Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 20: Porque te Amo.
La vida de ella ha sido sencilla, insignificante hasta cierto punto. Viviendo en un lugar donde la tecnología no ha llegado del todo, un lugar donde las personas cuentan con ella para lo que sea.
Sus posibilidades para abandonar ese lugar siempre fueron escasas, y aunque hubieron, porque si lo hicieron, ella nunca quiso dejar su hogar. Pero, ¿quién diría que el momento de partir llegaría? A esa altura de su vida, al llegar a su vejez, el momento de decirle adiós a su hogar llegaría.
Algunos años atrás, había ido a trabajar a la ciudad vecina en el hospital como enfermera y también fue niñera de una jovencita cuando sus padres debían viajar por negocios. A ella la recordaba muy bien, una joven soñadora con un espíritu aventurero. Soñaba con una historia de amor alucinante, digna para inspirar escritos sobre ella.
Limpió el sudor de su frente y salió por algo de aire fresco, el parto que había estado atendiendo había sido largo y complicado, pero afortunadamente todo salió bien. Las mujeres del pueblo confiaban en ella ciegamente, preferían recurrir a ella antes que ir a la ciudad en busca de especialistas. Aunque ella era consciente de que algunas ocasiones, lo mejor era ir a un hospital. Ella no tendría el valor de practicar una cesárea de emergencia.
— ¿Es usted a la que conocen cómo Nekobaa?— preguntó una voz a sus espaldas. Se giró sorprendida, encontrándose con un hombre de cabello rosa oscuro y una amigable sonrisa. Él se le hacía extrañamente familiar, sólo que no recordaba de dónde.
— Así es— confirmó con cautela. Ella vivía entre gatos, y si había algo que aprendió de aquel mezquino animal, es ser desconfiada.
— Usted fue alguien muy especial para mí mujer— dijo sin perder esa sonrisa que comenzaba a molestarle, ese hombre no le inspiraba confianza— supongo que la recuerda... su nombre era Mebuki.
— ¿Era?— interrogó angustiada.
— Ella murió hace años— confesó con pesar.
— No puede ser... la última vez que la vi, era un mujer llena de vida— comentó, aún escéptica por la trágica noticia.
— Fue algo repentino— respondió— un lamentable suceso que trajo pesar a mi familia e hizo de nuestra única hija, una niña rebelde que huyó de casa— se lamentó— y ahora que la he encontrado, yo no puedo lidiar con ella... soy un hombre ocupado y me apena mucho no poder cuidar debidamente a mi hija.
— ¿Qué es lo que pretende?— cuestionó la anciana.
— Quiero llevarla conmigo para que cuide de ella, vigilarla y evitar que escape de nuevo— contestó— no puedo pensar en alguien mejor que usted, ella ya ha sabido burlar a mis hombres y...
— Aceptaré ir con usted— interrumpió. De cierta forma le angustiaba pensar en esa pobre niña rodeaba de hombres que probablemente quieran sobrepasarse con ella.
El Haruno sonrió para sus adentros, la anciana cayó en su trampa. Sin saberlo, Sakura sería su prisionera. Ella sólo creería estar protegiendo a la hija de la mujer que él mató, sin entender, que él es el único peligro del que debería cuidarse...
...
— ¡Que linda sorpresa!— exclamó Izumi en cuanto nos vio parados al otro lado de la puerta.
— Le pedí a Sasuke-kun que viniéramos a visitarlos— dijo Sakura emocionada.
— ¿Nii-san no está?— pregunté.
— Salió hace rato, dijo que no iba a tardar— respondió.
— Dijiste que querías hablar con él— comentó Sakura.
— Le diré después— dije restándole importancia al tema.
— Oh, está bien— contestó con una sonrisa.
Sakura llamó esta mañana, poco antes de la salida del sol, con la idea de querer visitarlos. Le dije que lo mejor era ponerlos sobre aviso, pero dijo que no podía esperar tanto. Supuestamente, Gaara y Temari también vendrán aquí. O eso fue lo que me dijo, cuando veníamos en el tren.
Me distraje con un libro que compré en la estación de camino a aquí, mientras Sakura e Izumi están entretenidas viendo las fotos de la boda.
— ¿Los bebés para cuándo?— interrogó Sakura entusiasmada. Fue la única parte de la conversación que me atrajo la atención.
— Decidimos esperar hasta establecernos mejor— contestó Izumi— sé que él quiere tenerlos pronto, pero yo insistí en esperar un poco para ello... pero si se da antes de tiempo, de igual manera será recibido con mucho amor.
— Tener un bebé no es fácil— divagó Sakura— he sido testigo de ello día con día, Suigetsu y Karin-chan han tenido llegado a tener dificultades económicas. Algunas veces han tenido que buscar dinero prestado cuando Hotaru enferma. Llegué a pensar en irme a vivir con Tsunade cuando aún estaba en Japón, pero ellos se rehusaron a dejarme ir...
Imagino lo terrible que será para ellos si Sakura se va. He pensado mucho en ello, demasiado. Estoy un tanto paranoico y la falta de noticias por parte de Kakashi, no ayuda a disminuir mi ansiedad ni un ápice.
— Estoy en casa— la voz de mi hermano me sacó de la lamentable dirección que estaban tomando mis pensamientos.
— Bienvenido, cariño— ella se levantó y fue a recibirlo— Sasuke y Sakura-san vinieron a visitarnos.
Itachi entró a la sala, cargando unas cuantas bolsas. Saludó a Sakura y luego se plantó frente a mí, observándome fijamente.
— Insisto, deberías considerar lucir así todo el tiempo— comentó burlón.
— Deja las estupideces— ataqué— no haré tal cosa.
— ¿Por qué no? Te ves bien así, casi tan bien como yo— dramatizó. Puse los ojos en blanco.
— Sakura, nos vamos— informé poniéndome de pie.
— Vamos, no seas tan drástico— me palmeó el hombro— sólo bromeaba, ¿dónde está tu sentido del humor?
— No tiene— intervino Sakura riendo.
— Cierto— concordó Itachi, soltando una sonora carcajada.
— Hmp... sí que fastidian— gruñí entre dientes.
— Sasuke-kun, es una pequeña broma— Sakura trató de abrazarme.
— Lo siento, pero mi chica tiene el cabello rosa— dije apartándola de mí. Sakura desencajó la mandíbula y luego hizo un mohín con sus labios.
— ¡Sasuke-kun!— chilló indignada.
— Es una pequeña broma— repetí con sarcasmo. Me acerqué a ella y le hablé al oído— esto lo resolvemos a solas.
— Idiota— susurró con las mejillas encendidas.
— Sasuke, ¿podemos hablar un momento?— preguntó Itachi serio. Fruncí el ceño, su tono de voz no me agrada. Es difícil saber que es lo que está pasando por su cabeza en ese momento.
Decidí seguirlo, él interpretó mi silencio como una respuesta afirmativa, así como yo intuí que él quería que fuera con él. Nos alejarnos lo suficiente para que ellas no sepan lo que él quiere decirme. Subimos varios pisos, hasta que finalmente, salimos a azotea del edificio donde ellos viven. Itachi caminaba de un lado al otro, mientras yo lo observaba recostado a una pared.
— ¿Vas a caminar todo el día o me dirás por qué me trajiste aquí?— cuestioné con fastidio.
— Dime, hermano— comenzó indeciso— ¿En qué estás metido?, ¿Qué me estás ocultando?
— Sé más claro— dije confundido.
— He escuchado cosas...— comenzó— cosas que te involucran a ti y a ella. Escuché a un superior hablar de Sakura, algo que tiene que ver con ella.
— No es nada de lo que debas preocuparte— aseguré.
— ¿Cómo puedes decir que no me preocupe? La policía está involucrada en esto, se dice que alguien va a brindarle protección... ¿qué es lo que sucede?
— No es algo que yo tenga el derecho de revelar— sentencié— eso es cosa de ella.
— Tú lo sabes todo ¿No es así?— inquirió.
— Lo sé, me costó un tiempo averiguarlo— respondí— Ella me lo confió y yo decidí confiarle lo que me sucedió.
— ¿Ella sabe eso?— balbuceó atónito— No te gusta hablar sobre eso...
— Decidí que ella merecía saberlo— alegué.
— Dejaré de insistir— suspiró resignado— sólo si me prometes que esto no representa un riesgo para ti o para ella.
Permanecí en silencio por un rato, no puedo prometer algo que ni yo mismo tengo la certeza de que es cierto. Obviamente estamos en peligro, sólo que no le diré que tanto. Yo los entendí hace mucho y los acepté, acepté meterme en la boca del lobo, acepté que podría morir y que no permitiría que ella hiciera. Pero yo puedo fallar, el destino está escrito y lamentablemente, no puedo saber que es lo que nos depara a todos. Sobretodo a ella.
— Sí, lo estamos— respondí después de un rato. Itachi sabe que es mentira, lo veo en sus ojos. Pero él no dirá nada, porque sabe tan bien como yo, que ya tomé mi decisión.
— Cuenta conmigo para lo que sea— ofreció— sólo te pido una cosa...
— ¿Qué es?— pregunté.
— No mueras— declaró sonriendo. Caminó hacia mí y me dio un pequeño golpe en la frente— estúpido hermano menor.
Llevé una mano hacia donde me había golpeado, no pude evitar sonreír con nostalgia. Extrañaba que hiciera eso.
— No puedo prometer algo así— dije en un susurro. Pero él no alcanzó a escucharlo, ya se había ido.
...
— ¿Qué les pasará a ellos?— pregunté preocupada.
— No lo sé— masculló pensativa— desde hace días Itachi-kun tiene la idea de querer hablar con Sasuke. No quiere decirme de qué trata, pero sé que no se quedará tranquilo hasta conseguirlo.
— Sasuke-kun tampoco me dice nada, está raro— aventuré— me complace en lo que le pido, eso era difícil de conseguir antes. Hace cualquier cosa, sin importar lo tonto que sea— relaté— a comienzos del años escolar, él me pidió que hiciera una lista con las cosas que quería hacer y yo lo hice, pero siendo honesta, creí que él se negaría a cumplir muchas de las cosas que allí estaban escritas. Pero no lo hizo, ha cumplido con cada cosa que allí estaba; excepto por supuesto, las que están a largo plazo.
— ¿Has intentado hablarlo con él?— quiso saber.
— Sí, pero su respuesta es la misma en cada ocasión... "Lo hago para aprovechar las vacaciones"— recité recordando cada ocasión en la que traté de conocer sus razones.
— Él, o mejor dicho ambos, son difíciles de leer— comentó ella— hay veces que no entiendo lo que esconde detrás de su mirada y creo que a ti te sucede lo mismo. Aunque ellos...
— Parecen leerse el pensamiento— completé en su lugar. Ella asintió dándome la razón.
— Ojalá nosotras tuviéramos esa capacidad— admitió riendo.
— Algún día lo haremos, es sólo cuestión de tiempo— añadí con seguridad.
Ambas intercambiamos opiniones hasta que lo escuchamos llegar. Itachi entró primero, seguido de Sasuke. El mayor lucía tan jovial como de costumbre, mientras que Sasuke se notaba pensativo. Me levanté y me acerqué hacia él con cautela.
— ¿Es algo que yo pueda saber?— pregunté angustiada.
— No es nada— aseguró, dándome un beso la frente— quita esa cara ¿sí? Te queda mejor una sonrisa.
— Pero...— debatí.
— Sakura, tus amigos vendrán a verte pronto, ¿quieres que te vean en esas condiciones?
— Tienes razón, perdóname— accedí.
— No te disculpes, es mi culpa por preocuparte demasiado— rozó mi mejilla con sus dedos— sonríe— pidió— te ves bonita cuando lo haces.
Le dediqué una enorme sonrisa, una que salió desde lo más profundo de mi corazón. Él casi no sonríe, aunque él siempre tendrá una sonrisa para mí, una que yo atesoraré sin importar lo pequeña que ésta sea. Y ese momento pude verla, su mejor sonrisa, una que es para mí y sólo para mí. Una que hace que me vuelva a enamorar de él, hace mi corazón acelerarse desaforado y me recuerda el porqué lo amo.
Esa noche cenamos juntos aprovechando que estábamos todos reunidos, los chicos vinieron a verme como lo habían prometido. Izumi insistió en que nos quedáramos a pasar la noche. Realmente lo disfruté, nos reunimos en la sala y contamos historias, hasta que nos quedamos dormidos todos en ese lugar. Izumi y yo lo catalogamos como una pijamada, aunque los hermanos insistieron en que no le pusiéramos ese nombre tan ridículo.
Un par de días después, esa tarde estaba muerta de aburrimiento. No tenía nada que hacer, Hotaru tomaba su siesta, Karin y Suigetsu estaban metidos en su habitación viendo películas, disfrutando del poco tiempo que tienen para ellos solos. Sasuke no me había llamado en todo el día y las demás personas, parecían estar ocupadas con sus propias vidas.
Casi chillé de alegría cuando me entró una llamada de él.
— ¡Sasuke-kun!— clamé emocionada.
— Tanta emoción me confunde— ironizó.
— Estaba por llamarte, me muero de ganas por verte— comenté.
— Es tu día de suerte, iré a buscarte— informó.
— ¿En cuánto tiempo?— interrogué.
— Una hora— contestó— ¿Algo que quieras que te lleve?
— Helado, por favor— supliqué con voz infantil.
— Te veo al rato— cortó la llamada.
Saqué una vestido verde claro, con estampados de flores rosas y amarillas. Tenía ganas de arreglarme un poco más que de costumbre, sentirme hermosa y que él me viera hermosa.
Fui al baño para darme una rápida ducha, al verme al espejo, me di cuenta que siempre llevo el mismo peinado. Entonces quise hacer algo diferente con mi cabello. De camino a mi habitación, noté que Hotaru ya no dormía y que toda la familia estaba en la sala.
Me puse el vestido y comencé a rizar las puntas de mi cabello, mientras tarareaba las canciones de mi lista de reproducción.
— Sakura, quiero hablar contigo— dijo Karin entrando a mi habitación. Ella sonaba extrañamente seria, inclusive quitó el honorífico de mi nombre.
— Sí, claro, ¿qué sucede?— pregunté. Terminé de arreglar mi cabello y volteé a verla, su ceño estaba ligeramente fruncido, al igual que sus labios.
— ¿Acaso tú...?— su pregunta quedó al aire, ya que fue interrumpida por el grito de Suigetsu desde afuera.
— ¡Sakura, tienes visitas!— avisó. Miré a Karin esperando a que continuara, pero ella simplemente negó ligeramente con la cabeza.
— Olvídalo, seguramente se trata de suposiciones mías— comentó dirigiéndose a la puerta. Sus palabras sembraron una duda en mi interior, pero rápidamente lo dejé en el olvido al recordar que Sasuke está esperando por mí.
— Es extraño que llamaras— pronuncié llegando hasta él. Él dejó a Hotaru en el suelo, junto a su área de juegos y volvió hacia mí.
— Hablas como si nunca lo hiciera— respondió arqueando una ceja.
— Sabes de qué hablo— argumenté haciéndome la ofendida.
— Tengamos una cita— soltó, tomándome de la mano— por cierto, traje el helado que me pediste— levantó la bolsa que llevaba en su mano libre. Corrí a la cocina para buscar una cuchara y salí a su encuentro.
— No vuelvas muy tarde— ordenó Karin. Me despedí con una señal de la mano.
— ¿A dónde me llevas?— pregunté distraídamente, mientras le quitaba la tapa a mi helado. Él me miró de reojo y habló.
— Un lugar al que no he tenido el valor de llevarte.
— ¿Un lugar al que no has tenido el valor de llevarme?— repetí curiosa.
— Así es— reafirmó— lo verás cuando lleguemos.
Busqué su mano de regreso justo después de terminar el helado. Consideré el no manchar mi vestido como un deporte extremo que gané con mucho esfuerzo. La verdad no quería arruinarlo, me gusta mucho, no sólo porque es precioso, sino porque él me lo regaló.
Traté de buscar respuestas al entrar al bosque, pero Sasuke no parecía dispuesto a darlas. Estaba más concentrado en el camino que en cualquier cosa.
— Dijiste que nadie podía venir aquí— musité sorprendida. Estábamos parados frente al enrejado que lleva al bosque prohibido.
— Eso dije— respondió— pero si nadie se entera, no hay problemas.
— ¿Cómo pretendes que entremos?— pregunté aún escéptica por la situación.
— Ser hijo del jefe de la policía, tiene sus ventajas— dijo sacando una llave de su bolsillo. Introdujo la llave en el candado y abrió un poco la reja con dificultad, dejando un espacio lo suficientemente grande como para que una persona pasara.
— Entra— ordenó. Sin embargo, no me moví ni un ápice. Ese lugar me da miedo y también enojo, por todo lo que esa reja frente a nosotros representa— por favor— suplicó en un susurro.
Asentí levemente y entré. Observé el entorno temerosa, esperando que él volviera a cerrar la reja y nos llevará hacia donde pretende llevarme. Sentí sus brazos rodearme desde atrás.
— Créeme que para mí también es difícil estar aquí— admitió. Sonreí para mis adentros, podía sentir el leve temblor en sus manos.
— Estaremos bien— aseguré apretando sus temblorosas manos.
Cruzamos el bosque, Sasuke parecía observarlo todo con detenimiento. Seguramente recordando su experiencia en ese lugar. Todo era tal cual él lo describió, ahora todo tenía más sentido en mi cabeza.
— Fue aquí— pronunció fríamente.
Me adelanté un poco, sentía el peso de su mirada a mis espaldas. Lejos de lo que pudo haber ocurrido aquí, pienso que es un lindo lugar. Un círculo, rodeado por árboles y la luna le da un toque mágico.
— Justo en ese lugar donde estás de pie, me dejaron tirado— señaló Sasuke— y allá...— señaló un árbol que está a su derecha— tenían atado a Naruto.
Por unos instantes, me imaginé a Naruto amordazado en ese lugar, forcejeando desesperado por salvar a su amigo. Visualicé a mis pies, a Sasuke inconsciente. La imagen me trajo un malestar en pecho, odiaría verlo así, lo último que desearía ver. Con sólo imaginarlo, las lágrimas arden en mis ojos, mi ser se llena de desesperación.
— A veces me encuentro en este lugar— continuó— se supone que mi vida tendría que haber acabado ese día, pero aquí estoy... este lugar me hace recordar eso constantemente, sobretodo cuando dudo de lo que debo hacer, y la razón por la que pude seguir con vida— su mirada parecía perdida en algún punto del cielo— la primera vez fue cuando quisiste salvarme de Inuzuka y saliste herida. Aquella vez, antes de darme cuenta, ya estaba aquí. Yo estaba furioso, te detestaba por haberme detenido de darle la paliza que siempre había querido darle, te odiaba por ser tan molesta como para causar todo ese alboroto...
— Lo lamento— me disculpé. Recordé aquella vez, lo único que podía hacer era pedirle perdón por todo.
— Golpearía a miles de Inuzukas, con tal de no volver a permitir que te vuelvan a tocar— aseveró.
— Continúa— pedí conmovida.
— Las visitas aquí se volvieron más constantes, siempre por una misma razón... tú— confesó— nadie más que tú. El resultado de la apuesta, mis celos por Gaara, los meses que tardé en darme cuenta lo que de verdad sentía por ti.
— Yo haré que tu mal recuerdo de este lugar, sea uno bueno— declaré sonriendo. Su rostro permaneció imperturbable, pero vi la duda reflejada en sus ojos.
Él no hará preguntas, Sasuke no es de los que hace preguntas cuando no lo cree conveniente. Él sólo dejará que yo lo guíe en lo que le estoy ofreciendo.
— Hay una cosa que no he podido hacer aún, algo que no incluí en la lista porque no lo creí necesario— continué— no, en realidad dudaba que aceptarás cumplirlo. Pero ahora me doy cuenta que lo harías.
— Dímelo— ordenó con suavidad.
— Quiero bailar contigo— confesé con nerviosismo— nunca he tenido la oportunidad de hacerlo.
— Pues yo sólo sé lo que veía de niño— dijo— mis padres pocas veces salían a disfrutar un tiempo a solas como pareja, así una vez por mes, los viernes por la noche, ellos disfrutaban de una velada sólo para ellos. Mamá encendía el estéreo y comenzaban a bailar, mientras ella le cantaba al oído. Mi padre me dice que todo en mí, le recuerda a ella. Mi aspecto físico y que heredé cada uno de sus talentos...— se detuvo abruptamente. Lo miré confundida, quería entender qué le pasaba. Quizás quiere irse pronto de aquí.
— Ven— le ofrecí mi mano— baila conmigo, Sasuke-kun— él no se movió ni un centímetro. Sin embargo, insistí en mantenerla extendida hacia él.
Sus ojos se clavaron en mi mano, pensé que el ofrecimiento sería rechazado. Su rostro no expresaba nada, su mirada no mostraba emoción alguna, sus manos se mantuvieron medidas en los bolsillos de su pantalón
Desvié la mirada, no quería viera como su indiferencia me entristeció. Sabía que esas cosas no le gustan, pero en el fondo esperaba que aceptara. Él ha cambiado mucho desde que lo conocí, creí que accedería a complacerme en algo así. Bajé mi mano con lentitud, pero antes de que pudiera recogerla por completo, él la tomó.
— Olvídalo— dije en un susurro— no tienes que hacerlo sino quieres.
— ¿Sin música?— inquirió burlón.
— Eso no me importaría, sólo quiero que bailes conmigo— afirmé mordiendo mi labio inferior ansiosa.
— Tch, molestia— tiró de mi brazo y me pegó a su cuerpo— haz lo que te ordene— indicó, asentí en respuesta. Puso mi mano izquierda en su hombro y sostuvo la derecha, rodeando mi cintura con su brazo libre— apóyate en mis pies.
— ¿Estás seguro?— pregunté dudosa— últimamente... he subido de peso— musité avergonzada.
— No importa— comentó encogiéndose de hombros— No es como si me importara ¿No lo crees, Sa-ku-ra?— masculló con voz ronca.
Solté una risita nerviosa y coloqué mis pies sobre los suyos. Sus pasos eran ligeros, como su andar. Se movía de una manera maravillosa. En cuanto supe qué hacer, decidí seguirle el paso a mi manera. No había nada ni nadie que opacara la sonrisa de mi rostro. Me giró unas cuantas veces, me levantó por la cintura y nos dio una vuelta. Me inclinó hacia atrás con delicadeza y luego me atrajo de vuelta a él con lentitud, juntando nuestras frentes.
Cerré los ojos y me dejé llevar. Me abracé a su cuello y rocé suavemente su nariz.
— Te amo— susurré contra sus labios. No hubo respuesta de su parte, como siempre. Espero que lo haga, espero ansiosa escuchar esas dos simples palabras de sus labios y sentirme completa. Él me lo demuestra con acciones, como justo ahora. Como cada vez que se lo digo, él sólo se limita a besarme con delicadeza, igual que ahora.— Desearía que algún día me lo dijeras...— suspiré sin poder evitarlo.
Abrí los ojos desmesuradamente al darme cuenta de lo dije y me aparté un poco para mirarlo con atención. El baile se detuvo, su ceño se frunció levemente.
— No tienes que...— traté de decirle, pero me interrumpió.
— Yo...— comenzó vacilante— yo te... yo— desvió el rostro sonrojado— y-yo te a...— pasó saliva. Respiró profundamente intentando serenarse para volverlo a intentar— yo...— no pude contenerme más y comencé a reír— ¡No te rías!— reclamó furioso— es difícil para mí expresarme...
— Lo sé, mi amor— respondí entre risas— no me estoy burlando de ti, sólo me causó ternura ver cómo te esforzabas por decirlo. Realmente te lo agradezco— le di un beso en la comisura de los labios— pero no lo digas si no puedes, hazlo cuando sientas que puedas hacerlo. Yo te esperaré, siempre.
— Molestia— gruñó abochornado.
— Lo soy— acepté volviendo a reír.
— Guarda silencio— ordenó repentinamente serio. Me estrechó con fuerza entre sus brazos, los músculos de su espalda se tensaron por completo. Sus ojos se movieron de un lado a otro con atención. Agudicé el oído, escuchando la razón por la que Sasuke se había puesto así. Eran sonidos de pisadas, venían de entre los árboles.
— Vámonos de aquí— dijo en voz baja. Nos escondimos detrás de un árbol, esperando el momento indicado para escapar o conocer las personas que nos acompañan.
—... Te dije que no les quitaras los ojos de encima— la queja vino de una voz masculina— ahora no sabemos a dónde fueron.
— No me pagan lo suficiente como para estar vigilándolos todo el día— debatió otra voz masculina.
— ¿Estás seguro que entraron a este bosque?— preguntó el primero con fastidio.
— No lo sé— respondió el otro— pero estaba abierta la reja...
Antes de que llegaran hasta donde estábamos, Sasuke me jaló y comenzamos a correr. No entiendo que está pasando, pero entendí que nos están buscando.
— ¿Qué está sucediendo?— pregunté desesperada.
— Sólo puedo pensar en que...— hizo una pausa mientras terminaba de ponerle llave al candado. Su plan era dejarlos encerrados allí, sin importar que les pueda suceder, pues nadie puede salir de allí si no es con la llave—... te encontraron— declaró en tono sombrío.
— ¿Qué?— musité sin aliento. No, esto no puede pasarme. No ahora, no cuando soy absolutamente feliz.
— Si piensan llevarte, tendrán que pasar sobre mi cadáver ¿Lo entiendes?— sentenció. Me dio un beso en la frente, me tomó de la mano y corrió. Sacarnos del bosque era su objetivo, el camino de regreso a casa es largo, sólo espero que lleguemos sanos y salvos.
...
Por fin su tortura llegaría a su fin, el día donde culminaría la misión que su señor le impuso. Estaba cansado de tener que perseguir a esa niña, lo único que quería ahora era llevarla ante su padre y continuar con su trabajo de siempre.
Lamentaba no haber sido él quien la encontrará, odiaba de sobremanera tener que estar bajo la órdenes de esa serpiente.
Ocultó la furgoneta que los trasladaba en un arboleda a las afueras del pueblo.
— ¿Cuál es el siguiente paso, Orochimaru-sama?— preguntó Fū— los ineptos a los que sobornó, aún no le han dado noticias— le recordó con sarcasmo.
— Sé que están fuera de sus casas— respondió.
— Recuerden la discreción— intervino Danzo. Necesitaba recordarle a sus subordinados que él también estaba al mando. Ellos no tenían derecho al olvidar para quién trabajan y lo que pasaría en caso de alguna insubordinación de su parte.
— Escuchen— comenzó Orochimaru, ignorando la advertencia del anciano— el vejestorio y yo iremos por la chica, ustedes encárguense del muchacho.
— Para mí será un placer— aceptó Fū con una sonrisa macabra.
— Y recuerden...— continuó amenazante— no hagan nada que pueda alertar a la policía ¿Entendido?
— Sí— respondieron Fū y Torune al unísono.
— Andando— ordenó Orochimaru. Los jóvenes se perdieron en las oscuras calles del pueblo, esperando el momento apropiado para atacar su objetivo.
...
Karin sonrió al escuchar las risas provenientes de la sala, su esposo jugaba con su pequeña. Ambos reían. Ella amaba esos momentos en familia, la pelirroja no creyó que él sería un buen padre. Pero él le ha demostrado que estaba equivocada, Suigetsu adora a su hija, ella es su adoración y él la de ella.
Acomodó las galletas que horneó en la mañana en una bandeja, con dos tazas de café y el biberón de su hija. Procuró guardarle algunas a Sakura, o si no armaría un drama por lo que restaba de semana.
— ¡Galletas!— exclamó emocionado al verla llegar con la bandeja.
— Pareces un niño— comentó divertida— ni siquiera tu hija se emociona tanto por su comida— mentira, se dijo a sí misma. Hotaru demostraba que su personalidad sería similar a la de su padre. Sus ojos morados se iluminaron en cuanto su madre le entregó su preciado alimento.
Escucharon un par de toques en la puerta, ambos intercambiaron miradas extrañados.
— ¿Quién será a esta hora?— preguntó él con recelo.
— Seguramente Sakura-chan olvidó sus llaves— dijo Karin restándole importancia a las preocupaciones de su marido— esa niña anda en las nubes cuando se trata de Sasuke-kun— se quejó— mejor iré a abrirle, va a tener que escucharme.
— Mamá va a ponerse más roja que su cabello— dijo riendo. La pequeña pelirroja miró a su padre sin entender nada y le sonrió.
Karin se plantó frente a la puerta, abriéndola de golpe. Sus reclamos hacia la chica murieron en su garganta, en el momento en el que vio las personas que estaban frente a su puerta.
Un par de hombres, uno más aterrador que el otro. Quería gritar, pedir ayuda, pero el miedo la tenía paralizada. Trató de cerrar la puerta, pero la mano del más joven se lo impidió.
— Yo no haría eso si fuera tú— señaló el más viejo, apuntándola con su arma— si intentas algo estúpido, tú y tu familia mueren.
Karin tembló atemorizada y retrocedió, concediéndoles el paso a su hogar.
— ¿Qué sucede, Karin?— preguntó Suigetsu al ver a su esposa volver a la estancia, pálida de muerte y una expresión de horror en su rostro. Ella no respondió nada, simplemente tomó a la niña en sus brazos y se quedó parada a su lado— ya dime qué...— la respuesta que esperaba apareció ante él. — ¿Quienes son ustedes?— demandó interponiendo su cuerpo entre su familia y esos sujetos.
— No queremos molestar— aseguró Danzo— sólo queremos a la chica de vuelta.
— ¿Cuál chica?— se atrevió a preguntar. Aunque era más que obvio, ninguna persona común, tendría tras su pista a ese tipo de gente, excepto Sakura.
— No te hagas el idiota, sabes tan bien como yo a quién nos referimos— dictó con frialdad.
— Ella no está aquí— intervino Karin desafiante— ella no vendrá ahora— en el fondo esperaba que así fuera, deseaba con ahínco que Sakura no apareciera ahora, que de alguna manera se haya enterado de la situación y ella hubiera escapado.
— Mala respuesta— siseó Orochimaru amenazante. Se acercó lentamente hacia la familia, Suigetsu se puso en posición, estaba dispuesto a pelear para proteger a sus mujeres. Pero el hombre lo apuntó con un arma— pongan a la niña en ese lugar— ordenó señalando la silla de comer de la niña. Sin embargo, ninguno de los dos hizo ademán de obedecer— ¡Háganlo!— gritó abofeteando a Suigetsu con la misma mano donde sostiene su arma, mandándolo al suelo.
— ¡Suigetsu!— chilló Karin asustada.
— Haz... lo que dice— pidió con dificultad. Intentó levantarse, pero una patada en medio del rostro, lo obligó a volver a echarse en el suelo.
— Ya no siga, por favor— suplicó desesperada— haré lo que me pida, pero ya no lo golpee.
— Entonces, habla— demandó Danzo— ¿Dónde está la mocosa?
— No está aquí— respondió. Con el dolor de su alma, colocó a la niña en la silla donde le ordenaron que lo hiciera. Al instante ella comenzó a llorar, reclamando la presencia de su madre.
— ¿Dónde?— insistió.
— No lo sé, ella salió— dijo con sinceridad. El hombre no pareció convencido de su respuesta y con una simple mirada, le ordenó al otro que golpeara de nuevo a su esposo. Suigetsu soltó un quejido cuando Orochimaru le dio otra patada, esta vez en el estómago— ¡Ya no siga, es la verdad!— bramó con desesperación.
— Ya que no pretenden colaborar...— suspiró con falso pesar—... tal vez un incentivo te ayude a aflojar la lengua— finalizó apuntando su arma a la bebé.
Karin se encontraba entre la espada y la pared. Toda su familia era amenazada, su esposo sometido en el suelo, golpeado por ese hombre y su hija apuntada por esa horrible arma. Lejos de desear con egoísmo que Sakura regrese, rezaba para que ella pudiera haber escapado y, cuando estos hombres se dieran cuenta que no encontrarían nada allí, se vayan sin hacerles más daño.
...
Miraba a todos lados en busca de alguien que nos este siguiendo. Sasuke corría, sin soltar mi mano, obligándome a seguirle el paso. Suspiré aliviada en cuanto visualicé las escaleras de los apartamentos.
— Escúchame, entra y asegura la puerta. No abras al menos que yo te avise primero, si no lo hago, por nada del mundo vayas a abrir ese puerta— ordenó agitado por la carrera.
— Entra conmigo— supliqué.
— No puedo— declinó— iré a buscar ayuda.
— Usa tu celular— debatí.
— Tengo que hacerlo yo mismo— contestó con firmeza— prepara tus cosas, nos iremos del pueblo. Permaneceremos escondidos en otro lugar hasta que yo tenga un pasaporte para irnos del país...
— Sasuke-kun, por favor— rogué al borde de las lágrimas— tú también estás en peligro.
— Yo estaré bien— respondió buscando calmarme— sube— decretó con dureza. Comencé a subir la escaleras, le dediqué una última mirada antes de continuar. Mordí mi labio inferior inquieta y me volví hacia él, lanzándome a sus brazos. Buscando el contacto de sus labios con desesperación.
— Sube y espérame— pidió al finalizar el beso. Asentí levemente, él me dio un corto beso y me obligó a continuar mi camino por las escaleras.
Le di un último vistazo antes de entrar, Sasuke se veía mortificado, pero me dedicó una última sonrisa de lado antes marcharse.
Cerré con cuidado de no hacer ruido, me quité las sandalias y subí la tarima. La casa estaba extrañamente silenciosa y más cuando Hotaru lloraba a todo pulmón, generalmente cuando se da esa situación, ellos se desesperan sin saber cómo actuar y hay más ruido de lo usual.
— ¿Por qué...— ahogué una maldición en cuanto me encontré con la escena que se desarrollaba frente a mis ojos.
Karin lloraba desconsoladamente en silencio, mientras veía a su hija llorar, siendo apuntada por el arma de Danzo. Suigetsu estaba sometido en el suelo por un hombre de aspecto aterrador, su rostro estaba golpeado, su nariz sangraba sin parar.
— Bienvenida— saludó Danzo con sarcasmo— la invitada de honor al fin ha llegado.
— Ellos no tienen nada que ver en esto, Danzo— argumenté avanzando lentamente hasta Karin.
— Todo el que se haya atrevido a esconderte de mí, a mentirme...— un escalofrío de recorrió de pies a cabeza, él se está refiriendo a Sasuke. Ojalá pudiera advertirle lo que está sucediendo, pero no, estoy atrapada aquí. Viendo como las personas importantes para mí, sufren por mi culpa—... tienen que ver con esto, incluso esta pequeña criatura— rozó la mejilla de Hotaru con el cañón de la pistola.
— ¡No la toques!— exigí con dureza. Karin ahogó un sollozo, verla en ese estado me hace sentir mal. Tragué intentando deshacer el nudo de mi garganta.
— A ella no... ¿qué te parece a él?— señaló a Suigetsu, sonriendo con mofa. El sujeto que tenía a Suigetsu, comenzó a golpearlo sin piedad. Sin darle una oportunidad de defenderse porque lo tenía amenazado.
— Te lo ruego, Danzo, no los involucres. Iré contigo, pero no les hagas daño— me vi tentada a suplicar de rodillas, dejar atrás mi orgullo por el bien de ellos.
Mi preciada familia.
...
Mi única opción era contarle todo a la policía, pedir ayuda a mi padre y tratar de contactar a Kakashi. No quiero dejarla ir, me rehúso completamente a dejar a lo único que le trae felicidad a mi miserable existencia.
Me detuve en seco cuando un hombre de pelirrojo y de ojos amarillos, se interpuso en mi camino. Su aspecto me resulta familiar, si mal no recuerdo, uno de los hombres que trabajan para el padre de Sakura posee las mismas descripciones.
— Apártate de mi camino— ordené impasible.
— Eso no se va a poder— se lamentó el pelirrojo— no puedo irme hasta que te dé un regalo de parte de mi señor.
— No me interesa recibir nada de tu señor— dije con sarcasmo.
— Mi señor está consciente de eso, pero me pidió en que insistiera— sonrió con burla.
— Que se joda tu señor— sonreí con altivez.
— No estás en posición de negarte— dijo otra voz a mis espaldas. Sentí un metal frío en mi nuca, pensé que podría lidiar con uno solo, desarmarlo no sería un problema para mí. Pero con dos de ellos, es otra historia— entra al callejón— ordenó empujándome, sin despegar su arma de mi cuello.
Qué importa si ambos están armados hasta los dientes, lucharé contra ellos e iré por ella. Se lo prometí desde que supe su verdad, lo he hecho cada vez que ella dudaba de mi promesa. Y no comenzaré a fallar cuando más me necesita.
Lo primero que hice al momento en que me quitaron esa cosa del cuello, fue encararlos, dispuesto a pelear a pesar de que las posibilidades están completamente en mi contra. Fue en ese momento que recordé los nombres de ambos, sobretodo el de Fū. Nada que daría más satisfacción que borrar esa maldita sonrisa de su rostro.
— Entonces... ¿comenzamos?— preguntó Fū con diversión. El otro asintió, dejando que él sea el primero en atacarme.
Él me pateó con fuerza en el estómago, mandándome contra un contenedor de basura metálico. El impacto se lo llevó mi brazo izquierdo, creo que está facturado, no puedo decirlo con claridad, pero el dolor es insoportable. Mis gafas fueron a dar a otro lado, desgraciadamente para mí, mis probabilidades son peores ahora. Un brazo roto y una visión casi nula parece ser el menor de mis problemas.
Traté de recuperar el aliento e ignorar el inmenso dolor de mi brazo, y me puse de pie.
— Veo que quieres pelea, niño bonito— comentó burlón Fū— quién diría que bajo esa faceta de nerd enclenque, haya una cara como esa. Apuesto que esa pequeña perra sólo se interesó en eso— continuó provocándome— apuesto que no podrás siquiera tocarme...— vi sorpresa en su rostro cuando le devolví el golpe, aún puedo pelear con un brazo y ambas piernas.
— Adivina otra vez— dije con arrogancia.
— Bueno...— dijo con dificultad— eso no importará después, de igual forma te mataremos y yo podré finalizar con mi cometido— hizo una pausa— gracias por facilitarme las cosas, ahora que ella ya no es la joya de la corona de nuestro señor, ya no habrá nada que la salve de mí. Estoy seguro que él no se opondrá a que pueda hacerla mía...— la sangre me hirvió de la rabia. Sabía que él se había encargado de torturarla, tocarla en contra de su voluntad. Pagaría por lo que le hizo, ese bastardo pagaría por hacerla llorar.
Me abalancé sobre él, quedando sentado en su torso y comencé a golpearlo en el rostro una y otra vez. No sé si se trata de adrenalina o es mi deseo de venganza contra ese inútil, pero ni siquiera la ausencia de mis gafas me impidió darle su merecido.
Olvidarme del otro me salió muy caro. Torune me clavó un puñal al costado del abdomen. Me detuve abruptamente para ver como él sujetaba el arma con fuerza y la hundía con furia. Sentí un dolor terrible cuando él la sacó y volvió a hundirla con más fuerza.
— M-maldito— gruñí entre dientes. Tomé la mano que sujetaba el puñal e hice que lo soltara.
— ¡No te olvides de mí!— exclamó Fū, dándole un puñetazo en el rostro para quitarme de encima. Solté un gemido de dolor cuando el puñal se deslizó hacia un lado por culpa del golpe.
Me fue imposible levantarme de nuevo, el insoportable dolor, el aroma de mi propia sangre me estaba mareando. Lo único que pude hacer fue no demostrar mi angustia con cada golpe que me daban. Todo mi cuerpo temblaba de frustración, quería pararme y defenderme, pero físicamente me era imposible. No llevo la cuenta de cuantas veces me levantaron y me estrellaron contra el contador de basura, cuántas patadas...
Ellos pudieron haber sacado su arma y acabar conmigo, pero no lo hicieron. Prefirieron dejarme en agonía.
— ¿Ya se murió?— preguntó Fū, moviendo mi rostro con la punta del pie.
— Parece que sí— preguntó el otro.
Sentía como si mis párpados estuvieran hechos de plomo, por más que luché por abrir los ojos, no era posible. A cada segundo me es más difícil mantener la conciencia despierta, respirar es doloroso.
Ellos se fueron, creyendo que morí, aunque no falta mucho para que eso suceda. Sentía rabia contra mí mismo, soy patético, no fui lo suficientemente fuerte como para resistir contra ellos y salvarla.
Tenía que haberle dicho cuanto la amaba cuando tuve la oportunidad, pero no pude hacerlo. Y ahora no va a saberlo, ya no podré verla nunca más. Ella volverá a vivir en una pesadilla y yo lo pude hacer nada para impedirlo.
Perdóname, Sakura, fracasé en protegerte...
...
Vi a Danzo alejarse un momento para hablar por teléfono, aproveché ese momento para acercarme a Hotaru y acaricié con suavidad su cabello.
— Lamento que tengas que pasar por esto— me disculpé, a pesar de que ella no es capaz de entenderme.
— Ya nos vamos— informó Danzo. Él volvió su arma hacia la bebé de nuevo— puedes despedirte de ellos.
— Prométeme que no los dañaras cuando salgamos de aquí— señalé.
— Despídete antes de que me arrepienta— ordenó furioso.
— Está bien— acepté. Me acerqué a Karin y la abracé.
— Te voy a extrañar, gracias por aceptarme a pesar de saber que mi presencia les traía peligro— musité con arrepentimiento.
Lamento el hecho de haber salido a pedirles ayuda en aquel baño en la estación de servicio, yo debí morir en ese lugar y no traerle desgracia a estas personas. Yo fui feliz con ellos, experimenté sentimientos que nunca creí merecer. Vi la familia que siempre quise en estas personas, encontré al amor de mi vida. Espero que él esté bien, deseo fervientemente que él no se encontrará con dificultades en el camino.
— Fue un placer haberte conocido, Sakura-chan— expresó Karin entre lágrimas, apretando el abrazo que ambas manteníamos. Temía que cuando yo me fuera, pudieran hacerles más daño, por lo que me aferré más a ella.
— Y para mí fue un gran honor poder haber sido parte de su pequeña familia, aunque fuera por poco tiempo— respondí— los quiero, a todos, les pido que se mantengan como hasta ahora y no se preocupen por mí— me aparté de ella. Karin hizo un ademán de sonrisa, pero no lo consiguió. Miré a Suigetsu, quien seguía en el suelo sometido por la persona que trajo Danzo y luego me fijé en Hotaru. Me alegra que ella aún no sea capaz de forjar recuerdos duraderos, porque sino soñaría cada noche con un hombre maquiavélico apuntándole con un arma, amenazando con acabar con su corta vida.
— Cuídate, linda— dijo y me abrazó de nuevo— cuídense ambos— susurró en mi oído. Por supuesto que lo haría, si yo me voy ahora, entonces Sasuke estará a salvo y su vida no correrá más peligro por mi culpa.
— Adiós— me despedí caminando resignada a la puerta— gracias por todo— Karin ahogó un sollozo y levantó la mano como señal de despedida.
Salí de la casa, seguida por ambos hombres. Al menos no le hicieron más daño en mi presencia.
— Reúnete con los otros— mandó Danzo— yo la llevaré a ese lugar...
— Como quieras— contestó de mala gana. El hombre de cabello negro se perdió en la oscuridad de la noche, dejándome a solas con este despreciable anciano.
Tomé el camino que él me indicó, cada paso que daba, sentía que estaba más cerca de mi condena.
— Llegamos— indicó. Nos detuvimos frente a la entrada de un oscuro callejón.
— ¿Qué hacemos aquí?— pregunté temerosa de entrar al callejón. Mi cabeza no dejaba de analizar las miles de cosas que pueden suceder en un solitario callejón en medio de la noche.
— Nada importante, sólo quiero que veas lo que le pasa a las personas que se burlan de tu padre— respondió. A empujones me adentró más al callejón, a medida que nos acercábamos, podía ver la figura de alguien tirado en el inmundo suelo.
Mi corazón se comprimió al verlo, él estaba allí, rodeado por un charco de su propia sangre. Su piel estaba más pálida de lo normal, llena de moretones. Sus gafas estaban rotas, tiradas un poco alejada de él.
Mi peor temor, se había cumplido...
— S-Sasuke-kun— musité horrorizada. La carcajada de satisfacción de Danzo martillaba en mis oídos.
— Debo admitir que dio pelea, uno de mis subordinados se llevó unos cuantos golpes— comentó— te concederé el privilegio de que te despidas de él, aunque es probable que esté muerto. Considéralo un gesto de simpatía hacia ti de parte de mi señor.
— Déjame a solas con él— ordené en un susurro.
— ¿Qué dijiste?— interrogó con sorna.
— ¡Que me dejes a solas con él!— exigí en un grito ahogado.
— ¿Acaso pretendes que te deje sola?— cuestionó con sarcasmo.
— No voy a intentar escapar de nuevo— respondí— te lo aseguro.
— Está bien— aceptó— tienes cinco minutos.
Caminé hasta el cuerpo de Sasuke a paso temeroso, temo que lo que Danzo me dijo sea verdad. Me dejé caer de rodillas a su lado, manchando las orillas de mi vestido con su sangre. Miré hacia atrás para asegurarme que estaba sola y extrañamente, él cumplió con su palabra; estaba completamente sola.
Se veía tan tranquilo, creí que de verdad estaba muerto, pero al comprobar su pulso con mis manos temblorosas, supe que aún vivía. Su pulso es demasiado débil, pero aún no se ha desvanecido del todo.
— ¿S-Sakura?— habló débilmente. Puse mi rostro más cerca de él para poder escucharlo mejor— Sa-Sakura, n-no... t-te vayas— pidió con dificultad.
— Shhh, no hables— ordené con voz quebradiza— no te alteres o sino perderás más sangre.
— L-lamento n-no haberte protegido— se disculpó, sus hermosos ojos negros mostraban culpabilidad. Las lágrimas rodaron por mis mejillas sin permiso.
— No te preocupes por mí, mi amor. Vive, aférrate a tu vida y lucha por ella— supliqué aferrándome a su mano.
— Sa-Sakura, t-tengo... fr-frío— balbuceó delirante. Sus labios se iban tornando oscurecidos y no dejaban de temblar. Yo también tengo frío, a pesar de que es una calurosa noche de verano— Si-siento c-como mi... conciencia m-me... abandona... cada segundo— tosió unas cuantas veces, en una de ellas escupió sangre.
— No hables más, por favor— imploré desesperada— no quiero que mueras, resiste hasta que alguien te encuentre— limpié con el pulgar la sangre que salía de la comisura de sus labios— rezaré para que alguien lo haga, pero por favor resiste. Hazlo por mí, hazlo por ambos. Y así yo podré irme tranquila, mi vida será una mierda, pero estaré viva. Estaré bien— aseguré para darle tranquilidad— Te amo y porque te amo, haré todo lo que pueda para vivir, guardando la esperanza en lo más profundo de mi corazón en que algún día nos volveremos a encontrar.
— Y-yo también te amo— respondió con los ojos cristalizados. Él nunca me lo había dicho, según él no era necesario hacerlo porque yo ya lo sabía. Pero ahora que lo hizo, no me sentí la mujer más feliz del mundo, lo sentí como una inminente despedida— y porque te amo, no descansaré hasta... tenerte entre mis brazos de nuevo. Te amo, Haruno Sakura... eres lo mejor que me ha pasado en la vida... y no dejaré que lo tenemos... muera esta noche— me incliné hacia él y dejé un suave beso en su frente, su piel está fría. Levantó su mano derecha con dificultad, no entendí lo que pretende, pero me quedé quieta esperando.
— Hasta la próxima vez— dijo poniendo tocando mi frente con dos dedos. Su brazo perdió fuerzas, iba a caer de golpe, pero lo tomé antes de tiempo y lo puse con cuidado en el suelo.
— Me tengo que ir, no olvides lo que te dije... ti-tienes que vivir— llevé dos dedos a mis labios, dejando un beso en ellos. Los puse en sus labios y me fui, con el alma partida en miles de pedazos. Me duele con todo mi ser dejarlo en ese lugar con su vida tendiendo de un hilo. Mi corazón no deja de doler, mi respiración no deja de ser dolorosa, el nudo en mi garganta duele igual.
Llegué hasta Danzo sin atreverme a levantar la cabeza, lo último que deseo es que ese maldito vea mis lágrimas de dolor y amargura. En ningún momento me atreví a mirar atrás, porque sabía que si lo hacía, mi mundo se convertiría en cenizas al ver cómo su vida se apaga con lentitud.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Creo que no me he terminado de limpiar las lágrimas, mis pobres bebé están sufriendo T_T ¿Sasuke de verdad morirá? ¿ Cómo le irá a Sakura cuando se encuentre con su padre? ¿Él y ella podrán reunirse de nuevo?
Es una pena para mí informarles que, a partir de este momento Change My Mind entra en su etapa final.
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
