rick Hunter.

Minmei no dijo nada... sólo se quedó quieta, con sus ojos azules brillando con las lágrimas, sus mejillas rojas de furia y sus labios temblando de dolor...

- Es por él que estás haciendo todo esto, ¿no es cierto? - continuó presionando Kyle, mirando a su prima con desprecio. - Jamás vas a cambiar, Minmei.

- Tienes razón, lo estoy haciendo por él, entre otras cosas - confirmó ella como si nada.

- Eres una imbécil... ¿cuánto hace ya, ocho meses? - prosiguió Kyle, metiendo de lleno el dedo en la herida con el sólo propósito de reavivar el dolor. - Ocho meses que te abandonó por otra militar, que te humilló ante las cámaras y tú insistes en tener la vela prendida por él... eres una idiota. Realmente mereciste todas esas cosas que él te dijo en el hotel...

Por más que el dolor la azotara, Minmei no se dejó callar, y continuó con tanta dureza que ya todo parecía perdido entre los dos primos... diciendo palabras duras y difíciles con toda la sinceridad de la que era capaz, obligándose a reconocer en ese momento lo que ella ya sabía, pero que no había querido confirmar hasta ese instante singular.

- No tengo prendida la vela por nadie, y sé mejor que nadie que ya no hay nada entre Richard Hunter y yo, ni lo va a haber jamás... él hizo su elección y confío en que será feliz con la comandante Hayes...

Pese a todo, Kyle sonrió con crueldad; después de esa discusión tan agria, había llegado al punto de regocijarse con el dolor de su prima, que aún a varios meses de aquel día fatídico, todavía llevaba en el corazón un sentido dolor hacia el amigo fiel y noble que había perdido a causa de su propia desconsideración y crueldad.

Ella no era tonta, y le había quedado bien en claro que a partir de ese día de mayo, el futuro de Rick Hunter estaba con Lisa Hayes para bien y para mal, y por boca de muchos conocidos ella sabía que los dos estaban felices por el momento... pero eso no mitigaba el dolor.

Nada lo hacía.

- Pero él es un hombre honorable y decente, Kyle... lo conozco bien y sé que no es un asesino o un criminal - dijo entonces Minmei. - O todas las cosas que dices de él. Sólo trata de hacer lo mejor luego de lo que pasó, al igual que el resto de los militares...

- No voy a tolerar que los defiendas en mi pre--

- Lo tendrás que tolerar, te guste o no - lo silenció Minmei, escupiendo cada palabra como si fuera un disparo movido por el resentimiento. - Ellos salvaron mi vida y la de tus padres... ¡y la tuya también! De no haber sido por ellos, estarías convertido en cenizas junto a mis padres y al resto de Yokohama...

- Si viniste aquí para convencerme de que deje en paz a tu adorado militar, Minmei, puedes ir olvidándolo - la cortó en seco Kyle, tratándola con displicencia como si fuera un insecto despreciable que sólo lo estaba estorbando. - Tengo una causa por la que luchar... una misión que cumplir... y no voy a dejar que tus caprichos de adolescente se interpongan.

Minmei gritó una vez más... fue un llamado de auxilio, una solicitud desesperada... un último intento de convencer a su primo que dejara un camino que no lo llevaría a nada bueno.

- ¡¿Por qué no puedes simplemente ayudar en vez de gritar?!

El rostro de Minmei ardió con un dolor intenso y devastador, que permaneció en sus sentidos mucho después de que la mano de Kyle terminara la cachetada sonora con que él la había callado.

- ¿Vas a terminar con todo esto, Kyle? - dijo Minmei dándole una última oportunidad a su primo. - ¿Vas a dejar en paz al comandante Hunter?

- ¿Tienes algo más para decir, Minmei? - se limitó a contestar Kyle, ya sin mirarla o siquiera dedicarle algo de cortesía familiar.

- No - negó entonces la joven cantante, entregada de pies y manos a la resignación y a la amarga confirmación de que ya no quedaban puentes entre su primo y ella... o el resto de la familia. - Ya no hay nada más que pueda decir... nada que quieras escuchar.

Las siguientes palabras de Minmei vinieron desde el pasillo, apenas atenuadas por la pesada puerta de madera de la suite... pero que igual sonaron como una despedida y una expresión de buenos deseos por igual.

- Que Dios te ayude, Lynn Kyle...


A pocos metros de la entrada de un cine ubicado sobre la calle Franklin en la ciudad de Denver, un automóvil se detuvo... pero sin que nadie bajara de él. Al contrario, las dos personas que ocupaban el auto se quedaron allí estudiando el panorama... observando... esperando.

- Ya llegamos... - gruñó Dean Talbot sin dejar de sostener el volante de su automóvil. - Espero que tu tipo sea genuino, Callie... estoy gastando mis últimos litros de combustible.

- Ya podrás reponerlo - le contestó Callie Frenkel sin preocuparse mucho más por el consumo de combustible de su colega del Star, mientras se cercioraba de que tuviera todo lo que necesitaba.

- Sí... el mes que viene.

- Piensa que lo haces para descubrir la verdad.

Talbot tomó las palabras de Callie peor que lo que ella se imaginó al principio... y giró para mirarla a los ojos con tanta brusquedad que la reportera se sobresaltó.

- Preferiría que tu búsqueda de la verdad no incluyera citarse con un extraño en un cine cuando falta tan poco para que empiece el toque de queda.

Callie no contestó nada; sólo sonrió para agradecer aquel gesto de su colega... mientras pensaba que quizás alguna vez pudiera darle el gusto a su colega y amigo, y aceptarle una cita. No se veía como un mal tipo, y ciertamente se preocupaba por ella lo bastante como para convencerla de que sus intenciones eran buenas...

- ¿No prefieres que te acompañe? No me gusta dejarte sola con ese tipo - ofreció Talbot, ya casi al borde de una desesperación oculta a duras penas.

- Me encantaría, pero no puedes... - contestó Callie. - Tengo que ir sola o si no ni siquiera va a aparecer...

Su colega sólo se encogió de hombros, tratando de aparentar que no le daba más importancia al asunto.

- Como quieras... es tu vida la que está en juego. No me llames cuando acabes muerta en un callejón.

- Gracias por preocuparte - le contestó ella con una enorme y juguetona sonrisa, a la vez que abría la puerta del automóvil. - Ahora tengo que irme...

Callie no había puesto un pie en la calle cuando notó que Talbot la tomaba por el hombro, haciendo que girara para ver qué tenía para decirle su colega.

- Buena suerte - dijo Dean Talbot, a lo que Callie respondió con una sonrisa para después descender del auto y permitirle a su colega que partiera de allí.

Ya en la vereda, Callie caminó hasta la entrada del cine y se quedó allí simulando ver los posters de las películas que iban a ser exhibidas aquella noche. Al igual que cualquier otro cine del mundo, ese cine sólo exhibía películas viejas... ya que nadie más estaba filmando nuevas obras cinematográficas.

La espera de Callie Frenkel terminó mucho antes de lo que ella había temido (pero después que lo que ella había esperado) cuando sintió un carraspeo a sus espaldas. Dándose vuelta, la reportera se encontró con el extraño que le daba su información... y a pesar de las circunstancias, de los labios de Callie Frenkel salió una frase en tono de reproche.

- Tardó un poco.

- Créame que valió la pena - replicó impertérrito el informante, sin siquiera mirar directamente a Callie. - ¿Qué película están pasando?

- Tiene para elegir entre "Terminator 4", "Casablanca" y "La Familia de mi Novia".

Luego de pensarlo un poco, el informante hizo su elección.

- "Terminator".

- Bien, compraré las entradas.

Con las entradas en la mano, y tratando de parecer lo más normales e inadvertidos posibles, Callie y su extraño interlocutor fueron guiados por el acomodador de la sala hasta los asientos que habían reservado, que al igual que en su primera reunión estaban ubicados en uno de los rincones más alejados de la pantalla... lejos de la película que a fin de cuentas no les interesaba, pero lo suficientemente tranquilo como para poder conversar sin ningún inconveniente o intromisión.

Ya sentados los dos, Callie no perdió tiempo para abrir fuego, al tiempo que en la pantalla comenzaban a proyectarse los primeros minutos de la película.

- ¿Qué tiene para mí?

Sin hacerla esperar más, el informante sacó de adentro de su gabardina un cuaderno de aspecto poco conspicuo, el cual dejó en manos de la reportera sin dar ninguna explicación, prefiriendo que fuera la joven la que abriera el documento y estudiara su contenido para darse cuenta de lo que era.

Y lo que Callie Frenkel tenía en sus manos era...

- ¿Un balance contable?

- No se imagina las semanas y el esfuerzo que me llevó compilar lo que ve usted ahí.

- Pensé que usted manejaba la contabilidad oculta de Meridian.

- La palabra clave es "oculta" - acotó el informante con una pizca de disgusto, aunque cuando volvió a hablar, lo hizo con un tono didáctico. - Yo sólo distribuyo los fondos hacia donde me lo piden... pero todo está oculto por tantos códigos y trampas contables que es imposible ver claramente qué se hace con el dinero.

Para remarcar su punto, y volver el eje de la discusión a la "evidencia" que había llevado para su interlocutora, el informante golpeó levemente el documento con las manos, obligando a la periodista a enfocarse nuevamente en el cuaderno.

- Lo que tiene en sus manos, señorita Frenkel, es un muy incompleto esquema de la asignación de fondos que hace la Corporación Meridian para la campaña electoral de Lynn Kyle. Notará que hay muchos rubros que no tienen denominación, a excepción de un código contable... eso es porque no hay forma de saber qué son exactamente esos gastos. Pero veamos si usted puede sacarle el jugo a lo que ve...

La reportera aceptó el desafío, y aprovechando que su teléfono celular venía con una linterna incorporada, se lanzó a estudiar el documento aún en las tinieblas de esa sala de cine... sin importar lo duro que era a veces leer en la oscuridad, Callie hizo su mejor esfuerzo y bien pronto sus esfuerzos rindieron frutos de una manera que ella no había imaginado jamás...

- Esto tiene que ser una broma - prácticamente gritó Callie, sin creer lo que estaba leyendo. - ¿Doscientos mil créditos mensuales en catering? No sabía que Kyle le pagara el almuerzo a toda la ciudad.

Pero no era sólo el catering; prácticamente cada rubro de gastos de ese esquema de fondos estaba groseramente inflado, mostrando gastos exorbitantes totalmente alejados de lo que insumían en la vida real; con su experiencia en estudiar campañas electorales, Callie tenía una muy buena idea de lo que costaba lanzar a un candidato ante la opinión pública, y si bien conocía de candidatos que no habían reparado en gastos, esa era la primera campaña que ella veía en la que el candidato -o la gente que lo manejaba, se obligó a recordar- lanzaba el dinero por la ventana.

O el informante estaba jugando con ella... o...

- Y todos estos números... no puede ser...

- Use su inteligencia, señorita Frenkel... - la azuzó el informante, haciendo gala de un sarcasmo lacerante. - ¿Qué le dicen esos números?

Ni lerda ni perezosa, y con una mente adiestrada para buscar lo que no aparecía a simple vista, Callie Frenkel no perdió ni un segundo en exponer lo que para ella era la hipótesis más probable... y la más intrigante.

- Que están usando el dinero para otras cosas...

- Bingo.

Callie no acababa de absorber el golpe cuando el informante le quitó de las manos el registro y comenzó a señalar varios de sus renglones sin lógica o sentido aparente; para la reportera, aquellas anotaciones bien podían ser descubrimientos de un egiptólogo, para lo poco que ella podía comprender... pero dada la vehemencia con la que el informante iba señalando, no cabía dudas de que lo que tenía era algo muy importante.

- He aquí lo curioso: todos los rubros de campaña están inflados hasta hacerlos mucho más grandes que lo que vemos. Meridian no es generosa con sus fondos, y dudo que sea un error de los que hacen la contabilidad de campaña. La Corporación está derivando fondos y jugando con ellos como malabarista de la calle... no sé cuántas de las divisiones corporativas están metidas en esto, pero a juzgar por la cantidad de rubros, creo que este juego contable está involucrando a toda la estructura de la Corporación Meridian.

Los ojos de Callie se abrieron enormes, mientras su mente pensaba en que todo lo que estaba oyendo tenía las marcas inconfundibles de una gran historia.

Ahora era hora de ver qué hacían los actores secundarios de aquella pequeña obra...

- ¿Y los asesores de Kyle?

- Sean Brent hacía malabares contables de campaña mientras Kyle babeaba las alfombras de su casa - contestó el informante, provocando sin proponérselo que la periodista dejara escapar una leve risa. - Creo que el único que no sabe de esto es el candidato a senador.

- ¿Puede decirme para qué usan este dinero?

Una mueca de disgusto asomó en el rostro curtido del informante.

- ¿Tengo cara de oráculo?

La joven periodista fusiló al informante con la mirada; ella apreciaba un buen misterio como cualquiera, pero no le gustaba que se burlaran de ella o la tomaran por tonta, y por más informante conocedor que fuera su interlocutor, ella no le iba a dejar que se saliera con la suya con esas bromas.

Pero el hombre sentado a su lado no pareció inmutarse... estaba determinado a mantener su aspecto de impasibilidad a como diera lugar, aunque supiera que en última instancia sus esfuerzos estaban condenados.

- Lo único que encontré es algo denominado "Proyecto NMS" - explicó el informante, rindiéndose a la presión de la reportera. - No me pregunte cómo hice para deducir esto, pero muchos de los rubros sin denominación que aparecen en ese balance derivan parte de sus fondos a ese proyecto... y tampoco me pregunte qué es el NMS porque no hay ningún dato en ningún lugar.

Aún cuando nada de lo que decía el informante podía comprobarse en el balance que había puesto en sus manos, Callie Frenkel revisó cada renglón con la linterna de su celular, dejando que pasaran ante sus ojos todos los rubros y categorías que conformaban el presupuesto de la campaña de Lynn Kyle para el Senado de la Tierra Unida. Pero eso no era en lo que estaba pensando Callie, sino en la telaraña de misterios que venían apareciendo en lo que hasta entonces había sido la campaña política de un advenedizo en medio de un mundo arrasado por la guerra extraterrestre.

Un activista político devenido en actor de segunda que se convertía en candidato... apadrinado por un veterano operador político acostumbrado a moverse en las más altas esferas del poder... acompañado por figuras de pasados ocultos y presentes turbios... y financiado por una corporación que aprovechaba la ocasión para hacer movimientos extraños por fuera del ojo público.

Cuando todo aquello comenzó, Callie había pensado que investigar a Kyle iba a ser interesante.

Nunca se imaginó que lo sería tanto.

- La única cosa que puedo decirle sobre NMS es que hay alguien del equipo de Lynn Kyle que está muy vinculado a esto - reveló el informante, despertando aún más la curiosidad de Callie.

- ¿Quién?

- Rudolf Spier.

- No lo conozco.

- No me sorprende - le contestó el informante con una sonrisa socarrona. - Rudolf Spier ha hecho de pasar desapercibido la misión de su vida. Nadie tiene idea de quién es él o qué papel juega, excepto que está en el círculo más exclusivo de la campaña de Lynn para senador. Si no fuera porque tengo la plena seguridad de que así es, ni siquiera podría estar seguro de que ese sea su nombre de verdad.

- ¿Y qué hace un tipo como ese en el equipo de Lynn Kyle?

- Quizás todo lo que Brent no quiere que salga a la luz.

Aunque el informante no pudiera verlo, Callie había empalidecido de sólo pensar en las cosas que Brent no quería que salieran a la luz.

- Interesante... la Corporación Meridian usa la campaña de Kyle para blanquear gastos ocultos... - musitó Callie casi para ella sola, aunque después murmuró algo dirigido al informante. - ¿Qué diablos será ese NMS?

El hombre sólo se encogió de hombros y miró un rato a la pantalla, dejando pasar el tiempo y haciendo crecer en la joven reportera la inquietud por una respuesta que no llegaba.

- No le prometo nada... pero haré lo que pueda por averiguarlo.

Algo en el tono de voz del informante le dio a entender a Callie Frenkel que ya faltaba poco para que terminara la reunión de aquel día, y sin estar dispuesta a dejar pasar esa oportunidad, la reportera giró bruscamente para enfrentar al informante, resuelta a hacer una última pregunta a como diera lugar.

- Una pregunta, antes de que se vaya.

- Que sea breve - gruñó el otro hombre.

La joven reportera miró fijamente al informante, como si con eso quisiera ponerle más presión e intensidad a la pregunta que iba a hacer.

- ¿Por qué hace todo esto?

Varios segundos de silencio pasaron en ese rincón del cine, en donde los parlamentos de la película se oían sólo como un vago y poco interesante ruido de fondo... mientras la reportera y su informante se enfrentaban y estudiaban cuidadosamente.

Y de pronto...

- Sí que es insistente, señorita Frenkel - replicó secamente el informante mientras se levantaba del asiento. - No se moleste en quedarse a ver el resto de la película; si quiere, yo le cuento el final en nuestra próxima reunión.


Lunes 16 de enero de 2012

Muy pocos oficiales militares se atrevían a mirar a la cara a los dos jóvenes de uniforme blanco que caminaban por los corredores del SDF-1 aquella tarde; algunos de ellos evitaban mirarlos para no revelarles sus emociones, y otros lo hacían para no llevarse en la memoria la imagen devastadora de un joven que caminaba hacia un futuro incierto.

En varios tramos del camino, sólo se oían los pasos acompasados de los dos jóvenes, marciales y rápidos.

El único oficial que no temió encontrarse de frente con los dos jóvenes era un hombre alto y corpulento, vestido con el uniforme marrón del Ejército de la Tierra Unida, que ya con haberlos visto acercándose a varios metros de distancia, aceleró el paso hasta encontrarse con ellos a mitad de camino.

El oficial del Ejército clavó su mirada en el joven oficial, observándolo con una expresión cuyo significado nadie podía determinar... y fue sólo al cabo de unos segundos que, notando el mayor rango de la joven mujer, se cuadró de manera impecable e hizo un saludo militar digno de un desfile.

- Buenos días, señora... comandante...

- Buenos días, teniente Shelby - respondió la comandante Lisa Hayes, devolviéndole el saludo a Shelby. - ¿Todo en orden?

- Por suerte sí, señora...

Sintiendo que el oficial del Ejército no le quitaba la mirada de encima, revelándole ahora un profundo disgusto, el teniente comandante Rick Hunter no encontró otra alternativa más que afrontar la realidad y dar un paso muy duro pero necesario.

- Teniente Shelby, ya que lo tengo aquí presente...

- ¿Sí, comandante? - lo invitó a proseguir Shelby.

- Quería pedirle disculpas por mi comportamiento del otro día... la reacción que tuve con usted fue completamente inaceptable e inexcusable.

Como por arte de magia, el rostro pétreo de Shelby se ablandó y apareció una sonrisa en sus labios, al tiempo que el oficial del Ejército extendía la mano para que Rick la estrechara, diciendo:

- Disculpa aceptada, señor...

- Gracias, Dan - le contestó Rick mientras le estrechaba la mano, notando entonces que Shelby se había quedado mirando la mano de Rick con sumo interés, como estudiándola. - ¿Qué diablos estás haciendo?

- Revisando - contestó Shelby sin desviar la mirada.

- ¿Revisando qué?

Sin que se le moviera un pelo, tal y como si estuviera reportándose ante un superior a quien no podía mentirle, el teniente Shelby respondió:

- Que no te hubieras fracturado la mano... ese fue un golpe demasiado duro.

- No me haga repetirlo, teniente Shelby - se apuró a contestar Rick, soltando su mano mientras a su lado Lisa meneaba la cabeza con resignación.

- Por supuesto, señor, ya tiene suficientes problemas... - se limitó a contestar Shelby en sorna, pasando entonces a despedirse de su amigo. - Mucha suerte con ellos, comandante Hunter.

- Te lo agradezco, Dan...

Poco después, Rick y Lisa retomaron su camino, pero apenas habían hecho un par de pasos cuando escucharon la voz del teniente Shelby llamándolos:

- ¿Señor?

- ¿Qué pasa? - preguntó Rick en cuanto se volteó para ver a su amigo.

Al instante, Shelby se cuadró una vez más, dándole un último saludo militar a Rick que más que una señal de respeto, era un gesto de aliento y apoyo con el que daba por terminado el altercado mantenido unos días atrás.

- ¡Hágalos sufrir! - lanzó Shelby antes de dar media vuelta y retirarse de allí.

Todo lo que Rick pudo hacer mientras su amigo se iba era quedarse quieto y sonriendo, incapaz de creer el desparpajo que podía mostrar Shelby en un momento como ese... y fue sólo la voz de Lisa la que lo trajo de regreso a la realidad.

- ¿Escuché mal o el teniente Shelby dijo que lo habías golpeado?

- Debes haber escuchado mal - se defendió Rick, dándole luego a su novia su mejor expresión de inocencia. - ¿Tengo cara de golpeador?

- Camina, piloto... vas a llegar tarde - contestó ella, empujándolo para que retomara su camino.

Y por fin, tras una caminata que se hizo más tensa y pesada conforme se acercaban a su destino final, Rick y Lisa llegaron a una puerta cerrada, custodiada a ambos lados por soldados del Ejército armados con fusiles de asalto, y cerca de la cual estaba un pequeño escritorio de recepción, en donde un teniente de aspecto de burócrata no perdió tiempo en descolgar un teléfono, evidentemente para dar aviso de la llegada de Rick Hunter a las personas que lo esperaban tras la puerta.

Llegado a la puerta, Rick miró a ambos lados como para cerciorarse de que realmente hubiera llegado, y cuando hasta la más irracional de sus dudas halló respuesta, se volvió hacia Lisa, murmurando como si nada:

- Bueno... aquí es.

- Aquí es, entonces... - asintió Lisa, dándole a Rick una tímida sonrisa a falta de algo mejor con qué expresar sus sentimientos.

Por su parte, Rick no sabía qué decir en un momento como ese... estaba a meros minutos de enfrentar a una Comisión que tenía el poder para arruinar su vida, y por extensión la de la propia Lisa, y todo lo que podía pensar en ese momento era que no tenía nada especial para decirle a Lisa...

- Lisa...

De pronto, Lisa eliminó cualquier necesidad que Rick pudiera tener de decir algo, ya que sin darle aviso alguno lo rodeó con sus brazos y lo besó con todas sus fuerzas, haciéndole sentir al joven y atribulado oficial todo el afecto, amor y apoyo que él necesitaría durante el interrogatorio... y la sorpresa de Rick sólo redundó en favor de Lisa, haciéndolo más dispuesto aún a recibir ese beso, y a devolvérselo después, aunque sin poder igualar la energía que ella le puso a ese gesto amoroso...

- Aw... - balbuceó Rick cuando los dos terminaron su beso, mientras ella le acariciaba el rostro con una mano, sin dejar de mirarlo a los ojos.

- Buena suerte, amor...

- Gracias... - contestó Rick, separándose con reticencia de ella al ver que uno de los guardias abría la puerta del recinto de la Comisión para que él pasara.

En cuanto a Lisa, sólo tres palabras fueron suficientes para dejar en claro cuál era su posición al respecto, diciéndolas justo en el momento en que Rick traspasaba el umbral de aquella sala.

- Te estaré esperando...

La puerta se cerró, dejando a la comandante Hayes sola y mirando en la dirección en la que él acababa de irse... y tras unos segundos de mirar la lustrosa puerta de madera, lo único que le quedaba por hacer a Lisa fue retirarse hacia una sala de espera cercana, en donde unos bancos le servirían para descansar y esperar a que la declaración de Rick terminara.

En cuanto a Rick, su camino hacia el banco en donde tomaría asiento fue silencioso y tenso, sin que él dijera o hiciera nada para llamar aún más la atención de los seis capitostes que no le habían quitado los ojos de encima desde el momento en que la puerta se abrió.

Cuevas, Carruthers, Pollard, Hauser, Erdogan, Gorbunova... Rick conocía de memoria sus rostros, y recordaba sin esfuerzo sus nombres; días de verlos en noticieros y periódicos los habían grabado a fuego en su ser.

- Usted ha sido llamado a testificar ante esta Comisión extraordinaria, comandante - anunció el general Cuevas en cuanto Rick ocupó su lugar. - Antes de comenzar, deberemos hacerle algunas preguntas de forma.

- Lo entiendo, señor.

El general asintió, ajustando luego sus anteojos y micrófono y lanzando entonces las primeras preguntas del interrogatorio.

- ¿Nombre, rango y rama de servicio?

- Richard Andrew Hunter, teniente comandante, Fuerzas Espaciales, Fuerzas de la Tierra Unida, general - contestó Rick sin pestañear.

- ¿Edad, fecha de nacimiento y lugar de origen?

- 21 años, nacido el cuatro de noviembre de 1990 en Erin Meadows, Oklahoma, antiguos Estados Unidos de América.

Habiendo anotado todo en su cuaderno (algo más formal que necesario considerando que todos los procedimientos de la Comisión eran rigurosamente grabados), el general Cuevas se dio por satisfecho por el momento y cedió la palabra al coronel Hauser, que no tardó en comenzar con sus preguntas.

- ¿Cuál es su actual cargo y puesto de servicio, comandante Hunter?

- Actualmente soy oficial comandante del Grupo Aéreo Nueva Macross y del Escuadrón de Combate Aeroespacial 1 "Skull", coronel.

- ¿Desde hace cuánto tiempo que forma parte de las Fuerzas de la Tierra Unida?

- Desde mi enrolamiento voluntario a bordo del SDF-1 el 5 de marzo de 2009.

- Casi tres años... y una carrera militar impresionante, por lo que puedo ver en su registro, comandante - comentó con genuina admiración el coronel Hauser, releyendo lo que evidentemente era un currículum militar de Rick, lo que hizo que el joven piloto se preguntara para qué diablos había tenido que responder todas esas preguntas si Hauser ya tenía las respuestas a su disposición.

Pero hacerle esos planteamientos a un coronel, y más cuando está en una comisión con semejante poder no era algo apropiado, así que Rick se decidió por algo más sencillo y educado.

- Gracias, señor.

Curiosamente, no fue Hauser quien continuó con los procedimientos, sino el general Carruthers, que parecía contar también con copias de los registros militares de Rick, ya que sin perder tiempo se lanzó a hacer un resumen escueto de la carrera del comandante Hunter...

- Egresado del curso de instrucción acelerado de pilotos de combate el 24 de mayo de 2009 con el rango de cabo, promovido a sargento el 21 de agosto de 2009... un ascenso excepcional al rango de tercer teniente el 10 de octubre de 2009, junto con una Medalla Titanium por servicios heroicos en la Batalla de la Base Sara y el mando de su propia sección de combate, un nuevo ascenso al rango de segundo teniente el 13 de febrero de 2010 tras su fuga de la nave Zentraedi...

Puesto frente a un resumen tan acelerado de su carrera militar, Rick no pudo sino sorprenderse a sí mismo de lo vertiginosa que había sido su carrera... parecía que había sido ayer cuando, con reticencia e infinidad de medios, se presentó ante el oficial de reclutamiento a bordo del SDF-1 para tomar una decisión que cambiaría su vida en más maneras que las que podía haber imaginado.

Por su parte, Carruthers continuaba con la lectura, revelando a sus colegas de la Comisión una serie de datos con absoluta precisión.

- Promovido a primer teniente y nombrado Comandante del Grupo Aéreo del SDF-1, así como líder del Escuadrón Skull el 25 de abril de 2010 tras el fallecimiento del teniente comandante Fokker, y finalmente ascendido a teniente comandante el 19 de abril de 2011 luego de la batalla final de la guerra... además de esa Medalla Titanium, usted tiene otras tres condecoraciones por servicios distinguidos y valor excepcional bajo fuego, nueve citaciones en partes de guerra... verdaderamente meritorio para alguien de su edad y con tan poco tiempo en el servicio.

- Gracias... - murmuró Rick, sin saber qué otra cosa podía responder en un momento como ese.

- Tanta responsabilidad... el Grupo Aéreo y el Escuadrón Skull... - comentó Carruthers tras cerrar la carpeta. - ¿No lo abruma un poco?

- No es una tarea sencilla, general.

- Pero se siente capaz de llevarla adelante.

- Hago lo que puedo.

La palabra pasó entonces al comodoro Pollard, que debió ponerse sus anteojos para ver de lejos; la edad estaba empezando a jugarle demasiadas malas pasadas en momentos importantes como ese.

- ¿Cuál era su misión el día de los hechos, comandante Hunter?

- Conducía una formación de cinco cazas Veritech VF-1 en un patrullaje regular por el cuadrante sudeste del sector de Nueva Macross, comodoro... es una misión estándar del Skull - explicó Rick.

- ¿Los famosos "vuelos de seis horas"? - quiso saber Pollard, rematándolo luego con otra pregunta. - ¿"Súbete, siéntate, cállate y aguanta"?

Una sonrisa involuntaria asomó en el rostro de Rick al escuchar esa frase, que si bien la había oído innumerables veces de boca de sus pilotos, era la primera vez que escuchaba a un alto oficial militar diciéndola como si fuera lo más natural del mundo.

- Exactamente...

- ¿Cuáles son sus órdenes en esas misiones, comandante? - continuó Pollard.

- Verificar que no estén en desarrollo situaciones o eventos que alteren la paz o representen amenaza alguna a nuestras ciudades, proveer capacidad de reacción ante situaciones inesperadas y reprimir cualquier brote de violencia o ataque contra personas, bienes y propiedades del Gobierno de la Tierra Unida y sus ciudadanos.

- ¿Desde hace cuánto tiempo que usted y su escuadrón conducen estas misiones de patrullaje?

- Ocho meses, comodoro, desde que terminó la guerra.

- Eso significa que usted no es ningún novato en estas lides, comandante Hunter.

- Ya no quedan novatos en nada, señor - confirmó Rick, acompañando la respuesta con una suave sacudida de su cabeza.

- Comprendo...

Pasaron unos segundos de silencio en los que los miembros de la Comisión, aparentemente ajenos a la incomodidad de Rick, se miraron unos a otros tratando de decidir quién iba a ser el siguiente en hablar... y justo cuando Rick pensó que sus nervios iban a superarlo, el presidente de la Comisión asumió la tarea de continuar con el interrogatorio.

- Por lo que hemos determinado en pasadas entrevistas con sus oficiales, comandante, aquella patrulla había sido excepcionalmente tranquila, ¿no es cierto?

- No hubo ninguna clase de problemas que requirieran nuestra intervención.

- ¿Suele haberlos? - quiso saber Cuevas con lo que parecía ser genuina curiosidad.

- Algunas veces hay incidentes... ataques, robos, disputas entre pueblos, atracos... es ahí cuando intervenimos.

- ¿Usan la violencia en esas circunstancias?

Rick debió pensarlo muy bien antes de responder... podía no ser una corte marcial, pero eso no significaba que debía ser demasiado franco con las respuestas a las preguntas que le hacían...

- Tratamos de ser disuasivos y llamar a las partes a calmarse, o lograr que los violentos se rindan sin tener que disparar - contestó entonces, tratando de ser lo más neutro y objetivo posible.

- Pero ustedes pueden utilizar la violencia, ¿no es cierto?

- Sólo si somos atacados, señor... - admitió el piloto tras un breve silencio.

- Y eso no pasa a menudo...

- Por lo general, no - respondió Rick, explicándose luego con absoluta seguridad. - La mayoría de los buscapleitos son lo suficientemente astutos como para no trenzarse en una pelea con una patrulla de Battloids.

- Entiendo - asintió Cuevas. - ¿Le ha ocurrido alguna vez?

- En ciertas situaciones trataron de forzarnos la mano con algunos disparos, pero pudimos detenerlos.

- ¿Debió dispararles en esas situaciones?

- Tiros al aire, quizás apuntar directamente hacia ellos...

La capitana Erdogan tomó entonces la palabra, como si hubiera estado demasiado apurada por aprovechar la oportunidad que se le presentaba.

- ¿Por qué no ocurrió en este caso?

- ¿Perdón? - dijo Rick, pidiendo que la abogada se clarificara.

- Mi pregunta, comandante Hunter, era por qué no hizo todo aquello que acaba de decir cuando se le presentó la situación en Indiana... tiros al aire, y todo lo demás - dijo Erdogan para hacerse entender. - Si tenía a mano esas herramientas disuasivas, ¿por qué no las empleó?

- Para empezar, señora, les di a los milicianos amplias oportunidades para rendirse y deponer su actitud, incluyendo un plazo de cinco minutos... si cinco minutos frente a cinco Veritech no los tranquilizaban, no había nada entonces que los calmara - explicó Rick.

La furia invadió al joven piloto a mitad de la explicación, obligándolo a hacer un segundo de silencio para recobrar el control de sus emociones antes de poder seguir adelante.

- Y para concluir, sólo comenzamos a disparar luego de que derribaran el caza del teniente Hollis... y abrieran fuego contra el resto de nosotros. No antes.

- ¿Consideró usted en algún momento que los milicianos representaban una amenaza contra usted o sus pilotos?

- Portaban armas de diverso calibre y misiles, sin mencionar que habían atacado un convoy de suministros, capitana - contestó Rick en un tono demasiado cortante para el gusto de Erdogan. - Habían demostrado tener intenciones violentas... y considero a eso como una amenaza potencial contra mis hombres.

- ¿Pero lo consideró una amenaza seria?

- Señora, si pueden matar a uno de mis hombres, yo lo consideraré serio.

Lejos de demostrarse ofendida por la brusquedad con la que Rick respondía a las preguntas, la capitana Erdogan respondió con una sonrisa carente de humor, sacudiendo entonces la cabeza para significar que no le quedaban más preguntas por formular, con lo que el interrogatorio volvió a caer en manos del general Carruthers.

Mientras tanto, a Rick le preocupaba cada vez más el que la sexta integrante de la Comisión se mantuviera en un silencio tan completo como conspicuo... pero antes de poder seguir preguntándose qué diablos podía tener en mente la consejera Gorbunova, la voz del general Carruthers lo trajo de regreso al interrogatorio.

- ¿Qué impresión le dio el líder miliciano, este... señor Rogers?

- Un bandolero, general. Un criminal ordinario.

- Esa es una definición bastante tajante, comandante - comentó Carruthers como si nada.

- Pero acertada, en mi opinión, señor.

En lugar de insistir con sus preguntas, Carruthers entrecerró los ojos, invitando silenciosamente a Rick a explicarse un poco más, y el comandante Hunter no perdió tiempo en darle al Jefe del Ejército la explicación que él quería.

- Atacó un convoy con intención de apoderarse de los suministros que transportaba, o al menos extorsionar al GTU con ellos y con las vidas del personal del convoy, mató a la escolta, tomó rehenes... creo que eso entra en la definición de un criminal.

- ¿Consideró serias sus intenciones de negociar?

- No las tenía, señor - negó Rick de manera tajante, a lo que Carruthers reaccionó hojeando apresuradamente su copia del reporte post-misión de Rick.

- Pero eso es lo que dice usted en su reporte, comandante, al igual que las transcripciones de comunicación de sus cazas Veritech.

- Lo único que ofreció fue la posibilidad de un arreglo en el que nosotros deberíamos ceder algo a cambio de las vidas del personal del convoy - replicó el comandante Hunter, sintiéndose cada vez más alterado. - No me dio nada para creer que sus intenciones eran sinceras, o que ese arreglo podía llegar a ser beneficioso para alguien excepto al propio Rogers.

Fue entonces que intervino el coronel Hauser, cosa que no pareció molestar a Carruthers en lo más mínimo, dado que el general sencillamente se acomodó en el asiento y dejó que el oficial de la Fuerza Aérea tomara las riendas del interrogatorio.

- ¿Pensó en solicitar instrucciones al SDF-1 sobre este tema? Quizás esperaba de ellos la orden de negociar con Rogers.

- En ningún momento, coronel.

- ¿Por qué no? - quiso saber el oficial.

- Porque nuestras órdenes incluyen no negociar con criminales.

- Su opinión sobre ellos parece muy dura, comandante - opinó Hauser, tratando en la medida de lo posible de no revelar que él estaba completamente de acuerdo con la posición de Rick sobre el tema.

- Creo que quien trata de conseguir ventajas a la fuerza en un tiempo como este es un criminal.

Entonces, en un gesto que encendió todas las señales de alarma que Rick tenía, la consejera Gorbunova se movió de manera perceptible por primera vez desde que comenzó el interrogatorio, pidiéndole con un gesto al coronel Hauser permiso para continuar con la sesión de preguntas, pedido que Hauser no dio muestra alguna de rechazar.

En el momento en que Rick sintió la mirada helada de la consejera clavándose en él, todos los cabellos de su nuca se erizaron, como provocados por una sensación de repentina amenaza que se cernía sobre él... y todo lo que le quedaba era esperar a ver con qué le iba a salir aquella consejera del Gobierno...

Era curioso, pensó Rick... casi se veía normal y agradable antes de preguntar; algo que contrastaba muchísimo con la interrogadora despiadada que habían descrito Starakis, Birkeland y Koizumi tras sus propios testimonios ante la Comisión... o como la inmisericorde que se había lanzado contra Lisa, reconociéndola aún sin que la propia Lisa le hubiera revelado el nombre.

- ¿Alguna vez disparó contra otros seres humanos, comandante Hunter? - preguntó la consejera, aclarándose antes de que Rick lo hiciera. - Antes de Indiana, quiero decir.

- En un par de ocasiones... y no es algo de lo que esté orgulloso - admitió Rick con dolor.

- Lo entiendo - asintió Gorbunova con un tono casi compasivo... lo suficientemente creíble como para que Rick se obligara a recordar que estaba tratando con una política. - Al fin y al cabo, usted tomó su comisión como oficial para proteger a la Tierra contra cualquier agresión.

- Exactamente.

- Pero eso es lo que se le pide a usted en estos días... que apunte contra otros seres humanos - continuó Gorbunova. - ¿No le provoca alguna clase de tensión interna?

Antes de poder responder, Rick debió hacer esfuerzos por quitar la bilis de su boca, o de lo contrario creería que el gusto amargo que sentía de sólo pensar en disparar contra otras personas acabaría por matarlo.

- Señora consejera, ninguno de nosotros disfruta verse obligado a matar, pero entendemos que es una situación a la que nos podemos enfrentar desde el primer momento en que nos ponemos el uniforme.

- Debe ser una exigencia muy fuerte para ustedes.

- Lo es - reconoció el piloto, y la consejera hizo silencio por unos segundos, como si le concediera a Rick un poco de tiempo para tranquilizarse.

En los sitiales del resto de la Comisión, los otros integrantes estaban estupefactos; generalmente le tomaba menos tiempo a Gorbunova para lanzarse al cuello de los interrogados... y la sensación horrible de que esto sólo era la preparación para algo más brutal invadió simultáneamente a los otros cinco miembros de la Comisión Extraordinaria.

- ¿Sería sensato afirmar que los pilotos de combate están entre los militares con mayores exigencias en estos días?

- No entiendo su pregunta, consejera.

- Entrenamiento permanente, patrullajes de seis horas, alertas... sin mencionar la naturaleza de por sí bastante exigente del vuelo militar... no son cargas que la mayoría de los militares portan sobre sus hombros.

- Cada uno de nosotros hace lo que le toca, señora - respondió Rick, tratando de ser lo más claro y justo posible, dado que la respuesta incluía hablar acerca de otros militares y sus tareas. - El vuelo es mi vocación desde que tengo uso de razón. No sé cómo otros oficiales y soldados cumplen sus tareas, pero confío plenamente en que cada uno sobrelleva las cargas que tiene de la mejor manera posible.

- Lo entiendo...

El joven piloto estaba azorado; aquella mujer distaba mucho de la fama que le habían creado, y por un breve instante el comandante Hunter creyó que sobreviviría a la experiencia sin tantas cicatrices... aunque la vida le había hecho un muy buen trabajo de quitarle toda inocencia a Rick Hunter, preparándolo inconscientemente para un golpe que estaba seguro de que acabaría cayendo sobre él tarde o temprano.

- Y tratar de hacer su vida en una situación como la que estamos atravesando debe ser un doble trabajo...

Tal parecía que el golpe había llegado, razonó Rick, notando entonces con temor que esa frase podía ser la antesala de una línea de preguntas sobre su vida personal.

- No es fácil, consejera - contestó el piloto, tratando de no invitar más preguntas sobre su vida personal.

Desgraciadamente, Gorbunova no se iba a apiadar de él, y con cada pregunta que hacía, su tono se parecía más a la de la feroz interrogadora que sus pilotos y Lisa habían descrito.

- ¿El servicio se interpone?

Otra vez era hora de una respuesta evasiva...

- Muchas veces... no es muy fácil mantener separadas las esferas personal y profesional.

Un destello de satisfacción apareció en la mirada de Gorbunova, y en ese preciso instante, Rick supo que en lugar de evadir a la consejera, había caído precisamente en donde ella deseaba tenerlo, cosa que le quedó absolutamente clara al notar el tono exultante que ella destiló en su siguiente pregunta.

- Es exactamente de lo que quería hablarle, comandante Hunter...

Por más que lo intentó, Rick no pudo evitar temblar con el escalofrío poderoso que lo recorrió, sintiendo además que el tiempo se congelaba mientras la consejera se inclinaba hacia adelante con toda la intención de no darle ninguna clase de cuartel.

- Volvamos atrás, unos cuatro meses... al 16 de septiembre del año pasado, para ser preciso. Ese día usted estaba al frente de una formación de cazas, escoltando a un transporte militar hacia... Nueva Boston, ¿no es cierto?

- Es cierto - admitió Rick, que comenzaba a vislumbrar el rumbo que tomaría el interrogatorio.

- ¿Qué cosa ocurrió ese día?

- Un vuelo especial de transporte del Gobierno fue atacado y derribado por saqueadores.

- Una experiencia espantosa... - remarcó Gorbunova, con lo que parecía ser genuina impresión. - Marcel Pelletier es un colega a quien yo aprecio muchísimo, comandante, y lo que sentí al saber que su vuelo había sido atacado fue algo difícil de describir... aunque usted debe saber a lo que me refiero.

Hubo algo en el tono con que Gorbunova remató su intervención anterior que inflamó las llamas de la ira de Rick, provocándole un incendio que él bien sabía que no podría controlar por mucho tiempo más... y cuyas primeras manifestaciones aparecieron en las palabras cortantes y venenosas con las que respondió a la insinuación de Svetlana Gorbunova.

- ¿Quisiera ilustrarme?

La consejera no tardó en darle el gusto a Rick.

- La comandante Hayes salió bastante malherida de ese incidente... la tensión y los nervios que lo atacaron deben haber sido verdaderamente insoportables...

Algo curioso le ocurrió al comandante Hunter en ese momento... empezó a perder noción de todo lo que no fuera la consejera Gorbunova, a quien estaba comenzando a mirar con lo que él hubiera jurado que era odio en estado puro...

- Lo menciono porque según los registros militares de ese día, usted mantuvo un altercado con el almirante Gloval en la red táctica... - prosiguió la consejera. - Es más, creo que incluso llegaron a cruzar algunos términos bastante duros.

- Sí - reconoció Rick a regañadientes, dándole a Gorbunova todo el combustible que necesitaba.

- ¿Fue porque usted quería ir a rescatar a la comandante Hayes, no es verdad? - continuó disparando la consejera, rememorando aquel incidente gracias a los registros militares que había conseguido como parte de su investigación. - El almirante le negó el permiso... y poco le faltó a Gloval para relevarlo del mando. Y como si eso no fuera poco, a su regreso al SDF-1 le fue impuesta una sanción disciplinaria de un mes de suspensión del servicio activo, aunque por lo que pude leer en el Código de Justicia Militar, el delito de insubordinación merece una pena mucho más severa que la que le fue impuesta.

Todo lo que había en la mirada de Rick Hunter era furia... una furia que la consejera estaba ignorando olímpicamente.

- Quizás la capitana Erdogan quiera ilustrarnos al respecto - dijo entonces Gorbunova como si nada, mirando a la abogada militar que estaba sentada a su lado. - ¿Cuál es la pena por insubordinación, Sameera?

Por un segundo, la capitana Erdogan dejó en evidencia una ardiente irritación al ser metida en el debate de una forma tan poco ceremoniosa, pero eso no le impidió responder a la pregunta de Gorbunova con completa precisión.

- Por sentencia de una corte marcial, y dependiendo de las circunstancias y gravedad del acto de insubordinación, entre cuatro meses y quince años de prisión... en caso de producirse frente al enemigo, la insubordinación puede castigarse sumariamente con la muerte.

Toda la sala cayó en un silencio glacial, y cinco pares de ojos fueron alternativamente de Gorbunova a Rick, que daban la impresión de competir por ver quién estaba más furioso e indignado.

- Usted corrió un riesgo muy grande al contestarle de esa manera a Gloval, comandante - le espetó Gorbunova a Rick al cabo de unos interminables segundos de silencio. - Realmente debe tener sentimientos fuertes hacia la comandante Hayes como para atreverse a tanto.

Casi de inmediato, los otros integrantes de la Comisión empezaron a hacer público su desagrado por el cariz que estaba tomando el interrogatorio, y uno o dos de ellos incluso estuvieron cerca de ponerse de pie para protestar.

- Con su venia, señor Presidente - solicitó el comodoro Pollard, haciendo suya la indignación colectiva y mirando con dureza a Gorbunova. - No entiendo a qué quiere llegar la consejera Gorbunova. Si usted quisiera instruirla para que nos ilumine al resto...

Gorbunova no necesitó que el general Cuevas le diera instrucciones para satisfacer la inquietud de Pollard, aprovechando de paso la oportunidad para dar su remate final...

- Tenemos frente a nosotros a un oficial que tal vez no fue la mejor elección para hacer frente a esa situación... un hombre proclive a la insubordinación y a los comportamientos irrespetuosos para con sus superiores...

El tono de la consejera civil se tornó más duro conforme continuaba con su argumento, alimentándose de la indignación que veía en la mirada furiosa del teniente comandante Rick Hunter...

- Un hombre que ya perdió una vez los estribos en una situación con saqueadores que casi le cuesta la vida a su pareja actual, impulsándolo a cometer un posible suicidio profesional, y que por eso es incapaz de ser objetivo frente a esta clase de personas - prosiguió la consejera, deteniéndose sólo para tomar aire antes de disparar la estocada definitiva contra Rick, la que salió de sus labios como si fuera una ráfaga de ametralladora. - ¿Disfrutó mucho desquitándose con estos bandoleros, comandante Hunter? Tal vez lo suficiente como para quitarse el mal gusto de no haber podido atrapar a los que hirieron a la comandante Hayes hace cuatro meses...

- ¡No sabe de lo que está hablando! - bramó Rick, ya con todos los estribos completamente perdidos.

- ¿De veras que no lo sé? - contraatacó Gorbunova, perdiendo por primera vez en mucho tiempo su autocontrol. - La venganza es un poderoso sentimiento, comandante... uno muy difícil de resistir.

- ¡Si usted piensa que no siento especial cariño hacia los bandoleros, eso es verdad, consejera Gorbunova! - contestó el comandante Hunter con pura y viva indignación. - ¡Si usted viera las cosas que hacen, le aseguro que le costaría mucho sentir aprecio hacia ellos!

Si alguien trató de detener a Rick Hunter, él no lo notó, dado que teniendo al fin una oportunidad para dejar salir la ira, frustración e indignación que llevaba acumulando durante semanas, se lanzó a aprovecharla por completo...

- Nosotros seguimos las órdenes que nos imparten los mandos superiores, y tenemos que cumplirlas en un mundo que está en ruinas y en zonas en donde la anarquía y el deseo de sobrevivir son las únicas leyes. No actué por sed de sangre o venganza en Indiana, y para serle honesto, preferiría no haber tenido que participar jamás en esa misión, al menos para no oír cómo un montón de gente que empalaría saqueadores sin ningún asco si llegaran a meterse con ellos ahora pide mi cabeza... ¡y si usted cree que los militares somos seres sanguinarios y homicidas dementes, pues entonces le diría que saque su cabeza del inodoro y vea un poco lo que es el mundo real!

Gorbunova se puso de pie y le espetó algo a Rick, pero el piloto de combate estaba demasiado entregado a su furia como para prestar atención, enfocándose pura y exclusivamente en la consejera civil mientras continuaba gritando:

- ¡Hay un mundo de mierda allá afuera, con crueldades y bajezas que usted no sabe ni que existen, y lo único que hay entre esos desgraciados y usted somos nosotros!

La voz tronante del general Cuevas cortó el griterío conjunto de Rick y Gorbunova como si no existiera.

- ¡SILENCIO, COMANDANTE HUNTER!

Rick se calló entonces, más por reflejo ante el vozarrón de autoridad del teniente general que por alguna idea de que sus gritos estaban completamente fuera de lugar.

- Esta comisión entra en receso - dijo en tono glacial el general Cuevas, mirando primero a Rick y luego a los otros integrantes de la Comisión. - Nos volveremos a reunir en quince minutos.

De inmediato, todos los miembros de la Comisión se pusieron de pie, mirándose los unos a los otros con incertidumbre e inquietud... a excepción de la consejera Gorbunova, que miraba al general Cuevas con tanta dureza como la que él le estaba dando con su expresión.

- Consejera Gorbunova, venga conmigo.


- Ahora, consejera, me va a explicar qué diablos le pasa a usted.

- No veo por qué tenga que explicarle nada a usted, general - contestó la consejera, igualando la furia que veía en Cuevas no sólo con sus palabras, sino con su mirada helada.

La mayoría de los miembros de la Comisión habían ido a refrescarse un poco a una sala especialmente dispuesta en la misma cubierta donde estaba su sala de sesiones, excepto por el general Cuevas y la consejera Gorbunova, que se hallaban en ese momento en una sala adjunta a la de sesiones, con el propósito explícito de poner las cosas en claro.

El lugar no era tan vistoso como la sala de sesiones, pero no estaba lejos de serlo, y si la sala donde la Comisión sesionaba regularmente podía llegar a ser fría y hostil en medio de un interrogatorio, aquella pequeña sala estaba tornándose rápidamente en la copia misma de la Antártida con la furia con que Cuevas y Gorbunova estaban teniendo su altercado.

- ¡Desde el primer día, usted ha estado convirtiendo a estos procedimientos en una cacería de brujas, acosando a los testigos y poniéndolos en situaciones personales! - bramó el general, dejando salir por primera vez la irritación que la consejera le había provocado durante los cinco días de trabajo de la Comisión.

Sin embargo, Gorbunova no parecía molestarse mayormente, sino que replicaba al general con una calma envidiable:

- Si usted lo dice por el hecho de que esté haciendo las preguntas que ni usted ni el resto de la Comisión parece estar interesado en hacer, general, entonces estoy haciendo una cacería de brujas--

Antes de que Gorbunova pudiera terminar la frase, el general ya estaba interrumpiéndola sin la menor señal de caballerosidad o gentileza.

- Usted puede preguntar lo que se le antoje, pero no tiene nada que ver lo que Rick Hunter y Lisa Hayes hacen en su vida privada--

- ¿De veras piensa eso, general? - replicó la consejera, hablando en un tono tan calmo y natural que resultaba chocante en medio del clima agrio de esa discusión.

Para consternación del Jefe de Operaciones y Presidente de la Comisión Extraordinaria, Svetlana Gorbunova entró a reírse en ese mismo momento, meneando la cabeza como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar... y todo mientras un general demasiado alterado en sus nervios se sentía a cada segundo más indignado por las respuestas que recibía de parte de la consejera.

- Cielos, o usted es ingenuo o es un verdadero estúpido... - murmuró Gorbunova como si el general no estuviera allí presente.

Pero Cuevas sí que estaba en esa sala, y el ser llamado "estúpido" sólo sirvió para desatar una reacción incontrolable de ira, haciéndolo explotar como pocas veces lo había hecho en su vida:

- ¡Nuestra labor es determinar lo que pasó en Indiana, no juzgar la vida privada de nuestros oficiales!

- ¿No lo entiende? - bramó Gorbunova, ya a punto de perder los estribos. - ¡Todo está en juicio!

Aquella frase logró un milagro en ese momento de tensión: que la curiosidad del general primara por encima de su irritación hacia la consejera, haciendo que Cuevas callara sólo por unos segundos y mirara con desconcierto a la más díscola integrante de la Comisión que él presidía.

- ¿Cree que yo quiero mandar a Rick Hunter a una corte marcial? - disparó entonces la consejera civil, dejándose caer en uno de los sillones de aquella sala y aparentando tener muchos más años que los que realmente tenía. - ¡Santo Cielo, general, esos tipos ni merecían la formalidad de un diálogo! Si hago todo esto, si pongo todo mi esfuerzo en esta Comisión es porque quiero asegurarme de que afuera de esta nave, en esa población civil que sigue lo que debatimos por los medios, pueda verse la imagen correcta...

El general pensó en replicar algo, pero en su interior algo le dijo que valía más la pena escuchar lo que la consejera tenía para decir, y sin decir nada tomó asiento en otro sillón cercano al de Gorbunova y la invitó con un gesto a explicarse mejor.

- Usted ve lo de Indiana y ve una situación táctica, general... fuerzas enfrentadas que intercambiaron disparos con un resultado determinado... y lo que mucha gente afuera de esta nave ve es una masacre de civiles. Usted ve a Rick Hunter y ve a un camarada de armas que debió tomar una decisión difícil al ser atacados sus hombres... y lo que ven afuera es a un jovencito con un rango demasiado alto para su edad que entró a disparar alegremente contra personas que no tenían la menor oportunidad contra él.

Sólo su puño repentinamente cerrado le reveló a Gorbunova que el general consideraba esa idea como algo indignante... aunque al puño cerrado no lo siguió ninguna reacción explosiva, lo que ella interpretó como una venia para continuar.

- Usted ve a Lisa Hayes y ve a una oficial militar condecorada que ese día coordinó las acciones de la patrulla del comandante Hunter con profesionalismo... y lo que ven afuera es a una mujer demasiado joven que casualmente no sólo es hija del anterior Supremo Comandante, sino también la protegida del actual Supremo Comandante, y por si fuera poco, la amante del oficial cuyo desempeño está siendo examinado.

La consejera hizo silencio sólo por unos segundos para recuperarse, dejando que en esos segundos su mirada se perdiera en la puerta que vinculaba a aquella sala con el recinto de sesiones de la Comisión, hasta que una vez más retomó la palabra.

- Usted ve en esta Comisión un esfuerzo por dilucidar la naturaleza de los hechos de Indiana... y lo que ven afuera, y lo que dicen acerca de esta Comisión es que se trata de una fantochada montada por ustedes los militares para lavar sus culpas y responsabilidades...

Por primera vez desde que comenzara con su perorata, la consejera miró al general y presidente de la Comisión, revelando algo muy parecido al pánico y al terror, cosas que Cuevas no recordaba haber visto en ella...

- ¿Quiere saber lo que verían allá afuera si sumamos todo eso, teniente general? - preguntó de modo retórico Gorbunova, rematando la pregunta con una sonrisa carente de humor.

Cuevas no supo qué decir en respuesta a esa pregunta... la idea que la consejera trataba de explicarle se estaba revelando en su mente como un escenario de pesadilla, no sólo para Rick Hunter o Lisa Hayes, sino para la misma Comisión y para las propias fuerzas militares en todo el mundo...

- Y por cierto, lo que usted ve como una "cacería de brujas" montada por mí, yo lo veo como lo único que puedo hacer para asegurarme de que esta Comisión no sea tildada jamás como una fantochada, general - continuó hablando Gorbunova, sin darle tiempo a Cuevas para que hiciera alguna acotación. - Nos estamos jugando más cosas que las que puede imaginar con esta Comisión, general Cuevas... y si para eso tengo que hacer que dos jóvenes suden la gota gorda con tal de que no quede la menor duda de que lo de Indiana fue algo totalmente inevitable, pues lo lamento por ellos... la alternativa es darle argumentos a ese cerdo nekulturny de Lynn Kyle para golpearnos a nosotros y a ustedes con más fuerza.

Una última frase salió de los labios de Svetlana Gorbunova, dándole el toque final de terror al escenario que acababa de plantear, y lo más espantoso del caso para el teniente general Alejandro Cuevas era que no podía objetar en lo más mínimo nada de lo que ella había dicho...

- ¿Ahora ve lo que yo veo, general?


Al cabo de diez minutos de tensa espera, todos los miembros de la Comisión retornaron a la sala, en donde un ansioso Rick Hunter esperaba con ánimo cada vez más tenso la continuación del interrogatorio... aunque más no fuera para que el suplicio se acercara a su final.

Con cuidado, procurando que no se notara su ansiedad más que lo que sus manos inquietas lo hacían, Rick estudió las expresiones de los miembros de la Comisión, deteniéndose particularmente en las del general Cuevas y la consejera Gorbunova.

Una vez que los miembros de la Comisión se sentaron en sus lugares, el general Cuevas abrió su carpeta, se colocó sus anteojos y ajustó una vez más el micrófono; sus típicos rituales con los que daba comienzo a las sesiones.

Mientras tanto, la consejera Gorbunova no hizo movimiento alguno, excepto acomodarse en su sillón y mirar a Rick con algo que, si bien no era la frialdad clínica que había precedido a la interrupción de Cuevas, no era precisamente amistoso.

- Proseguiremos con las preguntas, comandante Hunter... - anunció Cuevas, apenas mirando de reojo a los otros miembros de la Comisión, que no sólo no respondieron, sino que dieron la impresión de no importarle nada.

- Estoy listo, señor - respondió Rick, preparándose ya para lo peor.

Pero para sorpresa de Rick, las preguntas que siguieron a aquel anuncio fueron tan distintas de las que había respondido hasta aquel momento que él creyó que el mundo se había vuelto loco.

O quizás, el mundo había recuperado algo de cordura.

Después de media hora de preguntas calmas y mesuradas sobre procedimientos y las circunstancias de la acción en Indiana, preguntas que el comandante Hunter pudo responder sin poner a la Comisión al borde de los golpes, el general Cuevas carraspeó y miró uno a uno a los otros miembros de la Comisión Investigadora.

- Muy bien, señores... ¿alguna pregunta final?

Cinco cabezas asintieron al mismo tiempo... y tanto por la debida cortesía hacia los funcionarios del Consejo, como por temor a guardar aquello para el final, el general Cuevas le concedió el honor de ser la primera en hacer su pregunta final a la consejera Svetlana Gorbunova.

- ¿Consejera? - preguntó cortésmente el general Cuevas.

Rick Hunter tembló levemente al notar que Gorbunova se inclinaba hacia delante antes de preguntar, pero no era un temblor de miedo... sino un temblor de furia.

Que ella lanzara todos sus dardos; él sabría cómo contestarlos.

- En su opinión, comandante - comenzó la consejera civil mientras releía sus notas, para después clavar sus fríos ojos azules en los de Rick - ¿existía algún otro modo de salir de la situación que no pasara por el uso de las armas?

- No.

Toda la Comisión aguardó con aliento entrecortado a que Gorbunova se lanzara al cuello de Rick Hunter; era casi predecible. Pero todas las predicciones fracasaron, y la consejera civil se limitó a devolverle a Rick una sonrisa carente de humor, para después darle una mirada al general Cuevas que lo habilitaba a pasar a la siguiente pregunta.

Ninguno en esa sala respiró aliviado con más fuerza que el teniente comandante Hunter al ver que la consejera se quedaba quieta en su lugar mientras Cuevas le cedía la palabra al comodoro Pollard.

- ¿Comodoro?

El anciano marino se aclaró la voz y se ajustó los anteojos antes de hacer su pregunta al joven piloto de combate.

- ¿Cumplió con todos los protocolos y reglas de empeñamiento vigentes al momento de los incidentes?

- Al pie de la letra.

Encogiéndose de hombros, Pollard no dijo nada más y le permitió a Cuevas darle la oportunidad de preguntar a la capitana Erdogan,

- ¿Capitana? - indicó Cuevas con voz suave.

La abogada militar se tomó un par de segundos para releer sus notas antes de lanzarle a Rick su pregunta final.

- ¿Empleó fuerza desproporcionada o excesiva en comparación con el poder de fuego de los salteadores?

- No - fue la respuesta tajante de Rick Hunter.

Lejos de insistir en su punto, la capitana Erdogan calló y miró al general Cuevas para que dispusiera quién podía seguir con su pregunta. El elegido por el presidente de la Comisión fue el coronel Hauser, cuya atención llamó con un gruñido bastante notorio.

- ¿Coronel?

- ¿Considera que sus acciones durante estos incidentes se ajustaban al marco de las órdenes de patrullaje y a las directivas emanadas del SDF-1? - preguntó sin perder el tiempo el oficial de la Fuerza Aérea.

- Así es.

El coronel Hauser sencillamente anotó un par de cosas en su carpeta y se recostó contra su asiento, mientras el general Cuevas se dirigía al general Carruthers para que hiciera su última pregunta.

- ¿General?

- ¿Evalúa usted que alguno de sus subordinados se excedió en la tarea de combatir a los saqueadores? - inquirió el Jefe del Ejército.

Era una pregunta complicada como pocas... pero Rick Hunter se las ingenió para salir airoso de ella.

- No, señor. Todos ellos cumplieron con mis órdenes al pie de la letra... atacaron cuando se les indicó, dejaron de atacar cuando se les indicó.

Sin más que decir, Carruthers le cedió el micrófono al presidente de la Comisión para que hiciera la última pregunta de la ronda de interrogatorios.

A sabiendas de que aquella pregunta pondría fin a esa sesión, el teniente comandante Hunter se sintió más inquieto que nunca mientras veía al general Cuevas clavándole la mirada como preludio a su pregunta.

- Comandante Hunter, de volver a repetirse esta situación... ¿actuaría de manera distinta?

- Si con eso hubiera podido evitar la muerte del teniente Hollis... sí, general. Por lo demás, no.

Silencio generalizado en la sala; ninguno de los presentes osó acotar algo a lo dicho por Rick Hunter.

- Excelente - se dio por satisfecho el general Cuevas, dirigiéndose entonces una vez más a Rick. - Teniente comandante Hunter, esta Comisión agradece su testimonio. Puede retirarse.

- Gracias, señor.

Dicho eso, el piloto asintió y saludó militarmente a todos los presentes, para luego dar media vuelta y caminar hacia la puerta de la sala a paso vivo, como si la sola idea de pasar un segundo más de lo necesario ante la Comisión le provocara malestar.

Lo peor de todo era que ni siquiera los seis integrantes de la Comisión podían estar en desacuerdo con esa idea.

No habían pasado dos minutos desde que Rick dejara la sala de reuniones de la Comisión cuando la capitana Erdogan se volvió hacia sus colegas de la Comisión y les lanzó la pregunta que estaba en la mente de todos ellos desde que terminara aquel interrogatorio final.

- ¿Y ahora?

- Ya tenemos todos los elementos... - respondió el general Cuevas mientras ponía en orden sus papeles. - Ahora nos corresponde establecer qué fue lo que ocurrió exactamente.

Desde su lugar, el coronel Hauser asintió y aportó su opinión al respecto.

- Tenemos todos los testimonios de los involucrados, la información que pudimos recabar... una cosa es segura: no nos va a faltar material para revisar.

En su silla, el comodoro Pollard parecía inquieto y preocupado por lo que acababa de escuchar... algunos hasta podían ver que el anciano marino se veía cansado y preocupado, imagen que se confirmó cuando Pollard se metió en la conversación.

- Revisar todo el material y establecer lo que ocurrió exactamente... va a ser una tarea muy difícil.

- Pero es lo que viene en el mandato de la Comisión, comodoro - observó el general Carruthers con algo de sorna. - Parte del trato cuando usted aceptó integrarla.

- Créame, señor, hay días en que quisiera no haberlo hecho.

La única respuesta al comentario del comodoro Pollard vino de la última persona que cualquiera de ellos (Pollard incluido) hubiera esperado.

- No es el único - murmuró la consejera Gorbunova para sorpresa de todos los otros miembros de la Comisión.

Por primera vez desde que la Comisión comenzara sus tareas, el comodoro Pollard reaccionó a Gorbunova con algo que no fuera un gruñido o un contragolpe.

El anciano oficial naval llegó incluso a sonreír.


Cuando lo vio salir de la sala de sesiones de la Comisión, Lisa Hayes no pudo evitar preguntarse si ella misma había quedado tan demacrada y exhausta al terminar su propia declaración testimonial unos días atrás... pero todas esas preguntas quedaron en la nada cuando se encontró con la mirada de él, que en un instante cambió de estar completamente perdida y apagada a iluminarse como si fuera el día más feliz de su vida.

De inmediato, Lisa comenzó a caminar hacia él, murmurando una única palabra:

- Rick...

Los dos se encontraron cerca de la puerta de la sala, uniéndose en un abrazo muy necesario para los dos, que fue como su refugio tras la tortuosa sesión del teniente comandante Rick Hunter frente a la Comisión Extraordinaria... y sin que los guardias de la Comisión prestaran mucha atención a la pareja, los dos jóvenes oficiales hicieron más intenso ese abrazo, rematándolo con un beso que borró los sinsabores de ambos como si jamás hubieran existido.

- ¿Estás bien? - preguntó ella al terminar el beso, dejando que él acariciara su cabello todo lo que quisiera.

- Estoy bien... - respondió Rick, que pensó que acabaría desmayándose al sentir los labios de Lisa posándose en su frente como señal de aliento.

Lentamente, los dos jóvenes oficiales se fueron alejando por el pasillo, distanciándose cada vez más de la sala de sesiones de la Comisión hasta que incluso los guardias parecían disolverse en la lejanía.

Sin que Lisa lo preguntara, Rick se volvió hacia ella para sonreírle, mirando de reojo y por última vez la puerta de la sala y los soldados que montaban guardia junto a ella, poniendo en pocas pero precisas palabras sus sensaciones...

- Ya todo acabó. Ahora sólo nos queda esperar...


Lunes 23 de enero de 2012

Y la espera duró exactamente una semana.

Inevitablemente, todos los temas para discutir fueron tratados y discutidos, todas las hipótesis consideradas, todos los testimonios analizados del derecho y del revés, toda la evidencia estudiada, contrastada y revisada, y por más que la Comisión se hubiera tomado una buena semana para hacerlo, asegurando de tal manera que sus miembros pudieran cumplir con sus labores a conciencia, ya no quedaba absolutamente nada más por hacer.

Excepto, claro, una última tarea.

Los seis miembros de la Comisión mantenían en la sala de conferencias del SDF-1 lo que confiaban sería su sesión final, y a medida que pasaban los minutos y se daba lectura a las conclusiones listadas al final del documento de ciento noventa y siete páginas que resumía en escuetos párrafos la labor extenuante de dos semanas, varios de ellos dejaron entrever su impaciencia por llegar de una vez por todas al final de aquellas tareas.

Por fin, el general Cuevas cerró de manera brusca el reporte final, dejándolo al costado de la mesa que ocupaba y tomándose algunos segundos -y un muy necesario vaso de agua- para recobrar el aliento, reflexionando una vez más que la edad y las tensiones de la vida militar estaban haciendo mella en su vitalidad a paso acelerado.

- ¿Alguno de ustedes desea expresar reparos al informe final y a la declaración? - preguntó entonces Cuevas, haciendo uso del micrófono y mirando a sus cinco colegas de comisión.

Ninguno de ellos dio señales de querer formular reparos u objeciones al reporte, y por más que Cuevas quisiera tomar eso como suficiente prueba, las reglas de procedimiento le exigían desafortunadamente un paso más a satisfacer, sin importarle que la sola redacción del informe hiciera prácticamente innecesario ese paso.

- ¿General? - dijo el presidente de la Comisión, dirigiéndose al general Carruthers.

- Por mí está bien - fue la respuesta escueta del Jefe del Ejército.

Al lado de Carruthers, el comodoro Pollard aguardaba el turno de dar su respuesta con más impaciencia que los demás; los rigores de la edad pesaban de forma especialmente dura en él, y las tensiones del trabajo de la Comisión no los habían hecho más soportables.

- ¿Comodoro?

- Estoy totalmente de acuerdo - se apuró a contestar Pollard, despertándole una sonrisa involuntaria al general Cuevas.

Fue entonces el turno de hacerle la misma pregunta al coronel Hauser, quien fiel a su actitud habitual, no daba muestras de molestia o incomodidad alguna, revelándose ante los miembros de la Comisión como un verdadero ser impasible.

- ¿Coronel? - preguntó el general Cuevas.

- No veo nada qué objetarle - respondió con sequedad Werner Hauser, dando así por concluidos sus deberes para con la Comisión.

Sin perder tiempo, Cuevas volvió su mirada a la abogada militar sentada en uno de los extremos más lejanos de la mesa... la única integrante de la Comisión que aún mantenía abierta su copia del Informe Final para leerlo de tanto en tanto.

- ¿Capitana? - preguntó Cuevas, alzando un poco la voz para llamar la atención de la capitana Erdogan.

- Me parece aceptable - contestó Erdogan luego de un ligero sobresalto que provocó alguna que otra risa entre los miembros de la Comisión.

Ya todos los miembros militares habían dado su opinión sobre el informe, y si bien cinco de seis votos (el suyo propio como Presidente estaba descontado, dado que había sido quien presentó el informe final) eran suficientes para tranquilizarlo, a Alejandro Cuevas le provocaba una extraña sensación de cautela el tener que pedir la opinión de la consejera Gorbunova, que en ningún momento de la sesión final de la Comisión había perdido el aire de predadora al acecho que era tan característico de ella.

Y sin embargo, sabiendo muy bien las razones que motivaban el comportamiento despiadado de Gorbunova durante las sesiones de interrogatorio, Cuevas era cautelosamente optimista... aunque jamás se podía estar seguro del todo.

- ¿Consejera?

Svetlana Gorbunova no contestó al instante, sino que dejó correr el tiempo... no más de diez o quince segundos, que nadie en la Comisión sabía si ella los había usado para acallar sus dudas o para preparar un buen discurso.

- Considero que el informe final es... coherente... con la realidad, y por mi parte, no veo ningún problema para que lo elevemos a las autoridades correspondientes - respondió finalmente Svetlana Gorbunova, sellando así la unanimidad que el informe requería para ser contundente y no dejar nada librado a las dudas o habladurías.

Al instante, los rostros tensos de los integrantes de la Comisión rompieron en gestos de alivio y calma, como si un prospecto demasiado espantoso acabara de ser exorcizado... aunque a más de uno ese prospecto volvió a atormentarlo cuando la consejera carraspeó para dar a entender que aún tenía algo más para decir:

- Si me permite decir una última cosa, general...

- Adelante, consejera - la invitó Cuevas.

- A pesar de nuestros desacuerdos y roces, quería decirles que ha sido un verdadero honor formar parte de esta comisión, y de haber trabajado con personas como ustedes...

La sala cayó en silencio, mientras todos los presentes buscaban en las palabras de la consejera alguna clase de doble sentido o golpe oculto, debiendo rendirse ante el hecho de que la consejera había querido decir todas y cada una de aquellas palabras, cosa más que evidente en la expresión que aparecía en su rostro.

La respuesta vino de parte de alguien que Svetlana Gorbunova jamás hubiera imaginado... la persona que más se había plantado frente a ella durante los agrios debates de la Comisión, la persona que se había impuesto el deber de frenar sus arrebatos de interrogatorio, la persona que más molesta se había mostrado con sus comportamientos.

- El sentimiento es mutuo, Svetlana - dijo el comodoro Pollard con total sinceridad y sin doble sentido, y ninguno de los otros miembros de la Comisión sintió ganas de agregar algo más al respecto.

Por más que el general Cuevas no quisiera poner fin a ese breve momento de humanidad y reconciliación, aún quedaba algo pendiente, algo que él estaba más que feliz de saber que era una simple cuestión procedimental que no requeriría debates o discusiones... sino una pregunta sencilla y una instrucción clara:

- ¿Quién es el oficial de Relaciones Públicas que nos asignaron?

- Ah... el comandante Evan... - murmuró Hauser, releyendo de apuro una de las tantas hojas que inundaban la mesa de trabajo de la Comisión. - Petronelli, así es... comandante Evan Petronelli.

De inmediato, el general Cuevas descolgó un teléfono empotrado en la mesa y marcó un par de números para abrir una comunicación que no tardó en ser respondida por alguien más.

- Teniente, comuníquese con la oficina de Relaciones Públicas y pida por el comandante Evan Petronelli - ordenó el general a uno de los tenientes de guardia de la Comisión. - Dígale que tiene una conferencia de prensa que organizar.


- Buenas tardes, damas y caballeros, gracias por responder con tanta rapidez.

Ninguno de los periodistas que llenaban la sala de prensa del SDF-1 parecía estar considerando buena a esa tarde, o siquiera dispuesto a considerar las gracias expresadas como algo a tener en cuenta... todo lo que les importaba era escuchar lo más rápido posible la novedad que había causado aquella conferencia de prensa. Eso significaba que hasta tanto no recibieran alguna respuesta, permanecerían en actitud tensa y expectante, jugando con sus cámaras y micrófonos y taladrando con la mirada al oficial de Relaciones Públicas que ocupaba el atril.

Ese oficial, a pesar de saber que su labor en la vida militar era enfrentar periodistas y defenderse de las cámaras y preguntas con trampa, no ignoraba que lo que tenía frente a él era una tarea ardua y difícil. Afortunadamente, el comandante Evan Petronelli estaba acostumbrándose cada vez más a las vicisitudes de tratar con periodistas, y a los sufrimientos adicionales que venían de enfrentar a una horda de ellos en conferencia de prensa.

Y si tenía en cuenta la naturaleza explosiva del papel que debería leer ante ellos, Petronelli estaba seguro de que las vicisitudes se multiplicarían por diez.

Si tenía suerte.

- Esta conferencia de prensa ha sido convocada a solicitud del Jefe de Operaciones de Defensa y Presidente de la Comisión Extraordinaria de Investigación con el fin de emitir una declaración a los medios y a la población, en virtud de la conclusión de sus trabajos - anunció el comandante Petronelli a los periodistas reunidos.

Como respuesta, una tormenta de flashes encegueció al oficial de Relaciones Públicas, desconcertándolo justo en el momento en que se disponía a buscar el texto a ser leído en aquella conferencia.

- Si me disculpan un segundo...

Cosa extraña en ellos, los periodistas respetaron los deseos del comandante Petronelli, concediéndole veinte segundos de tensa espera hasta que encontrara el documento, un tiempo que ellos aprovecharon para ponerse en contacto con sus periódicos, radios y canales de televisión para ponerlos en alerta y llamarlos a transmitir en vivo en caso de poder hacerlo.

Por fin, Petronelli halló el papel, que había tenido la mala suerte de esconderse en un rincón de su bolsillo, y tras desplegarlo y colocarlo en el atril, acercó el micrófono a sus labios para dar comienzo a la lectura del mismo.

- Aquí va:

Volvieron los flashes a inundar la sala de prensa, sumándoseles ahora los zumbidos perfectamente audibles de los demás equipos electrónicos de transmisión y filmación.

- "Nueva Macross, 23 de enero de 2012. Los infrascriptos, integrantes de la Comisión Extraordinaria de Investigación, convocada con el propósito de dilucidar y esclarecer los hechos que resultaron en los lamentables eventos del pasado 28 de diciembre de 2011, habiendo finalizado sus deliberaciones, estudios y entrevistas a testigos, dan por finalizada su tarea y han elevado al Supremo Comandante, al Consejo del Alto Mando y al Consejo Provisional de Gobierno el informe final que resume sus hallazgos."

Pausa, recuperar aliento, mirar dos segundos a los periodistas, no parecer asustado ni nervioso: el mantra del oficial de Relaciones Públicas.

- "Durante el desarrollo de sus investigaciones, la Comisión no ha encontrado evidencias incontrastables de que, en el cumplimiento de su misión, la patrulla encabezada por el teniente comandante Richard Hunter haya excedido sus atribuciones, cometido abuso de poder o traspasado los límites prefijados a las acciones a desarrollar durante una patrulla de combate."

Varios de los periodistas reaccionaron ante esas palabras como si hubieran recibido un golpe en la boca del estómago... y como reacción, muchos de ellos se pusieron de pie para acercar sus micrófonos y grabadores, y así no perder ni una sola palabra de aquel informe que prometía ser tan explosivo como controvertido.

- "La Comisión tampoco ha encontrado evidencias que puedan develar una violación de artículo alguno del Código de Justicia Militar, o de las leyes y estatutos vigentes, en las acciones seguidas por la patrulla del teniente comandante Hunter. Por lo tanto, no encontramos ninguna circunstancia que pueda ser causal de corte marcial u otro procedimiento judicial contra algún oficial militar que haya sido parte de los incidentes."

Al mismo tiempo que terminaba esa frase, el sonido de varios teléfonos celulares, sumado a los murmullos y preguntas ahogadas de los periodistas, obligaron al comandante Petronelli a alzar la voz para que la lectura de la declaración de prensa no quedara sepultada en el barullo.

- "La Comisión tampoco ha hallado que, en el cumplimiento de sus tareas durante los incidentes, se hubiera actuado en contravención de los procedimientos estipulados en las reglas de empeñamiento y otros reglamentos militares de aplicación en situaciones como las estudiadas."

Pausa una vez más; la garganta de Evan Petronelli se estaba secando a un ritmo espeluznante, y en ese momento trató de recordar cuál había sido la razón idiota para no traer consigo un vaso de agua... a la vez que continuaba leyendo la declaración de la Comisión:

- "Por último, la Comisión no ha encontrado evidencias creíbles y sostenibles de irregularidades, incompatibilidades personales con las obligaciones militares, u otros conflictos de interés que hubieran podido influir de manera determinante en la sucesión de eventos que condujeron a los lamentables incidentes del 28 de diciembre de 2011."

Ahora lo recordaba: quedaba mal beber agua como un desgraciado en el Sahara frente a las cámaras y micrófonos de los periodistas... malditas cuestiones de imagen pública...

- "Es la determinación de esta Comisión, de acuerdo a toda la información y evidencia disponible y recopilada, que los eventos luctuosos del pasado 28 de diciembre de 2011 no pueden ser atribuidos a ningún otro factor más allá de la propia evolución de aquella situación, que en determinado momento resultaron en acciones que obligaron al personal militar involucrado a ejercer la defensa propia ante una agresión."

Los periodistas ya no podían contenerse más; cada párrafo del comunicado de prensa los había impulsado de manera irresistible a lanzarse y hacer todas las preguntas que bullían en sus cabezas, y cada segundo que pasaba sin que Petronelli terminara de leer y abriera el espacio para las preguntas los tornaba más ansiosos e impacientes.

Petronelli no era ajeno a eso... es más, lo tenía perfectamente claro y no dejaba de entender la ansiedad de los periodistas, pero esa ocasión iba a ser de las pocas en las que los tendría bailando al son de su compás, y estaba dispuesto a aprovecharlo todo lo que pudiera.

Además, no quedaba mucho más por leer, solamente un párrafo final...

- "Esta Comisión reconoce la trascendencia social y política de su labor y de los eventos que ha debido investigar, y sus miembros no estarían cumpliendo cabalmente con sus deberes si no hicieran la advertencia de que estas conclusiones, al igual que lo contenido en el Informe Final, no sólo no puede ni debe ser utilizado con fines políticos, sino que tampoco debe ser motivo de mayor conflicto social. Habiendo cumplido con nuestros deberes, sólo nos resta implorar por las personas fallecidas en el incidente y por sus familias, para que puedan encontrar la paz y tranquilidad que necesitan para sobrellevar este difícil trance."

La sala volvió a caer en un silencio increíble, y por un segundo el comandante Petronelli creyó que se debía a que los periodistas estaban meditando sobre las palabras finales del reporte.

No venía mal conservar ciertas ilusiones...

- "Firmado: Teniente general Alejandro Cuevas, brigadier general Winston Carruthers, comodoro Antoine Pollard, coronel Werner Hauser, capitana grado superior Sameera Erdogan, y en representación del Consejo de Gobierno de la Tierra Unida, licenciada Svetlana Gorbunova" - concluyó al fin el comandante Petronelli, poniendo el comunicado de prensa sobre el atril y mirando a los periodistas a la vez que juntaba fuerzas para lo que se venía.

La jauría estaba ansiosa, y sentía que el momento tan ansiado y esperado se hallaba cerca... casi como si pudieran olerlo, y sus caras lo reflejaban de manera admirable, al igual que los micrófonos y cámaras que venían acercándose a Evan Petronelli lenta pero seguramente.

"Que comience la masacre", pensó el oficial de Relaciones Públicas antes de que todo el infierno se desatara sobre él.

- Ahora responderemos preguntas...


- El gobernador está histérico, Rudolf.

- Pensé que no le gustaban los salteadores de caminos, Sean - replicó Rudolf Spier a su amigo a través del teléfono, rememorando entonces un curioso incidente que había pasado inadvertido unos meses atrás. - ¿Recuerdas lo que le hizo la policía a esos saqueadores en las afueras?

Sin necesidad de verlo, Spier pudo imaginar la frustración y molestia de Sean Brent... aquel resoplido impaciente era toda la prueba que necesitaba para saber que su socio estaba rabiando y poco dispuesto a perder el tiempo en irrelevancias.

- No hablo de eso... hablo de Kyle.

- ¿Qué pasa con él? - preguntó Spier como si nada, mirando de reojo a un televisor encendido en la lejanía de su habitación en el Sentinel, sintonizado en MBS-1 y mostrando la conferencia de prensa en donde se había anunciado el resultado de los trabajos de la Comisión.

- Que Montague teme que Kyle haya perdido favor en la ciudadanía por sus pequeñas locuras en Nueva Macross, y no mencionemos lo de asociarlo a la causa perdida de condenar a Hunter y a esos pilotos por "crímenes contra la Humanidad".

El operador político sintió la tentación de reírse un poco para descartar los temores de su amigo y colega, pero sabiendo bien que no lo iba a tomar bien, decidió ir por otro lado y apostar a tranquilizarlo.

- Yo no creo que el gobernador tenga que preocuparse por eso... al contrario, debería estar alegre.

La voz de Brent sonó entre incrédula y dubitativa al responder.

- ¿Y por qué es eso?

- Porque esta locura va a debilitar a Kyle como figura política, mi estimado amigo - pasó a explicarle Spier, que había pasado largas horas de su estancia en Nueva Macross especulando con los posibles resultados que la campaña de protestas de Kyle iba a traerle a él y a la campaña. - Podrá ganar como senador en Denver, y eso ya es más que probable a esta altura... pero después de haber venido a "embarrar el campo de juego" en Nueva Macross, su imagen va a quedar muy resentida...

Silencio del otro lado del teléfono, lo suficiente como para que Spier pudiera oír el ruido constante de los voluntarios que trabajaban en el cuartel de campaña de Lynn Kyle..., y lo suficiente para saber que Sean Brent estaba estudiando cuidadosamente la teoría que acababa de escuchar.

El silencio era bueno; por lo general preanunciaba un completo acuerdo de Brent, y desde Denver llegó la idea que Spier estaba esperando.

- Lo suficientemente resentida como para que no se le ocurra pensar que es más que Montague...

- O que su equipo de asesores - concluyó Spier, acompañando esas palabras con una sonrisa cruel.

- ¿Te ocupaste de remarcarle lo tonto de su acción, no? - quiso saber entonces Brent, ya pasando a otras cuestiones de carácter más técnico.

- Cada minuto que lo tengo cerca - contestó Spier, sin ocultar en esas palabras una satisfacción que ya no conocía límites.

Y la frase de Spier no era una exageración: desde el mismísimo momento en que había puesto pie en Nueva Macross, Rudolf Spier había tomado como misión personal en la vida el molestar a Kyle y poner sus planes fuera de balance, desautorizándolo ante sus partidarios en Nueva Macross y procurando minimizar no sólo los efectos de las acciones de Kyle, sino también las acciones mismas... y lo mejor de todo, al menos a ojos de un Rudolf Spier demasiado irritado por la decisión inconsulta de Kyle de viajar a Nueva Macross a hacer alboroto, era que el joven candidato a senador parecía odiar cada segundo que tenía que pasar con él.

- Estás disfrutando demasiado de esto, Rudolf.

- No me culpes por eso - se defendió Spier, a la vez que consideraba que podían pasar a otros temas distintos al laboral. - ¿Cómo está Marietta?

Una risa cómplice precedió a la respuesta de Sean Brent, dándole a entender a Spier que sólo habían ocurrido cosas buenas en el frente personal de los dos altos operadores de campaña.

- Muy bien, muy bien... los dos tuvimos una reunión de estrategia anoche... con cena incluida - concluyó Brent con un cierto tinte lascivo en sus palabras.

- ¿Se prolongó hasta el desayuno?

- Sabes lo mucho que tenemos que discutir... - contestó con tono críptico Brent antes de que desviar el tema de conversación. - Ha habido algunos cambios...

Spier no pudo hacer otra cosa más que gruñir; era claro que todo aquel desastre acabaría alterando su estrategia.

- ¿Qué pasó?

- El gobernador se va a tomar su tiempo antes de anunciar públicamente su apoyo a la campaña de Kyle - reveló Brent con leve irritación. - Por ahora quedó pospuesto indefinidamente, aunque tal vez no lo haga jamás...

Para Spier eso era demasiado obvio... Kyle se había ganado una humillación innecesaria apostando a la condena de Rick Hunter, y por el momento su capital político estaría en baja. Ya varios opositores en Denver estaban fustigando al muchacho por haber ido a perder el tiempo a Nueva Macross, algo que hacía que el gobernador Montague lo pensara dos veces antes de mostrarse públicamente del lado del muchacho.

- No creo que tengamos que preocuparnos por eso... -tranquilizó Spier a su socio principal. - Montague nos apoya de cualquier manera, y eso no va a cambiar.

- Siempre y cuando nos ayude a llegar a donde nos proponemos...

- Supongo que eso sólo lo veremos el día de las elecciones - dijo de manera terminante Spier. - Si me disculpas, tengo que dejarte... presiento una rabieta en camino.

- ¿Donde está el chico? - inquirió Brent, repentinamente temeroso por lo que podía llegar a hacer un Lynn Kyle a quien las cosas no le estaban yendo bien en lo relativo a su cruzada antimilitar.

- En la orilla del Lago Gloval, haciendo lo que mejor sabe hacer...

Desde donde estaba, Rudolf Spier podía divisar en el televisor a alguien arengando a la multitud con palabras que le llegaban confusas desde la distancia... pero que no perdían su potencia. Detrás del joven, que estaba hablándole a la muchedumbre montado encima del techo de un automóvil, se notaba imponente el SDF-1, impasible ante los alaridos y berreos del candidato a senador.

- ¿De veras cree que logra algo con eso? - murmuró con hastío Brent, feliz de no estar en la misma ciudad que el incendiario a quien trataba de hacer llegar al Senado.

- Déjale tener sus fantasías - contestó con cierto humor Spier. - Si no me equivoco, van a transmitir en vivo su protesta en unos minutos por MBS-1.

- Grábame una copia. Y cuando vuelvas...

- ¿Sí? - quiso saber el ex agente de Inteligencia.

- Tienes que ponerte al día con el proyecto... me han comentado que hubo algunos desarrollos interesantes...


En otro lugar de la ciudad de Denver, una joven reportera estudiaba obsesivamente los últimos regalos de su "informante", encontrándose una y otra vez con un callejón sin salida.

Al menos, algo de lo que tenía le proporcionaba la posibilidad de una respuesta a aquel inmenso enigma que estaba en el corazón de la campaña de Lynn Kyle para el Senado.

Una vez más, la periodista le echó un vistazo a lo único que había encontrado en días acerca de ese elemento clave del misterio... pero la fotografía no le devolvió nada excepto un rostro borroso y ligeramente tétrico. Un rostro que hasta en su expresión le provocaba más preguntas que respuestas a la periodista...

- Rudolf Spier... - preguntó retóricamente Callie Frenkel al hombre que aparecía en la fotografía. - ¿Quién diablos eres tú y qué papel juegas en todo esto?


- Bueno, señor... sobrevivimos esta vez.

En cuanto el comandante Petronelli, acompañado esta vez por algunos integrantes de la Comisión -la capitana Erdogan y el coronel Hauser, por lo que podían ver- terminó de satisfacer las inquietudes de los periodistas, el brigadier general Stanislav Maistroff oprimió un botón del control remoto, haciendo así que la imagen del televisor se esfumara en la negrura y trayendo silencio a la oficina del almirante Gloval.

Quizás no lo demostrara con su comportamiento, pero Maistroff estaba verdaderamente exultante... durante dos semanas, el taciturno y hosco Jefe de Estado Mayor había temido que la Comisión de Cuevas hallara resultados verdaderamente graves, que pudieran desembocar en una corte marcial de consecuencias impredecibles para el Gobierno y para sus instituciones militares.

Ni hablar de lo que hubiera implicado tener que desplegar al Ejército para contener posibles desmanes cortesía de Lynn Kyle...

El almirante Gloval pensaba lo mismo, sólo que también agregaba a ese listado al teniente comandante Rick Hunter y a sus pilotos... y por extensión, a la comandante Lisa Hayes.

- ¿De veras lo crees, Stanislav? - murmuró Gloval con la mirada perdida en el ventanal que daba a la ciudad, haciendo uso de esa rara habilidad que tenía para hablar con una persona y sin mirarla.

- No entiendo.

Girando en su silla, Gloval enfrentó al general Maistroff, revelándole por primera vez uno de sus temores más persistentes.

- Hunter y sus pilotos se salvaron de la corte marcial, pero esto nos tiene que demostrar una cosa...

El rostro de Gloval se tornó tenebroso, tanto por su expresión de desaliento como por el efecto del atardecer, cuyas luces se colaban por el ventanal de la oficina.

- El mundo entero nos va a estar observando de ahora en adelante.

Tanto Maistroff como Gloval permanecieron callados; esas palabras habían dicho todo sin necesidad de agregar más... y los dos altos oficiales coincidieron de modo tácito en una única verdad: los tiempos difíciles para las fuerzas militares acababan de comenzar.

De pronto, Gloval habló con un tono totalmente distinto, que Maistroff sabía que el almirante usaba para saltar bruscamente a otro tema.

- ¿Terminaron de redactar los nuevos procedimientos, general?

- Sí, señor - informó Maistroff, ansioso al igual que Gloval de cambiar de tema. - Calculo que en un par de días más los estaremos distribuyendo entre todas las unidades de combate.

- Asegúrese de que así sea, general Maistroff - ordenó Gloval como si tan sólo fuera cuestión de soplar y hacer botella.

Stanislav Maistroff no cumpliría sus deberes a conciencia de no indicarle a sus superiores las dificultades asociadas con cualquier plan y decisión, y esa oportunidad no iba a ser la excepción... al mismo tiempo que la Comisión había acaparado la atención del mundo, el resto de la Jefatura de Operaciones (al mando de un simple coronel en ausencia del general Cuevas) había trabajado en una nueva serie de procedimientos militares para las patrullas de combate.

En opinión de Maistroff, esos reglamentos eran excelentes para un contexto de plena paz, y si bien la Tierra ya no estaba en guerra con los Zentraedi (los que aún vivían eran aliados de la Tierra y colaboraban con su reconstrucción), eso no necesariamente significaba que el hogar de la Humanidad estuviera en plena paz y armonía...

O tampoco quería decir que los maleantes y buitres con quienes debían tratar los militares se atuvieran a sus propias reglas...

- Va a ser más difícil para nuestros hombres en el campo, señor - dijo con prudencia Maistroff, dejando que su tono y el sentido común del almirante completaran el resto.

- Nadie dijo que vestir el uniforme iba a ser fácil, Stanislav.

- Lo entiendo - coincidió Maistroff con pleno conocimiento de causa... encabezar el Estado Mayor y la burocracia militar era una tarea casi tan dura como pilotear aviones de combate. - ¿Puedo hacerle una pregunta?

- ¿Me va a gustar?

- No - contestó Maistroff sin anestesia.

- Adelante, entonces... - suspiró el almirante Gloval con total resignación; su trabajo ya lo había habituado demasiado a escuchar preguntas que no le gustaban en lo más mínimo.

Maistroff pareció tragar saliva antes de hacer la pregunta, y eso era evidencia de que al Jefe de Estado Mayor no le gustaba para nada tener que plantear semejante hipótesis, aún siendo ahora solamente un supuesto histórico.

- Si Cuevas y su Comisión hubieran hallado evidencias suficientes... ¿usted hubiera permitido que llevaran a Hunter ante una corte marcial?

El único sonido que se pudo escuchar en la oficina del almirante Gloval fue el movimiento rítmico del péndulo del viejo reloj marinero que estaba colgado en una de las paredes... un sonido mecánico y curiosamente interesante, que junto con el brillo rojizo del atardecer le daban a la oficina del Supremo Comandante un aire de tristeza y soledad imposible de ignorar.

Una soledad que ni por asomo se acercaba a la que llevaba dentro el hombre responsable de comandar a los hombres y mujeres de una fuerza militar acosada, sobreextendida y subequipada, que se había visto obligada a hacer cosas imposibles y que ahora debía enfrentarse, al igual que el resto de la raza humana, a las exigencias de un mundo que apenas daba sus primeros pasos.

Por unos segundos, el almirante Henry Gloval se reclinó en la silla de su oficina, dejando volar su mente en un intento por encontrar respuestas para la pregunta dura y difícil que Maistroff acababa de hacerle... pero por más que Gloval pensara y estudiara todas las posibilidades, debió enfrentar un hecho de la vida que a él no sólo no le gustaba enfrentar... sino que deseaba fervientemente no tener que volver a encontrarse nunca más.

- Algún día, si tienes mucha mala suerte, terminarás sentado en esta silla, Stanislav... y entonces entenderás por qué jamás voy a responderte esa pregunta.


En la sala donde sesionaba el Gabinete de la Tierra Unida, podían verse expresiones de alivio por los resultados del trabajo de la Comisión, pero no dejaba de ser una pequeña gota de agua en un incendio cada vez más difícil de controlar.

Casi nueve meses de gobierno estaban llevando al agotamiento absoluto a los hombres y mujeres que habían puesto sobre sus hombros la tarea de gobernar la Tierra y sacarla de la devastación, aunque ninguno estaba tan destruido como el hombre pequeño que estaba sentado en la cabecera de la mesa.

- Okey - murmuró con sarcasmo resignado el presidente Tommy Luan, recorriendo los rostros exhaustos de sus ministros. - ¿Cuál es la próxima crisis?


Había dos personas a bordo del SDF-1 a quienes la próxima crisis los tenía sin cuidado.

Nadie que se cruzara con ellos en los pasillos del SDF-1 hacía ahora el menor gesto de desconfianza o cautela al verlos acercarse, sino que por el contrario, expresaban sus opiniones con una sonrisa medida o un saludo militar más que impecable... honrando al joven oficial que caminaba taciturno como si fuera el símbolo mismo de una victoria reciente y resonante.

Pero al joven oficial no le importaba en lo más mínimo lo que pensaran o hubieran pensado los otros oficiales; todo lo que le importaba en la vida era el poder estar junto a ella, junto a la mujer con quien acababa de superar uno de los trances más complejos y escabrosos de su corta y acelerada vida.

Y ninguno de los dos tenía necesidad de decir palabra alguna; todo estaba de más entre ellos... pero no porque los atacara la incomodidad o la tensión, sino porque todo lo que necesitaban comunicarse lo estaban diciendo con sus gestos, y con la manera cariñosa con la que se sostenían mutuamente en su camino para salir del SDF-1.

Menos de media hora atrás, el teniente comandante Rick Hunter recibía con una mezcla de alivio y cansancio la noticia de que la Comisión Extraordinaria no había encontrado culpa o imprudencia de parte suya y de sus hombres durante los incidentes de Indiana; alivio por poder vislumbrar el principio del fin de cuatro semanas de agotadora tensión; y cansancio por haber llegado al límite infranqueable de su resistencia.

Cuatro semanas escuchando pestes de él, de sus hombres, de la propia Lisa o incluso de los militares muertos en el incidente... cuatro semanas pobladas de personas que los vituperaban en cuanto foro público pudieran, pero que ante la sola idea de verse amenazados o agredidos por los saqueadores, ya exigían la pena capital para ellos, sin ninguna clase de compasión.

Rick Hunter no necesitaba que ningún comentarista televisivo le cantara los horrores de la violencia, la guerra y la muerte: convivía con ellos y sufría su azote de manera diaria... y el recuerdo de las veinticinco personas que murieron bajo el fuego de sus armas permanecería para siempre en su memoria, como un cruel recordatorio de lo horrible y perversa que es la violencia entre hermanos...

Quizás, pensó él, debiera hacer una visita a la casa del señor y la señora Hollis, y decirles que al menos ahora podían descansar tranquilos, que quizás ahora se terminaran las agraviantes acusaciones de que su hijo había "provocado" a los saqueadores a dispararle...

De pronto, como si ella hubiera podido sentir su dolor, la suave voz de Lisa llenó los oídos de Rick:

- ¿Estás bien?

- Ahora sí... - respondió él, recordando una vez más (como si necesitara hacerlo) que ella era todo el bálsamo que necesitaba para seguir adelante.

Y repentinamente, Rick sintió que ella tomaba su brazo, transmitiéndole aliento con ese simple gesto... y reafirmándole su amor sin necesidad de palabras.

- ¿Qué haces?

- Escoltándolo fuera de la base, comandante Hunter - le contestó ella, sujetándolo del brazo con más fuerza y cariño. - Creo que los dos nos merecemos un pequeño descanso después de esta locura.

Pocas veces Rick se sintió más de acuerdo con lo que ella decía, y sin oponer resistencia, permitió que la comandante Hayes lo llevara por los pasillos del SDF-1 camino al descanso y paz que tanto andaban necesitando.

Sin embargo, al momento de caminar por la escala que unía al Prometheus con la costa del Lago Gloval, sus ojos captaron algo que les recordaba que la paz, al igual que la tranquilidad, podía ser algo muy efímero y frágil, capaz de desaparecer tan rápido como había aparecido.

En el paseo que rodeaba al lago, a no mucha distancia del acceso a la escala del Prometheus, un pequeño pero compacto grupo de personas rodeaba un atril montado en la caja de una camioneta un tanto destartalada... y desde ese atril, un hombre joven, atlético y atractivo, pero de rostro y verba enfurecida, se dirigía a la multitud con palabras vibrantes de enojo y furia, logrando contagiar a muchos de ellos con esas emociones tempestuosas.

Aparentemente ajenos al frenesí de la multitud y la muchedumbre, un grupo de reporteros, acompañados por las usuales cámaras de televisión, permanecía a distancia cercana de la protesta, cuidando de que hasta el más mínimo detalle quedara registrado para beneficio de los televidentes.

El joven, como siempre lo hacía, parecía galvanizar el aire con sus palabras y gestos, a tal punto que bien hubiera podido ser tomado como una fuerza de la misma naturaleza, mientras proclamaba a los cuatro vientos la causa más reciente de su furia...

- Tal como podíamos imaginar, los militares siguieron adelante con su farsa y escupieron en la cara de todos los hombres y mujeres decentes de este mundo, insultándonos con sus mentiras... y encima teniendo la indecencia de pedir por la paz de los muertos y sus familias... ¡LOS MUERTOS QUE ELLOS MISMOS CAUSARON!

Muchos rostros en la muchedumbre se contorsionaron de furia con sus palabras, como siempre lo hacían... aunque curiosamente, esta muchedumbre que acompañaba al orador en su protesta parecía más pequeña y reducida que la que solía formar parte de esos actos.

Sin que el joven lo notara, un par de oficiales militares se habían quedado quietos a mitad de camino entre el Prometheus y tierra firme, observando cuidadosamente la manifestación y considerando muy seriamente la posibilidad de retornar a la fortaleza espacial hasta tanto las aguas se hubieran calmado.

- Entendámoslo de una vez, ciudadanos... ¡tenemos que ponerles un alto antes de que nos maten a todos y a nuestras familias con su sed de sangre!

Al diablo con regresar a la fortaleza espacial, coincidieron los dos jóvenes; ya estaban hartos de tener que esconderse de Lynn Kyle y de sus arrebatos histéricos... ellos tenían tanto derecho de ir por la vida como él. Fue así que, con paso vivo, Lisa Hayes y Rick Hunter caminaron el resto de la escala como si nada especial estuviera ocurriendo en la costa, haciendo oídos sordos a las palabras venenosas del candidato a senador.

- Tenemos que ponerles alto de una vez... y evitar que los criminales que visten su uniforme continúen caminando por nuestras calles como si nada hubiera pasado...

Rick y Lisa no acababan de poner pie en tierra cuando la voz tronadora de Lynn Kyle explotó en su dirección...

- ¡Estoy hablando de ti, Rick Hunter!

Contra lo que indicaban sus mejores instintos, Rick y Lisa voltearon para lanzarle al candidato una mirada del más puro y absoluto desprecio, dispuestos a igualar, aunque más no fuera por una tarde, odio con odio...

Sin que le importara recibir miraditas incendiarias de parte de dos militares, Lynn Kyle continuó dirigiéndose a Rick en un tono agraviante y mordaz, aunque parecía estar más dirigido a los manifestantes y a las cámaras que al piloto de combate...

- ¿Por qué no vienes y le das a esta gente la explicación que le vendiste a tus generales? Tal vez quieras ponerte de rodillas una vez más, a ver si vuelve a funcionarte el truco... aunque dudo que encuentres muchas personas aquí dispuestas a bajarse los pantalones como tus superiores para que les hagas un acto de servicio...

No hizo falta que Rick sintiera la dureza repentina que había adquirido el cuerpo de Lisa, o ver la furia en su rostro al escuchar aquellas insinuaciones tan groseras como insultantes... todo lo que necesitó fue no escuchar un sólo sonido de parte de ella.

Por fin, sólo para no seguir hiriendo sus ojos con el rostro sardónico de Lynn Kyle, Rick miró a la comandante Hayes, encontrándose con algo que él sabía por experiencia propia que no era nada bueno: una expresión completamente petrificada de furia, en donde lo único que parecía vivo era el ardor encolerizado de dos ojos verdes que él adoraba...

- ¿Qué te pasa, asesino? - continuó increpándolo Kyle, tornándose más burlón con sólo ver el rostro de impotencia y furia de Rick. - ¿Tienes miedo de enfrentarme sin un Veritech? Ya no eres tan valiente, puedo ver...

Al diablo el autocontrol...

- ¿Tienes miedo de enfrentarme solo, Kyle? - replicó Rick, procurando conservar la compostura en todo momento.

- ¿Miedo a alguien como tú? - devolvió Kyle, para luego mirar a su propia audiencia como si necesitara que ellos le confirmaran que la sola idea era risible y ridícula.

Por más que cada fibra en el cuerpo de Rick Hunter ansiara dejar en el suelo a aquel pedante, sólo dos cosas lo detenían: la certeza de que una reacción violenta de parte suya sólo iba a resultar en la victimización de Kyle y la oportunidad para él de proclamarse como víctima de la violencia militar... y su deseo de aparecer calmado y protector para Lisa.

Dios sabía que ella ya había sufrido demasiado aquellos días a causa suya, e indirectamente a causa de Kyle... y entonces, como si un rayo lo hubiera despertado, Rick se preguntó cuánto de la furia que él podía ver en la mirada de Lisa se debía a lo mucho que Kyle le recordaba al difunto Karl Riber...

¿Acaso Lisa estaba viendo en el candidato a senador una versión distorsionada y caricaturizada de su fallecido novio, o quizás veía en Kyle lo que Riber hubiera llegado a ser de no haber muerto en la Base Sara...?

Y entonces, demostrando una vez más que no le daba a Lisa ni la décima parte de la consideración que ella había sentido hacia él en algún momento de su vida, Lynn Kyle se lanzó contra la propia comandante Hayes, hablándole con un desprecio y altanería que hizo hervir la sangre de Rick Hunter...

- Oiga, comandante... póngale correa a su perro... y una buena vacuna antirrábica, porque desde acá puedo verle la espuma en la boca...

Lisa no reaccionó como su propio corazón se lo pedía a gritos... pero se aseguró de darle a Lynn Kyle una mirada tan fría y venenosa que de seguro acabaría alimentando las pesadillas del aspirante a político.

Mientras tanto, Kyle ya parecía haber terminado de divertirse con Rick y Lisa, aprovechando entonces el episodio para continuar pontificando ante la muchedumbre que había festejado todas y cada una de sus injuriantes palabras.

- ¿Lo ven ahora? Ellos, tan valientes que son... y le tienen terror a darle una explicación a ustedes, las personas a quienes mal sirven con su violencia. A veces quisiera saber si ellos mismos se creen toda la basura de la que hablan, esas cosas sobre el honor y la valentía, pero--

Una voz de mujer, de tono alzado pero no irritado, sino que simplemente asqueado, logró interrumpir la perorata de Lynn Kyle y desviar la atención del candidato a senador, de su público y de las cámaras hacia la mujer que acababa de hablar...

- ¿Diablos, es que nunca te callas?

Se trataba de una joven mujer de largo cabello castaño que vestía un uniforme militar blanco... y que estaba de pie junto a un hombre de cabello oscuro y uniforme blanco y azul, que la miraba arrobado como si no existiera sobre la faz de la Tierra otra cosa más hermosa y adorable que ella.

En su palco, Lynn Kyle no supo qué cosa responder o decir ante esa pregunta tan irritada; por primera vez en mucho tiempo, quizás en toda su vida, Kyle sintió en su boca el amargo sabor de ser derrotado y humillado en público.

Y que fuera una militar quien lo hubiera callado sólo hacía esa derrota aún más amarga, dura y difícil de tragar...

Pero para cuando su atribulado cerebro pudo diseñar una respuesta apropiada e indignada, Lynn Kyle se encontró con que no tenía nadie a quien dirigírsela, ya que los dos oficiales militares estaban alejándose de allí a paso normal, caminando como si se tratara de un simple día como cualquier otro... y a la sensación de humillación de Lynn Kyle se sumó la de ser despreciado y ridiculizado frente a las cámaras de televisión.

Por su parte, Rick y Lisa ya estaban bien lejos de la manifestación, que aparentemente había retomado su curso luego de tan abrupta interrupción por parte suya... pero ahora, eso era algo que no podía importarles menos.

Ya habiéndose adentrado en una de las calles de la ciudad, Rick se detuvo bruscamente a mitad de una cuadra, quedando como congelado mientras Lisa reaccionaba a su lado, acercándose más aún y mirándolo con una expresión de preocupación.

- Lisa... - murmuró Rick luego de unos segundos, logrando con eso que Lisa se pusiera frente a él para mirarlo más de cerca.

- ¿Qué?

De pronto, y sin siquiera tener la decencia de pedir permiso, Rick puso sus manos en la espalda de Lisa, apretándola contra su propio cuerpo y atrayéndola hacia sí, de modo de poder poner luego sus labios junto a los de ella para darle un beso tan necesario como placentero... un beso que logró derretirla a ella en sus brazos, no sin antes devolverle a Rick algo de la pasión y energía que había puesto en aquel gesto tan sorpresivo y cariñoso...

- Era sólo eso... - respondió Rick en cuanto los dos se separaron, comenzando a caminar de regreso al barrio militar como si tan sólo acabara de atarse las correas de sus zapatos reglamentarios.


NOTAS DEL AUTOR

- Poco para comentar esta semana: este fue el fin del capítulo totalmente imprevisto de la Comisión Investigadora, y de la pelea de Rick y Lisa... espero que hayan disfrutado de ambas resoluciones.

- Para responder a ciertas inquietudes que han dejado en algunos comentarios, y con el permiso de la autora, estoy en condiciones de decirles que el próximo fic de Evi, intitulado "Vientos de Eternidad", está siendo escrito en estos momentos... ya hay algunos capítulos listos y pendientes de revisión (les adelanto que están muy pero muy buenos), y que la fecha tentativa de publicación sería en principio por septiembre de este año. Pero sea cuando sea, créanme... va a valer toda la espera...

- Adelanté algunas horas la publicación de este capítulo, dado que el martes viene amenazando con ser un día muy complicado en todos los sentidos de la palabra, así que ante el riesgo, mejor me resguardo y apuro la publicación...

- Aprovecho para mandar un gran agradecimiento a todos los que leen esta historia y dejan sus comentarios, y un abrazo muy grande a mis amigas y betas Evi, Sara y Kats. ¡Mucha suerte, colegas!

- ¡Como siempre, mucha suerte en todo y hasta dentro de dos semanas con el Capítulo 15!