Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. La historia aquí presentada es con fin de entretenimiento, NO de lucro.

Advertencia: La historia contiene OC, OoC.


Indiferencia

21: Bajo una tormenta


Akane entró a una librería donde estuvo observando libros, encontró uno que le llamó la atención, era de aventuras mezclado con fantasía. Sonrió para sí.

—Seguro le va a gustar.

Pidió que le envolvieran el libro.

A la hora del entrenamiento, Akane llegó con los brazos tras las espaldas, Rei se encontraba dando unas patadas en el aire y se detuvo al verla.

—¿Lista? —Interrogó el joven.

—Sí, pero antes, quiero darte un obsequio —Akane le entregó el libro envuelto.

—Muchas gracias —sonrió y desenvolvió el regalo, leyendo fugazmente la sinopsis—. Se ve muy interesante.

—Espero que te guste —Akane se acercó a él y le miró fijamente a los ojos—. Me siento muy apenada contigo después de lo que te dije, yo también te dije cosas que realmente no sentía, estaba muy enojada y me desquite contigo. Perdóname, tú eres el menos culpable de todo —se sinceró.

—¿Y por qué estabas tan enojada? —Quiso saber el ojiverde.

Akane bajó la mirada de inmediato, no quería compartir con nadie lo del beso entre Ranma y Shampoo. Suspiró hondamente.

—La verdad es que no quiero hablar de ello —admitió la peliazul.

—Está bien, no te voy a insistir entonces. Bueno, ¿lista para el entrenamiento? Eso sí, nada de patadas en mi costado ni mi hombro, ¿de acuerdo?

—¡De acuerdo!


• •

Los días pasaron de forma lenta para los jóvenes prometidos Tendo-Saotome. Shampoo se la pasaba la mayor parte del tiempo con Ranma y no dejaba de restregarle a Akane que era la prometida oficial porque Kodachi no era rival para ella. Akane por su parte tomaba más té relajante para aguantar todo. Rei no decía mucho, se la pasaba leyendo el libro que ella le regaló, muy inmerso en la lectura.

Un domingo por la tarde Akane salió a comprar algunas cosas que Kasumi le pidió, se distrajo un poco cambiando el rumbo para hacer más tiempo en llegar a casa. Pasó por un parque donde novios, familias, abuelos se la estaban pasando bien. Se sentó en una banca vacía, mirando como unos niños jugaban con la pelota.

Alzó la mirada al cielo que estaba nublado anunciando pronto que llovería.

«No sé por qué me siento así, tan sola» se dijo mentalmente, bajando la mirada hacia sus manos que sostenían el bolso de las compras, totalmente sumergida en sus pensamientos.

—¡Cuidado! —gritaron los niños.

Akane detuvo la pelota con la mano derecha sin siquiera mirarla. Cuando vio su hazaña quedó sorprendida.

—Disculpe señorita —llegó un niño que tenía puesta una gorra roja—. No era nuestra intención.

—No te preocupes, toma tu pelota —sonrió cortésmente.

—Vámonos niños que va a empezar a llover —llamó una señora.

—Gracias, linda señorita —devolvió la sonrisa el niño que de inmediato respondió al llamado de la señora.

El aire se hacía más gélido y fuerte. Al parecer no iba a ser una simple lluvia, sino se trataba del anuncio de una tormenta. Recordó vagamente que el día anterior habían anunciado lluvias precipitadas en estos días y que no olvidaran sus paraguas.

No importaba que se mojara, total el encargo de su hermana se trataba de fruta y vegetales, nada de qué preocuparse por sí se mojaban.

Se tomó unos minutos más observando como abandonaban el parque como si en vez de caer agua, cayera fuego porque se apresuraban en irse; las ramas de los arboles eran movidos por el viento y que unas hojas se desprendían por no soportar la fuerza del mismo. Las nubes ya eran renegridas y se notaban ligeros centellas dentro de ellas. Una luz fugaz parecía partir el cielo en ese instante, iluminando las nubes.

—Ranma la quiere a ella. Él mismo lo dijo, se lo dijo —musitó Akane, mirando al suelo.

El tormento de sus pensamientos era lo que escuchó y vio. Ranma admitió querer a Shampoo y no sólo eso, también hubo un beso entre los dos.

Un poderoso trueno rugió entre las nubes, sacando a Akane de sus pensamientos. Notó que era la única que todavía estaba ahí.

—Debo regresar pronto o se van a preocupar por mí —se levantó con cierta pesadez.

La verdad era que no quería estar en la casa porque seguramente ahí estaría la fastidiosa de Shampoo sin soltar a Ranma y quien sabe, a lo mejor hasta se besarían de nuevo.

Le reventaba el hecho de que Ranma y Shampoo se hayan besado y no estaba segura de soportar ver otro beso entre ellos, sería destrozarle hasta la más minúscula esperanza de que entre ella y Ranma hubiera una reconciliación.

—Pero que cosas estoy pensando —se recriminó.

Se empezó a enojar más, ahora con su papá por permitir que Shampoo estuviera en la casa, pero sabía que si le mencionaba algo así, seguro que sacarían la conclusión de que estaba celosa y hasta la obligarían a pelear con Shampoo para ser la prometida oficial.

Shampoo, Ranma, Shampoo, Ranma, Shampoo, Ranma.

—¡Ya basta! —gritó de repente al notar que sus pensamientos estaban en aquella amazona y Ranma en una boda.

Se encontraba a unos cuantos pasos de la banca de donde estuvo sentada. Su mente le estaba jugando la peor de las bromas, pues ella pensó que había caminado mucho y que ya estaba más cerca de la casa, pero no fue así.

¿Se estaría volviendo loca?

—Akane, ya contrólate… total, no te importa, ¿qué no? —se dijo para animarse, pero sabía que se engañaba a ella misma—. No estoy celosa, nada celosa y ni me duele que Ranma y Shampoo ya sean promet… —calló, bajó la cabeza ocultando sus ojos con el fleco, solamente se notaba una sonrisa burlona—, que pena me doy.

Alzó la cabeza, dejando ver sus castaños ojos inundados por las lágrimas. Le dolía en el alma que Ranma quisiera a Shampoo, que la haya besado y que ahora la amazona fuera su prometida oficial. Lo bueno de la lluvia es que se llevaba las impurezas del ambiente, lo mismo haría con sus lágrimas. Nadie notaría que estaba llorando. Parece que el cielo le cumplió aquel pequeño deseo. Dejarla llorar a gusto mientras dejaba caer el agua, mojando su rostro. Lloró, lloró todas las lágrimas que ha estado guardando, miles, millones… todas ésas que le causaron tanto dolor por no dejarlas salir, que le inundaban el corazón sintiendo un gran peso dentro de ella, ya era hora de que fueran liberadas de aquel encierro.

La lluvia se hizo más fuerte, las gotas eran más agresivas, golpeaban sin compasión todo lo que tocaban. Ya estaba empapada, su ropa y cabello escurría pero se le dificultaba ver, las lágrimas y la lluvia intensa que hasta blanquecina se veía, ya no podía atisbar más allá de un par de metros.

El agua corría en las calles como si se tratara de un río. Ya iba frotándose los brazos, pues el aire era más intenso que le costaba caminar y con la ropa húmeda, sentía congelarse. No supo qué tiempo llevaba caminando bajo la lluvia, sólo sabía qué hace un rato dejó de llorar porque ya los ojos se le habían irritado. Otro poderoso trueno resonó, haciéndola saltar. No le tenía miedo, sólo que la sorprendió.

• •


—¿Te pasa algo, Kasumi? —preguntó Ranma que entró a la cocina y vio a la hija mayor de Soun mirando la ventana.

—Es que mande a Akane a comprar unas cosas hace rato y no ha llegado —contestó la muchacha con preocupación.

—A lo mejor se refugió en algún lado por la lluvia —trató de tranquilizar a Kasumi.

—Eso espero, Ranma, llame al doctor Tofú para preguntarle, pero no dijo nada en concreto, sólo que le gusta que los cangrejos le muerda con las tenazas —la muchacha tenía gran preocupación por su hermana, se le notaba en la mirada.

—No te preocupes, Kasumi, saldré a buscarla —Ranma la tomó las manos en forma de apoyo, se ganó una linda sonrisa de la joven Tendo.

—Muchas gracias, Ranma, de verdad te lo agradezco —Kasumi tomó un paraguas que estaba cerca—. Toma, espero que no te mojes mucho.

—Luego regreso —sonrió Ranma.

En el pasillo se encontró a Shampoo, notablemente molesta, tenía el ceño fruncido, la boca torcida, los brazos cruzados a la altura del pecho y con el pie derecho lo movía desenfrenadamente, levantando la punta del pie y bajándolo en forma desesperada sin despegar el talón del suelo.

—¿A dónde vas? —interrogó de forma autoritaria.

—A buscar a Akane —contestó Ranma sin prestarle mucha importancia, ya dirigiéndose a la puerta.

—Tú no vas a ninguna parte, Ranma, ¿me escuchas? —Shampoo lo agarró de la muñeca para detener su paso—. Además, ¿por qué le agarraste la mano a Kasumi?

—¿Eh? —Aquello desconcertó al chico de la trenza.

—Tú no tienes por qué tener contacto con otra mujer que no sea conmigo, eres mi prometido, yo soy tu prometida y me merezco respeto —exigió Shampoo casi a gritos.

Kasumi se asomó por la puerta de la cocina, observó la escena, Shampoo estaba muy molesta.

—Yo le pedí a Ranma que fuera a buscar a mi hermana —salió Kasumi, miró a Ranma, también se notaba sorprendida por la actitud de Shampoo.

—No tenías por qué pedírselo, y tampoco quiero que vuelvas a tocar a mi prometido —Shampoo se volvió hacia Kasumi de forma agresiva, Ranma dio un salto para quedar entre ella y la hermana de Akane.

—Shampoo, tranquilízate —Ranma la miraba con seriedad—. Esta es la casa del señor Tendo, y no tienes que faltarle al respeto a ninguno de ellos.

Kasumi se llevó la mano hecha un puño a la altura de su boca, miraba a Shampoo y luego a Ranma.

—Así es, Shampoo, esta es nuestra casa y la que está de sobra aquí, eres tú —bajó Nabiki por las escaleras, al llegar al primer piso se quedó al lado de su hermana— y más te vale no faltarle al respeto a mis hermanas —miró retadora a la joven china.

Shampoo miró con odio a la mediana de las Tendo y luego movió la cabeza a un lado.

—Yo voy contigo a buscar a Akane —dijo de mala gana.

—Es mala idea, te vas a convertir en GATA y realmente sería inútil tu compañía ya que Ranma detesta a las GATAS —resaltó Nabiki, haciendo que Shampoo la volviera a ver con ganas asesinas—. Lo más apropiado es que te quedes aquí a esperar, sí no ayudas, al menos no estorbas.

Shampoo chasqueó la lengua con molestia pero seguía mirando a Nabiki con rencor. Ranma no esperó más y salió de la casa a toda prisa. La sombrilla al abrirla se la llevó el aire, destruyéndola.


La pelirroja corría por las calles de Nerima, buscando a Akane. Estaba preocupado por ella. Se alarmó al pensar que había sido llevada por algún enemigo. Gritó el nombre de Akane con todas sus fuerzas. La lluvia era tan intensa que le golpeaba el rostro como piedras y no le permitían ver con claridad.

—¡AKANE! —Gritó, poniéndose las manos alrededor de la boca para expandir más el sonido.

Miró a su derecha y a su izquierda, con aquella lluvia las calles parecían laberintos. Se sintió por un instante como Ryoga, todo desorientado.

—¡AKANE! —Volvió a llamar sin tener éxito.

Su corazón dio un vuelco al pensar que algo malo le había pasado a su prometida.


Akane no podía pelear contra el agua. Se recargó sobre una pared donde poco a poco se fue resbalando hasta terminar sentada. A lo lejos pudo escuchar su nombre en una voz femenina.

Aquel grito se volvió a repetir. Buscó de dónde provenía, pero la lluvia no dejaba ver mucho, así que se guiaba por los gritos.

Otra vez su nombre, esta vez lo escuchó de su lado derecho. Cada vez más fuerte y claro.

Alcanzó a ver la silueta de una chica acercarse. La pelirroja se detuvo a unos pasos de Akane que yacía sentada. Las dos se miraron fijamente a los ojos a pesar de la torrencial lluvia que chocaba en sus rostros.

Ranma sonrió alegre de verla bien, empapada pero bien; entonces se acercó y quedó parada frente a ella, agachándose un poco.

—Vamos a casa que están preocupados por ti —invitó la pelirroja, Akane miró a otra parte—. También yo lo estaba —admitió, agachándose por completo.

Fue cuando Akane lo miró, notando que aquello que dijo era verdad.

—Akane, vamos a casa juntos —tendió su mano y le sonrió de forma amigable.

Akane tomó la mano de Ranma, pero al pararse perdió el equilibrio debido a que sus piernas se le entumieron. Ranma la atrapó por la cintura y por reacción la llevó hacia su cuerpo, quedando entre sus brazos. Los ojos azules chocaron contra los ojos castaños. No dejaban de verse. Los ojos de Ranma se desviaron hacia los labios de Akane, que parecía que adrede entreabrió la boca, para provocarlo más. En ese momento olvidó por completo su maldición y que estaba como chica. Su corazón se aceleró y lo único que tenía en mente era aquel impulso de probar ésos labios que tanto añoraba.

La joven Tendo parecía estar en un trance, no podía dejar de ver los ojos de Ranma, perdiéndose en la profundidad de aquel color azul, dejándose encantar por él. Se sonrojó al ver a Ranma acercarse poco a poco a ella, sus ojos se hicieron más grandes y el corazón empezó a palpitarle a mil por hora. No estaba poniendo ninguna resistencia a lo que ya estaba por pasar… sólo quería que pasara.

Cerró los ojos por una centésima de segundo. Abrió los ojos rápidamente. Empujó a Ranma, tirándolo al suelo, como consecuencia ella también cayó, levantando agua en el impacto.

Las dos yacían en el suelo. La mirada de Ranma era de desconcierto total, mientras que Akane no soportó mantenerle la vista encima. Se levantó despacio porque sus piernas todavía no le respondían del todo, aun así, reunió todas sus fuerzas para hacerlo.

—Yo puedo sola —lo miró por encima del hombro y empezó andar.

—A-Akane —los azules ojos de la pelirroja empezaban a ser inundados por sus lágrimas.


• •

Fuerza y voluntad necesitó para continuar adelante y no regresar corriendo e ir abrazar a Ranma, pero sabía que sí lo hacía, volvería a jugar con sus emociones y ya no estaba dispuesta a dar más recibiendo menos. Se abrazó a ella misma para darse un calor que no emergía de su cuerpo.

—Al fin te encuentro —alzó la mirada.

Le colocaron un impermeable encima. Rei se notaba aliviado, la miraba con preocupación y ternura.

Asintió con la cabeza, aceptando irse con él. Miró hacia atrás, no se veía nada, la lluvia arreció más.

Ranma se quedó un rato más ahí sentado, sintiéndose rechazado y herido. Se miró, alzó un poco la blusa notando sus senos y luego se llevó una mano a la frente con pesar.

—Seguro que es por mi maldición —se levantó, repitiendo la escena de cuando Akane lo empujó—. Después de todo, sí es una maldición.

Caminó, a pasos lentos. Akane tal vez no lo aceptaba con todo y la maldición. Aquello le rondaba en la cabeza y no lo dejaba en paz.


—¡Akane! —Exclamó Kasumi, aliviada de ver a su hermana menor llegando junto con Rei—. Te haré un té en seguida, ve a darte un baño con agua caliente para que no te enfermes —rápida le pasó unas toallas—. ¿Y Ranma? —Interrogó, desconcertada.

Akane miró de un lado a otro.

—¿También Saotome fue a buscarla? —Cuestionó Rei—. Bueno, a lo mejor no la encontró, la lluvia es muy espesa que no deja ver mucho. Seguro sigue por ahí.

La chica de cabellos cortos miró a Rei, se sintió culpable de que Ranma estuviera en la intemperie.

—Ya llegué —avisó la pelirroja.

Fue lo único que dijo, al pasar al lado de Akane le dedicó una mirada indescifrable. La vieron subir las escaleras.

—Menos mal, entonces prepararé té para todos. Gracias Rei por encontrar a mi hermanita, me alegra verla que está bien —Kasumi puso sus manos sobre los hombros de la peli azul y le sonrió dulcemente.

—No hay que agradecerlo, es mi obligación cuidar de ella —respondió natural el muchacho.

Akane rodó los ojos, de verdad que alucinaba ésa palabra. Avisó que se iría a bañar.

Entró al baño donde se despojó de la ropa mojada, tomó una de las toallas y corrió la puerta. Se quedó estática al ver que Ranma estaba en la tina.

—Perdón —Akane ya estaba corriendo la puerta, notablemente apenada por la interrupción.

Abrió los ojos como platos cuando la mano de Ranma tomó la suya.

—Yo vendré a ducharme más tarde —ya quería irse, Ranma la estaba poniendo incómoda ya que se encontraba casi desnudo y la hizo ver hacia otra parte que no fuera él.

—¿Ahora sí? —Cuestionó Ranma, haciendo que Akane lo mirara a los ojos.

—¿Ahora sí, qué? —Estaba confundida.

—Dime, sí ahora sí… sí… —Ranma se puso rojo, tragó saliva—. Olvídalo, de todas formas ya terminé —intentó agarrar una toalla pero estaba tan nervioso que terminó tirándola. Apenado la levantó, yéndosele de las manos otra vez. Hasta la tercera que pudo, entonces se fue.

Lo vio salir del baño y suspiró hondamente. Aliviada de no tenerlo cerca.


• •

Estaba en su habitación, recostada en su cama, pensativa respecto a lo que había pasado. Tenía emociones encontradas, por una parte se sentía mal, pero por otra, se sentía bien. Escuchó la puerta abrirse y vio a Rei ingresar a su habitación.

—Oye, en serio, tienes que aprender a tocar la puerta —reclamó Akane con molestia.

—Pues la toco cuando la abro —inquirió el chico que sonrió divertido.

A Akane también le causó algo de gracia, la suficiente para al menos hacer que sonriera ligeramente.

—Te traje el té que preparó Kasumi y éste medicamento —Rei dejó la taza que humeaba y unas capsulas de color rojo.

—¿Para qué es el medicamento? —Lo miraba con desconfianza.

—Por sí te llegas a sentir mal. Te mojaste por un buen rato y puedes pescar un resfriado o algo peor. Te ayudarán, bueno, ahora descansa —le sonrió gentilmente, ya se estaba yendo pero de repente se detuvo y volvió hacia ella—. En serio me preocupaste, pero me alegra de que estés bien.

Lo dijo tan natural, no titubeó ni nada. Akane parpadeó un par de veces, admirada por la franqueza del chico.

—Eres mi prometida y debo de cuidar de ti, siempre —la miró de una forma que ella no le había visto.

—Eh, gracias Rei, pero ya te dije que eso de las obligaciones, no te sientas presionado, yo puedo cuidarme sola y te consta.

—Claaaaro —dijo vagamente, rodó los ojos—. Te cuidas muy bien eh —le enseñó el pulgar y luego rió.

La joven torció la boca.

—Ya, está bien, gracias por preocuparte por mí. Hasta mañana —agitó su mano, dándole a entender que ya se fuera—. Rei —llamó antes de que el muchacho saliera de su cuarto—. Muchas gracias —le sonrió sincera.


• •

Las clases se suspendieron debido a las fuertes lluvias que estaban azotando Nerima, en las noticias sugerían no salir de casa por lo mismo, mucho menos que se atrevieran a cruzar por los arroyos y ríos.

Akane le extrañó no ver a Shampoo pegada a Ranma, de Nabiki supo que la amazona salió en cuanto Ranma se había ido y pues ya no supo de ella. Le causó alivio saber que no estaría con ellos durante ésos días de lluvias.

—¿Y Rei? —Preguntó al no ver al ojiverde.

—Salió —respondió Kasumi que dejó una charola con tazas de chocolate—. Aunque le dije que no lo hiciera por la fuerte lluvia, pero dijo que eso no era problema.

—Oh, vaya —Akane alzó las cejas.

—No me digas que te preocupa tu nuevo prometido —comentó Nabiki sin dejar de mirar a su hermana inquisitiva.

Akane se exaltó ligeramente, casi no se notó, pero no pasó desapercibido para los vivaces ojos de la mediana de las Tendo.

—No, sólo quería agradecerle por lo de las pastillas que me dio; anoche sentí que la garganta se me estaba cerrando y un poco de temperatura, pero al tomarlas a los pocos minutos se me quitaron los malestares y pude dormir muy bien —respondió sin darle mucha importancia, miró su taza de chocolate humeante.

—Rei es un buen chico, Akane —habló Kasumi que se sentó a su lado y tomó una taza, colocando sus manos alrededor de ella y le sopló a la bebida.

La aludida la miró por el rabillo del ojo.

—Antes de preparar la comida para que te lleves a la escuela, me pregunta sí te gusta —Kasumi también la miró.

—Woooow, aquí huele a amor —habló Nabiki que también estaba atenta.

Las dos miraron a Nabiki, Akane con sorpresa y Kasumi sólo sonrió y asintió levemente.

La peli azul se sonrojó y mejor se dedicó a ver su taza de chocolate como si fuera lo más interesante del mundo.

Ranma frunció el entrecejo al tiempo que chasqueó la lengua. Había escuchado la breve conversación entre las hermanas. No le agradaba en lo absoluto que hablaran de Rei y muchísimo menos que Akane estuviera involucrada también.

Se dio la media vuelta, encontrándose con su mamá. Sintió que el corazón se le salía por el susto que ella le causó sin querer. No se dio cuenta de su presencia.

—Traigo unas galletas para acompañar el chocolate —le sonrió con dulzura.

—Gracias, mamá, pero por ahorita no quiero —contestó el chico recuperándose del susto.

—¿Estás enfermo? ¿Dónde te duele? Qué raro, tú siempre quieres galletas —Nodoka se extrañó.

—Estoy bien, mamá —tomó unas galletas—. ¿Has visto a mi papá?

—Salió con Rei, dijeron que iban a entrenar —respondió—. Espero que no pesquen un resfriado por mojarse mucho.

—Así que se fueron a entrenar… —analizó el chico de la trenza—. Gracias, mamá, por cierto, qué ricas están tus galletas.

—No hijo, yo no las preparé, las hizo Rei en la mañana.

Ranma escupió la galleta, sorprendido de que Rei cocinara tan bien.

—¿En serio?

—Sí, el muchacho es muy buen cocinero —confirmó Nodoka que volvió a sonreír—. Y dijo que esperaba que a Akane le gustaran sus galletas.

Ante eso, Ranma sintió que el cuerpo le pesaba. Agarró la charola de las galletas y vacío el contenido en su boca, comiéndoselas todas y a punto de atragantarse.

—Dile que están muy buenas y que muchas gracias, que a Ranma le encantaron y que quiere que le prepare más —habló con un tono de voz bastante espeso, le dio la charola a su mamá, luego subió las escalones de dos en dos, murmurando muchas cosas.

Nodoka se quedó admirada, parpadeó repetidas ocasiones.

—Qué bueno que también a mi hijo le hayan gustado, lo bueno es que hizo suficientes para toda la familia —Nodoka volvió a la cocina.

Ranma llegó a su cuarto y se sentó sobre el piso, con las piernas cruzadas, apoyo su mentón sobre su mano. Miraba hacia la pared, tenía el semblante pensativo.

Rei, Rei, Rei, Rei, Rei.

Ése nombre no dejaba de resonar en su cabeza, era un eco. Ya se estaba fastidiando, todos hablando maravillas de él. Torció la boca al recordar los momentos que Akane y Rei estaban juntos, no le agradaba en absoluto.

—No me quitaras a Akane —sentenció con determinación—. ¡Ella es mi prometida, sólo mía!


• •

Rei llegó corriendo a la sala con el panda cargando en su espalda, completamente mojado, escurriendo agua, el joven de ojos verdes se notaba muy emocionado, soltó al panda dejando que se diera un buen golpe, agarró la mano de Akane.

—¡Te enseñaré la técnica que me enseñó el señor Genma! —Dijo muy apresurado el chico llevándose a Akane de ahí.

Ranma que estaba bajando la escalera logró escucharlo e incluso vio como llevaba a Akane afuera a pesar de la lluvia.

—Espera, Rei, me voy a mojar… —protestó Akane deteniéndose en la puerta.

—No importa, tienes que verlo primero para que luego la aprendas —contestó el chico que tenía una gran sonrisa.

—¿Me vas a enseñar una técnica que acabas de aprender? —Akane estaba sorprendida por ello.

—Por supuesto, es una técnica estupenda, merece la pena ser enseñada —repuso el joven con mucho entusiasmo.

—¿No será la del tigre caído, de casualidad? —Dijo Ranma con amargura, se plantó atrás de Akane—. Sólo técnicas estúpidas enseña ese viejo.

—Oye, más respeto para el señor Genma, es un maestro excepcional —apuntó Rei mirando con recelo a Ranma.

En la sala se asomó el panda que le salía cascadas de lágrimas por los ojos mientras mostraba un cartel que decía:

«Sí, Ranma, más respeto para este honorable maestro»

—¡Bah! Tú no mereces ningún respeto, viejo idiota —Ranma le dio una patada al cartel.

—Ven, Akane —Rei estaba ansioso por mostrarle lo que había aprendido.

Akane suspiró y luego sonrió dulcemente, sí el chico quería mostrarle la técnica podía ver que tan buena era, pues tampoco le tenía mucha fe a las técnicas que su tío Genma enseñaba.

Todos estaban atentos, Akane y Rei eran los únicos en el patio, mojándose.

—¡Arroja ésa piedra! —Señaló el castaño la gran roca que se encontraba en el estanque.

Akane agarró la piedra sin ningún problema, sintiendo que era muy ligera. La arrojó hacia Rei, y esta terminó incrustada en la cara del muchacho, derrumbándolo al instante, con las manos al aire y los dedos flexionándose por inercia, Akane corrió a ver al chico, le quitó la piedra y Rei lucía los ojos hechos espiral.

—¡¿Quieres matarme, verdad?! —Le reclamó al segundo, mirando a su prometida con enojo.

Se escuchó una sonora carcajada y todos concentraron su mirada en Ranma.

—La técnica de la piedra aplasta caras, no me esperaba semejante cosa —se reía Ranma.

Rei torció la boca, Ranma se quedó callado cuando el cartel del panda se estrelló en su cabeza.

—Estúpido viejo… —bramó el chico de la trenza.

—Hazlo otra vez, dame unos segundos —pidió el chico que le dio la piedra a Akane.

Akane volvió a su sitió cargando la piedra. Cuando Rei le dio la señal de lanzarle la piedra ella preguntó:

—¿Ahora sí?

—Sí, arrójala ya, ¡estoy listo!

La peliazul lanzó con fuerza la piedra hacia Rei, antes de golpearlo, la roca se esfumó, desapareció, Rei sólo tenía las manos enfrente de él y una mirada muy concentrada. El chico dio un brinco para quedar al lado de Akane y vieron como pequeñas rocas como lluvia caían donde Rei estuvo hacía un segundo.

Todos quedaron estupefactos ante tan técnica, incluido Ranma que tenía la quijada desencajada y los ojos bien abiertos. Akane miró incrédula a Rei y luego posó sus ojos en los pedacitos de roca que estaban en el suelo.

—Pero cómo, en qué momento… —titubeó Akane que se acercó a donde estaban los pedazos de piedra.

—Ves, es una técnica que tienes que aprender, en cuanto termine de llover te la empiezo a enseñar, eso sí, vas a tardar en aprenderla porque se lleva su tiempo y es algo compleja… no sabes cuantas piedras tuvieron que caerme en la cabeza, pero bueno, ¡al fin lo he logrado! —Dijo el chico a quien se le hinchó el pecho de orgullo.

—¿Y porque no mañana? —Akane se contagió del entusiasmo de Rei.

—Con lluvia es más difícil todavía —admitió el ojiverde—. Pero si mañana no llueve, mañana mismo te enseño la técnica —prometió.

—Espera un momento —habló Ranma, quien se recuperó de la sorpresa y luego dio un largo salto para quedar al lado de ellos, volviéndose mujer en el trayecto—. Yo también quiero aprender esa técnica, no entiendo porque mi papá —miró al panda con rencor—, no me enseñó algo así.

—Me dijo que tú no tuviste interés en aprenderla —respondió con tranquilidad Rei.

—Pues ahora sí quiero aprenderla —dijo Ranma muy decidido.

—Bien por ti, dile al señor Genma que te la enseñe, porque yo se la voy a enseñar a Akane —repuso el ojiverde quien sonrió petulante.

—¿Y porque no aprovecha a enseñárnosla a las dos? —Ranma sonrió coqueta e incluso mostró unos ojos adorables.

—Eso no funciona conmigo, Saotome, sé perfectamente que tu abusas de tu condición femenina para tener ciertos privilegios —Rei hizo a un lado a Ranma—. Qué poca vergüenza tienes.

Ranma torció la boca y frunció el ceño, Rei era un pesado cuando se lo proponía. Entonces fue con su papá para suplicarle que le enseñara la técnica, pero el panda, mostró un cartel donde se negaba a hacerlo.

«Rayos, ahora tendré que espiar a Rei y Akane para ver cómo hacen la técnica, estoy seguro que Akane le va a costar mucho aprenderla y eso me ayudara aprenderla más rápido y después seré yo quien se la enseñe a ella» empezó a sonreír y poco a poco se iba transformando en una carcajada.

—Pareces un loco —le hizo ver Nabiki a Ranma—. Estás tan concentrado en tus pensamientos que ya Akane y Rei se fueron a dar una ducha.

—¿Juntos? —Reaccionó Ranma, imaginando a Akane y Rei en la bañera con el vapor y desnudos.

—No lo sé, creo que sí, me parece que Rei dijo algo que podían ahorrar agua si se bañaban juntos —inquirió Nabiki con una voz traviesa.

Los ojos de la pelirroja se abrieron como platos y salió disparada hacia el baño. Nabiki rodó los ojos, divertida.

—Ese Ranma, está tan celoso que se le olvida que Akane no aceptaría nunca bañarse con un hombre para ahorrar agua, primero sale disparado del techo o en una ambulancia —negó con la cabeza—. En fin, será divertido cuando entre y vea el cuerpo de Rei, vaya decepción que va a llevar.


La puerta del baño se abrió abruptamente y luego corrieron las cortinas, la pelirroja estaba que echaba fuego por la nariz y sus azules ojos ardían de furia, pero todo eso se evaporó al segundo, de ver el cuerpo desnudo, tonificado, bien definido y con las curvas más marcadas, un cuerpo perfecto a su vista; tragó saliva duramente. Sus ojos no podían dejar de ver tan perfecta silueta hasta que toparon con las castañas orbes de su prometida quien tenía la mano extendida y lo que lo hizo reaccionar, fue una bofetada en la mejilla que le ardió el alma.

—¡Pervertido! —Le recriminó la peliazul, corriendo la cortina del baño.

Ranma estaba absorto, sintió que el calor en el cuerpo se le subió hasta la coronilla, Akane estaba más bella que nunca y ahora tenía un cuerpo que hasta la misma Shampoo podía envidiar. No cabía duda, el entrenamiento que su prometida estaba llevando con Rei, le estaba beneficiando y mucho.

Salió del baño con la imagen de Akane en su memoria, respiraba agitado y su corazón le golpeaba duramente el pecho; se topó con la pared.

—Akane se está bañando —anunció Rei tranquilo que iba en short y una toalla torcida en el hombro, de repente abrió los ojos como platos y de inmediato se le frunció el entrecejo—. El hecho de que ahora eres mujer no te da ningún derecho de espiar a las chicas cuando se bañan, porque tu naturaleza es masculina, ¡no me imaginaba que fueras un pervertido que solo se aprovecha de su maldición!

—¿Qué? ¡No lo soy! —Se defendió la pelirroja.

—Rei, tu turno para bañarte —salió Akane, le dedicó una mirada de molestia a Ranma, después empezó a caminar rumbo a su cuarto.

—Akane, espera… —Ranma le empezó a seguir el paso, pero Rei lo agarró de la trenza y con un potente jalón lo llevó hacia él, haciendo que la pelirroja chocara con el duro abdomen de su rival.

—Creo que interrumpo algo, ¿verdad? —Nabiki apareció justo en el momento, haciendo que los dos chicos se pusieran rojos y se soltaran como si quemaran—. Hacen linda pareja a decir verdad —se burló la castaña sonriendo con malicia.

La mediana de las hermanas Tendo pasó en medio de los dos. Cuando desapareció de la vista de Ranma y Rei, estos se miraron con desafío.


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Pasaron los días lluviosos, casi una semana de intensa lluvia; lo bueno es que después de tanta lluvia, dejó una ciudad más limpia. El cielo mostraba un radiante sol ésa mañana y el canto de las aves predominaba.

Ranma se despertó, bostezó con descaro mientras elevaba sus brazos para estirarse. Sintió algo más cerca de él. Todavía con ojos adormecidos miró hacia su derecha. Abrió los ojos como platos al notar la presencia de Shampoo que dormía plácidamente a su lado, sólo con una camisa de él puesta como pijama. Se puso rojo de inmediato y salió gateando de su futón.

—Akane me va a matar —murmuró con temor, imaginándose la cara de demonio que Akane tendría si en ése momento los viera.

Shampoo dormía tranquilamente, muy cómoda, usando uno de sus brazos como almohadilla, sin importarle que la camisa estuviera desabotonada y dejara ver una buena parte de sus bien proporcionados senos.

Ranma se tocó completamente, agradeciendo que tuviera su ropa puesta. No se dio cuenta cuando la china llegó a dormir. Se levantó y con cautela se acercó a Shampoo para taparla completamente.

Salió al pasillo, cerrando silenciosamente la puerta de su habitación. Dio un respingo al dar la media vuelta y encontrarse a Akane que ya tenía puesto el uniforme de la escuela.

—A-A-Aka-Akane —tartamudeó, tragó duro, temeroso de que Akane le diera por abrir su cuarto y encontrarse con Shampoo.

La chica lo miró con curiosidad. Ranma se notaba bastante nervioso.

—Me pidieron que viniera a despertare —habló Akane con tranquilidad, en sus manos llevaba una cajita—. Pero será la última vez que lo haga. Toma —le dijo la caja.

Ranma tomó la caja con algo de recelo, no dejó de ver a Akane por unos segundos y luego miró la cajita en sus manos. La abrió y se encontró con un despertador.

—Sólo lo tienes que programar antes de dormir para que así te despierte a tiempo —le señaló—. Bueno, es todo, el desayuno ya está listo. Nos vemos en la escuela.

Akane ya estaba por retirarse, pero Ranma la tomó por la muñeca, le dio un pequeño jalón para así hacerla llegar a él, tomarla por la cintura y acorralándola entre sus brazos.

—¿Qué rayos te pasa, Ranma? —Preguntó Akane, molesta por la acción del chico.

—Eh… no, nada —respondió el chico, confuso, soltando a su prometida.

La joven de cabellos azules sólo le dedicó una mirada como diciéndole loco. Ranma se quedó ahí como tonto, pensando en lo que acababa de hacer, no se creía que hubiera tenido semejante valor.

Rei pasó corriendo.

—¡Oye, Akane, fea! —Gritó el chico de ojos verdes.

—¡Fea tu abuela, tarado! —Escuchó la respuesta de Akane seguido de como algo era azotado contra la pared.

Le dio gusto, fue como música para sus oídos escuchar los insultos que Akane y Rei se decían. Con una sonrisa entró a su habitación, encontrándose a Shampoo que recién se despertaba.

—¿Dormiste bien, amor? —Cuestionó de forma melosa, sonriendo coqueta.

Ranma tragó saliva, Shampoo se llevó su mano hacia su hombro derecho con toda la intención de ir bajando la camisa.

—¡Ya te dije que me caes gordo! —Era el grito de Akane.

Cerraron los ojos cuando la pared del cuarto se vino abajo, junto con Rei que yacía en el suelo con los ojos hechos remolinos. Por lo sucedido, Shampoo brincó hacia los brazos de Ranma para evitar que se le vinieran encima los escombros.

Akane todavía estaba en pose de haber lanzado a Rei cuando vio a Shampoo en brazos de Ranma, solo con una camisa china color roja, obviamente propiedad del ojiazul. Se enderezó lentamente.

—Ahora entiendo porque has despertado más tarde que de costumbre, claro, sí has dormido con Shampoo —comentó Akane quien bajó la mirada pero sonreía con ironía.

A Shampoo los ojos le brillaron y con más provecho abrazó a Ranma, sonriendo victoriosa.

Akane dio la media vuelta y desapareció de ahí rápidamente. Ranma apenas reaccionó y soltó a Shampoo para ir tras de Akane y explicarle todo.

Shampoo muy contenta de ver aquella escena empezó a reírse. Vio a Rei que seguía en el suelo.

—¡Pero qué bruta es esa mujer! —Exclamó de repente el castaño, haciendo que Shampoo diera un salto hasta el techo como una gata.

Rei se sobaba la cabeza. Se incorporó y quedó con los ojos bien abiertos, un hilillo de sangre resbalaba por su nariz al tener a Shampoo frente a él.

—¿Te gusta lo que ves? —Preguntó de forma coqueta, acercándose más a él, moviendo más sus caderas al caminar.

Miró a Rei de pies a cabeza y sonrió.

—Eres muy guapo —se puso de puntitas para tratar de estar a su altura, pero ni así, ya que Rei era dos cabezas más alto que ella.

—Tú también eres muy bella —respondió el chico algo nervioso.

Amplió más su sonrisa. Tal vez, podía hacer que Akane perdiera a su otro prometido. No tenía problema en tener a otro. Su sonrisa se le borró al instante al tiempo que su expresión fue de sorpresa total cuando Rei se quitó el saco y se lo puso encima.

—Te puede dar un resfriado, el ambiente sigue húmedo por las lluvias —le indicó Rei que le sonrió de forma burlona y luego le guiño el ojo antes de marcharse de lo que quedaba del cuarto.


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—¡Akane! —Ranma tocaba con desesperación la puerta—. Déjame explicarte, no es lo que piensas, ¡Akane!

La chica abrió la puerta, Ranma se pasmó por unos segundos, sorprendido de que la chica le haya abierto.

—¡Entre Shampoo y yo no hubo nada, ella despertó ahí, no me di cuenta de su presencia, te lo juro! —Habló lo más rápido, desesperado porque Akane le creyera todo, pues era la más pura verdad.

—Sí, como sea, no me importa. Hazte a un lado que se me hace tarde —Akane empujó levemente al ojiazul para apartarlo de su camino.

Ranma se quedó con las manos tendidas a la altura de su pecho porque gesticulaba con ellas su explicación. Miró a Akane por el rabillo del ojo. Esperaba encontrarla con los ojos llorosos, pero no lo estaba.

En el pasillo Akane se encontró con Rei.

—¡Espérame, nos vamos juntos! —dio la media vuelta el castaño.

—¿Qué está pasando con Akane? —se preguntó Ranma.

—Lo que naturalmente le pasa a alguien cuando ya se cansa de todo —habló Nabiki, haciendo que el ojiazul diera un respingo en su lugar—. Ya te lo había dicho antes, Ranma, pero no me hiciste caso —la joven Tendo ya empezaba a irse.

—Nabiki, espera —pidió, haciendo que la chica se detuviera en seco—. ¿Crees que Akane… ya… ya no le importa nuestro compromiso?

Nabiki se volvió sobre su propio eje y caminó para quedar muy cerca de Ranma, se acercó a él.

—Esa pregunta no te la puedo responder yo, tienes que hacérsela a Akane —le musitó con seriedad—. Si te dejas vencer sin luchar, es un hecho que perderás a Akane.

Dejó a Ranma ahí parado. El chico se notaba pensativo. Shampoo caminaba hacia él con el saco del uniforme puesto.

—Me iré a casa, amor, pero no dudes que vaya a la escuela a dejarte tu almuerzo —avisó la joven de cabellos morados que se puso de puntitas para darle un beso en la mejilla.


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Quería estar sola, por lo que caminaba lo más rápido posible con la intención de perder a Rei, pero éste era bastante persistente, prácticamente le estaba pisando los talones.

—Parece que te afecta que Ranma tenga a esa linda chinita como prometida también —comentó el muchacho de ojos verdes.

—No, claro que no —contestó con amargura mientras a grandes zancadas subía unos escalones.

—Pues a mí me lo pareció, ¿acaso sientes celos de ella? —interrogó el chico mirando fijamente a la peli azul que iba un metro delante de él.

—Figuraciones tuyas —Akane apretó más el paso. De verdad le urgía estar sola.

—Entonces también son figuraciones mías que a Ranma le afecta lo que tú sientes.

Akane se paró en seco, dio media vuelta y de un paso ya estaba frente a Rei, lo miró profundamente molesta.

—A ése yo no le importo absolutamente nada —no pudo evitarlo, sus ojos ya estaban siendo inundados por las lágrimas—. Nunca le he importado… —susurró con dolor.

Rei observó la tristeza en aquellos hermosos ojos que lo habían cautivado desde hace mucho. Verla así le dolió en el alma.

—Déjame sola —pidió en un hilo de voz, develando sus verdaderas intenciones por desbordarse en llanto.

Le dio la espalda para buscar un refugio donde desahogarse.

Abrió los ojos cuando la tomaron de la muñeca y de un leve jalón ya estaba en brazos de Rei, con su rostro pegado al pecho del muchacho, escuchando claramente los fuerte latidos del corazón del joven.

—No lo haré —habló dulcemente el chico que le acarició con suma ternura la cabeza, acomodando algunos cabellos y así despejarle la mirada.

Alzó la mirada para ver aquellos ojos verdes que le observaban con profunda sinceridad, una leve sonrisa amistosa dibujada en el rostro del chico. Delicadamente, como si se tratara de un frágil pétalo de rosa, Rei pasó su mano en la majilla de Akane para quitarle una de las lágrimas. Se miraron fijamente a los ojos, hasta que Akane no pudo más y bajó la mirada, empezando a llorar, aceptando el abrazo que Rei le estaba brindando.


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Ranma se apresuró a salir de la casa para alcanzar a su prometida. Llegó al lugar y se quedó ahí como un monigote al ver la escena donde Rei abrazaba a SU Akane. Sintió rabia, tristeza, dolor y celos, muchos celos que lo estaban carcomiendo por dentro, le hacían hervir la sangre y le dictaban lanzarse hacia Rei y golpearlo hasta dejarlo inconsciente. Eso quería hacer, pero el recuerdo de la cara de Akane hace un rato le taladró el cerebro haciendo que entrara en razón. No tenía ningún derecho de reclamarle, después de todo y con dolor, Rei también era prometido de Akane. Bajó los puños, destensándolos y dándose la media vuelta. Antes de marcharse, miró por encima del hombro y ellos seguían abrazados.

—A lo mejor ya la perdí —se dijo abatido, bajó la mirada y empezó a caminar en sentido contrario a donde estaba la joven pareja.

» Continuará…


¡Hola gente bellísima y espectacular de FanFiction!

¿Cómo han estado? Espero que de maravilla y que éste tiempo que he estado ausente les haya ido muy pero muy bien. Me da mucho gusto volver a saludarlos por aquí y con una actualización de por medio :D después de muchos, pero muchos domingos que perdí la cuenta para ser sincera he vuelto por el momento con un capítulo más de Indiferencia, algo leve pero algo intensa también, bueno eso pienso yo, todavía falta saber lo que ustedes piensan, espero que el capítulo sea de su agrado.

Estoy muy agradecida con sus muestras de apoyo y sus palabras de ánimo, su comprensión hacia mi tardía actualizaciones, definitivamente son unas personas maravillosas, muchas gracias por todo :,D

Muchas gracias a todos que me regalan unos minutos de su valioso tiempo para leer y regalarme un maravilloso review que son bienvenidos y con los brazos abiertos!

magginela, orange-star-destiny, mix, paoh, LRG, xiyozaqui, xilxis, linithamonre77, kurosaya, CONEJA, giby-chan, Mikasa Jeager, SiNom, Pupichan, xandryx, Akai27, Guest, hikaros, yaruka-san, Wolfing, Guest, janny5, Miu-nia, afrika, nancyricoleon, LaylaMT, Sav21, yram, Miztu of the moon, patohf, kitty, Amarilis666, Guest, Guest y a los lectores anónimos, muchísimas gracias por continuar conmigo y ésta historia, les agradezco con todo el corazón.

Muchas gracias, nunca me cansaré de agradecerles a todos ustedes los buenos que son conmigo :D ¡Los adoro!

Me despido, esperando leernos en poco tiempo, espero que no acabe el año antes de eso, les mando un fuerte abrazo con todo mi cariño y un beso. Cuídense mucho, los llevo en mi corazón. ¡Gracias!

Hasta luego! :*