Hoy es un día muy triste para todos, ya que Bill se va de la casa para estudiar actuación en Nueva York. A sus dieciocho años, él está determinado en convertirse en un gran actor, al igual que su gran amigo, el inglés.
Recuerdo que la primera vez que mi hijo nos habló sobre su deseo de dedicarse al teatro, fue a los catorce años, yo se lo atribuí a la relación tan cercana que Bill había mantenido con Terry durante todo ese tiempo. Llegué a pensar que sería un gusto pasajero, y muy dentro de mí, rogué al cielo porque así fuera, pero su pasión por la actuación no desapareció, al contrario, se hizo mucho más fuerte con cada año que siguió. Los últimos tres veranos, mi hijo ha pasado sus vacaciones en "La Gran Manzana", junto a Terry, quien lo ha metido en algunas obras, con pequeños papeles.
- Albert, ya estamos todos listos – Me grita Candy, haciéndome volver a la realidad.
- Ya voy… - Yo tomo mi pequeña maleta y bajo al primer piso de la casa, donde veo a toda la familia reunida en el recibidor.
- Papá, si no te apuras, vamos a llegar en la madrugada – Me dice Bill, con algo de molestia.
- Tengo que rectificar que no nos falte nada – Miento, la verdad es que no quiero que mi primogénito y mi consentido, según Candy, se vaya de la casa.
Tomo las llaves de la camioneta y me dirijo al garaje para comenzar a acomodar las cosas en la cajuela, en lo que Candy sujeta a Elroy y a Christian en los asientos traseros del auto, y Bill sienta a Joshua en su portabebés. Una vez que todo está listo, me subo al auto y me coloco el cinturón de seguridad. Observo a mis hijos a través del espejo retrovisor, aún no puedo creer que el tiempo se haya pasado tan rápido, Candy pone su mano sobre la mía, ella no puede ocultar la tristeza que le provoca que su "polluelo" emprenda el vuelo.
A petición de mi hermosa esposa, todos acompañaremos a Bill a Nueva York y nos quedaremos en esa ciudad por una semana, en lo que buscamos un departamento para él y lo dejamos completamente instalado en ese lugar. Mientras conduzco, llegan a mi mente muchas memorias, han sido demasiados acontecimientos importantes en los últimos nueve años.
Algunos meses después de la boda de Rose, el 18 de febrero del 2017, para ser exactos, llegaron a nuestras vidas Elroy y Christian. Candy estuvo casi 20 horas de trabajo de parto, al final, tuvieron que practicarle una cesaría de emergencia, debido a que ese par de traviesos se negaban a nacer de forma natural y su ritmo cardiaco comenzaba a disminuir. En ese momento yo era un manojo de nervios, el solo hecho de pensar que algo malo le pudiera pasar a ella, o a los bebés, hacía que muriera de miedo.
El primero en nacer fue Chris, con 2 kilos 530 gramos de peso, algunos minutos después sacaron a Elroy, ella pesó 2 kilos con 480 gramos. Ni siquiera tuvimos oportunidad de verlos, porque se los llevaron inmediatamente para revisarlos, tampoco pudimos cargarlos en las horas siguientes, ya que los dos presentaban dificultades para respirar.
Mi esposa fue dada de alta al tercer día, los bebés permanecieron en el hospital toda una semana; para ese entonces, mi mamá y mi hermana ya habían llegado a Chicago para ayudarnos con los niños y vaya que necesitábamos de esa ayuda. Todos nos emocionamos cuando nos dijeron que ya podíamos llevar a nuestros bebés a casa, la primer semana fue un "ir y venir" de amigos y familiares de Candy, que querían conocer a los recién llegados. Todos coincidían en que ese par era una mezcla diabólica de nosotros dos, con un poquito de cabello rizado, los ojos azules, la naricita respingada de la madre y los labios gruesos, al igual que los míos. Para sorpresa de todos, ninguno de los dos fue rubio, más bien tenían el cabello color castaño cobrizo, como lo tenía la abuela, en su época de juventud.
Los primeros meses fueron todo un caos, con dos recién nacidos muy demandantes y un niño de diez años sintiéndose celoso y reemplazado por sus hermanos; tuvimos que armarnos de mucha paciencia para poder manejar sus rabietas y sus intentos de huir de nuevo de la casa. Pero gracias a Dios, salimos bien librados. Al final, Bill entendió que sus hermanos no le iban a quitar el cariño ni la atención a la que estaba acostumbrado, por haber sido hijo único por casi diez años, y los gemelos crecieron y dejaron de requerir tantos cuidados. Mi hermana sólo estuvo un mes con nosotros, mamá se quedó casi ocho meses, que sirvieron para que las relaciones con su nuera y con su nieto mejoraran considerablemente.
Un mes antes de que mis hijos cumplieran un año, Rose nos dio la feliz noticia de que iba a ser mamá y que tenía diez semanas de embarazo; ella estaba muy emocionada, al igual que el orgulloso papá. Siete meses después, mi hermana dio a luz a un hermoso niño de ojos azules y de cabello rubio, al que llamó Anthony. Todos insistieron en que mi sobrino, al igual que Bill, era muy parecido a mí. Tres años más tarde, nació Angie, una preciosa niña de ojos verdes y cabello negro, muy parecida a mi mamá.
Poco después del cumpleaños número dos de Chris y Elroy, justo el día en que Candy cumplió 31 años, ella y yo unimos nuestras vidas ante Dios, los dos escogimos esa fecha, debido al significado que tenía en toda nuestra relación. La celebración se llevó a cabo en nuestra casa de Lakewood, los dos quisimos que la ceremonia se realizara en la tarde, justo cuando el ocaso del sol pinta la superficie del agua de tonos dorados.
La mayoría de la familia, por parte de mamá, estuvo presente. Al igual que en la boda de Rose, todos los hombres vestimos nuestro kilt, hasta Bill, quién se sentía sumamente orgulloso con su recién adquirido traje. Una vez más, ellos tocaron las gaitas, mi hijo también quiso participar en esa tradición y lo hizo de manera extraordinaria.
Stear fue el encargado de entregar a mi esposa al alta, aunque tuve que esperar un buen rato antes de que ella se dignara a aparecer. Cuando comenzaba a ponerme impaciente, el sonido de las gaitas me indicó que el momento había llegado; sin pensarlo dos veces, me volteé y vi a Candy caminar a paso lento hacia mí, tomada del brazo de su primo. No pude evitar emocionarme hasta las lágrimas, ella se veía tan hermosa, que le agradecí infinitamente al cielo por poner a esa mujer tan maravillosa en mi camino.
Unos segundos después, ella llegó hasta donde me encontraba, yo levanté su velo y pude ver esos brillantes ojos verdes que tanto amaba, los dos nos tomamos de la mano, sintiéndonos muy emocionados. Mientras el sacerdote nos daba una cátedra acerca del amor verdadero e incondicional, ella y yo nos mirábamos con complicidad y nos sonreímos de manera pícara. Cuando el clérigo pronunció las palabras: "los declaró marido y mujer", ambos sellamos nuestra unión con un beso cargado de amor.
Varios minutos después, nos dirigimos a una improvisada pista en el jardín. Yo escogí la canción de "Perfect" de Ed Sheeran, para nuestro primer baile, sentí que la letra reflejaba perfectamente mis sentimientos hacia Candy. Mi bella esposa no pudo ocultar la emoción en sus ojos, al darse cuenta de la canción que había elegido para ella y varias lágrimas de alegría resbalaron por su rostro. Al terminar de bailar, los dos nos abrazamos y nos besamos mientras nos decíamos "TE AMO" al unísono.
La fiesta se prolongó hasta pasada la medianoche, la verdad es que no recuerdo haberme divertido tanto en toda mi vida; Ella y yo bailamos, platicamos, comimos y bebimos hasta que nos cansamos. Cerca de las dos de la mañana, nos fuimos a nuestra habitación para hacer el amor como si fuera la primera vez, con la certeza de que tendríamos muchas noches parecidas durante el resto de nuestras vidas.
Un mes después de nuestra boda, llegó a la casa un gran paquete procedente de Nueva York, grande fue mi sorpresa al abrir la caja y encontrarme con la vieja gaita de mi abuelo, además de una pequeña carta, que leí en compañía de mi amada esposa.
Hola Albert
Primero que nada, quiero felicitarte por tu boda, creo que puedes entender perfectamente los motivos por los cuales no quise asistir, a pesar de que Bill me pidió con insistencia que lo hiciera.
Tal vez te estés preguntando como demonios llegó esa gaita a mi poder y también por qué he decidido regresártela hasta ahora. Pues bueno, te relataré una pequeña historia de "terror", de la que fui protagonista justamente en una fiesta de Halloween, hace más de doce años.
Recuerdo que esa noche yo me sentía muy orgulloso de tener como novia a una chica muy hermosa, con quien llevaba poco más de seis meses de relación y de quien estaba profundamente enamorado. Los dos nos dirigimos a una fiesta que habían hecho mis compañeros del último grado, ella iba vestida de hada del bosque y se veía mucho más bella que de costumbre. Entramos al lugar tomados de la mano, mientras caminábamos, noté como su mirada se iluminaba y con dolor me di cuenta de era porque te estaba observando a ti, cuando vi que te sonreía de esa manera tan especial, me sentí furioso.
Decidí ir por algo de tomar, necesitaba aplacar todos esos sentimientos que quemaban mi interior, al regresar, la encontré platicando contigo y rápidamente los celos comenzaron a hacer estragos en mí, así que opté por llevarme a Candy lejos de tu presencia. Para mi mala suerte, algunas horas después mis compañeros me llamaron para platicar conmigo y tuve que dejarla sola por algunos minutos, cuando me volví para buscarla, no la encontré por ningún lado. Por mi mente cruzó la idea de que ella se encontraba contigo.
Luego de revisar la casa de pies a cabeza, vi a Rose y a Stear a la distancia, para ese entonces yo ya estaba desesperado, así que me acerqué a ella para preguntarle por mi novia y de paso por ti, pero ella me dijo que no los había visto, lo cual acrecentó mis sospechas de que ustedes estaban juntos. Ella sacó su celular y se alejó de nosotros, por lo que no pude escuchar claramente su conversación, pero estaba seguro de que estaba hablando contigo.
Cuando llegaste con tu enorme cara de felicidad, tuve ganas de golpearte, pero estaba consciente de que no podía hacerlo sin hacerte confesar primero, así que comencé a interrogarte y me saliste con la tontería de que te habías ido con Luisa, jajajajaja. Si no hubiera sabido que esa chica era novia de una de mis compañeras de clase, tal vez te hubiera creído. En ese momento llegó Archie a decirme que había encontrado a Candy dormida en uno de los closets, al tenerla enfrente, me di cuenta de que una de sus alas ya no estaba en su sitio.
Antes de irnos, ella entró al baño y uno de mis compañeros se acercó para decirme que los había visto en el parque. Dominado por los celos, caminé de prisa hacia ese lugar, solo para darme cuenta de que mis sospechas eran ciertas, ya que ahí estaba tu gaita y el ala que le hacía falta a mi hada. Ni siquiera supe cómo reaccionar, sentía el corazón roto y tenía un remolino de emociones dentro de mí, de lo único que estaba seguro, es que no me iba a dejar vencer por un chamaco sonso, así que tome la gaita, regresé a la fiesta y se la di a Archie para que me la guardara. Obviamente no le dije ni una sola palabra a Candy.
Reconozco que me alegré cuando te vi llegar a la escuela con ese enorme chichón morado, y mi felicidad fue mayor cuando Candy me dijo que estarías castigado por un mes, en ese momento creí que era el castigo que te merecías por quererme quitar a mi novia. El resto de la historia ya la conoces, al final tuve que aceptar que ustedes dos estaban enamorados y que no podía seguir haciéndome tonto ante esa situación, así que tomé la mejor decisión de toda mi vida: hacerme a un lado… Y hace tres años, por salud mental, volví a tomar la misma decisión.
El tiempo pasó y nunca encontré el momento indicado para devolverte la gaita, con los años me olvidé por completo de su existencia. Fue hasta el año pasado que la encontré, mientras limpiaba la casa que mi abuela tenía en Chicago. Me sentí avergonzado por haberla conservado durante tantos años y no supe de qué manera devolvértela. Cuando supe que ustedes dos por fin se iban a casar, supuse que sería un buen regalo de mi parte, es por eso que decidí enviarla de regreso con su dueño y con este gesto, quiero que sepas que, al menos de mi parte, no existen rencores.
Les deseo toda la felicidad del mundo a los dos.
Atentamente, Terrence Grandchester.
Candy y yo volteamos a vernos y comenzamos a reír.
- ¿Le dijiste que te habías ido con Luisa al parque?
- Fue lo primero que se me ocurrió.
- Ella era lesbiana.
- Yo que iba a saberlo.
- Todos lo sabían…
- Pues yo no…
- Ay Albert… Bueno, al menos ya sabemos que fue lo que pasó con tu gaita – Me dice sonriendo.
- Creo que Rose va a reír mucho cuando se lo cuente…
Si bien Terry y yo nunca vamos a ser los mejores amigos, al menos hemos logrado llevar una relación bastante cordial, sobre todo por Bill, que le tiene un cariño muy grande y especial. Poco tiempo después de recibir la gaita, él comenzó a salir con una actriz pelirroja de su misma compañía teatral, ellos mantuvieron una relación por mucho tiempo, hasta que por fin se casaron, hace dos años y medio. Ante la insistencia de Bill, fuimos a la dichosa boda, la cual fue muy sencilla, pero elegante; en la celebración también estuvieron presentes Archie y Stear, con sus respectivas familias, por lo que no me sentí tan incómodo. Nueve meses después de haber contraído matrimonio, nació su primogénita, a la que llamaron Eleanor, al igual que su madre y que su abuela.
Los siguientes tres años fueron sumamente felices, en especial cuando Bill comenzó a llamarme Papá. No niego que hemos tenido nuestras discusiones, sobre todo cuando él entró de lleno a la adolescencia y es que no sé de dónde sacó ese don de meterse en tantos problemas, ¡JA! Siempre he tratado de comportarme más como su amigo, que cómo un padre controlador y hasta el momento me ha funcionado; si de algo estoy seguro, es que yo no quiero ser jamás como mi papá y bajo ese pensamiento, trato de darle la libertad suficiente para que tome sus propias decisiones, aunque claro, siempre estamos al pendiente de él, para evitar que tome algún camino equivocado.
Poco después de que mi primogénito cumpliera 15 años, Candy se embarazó de nuevo, yo estoy cien por ciento seguro de que Joshua es producto de la celebración de nuestro aniversario de bodas. La verdad es que ninguno de los dos esperábamos quedar embarazados, creíamos que tres hijos eran suficientes, pero aun así, recibimos a nuestro pilón con mucha emoción. De todos nuestros hijos, él es el que más se parece físicamente a su madre, aunque creo que tiene el mismo carácter tranquilo que yo.
Llegamos a Nueva York a las siete de la noche, Terry insistió en que fuéramos a cenar con él, así que nos dirigimos a su casa. La velada transcurre de forma amena, su esposa es una mujer muy amable y también muy divertida; de vez en cuando ella suelta uno que otro comentario picante, que nos hace reír. Cerca de las diez de la noche nos vamos a nuestro hotel, ha sido un día cansado, y mañana lo será también, ya que tendremos que recorrer la ciudad en busca de un departamento para nuestro hijo.
Mientras me desvisto, Candy se acerca a mí y me abraza por la espalda.
- Nunca imaginé que llegaría el día en que Bill emprendería su propio camino – Me dice.
- Es parte de la vida, amor.
- Tengo miedo de que se quede aquí solo, de que le pase algo, de que haga tonterías.
- No está solo, estoy seguro de que Terry lo va a cuidar. Y sobre hacer tonterías, bueno, todos las hacemos, pero es gracias a esos errores que cometemos, que podemos rectificar el camino y convertirnos en mejores personas.
- Lo voy a extrañar – Susurra, recargando su cara a mi espalda, puedo sentir que está llorando. Me volteo y la abrazo con fuerza.
- Yo también, pero no podemos truncarle el camino… Lo sabes.
- Sí, lo sé, pero no por eso deja de dolerme el tener que separarme de él.
- No se va a ir al fin del mundo, podemos venir a visitarlo seguido.
Ella sonríe – Sí, tienes razón.
Yo seco sus lágrimas con mis dedos y después comienzo a besarla – Además, todavía tenemos en casa a tres pequeños traviesos, que no se irán pronto.
- Sobre todo Josh.
- Mucho menos Josh…
Comienzo a desvestirla lentamente, a pesar de los años, mi deseo por ella sigue igual de vivo que cuando éramos un par de adolescentes, al igual que mi amor. Sé que aún me quedan muchas cosas por vivir, agradezco al cielo el que pueda vivirlas junto a ella.
HOLA CHICAS LINDAS, PUES BUENO, QUISE SUBIR DE UNA VEZ EL EPÍLOGO, APROVECHANDO QUE LOGRÉ TERMINARLO DURANTE LA NOCHE. SÉ QUE LES HABÍA DICHO QUE IBA A COMENTAR SUS REVIEWS, Y NO LO HICE (SÍ, NO TENGO PERDÓN DE DIOS), PERO AHORA SÍ, LES PROMETO POR CHUCHITO QUE EN EL TRANSCURSO DE LA NOCHE LOS RESPONDO, DE VERITAS!
GRACIAS POR TODO SU APOYO, POR TODOS SUS COMENTARIOS, POR SEGUIRME, POR PONERME EN SUS FAVORITOS, DE VERDAD (COMO DIRÍA GUSTAVO CERATTI) GRACIAS TOTALES!
LES MANDO UN ABRAZO FUERTE Y AFECTUOSO, NOS LEEMOS EN LA NOCHE (O EN EL TRANSCURSO DE LA MADRUGADA)
QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA.
