¡Aloha!~

Nuevo capitulo, es genial cuando eso pasa, cada vez mas cerca del final...me siento triste ;_; pero no me quiero angustiar...no tengo razones para hacerlo, porque se que lo disfrute al igual que ustedes. Mejor me guardo el discurso para el ultimo capitulo xD, sin mas lean, disfruten y comenten!

Gracias por siempre estar ahi! *les manda besos virtuales, y piedras mascotas con el nombre Ken* Lol


Dejo su mano en su barbilla caer sobre el apoya-brazos y entorno apenas los ojos hacia el chico rubio de mirada feroz que retiraba su espada ensangrentada del cuello de la bestia, abatida y muerta en el suelo. A su lado, la segunda bestia había seguido el mismo destino a manos de Kendall luego de una larga y salvaje lucha que los minutos no fueron capaces de registrar.

Sangre carmesí lo cubría casi por completo, la mitad de su rostro no había sido manchado y con sus ojos brillando con frialdad le daban un aspecto tétrico, sanguinario, frio; el del asesino perfecto que no duda ni un segundo el clavar el arma en el corazón de su objetivo. El hombre podía notar la energía negativa emanar del cuerpo que se acercaba peligrosamente hacia él, ya no estaba tratando con el mismo chiquillo que llego a ese lugar desorientado, al borde de quebrarse por alguien en quien tenía una fe ciega.

Estaba lidiando con un monstruo, peor de los que ya estaban muertos en el suelo.

El pulso le palpitaba arrítmicamente en su garganta al sentir el filo helado de la espada en su cuello. Sus ojos se encontraron con los de Kendall y disfrazo su inquietud tras una expresión de serenidad.

-Te dije que vinieras a pelear como un hombre –la voz del rubio temblaba del coraje.

-Podemos hablarlo civilizadamente –pidió el brujo con cautela, temía que Kendall perdiera el control.

-Al diablo con tu cordialidad –corto Kendall, presiono significativamente el arma en el cuello del hombre, logrando marcar la yugular –vas a luchar y yo te cortare la cabeza y la pondré en una estaca para que cada vez que la vea me diga "mate a este maldito bastardo y lo disfrute, mucho".

La pasión con las que sus palabras salían dejaba pasmado al hombre, pero seguía manteniendo la calma, debía ser cuidadoso con este chico o lo mataría en ese momento. Aun quería seguir jugando en este juego que Morgiana y Howard habían creado, era bastante interesante si le preguntaban, una predecible historia de amor adolescente que tomo un rumbo inesperado era lo que estaba necesitando luego de siglos de estar atrapado en el infierno a causa de su propia codicia y soberbia, un pequeño entretenimiento es lo que cualquier alma corrompida necesitaba.

-Kendall, entiendo tu ira pero debes darte cuenta de que…-callo cuando su piel fue cortada, apenas una lastimadura donde la sangre no tardo en emanar, reprimió un gesto de dolor al mirar al chico que seguía sin dar a torcer la vista –lo que haces es peligroso.

-Peligroso para ti –remato el rubio, con frialdad –ahora dime, ¿Dónde está Morgiana?

-Si te digo me matas y si no, también –dijo el brujo –y yo aun quiero ver como continua esta historia.

-Para ustedes los demonios, nosotros somos un juego ¿no?

Ambos se miraron intensamente. Pero el primero en pestañear por el hombre de piel oscuro, quien se estremecía por la nueva actitud del chico rubio.

-Déjame decirte que son el juego más interesante que eh visto en mucho tiempo por aquí –torció una sonrisa, dejando a la vista sus perfectos dientes blancos –los humanos y sus mundanas emociones son el mejor espectáculo que un demonio como yo puede disfrutar.

Ahora Kendall pestañeo aturdido los primeros segundos y fue cuando bajo la guardia, el hombre delante de él se esfumo en la misma nube negra y desapareció del cuarto, pero se dio la vuelta al oír pasos, ahora caminaba alrededor de sus bestias muertas en el suelo. Las puntas de sus dedos se tocaban, con cierto aire elegancia y soberbia.

-Dime. ¿Dónde está Morgiana? –Kendall demando, dejando caer sus brazos a los costados pero con la misma pose autoritaria.

-En su castillo, ¿Dónde más? –respondió el brujo, algo irónico, examinando el cuerpo de los canes.

-No es el momento de hacerte el chistoso.

-No lo soy, la ubicación exacta de su castillo es algo…complicado de explicar para alguien como tú, no te ofendas –froto un poco de sangre entre sus dedos.

-Entonces, dime como llegar –en dos zancadas Kendall estaba a menos de 2 metros del brujo, implorando por una respuesta.

-¿Vas a matarme?

Otra vez los roles se invirtieron o eso pensaba, vio la inocencia en los ojos verdes de Kendall que solo duro unos pares de segundos pero que luego se transformo en los aterradores ojos hambrientos de sangre de un monstruo.

-Si sabes la respuesta –levanto la espada una vez más -¿para qué te molestas en preguntas?

-Quería oírte decir eso. Sígueme, tengo que enseñarte algo.

Hizo una rápida seña con sus manos para que lo siguiera ahora que caminaba con total calma hacia la salida. Kendall vacilo por dos segundos antes de seguirlo, aun con sus dudas sobre lo siguiente que este haría.

Lo vio aguardando por él, obediente, en la puerta con una sonrisa en su rostro.

-Sal rápido antes de que el hedor se intensifique –dijo el brujo al tiempo que meneo su dedo índice y las puertas se cerraron prácticamente golpeando la espalda del rubio.

Kendall se sobresalto por el golpe que no fue tan duro pero si lo suficiente para que hiciera una mueca. En tanto el brujo comenzó a caminar hacia las escaleras en forma de caracol y se volvió al no sentir los pasos del rubio siguiéndolo.

-Se que los rubios no son muy inteligentes pero necesito que utilices al menos una de tus neuronas y vengas –mascullo molesto.

-Lo matare en la primera oportunidad que tenga –pensó Kendall al seguirlo escaleras abajo.

Su viaje fue corto pero incomodo, ninguno de los decía algo y creía que era lo mejor. Kendall comenzó a pensar en lo rara de la situación porque hacia menos de 5 minutos estaba a punto de decapitar al brujo y ahora de la nada lo esta siguiendo quien sabe a dónde. Ni el mismo se entendía, este lugar lo estaba volviendo loco, demente e irracional. Sera muy difícil cuando regrese a su mundo a seguir su vida normal, si es que regresa.

La incertidumbre de lo que sea que le deparaba era lo que lo volvió mas impaciente, quería acabar con esto de una vez por todas, allí su intensidad y precipitación, estaba harto y cansado. El haber estado muerto por poco tiempo le hizo pensar distinto, eso ya lo tenía asegurado.

Dejo de pensar al sentir el azufre inundar su nariz y vio que ya estaban en el exterior una vez más, pero esta vez había una puerta en medio de la nada sin embargo no se sorprendió, sinceramente ya no había nada que lo pudiera sorprender en este punto.

-¿Sorprendido? –dijo el brujo al notar su silencio. Kendall levanto los hombros con despreocupación –comienzo a creer que eres un tanto bipolar.

-Y tu estas demente –contraataco Kendall –no hay mucha diferencia.

El brujo levanto una ceja y sacudió la cabeza, entonces metió su mano en el bolsillo de su pantalón y saco una vieja llave negra que tenía una pequeña cadena plateada de la cual podía fácilmente ser colgada al cuello.

-Crees que porque me das una llave no te matare de todas formas, ¿no? –argumento el rubio al ver el objeto.

-Moriré tarde o temprano, hasta eso me divertiré un poco, bajo mis reglas claro.

Le lanzo la llave y Kendall la atrapo con una mano, la acaricio con su pulgar, examinándola detenidamente, el negro resaltaba en la palma de su mano pálida manchada de sangre. Había olvidado que aun seguía bañado en sangre y las costras del líquido se estaban resquebrajando cada vez que se movía.

-¿Esto y esa puerta me llevan a Morgiana? –dijo sin quitar la vista de la llave.

-Más o menos. Pero debes saber antes –Kendall levanto la vista –que todo el camino que recorriste hasta ahora fue solo la parte buena y "bonita" de este lugar, al cruzar esa puerta –la señalo –estarás en un lugar muy diferente, conocerás la verdadera cara del Infierno y de Morgiana.

-Me lo imagino pero aun así continuare.

-Es lo único que sabes decir –mascullo ambiguamente el brujo –ya lo dije, los rubios no son inteligentes pero eso no es asunto mío.

Kendall levanto una ceja con cierta molestia.

-Pero eres un buen besador, debo admitirlo –ahora el rubio soltó un resoplido y tomo con fuerza el mango de su espada –tendrás tiempo de matarme, créeme, ahora deberías ir a prepararte antes de enfrentarte a la víbora embustera de Morgiana.

Lo último en esa frase salió como veneno y no era la primera vez que Kendall oía frases similares y pronunciadas con el mismo sentimiento, algo apareció en su mente y ese algo era algo que se había formulado tiempo atrás.

-Odias a Morgiana, ¿no es cierto? –pregunto sin pensarlo mucho, sonriendo de lado.

El brujo lo miro y sonrió, una sonrisa incomoda e irónica.

-¿Por quién crees que estoy metido en el Infierno?

Eso era lo único que necesitaba saber.

-Ahora vete, Knight, debes prepararte y entrenar –ordeno el hombre, serio –tienes muchas cosas que perfeccionar.

-Soy bueno en la lucha –se defendió maniobrando su espada con agilidad.

-Tal vez, pero no eres el mejor y no me refiero solo con la espada. Sabes de lo que hablo.

Kendal entrecerró los ojos al pensarlo. Las llamas, la fuerza sobrehumana, la telequinesis… no lo tomo en cuenta. Reconsidero la idea de prepararse bien antes de ir por Morgiana, pero aun tenía dudas que necesitaba responder.

-¿Por qué tengo estos….poderes? –no encontraba otra manera de llamarlos.

-¿Lo olvidas? Superaste pruebas, te hiciste más fuerte y eso fue tu pequeño premio.

-Entonces, ¿obtendré mas habilidades, como invisibilidad o…?

-Todo a su tiempo –corto el hombre, levantando una mano –trata de matar primero a la perra de Morgiana y luego podrás ir por Howard.

Al oír eso, Kendall se tenso.

-Se dé la visita de Howard por aquí, todo el mundo aquí se entero y fue el chisme durante varias lunas –dijo, siseando –ese bastardo tiene pase libre entre el mundo de los mortales y el Infierno, es inteligente.

-¿Inteligente? ¡Él ofreció el alma de mi novio a un demonio para poder ser inmortal! –exclamo Kendall, enfadado.

-Exacto, fue inteligente porque no ofreció la suya propia.

Observo como la punta de la espada estaba a centímetros de su cuello. Suspiro agobiado y rodo los ojos o eso parecía.

-Sigue hablando y te degolló ahora –espeto el rubio con aspereza.

-Lo haces y te pierdes mi último regalo para ti –una vez más metió una mano a su pantalón y saco un pequeño frasco que cabria fácilmente en la palma de la mano con algo rojo adentro.

-¿Qué demonios es eso?

-Te ayudara a aumentar tus posibilidades de ganar –afirmo canturreando –lo bebes y serás mas fuerte de lo que imaginas.

Esto no convencía a Kendall. El brujo noto la duda y pensó que debía implementar otra táctica.

-¿Quieres a James de vuelta, si o no? –cuestiono exasperado.

-¿Tengo que darte mi alma o algo? –expuso Kendall, dudoso.

-Para nada, solo lo bebes y ya.

Volvió a dar una mirada rápida al objeto en su mano y suspiro, Kendall decidió confiar solo por esta vez en el hombre.

-Lo tendré en cuenta.

-Seguro que lo harás –aseguro su acompañante y guiño un ojo.

A Kendall le incomodo completamente la expresión pero antes de que pudiera responder con algún comentario áspero, el brujo había desaparecido delante de sus ojos. Una vez más, estaba solo.

Estar solo no le gustaba, necesitaba compañía, esa compañía era Ken, en esos momentos difíciles lo necesitaba. La tentadora idea de ir ahora hacia Morgiana no era tan mala pero el brujo tenía razón, no estaba lo suficientemente preparado para enfrentársela, mucho menos a Howard.

Miro la llave en su mano derecha y luego a la botella en su mano izquierda, agradecía que esto no fuese una decisión porque de tener que elegir alguna, gritaría por el peso de esa decisión.

Guardo la llave en su pantalón y cayó en la cuenta que estaba bañado de pies a cabeza de sangre de perros del Infierno, se sentía sucio y pesado, necesitaba un baño. Retomo su camino de vuelta al castillo que había tomado como hogar por el último tiempo, con la botella firmemente en su mano.

El viaje de retorno fue como esperaba: maloliente, difícil de transitar pero por sobretodo muy callado, el fango del pantano le recordaba las quejas de Ken y protestas, el camino por el bosque sus risas, el llano vacio con el bosque de arboles retorcidos a lo lejos, a sus extensos silencios. El que sobresalía fue de la primera vez que pelearon y como casi, casi ocurre "aquello", decir esa palabra le sonaba extraño en este punto. Se sentía algo narcisista.

La simple acción de recordar a su amigo le devolvió calma.

Pero esta se esfumo con cada paso que daba dentro de los dominios del castillo, en lo más alto de una colina empinada con afiladas rocas rodeaban la estructura, una intranquilidad sobrenatural erizaba su piel al igual la peste.

Apresuro el paso al ingresar y vio el alboroto, gemidos y gritos ahogados de criaturas que ya tenía bien reconocidas, algunas estaban de pie sin hacer nada mientras otras iban con apuro en las escaleras, era demasiado extraño. Se abrió paso hacia allí, ignorando las ciegas miradas y continuas por el camino por los pasillos hacia una de las torres.

Podía oír gritos y golpes secos amortiguados por las paredes de piedra, su corazón latía con fuerza pero se detuvo abruptamente cuando oyó un grito de dolor: era Ken.

-¡Ken!

La desesperación era masiva en todo su cuerpo, empujo sin importar que fueran demonios, quería limpiar su camino hacia el exterior, necesitaba ver que Ken estaba bien y que alucinaba sin embargo cuando salió de la multitud de demonios se encontró con lo que no había pensado que sucedería.

El más grande de los demonios, que había visto hasta ahora, de pecho descubierto con cicatrices recorriendo cada parte de su cuerpo, tenia del cuello a Ken, quien tenía una expresión de puro dolor en su rostro.

Su sangre hirvió de puro odio.

-¡Suéltalo! –Su voz sonó potente en el lugar, ganando la atención del captor de su amigo y dio largos pasos hacia este -¡dije que lo sueltes!

La criatura volvió la cabeza, cubierta por una placa de metal y tela oscura con manchas que la oscurecían mas, al parecer sangre coagulada, cicatrices desfigurando su piel y labios prácticamente carcomidos con los dientes amarillentos que se dejaban ver. Ni por un segundo aflojo el agarre.

A Kendall no le gustaba eso, la desobediencia.

-Suéltalo ahora –ordeno por última vez.

Llamas aparecieron en sus brazos y sus ojos se oscurecieron con autoridad, el demonio de inmediato soltó a Ken que cayó al suelo, respirando a bocanadas para recuperar aire mientras se llevaba las manos a su cuello. Tosió y pequeñas gotas de sangre mancharon sus labios. Esto preocupo al rubio de ojos verdes.

Hizo desaparecer el fuego en su cuerpo y fue hacia Ken, lo levanto y cerro el espacio entre ellos con un desesperado abrazo, su compañero se aferro atemorizado a su cuello, una actitud muy anormal en el, podía sentir su cuerpo temblar y a su corazón golpear con fuerza contra su pecho. Estaba aterrado y eso jamás había ocurrido con Ken.

Intensifico el abrazo al sentir a Ken enterrar el rostro en el hueco de su cuello.

-Está bien, estoy aquí, Ken…todo está bien ahora –susurro Kendall en el oído de su amigo quien aún seguía temblando –nada puede lastimarte ahora.

-No me dejes, no de nuevo –suplico Ken en murmullos.

-No te dejare, aquí estoy…aquí estoy.

Cada parte de él quería golpearse, ¿Cómo pudo haber dejado a Ken en manos de esos demonios? Se arrepentía de su decisión. Pero también sentía algo de duda. ¿Por qué lo atacaron, el hizo algo que los provoco?

No había muchas opciones cuando volvió la cabeza hacia el grupo que aun seguía a sus espaldas, sin irse, solo observando o lo que sea que ellos hicieran.

-Lárguense ahora o los hare pagar por esto –siseo.

Oyó murmullos y gruñidos pero cada uno de sus sirvientes termino marchándose, dejándolo solo con Ken, estuvieron abrazados un rato mas, lo suficiente para lograr calmar a su amigo.

Ahora, Kendall hizo una barricada en la puerta de la habitación, para asegurarse de que nadie lo molestaría por un largo rato. Se dirigió hacia Ken, quien tenía los brazos pegados a los lados de su cuerpo con los puños tensionados, a pesar de darle la espalda el líder podía asegurar con total razón a que tenía los ojos cerrados y controlaba su respiración, tranquilizándose.

-Estaré bien –repitió la sombra.

-Descansa un poco –aconsejo Kendall, dejo su mano en la espalda baja de Ken quien finalmente abrió los ojos y le dedico una pequeña sonrisa –tomate tú tiempo.

-Kendall-

-Nada de excusas –corto el rubio –descansa, yo estaré aquí si me necesitas.

Ken levanto la mirada hacia los ojos de Kendall y lo mantuvieron por unos segundos, luego el primero volvió a rodear con sus brazos el cuello del segundo, descansando su mentón en el hombro de Kendall. Este se dejo envolver por esos brazos mientras hacía lo mismo, solo que tomándolo por la cintura.

Minutos después, Kendall se quitaba la camiseta y la arrojaba al suelo, con la mente en otro lado. Miro por sobre su hombro a Ken que dormía en la cama, un poco obligado por él para bajar la adrenalina que había vivido hace poco. Retomo la vista al frente y se sentó al borde de la cama, procurando no molestar a su ocupante, a suspirar dejando caer sus hombros cansados, su piel seguía manchada de sangre que logro filtrarse tras la tela de su ropa, se sentía sucio e incomodo, necesitaba librarse de esa "suciedad".

Y no solo la física, miro hacia la mesita y allí estaba la botella que el brujo le había "regalado", había logrado esconderla de su amigo en medio del alboroto y ahora se planteaba las últimas palabras que el brujo le había dicho:

"Te ayudara a aumentar tus posibilidades de ganar, lo bebes y serás más fuerte de lo que imaginas."

¿Qué debía hacer? ¿Seguir el consejo y beberlo sin saber con exactitud que provocaría en el, o, no hacerlo y perderse la única posibilidad que tuviera de asegurarse ganar?

-¿Qué debo hacer? –se preguntaba internamente.

"Lo sé, James cumplirá 18…"

"¡Me canse de tu mierda James, estoy harto de ti!"

El piso en sus pies se movía, sentía todo dar vueltas. Su estomago se revolvía del vértigo.

"¡Estoy terminando contigo, Kendall Knight!"

Que sensación mas nauseabunda, pensaba él con asco.

"Demonios, Kendall. Howard hacia tratos con demonios"

"Voy a traerlo"

"Adelante, no tengas miedo….estas son las puertas al Infierno, allí encontraras a tu novio"

"Luchare por tener mi segunda oportunidad con James"

Tomo con fuerza los cabellos dorados en su nuca, cerró los ojos y continuo recordando esas frases.

"¡Ken vamos, lo lamento!"

"Dime Kendall, dentro de tu plan, ¿Dónde entra tu amigo?"

"Pasa todas tus pruebas, vuelve al mundo real y búscame si tanto deseas matarme. Te daré una oportunidad, solo si vuelves con James"

"Eres lento, Knight, por eso perdiste a James"

"Solo quería que lo supieras, Te amo Kendall. Adiós"

Tomo en un arranque de nervios la botella, la destapo y se trago el líquido en su interior de un solo intento. EL sabor era amargo y metálico, típico de la sangre, hizo una expresión de asco pero ya se la había bebido, ya no había vuelta atrás.

Algo dentro de sí sintió que estaba mal. Pero cualquier fin justificaba los medios. Detendría a Morgiana y Howard y traería de vuelta a James. Ya no había dudas.

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¿Acabo? ¿Todo se acabo, finalmente?

Vaporosamente, las preguntas se formaban en su cabeza, abrió los ojos; primero con pesadez antes de pestañear varias veces con entusiasmo para evitar quemar sus pupilas debido a la fuerte luz que se topo de frente. Al acostumbrarlos, pudo sentir sus brazos y el resto de su cuerpo acompañados de un cosquilleo que lo recorría de arriba abajo. Cerro los puños y giro la cabeza a todos lados tratando de reconocer el lugar. Era una habitación, no, era una sala de operaciones y el estaba en una camilla, atado a ella. A su izquierda vio la mesa de utensilios, estaban cubiertos de sangre.

Gimoteo al voltear al otro lado y ver una vía intravenosa en su brazo, la fina manguera se conectaba a una dosis de suero colgada junto a la camilla. Las cejas se juntaron ligeramente al notar un líquido negro, estaba entrando a su cuerpo, tal vez esa fuese la razón por la cual aun se sentía pesado.

-Bienvenido de vuelta, James.

James volvió la cabeza como tiro hacia el origen de la voz. Chillo espantado al ver la figura a contraluz de un chico alto, ropas de hospital y sonrisa torcida en el rostro. Los ojos verdes brillaban con maldad.

Sacudió sus brazos pero las ataduras lo tenían preso, sintió el punzante dolor en sus muñecas y entonces lo vio con mayor claridad: un grueso corte recorría su antebrazo y estaba suturado precariamente. En su otro brazo estaba la misma herida.

-¿Tratando de recordar? –el chico, de cabello rubio pregunto con insinuación, recorriendo con la punta de sus dedos los utensilios y finalmente eligiendo un escalpelo manchado con sangre ya seca.

Lo observo con interés y luego le sonrió a James. Este se tenso, sus pupilas se dilataron, el miedo golpeo dolorosamente su cuerpo. Al igual que las imágenes en su cabeza. Los cortes, las torturas, sus gritos al sentir las cuchillas cortar su carne. Pero sobre todo las palabras.

Quería salir corriendo, quería llorar, alejarse y esconderse en un armario. Quería sentirse seguro, en los brazos de alguien, recordaba un cabello dorado y ojos verdes. No, era igual al chico que estaba delante de él tomando su brazo y golpeando la delicada piel con el escarpelo. Grito desgarradoramente por el dolor, el chico rubio rio divertido y una vez más corto la piel, esta vez en el abdomen, el pecho y las piernas.

-Grita, James, tus gritos son como música para mis oídos –canturreo el chico.

Los gritos no cesaban por parte de James, ni tampoco las heridas, primero eran ligeros cortes pero luego se hicieron más profundos, mas retorcidos y ahora un gran agujero estaba en el abdomen del castaño. La sangre roja mezclada con líquido negro borboteaba de las heridas.

-D-detente –rogo James, corto de aire y con las cuerdas vocales ardiéndole como carbón –l-lo lamento.

-Estás atrapado aquí, James, por el resto de la eternidad –dijo su verdugo, sin emoción en su voz –por lo que me hiciste, y debes pagar por ello.

Dejo su escalpelo a un lado y preparo su mano para meterla en la herida causando más gritos de James.