Disclaimer: Percy Jackson pertenece a Rick Riordan


x29: Ya había pensado llevar a algunos mortales como Sally a la lectura de los libros. En cuanto a los dioses, no había pensado en llevar a ninguno aparte de Hestia (o más bien a su forma romana Vesta).

Tampoco creo necesario darle ningún tipo de conexión a esta historia con la otra porque, como ya he dicho, son historias completamente separadas la una de la otra. No es como si la futura historia de Los Héroes del Olimpo ocurriese después de esta ni nada similar. Como máximo podría poner una nota de autor al final de un capítulo, anunciando que ya la tengo empezada o algo así.


Una vez Thalia hubo terminado de leer, hubo una pequeña discusión para ver quien empezaba a leer el nuevo capítulo.

—Eh, Alana —Zoë aprovecho ese momento para hablar con una de sus compañeras cazadoras—. ¿Estás segura de que no quieres hablar con Percy?

—Ya te lo he dicho, Zoë. No necesito hablar de nada con él. Además tampoco sabría que decirle —respondió la chica llamada Alana.

Zoë frunció levemente el ceño.

—Hablarás con él en el próximo descanso, ¿entendido? —decidió Zoë. Alana abrió la boca para protestar, pero fue interrumpida por Zoë—. ¡Una pregunta! —exclamó para que todos la oyesen—. ¿Cuando será el próximo descanso?

—Creo que un par de capítulos más y comemos —decidió Hestia—. ¿Te parece bien, hermano?

—Sin problemas. Y que alguien siga con la lectura del engendro del mar. No tenemos todo el día —dijo Zeus.

—Alana se ofrece voluntaria para leer —dijo Zoë, empujando a la cazadora hacia delante.

—¡Eh! ¡Qué yo no me he ofrecido! —Pero igualmente fue a recoger el libro—. Nos vamos a pique... Es una broma, ¿verdad?

Los cuatro que habían estado en la isla de Polifemo no respondieron.

—¿Es que no se le acaban nunca las rocas? —murmuré.

—Debe de tener un suministro de rocas infinito en alguna parte —dijo Will, encogiéndose de hombros. Suficientes años en ese mundo le habían enseñado a no cuestionar las cosas que pasaban o que hacían los monstruos.

—¡Nademos hasta el barco! —dijo Grover .

Él y Clarisse se zambulleron entre las olas. Annabeth se agarraba del cuello de Clarisse e intentaba nadar con un brazo, aunque el peso del vellocino la abrumaba.

Pero lo que le interesaba al monstruo no era el vellocino.

Eso dejó a varios confundidos. Si Polifemo no iba tras el vellocino, entonces ¿tras que iba?

—¡Tú, joven cíclope! —rugió Polifemo—. ¡Traidor a tu casta!

—¿Trata de poner a Tyson de su parte? —preguntó Rachel sorprendida.

—Viendo el ejemplo de antes con Percy, dudo que sea eso —respondió Bianca.

—Sí —asintió su hermano—. Seguramente atacaría a Tyson cuando tenga la oportunidad.

Tyson se quedó helado.

—¡No lo escuches! —le dije—. Vamos.

—Eso, iros —susurró Sally.

Tiré de su brazo, pero era como tirar de una montaña. Él se volvió y encaró al viejo cíclope.

—No soy ningún traidor.

—Bien dicho, grandullón —sonrió Percy, orgulloso de su hermano pequeño.

—¡Sirves a los mortales! ¡A ladrones humanos! —gritó Polifemo,

—¡Que va! Si nadie de ahí era hijo de Hermes! —exclamó Percy.

—Aunque quizás un hijo de Hermes nos habría venido bien ahí —dijo Annabeth—. Ya sabéis. Para conseguir el Vellocino de oro.

—Sí —asintió Grover—. Por ejemplo podrían haberse escabullido entre las rocas y matorrales, sin ser detectados por las ovejas y robar el vellocino.

—Y si no servía eso, siempre podrían haberse sacrificado para que el resto consiguiéramos el vellocino —añadió Clarisse, haciendo que los hijos de Hermes de esa zona mirasen a la hija de Ares con preocupación—. Con su rapidez podrían esquivar a las ovejas un tiempo antes de que fuesen atrapados.

—Es verdad —admitió Percy.

—Cierto —asintió Annabeth.

—Cualquier plan que no signifique mi sacrificio me gusta —dijo Grover.

—¡¿ESTÁIS DE BROMA, VERDAD?! —chillaron los cuatro hijos de Hermes con la misma expresión de terror. Definitivamente no irían a una misión con ese grupo o morirían.

y le arrojó la primera roca.

Tyson la desvió con el puño.

—No soy traidor —dijo—. Y tú no eres de mi casta.

—¡Victoria o muerte! —Polifemo se adentró entre las olas, pero aún tenía el pie herido. Dio un traspiés y cayó de cabeza.

Algunos rieron por lo bajo, aunque seguían preocupados por Percy y el resto.

Habría sido muy divertido si no hubiera empezado a levantarse otra vez, escupiendo agua salada y soltando gruñidos.

—¡Percy! —chilló Clarisse—. ¡Vamos!

Ya casi habían llegado al barco con el vellocino a cuestas. Si conseguía distraer al monstruo un poco más…

—¡Sigue! —me dijo Tyson—. Ya entretengo yo al Gran Feo.

Thalia levantó su mano.

—Quiero adjudicarle ese apodo a Polifemo —declaró.

—Hecho —dijeron los semidioses.

Y a partir de ese momento Polifemo paso a llamarse Gran Feo. Por supuesto no hacía falta decir que Poseidón no estaba conforme con eso. Pero entre llamar a un hijo suyo "Gran Feo" o que dos de sus hijos muriesen a manos de ese primero, el dios del mar se quedaba con la primera opción.

—¡No! Te matará.

Ya había perdido a Tyson una vez. No quería perderlo de nuevo.

—Lucharemos juntos.

—Juntos —repitió él, asintiendo.

—Creo que le gusta eso de pelear junto a Percy —sonrió Aquiles.

Saqué mi espada.

Polifemo avanzaba despacio, cojeando cada vez más, pero no tenía ningún problema en el brazo. Nos arrojó la segunda roca. Me lancé en plancha hacia un lado, pero me habría aplastado igualmente si Tyson no hubiese hecho añicos la roca con el puño.

—Suerte de Tyson allí o creo que la mayoría ya habrían muerto por culpa de las rocas —dijo Ariadna. Los otros que habían estado allí en ese momento, asintieron de acuerdo con la princesa de Creta.

Ordené al oleaje que se levantara y a continuación una ola de seis metros me alzó en su cresta. Cabalgué sobre ella hacia el cíclope, le di una patada en el ojo y salté por encima de su cabeza mientras el agua lo lanzaba hasta la playa.

Varios hicieron un gesto de dolor.

—Eso ha tenido que doler lo suyo —comentó Póllux.

—¡Te destruiré! —farfullaba Polifemo—. ¡Me has robado el vellocino!

—Bueno, y él lo robó antes —señaló Orión.

—¡Fuiste tú el que robó el vellocino! —grité—. ¡Y lo has convertido en una trampa mortal para los sátiros!

—¿Y qué? ¡Los sátiros son buena comida!

Grover sacudió su cabeza. Suerte que se habían llevado el vellocino lejos de allí.

—¡El Vellocino de Oro está hecho para curar! ¡Y pertenece a los hijos de los dioses!

—Bueno, técnicamente él también es un hijo de los dioses —dijo Piper.

—¡Yo soy hijo de los dioses! —Me lanzó un golpe, pero me hice a un lado a tiempo—. ¡Padre Poseidón, maldice a este ladrón!

—Lo siento, la línea esta actualmente ocupada. Inténtelo más tarde —dijo Poseidón con voz neutra.

Ahora parpadeaba sin parar, como si apenas viera nada, y me di cuenta de que apuntaba guiándose por el sonido de mi voz.

—Bueno, esta ciego. Veo difícil que pueda guiarse usando su ojo —comentó Rachel.

—Poseidón no va a maldecirme. —Di un paso atrás y el cíclope aferró un puñado de aire—. Yo también soy su hijo. Él no va a favorecer a ninguno de los dos.

Polifemo rugió. Arrancó un olivo que había echado raíces en la ladera del acantilado y lo aplastó justo en el lugar que yo ocupaba un momento antes.

—¡Los humanos no son lo mismo! ¡Malos, traidores, mentirosos!

Jason puso los ojos en blanco.

—Y lo dice un tipo que usaba el Vellocino de Oro para engañar a los fau... sátiros y comérselos —dijo el hijo de Júpiter.

Annabeth ya estaba subiendo a bordo con la ayuda de Grover. Clarisse me hacía señas frenéticas para que los siguiera.

Tyson rodeó a Polifemo y trató de ponerse a su espalda.

—¡Joven! —dijo el monstruo—. ¿Dónde estás? ¡Ayúdame!

—No le hagas caso —susurró Frank.

Tyson se detuvo.

Hazel suspiró.

—Evidentemente iba a detenerse.

—¡No te criaron como es debido! —aulló Polifemo, agitando aún el olivo—. ¡Pobre hermanito huérfano! ¡Ayúdame!

Nos quedamos inmóviles. Por un instante no oí nada, salvo el fragor del océano y el de mi corazón. Entonces Tyson dio un paso adelante, cubriéndose con las manos por si acaso.

—No luches más, hermano cíclope. Deja ese…

Varios soltaron un gemido, sabiendo que Polifemo simplemente buscaba herir a Tyson y no ayudarle como decía en el libro.

Polifemo buscó su voz.

—¡Tyson! —grité.

El árbol lo golpeó con una fuerza que a mí me habría convertido en una pizza cuatro quesos. Tyson salió disparado hacia atrás, abriendo una zanja en la arena.

La mayoría hicieron un gesto de dolor. Si ese golpe mandaba a un cíclope a volar, no querían imaginarse como sería recibir ese golpe con sus frágiles cuerpos humanos.

Polifemo se echó sobre él.

—¡No! —grité. Y me lancé en tromba blandiendo a Anaklusmos.

Esperaba pinchar a Polifemo en la parte trasera del muslo, pero salté un poco más arriba de la cuenta.

—¡Aaaaaah!

Polifemo se echó a balar como sus ovejas y trató de atizarme con el árbol.

—¿Se puede saber dónde le clavaste la espada? —preguntó Thalia divertida.

—Digamos que no se pudo sentar en una buena temporada —se limitó a responder Percy.

Todos se echaron a reír.

Me zambullí otra vez, aunque consiguió azotarme la espalda con aquellas ramas afiladas. Mi piel sangraba, estaba magullado y exhausto. La cobaya que había en mí quería salir huyendo,

—Me sorprende que aún te dure el efecto del hechizos de Circe —dijo Reyna, algo sorprendida.

pero aun así me tragué el miedo.

Polifemo blandió de nuevo el árbol, pero esta vez me pilló preparado. Agarré una rama al vuelo, sentí un fuerte tirón en las manos al ser impulsado hacia arriba y dejé que el cíclope me alzara por los aires. Cuando alcancé el punto más alto, me solté y fui a caer sobre la cara del monstruo con los pies por delante, que aterrizaron en aquel ojo enorme y muy dañado.

—Estoy empezando a sentir pena por Polifemo —dijo Silena—. Bueno, más bien por su ojo.

Polifemo mugió de dolor. Tyson le hizo un placaje y lo derribó. Yo caí a su lado espada en mano, a la distancia perfecta para clavársela en el corazón. Pero miré fijamente a Tyson y comprendí que no podía hacerlo. No estaba bien, simplemente.

—¿No has aprendido nada de la última vez o qué chaval? —preguntó Ares irritado.

Percy no dijo nada. Entendía al dios de la guerra. La última vez había decidido perdonar a Polifemo y casi muere a causa de ello. Pero aunque así fuese, seguía sin ser capaz de matar al cíclope. A un hijo de Poseidón como él o Tyson.

—No le hagas caso, Percy —dijo en ese momento Hestia, sentándose al lado del hijo de Poseidón—. Tú simplemente haz lo que tengas que hacer.

—Eso pienso hacer —le aseguró Percy con una sonrisa.

—Déjalo —le dije a Tyson—. Vamos, corre.

Con un último esfuerzo, apartó de un empujón al viejo cíclope, que no dejaba de soltar maldiciones, y corrimos hacia las olas.

—¡Os aplastaré! —aullaba Polifemo, doblándose de dolor y cubriéndose el ojo con sus manos enormes.

Tyson y yo nos zambullimos.

—¿Dónde estáis? —gritaba Polifemo. Recogió el árbol y lo lanzó al agua.

Cayó salpicando a nuestra derecha.

Percy dejó escapar un suspiro. Ese árbol había estado bastante cerca de darles.

Ordené a una corriente que nos arrastrara y empezamos a ganar velocidad.

—Bueno, ya están fuera de peligro —susurró Sally, aunque su presentimiento era otro.

Casi creía que lograríamos llegar al barco, cuando Clarisse gritó desde cubierta:

Varios dejaron escapar un gemido mientras la chica se sonrojaba a más no poder. Visto ahora, no había sido lo más inteligente que había dicho hasta ese momento. Pero bueno, ella era hija de Ares, no de Atenea.

—¡Muy bien, Jackson! ¡En tus propias narices, maldito cíclope!

«Cierra el pico» , quise gritarle.

—Seguro que al final se lo acabas gritando —dijo Nico convencido de ello.

—¡Grrrrrrr! —rugió Polifemo. Agarró una roca y la lanzó orientándose por la voz de Clarisse, pero se quedó corto y no nos alcanzó por poco.

—¡Venga ya! —se mofaba Clarisse—. ¡Tiras como un cagueta! ¡Así aprenderás! ¡Por querer casarte conmigo, idiota!

—¡Clarisse! —gritaron varios.

—Ya sé, ya sé. Fue muy estúpido por mi parte hacer eso —exclamó la chica.

—Pero muy estúpido —aseguró Frank.

—¡Clarisse! —aullé—. ¡Cierra el pico!

Demasiado tarde. Polifemo arrojó otra roca y esta vez contemplé, impotente, cómo pasaba por encima de mi cabeza y atravesaba el casco del Vengador de la Reina Ana.

—Evidentemente huir de ahí no sería tan fácil —suspiró Katie.

No os creerías lo rápido que puede hundirse un barco.

—Fue muy rápido —aseguró Grover, recordando que antes de que se diese cuenta, el sátiro ya estaba en el agua.

El Vengador de la Reina Ana gimió, crujió y la proa se fue inclinando como a punto de deslizarse por un tobogán.

Solté una maldición y ordené al mar que nos impulsara más deprisa, pero el agua ya se estaba tragando hasta los mástiles.

—¡Sumérgete! —le dije a Tyson.

Y mientras volaba otra roca por encima de nuestras cabezas, nos zambullimos bajo el agua.

Mis amigos se hundían muy deprisa y trataban de nadar sin éxito en el burbujeante torbellino del naufragio.

No mucha gente sabe que cuando un barco se va a pique, se forma una especie de sumidero que se traga todo lo que hay alrededor.

Poseidón y sus hijos asintieron, de acuerdo con Percy en el libro.

Clarisse era muy buena nadadora, pero ni siquiera ella lograba gran cosa. Grover daba coces frenéticas con sus pezuñas. Annabeth se aferraba al vellocino, que refulgía como un tesoro en el agua.

—Por muy mágico que sea el vellocino, dudo que te sirva en esa situación —dijo Charles.

—Bueno, era eso o hundirme del todo —dijo Annabeth—. En ese momento no estaba yo para mucho movimiento.

Nadé hacia ellos sabiendo que quizá no tendría la fuerza suficiente para sacarlos del apuro. Y consciente de algo peor todavía: había trozos de madera arremolinándose a su alrededor, y ninguno de mis poderes serviría de nada si uno de aquellos maderos me golpeaba en la cabeza.

—Bueno, sigues teniendo las habilidades regenerativas de Poseidón —murmuró Chris, aunque no parecía muy seguro de ello.

«Necesitamos ayuda», pensé.

«Sí». Era la voz de Tyson, sonando alta y clara en mi cabeza.

Lo miré atónito. Había oído alguna a vez a las nereidas y otros espíritus acuáticos bajo el agua, pero nunca se me habría ocurrido…

—Bueno, es normal —dijo Annabeth—. Yo no puedo comunicarme mentalmente con mis hermanos, a pesar de que todos somos hijos de Atenea. Cómo máximo podemos adivinar lo que estamos pensando.

—Entiendo lo que dices —dijo Bianca—. Yo no puedo comunicarme con Nico, pero muchas veces se lo que esta pensando. —Nico dejó escapar un resoplido—. Por ejemplo, ahora esta pensando en que quiere recibir un abrazo mío.

—¡¿Qué?! ¡Claro que...! ¡Bianca, suéltame! —exclamó el hijo de Hades al ser abrazado por su hermana, mientras el resto reía.

Bueno, al fin y al cabo, Tyson era hijo de Poseidón. Podíamos comunicarnos.

«Rainbow», dijo Tyson.

—Un hipocampo es la mejor manera de huir de allí —asintió Atenea.

Asentí. Cerré los ojos para concentrarme y uní mi voz a la de Tyson:

«¡Rainbow! ¡Te necesitamos!».

Y casi de inmediato, temblaron unas siluetas en la oscuridad del fondo:

Varios sonrieron. Se notaba que Rainbow había estado por allí, esperando a Tyson para poder jugar con él.

tres caballos con cola de pez galopaban y a hacia nosotros, más veloces incluso que los delfines. Rainbow y sus compañeros nos miraron y parecieron leernos el pensamiento. Se zambulleron en el remolino del naufragio y momentos después surgieron entre una nube de burbujas con Grover, Annabeth y Clarisse aferrados cada uno al cuello de un hipocampo.

Rainbow, que era el más grande, cargaba con Clarisse.

—¿Es cosa mía o Prissy ha aprovechado para insultarme? —preguntó Clarisse.

—No lo decía a mala fe. Al fin y al cabo, tú eras más grande que nosotros —respondió Percy—. A excepción de Tyson, claro esta.

Corrió hasta nosotros y dejó que Tyson se agarrase a su crin. Lo mismo hizo conmigo el hipocampo que llevaba a Annabeth.

—Ese hipocampo es listo —sonrió Thalia.

—Creo que todos en esa época ya se olían que Percy y Annabeth terminarían juntos —dijo Nico, mientras los susodichos rodaban los ojos.

Salimos a la superficie y nos alejamos a escape de la isla de Polifemo. A nuestras espaldas, oí todavía al cíclope rugiendo victorioso:

—¡Lo conseguí! ¡He mandado a Nadie al fondo!

—¿Aún seguía pensando que eráis Nadie? —preguntó Piper, sacudiendo la cabeza. Desde luego Polifemo era muy idiota.

Espero que no haya descubierto que estaba equivocado.

—Mejor que no o es capaz de perseguiros a nado —dijo Leo, haciendo que Percy, Annabeth, Grover y Clarisse temblasen ante la idea del cíclope persiguiéndoles por el mar al grito de "¡Te mataré, Nadie!"

Nosotros nos deslizamos sobre las olas mientras la isla se convertía en un punto y desaparecía por fin.

—Lo conseguimos —murmuró Annabeth, exhausta—. Hemos…

—Sí —asintió Rachel—. Habéis recuperado el Vellocino de Oro.

Thalia sonrió. Recuperar el vellocino no significaba solamente que su árbol sería salvado, sino que también que su "resurrección" también estaba cerca.

Ay, dioses pensó en ese momento Thalia. Espero que no salga como Percy me llevó hasta la enfermería en brazos* Sería demasiado vergonzoso si los demás lo leen... sobre todo Luke.

Se desplomó sobre el cuello del hipocampo y se quedó dormida en el acto.

No sabía si los hipocampos podrían llevarnos muy lejos. Tampoco sabía adonde nos dirigíamos. Acomodé a Annabeth para que no pudiera caerse, la cubrí con el Vellocino de Oro que tantos esfuerzos nos había costado y pronuncié una silenciosa oración de agradecimiento.

Lo cual me recordó que tenía una deuda pendiente con los dioses.

—Eres genial —le dije en voz baja a Annabeth.

Annabeth le dio un puñetazo suave en el brazo.

—La próxima vez dímelo cuando este despierta, Sesos de algas —le susurró con una sonrisa.

Percy acercó sus labios a la oreja de su novia.

—Eres genial.

Annabeth sonrió y se apoyó en su hombro.

Luego apoyé la cabeza en el vellocino y, antes de darme cuenta, ya estaba dormido.

—Fin del capítulo —anunció la cazadora Alana.


*: Eso ya lo mencione en la primera parte, pero no sale en los libros. Simplemente es invención mía. Lo digo por si alguien piensa que si sale en los libros o algo así.


Hola gente.

Décimo noveno capítulo del fic. No penséis que le estoy dando más prioridad a este fic o algo similar. Es simplemente que este capítulo era corto y he podido acabarlo antes.

En fin, aparece un personaje nuevo (aunque técnicamente lleva aquí desde el principio de la serie) solamente que ahora conocemos su nombre (aunque en realidad su nombre se menciona en el capítulo 8 de este fic), y que al parecer guarda alguna especie de relación con Percy. Pero, ¿cual será?

Lo sabréis en un par de capítulos.

Se despide,

Grytherin18-Friki.