HISTORIAS PERDIDAS DE LOS ASGARDIANOS.
DISCLAIMER: Los nombres de los personajes y la historia pasada de cada uno de ellos pertenecen al señor Stan Lee, y a MARVEL.
Aunque los tres personajes principales de esta historia, Thor, Loki y Sif, pertenecen a su vez a la mitología nórdica.
Lo único que me pertenece es la historia que aquí les presento.
Nota del Autor: Ciertos acontecimientos conocidos sobre la vida y relaciones de algunos personajes han sido modificados según la historia aquí presentada.
Agradecimientos a todas esas personas que siguen ahí, con especial énfasis en dos de ellos, ellos saben quiénes son.
N/A: Capitulo relatado por Loki.
Capitulo 21: Soledad.
Habían pasado dos meses… dos meses en el infierno, dos meses sin Sif. Me había acostumbrado por completo a vivir en el cuerpo de ella aunque de alguna forma seguía siendo extraño, pero ya no me importaba.
Los asgardianos aprendieron a temerme, aunque no sabían lo que había pasado con Sif y conmigo, y la figura de Sif les perjudicaba pues ellos jamás la habían visto así.
Suspiré sentado en el trono, aburrido de no tener con quién hablar, arrepintiéndome de algunas cosas, como por ejemplo de no haberle dado un hijo como ella quería al menos ese niño estaría conmigo, pero supongo que sería extraño verme así. Me quité el casco y me froté la frente pensando, no podía seguir así.
La puerta se abrió de pronto y un guardia entró, hizo una reverencia y se acercó a las escalinatas del trono. "Mi Lady, hay noticias sobre los disturbios del pueblo."
Con mi cabeza apoyada en mi mano, le respondí sin deseo. "Habla guardia."
Él me miró y anunció. "Muchos dicen que atacaran el palacio hasta destruirla o derrotarla mi reina."
Era obvio que no todos sabían sobre mi verdadera condición y muchos pensaban que yo en realidad estaba enfermo y que Sif era quién gobernaba bajo el nombre de Lady Loki pues a ella solían llamarla la Pequeña Loki durante mis años en Midgard, debido a su habilidad para mentir que había aprendido de mí. El guardia al que yo le había pedido que contara lo sucedió se había guardado la noticia, para que nadie intentara nada en contra de mi verdadero cuerpo y así mantenerlo a salvo y aún con vida, por si algún día yo pretendía regresar. Ese guardia a partir de ese momento se había convertido en la única persona que mantenía cercana a mí.
"Malditos asgardianos." –murmuré ya me estaba agotando la paciencia con todos ellos, necesitaba detenerlos. Me quedé unos minutos en silencio pensando. "Envía a todos tus hombres a las fronteras del palacio y quienes intenten algo, que sean eliminados."
El guardia aceptó mi orden de inmediato y tras otra reverencia abandonó la sala. Al quedarme solo, rodeado por los dos guardias que me protegían a los lados del trono, me levanté y caminé hacia uno de los balcones a contemplar Asgard. Mis ojos se desviaron hacia el Valhalla a las quinientas puertas que había allí, pensando en ella, siempre en ella, no había un momento del día que dejara de hacerlo, la extrañaba tanto, la necesitaba tanto.
Mi mano descansó sobre el balcón y cerré los ojos pensando en la batalla, el día que me había traído hacia donde hoy estaba, había sido gracias a ella.
Flashback:
Nos habíamos presentado en la batalla, Sif se encontraba al lado de Thor, no me sorprendió pues así había sido dispuesto. Todas nuestras peleas, o la mayoría de ellas habían sido una farsa inventada por ambos el mismo día que yo había escapado de la prisión donde Odin me había puesto, a partir de ese momento nos prometimos ser cómplices y acabar con ese reino para poder gobernar ambos, aunque ella no quería el trono, sabía que lo obtendría pues ella sería mi esposa no importaba como.
Las peleas se dieron simplemente para que yo pudiera mantener a mis aliados cerca, y para que ella pudiera mantener a Thor cerca, fue un plan perfecto y nunca nadie sospecho de eso, ni siquiera el maldito portero.
Estaba nervioso como jamás había estado en mi vida, ella debía ser quien asesinara a Odin como lo habíamos planeado, pero todo podía salir mal, alguien podía verla, y arruinaría nuestro plan. Nos miramos un segundo para no levantar sospechas, y ella puso sus ojos sobre Amora. Amora sabía nuestro plan y lo compartía. Ambas se miraron por unos minutos y Amora hechizó el campo de batalla para que se volviera oscuro como la noche. No veíamos absolutamente nada, y eso era peligroso incluso para nosotros, pero era un riesgo que debíamos tomar.
Cuando la sombra desapareció, Odin yacía muerto en el piso y Sif, se encontraba en el mismo lugar donde había estado antes del hechizo de la Encantadora. Su rostro de sorpresa y dolor fue digno de un aplauso, yo quise correr y besarla y felicitarla, pero no lo hice, no podía arruinar todo, simplemente sonreí con maldad, ella era sin dudas, muy parecida a mí.
Inmediatamente después la batalla comenzó y aunque ella debía enfrentarse a Amora fue más una danza preparada con tiempo lo que hicieron, hasta que nuestras miradas se encontraron y con un solo gesto le ordené que asesinara a la Encantadora. Y nuevamente no me falló.
Cuando llegó el momento de asesinar a Thor, ese era mi deber, una de mis copias estaba luchando en su contra, mientras yo me concentraba para realizar el hechizo que la Encantadora había hecho, hacer que la oscuridad regresase. De esa forma maté a Thor y hice que mi copia desapareciera del lado de Sif. Vi como una lagrima caía por su mejilla, sabía que eso iba a suceder, pero aún así ella sonrió.
Luego al terminar la guerra y vencer, ambos seguimos actuando, pues Heimdall había sobrevivido, pero nunca más a partir de ese momento volvimos a hablar sobre nuestro pacto, sobre lo que realmente había sucedido.
Fin del flashback.
Una sonrisa se dibujó en mis labios, gracias a ella yo era el rey de Asgard, y desgraciadamente por culpa de mi estupidez la había alejado de mí, la había asesinado, aunque no fuera por mi propia mano, yo tenía la culpa por haber fallado matando a Lorelei.
"Mi niña de porcelana." –susurré mirando una de las puertas. "Daría el trono de Asgard por tenerte a mi lado de nuevo." –pensé en esas palabras, sorprendiéndome de mi mismo, pero descubrí que era verdad, que lo dejaría todo por ella, que si tuviera la oportunidad de elegir de nuevo, sería a ella.
En este momento hubiera deseado tener a Frigga a mi lado, ella hubiera tenido las palabras exactas para decirme, para que yo me sintiera mejor, o me ayudara a soportar el dolor, pero ni siquiera ella estaba allí. Ahora sí estaba realmente solo, no tenía a nadie, los había alejado a todos.
Volví mis ojos lejos de aquellas puertas que mantenían a mi esposa encerrada y volví al trono, me senté allí pensando en la soledad que me rodeaba, deseando un milagro, aunque sabía que era imposible.
De pronto escuché ruidos de batalla, y supuse que los asgardianos habían cumplido sus amenazas, de pronto morir no sonaba tan mal. "Creo que me estoy volviendo demasiado depresivo, maldita soledad." –susurré mirando al balcón de nuevo.
"Puedo devolvértela si me cumples un pedido." –susurró una voz a mi oído.
Era Brunilda, me había asustado por un momento. "¿Hablas enserio? ¿Qué quieres a cambio?"
"Que detengas esta estúpida batalla, que seas un rey justo, y no lo que has sido hasta ahora. Ya tienes lo que quieres, ahora no hagas pagar al pueblo por los errores de tu padre." –anunció ella con voz firme.
"¿Eso es todo?" –pregunté incrédulo.
Ella asintió. "Así es, todo lo que quiero, pero si no cumples, ella volverá conmigo."
Fruncí el ceño. "La amo más de lo que crees Brunilda, no soy tan tonto para perderla dos veces."
Ella sonrió y se alejó, en ese momento sentí un fuerte peso en mis ojos y caí dormido sentado en el trono.
No recuerdo como ni cuando desperté y esta vez me encontraba en una cama, descubrí que estaba en mi propio cuerpo y eso me hizo sentir mejor, ella estaba de regreso. Salí corriendo para buscarla, y la encontré sentada en el trono, donde había dejado su cuerpo.
"Mi Sif." –me acerqué a ella subiendo aquellas escaleras rápidamente.
Sus ojos me miraron, era ella, no había dudas. "¿Quién eres?" –preguntó con esa suave voz que casi había olvidado.
"Sif… soy Loki, tu esposo." –le respondí confundido.
Ella me miró confundida y preguntó. "¿Quién es Sif?"
Maldije a la valquiria, pero ella no tenía la culpa, normalmente quienes morían, no recordaban nada al regresar a la vida. Me acerqué a ella y le tomé una mano. "Descuida, no corres peligro aquí, recordarás todo pronto, lo prometo." –besé su mano sin saber qué hacer, la tenía conmigo, viva, pero a la misma vez, la había perdido de otra forma.
¿Podría recuperarla y hacer que se enamorara de mí? no lo sabía pero tenía la eternidad para intentarlo.
