CAPÍTULO 21: FRUSTRACIÓN INDEMNIZADA

Hacía mucho calor en el avión, me levanté para decirle a alguien de la tripulación que algo iba mal con el aire acondicionado. Pero estaba sola, no había ningún otro pasajero. En la última hilera de asientos logré divisar a una persona, me acerqué de inmediato para preguntarle qué pasaba. A unos metros me detuve asustada.

Era Peeta.

Me llevé las manos al pecho, mi corazón parecía querer salir de mí y saltar a sus brazos. Estaba leyendo una revista, sus hermosos ojos recorrían las páginas mientras yo seguía clavada al suelo.

—Peeta— llamé muy despacio. Me miró, de inmediato hizo a un lado su revista y se levantó. Caminó hacia mí, hasta estar muy cerca, sus manos recorrieron mis mejillas.

Lo había extrañado muchísimo, una lágrima resbaló por mi mejilla y antes que cayera él la detuvo con la yema de un dedo. La llevó a sus labios.

—No llores Katniss, te amo— acercó sus labios entreabiertos.

Sentí un fuerte sacudón, me alarmé. Por una las ventanillas apareció el rostro de Gale. Di un paso hacia atrás y caí.

— ¿Señorita? ¿Se siente bien?— abrí los ojos. Junto a mí estaba el sobrecargo.

¡Fue un sueño! Pero era tan real. Quería que fuera real, Peeta decía que me amaba.

—Sí, gracias— discretamente me limpié el rastro de llanto en mi mejilla.

Escuché por el altavoz que estábamos a punto de aterrizar. Me dio un vuelco el corazón. Tan cera de él otra vez y a la vez tan lejos. ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Tendrá a alguien en su vida?

Aún no me sentía lo suficientemente fuerte para buscar a Peeta y tratar de tener una conversación civilizada. Quizás en algunos años reúna el valor. A pesar que me había
Echado de su vida, una parte de mí se negaba a aceptarlo. Habíamos vivido algo intenso, algo que parecía lo más importante del mundo. No, aún no. No era tan fuerte, todavía me dolía. Sería mejor concentrarme en lo del divorcio y nada más que en eso.

Iba arrastrando mi pequeña maleta en medio del aeropuerto, muerta de calor debido al cambio de temperatura. Sin querer tropecé con alguien. Volteé para disculparme.

— ¡Ay! Fíjate— la rubia no me miró, estaba más ocupada sacudiendo su vestido como si yo fuera una andrajosa. Se quitó los lentes y la reconocí de inmediato.

—Hola Delly— dije con poco entusiasmo. Al verme abrió los ojos desmesuradamente.

—Katniss ¿Verdad?— trató de fingir que apenas me recordaba pero no fue convincente.

No le quise contestarle y continué mi camino. Era sólo una desafortunada coincidencia venir a tropezar con aquella mujer.

Mi audiencia era para mañana temprano, así que me hospedé muy cerca de los tribunales. No quería andar recorriendo las calles y menos exponiéndome a que me viera Gale.

Tomé una ducha larga y me acosté a dormir, mi sueño no fue el mejor, estar aquí de regreso me traía muchos recuerdos. Constantemente me preguntaba por él. ¿Estará mejor sin mí? ¿Ya me habrá olvidado?

Desperté más relajada en intenté prepararme para lo que viniera. No debía mostrar debilidad, a pesar de las circunstancias y de los errores que cometí no podía permitir que Gale vuelva a manipularme. No le iba a dar oportunidad de ofenderme frente a un juez.

Llegué ante la puerta número 16 del juzgado con media hora de anticipación. Me recibió la secretaria del juez y me hizo pasar.

— ¿Señora Hawthorne verdad?— preguntó apenas me vio.

—Espero salir de aquí con el apellido que nací— le sonreí. Parecía bastante amable.

—El juez la está esperando, el señor Hawthorne también está presente— me apuró. Creí que tendría tiempo pero al parecer me habían ganado en llegar.

Entré a la sala, era pequeña en comparación con los juzgados que muestran las series de televisión. Vi a Gale de espaldas, estaba al lado de otro hombre que parecía abogado. Me alarmé, en ningún lugar del documento que me enviaron decía que debía venir con ayuda legal.

—Buenos días— saludé en voz alta. Gale se giró a verme bastante asombrado. ¿Qué no fue él mismo que envió a alguien a entregarme esa citación?

— ¿Señora Katniss Hawthorne?— preguntó el juez. Asentí, parecía algo serio para decirle que por desgracia todavía llevaba ese apellido.

Tomé mi lugar. Gale no dejaba de cuchichear con su asesor.

— ¿Están ambas partes?— preguntó el juez.

—Si señor— respondió el abogado.

—Esta audiencia es para dar la resolución del divorcio…— empezó el juez.

—Yo me opongo a eso— dijo Gale. ¿Estaba loco?

—No lo entiendo señor Hawthorne, su abogado presentó pruebas acusatorias de infidelidad sobre la señora Hawthorne, solicitando el divorcio— miré a Gale.

—Todavía no hemos tenido la entrevista con el consejero matrimonial— titubeó. ¿Consejero matrimonial? No entendía que pasaba, si me había acusado de infiel ¿Para qué diablos quería consejero matrimonial? Cómo si este matrimonio fantoche pudiera salvarse.

—Yo no deseo ir a un consejero matrimonial— dije con firmeza. –Vengo a firmar el divorcio y a recuperar mi libertad— sonreí ligeramente. Parecía que iba a disfrutar esto.

—Desde que este caso llegó a nuestras manos, la justicia ha investigado todas las pruebas y las demandas allegadas al mismo. Señor Hawthorne, usted estuvo arrestado en tres oportunidades. Por contratar los servicios de delincuentes y atacara los trabajadores de una mecánica. Por sobornar a funcionarios de telefonía para obtener records de llamadas de la señora Hawthorne. Y por protagonizar un escándalo en la vía pública golpeando a otro ciudadano. Además la señora Hawthorne lo demandó por secuestro— me sorprendí al escuchar al juez. ¿Gale había estado arrestado cuatro veces? ¿A quién habría golpeado?

— ¡Yo no la secuestré! Sólo la retuve porque ella quería abandonarme, lo cual hizo. Irrumpí en esa mecánica porque creí que ellos escondían la escondían. Estaba desesperado por encontrarla por ello hice lo que sea para obtener sus registros de llamadas… Y no golpeé a nadie, fue ese conserje el que me golpeó a mí. ¡El amante de mi mujer! ¡Usted tiene las pruebas señor!— termino gritando.

Su abogado parecía estar a punto de abandonarlo. Yo seguía sin poder creérmelo ¿Peeta lo golpeó? ¿Por qué?

—Las fotos que me hizo llegar no prueban que la señora Hawthorne tenga un amante— dijo el juez sin inmutarse.

— ¿Cómo qué no? Si está clarísimo, ella andaba con ese muchacho, el conserje del edificio. ¡Se veían a escondidas!

—Señor Hawthorne, estas fotografías muestran dos personas riendo en una calle. Yo no veo ninguna prueba de infidelidad aquí— le corrigió el juez.

—Pero ella me engañó. Me rehúso a que se quede con algo de mi propiedad. ¡No se va a llevar nada!— Gale estaba perdiendo el control.

—Eso lo decido yo señor Hawthorne— el magistrado seguía leyendo sus papeles.

Pasaron unos minutos. El juez me miró.

— ¿Desea un abogado de oficio?— preguntó.

—No señor. Quiero que esto termine lo más pronto posible, yo firmo lo que sea con tal de obtener el divorcio— dije de manera firme.

— ¿No desea consejería matrimonial?— me preguntó.

—No. Definitivamente no— respondí.

—Katniss…— es la primera vez que Gale me hablaba. Dios, parecía diez años más viejo y había adelgazado mucho. –Katniss, perdóname por actuar así. Yo… me cegué por los celos. Glimmer me convenció. Si te divorcias de mí, no te llevarás nada. Pero si regresamos, yo prometo…— no lo dejé terminar.

—Sólo vine a firmar documentos, no a conciliar. Para mí, este matrimonio está terminado, es más, nunca fue consumado. ¿Por qué no le dices eso al juez?— lo reté.

— ¿Hay algo más que quiera aportar, que pruebe que este vínculo matrimonial debe disolverse?— preguntó el juez. Miré a Gale fijamente.

—¡No! Mi esposa y yo tuvimos nuestras diferencias, pero siempre fuimos un matrimonio estable y muy sólido— con gusto le hubiera dado una trompada a Gale por ser tan mentiroso. ¿Estable? ¿Sólido? Debería decir, alicaído y fofo igual que su virilidad.

—No le entiendo señor Hawthorne. Sostiene que tenían un buen matrimonio y acusa a su esposa de infidelidad. Desea mantener su unión pero a la vez amenaza a la señora Hawthorne con quedar desamparada si se divorcia— el juez estaba perdiendo la paciencia.

—Yo quiero darle una oportunidad a mi mujer, para que se arrepienta y vuelva conmigo. Pero si no lo hace y va a seguir con ese muchacho, la dejaré en la calle— suspiré resignada. ¿En qué mundo Gale podía pensar que iba a volver con él y menos por dinero?

— ¿Tiene algo más que aportar señora Hawthorne, antes de dar mi veredicto?— me preguntó el juez.

—Sí señor— me armé de valor. —Quiero que quede escrito, que mi esposo y yo nunca pudimos consumar el matrimonio porque él no puede mantener una erección— dije sin dudar. Gale estaba con la boca abierta y le temblaban las manos.

—Señor Hawthorne ¿Es eso cierto?— le preguntó.

—Yo estaba en tratamiento…— balbuceó Gale.

— ¿Es o no cierto lo que afirma su esposa?— preguntó el juez ya fastidiado.

—Si… pero— Gale cambiaba de color. Parecía que de un momento a otro se desplomaría.

—Bien. No quiero oír más. Ya tenía la decisión tomada pero necesitaba oírlos en una audiencia final. Declaro disuelto el vínculo matrimonial y la sociedad de bienes gananciales producto de su unión. Según los documentos de las posesiones que adquirieron durante los 15 meses de matrimonio, le corresponde a la señora Katniss Everdeen ex Katniss Hawthorne, la propiedad en Miami, adquirida enero pasado. También la residencia en Atlanta, las acciones en la empresa de seguros, y el yate en Miami Beach. Además, el 35% del dinero de la cuenta bancaria a nombre del señor Gale Hawthorne en el City Bank, que asciende a 400 mil dólares— casi me caigo de espaldas del asiento. ¿Gale tenía todo eso? ¿Qué hacía, vendía droga? Siempre me decía que hacía inversiones pero nunca vivimos con lujos.

—¡Ella no se merece nada!— gritó mi ex esposo ofuscado.

—Además una indemnización de 50 mil dólares por no cumplir sus obligaciones conyugales durante el tiempo que duró su matrimonio— el juez seguía mirando los documentos que tenía. –Pasen a firmar por aquí— nos indicó.

Me adelanté, esto era mejor de lo que había imaginado. Ni en mis sueños podría haber imaginado que Gale tuviera dinero ahorrado o guardado. De hecho yo no necesitaba nada, sólo ser libre. Escuché ruidos extraños desde el escritorio de mi ahora ex esposo. Gale se sujetaba el pecho evidentemente la noticia le había caído mal.
—Señorita secretaria, llame a los paramédicos del tópico para que examinen al señor Hawthorne. Asegúrese que firme la sentencia antes de que lo lleven al hospital— no sabía si reír o llorar de alegría. Con gusto le devolvería todo a Gale… menos los 50 mil dólares por el tiempo de insatisfacción. Ese dinero sí me lo merecía.

El magistrado me señaló dónde debía firmar. Parecía contento con su veredicto.

—Eso es todo señorita— me sonrió. –Deje su dirección a la secretaria para saber a dónde se le enviarán los títulos de propiedad y los estados de cuenta del banco.

Mientras escribía la dirección del abuelo Haymitch, no pude evitar mirar a dos paramédicos colocándole oxígeno a Gale.

Salí de la audiencia algo asustada pero feliz. No podía creer que eso hubiera pasado. Parecía irreal. No sabía qué hacer con tanto dinero y propiedades. ¿Y ahora? Bueno, estaba segura que demorarían mucho en darme todo eso, es más, Gale apelaría la decisión del juez y no me importaba la verdad, era su dinero. Salvo los 50 mil dólares, tal vez lo done para la caridad… a un fondo para curar la impotencia masculina. Me reí de sólo imaginar eso.

Estaba tan feliz, que podría haber salido saltando de los tribunales. Entré a los servicios a refrescarme, demasiadas emociones para un solo día. Escuché pasos rápidos cerca de allí. Quizás los paramédicos corrían por el pasillo principal llevando a Gale. Iba a ser más fácil curar su impotencia que recuperar su orgullo.

Escuché algunos gritos y me apuré a alcanzar la puerta principal. Bajé rápidamente las escaleras para llegar a la calle. Detuve un taxi, quería regresar a Gearhart lo más rápido que pudiera pero antes iba a pasar por casa de Mags para devolverle el dinero que me prestó cuando tanto lo necesitaba.

A punto de abordar el automóvil escuché gritar mí nombre. Me sobresalté. ¡Era la voz de Peeta! Miré hacia arriba, desde el tercer piso, dónde se había realizado la audiencia, él me llamaba. Mi corazón se agitó, sin pensar en nada más, subí de prisa al taxi. Le dije al conductor que se apure.

Casi no podía respirar, Peeta me iba a producir taquicardia. ¿Qué rayos hacía aquí? ¿Acaso me estaba buscando? ¿Para qué si no me creía? ¿Quién le habrá avisado de la audiencia? Me dolió la cabeza pensar en tantas cosas.

— ¿A dónde la llevo señorita?— preguntó el conductor del taxi.

—Lléveme… lléveme a la mecánica Voltios— pedí. Necesitaba hablar con alguien que pudiera explicarme lo que pasaba. Una persona en quien confiaba a pesar de ser boquiflojo. Tal vez Finnick pueda decirme porque Peeta me buscaba.


¿Sólo 50 mil dólares por tanta frustración? Bueno, algo es algo.

Gracias por leer.

PATITO