Disclaimer: Siguen sin ser míos, creó que me dará algo... QnQ!

Este fic es de mi propiedad y está también publicado en otra página bajo el pseudónimo de "Titita"... Está vez quise publicarlo acá pero muy bien editado -eso esperó- xD Disfruten QuQ

Advertencia: Pueden haber algunos errores ortográficos que se me hayan pasado por alto, por favor, discúlpenme Q/Q


Peroooo, antes de comenzar:

No tenía días libres en la uni, en serio, ¡que horror! Esté cap lo comencé desde que termine el anterior, y cuando entraba a escribir le daba retoques, pero hoy sí lo terminé, les debo un buen maratón, como recompensa a mi demora (para variar D:) este cap es súper largo, 7mil y algo de palabras(Según Word) así que espero lo disfruten... perdonen si ando con rodeos, me encanta complicar las tramas ._. por eso después entro en hiatus /3 pero no me gusta dejar espacios en blanco, siento que tengo o tengo que escribir lo que pienso o siento que no me queda bien.

ADVERTENCIA: PUEDE DE HAYA UNO U OTRA PALABRA SOEZ, ALGUNAS REFERENCIAS SEXUALES Y POCOS DESCUBRIMIENTOS ACERCA DE LA VERDAD... LENTO PERO SEGURO NENAS. HAHAHA!

POS DATA DE LA POS DATA: LAS VERÉ EN UNOS DÍAS, (MAÑANA TERMINÓ LA CLASE MÁS LARGA DEL SEMESTRE, POR LO QUE: ¡TIEMPOOOO LIBRE PARA ESCIBIR!


¡A LEEEEEEEEEEEEEEEER!


Los cascos de los caballos resonaban por el camino de tierra que seguían, se dirigían a galope tendido a su punto final; el Noreste. Los caballos libres que dejaron los Generales, habían optado por dejarlos en la aldea de Kaede, no tenían mucho tiempo para ir a paso lento como antes, debían apurarse si querían proteger la Aoi Ishi de Naraku y su séquito.

Iban casi en la misma posición que antes, con la única diferencia que; Sesshōmaru lideraba el grupo: Kagome, Rin y Yuu iban detrás de él, seguidos de Koga, Shiro e Ikki, y cubriendo la retaguardia iban Ryo, Kirara y Ryu.

El equipo de Occidente se iba mentalizando sobre lo que iban a encontrar cuándo llegarán, lo más seguro era que Naraku o sus esbirros ya estuvieran en el lugar o probablemente estuvieran de camino al lugar o quizá sí tenían un poco de suerte; no sabrían aún la localidad actual de la roca, no tenían una maldita idea.

Kagome trataba de pensar en una manera para crear una kekkai alrededor del templo de su maestra o al menos de la piedra; la información de antaño, dada por los Generales era que la piedra se encontraba después del Bosque Maldito del Norte, justamente después de ese bosquejo, se encontraba ese templo, ya no había duda alguna.

Ritsuka-sama mantenía en su poder la piedra roja.

Y Naraku lo probablemente ya lo sabía.

El problema era que: ella desconocía la información sobre por qué su maestra mantenía ese objeto bajo su poder y nunca antes se lo mencionó.

Además estaba el minúsculo detalle sobre su conversación con Sesshōmaru, debía admitir que estaba enfurecida cuando se enteró de que él estuvo ahí cuando pasó todo, pero por otro lado, debía comprender que sí el vínculo no llegaba a su punto máximo, no podrían realizar de nuevo el ritual de sangre, lo único malo era que ahora que el vínculo se encontraba en su etapa final, ambas corrían más peligro que nunca.

Debían volver a realizar el ritual de sangre correctamente, pero para hacerlo, aún falta un ingrediente o mejor dicho una persona en específico…

«Revivir a Inu no Taishō, ¿eso siquiera es posible?» « ¿Cómo supo Sesshōmaru que Kaede y Kikyo habían establecido un vínculo de sangre entre ellas? Yo sospechaba, pero ayer confirmé mis teorías, la anciana se miraba demacrada, abatida e inclusive marchita; entiendo que el avance de la edad es algo imposible de detener, pero yo no recordaba que Kaede tuviese manos raquíticas o bolsas debajo de los ojos, parecía incluso a la vieja Urasue(la bruja que resucitó a Kikyo), y estaba segura que eso no lo hacía la edad; además la última vez que vio a Kikyo, la sacerdotisa se miraba más llena de vida y fuerte, como si hubiese dejado de ser de barro. ¿El vínculo era tan fuerte que podía hacer eso?» — No paraba de bombardearse con preguntas ella solita. Tenía la corazonada de que su consciencia amablemente se las respondería por arte de magia. Y cuando sentía que al fin tenía las respuestas, estas se escapaban de su mente y en su lugar aparecía Sesshōmaru diciendo su nombre sin honorífico…

Magnífico momento.

(***)

El revuelo dentro del Templo, era completamente un caos, los miembros que ahora lo habitaban corrían como locos tratando de cumplir las exigencias de la sacerdotisa a cargo.

Uno corría por allá, llevando heno entre sus brazos.

Otro corría por el extremo contrario llevando amuletos y viejos pergaminos entre los brazos, boca e incluso bajo las axilas.

Y otro más idiota, caía rodando escaleras abajo, tratando de llevar zanahorias a los caballos del establo.

— ¡Apresúrense! ¡No tardaran en llegar! — Ritsuka gritaba órdenes a sus nuevos pupilos.

La gente en ningún momento se detuvo a tomar respiro. Todos cumplían obedientemente.

— ¿Cómo va el sellamiento de la capilla? — Quiso saber mientras se acercaba a las escaleras y verifica que su zopenco pupilo, no se haya matado sin antes haberle dado de comer a los caballos.

— ¿Daijoubu ka? – Preguntó sin realmente estar preocupada, no era la primera vez que el idiota se caía. Pero aun así le agradaba.

— Daijoubu desu, sensei. — Respondió atrofiado el chico.

— ¡Ritsuka-sama! ¡Los pergaminos se agotaron, no hay manera de sellar la capilla! — Una mujer humana que rondaba los 25, corría asustada hacía su maestra.

Ritsuka sabía que los pergaminos se habían utilizado para sellar cualquier posible entrada al templo, pero no había suficientes para la capilla, de todos modos, no serían tan efectivas como las que tenía en mente.

— ¡Tráeme papiro limpio, un pincel y un cuenco vacío!

— ¿Tinta, no?

— Los haré con sangre, son más fuertes que los normales.

— Ritsuka-sama… — Musitó preocupada.

— ¡Ve rápido!

— Pero…

— ¡Anda! ¡Date prisa! ¡La vida de muchos correrá peligro si no sellamos esa capilla!

— ¡H-Hai! — La chica trastabilló pero de igual forma cumplo con la orden de su maestra.

La vieja sacerdotisa se dirigió a la vieja capilla, que se encontraba justo a la par del templo, se arrodilló viendo de frente las puertas de madera, donde colocaría los sellos; en su interior se resguarda la Aoi Ishi, junto con más pergaminos a su alrededor, era casi campo minado para un demonio, incluyéndose a ella.

No era un secreto que la anciana era una híbrida, poseía la energía y el poder de una sacerdotisa, como también la de un youkai. Muchos le temían, a otros muchos les provocaba asco verla.

Más por lo que era, que por lo que podía hacer, para unos era un único espécimen, para otros; una abominación.

Ella más que nadie sabía la importancia que tenía la piedra; era un valioso objeto con un gran poder. Un poder que podía llegar a ser destructivo, si caía en las manos equivocadas.

Esas piedras junto con la Shikon no Tama pueden llegar a cambiar el curso de la vida entera a una catástrofe sin igual.

Ambas piedras pertenecieron alguna vez al Concejo de Sagrados, pero como todo objeto místico y con gran poder, debía ser purificado cada cierto tiempo por un monje o una sacerdotisa; no necesitaba ser de grandes habilidades; como la Guardiana de la Shikon no Tama, pero sí debía saber el manejo de la purgación correcta de los objetos.

Sus recuerdos se vieron interrumpidos por la joven que le traía el papiro limpio, el pincel y un pequeño cuenco vacío, la chica se arrodilló a su lado y le entregó los materiales.

— Gracias, Veros-san. Deberías volver con el resto.

La chica negó con la cabeza.

— Quiero quedarme junto a usted, Ritsuka-sama.

— No creo que debas hacerlo, niña.

— Quiero hacerlo, usted nos salvó a todos nosotros, lo menos que podemos hacer por usted es acompañarla en estos momentos tan cruciales.

La anciana sonrió agradecida y al recordar la noche en la que los salvó.

Era casi una noche como cualquier otra, exceptuando el hecho de que había un pequeño grupo de humano idiotas y un bebé, en medio de su bosque, provocando un enorme jaleo de risas, llantos y gritos, al llegar, se asombró de ver como ellos bebían, reían y disfrutaban de su vida con tranquilidad, como cualquier humano normal. El único detalle era de que estaban en SU bosque; SU bosque, y el bullicio estaba atrayendo a las diferentes criaturas que habitaban cerca de ahí.

Apenas se dio cuenta y cogiendo su arco en mano, tomó algunas flechas y las cargó al arco al mismo tiempo, lista para disparar a la mínima criatura oscura que viese; en un parpadeo los demonios aparecieron y los humanos dejaron las risas de lado para reemplazarlas con gritos inundados de auténtico miedo, los demonios gozaron de los gritos y se lanzaron a ellos con el objetivo de saciar su hambre y comerse a todos. Ritsuka no se dio el tiempo de analizar nada, tan sólo comenzó a disparar a diestra y siniestra y los purificó a todos en cuestión de segundos, habría utilizado su energía youki para subyugarlos pero eso sólo habría atraído a más y más demonios, por lo que optó que no era buena opción.

Luego de aquel susto, los jóvenes huyeron al pueblo despavoridos, no por lo demonios, sino que por verla a ella… Ni un simple gracias le dijeron, pero eso ya era algo a lo que estaba acostumbrada.

Una semana después, esos mismos jóvenes y el bebé, regresaron a pedir disculpas por las molestias ocasionadas y le pidieron a la sacerdotisa que los aceptase como sus aprendices, al inicio se negó, pero luego se enteró que esos chicos no tenían hogar, vivían en las calles del poblado, habían conseguido sake gratis por un trabajo que realizaron y pensaron en ir al bosque a festejar, nunca pensaron por las consecuencias de sus actos.

La sacerdotisa los aceptó dudosa, ella no tenía ningún problema pero les advirtió que al mínimo desastre, los echaría a todos, exceptuando al bebé, esa criatura era una completa ternura para ella. Todos aceptaron gustosos las condiciones y desde entonces; ayudan y aprenden de la sacerdotisa. Incluso los ha dejado solos con el templo, mientras ella realiza unas exterminaciones en el poblado o cerca de él.

— Empecemos, Veros-san.

— ¡Hai!

Con sus garras derechas, hizo un leve corte en su muñeca izquierda, las gotas de sangre se precipitaron al suelo por lo que tomó el cuenco vacío y vertió una gran cantidad de su sangre en él. Con el cuenco casi lleno, la anciana hizo presión en su muñeca para detener la sangre, utilizó su energía youki para sanar la herida, la sangre dejó de supurar y la muñeca volvió a su estado normal, la chica actuó y cortó el papiro con cuidado tendiéndose lo a su maestra, está remojo el pincel en la tinta carmesí y comenzó a escribir en perfecto kanji: "protección"

Dos chicos más jóvenes se acercaron a ambas y sin mediar palabra, tomaron los sellos ya hechos y los colocaron en la puerta de la capilla, tras decir una corta oración en cada uno y pidiendo internamente, porque todo fuese a salir bien.

(***)

— ¡Dense prisa, maldita sea! — Gritó desesperado InuYasha.

Todos corrían a una velocidad sobrehumana, incluyendo al degenerado monje, que cargaba en su espalda a su esposa; a su derecha corría Shippo y en su espalda cargaba a la sacerdotisa Kikyo, InuYasha encabezaba el camino, se había negado a cargar con su prometida por desconocidas razones, el resto del grupo sólo se miró extrañado entre sí, pues últimamente el hanyou había estado más distante con ella.

Y todos lo notaban.

Desde el día que volvió sin su haori rojo, actuaba de una manera poco convencional viniendo de él. Siempre estaba serio, distraído y sumido en sus pensamientos la mayor parte del día. Apenas y les dirigía la palabra o comía. Cuando Kikyo le preguntaba algo ni siquiera le respondía y si lo hacía, lo hacía con monosílabos.

Más de una noche, notaron como el hanyou bajaba de la rama donde descansaba y se perdía entre la negrura del bosque y aparecer siempre cuando el alba estaba naciendo por el horizonte, simplemente desaparecía a hacer quién sabe qué.

— ¡InuYasha, tenemos que detenernos! — Le gritó Sango molesta, su esposo no resistiría más, en cualquier momento se desplomaba.

— ¡No se detengan! — Vociferó enardecido.

No estaba en sus planes detenerse, debían llegar cuanto antes, ya habían perdido demasiado tiempo.

— ¡InuYasha, detente! — Le gritó preocupada la sacerdotisa.

— ¡No hay tiempo para descansar!

— ¡InuYasha! ¡Shippo y Miroku no resistirán!

El medio demonio maldijo para sus adentros la debilidad de sus compañeros, pero se retractó de inmediato al recordar que son simples humanos y no podía hacer nada contra ello aunque quisiera.

La antigua Guardiana se sentía realmente preocupada, luego de muchos años de no sentir emoción alguna, se sentía extraña al volver a sentirlas y con aún más intensidad que antes; todo gracias al vínculo de sangre con su hermana menor.

El hanyou se vio obligado a acatar las órdenes de su prometida y a detenerse en pleno prado, no había muchos árboles alrededor, sólo hierba y las montañas del fondo, que era donde se dirigían; el Noreste. Apenas llegaron donde Kaede y está les informó sobre lo sucedido la noche anterior; Kagome y el medio hermano del hanyou irrumpieron en su cabaña para sonsacarle información sobre los vínculos de sangre e inclusive su medio hermano le amenazó con quitar la protección de su pueblo.

Eso en primer lugar: eso lo había encolerizado, pero la furia se calmó. Pues él, mejor que nadie conocía las normas y tratos entre un demonio y un poblado humano; su madre fue una princesa, lo educó para ser el futuro señor feudal de sus tierras; ellos como humanos estaban bajo la protección de un dominio youkai, pero a cambio de esa protección, ellos le darían cierto porcentaje de sus cosechas y telas preciosas, cada temporada. Su madre desde muy pequeño lo instruyó con la más básico y compleja educación de sus deberes como futuro señor feudal, por su naturaleza como hanyou, tenía la capacidad de entender y memorizar más rápido que un humano común y corriente; cosa que la princesa supo aprovechar al máximo.

En segundo lugar: la anciana les comentó sobre la información que había demandado la miko y el medio hermano del hanyou; resultaba ser que mientras más personas se vieran involucradas en el vínculo de sangre, más inestable se volvía y resultaba peor para dichos participantes si las personas involucradas no eran de la misma raza/especie. Kaede les explicó que si había más de una persona de la misma especie, entonces el vínculo entre esos dos, se fortalecería mucho más.

En pocas palabras, el vínculo entre Kagome y Rin estaba en su punto más alto: lo que Rin sueña, lo soñará Kagome y viceversa; lo que Kagome siente, Rin lo sentirá y viceversa; y lo que le suceda a Rin, le sucederá a Kagome y viceversa; es decir, si Kagome muere, Rin morirá con ella.

Y él no pensaba permitir eso.

La chiquilla se había vuelto como una obsesión para él, no paraba de pensar en ella, no podía sacarla de su cabeza ni por un instante, era una completa locura, pero lo tenía loco de remate. Por eso, aquel día, al apenas captar su aroma, se internó en el bosque a buscarla, —con la excusa que iba a buscar leña—, pero se alarmó cuando escuchó su gritó, prácticamente voló hacía ella y sus ojos se desorbitaron de la cólera al encontrarla tirada en el suelo, completamente desnuda, a punto de ser violado por un maldito infeliz. Lo más irónico de todo fue que ni siquiera pestañeo cuando ya se había lanzado al bastardo y lo había mandado lejos de un manotazo, su siguiente misión fue despedazar a todos a su alrededor.

Su obsesión llegó a otro nivel, a uno que ni siquiera se atrevía a pensar en voz alta, su preocupación hacía una persona había alcanzado niveles estratosféricos, su ira lo había cegado a tal punto que juró en su interior destripar al próximo que se atreviera a tocarla.

Se deshizo de su haori, —su objeto más preciado—, y se la colocó a ella para cubrir su desnudez, lo cual lo encolerizó aún más, el alivio lo inundó cuando supo que no había llegado a más, que su pureza no fue arrebatada de esa manera tan cruel y humillante, la ironía hizo acto de presencia, golpeándolo con fuerza… fue entonces cuando el hanyou comprendió…

…comprendió que él mismo, alguna vez quiso arrebatarle esa pureza a ella, quiso utilizarla para sus propios deseos carnales, quería satisfacerse y a la vez joder a su medio hermano, quería hacerle saber que tomó la virtud de su adorada hija, había anhelado eso con tanto furor, que había estado a punto de hacerlo más de una vez, pues más de una vez la logró localizar, la siguió cuando ella se tomaba un baño en los riachuelos o en alguna terma cercana, disfrutaba ver su espalda desnuda, su respingado trasero, la pequeña cintura en la que su largo cabello negro se pegaba por la humedad, la imagen le resultó tantas veces erótica que no podía evitar tocarse el hakama y sentir el bulto que la niña provocaba.

Quería a esa niña, la quería para él, no sabía por qué, pero así era.

El único error en todo eso era que ya la había cagado y de la peor manera posible, pues en el camino de su misión entregó lo único que no debía hacer: su corazón.

Sí…

Se encariño de ella; de espiarla tanto, supo cosas que no debía y no quería saber por esas mismas razones; pero no pudo hacerse de ojos ciegos u oídos sordos: conoció sus cicatrices, sus heridas, su frustración, sus fracasos, sus decepciones, sus desilusiones, sus quejas, sus lamentos, vio sus lágrimas mezclarse con el agua, su rostro sonrojado por el vapor de las termas, su tímida risa a causa de algún gracioso recuerdo, escuchó sus inseguridades cuando ella se las contaba a la nada en voz alta; verla tras los árboles, provocó un severo efecto en él. No pudo evitarlo. No pudo evitar encariñarse de las facetas de ella, de los defectos que ella odiaba de sí misma, se encariño de ella. Y eso de por sí, ya era malo.

Se encariño de alguien a quien planeaba destruir.

Se encariño de su presa.

De su venganza.

Y eso estaba jodidamente mal.

— ¿Inu? ¿Inu?

La suave voz de su prometida lo obligó a parpadear varias veces para volver a la realidad.

— ¿Qué? ¿Qué sucede?

— ¿Estás bien?

Sus ojos café lo miraron con genuina angustia, hace mucho tiempo deseo ver ese sentimiento en los fríos ojos de la miko y más cuando esta volvió a la vida, nada fue lo era 50 años atrás; al contrario, fue mucho peor. Cuando ella le comentó lo que su hermana menor y ella planeaban hacer, se opuso con vehemencia; pues sabía lo que conllevaba hacer un ritual de sangre o al menos lo sospechaba, nunca lo admitiría, pero la anciana era una persona de gran aprecio para él, incluso más que su prometida.

Aun así esperó seis malditos años para ver esa clase de sentimientos y otros en sus ojos, en sus gestos, en sus acciones, en su hablar, tal como había sucedido 56 años atrás, y ahora que lo hacía, que los veía… No sentía nada, pero absolutamente nada. La frialdad y la indiferencia con la cual lo trató durante tanto tiempo ya era una costumbre más para él, y ahora que ella había recuperado ese característico brillo que lo prendó en el pasado, hoy le daba completamente igual.

— Por supuesto que lo estoy. — Le respondió indiferente.

— Inu…

— Dense prisa, no tenemos mucho tiempo.

— Amigo, no sé cuál es tu apuro por llegar. Pero te aseguro que al bosque donde vamos, no se moverá de su sitio. — Le comentó un molesto Miroku, puesto que su esposa se encontraba levemente dolida en ciertas partes por estar en la misma posición durante horas e inclusive a él le dolía a horrores sus piernas y espalda; su mujer no era exactamente una pluma.

— Eso no me interesa, Miroku.

— Entonces, ¿cuál es tu maldito problema, perro asqueroso? — Shippo se puso de pie frente al híbrido, incluso él se había agotado del largo recorrido, podría ser un demonio puro, pero aún era demasiado joven y su resistencia no se comparaba siquiera a la del híbrido que ha vivido tantos años.

— Mira mocoso, es mejor que cierres la boca. — Le amenazó.

— ¿O si no qué?

— No me obligues a cerrarla por ti.

— Quiero ver que lo intentes, basura híbrida. — El hanyou acortó la distancia que los separaba en dos zancadas, ambos rostros estaban lo suficientemente cerca.

— No te vayas a quejar después mocoso, aquí no está Kagome para defenderte.

Y esa frase fue suficiente para que el kitsune lo mirase desconcertado, el chico dio varios pasos atrás y lo miró como si fuese una cosa extraña de otro planeta.

InuYasha examinó al resto del InuTachi, y todos lo miraban incrédulos y descolocados.

— ¿Dijiste Kagome? — Sango se puso de pie y lo encaró.

— ¿Qué? — El hanyou la vio desorientado.

— Dijiste Kagome. — Era más una afirmación que una pregunta o acusación.

— Yo no…

— Lo hiciste. — Le respaldó el monje a la tajiya.

— Lo dije sin pensar. — Respondió con calma, tratando de molestarse aún más.

— ¿Estabas pensando en ella?

El híbrido se detuvo en los orbes avellana de su prometida, podía jurar ver el dolor surcar por esos ojos.

— ¿Pensar en ella? No, yo no…

— InuYasha. — Le cortó la sacerdotisa.

— Kikyo, yo no estaba pensando en ella. Simplemente lo dije sin pensarlo. — Trató de no ponerle tanto interés al tema, pero había olvidado que el nombre de aquella sacerdotisa, era como una maldición dentro de los miembros del InuTachi. —. Fueron muchos años los que estuvimos con ella, cualquiera puede confundirse. — Trató de excusarse.

— No después de lo que hizo. — Respondió indignada la exterminadora.

— No me mientas InuYasha, estabas pensando en esa mujer. — Volteó hacia su prometida.

— ¿Cómo puedes hacer siquiera eso, InuYasha? — Ahora a Sango.

— Amigo mío, nunca pensé que caerías tan bajo. — Miroku incluso le recrimina.

— Estúpida bestia… — Shippo de brazos cruzados a la par de Kikyo, no podía siquiera mirarlo a los ojos.

— Sólo fue un error. — Les contestó ya exasperado de la exageración que hacían sus amigos por un minúsculo detalle como aquel.

— ¿Error? ¡Ella nos traicionó a todos, InuYasha! ¡El error fue confiar en ella! — Le acusó de sopetón la exterminadora.

Entonces el híbrido cayó en la cuenta de sus palabras, recordando con lujo de detalle como como aquella chica que aparentaba ser dulce e inocente, los traicionó a todos de la peor manera posible.

Pero luego a su mente viene la última vez que la vio; estaba furiosa, colérica, violenta, no había nadie quien pudiera detenerla, su único objetivo era proteger a su Rin de los carroñeros y él no actuó diferente, él mismo se encargó de destripar y desmembrar a muchos de ellos.

Sus pensamientos se confunden con facilidad, no entendía las razones por las cuales Kagome llegó a traicionarlos como lo hizo hace 3 años; noches antes del ataque de Naraku, cuando él secuestró a las dos sacerdotisas y obligó al InuTachi a elegir entre ellas, y tampoco entendía las razones que tiene para proteger de esa manera a la protegida de Sesshōmaru; es como si fueran dos Kagome totalmente distintas, pero de algo estaba seguro y era que esa sacerdotisa tenía las respuestas a sus dudas y confusiones.

A lo lejos pudo vislumbrar una diminuta mancha morada surcando los cielos en dirección al bosque del Noreste; donde ellos se dirigían. Posiblemente el verdadero Naraku aparezca en ese lugar junto a sus esbirros, inclusive su medio hermano y el resto que le acompañan ya deben de estar ahí. Y él aquí perdiendo el tiempo en banalidades.

— ¡Maldita sea, Sango! ¡Sólo fue un error!

— ¡Pues cuida bien de tus errores, idiota!

— ¡No tengo tiempo para estar discutiendo sobre esta mierda!

— ¡InuYasha! — Su prometida trató de detenerlo.

— Lo siento Kikyo. No tengo tiempo para esto..

Se disculpó lo más sincero que pudo hacerlo y echó a correr al Bosque Maldito del Norte.

(***)

Apenas llegaron a los pies de la escalinata, saltaron de los caballos y comenzaron a correr hacia arriba, donde el bullicio, las órdenes y los gritos no dejaban de repetirse. Kagome sintió una kekkai en la entrada del templo, se mantenía férrea en su lugar evitando que los intrusos ingresaran en el lugar, la sacerdotisa tuvo que poner su mano en la barrera y permitir que se creara un agujero del tamaño lo suficientemente grande para que entraran los demonios.

En cuanto la barrera se abrió levemente, Sesshōmaru, los soldados y su protegida entraron al templo de Ritsuka; maestra de Kagome. Cuando todos ya estuvieron dentro, la barrera se cerró y volvió a ser la misma pared de energía reiki que era.

Ni siquiera se molestaron dos segundos en admirar la estructura del templo, cuando desenvainaron sus armas y se preparaban para la batalla.

— ¡Kagome! — Una anciana de ojos claros se acercó corriendo a ella, sus manos estaban manchadas de sangre.

— ¡Ritsuka-sama! — La joven sacerdotisa corrió al encuentro de su maestra y la abrazó con fuerza. —. ¿Te encuentras bien? ¿Qué te sucedió, Ritsuka-sama?

— No es nada niña, terminaba de hacer unos sellos para la capilla.

— ¿Está terminado?

— Totalmente, el lugar está cubierto de sellos y barreras espirituales.

— Es mucha energía, maestra. Déjame encargarme de hacer los refuerzos.

— No planeaba que fuera de otra manera. — Accedió gustosa, a lo que la joven miko sonrió.

— Maestra, déjame presentarte los.

La anciana repasó a los soldados y a Rin, pero se detuvo más tiempo de lo normal observando a Kirara, haciendo que se sintiera incómoda ante la inspección de la señora.

— Él es Sesshōmaru Taishō-sama; Señor del Oeste. — La anciana reverenció al Daiyoukai con sumo respeto. —. Creo que recuerdas a Rin Taishō; hija de Taishō-sama y heredera del Oeste. — La anciana reverenció de igual forma a la joven chica y ella le respondió con la cortesía digna de una princesa cardinal, debía admitir que aunque ellas no compartieran lazos de sangre más que el vínculo mismo, eran muy parecidas físicamente. —. Ellos son soldados del Occidente; Shiro: un youkai tigre; él es Ikki: un youkai fénix y ellos son los gemelo; Ryo y Ryu: son demonio sombra.

— Una combinación excepcional, diría yo. — La anciana miraba asombrada a los soldados del Oeste, jamás había pensado que pudieran reunir entre sus filas criaturas tan raras y magníficas.

— Y él, es Yuu; General del Ejército de Occidente: es un demonio dragón.

De inmediato, las facciones de la anciana se endurecieron.

— Es raro ver a alguien de tu especie sirviendo a otro que no sea al Comandante del Sur. — escupió con sorna el título del gobernante del Sur, pues así se auto nombraba él. Kagome sólo guardó silencio, sabía de antemano que su maestra tenía algo en contra de los habitantes y señores del Sur, nunca supo las razones, pero siempre intuyó que algo debió haber ocurrido en su pasado.

— Si… Bueno… No creo que sea de su incumbencia, señora. — El joven General, trataba de responder lo más calmado que podía, no era ni será la última vez que alguien le mira mal por ser un ex habitante de las tierras sureñas.

— Tienes razón, no lo es. Sólo trata de no traicionarnos durante la batalla, ¿quieres?

Yuu gruño con molestia.

— Mi lealtad al Oeste, nunca ha sido un juego ni mucho menos.

— No es la primera vez que escuchó eso muchacho.

Rin sintió que era el momento perfecto de intervenir, pues entendió que su madre no planeaba hacerlo, al parecer ella entendía el porqué del comportamiento de su maestra para con Yuu. Pero aun así no permitiría que la anciana tratase a su amigo de esa manera.

La joven Taishō se aclaró la garganta, llamando la atención de todos los presentes.

— Creo que sería mejor si nos ubicamos en posiciones estratégicas, no podemos dejar un punto ciego a la vista, los demonios y marionetas de Naraku no dudarán en atacarnos desde ahí. — Comenzó a relatar lo que tenía en mente, formando estratagemas como Yuu y Shiro le habían enseñado en el Castillo de la Luna, cuando fueron sus maestros en batallas y combates hace algunos años. Mucho antes siquiera de la ceremonia de sangre.

— ¿Qué recomiendas, pequeña? — Habló Shiro con toda confianza, ansioso por ver por primera vez a su pupila serena y formando un plan.

— Pienso que si analizamos bien como es Naraku, sabríamos de que si ve a muchos de nosotros, desaparecerá dejando a una marioneta de él junto a sus esbirros, así que lo mejor sería, si una parte de nosotros se esconde entre los arbustos y lanzamos un ataque sorpresa.

— ¿Cuál sería el momento justo para atacar, si estamos escondidos? — Preguntó Ryo.

— Pues cuando no lo estemos, idiota. — Le respondió su gemelo; Ryu. Algunos de los soldados del Oeste sólo se limitaron a negar con la cabeza ante la increíble estupidez de su amigo.

— Imbéciles. — Masculló Kirara mientras se sujetaba el puente de la nariz. Ritsuka se limitaba a observar a la nekomata, curiosa por el rabillo del ojo.

— Creo que sería en el momento que los esclavos de Naraku y él mismo entren en acción, de esa manera los tendríamos acorralados, sin escapatoria alguna.

— ¿Quiénes se esconden?

— Tenía pensado que Sesshōmaru-sama, Koga-sama y Yuu-san lo hicieran.

El Ookami sintió una ligera opresión en su pecho al notar la formalidad y la indiferencia con la que la joven Taishō lo trataba, ¿dónde habían quedado las mejillas sonrosadas? ¿el nerviosismo? ¿la timidez? ¿será acaso una manera para tratar de impresionar a Sesshōmaru? No sería la primera vez que cambia su actitud y personalidad para lograr ese objetivo. Sí, seguramente era eso, todos sabían que la chiquilla estaba enamorada de él en secreto y aunque siguiera sin querer admitirlo, a él le gustaba de cierta manera, aunque nunca podría romper su compromiso con Ayame por ella.

— ¿Qué hay de Ritsuka-sama, tú y yo?

— Madre, creo que lo mejor es que tú y tu maestra se resguardaran dentro de la capilla, en caso de que las cosas se compliquen, uno de los esbirros de Naraku querrá adelantarse y terminar con la pelea, por lo que irá o irán directo ahí. — Predijo la joven Taishō, tal como Yuu le enseñó; siempre estar un paso al frente de tu adversario.

— Tendremos el espacio y la fuerza necesaria para purificarlos. — Asintió la anciana.

— Tiene sentido su elección, Rin-sama — Atribuyó Ikki a Rin, aunque ella había dejado claro que al igual que su madre no le gustaban mucho las formalidades, no podía faltarle el respeto de esa manera frente a su señor, habían consecuencias por ello y él no era ningún idiota.

— Si Naraku ve a Kagome, a Sesshōmaru-sama o algún de ellos, inmediatamente se iría y en su lugar quedaría una marioneta.

— ¿Por qué estás tan segura de que hará lo mismo está vez? — Kirara sentía curiosidad por ese comportamiento tan cobarde y pusilánime.

— Simple. — Se encogió de brazos. —. Naraku no es ningún idiota, no querrá enfrentarse a mis padres al mismo tiempo. — Y aunque lo dijo tan natural, como si nada, era la primera vez en su vida que se refería a ambos de esa manera «mis padres». El corazón de Kagome dio un vuelco y la bestia interna se deleitó al escuchar eso, su lado raciocinio, simplemente no sabía qué pensar.

— De acuerdo. — Ritsuka y Kagome accedieron al instante, una más nerviosa que la otra.

— Bien. — Aceptó el General de igual forma.

Antes siquiera preguntarle a Sesshōmaru su respuesta, Rin habló de repente, como temiendo lo que su padre le diría.

— También creo que lo mejor sería si el resto nos protegemos mutuamente, sin necesidad de movernos de nuestra posición. Podemos cubrir varios puntos; las entradas del templo, el techo y la escalinata.

— Y así tener a la vista a los demás, en caso de necesitar refuerzos.

— Exacto.

— Brillante, Hime-sama.

Rin asintió satisfecha de que hubiesen aprobado su idea. Pero sin poder evitarlo, observó de reojo a su padre, su piel se erizó al notar que este la miraba fijamente, fue entonces cuando notó que el resto de los presentes también tenían sus miradas sobre él, como esperando una orden sobre seguir o no la idea de su protegida. Y ella temió.

Miedo.

Tuvo miedo de la reacción que él mostraría por haber tomado la iniciativa en una batalla, ¿sería indiferencia, molestia, qué sería esta vez?

Y su corazón se detuvo cuando él Daiyoukai más sanguinario y orgulloso de la época, asintió levemente, aprobando su idea y comportamiento; no pudo evitar que sus ojos se aguaran de emoción, sonrió con efusividad y asintió varias veces hacía Sesshōmaru.

Su señor padre había aprobado una idea de parte suya, una idea que sería utilizada en el campo de batalla. Su pecho se hinchó de orgullo de sólo pensarlo.

El Daiyoukai se retiró y se adentró al pequeño bosque detrás del templo, indicando que él se escondería en esa parte.

Yuu de igual forma con un elegante salto, llegó al techo del templo, indicando que él cubriría esa parte, se colocó estratégicamente detrás de una columna cubierta por los tejados; ellos podían verle claramente, pero desde el cielo, no se vislumbraba ni por cerca. La emoción de Rin, la embargaba a tal punto que quería gritar.

Kagome se acercó a ella, la abrazó por los hombros y le dio un tierno beso en la coronilla.

— Te dije que estaría orgulloso de ti, cielo. — Le susurró la miko encantada para luego soltarla y dejarla perfeccionar los detalles de su estrategia con los soldados.

Ella tampoco pudo evitar ver la reacción que tendría Sesshōmaru con respecto a Rin en el campo de batalla, pero parece ser que está satisfecho por el momento, trató de buscarlo entre los altos arbustos y árboles pero no logro vislumbrar, pero por alguna razón, sentía que él la observaba logrando que su corazón comenzará a latir caótico en su pecho, ese maldito demonio la ponía nerviosa con cualquier cosita, inclusive pensar en él.

Kagome apartó la mirada y dio una inspección general al lugar, se encontraba más poblado y vivo que antes, no reconoció a ninguno de los miembros que vestían las ropas de monjes y sacerdotisas, no podía sentir energía fluir de ellos por lo que llegó a la conclusión de que eran meramente humanos acogidos por su maestra.

— ¿Me perdí de mucho? — Se acercó a su maestra que escudriñaba con recelo la capilla cubierta por pergaminos de letras rojas, cuyas letras chorrean gotas de sangre fresca al suelo, formando un pequeño charco.

— Tal vez un poco.

Kagome sonrió, le alegraba saber que su loca maestra podía convivir con otros seres humanos aparte de ella.

— Te noto tensa, niña.

Kagome cuadró los hombros, no había nada entre el cielo y la tierra que se le pudiera ocultar a esta anciana chismosa.

— Tengo miedo, Ritsuka-sama.

— ¿Miedo? ¿De morir, acaso?

— No, la muerte para mí, será como una vieja amiga.

— ¿Entonces?

— Tengo miedo de perder a mi hija.

— No me parece una niña débil que necesite de tu protección, Kagome.

— No es eso, maestra.

— Pues habla niña, no soy adivina.

La miko suspiró con dolor.

— He tenido sueños… No siempre es el mismo, se repiten de mil formas, pero siempre acaban de la misma manera.

— ¿Qué manera?

— Rin es atravesada por un tentáculo de Naraku, junto con… — Traga grueso.

— ¿Junto con quién?

— Junto con InuYasha, es atravesada por un tentáculo junto con InuYasha. El objetivo de Naraku siempre es matar a Rin, en mis sueños, todo pasa de varias maneras, pero el final siempre es igual: InuYasha corre hacia ella y recibe los golpes de Naraku y cuando va a ser atravesado…

— Tu hija también lo es.

— Sí. — Respondió cabizbaja.

— ¿Sabes en qué fase se encuentra su vínculo de sangre?

— Sí, en la última. Pasamos una situación de vida o muerte.

La anciana murmuró algo por lo bajo, antes de fijarse en los ojos azules de su alumna.

— El que ambas estén aquí es una misión suicida, ¿lo sabes no?

— Lo sé, pero…

— Kagome, si mueres, esa niña morirá contigo, ¿estás consciente de ello, no?

— ¿Qué sugieres entonces?

— Que se marchen las dos cuanto antes al Norte y se resguarden ahí hasta que el peligro acá, haya pasado.

— No puedo hacer tal cosa. — Le respondió calmada.

— Huir una vez en tu vida, no te hará ver como una cobarde.

Se lamentó en silencio por un segundo.

— La opción pasó por mi cabeza numerosas veces, anciana. Pero aunque me hubiese querido ir, te aseguro que Rin no lo hubiese querido. La conozco demasiado bien, se quedará al igual que yo, aún piensa que tiene que demostrarle a Sesshōmaru-sama que ella es digna de ser su heredera.

— ¿Y lo es?

— Sí lo es, aunque aún le falta mucho por comprender. Lo es. — Aseguró.

— Entonces el resultado será el mismo, si ella se queda, en nada estamos. — Negó con la cabeza.

— Podrán no llevar la misma sangre, pero no hay duda de que esa niña es tu hija, Kagome. Ustedes dos muy muy parecidas.

Kagome asintió con una risita.

— No es momento de pensar en eso, siento el youki de ese medio demonio viniendo hacia acá. — Ritsuka atisbo su vista hacia el Centro.

— Chiizz. — Chasqueó con la lengua, ella también sentía la energía demoníaca acercarse. —. ¡Vamos a la capilla!

Kagome corrió por los precintos del templo alertando a todos que buscarán sus posiciones.

— ¡Dense prisa! ¡No tardan en venir! ¡Vayan a sus posiciones de inmediato!

Los humanos que la anciana híbrido había adoptado como ayudantes corrían de un lado a otro, preparando las trampas para las hordas de demonios que seguramente no faltarán.

Se encargaron de construir bases de madera para diferentes tipos de armas, así ellos apoyaban desde la retaguardia a los demonios y sacerdotisas que peleaban en el frente, tenían lanzas con la punta cargada de veneno espiritual, el mismo que usaba la Aldea de Exterminadores, antes de ser aniquilada y ballestas largas con la misma base, hacen la misma función que una de mano, con la diferencia que estas no se cargan, estando en la base, sólo tienen que girarla para apuntar, disparar y recargar. Estuvieron muchas semanas practicando puntería con ellas, por órdenes explícitas de su maestra. Los diez humanos, tomaron posición detrás de sus bases, cinco detrás de las lanzas y el resto detrás de las ballestas.

Los youkai del Oeste tomaron posición en cada posible entrada del templo, por lo que estaba rodeado. Rin decidió quedarse en medio, como parte de su plan, Naraku pensaría que venía sola con escoltas del Oeste, nunca se imaginaría ahí la presencia de sus padres ni del General Yuu.

Sus padres… Suena tan bien y tan raro poder decir eso.

Quería seguir pensando en lo bien que se sentiría al decirlo en territorio occidental, más frente a la arpía de Kaoru, no pudo evitar que una risilla traviesa se escapará de sus labios.

— Veo que te divierte la situación. — La voz ronca del hanyou, era inconfundible para ella, alzó la mirada para encontrarse de lleno con sus orbes morados lleno de malicia.

— Naraku…

El susodicho estaba rodeado de miasma como era usual, a su derecha estaban Hakudoshi y Manae; su última creación, aún recordaba que en su enfrentamiento en el Norte, había descubierto el verdadero poder de la extensión, no detenía el tiempo como ella aseguraba; al contrario, sólo lo hacía más lento, recordaba que no haber sido por su rápida intervención, sus ahora escoltas; Kumi y Kai, habrían muerto a manos del otro. Echaba de menos a ese par.

— Princesa… ¿Debería inclinarme ante usted? — Preguntaba con socarronería.

— Deberías, pero odiaría que te cayeras de tu nube y te rompieras el cuello.

Ella también podía ser sarcástica.

Naraku esbozó una sonrisa burlona.

— Parece ser que tu señor padre pensó que sería buena idea que tú y un séquito de soldados vinieran a detenerme.

— La mejor de las ideas, te lo aseguro.

— Entrégame la piedra niña, evita que se derrame la sangre de tu gente.

— No me creas tan ingenua, híbrido.

Naraku torció el gesto ante el diminutivo.

— Entrégame la piedra de una vez.

— ¿Por qué lo haría? ¿Qué función tienen ambas rocas?

El hanyou chasqueó la lengua, no sabía que la chiquilla estaba enterada de la existencia de la Akai Ishi, si lo sabía ella, entonces Sesshōmaru estaba al tanto.

— Que problema. — Farfulló. —. Tengo cosas más importantes que hacer que perder mi tiempo con esta chiquilla. Kagura. — La mencionada se acercó a su creador y le entregó algo en la mano que ni los soldados ni Rin, sabía que era.

Rin se colocó en posición de combate, algo no andaba bien, el hanyou no había querido siquiera avanzar, como si supiera que había una barrera, no se mostraba inquieto ni mucho menos, como si… Como si supiera lo vendría.

Por suerte, le había pedido una espada prestaba a Ryo, era el arma que mejor manejaba, el arco no era su fuerte y nunca lo sería. Con un pie al frente, otro atrás, los brazos alzados y la espada desenvainada se prepararon para el inminente ataque. Por alguna razón, sentía que la kekkai no iba a funcionar, aunque su madre la hubiese reforzado ella misma.

Cuando menos esperó, Naraku extrajo un tentáculo morado de su propio haori y con cuidado lo acercó al aire, como buscando algo, cuando tocó la kekkai, está le repelió su toque con un choque eléctrico.

Una sonrisa ladina apareció en su rostro pero con esa mueca de sorna en su cara.

Con el mismo tentáculo tomó lo que tenía en su mano izquierda, lo mismo que Kagura le había entregado con anterioridad.

Y con más seguridad que antes, acercó el tentáculo a la barrera y lo colocó sobre la misma, provocando que los choques eléctricos la volvieran visible ante los ojos, cosa que no debía suceder, los choques se dispersaran alrededor de él, pero no parecía que le afectarán, es más, parecía que ni cosquillas le hicieran, la barrera no paraba de repelerlo, pero eso no parecía detener al hanyou, la barrera entera temblaba sobre ellos, de un color azul oscuro paso a tornarse a un azul pálido, muy pálido, señal de que estaba por ser destruida.

— ¡No bajen la guardia! ¡Prepárense para la batalla! — Gritó tenaz con espada en mano.

— ¡Rin! — La chica volteó justo en el momento que una segunda espada aterriza con destreza en su mano derecha. Agradeció con una sonrisa a Yuu por el gesto.

Debía admitir, con una espada era buena, con dos… letal.

Giró ambas espadas al mismo tiempo por el mango, dándole un aire de liderazgo que muchos no habían visto que en realidad poseía.

Un parpadeo…

Sólo eso bastó para que Naraku terminase lo que estaba haciendo y la barrera cayera… Sin demora ni prisa, sólo se rompió en miles de pedazos y cayó.

Un frío aire sopló en ese instante, anunciando que ya no había nada que separará a los presentes de la inminente batalla, Rin aún no se explicaba cómo es qué había logrado romper la barrera de la maestra de Kagome y los refuerzos de esta última. Y como si el hanyou leyera su mente…

Mostró mordaz su chamuscado, pero sorprendentemente entero tentáculo. Rin abrió la boca incrédula, ni siquiera sabía que eso era posible de hacer, ¿su madre también lo sabía acaso? ¿Sabía que para romper una inquebrantable refuerzo o barrera de la Shikon no Miko, podía utilizarse la Shikon no Tama?

Porque eso es exactamente lo que maldito de Naraku acaba de hacer, romper la barrera con la mitad de la perla que mantenía en su poder.