Hola. Aquí les traigo otro cap. Gracias por tenerme paciencia, sé que me toma tiempo actualizar, pero es por cosas de la universidad -.- sin más que decirles les dejo para que lean a gusto n.n

No quiero perderte

Una youkai de cabello azabache luchaba contra la dama de los vientos, al mismo tiempo que trataba de que sus almas no salieran de su cuerpo, estaba extenuada, mas sabía que debía terminar con esto pronto, su opción era acabar con Kanna primero ya que era quien más energía le quitaba al tratar de apoderarse de su alma. Se giró y lanzó un ataque con su espada destrozando en mil pedazos el espejo de Kanna y purificándola en el proceso.

Kagura, queriendo aprovechar ese momento de distracción de la youkai, se decidió a atacarla para así acabar con ella. Le haría sentir a Sesshomaru el dolor que ella sintió por su rechazo, esto ya no era porque él la amara, era porque su orgullo le pedía cobrar venganza por la humillación recibida; ella le amaba con un amor enfermizo que prefería verlo muerto antes que con otra.

-Ryuuha no Mai- (N/A: Danza del dragón) gritó Kagura, al instante tornados de viento se cernieron sobre una agotada Kagome, Kagura al no ver a la youkai pensó que la había derrotado y sonrió arrogante

-¡Rayo celestial!- se escuchó decir a Kagome mientras que un rayo de energía purificadora deshacía el ataque de Kagura y al estar esta desprevenida empezaba a ser purificada por el ataque

-¡Maldita!- fue lo último que alcanzó a decir Kagura antes de desaparecer, Kagome cayó al suelo de rodillas, agotada por el esfuerzo

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Sesshomaru giró la mirada hacia donde escuchó el grito de su mujer, para ver como ella derrotaba a la domadora de los vientos, luego vio como caía al suelo agotada, él bloqueó un ataque de Hakudoshi, y luego se tensó al ver que Naraku, con una apariencia más parecida a la de un youkai aparecía frente a Kagome; debía haber absorbido a un youkai poderoso, se dijo, pero no pensó mucho en ello, con un ataque certero se deshizo de Hakudoshi y sin mirar atrás, corrió a proteger a su mujer y a su cachorro, ya que Naraku planeaba atravesarla con uno de sus tentáculos

Kagome estaba tan absorta y agotada (N/A: no olviden q Kag está embarazada), que no se dio cuenta del peligro que corría ni de la presencia de Naraku hasta que fue demasiado tarde, sólo alcanzó a escuchar el sonido de algo romperse y ver la sangre manchar el suelo frente a ella. Alzó la vista contrariada y lo que vio hizo que algo dentro de su ser se rompiera, frente a ella, siendo atravesado por un tentáculo de Naraku y con un hilillo de sangre corriendo por la comisura de sus labios estaba su macho, Sesshomaru. La sangre manaba de su pecho con rapidez y si no era atendido pronto, por muy poderoso que fuera moriría. Aun con la reciente herida, Sesshomaru usó sus garras para extraer el tentáculo de su cuerpo y lanzó un ataque con su espada, haciendo retroceder a Naraku, para luego caer de rodillas al suelo haciendo uso de su espada para sostenerse, esa herida era sin duda la más grave que había tenido en mucho tiempo. Sintió que unos delicados brazos lo rodeaban y luego percibió el aroma de su hembra.

-¡Maldito seas Naraku!- dijo Kagome mirando al villano que sonreía burlonamente, disfrutando del dolor de la youkai y más aun al saber que si Sesshomaru moría como él planeaba, Kagome pronto lo haría, pues los youkais emparejados no aguantaban mucho tiempo vivos luego de la muerte de sus parejas. Naraku aprovechó que Kagome estaba fuera de la pelea y se encaminó a enfrentarse con el resto del grupo, total, sus dos oponentes más poderosos estaban fuera, se dijo.

-No… llores-dijo el youkai entrecortadamente, limpiando con su mano una traviesa lágrima de la azabache- yo sabía las consecuencias de recibir ese ataque y lo hice porque los amo- dijo rozando su vientre- y…si tuviera que hacerlo de nuevo, lo haría, de eso no te quepa duda-finalizó con una sonrisa débil

-¡No me dejes! ¡No puedes dejarnos!- lloraba la azabache al ver que Sesshomaru había cerrado sus ojos. Sesshomaru quería decirle que la escuchaba, que lo disculpara por hacerla llorar, pero era como si hubiese perdido el mando de su cuerpo, sintió como Kagome se movía y como alguien tomaba su lugar, reconoció débilmente el olor de su madre y una caricia en su cabello al tiempo que una lágrima caía en su frente fue todo lo que sintió antes de que todo se volviera oscuridad.

Mientras tanto, Inuyasha y los demás al ver lo sucedido se apresuraron a atacar al malvado Naraku, debían acabar con él había causado más daño, pero se asegurarían de eliminarlo y ahora, de una vez por todas. Inuyasha lanzó el Bakuruyha, más no le hizo ni un rasguño a Naraku debido al campo de fuerza que ahora lo protegía, al ver esto todos atacaban en conjunto, incluso Koga y Kikyo quienes habían llegado no hace mucho, pero el resultado era el mismo, Naraku salía ileso y ellos estaban bastante agotados, se hallaban casi al límite de sus fuerzas, era una cruenta batalla y los alrededores lo demostraban, donde antes era un bosque no quedaba más que los restos destrozados o incinerados de lo que alguna vez fueron árboles y enormes grietas en la tierra producto de los ataques tanto de Naraku como de sus oponentes. De las extensiones de Naraku no quedaba ninguno, él lo sabía, estaba solo, pero aun así, de seguir las cosas como estaban, él sería el vencedor.

-¡Naraku! ¡Pelea infeliz!- el grito lanzado por Kagome, la Señora de las Tierras del Oeste, sorprendió a todos, incluso a Naraku quien no pudo esquivar el golpe propinado por Kagome con su látigo de energía que era como el que tenía Sesshomaru solo que en el de Kagome era una mezcla de energía purificadora y demoníaca que curiosamente no se repelían la una a la otra. Naraku se tocó el pecho, donde la sangre brotaba y frunció el ceño, se suponía que Kagome debía estar destrozada por lo ocurrido y no aquí intentando darle muerte. Inuyasha se disponía a atacar cuando fue detenido por Kagome

-Inuyasha, no intervengas, esto es entre él y yo, su vida me pertenece- dijo la youkai, su voz ahora sonaba fría, carente de toda vida y alegría que hubiera podido tener, a lo que Inuyasha sorprendido decidió hacer lo que ella decía y no intervenir. La pelea comenzó y nadie podría decir si era por poseer la extraña mezcla de su poder de sacerdotisa y sangre youkai o por la furia que Kagome parecía ser ahora mucho más poderosa; era como ver al mismo Sesshomaru pelear, los mismos movimientos elegantes y controlados, no perdía la concentración, tenía algunos rasguños pero ninguna herida de gravedad. Naraku estaba empezando a perder, su velocidad había disminuido y batallaba para esquivar los ataques de Kagome

-Matarme no te devolverá a Sesshomaru- decía Naraku intentando ganar tiempo- si desistes de esto puede que salve su vida-insistía- aunque…me preguntó si él haría lo mismo por ti… ¿será cierto que te ama tanto como dice?- decía esto mientras sonreía burlonamente aunque interiormente rogaba porque eso desconcentrara a la youkai y le diera oportunidad de acabar con ella- Sabes querida Kagome, es una lástima que nos quedaremos con la duda porque lo más probable es que tu amado Lord Sesshomaru no vea la luz del próximo amanecer

-¡Tú tampoco lo harás! Eso corre por mi cuenta- dijo la cabello azabache mientras con movimientos de sus manos realizaba un conjuro aprendido con Irasue, el cual le permitía liberar toda su energía; al instante destellos violáceos y celestes inundaron el lugar y una bola de esa energía impactó a Naraku, destrozando su cuerpo e impidiéndole regenerarse puesto que lo que la energía demoníaca destrozaba, era purificado por el reiki de Kagome. Al disiparse el polvo levantado por la explosión, todos suspiraron aliviados, al fin aquel ser que tanto daño había causado estaba muerto, el final había llegado, más no todo era felicidad, por un lado estaba lo ocurrido con Sesshomaru, y además Kikyo, para sorpresa de todos y el pesar de Inuyasha, había decidido que renunciaría a la vida que llevaba, sustentándose de almas ajenas. Kagome ya había partido con Irasue y Jaken que, acompañados de un par de youkais más, habían trasladado a Sesshomaru a su palacio; Sango, Miroku y Shipo hicieron lo mismo, dejándoles privacidad a Kikyo e Inuyasha para que se despidieran

― ¿Porqué no te quedas?— interrogó el hanyou a la sacerdotisa de barro que se hallaba sentada frente a él

―Inuyasha, mi querido Inuyasha― decía la miko al tiempo que con una de sus frías manos acariciaba el rostro del ojidorado, quien la miraba con tristeza― yo no puedo seguir en este mundo, mi propósito era el destruir a Naraku y aunque no fui yo quien acabó con él, ese propósito se ha cumplido y mi tiempo aquí ha terminado.

― ¿Qué hay de nosotros? Yo…te amo― aseveró Inuyasha

―Lo sé, pero también sé que por mucho que yo te ame y desee recuperar el tiempo perdido…es algo que ya no está en nuestras manos― le dijo Kikyo mientras miraba hacia el horizonte― yo no podría hacerte feliz, porque no soy la sacerdotisa bondadosa de antaño, las almas que me sirven de sustento, son almas de mujeres tristes y atormentadas, llenas de odio, aquellas que por alguna razón se han quedado atrapadas en este mundo, por ello yo sólo soy la representación del odio que la Kikyo que conociste y amaste llegó a sentir cuando Naraku nos tendió aquella trampa

―Kikyo…― le llamó Inuyasha al momento de unir sus labios con los de la miko en un beso que llevaba muchos sentimientos encontrados, amor, tristeza, dolor…era un beso de despedida

―Te amo― pronunció Kikyo antes de que las almas en su cuerpo de barro fuesen liberadas y este se convirtiera en polvo, que fue arrastrado lejos de allí por el viento

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Mientras tanto en el palacio del Oeste los sirvientes corrían de un lado a otro, todo se transformó en un caos al ver el estado en el que llegó su señor, y si la Señora Irasue quien no perdía el temple ante nada, se hallaba ahora abatida en la habitación de su hijo, acompañada de Kagome que estaba en iguales condiciones que ella, todos supusieron que era algo para preocuparse.

―He hecho cuanto podía mi señora― decía una youkai de edad muy avanzada, cabellos verde oscuro y ojos de un negro intenso, que traía consigo un montón de botellitas y ungüentos extraños y salía de la habitación de Sesshomaru―he detenido la hemorragia, la herida es grave, el tentáculo que lo atravesó pasó a milímetros de su corazón, pero por fortuna no lo tocó. Quizás si él estuviese al cien por ciento de sus energías sería fácil de sanar, pero con la ardua batalla que libró, las energías gastadas han jugado en su contra, ahora todo dependerá de él.

―Entiendo, puedes retirarte Saiki―dijo Irasue a la hechicera que había atendido a su hijo para luego darse la vuelta y abrir la puerta de la habitación donde este se encontraba, viendo a Kagome arrodillada al lado de la gran cama que había en el centro de la habitación; la azabache sostenía la mano de Sesshomaru entre las suyas y lloraba en silencio. Pasó la mirada hacia su hijo, estaba muy pálido, su haori estaba abierto, dejando ver las vendas que cubrían al completo su torso, fuera de eso, parecía como si tan solo estuviese dormido. Ella que nunca había sido dada a mostrar emoción alguna, quiso echarse a llorar, su hijo, lo que más amaba en este mundo, se le estaba yendo y ni ella ni nadie podían hacer nada, solo él mismo por su deseo de vivir, podía salvarse. Contuvo la tristeza y el llanto que amenazaba con salir, debía mostrarse fuerte, aún había alguien más, Kagome, ella le necesitaba, porque sabía que pasaban por un dolor semejante, ambas tenían al ser que más amaban en esa cama, debatiéndose entre la vida y la muerte y si…si Sesshomaru se iba, solo se tendrían la una a la otra para ese cachorro que venía en camino.

―Kagome, debes descansar― dijo tomándola de los hombros para levantarla del piso

―Sesshomaru― fue lo único que respondió la azabache sin despegar la vista de su macho y con las lágrimas dejando un rastro salado en su rostro de porcelana

―Yo me quedaré con él, no te preocupes― argumentó Irasue mientras ponía de pie a Kagome, quien mostraba cierta resistencia― además a él no le gustará verte así cuando despierte, piensa en tu cachorro― continuó, intentando darle a Kagome los ánimos que ni siquiera ella tenía, al parecer funcionó porque acto seguido, la youkai se dejó guiar por ella hasta la habitación contigua.

Los días pasaron y una semana después las cosas no habían cambiado mucho, si bien el estado de Sesshomaru no había empeorado, tampoco daba muestras de mejorar. Kagome casi no dormía, comía lo necesario, pero no se despegaba de Sesshomaru por nada del mundo, Irasue era casi lo mismo aunque con Sesshomaru así, ella había asumido el mando del palacio, al menos hasta que su hijo se recuperase. Sango, Miroku e Inuyasha aun permanecían en el palacio de Sesshomaru, habían decidido que no se irían hasta tener claro qué pasaría con el Lord. Inuyasha, aun triste por la pérdida de Kikyo, estaba preocupado por su hermano aunque no lo admitiera y además Kagome seguía siendo importante para él, aunque no la amara, ella era una gran amiga y le preocupaba lo que pudiera sucederle.

―Fue mi culpa―decía a si misma Kagome, se encontraba en la habitación que compartía con Sesshomaru, había prometido calmarse pero no podía dejar de llorar y menos pensar que era su culpa, si ella hubiese estado más atenta a lo que ocurría a su alrededor Sesshomaru no hubiera tenido que arriesgar su vida para salvarla a ella y a su cachorro, se supone que ella debía poder protegerse―fui una tonta, por mi culpa estas así, perdóname, si llego a perderte yo no sé qué sería de mi, de nosotros― sollozaba la azabache acariciando su vientre con su mano libre― Sesshomaru… perdóname…

―Mujer, no llores― esa voz, aunque se escuchaba un tanto rasposa por el esfuerzo, Kagome pudo reconocerla de inmediato, levantó la vista aun con sus ojos bañados en lágrimas y se encontró con aquellos ojos dorados que tanto amaba…

Bueno hasta aquí el cap. Este es el penúltimo cap. de esta historia, gracias a Faby Sama, Sasunaka doki, cerezo21, chovitap y a mi querida Kiwiset n.n a todas las que colocan la historia en favoritos y leen aunque no dejen review jejeje. ¿Qué les ha parecido? El siguiente cap. es el final ;-(