En qué estrella estará – Nena Daconte
–¡Me alegra mucho que hayáis decidido venir!
Alice sonrió y Rose y Lizzy intercambiaron una rápida mirada. Aquel día había una clase abierta de yoga en el centro al que iban Alice y Lily y las chicas habían reservado dos plazas nada más enterarse (una para la pelirroja y otra para Albus) pero, como el chico tenía que trabajar, habían decidido avisar a la morena, que había aceptado la invitación encantada al principio. Aunque en ese momento preferiría estar incluso depilándose las cejas a estar allí.
–Sí, muchas gracias por invitarme –dijo, finalmente–. Un poco de yoga me vendrá bien, la verdad.
–A mí también. –Rose suspiró. Con el día que llevaba, lo único que le apetecía era tumbarse en el sofá y comer chocolate. Y quizás beber ginebra.
–La clase os va a encantar, ya veréis. El yoga es maravilloso.
–Bueno, a ver, tampoco os toméis muy en serio todo lo que digan y eso que, a veces, parece una secta –añadió Lily, poniendo los ojos en blanco.
–No sé por qué dices eso.
–¿Los mantras? ¿La cancioncilla del final? ¿Todo lo de la "cadena dorada" y tonterías varias?
–No son tonterías y no entiendo por qué haces yoga si no crees en él –replicó la castaña, ofendida
–Es un ejercicio entretenido y no está mal para desconectar. –Se encogió de hombros.
–Ya, bueno, ¿entramos? No quiero que nos quedemos sin sitio.
–Sí, claro, vamos.
Las cuatro entraron al local y se dirigieron directamente hacia los vestuarios, donde ya había algunas otras mujeres cambiándose.
–¿Se supone que tengo que dejar mi móvil aquí? –Lizzy frunció el ceño al ver los casilleros–. ¡Pero si no son taquillas!
–Al final te acostumbras –contestó Lily–. A mí tampoco me hacía gracia al principio, pero la monitora se puso súper pesada con el tema y ya lo dejo aquí sin problema. No le pasará nada.
–Eso espero…
–Es solo un móvil, Lizzy –dijo Alice.
–Es mi única forma de comunicarme con el mundo exterior.
–Qué melodramática. –Rose rió y negó con la cabeza–. Yo últimamente solo quiero tirar el mío lejos. Hoy me he pasado toda la mañana hablando sin parar con clientes y socios. Parezco una telefonista.
–Bueno, ahora podrás olvidarte de todo.
–Y sufrir un rato –añadió Lily por lo bajo.
–Dudo que sea para tanto. –Su prima enarcó una ceja y bajó el tono de voz–. ¿Habéis visto la gente que hay por aquí? Por favor, si muchas son mayores que nuestros padres.
–No te dejes engañar por la edad, Rosie.
–Eso es cierto. El yoga es cuestión de disciplina.
–Oye, que yo fui tenista –protestó.
–Jugaste al tenis durante seis meses cuando tenías 10 años. Eso no es ser tenista –replicó su prima.
–Pero algo de deportista me queda.
Las otras rieron, pero, finalmente, fueron hacia la clase, done ya habían empezado a colocarse algunos alumnos. Cogieron esterillas y cojines y se situaron cerca de la instructora, que sonrió al verlas.
–Buenas tardes, chicas.
–Namaste, Leticia. –Alice sonrió–. ¿Se ha apuntado mucha gente?
–Sí, hemos agotado todas las plazas –contestó.
–¡Qué bien! Me alegro mucho.
–Pues sí, el yoga parece que le interesa cada vez a más gente.
–Eso es genial. Rose y Lizzy vienen a su primera clase. –Las señaló mientras se colocaba bien en la esterilla.
–Pues espero que les guste.
La mujer se colocó también y cerró los ojos y, poco a poco, todos fueron imitándola, dispuestos a empezar la clase.
–Dios, me cago en la puta. –Lizzy maldijo por lo bajo y se dejó caer bocarriba en la esterilla, incapaz de seguir con el ejercicio–. Esto es muy difícil.
–Y aburrido. –Rose también se dejó caer y la miró, conteniendo la risa–. Oye, esto es una mierda.
–¿Verdad? Lo único divertido ha sido cuando nos hemos puesto con los brazos hacia arriba y parecía que estábamos bailando una jota –contestó antes de lanzar una pequeña carcajada.
–¡Creía que era la única que había pensado en eso!
–Silencio, por favor. –Las riñó la profesora.
–¿Cuánto queda? –Preguntó la pelirroja, ignorando a la mujer.
–Ni idea. Echo de menos mi móvil y estoy cansada.
–¿Y si nos vamos?
–Tía, me da vergüenza levantarme y…
–Chicas, callaos –las interrumpió Alice, algo molesta–. No nos dejáis concentrarnos.
–Venga, vámonos. –Rose se levantó de un salto y enarcó una ceja–. ¿Te apuntas?
Lizzy titubeó unos instantes pero, finalmente, también se levantó y recogió sus cosas rápidamente.
–¿Todo bien, chicas? –Les preguntó Leticia, levantándose también.
–Sí, es que tenemos que irnos… –Se excusó la morena.
–¿Os encontráis mal?
–No, es que simplemente no nos apetece estar aquí –contestó la pelirroja ante la sorprendida mirada de su amiga.
–Estamos agotadas y esto es más duro de lo que pensábamos –consiguió decir Lizzy, un poco nerviosa–. Pero muchas gracias por esta clase abierta. Ha sido muy interesante, pero el yoga no es lo nuestro. Lo siento.
Cogió a Rose del brazo y tiró de ella hacia fuera. No se detuvo hasta que llegaron al vestuario. La soltó y la miró con una ceja enarcada.
–¿Rose?
–Estoy muy estresada. –La pelirroja suspiró–. Además, ¿por qué no quería dejarnos ir? A lo mejor teníamos temas personales o, simplemente, no nos encontrábamos a gusto.
–Ya, tía, pero no me esperaba esa respuesta.
–No sé. –Se sentó en el banco y se soltó el pelo–. ¿Coges el metro?
–Me duelen un montón las piernas, voy a ver si James puede venir a buscarme en la moto, que esta tarde no tenía que trabajar.
Sacó el móvil, marcó y esperó unos instantes hasta que escuchó, al otro lado, la voz de su vecino.
–¿Va todo bien, Lizz?
–Sí, es que he estado haciendo yoga y estoy súper cansada. ¿Estás haciendo algo?
–Me pillas fuera –contestó–. Estoy con Helena.
–Oh, claro, vale… –Carraspeó y cerró los ojos–. No te preocupes entonces. Pero, por favor, James, ten mucho cuidado.
–No te preocupes por nada, ¿vale? Mañana nos vemos. Subo al piso a verte.
–Sí, claro, hasta mañana.
Colgó y guardó el teléfono, un poco decaída. Y Rose, muerta de curiosidad, no pudo evitar preguntar.
–¿Está James bien?
–Sí, es que lo he pillado en una especie de cita.
–No sabía que estaba saliendo con una chica.
–No se lo ha dicho a nadie todavía, yo me enteré ayer. Es que es… peculiar.
–¿A qué te refieres? –Frunció el ceño.
–Tiene 16 años y la conoció porque se coló en el camerino después de un concierto –confesó finalmente–. Pero no se lo digas a nadie, por favor, Rose.
–Joder, ¿pero qué problema tiene mi primo? –Negó con la cabeza–. Es muy cría. A ver, legalmente no va a tener ningún problema, pero… ¿no podía irse con una de su edad? La relación de poder que puede establecerse me da escalofríos.
–¡Exacto! –Lizzy asintió–. A mí me llamó exagerada el otro día por enfadarme, pero es que es una locura. ¡Es una cría de instituto! Está en primero de bachillerato.
–Parece que hace un siglo que yo estuve en su lugar.
–Es que hace muchísimo. Siete años, concretamente. Y nueve para James.
–Espero que tenga mucho cuidado. –Suspiró–. ¿Vienes entonces en metro?
–Oye, Rose, ¿te apetece venir a mi piso a comer helado y ver una película ñoña? Llevo un día de mierda y… no me apetece estar sola.
–¿Podemos cambiar el helado por alcohol?
–¿Por qué no?
–Entonces me apunto seguro. Yo también he tenido un mal día. –Sonrió y se encogió de hombros–. Podemos pedir sushi.
–No me gusta el pescado.
–¿Chino?
–Eso me parece perfecto.
–Total, que no sé qué se me pasó por la cabeza anoche, pero ha sido el viaje más largo de mi vida. –Rose negó con la cabeza y cogió un poco más de su recipiente de tallarines–. ¡Si lo hubieras visto! Menuda manera de quejarse, Lizzy. Que si había demasiada gente, que si no le parecía higiénico lo de agarrarse a una barra… Horrible. No sé en qué momento me pareció una buena idea. Sobre todo porque he tenido que aguantarlo el resto del día de morros.
–Me cuesta ver a Scorpius en el metro. –La morena sonrió–. Me cayó muy bien cuando nos conocimos en el concierto, pero es un poco estirado, la verdad.
–¿Un poco? ¡Si solo fuera eso! Y encima su madre me obliga a ir el jueves de la semana que viene por la noche a un evento benéfico. Le he dicho que no estaba muy segura de que eso entrara en mi contrato, pero no me ha dado opción a réplica –protestó–. Al menos me va a dar el viernes siguiente libre y voy a poder aprovechar un día más en casa porque vaya tela…
–Joder, qué mal. O sea, que veo muy bien lo de los eventos benéficos y me alegra que tu jefa te invite porque eso quiere decir que confía en ti, pero tampoco puede obligarte si tú no quieres ir. Eres abogada, no… –Frunció el ceño–. ¿Quiénes se supone que son las que van a esas cosas?
–¿Asistentes? Y, bueno, técnicamente sí que lo soy. Lo pone en mi contrato nuevo, lo hemos comprobado esta mañana: soy su asistente y tengo que acudir con ella a los eventos y reuniones en los que me necesite. –Suspiró–. ¿Sabes qué hay que ponerse para ir a esas cosas?
–No, pero seguro que encuentras la respuesta en Gossip Girl. Allí siempre iban a muchas fiestas y eventos y vestían súper bien.
–Tendré que volver a verme la serie de aquí a la semana que viene. Aunque por suerte Victoire sigue por casa y podrá echarme una mano. –La pelirroja rió–. Y ese ha sido mi día de mierda. Ahora, cuéntame, ¿qué te ha pasado a ti?
–De todo. Se me ha roto la tostadora, se me ha quedado el vibrador sin pilas otra vez, he llegado tarde a una reunión por problemas con el metro, me he caído y dado un golpe en la cabeza, he tenido esa horrible clase de yoga y… y supongo que eso es todo.
–¿Qué eso es todo? –Rose negó con la cabeza–. Normal que estés harta.
–Cuando tengo un día de estos, suelo dormir con James –murmuró, un poco triste de repente–. No es que te tenga de segunda opción, es que…
–¿Te preocupa que salga con esa chica?
–Mucho.
–Seguro que se le pasa pronto. Ya sabes cómo es, se cansa de las relaciones en seguida. Además, esa chica tiene solo 16 años. Pronto se darán cuenta de que no tienen nada en común.
–Supongo. –Lizzy asintió–. Yo con 16 no era así.
–¿Y cómo eras?
–Tonta, como todas –contestó, relajándose y sonriendo–. Estaba coladita por el macarra de mi clase y era súper dulce y adorable.
–Típica historia de chica buena que se lía con chico malo y lo cambia. –Rose puso los ojos en blanco–. Por favor, dime que no perdiste la virginidad con él porque eso sería un cliché digno de un libro de Federico Moccia.
–Claro que no me acosté con él –protestó–. ¡Tenía 16 años! Ni siquiera había besado a ningún chico.
–¿No habías besado a nadie con 16 años? –Preguntó Rose, algo sorprendida.
–Pues no –contestó, frunciendo el ceño–. Tardé bastante. Sé que es raro, pero un primer beso es solo algo que pasa por primera vez, nada más.
–No quería ofenderte, Lizzy. Lo siento. Pero opino lo mismo: todo eso son tonterías. No entiendo a esas personas que lo consideran súper importante.
–Bueno, a ver, tampoco está de más querer esperar para hacer las cosas con alguien especial, ¿no? –Bajó la mirada–. No sé, yo lo veo bonito. Yo, aunque no le vea tanta importancia, esperé porque quería encontrar a alguien con quien mereciera la pena.
–Es solo un beso, Lizzy.
–Lo sé, pero también puede ser especial, ¿no? Con el amor de tu vida o algo así.
–Uff, qué pereza. Demasiado amor romántico.
–Sí, pero, a ver, quitando todas las partes tóxicas…
–No se pueden solo quitar las partes tóxicas, Lizzy. No te estoy diciendo que no seas romántica, solo que el amor romántico como tal perpetúa opresiones y mata.
–Estoy muy deconstruida en feminismo, pero muy poco en amor romántico, la verdad. –Suspiró–. Supongo que he visto demasiadas películas de Disney y comedias románticas.
–¿Con cuántos años diste tu primer beso entonces? Yo el mío lo di a los 14.
–Yo tardé un poco más. –La morena centró la atención en su pollo con almendra.
–¿Cuándo? –Insistió con curiosidad–. Venga, Lizzy. No diré nada. Venga, porfa.
–Fue el año pasado. Con James. En el ascensor. El día que nos acostamos –confesó finalmente–. Siempre he sido muy de extremos, de todos y nadas. Y aquella noche fue un todo.
–Qué fuerte. –Rose enarcó ambas cejas. No se había esperado aquello desde luego.
–Pero no quiero hablar de James, ni de lo que pasó ese día, ni nada de eso. –Lizzy negó con la cabeza–. No me apetece y no merece la pena.
–Estoy de acuerdo contigo, la verdad. –Se encogió de hombros y cogió el recipiente de ensalada china–. Cambiemos de tema.
–¿Pongo música?
–A ver qué tienes.
–Mucha música ñoña que me pongo cuando estoy deprimida. –Se levantó y cogió el ordenador. Volvió al sofá y abrió una lista de reproducción–. A ver esta…
–¿Me lo dejas mejor?
–Claro.
Se lo pasó y la otra frunció el ceño.
–¿Nena Daconte? ¿En serio?
–Me gusta mucho En qué estrella estará.
–Pero si es súper trágica. ¿Sabes toda la historia que hay detrás?
–Sí, pero prefiero no pensar en eso. –Negó con la cabeza–. Pon lo que quieras de todas formas.
Rose tecleó algo y puso una canción en inglés antes de dejarlo sobre la mesa y volver a su cena.
–¿Cómo va la tesis?
–Mal, la verdad. Mi tutora me echará la bronca cualquier día porque no estoy avanzando prácticamente nada.
–Seguro que no es para tanto.
–Bueno, mandé un artículo hace un par de semanas a una revista y estoy esperando a ver si me contestan. En esta se supone que no tardan mucho, más o menos un mes. A ver qué pasa.
–Seguro que lo publican, ya verás –contestó, dedicándole una sonrisa de ánimo–. ¿Quieres quedarte dando clases en la universidad?
–Me encantaría, pero lo veo difícil.
–Nunca se sabe, ¿no? Yo no me esperaba trabajar en una empresa como Greengrass S.A. y mírame ahora. Al final el destino nos lleva por caminos que no nos imaginamos.
–Me gusta bastante tener las cosas bajo control.
–Ya, pero eso es algo que no siempre podemos conseguir. –Rose suspiró–. Pero intenta no cruzarte con un vecino estirado como yo.
–Con James como vecino tengo bastante.
–Yo no lo soportaría. Todo el día con la guitarrita. –Negó con la cabeza–. Por suerte para todos, yo no he heredado el talento musical.
–Ya ves. Por cierto, ¿sabes lo del próximo concierto?
–Sé que es este viernes, pero nada más. ¿Por qué? ¿Hay algo que debería saber?
–Mejor dejemos que sea una sorpresa. –Le guiñó el ojo y empezó a reír.
–¡Eso no vale! –La pelirroja le dio un pequeño golpe en el brazo, pero, en seguida se unió a sus risas. Al menos ambas habían conseguido olvidarse así de su día horrible.
Hola a todos :)
Siento el pequeño retraso, pero es que me ha sido imposible terminar el capítulo antes (el máster me tiene demasiado ocupada :(). Aun así, espero que os haya gustado este capítulo.
Rose y Lizzy son tan geniales juntas hablando de lo que sea *-* Y menuda clasecita de yoga (yo "hago" un poco y es más duro de lo que parece de primeras xD). Aunque la forma de salir de Rose puede que no haya sido la más adecuada jajaja
Un beso enorme y nos leemos la semana que viene,
María :)
