Vale, antes de que me odiéis por los siglos de los siglos y dejéis de leerme dadme un poco de tiempo y ya veréis, no me vetéis tan pronto jajajajaja No me mateis tan pronto!
Emma ha sido rechazada, peor aun, ha sido rechazada después de ser en cierto modo correspondida, Regina no solo la siguió el beso, se lo respondió con entusiasmo y luego se acuerda de que tiene un amor verdadero. Asi que la pobre salvadora necesitaba algo de cariño porque estaba despechada, ¿y quien mejor que su amiga despechada y dolida tambien? por no mencionar el alcohol jajajajajaja
He de decir que lo del polvo de hadas me parece lo mas estúpido e ilógico que han hecho en la serie, me indigna a niveles astronomicos, no solo porque es una tonteria si no porque contradice otras cosas dichas con anterioridad en la serie. Regina tiene inclinación por Hood porque el polvo verde le cayo a el en los hombros y ya esta. con Daniel no hubo hechizo y era un amor de verdad. Ademas, recordemos todos que la magia siempre viene con un precio! ¿se les olvido eso de repente o que?
En fin, y con este tema puedo divagar mucho y lo que tengo que hacer es subir el capi jajajaj
Los personajes no me pertenecen, gracias por leerme y comentarme y, como siempre, espero que os gusta =)!
Emma abrió los ojos a un nuevo día y a una nueva y monumental resaca. Alguien le había quitado la chaqueta y las botas y estaba tumbada en la que ya consideraba su cama. Sabía que si se tomaba un momento lo recordaría todo, independientemente del alcohol que hubiese bebido, era una de sus cualidades, una que le había sido útil más de una vez en su juventud. Recordaba perfectamente lo que había pasado con Regina en su estudio, aunque ahora le parecía algo casi irreal. Recordaba salir de la casa, recordaba el vodka, a Mulan, el tequila y…se llevó una mano a los ojos haciendo una mueca al recordar con claridad lo que había pasado en el edificio de los Hombres Alegres ¿lo recordaría Mulan también? Debería hablar con ella. Y por supuesto recordaba volver a casa, a Regina, las escaleras y haberle confesado lo que había pasado. Lo que no recordaba era si a la alcaldesa le había molestado. Egoístamente esperaba que sí.
Se giró en la cama con un gruñidito dolorido notando como su estómago se revolvía. Junto a ella, en la mesilla, había una jarra con agua maravillosamente fría y un vaso, y a juzgar por lo fría que estaba no debía de llevar allí mucho tiempo. Se sirvió un vaso que se bebió de un trago y después otro que se tomó más despacio al notar el agua brincar en su estómago. En el suelo, al lado de la cama, había un cubo, Emma rio un poco, eso no la hacía falta. Bajó una pierna de la cama y se replanteó lo del cubo, a lo mejor había bebido más de lo que pensaba. O se estaba haciendo mayor. Mirando al reloj digital de la mesilla vio que ya era bastante tarde por la mañana. Hacía mucho que no se quedaba bebiendo toda la noche, y mucho más desde que tuviese una resaca así.
Termino de levantarse y bajó sola las escaleras que la habían ayudado a subir la noche anterior esperando que le hubiesen dejado algo de desayuno. Se sonrió a sí misma. Después del tiempo que llevaba allí había empezado a pensar en ellos como en una familia, bajaba a la cocina y encontraba a su hijo con Regina compartiendo un desayuno y guardándola su parte, o preparaba ella desayuno para tres. Llegaba a casa y se sentaba a la mesa con Henry y Regina, hablaban, compartían el día Había sido fácil acostumbrarse a eso, nunca antes había tenido algo así, con sus padres no era lo mismo, era un sentimiento de familia distinto.
Cuando llego al final de las escaleras escucho risas en la cocina y no pudo evitar acercarse allí con una sonrisa. Sonrisa que se borró al ver allí sentado a Robin Hood con su hijo, los cuatro reían de algo que había hecho el pequeño Roland.
- ¡Mamá! Buenos días, te hemos guardado el desayuno.
Saludo Henry cuando vio a la rubia en la puerta de la cocina, señalando su desayuno inconvenientemente colocado entre Regina y él.
- Vaya, por fin despierta la Bella Durmiente.
Bromeo Hood con una simpática sonrisa, sin saber las interpretaciones que podía tener ahora un comentario así. Emma apretó la mandíbula y comprobó con satisfacción como la boca de Regina se tensaba en un momentáneo gesto de disgusto.
- En realidad no tengo hambre, venía a deciros que hoy estaré un poco ocupada.
Respondió la Salvadora, ganándose la mirada de cuatro pares de ojos hacia su pijama.
- Bueno, venía a decíroslo antes de cambiarme para irme.
Explico encogiéndose de hombros a la vez que cruzaba los brazos. Regina frunció ligeramente el ceño, sin creerse nada de aquello.
- Deberías tomar algo, Regina ha hecho unas galletas de manzana, que están…
La tentó Hood cogiendo una galleta y metiéndosela en la boca como si fuese el mayor placer del mundo. Emma le fulminó con la mirada antes de salir de la cocina.
- ¿Es algo que he dicho?
Pregunto el hombre confundido, Henry le palmeó paternalmente la espalda.
- Mejor no preguntes.
Regina había salido detrás de la rubia y la paró en el pequeño rellano que había entre sus dos tramos de escaleras.
- ¿Qué pasa?
Pregunto en parte molesta, en parte preocupada.
- ¿Cómo sabias cuando iba a despertar? El agua aún estaba fría.
Emma soltó lo primero que se le vino a la cabeza para no tener que responder a la pregunta de la morena, quien aparto la mirada con una timidez que la otra mujer al principio no entendió.
- ¿Cuántas veces has subido a verme?
Volvió a preguntar entre curiosa y halagada por esa preocupación que había mostrado la señora alcaldesa hacia su huésped, debía de haber cambiado el agua cada vez que dejaba de estar fría.
- ¿Se puede saber que te tiene tan ocupada que no puedes ni desayunar con tu hijo?
Cambio de tema Regina con las mejillas algo rojas.
- Tengo cosas que hacer.
Respondió la rubia evasivamente, la morena no aparto la vista, sin conformarse con esa pobre respuesta.
- Quiero hablar con Mulan.
Confesó al final sin mirar a la morena. Quería ver a la guerrera, quería hablar con su amiga para hablar de lo que había pasado, no iba a permitir que un desliz provocado por el despecho y el alcohol acabase con la amistad que habían construido, más ahora que tanta falta les hacía a las dos.
- Oh, claro. Debí suponerlo.
Bufó Regina de mal humor, con veneno en la voz.
- Corre a los brazos de tu nueva…lo que sea. O a sus piernas, donde prefieras.
Gruño la morena haciendo el amago de irse sin conseguirlo porque Emma le cortó el paso poniéndose delante de ella.
- No tienes derecho a ponerte así, tu y yo…creo que anoche dejaste las cosas bastante claras. Por no mencionar al señor de los bosques sentado en tu cocina. ¿Ha dormido…aquí?
Emma no quiso preguntar directamente en compañía de quien había dormido Hood, aunque si la respuesta a su pregunta era afirmativa estaría bastante claro. A lo mejor debería volver a la cocina y golpearle, era la sheriff y la Salvadora, alguna excusa se le ocurriría para hacerlo.
- No, él…anoche quedamos…o algo así, para dar una vuelta. Con Roland.
Tartamudeo Regina. Era la reina, por amor de dios, no entendía porque tenía que darle explicaciones a esa mujer rubia, y sin embargo se las daba en forma de excusas, como si tuviese que pedir perdón por algo.
- Qué bonita postal familiar.
Dijo Emma en tono secó quitándose de delante de Regina para seguir subiendo escaleras.
- Ella no te quiere ¿sabes? Estoy bastante segura de que sus sentimientos se orientan hacia otra persona.
La morena no sabía porque había dicho eso, se suponía que a ella le daba igual lo que hiciese Emma con su vida amorosa, y más aun lo que hiciese esa guerrera molesta. La rubia se giró en las escaleras y rio de manera sarcástica.
- Entonces eso es algo que tenéis en común ¿no?
Su tono sonó herido, dolido, tan doloroso como fue ese golpe para Regina, que fue incapaz de decir nada más mientras la rubia seguía subiendo las escaleras.
- ¿Tuviste…pesadillas anoche?
Escuchó decir a Emma desde el piso de arriba.
- No dormí gran cosa.
Respondió Regina sin mirarla, cuando por fin levantó la vista la rubia ya no estaba allí.
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Casi la consoló un poco ver que Mulan tenía la misma resaca que ella, incluso más. Las cosas fueron un poco incomodas al principio, la guerrera también se acordaba de la mayoría de la noche anterior.
- Hola, yo…ammm…quería hablar sobre…lo de anoche, ya sabes…
Empezó Emma torpemente, sin mirar directamente a Mulan.
- Yo no suelo…quiero decir, nunca…no quisiera que esto afectara a nuestra amistad.
Continuó, ganando poco a poco algo de convicción en sus palabras.
- Por mi parte no cambia nada. Nosotras…anoche…bueno, habíamos bebido, estábamos dolidas... supongo que solo buscábamos algo de cariño.
Respondió la morena con una comprensiva sonrisa, tranquilizando a Emma, que ya no veía peligrar su amistad por la alcohólica acción de la noche anterior.
- Entonces ¿está todo bien? Entre nosotras.
Quiso asegurarse, notando como se formaba en su cara una diminuta sonrisa de alivio.
- Mejor que nunca.
Confirmo Mulan dándole un cariñoso apretoncito en el brazo. Estaban otra vez en el edificio de los Hombres Alegres, en el salón común, que por suerte estaba vacío en ese momento. Emma no entendía como su amiga podía vivir allí, compartiendo prácticamente cada habitación del edificio con los demás hombres.
- Se lo conté a Regina ¿sabes? Cuando volví a su casa.
Dijo Emma. Ahora que la tensión inicial había desaparecido estaban sentadas en uno de los sofás con humeantes tazas de té, y necesitaba hablar con alguien, alguien de confianza, y si además sabia de que iba la cosa mejor.
- ¿Qué hiciste qué? Dios mío, debería huir de la ciudad, convertirme en un mono volador seguro que es mejor que cualquier cosa que Regina vaya a hacerme.
Respondió Mulan medio enserio, medio en broma. Podía imaginar la ira de la Reina cuando Emma la dijo que se habían acostado.
- ¿Por qué? Ella no tiene derecho a hacerte nada, tiene a su amor verdadero ¿recuerdas?
Respondió la rubia sin poder ocultar la amargura de su tono.
- Nunca me dijiste quien es, por cierto.
Mulan se preguntaba cómo sería lo que Emma estaba pasando. Desde el principio ella había sabido que lo suyo con Aurora tenía muy pocas posibilidades, por más que quisiese desear lo contrario; pero lo de Emma era distinto. Las había visto a las dos juntas, y habría jurado que Regina sentía lo mismo que la rubia, por lo que Emma contaba incluso la había correspondido al beso y Regina no había negado sentir algo por ella, solo que no podía ser.
- Hood.
Respondió Emma secamente, dejando a su amiga sin palabras por un momento.
La Salvadora no entendía como ni cuando había pasado eso. Regina apenas conocía a Robin Hood y de repente resultaba que era su verdadero amor, pero si no hubiese sido porque vio el tatuaje del león seguramente ni siquiera le habría reconocido.
- Creo que ahora entiendo porque no te gusta.
Dijo Mulan finalmente.
- No me fiaba de él desde antes de saber esto.
Le recordó Emma, y en eso tenía razón, desde el principio su instinto había desconfiado de ese amable y caballeroso ladrón, y el que estuviese con Regina solo empeoraba esa sensación.
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Porque así era, Regina y Hood estaban juntos, y por desgracia para Emma a mucha gente le parecía bien, era una forma de mantener calmada a la Reina Malvada, su propia madre estaba entre los nuevos admiradores de la pareja.
- Tu eres la que siempre defiendes a Regina y dices que ha cambiado ¿no te alegra que ella también tenga su final feliz?
La rubia solo gruñía y cambiaba de tema. Por suerte su hijo no era uno de esos admiradores, incluso se había apartado bastante de Hood desde que salía con la que no sabía que era su otra madre. Henry seguía creyendo firmemente en su teoría sobre su madre y Regina, y ningún ladrón con hijo iba a hacerle cambiar de opinión.
Y Emma pasaba mucho más tiempo fuera de la casa, sobre todo cuando Hood estaba allí. Aún seguía viviendo en casa de Regina, pero solo porque Henry necesitaba un techo y la morena también merecía estar con su hijo. Pero solo iba a dormir y de vez en cuando a comer, el resto del tiempo lo pasaba fuera, lo que era bueno para sus padres que podían pasar más tiempo con ella. Y Hook también, resultaba que los muelles eran uno de sus escapes favoritos, quizá porque el viento marino la hacía olvidar por un rato.
- Así que este no es el Jolly Roger. La primera vez que estuve aquí me parecía diferente, pero no entiendo mucho de barcos.
Decía Emma riendo mientras navegaba con el pirata.
- Es un barco muy parecido, pero no es el mío.
A Hook le había parecido raro que de repente Emma volviese a buscar su compañía, pero no había dicho nada, no había hecho preguntas, fuese lo que fuese a él le venía bien. Suponía que algo había pasado con Regina, lo que no era de extrañar si vivías con la Reina Malvada, pero por el momento el no haría preguntas. Volvía a tener una oportunidad con Emma Swan.
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Regina nunca lo admitiría, pero echaba de menos a esa irritante rubia que vivía en su casa, se había acostumbrado a ella, a tenerla allí, a hablar con ella, a hacer cosas los tres juntos, como una familia. Y ahora apenas paraba por casa. Suponía que estaría por la ciudad con Mulan tratando de averiguar cómo vencer a Zelena, pero prefería no imaginarse nada. Sobre todo porque las cosas eran muy confusas. Sus pesadillas no habían desaparecido, y la segunda noche después de que Emma volviese a casa borracha, la rubia había vuelto a entrar en su habitación, no muy segura de si debía o no hacerlo, y se había sentado a su lado en la cama, como al principio. Sin abrazos, sin consoladores besos bajo la oreja. Emma se sentaba allí, tranquilizándola hasta que se dormía y luego volvía a su habitación. Menos las dos noches que Robin se había quedado a dormir allí. Esas dos noches nadie había podido quitarle las pesadillas, que habían vuelto cuando ya pensaba que estaban perdiendo fuerza. Por la mañana sintió la necesidad de darle explicaciones a Emma, aunque una vez más, no tenía porque.
- Anoche no pasó nada, solo dormimos.
Las dos se habían levantado temprano y estaban en la cocina, Emma desayunando algo a toda prisa para irse y Regina preparando desayuno para cuatro.
- No tienes que darme explicaciones, puedes hacer lo que quieras.
Respondió la rubia estirando la mano para coger la taza de café que aún no se había empezado, pero Regina la apartó de ella.
- Está ardiendo. Todas las mañanas te quemas la lengua y luego te quejas.
Explico la morena ante la molesta mirada de la mujer a la que le había quitado el café, Emma no pudo evitar sonreír un poco por ese pequeño gesto de preocupación. Era verdad que todas las mañanas le pasaba eso.
- ¿Por qué sigues viniendo a mi habitación? Pensé que estabas enfadada conmigo.
Pregunto de improvisto Regina, y la rubia sabía exactamente a qué se refería.
- Estar enfadada no hace que deje de preocuparme, además no voy a dejarte tener pesadillas si puedo evitarlo. Y no estoy enfadada, no puedo enfadarme porque quieras a otra persona.
Eso era peor y la morena lo sabía, si no estaba enfadada es que estaba dolida. Escucharon como alguien se levantaba arriba, así que Emma se acabó su tostada de dos mordiscos y salió de la casa con un "dile a Henry que vendré a comer" como única despedida, dejando allí su cafe.
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Pero había llegado antes de comer. Una guerrera morena la traía sujeta para ayudarla a caminar. Nada más abrir la puerta Regina extendió los brazos para sujetarla también, asustada por la cara mortalmente blanca que traía la Salvadora.
- ¿Qué demonios ha pasado?
Pregunto bastante cabreada a Mulan, como si fuese lo que fuese lo que había pasado fuese su culpa.
- Creo que se ha roto una pierna. O un tobillo. No estoy segura, quería llevarla al hospital, pero insistió mucho en que la trajera aquí.
Explico la guerrera después de dejar a Emma en el sofá con todo el cuidado que pudieron.
- No me gustan los hospitales.
Murmuró la rubia sin conseguir sonar chistosa. Regina se inclinó tocando la pierna en diferentes puntos, haciendo que Emma apretase la mandíbula con dolor.
- Si, aquí hay un hueso roto. ¿Cómo ha pasado esto?
La pregunta volvía a estar dirigida a Mulan, junto con una mirada afilada como un cuchillo.
- Yo ni siquiera estaba con ella, Emma estaba con el pirata, se cayó cuando colocaba una vela o no sé qué. Preferí traerla yo, un gancho no es precisamente de mucha ayuda con alguien herido.
Contó la guerrera, Emma rio un poquito desde el sofá. Sobre Hook, Regina y Mulan tenían unas ideas muy parecidas. La alcaldesa asintió mientras pasaba una mano por la pierna de la rubia, con un ligero humillo morado.
- Arreglado.
Dijo al terminar, Emma flexionó un poco la pierna y volvió a hacer una mueca de dolor.
- ¿Y porque aún me duele?
- Para que aprendas la lección.
Respondió Regina con una sonrisita ladeada, Mulan no pudo evitar reír un poco también. Sabía lo que estaba viendo, su vista no la engañaba, por eso no entendía lo que estaba pasando con ellas. Hizo un ligerísimo gesto a la otra morena para que la acompañase a la puerta.
- ¿Pasa el día con Hook?
Pregunto Regina en cuanto estuvieron lejos de los oídos de Emma, nombrando al pirata con desprecio.
- O conmigo. O con sus padres. O en Granny's.
Contestó Mulan con un ligero encogimiento de hombros. Sabía que no debía decirle nada a Regina, que Emma no quería eso y que tampoco era asunto suyo, pero le estaba costando mucho morderse la lengua.
- Y… ¿cómo está?
Volvió a preguntar Regina antes de que la guerrera tomase alguna decisión. Alzó las cejas con sorpresa.
- No sabía que te preocupases por Emma Swan.
- Es la madre de mi hijo, está viviendo en mi casa. Creo que tengo derecho a preguntar como esta.
Respondió la reina con una altanería que no engaño a la otra mujer.
- Dos amigos míos muy queridos quieren a la misma mujer, ellos sabrán porque esa mujer eres tú, pero es así. No quiero que ninguno de ellos salga herido, pero es mejor una persona herida que tres.
Dijo Mulan frente a la puerta abierta de la casa, lista para irse. Regina no dijo nada, había entendido perfectamente lo que la otra mujer estaba insinuando.
- ¿Quieres saber cómo está? Pregúntale. Pero si quieres que ella te sea sincera tendrás que serlo tú también.
La guerrera le mantuvo la mirada por un momento, sin saber si pagaría caro el atrevimiento de hablarle así a la reina o no, pero Regina no respondió, se quedó pensativa por un momento, mirando a Mulan, pero sin verla en realidad.
- Tú no dejes que vuelva a caerse de ningún barco.
Dijo al final para despedirse de la mujer y volver al salón para quitarle del todo el dolor a Emma.
