21. Gesshoku (1)

- Ichigo, ¡Ichigo! – Rukia comenzaba a desesperarse. Hacía unos momentos que estaba sintiendo dos reiatsus muy poderosos y ahora estaba sintiendo el de… ¿Haruto? ¿Qué estaba haciendo ahí otra vez? Debía despertar a Ichigo a toda costa para ir a ver lo que estaba sucediendo. No podía dejarlo solo pero, por más que le gritara, lo zamarrease o lo insultase no se despertaba y seguía mostrando aquel rostro molesto y transpirando, como si su sueño fuera aterrador.


- ¡BAN… KAI! – un rayo negro atravesó la tierra. Una nube de polvo se levantó tras la liberación de Haruto, y la risa frenética de Mazui se escuchaba. Haruto observaba en silencio con sus ojos llenos de ira y aquella extraña voz reclamándole sangre.

- Por fin te decidiste a pelear en serio. Por lo visto me tienes miedo, shinigami - la risa frenética de Mazui no alteró a Haruto, que permanecía estoico. - ¿Le tienes miedo a las tormentas? – su risa se calmó, pero permanecía esa sonrisa macabra en su cara. Comenzaba a formar rayos en ambas manos.

Una lluvia de rayos interminables comenzaron a salir de las manos del Espada, cubriendo toda el área que tenía frente a él. Haruto abrió los ojos un poco, recordando la anterior pelea con la mujer arrancar. Inmediatamente, usando su shumpo, esquivó los rayos que pudo, y los otros los absorbió con facilidad con su espada blanca. Una media sonrisa apareció en el rostro del shinigami, que seguía mirando a Mazui con desprecio y bronca.

Uryu había tomado a Orihime en brazos y la había llevado a un lugar alejado desde dónde se podía ver la pelea, pero lo suficientemente lejos como para que no le pasara nada. Sin mirarla siquiera, se alejó rápidamente del lugar. Observaba con detenimiento la batalla. Haruto parecía confiado y Mazui reía desquiciadamente. Miró al cielo, queriendo ubicar la posición de Unmei, pero ella ya no estaba allí. Vio con sorpresa que custodiaba a Miyu y eso le hizo hervir la sangre. ¿Qué demonios haría esa mujer con su hija? Se acercó en silencio, pero la arrancar lo sorprendió.

- ¡Oh! La basura otra vez. ¿Tú no quieres divertirte un rato conmigo? – preguntó con un tono infantil. Uryu la miraba confundido. Realmente no entendía lo que ella pretendía. Ignorándola, se acercó más a Miyu, pero Unmei se interpuso en su camino al instante. – Parece que además de basura no entiendes las cosas, cuatro ojos – dijo con un tono burlón y una media sonrisa retorcida. Uryu la miró fríamente. – Bengala – dijo casi en un susurro, levantando su mano derecha hasta la altura de la cadera del quincy. Él la miró con sorpresa y vio luces rojas formarse rápidamente en la palma de la mano de la arrancar. Atinó a escapar, pero no fue lo suficientemente rápido, ya que su brazo derecho sufrió el impacto de aquel ataque. La fuerza de los golpes lo arrastró con violencia unos cuantos metros y un grito desgarrador de dolor dio a entender que había quedado inhabilitado para usar su arco. – Ahora, quédate quietecito y mira el espectáculo, si no quieres perder algo más importante que tu brazo

La nube de polvo que levantó el ataque de Mazui impedía ver nítidamente lo que sucedía.

- Creo que eso no bastará, maldito HOLLOW – con desprecio.

- ¡Hmp! Me la traes floja, shinigami. ¿Qué parte no entiendes de ESPADA? No soy más un puto bicho, y si no me crees pregúntale a tu chica – con soberbia, cruzándose de brazos y haciendo una señal con la cabeza indicando el lugar donde estaba Miyu. Haruto lo miró con rabia.

– Seichotsuki (2) – dijo con frialdad y una media luna negra quiso impactar con Mazui, saliendo desde la nube de polvo. Pero el Espada la esquivó con facilidad y feliz de haber provocado al shinigami. Tenía que seguir así, necesitaba averiguar si era cierta su suposición y esa zampakutoh tenía algún poder especial que lo beneficiaría.

El ataque de Haruto impactó en un edificio que estaba a las espaldas de Mazui, generando más polvo. El shinigami aprovechó esto para usar su shumpo y quedar cara a cara con Mazui. Clavó su zampakutoh negra en el estómago del Espada, con una sonrisa.

- Tercera fase ¡Chisatsuki! (3) – una luz negra salió desde el interior de Mazui que, para la sorpresa de Haruto, sonreía abiertamente.

- No creas que ese ataque tuyo me hace daño. Además, quisiera preguntarte algo. ¿Realmente te desesperas con ver a esa chica así? Es que no entiendo todo este despliegue de técnicas inútiles – suspiró sonoramente. – Veo que estás cargado, shinigami. Debe ser que hace rato no usas tu "espada", ¿eh? – una carcajada pícara y una señal con sus ojos hacia abajo, dieron a entender a Haruto a qué "espada" se refería. El chico quitó la zampakutoh del cuerpo de Mazui y se alejó unos metros. Lo miraba con ira. Su voz interior lo estaba aturdiendo, debía matarlo, debía deshacerse de ese tormento latente. – Ah… esto es muy aburrido. Así no llegaremos a ningún lado. Nuestras habilidades se anulan. Mis rayos no te tocan y tus "lunitas" no me cortan - suspiró nuevamente y miró hacia abajo, negando con la cabeza. – Lo único que me queda – lo miró fijo y serio – es hacerte sufrir – cerró sus puños y con un sonido se puso frente a Haruto, que atinó a cubrirse con sus dos espadas cruzadas, quedando la blanca sobre de la negra.

A pesar de haberse cubierto, Haruto recibió varios puñetazos rápidos en sus costados, resistiéndolos casi sin moverse, intentando mantener su posición de defensa. Pero, cuando vio venir uno directo a su cara, atinó a moverse y cubrirse mejor. Logró pararlo con sus espadas, haciendo que la mano del Espada impactara sobre la blanca. Mazui quitó rápidamente su mano, mirándosela con confusión.

- ¡¿Pero qué mierda es esto? – Haruto lo miraba, también extrañado por lo sucedido. - ¿No era que tu juguetito blanco no servía para dañar? Te lo tenías bien escondido… - movía su mano de arriba abajo, para aliviar la quemadura.

El brazo de Uryu seguía sangrando. Realmente el ataque de la mujer arrancar había sido poderoso, unos milímetros más y hubiera acabado con él. ¿Qué estaba pasando? La espada blanca del bankai de Haruto sólo absorbía reiatsu, según lo que había dicho Haruto en la pelea anterior. Pero el Espada se había quemado al tocarla. Además, estaba esa sensación que sintió desde el primer momento en que el chico liberó su bankai. Era como si hubiera un reiatsu que envolvía el de Haruto, uno con una sed de sangre impresionante. Pero no era como el del hollow de Ichigo, este era diferente. ¿Qué podría ser?

- No puede ser. ¿Será…? – dijo en voz baja Uryu. Unmei lo miró de reojo.

Haruto sonreía sobradoramente. Con un shumpo pasó cerca de Mazui, rozándolo con la espada blanca y provocando una profunda herida en su hombro.

- Parece que mi juguetito te lastima - seguía con aquella sonrisa marcada. Se sentía bien haciendo eso, pero él no era así. ¿Qué le sucedía? Su cuerpo y su mente actuaban casi por voluntad propia y aquella voz ensordecedora cada vez se hacía más suya. – Veamos qué pasa si… - con shumpo se puso a espaldas de Mazui - …hago esto – atravesó desde la espalda hasta adelante al Espada, a la altura de su estómago.

Unmei miraba sorprendida la escena. Apretaba sus puños con fuerza, tenía que intervenir, porque a ese paso Haruto acabaría con Mazui antes de que sucediera nada de lo planeado. Miró a Uryu de reojo y vio su interés por el cambio del chico. ¿Podría ser que ese cuatro ojos supiera algo? No. Tenía que ayudar a Mazui. Rápidamente se colocó detrás de Haruto, y tomándolo por la ropa, lo arrojó con fuerza hacia atrás unos metros.

- ¿Crees que porque descubriste algo nuevo de tu zampakutoh vas a poder con nosotros, chico? – dijo ella seria. Haruto permanecía serio y en silencio, mirando de reojo a Miyu. Vio que Uryu se acercó a ella y volvió sus ojos a Unmei. – Ahora ven y pelea – Haruto sonrió nuevamente de aquella forma extraña y se abalanzó contra la arrancar, pero ella lo recibió con una patada en su estómago, mandándolo nuevamente hacia atrás. – ¿Crees que me vas a tocar con eso? Idiota. Que puedas lastimarnos no significa que puedas alcanzarnos – cuando iba a contraatacar, Mazui la detuvo, poniendo su mano en el hombro de ella.

- ¿Qué haces? – le dijo serio en forma de reproche. Unmei lo miró temerosa. ¿Estaba enojado por su intervención? Mazui notó esto y sonrió. - ¿Acaso te quieres divertir tu sola? ¡A por él! - los dos sonrieron y se miraron. Salieron usando sonido a atacar a Haruto, que aún estaba dolorido por la fuerte patada de la chica.

Lo sorprendieron desde ambos costados, pasándoselo de un lado a otro con patadas y moviéndose con sucesiones de sonidos. Haruto estaba atontado por los golpes y por la sensación extraña que comenzaba a sentir cada vez con más fuerza. "Mátalos". Esa palabra resonaba con intensidad en su cabeza y él realmente quería hacerlo. Al llegar arriba, Unmei lo tomó por el cuello.

- Al parecer no eras más que basura - dijo seria y lo arrojó con fuerza hacia arriba. Mazui, formó un rayo en su mano y apuntó a Haruto, lo lanzó con una media sonrisa, interrumpiendo el ascenso del cuerpo del shinigami, logrando atravesarlo con su descarga. Comenzó su caída libre.

¿Qué estaba sucediendo? Esos golpes lo habían tomado por sorpresa. "Pídemelo, pídemelo". Esa voz otra vez… ¿pedirle qué? "Llámame, ¡llámame!". Pero, ¿cuál es su nombre? El impacto con el suelo lo sacó de sus pensamientos. El Espada apuntó ahora con sus dos manos hacia abajo. Dos bolas azules se formaron.

- Muere

- ¡GETSUGA TENSHOU! – un grito desde la derecha sacó de su concentración al Espada.

- ¡¿PERO QUE CARA…? – una luz negra envolvió el cielo y una presión espiritual nueva apareció.

- Ese reiatsu… - comentó Haruto para sí, mientras aún permanecía en el piso, aturdido y con los ojos cerrados.

- ¿I…Ichigo? ¡Ichigo! – Uryu estaba sorprendido por la repentina aparición del shinigami sustituto. Sostenía a Miyu entre sus brazos ensangrentados, parte con su sangre y parte con la de la chica. Ichigo permanecía aún en la posición en la que lanzó el getsuga. Miraba a los demás desde arriba, ignorando a los Espada, que habían sido arrastrados por el ataque. Bajó rápidamente hacia donde estaba Uryu.

– Perdón por llegar tarde. Tuve un largo y feo sueño del que no podía despertar – se acercó y acarició con ternura el rostro de Miyu. En ese momento llegó Rukia, también transformada en shinigami. Miró a su alrededor con algo de desesperación en sus ojos y pudo ver a Haruto tirado en medio de un gran cráter. Corrió hasta él, se arrodilló y lo levantó en sus brazos, poniéndolo en sus piernas.

- Haruto - dijo acariciando su cabello.

- Estoy bien, Teniente Kuchiki – dijo seco, con sus ojos aún cerrados. Rukia sonrió tristemente al escuchar las palabras indiferentes del chico, aún estaba enojado.

- ¡INMUNDAS MIERDECILLAS! VAN A PAGAR POR ESTO… ¡CON SUS MISERABLES VIDAS! – gritó furioso Mazui, mostrándose ante los ojos de todos, con quemaduras humeantes en todo su cuerpo. Volteó su cara a un lado y vio a Unmei. Ella permanecía inmóvil, quejándose de dolor, con quemaduras y sangre por todo el cuerpo. El Espada notó que había perdido su resurrección. Ella recibió más daño porque estaba del lado de dónde provino el ataque. Mazui volvió su vista directamente a Ichigo. Colocó sus manos delante y cargó sus rayos. Sólo pensaba en deshacerse de él y de todos, ya no le interesaba su plan. Sólo quería matarlos.

- Ichigo – lo llamó Uryu. Ichigo permanecía en posición de ataque, mirando fijo a Mazui. Tenía que permanecer allí para proteger a Miyu y a Uryu. – Es Haruto. He notado un reiatsu encima de otro, fusionándose. Y al ver su confusión en la pelea y al haber lastimado a Mazui con la espada blanca, creo que es su zampakutoh lo que siento con sed de sangre. La zampakutoh de Haruto tiene la facultad de absorber aquellos ataques que son hechos con reiatsu. Lo más seguro es que tenga que liberar el reiatsu acumulado, sino terminará absorbiendo también el de él. Es por eso que él está confundido, es que la espada está comenzando a devorarlo

- ¿De qué me estás hablando, Uryu? – preguntó confundido.

- Nada, nada. No importa si no lo entiendes, sólo hazme caso

- ¿Qué hago? – preguntó Ichigo sin mirarlo.

- Pues tú tienes que hacer que él logre liberar ese poder. Supongo que él es tan malo como tú a la hora de darse cuenta de las cosas… – casi burlándose.

- ¿Cómo lo hago? – Ichigo miraba atento las bolas enormes con rayos que Mazui preparaba, pero no por eso dejaba de emplear un tono molesto al hablar, por el comentario de Uryu.

- No lo sé. Debe escuchar a su zampakutoh. Ella le dirá cómo. Es shinigami como tú, después de todo… No le preguntes a un quincy la modalidad de aprender técnicas de un shinigami – Ichigo no contestó, sólo tomó a Zangetsu con más fuerza.

Haruto se incorporó tras haber sido curado por Rukia con un poco de kidoh. Vio a Mazui preparando su técnica y a Ichigo lanzándose contra él directamente. ¿Estaba loco ese viejo? ¿Qué pretendía? Ichigo recibió los rayos, pero para sorpresa de Haruto, usó la espada como pararrayos y desvió el ataque del espada.

- Hmp. No es mala idea. Pero, ¿cuánto tiempo piensas que aguantará tu cuerpo esas descargas? – Ichigo siguió atacando y Mazui lanzando rayos.

- ¡Haruto! – el aludido lo miró sorprendido. – ¡Hey! – se acercó un poco, dejando a Rukia sola, mirando.

- ¿Qué? – dijo de mala manera, poniéndose en posición de defensa.

- Tienes que escucharla – Haruto lo miró con cara de "qué carajo me está diciendo". – A tu zampakutoh. Ella te habla, ¿no? – Haruto asintió. – Escúchala, ella te dirá cómo

- ¡No me des órdenes inútiles, viejo! ¡Ya la vengo escuchando hace rato! – gritó un tanto molesto.

- Sólo debes saber escuchar - Ichigo siguió peleando, intentando entretener a Mazui el mayor tiempo posible. Era cierto lo que había dicho Mazui, el daño que le provocaban las descargas era cada vez mayor y ya no le quedaba mucho tiempo. Haruto cerró sus ojos, manteniendo su posición de defensa, con sus espadas cruzadas.

"Escuchar. Tengo que escucharte. Habla, dime cómo".

Un mundo desolado, blanco y negro. El cielo blanco, la Luna negra y la hierba azulada terminaban de darle un toque frío al ambiente.

All, parado en medio de la noche blanca, estaba Haruto, con sus ojos cerrados, sentado en posición de loto. Frente a él, una mujer blanca, alta y elegante, vestida con un cernido vestido negro que cubría desde su cuello hasta los pies y el cabello azul, recogido en una cola con mechas sueltas. Lo miraba intensamente, esperando que respondiera a aquella mirada.

Haruto abrió lentamente sus ojos. Vio los pies de aquella mujer y levantó su vista. Allí estaba, con sus ojos, uno rojo y uno blanco, clavados en él.

- ¿Todavía no aprendiste a escucharme como se debe? – le reprochaba la mujer.

- No es eso. Es que no entiendo qué es lo que deseas. No escucho todo lo que me dices – enojado.

- Es que no estás preparado para esto, eres demasiado joven aún – miró hacia otro lado.

- Dímelo. Necesito saberlo… – le ordenó. Tenía que terminar con todo pronto.

- Tienes que matar. ¿O acaso quieres morir? – la mujer volvió a verlo a los ojos. Haruto la miró desconcertado. – ¿No te das cuenta que cada vez que liberas el bankai una parte de ti desaparece con él? Eso es porque aún no puedes escucharme y yo… – bajó la vista – necesito que lo hagas. Tienes que matar o será tu fin

- ¿Matar? ¿A quién? – estaba confundido. ¿Matar a su enemigo? ¿Por qué razón su zampakutoh estaba planteándole algo como eso?

- A tu enemigo – seguía sin mirarlo.

- Enséñame como – volvió a pedir imperativamente. No tenía ganas de seguir perdiendo el tiempo.

- Mira - le dijo, apuntando al cielo. Allí se veía la Luna negra comenzándose a cubrir con una esfera roja.

- ¿Qué es eso? Un… ¿eclipse? – miró la luna con desconfianza. ¿Qué significaba aquello?

- Cuando la Luna roja cubra a la Luna negra todo habrá terminado. Tienes que liberar el poder de tu espada blanca – volvió su vista a él que aún miraba detenidamente la luna.

- ¡Dímelo! ¡Dime cómo! – la miró furioso. Ella lo miró fríamente. Movió sus labios pero ningún sonido salió de su boca.

Haruto abrió sus ojos y vio a Ichigo caer y golpearse fuertemente contra el piso.

- Te lo dije, ya no sirves para nada - dijo Mazui con un tono de desprecio.

- ¡Hado número 33! ¡Sokatsui! – Rukia lanzó kidoh sobre él intentando distraerlo hasta que Ichigo se pusiera de pie nuevamente. Haruto miraba la escena. Ichigo estaba tirado en el piso, Rukia, desde lejos, aún mantenía su mano extendida y Uryu ya no estaba con Miyu, la había dejado recostada en el suelo. Mazui estaba distraído por el humo que había provocado el ataque de Rukia.

- Je. Ni cosquillas, querida niña – burlándose.

- ¿Y qué te parece esto? Llegó tu fin, Mazui – la voz de Uryu sonaba segura y confiada. Un destello de luz muy fuerte cegó a todos y envolvió a Mazui en un haz de luz azul.

- Sprenger – entre el humo y los restos de reiatsu, se lograba divisar la figura de Mazui, aún de pie.

- Parece que tenías un as bajo la manga, cuatro ojos – una voz femenina lo distrajo y no tuvo tiempo a reaccionar porque una patada se clavó en su espalda, arrojándolo contra una pared. – Ahora dejarás de molestar – Unmei, bastante malherida y sangrante, intentaba sostenerse de pie. Caminó lentamente hacia donde estaba Mazui, también maltrecho.

- Que bien que se juntaron, así podré acabar con los dos al mismo tiempo – apareció Haruto nuevamente en el campo de batalla, acercándose lentamente.

Unmei y Mazui se pusieron lado a lado en posición de defensa. – A mi me enseñaron que los hollows sólo eran reales en los libros y ahora sé que no era cierto - una media sonrisa apareció en su rostro. – Pero voy a encargarme de que eso se vuelva realidad – apuntó con su espada blanca a ambos arrancar.

- ¡Ya me cansé de ver tu puta cara y de escuchar tus sermones de niño malcriado! Unmei, acabemos con esto – los dos prepararon entre sus manos su ataque especial, apuntando a Haruto, mientras elevaban su reiatsu al límite. El shinigami sonreía sobradoramente. Rukia ayudaba a Uryu a incorporarse e Ichigo sostenía a Miyu en sus brazos, mirando a Haruto. Los dos lanzaron al mismo tiempo los rayos y las bengalas. Haruto se puso serio, abrió sus ojos al máximo.

- Gesshoku – con fuerza y confianza. Una intensa luz roja abismal salió de la espada blanca de Haruto, absorbió los poderes de ambos arrancars y continuó su devastador camino hacia ellos. Unmei se puso delante de Mazui, mirándolo sobre su hombro, con una sonrisa triste en sus labios y lágrimas en sus ojos. Mazui respondió agarrándola por la cintura y atrayéndola para sí.

- El poder que nos salvaría es el que nos ha juzgado – la luz roja los envolvió hasta que se desvanecieron en ella.


(1) Eclipse Lunar

(2) Cuarto Creciente

(3) Cuarto Menguante