Emma y Henry llegaron a la puerta del colegio y el micro ya estaba allí. Henry se iba de día de campamento con sus compañeros. Luego de saludar a un par de padres Emma se coloco a un costado y saco una lista de su bolsillo, quería asegurarse de que Henry tenga todo lo necesario.
- ¡Killian! ¡Viniste! – Dijo Henry corriendo hacia él y recibiéndolo con abrazo.
- Claro que vine, siempre cumplo mis promesas. – Dijo Killian correspondiendo el abrazo de tal forma que los pies de Henry dejaron de tocar el piso por unos segundos.
- Hola. – Saludó Emma mirándolo intensamente, ella adoraba ver que Killian tenga tanto afecto por su hijo. - ¿Qué haces acá? – Preguntó.
- Henry me pidió que venga a despedirlo. – Respondió él. – Por cierto, te traje lo que me pediste. – Dijo a Henry y sacó de su mochila varios objetos que le había pedido.
- ¡Genial! – Exclamó Henry agarrando las cosas y guardándolas en su mochila. – Gracias. – Agradeció. – Mamá, ¿Puedo ir a ver a hablar con Daniel y Grace? – Preguntó al ver que sus amigos habían llegado.
- Claro que puedes, pero mantenete donde pueda verte, ¿De acuerdo? – Dijo ella.
- Okay. – Acepto su hijo y corrió a encontrarse con sus amigos.
- Ahora si puedo saludarte apropiadamente. – Le dio un beso en los labios. – Hola Emma. – Dijo con una sonrisa.
- Hola Killian. – Devolvió el saludo.
- Henry parece entusiasmado. – Dijo Killian señalando al hijo de ella que corría de un lado a otro con Daniel y Grace.
- Si, esta muy entusiasmado. – Coincidió ella. – No puedo creer que se vaya de campamento, ¿No te parece que son muy chicos para estas cosas? – Preguntó ella nerviosa.
- Es solo por un día y una noche, él estará bien y se divertirá mucho. – Aseguró él rodeando la espalda de ella con su brazo.
- Gracias por haber venido. – Agradeció ella y le dio un beso en la mejilla.
Emma y Killian se quedaron allí juntos, hablando, hasta que todos los alumnos del grado de Henry llegaron y todos los bolsos fueron acomodados dentro del micro. Henry corrió a ellos para saludarlos. Primero saludó a Killian y luego a Emma.
- Cuidate. – Pidió ella abrazándolo con fuerzas.
- Lo haré. – Aseguró el abrazándola con las mismas fuerzas.
- ¿Me llamas cualquier cosa? – Pregunto ella.
- Por supuesto. – Dijo él.
- Te voy a extrañar. – Dijo ella y le dio un beso en la cabeza.
- Yo también, te amo mamá. – Dijo Henry saliendo del abrazo.
- Yo te amo más. – Peleo ella y lo despeino como tanto le gustaba hacerlo.
- Chau. – Saludó él, le dio un último beso en la mejilla y corrió al micro.
Una vez que el micro se fue Emma se quedo unos minutos despidiéndose de los demás padres e intercambiando algunos números de celular. Emma no podía creer que Killian se haya quedado esperándola, ni siquiera podía creer que haya venido a la despedida. Sabía que él estaba porque Henry le había pedido, pero ella se sentía agradecida de que este ahí. Era la primera vez que Henry se iba de campamento y se sentía bastante afectada por eso. Por eso agradeció que Killian este ahí, porque su compañía le transmitía calma y contención.
- Bueno, supongo que es hora de partir a nuestros trabajos. – Dijo él una vez que estuvieron solos.
- Si, lamentablemente el trabajo llama. – Coincidió ella. – Gracias por haber venido, me gusto que hayas estado acá. – Agradeció ella.
- A mi también me gusto estar acá. – Aseguró él.
- ¿Queres venir a casa después del trabajo? – Propuso ella.
- ¿Eso es una invitación? – Preguntó él con una sonrisa.
- Si, ya que Henry no está podemos aprovechar que tenemos el departamento para nosotros solos. – Respondió ella provocativamente.
- Ahora voy a estar todo el día pensando en vos y en cuando estemos solos. – Se quejo él. - Propuesta aceptada. – Dijo y la besó.
Se despidieron una vez, dos veces, tres beses. Parecían insaciables. Emma no le gustaba mucho eso de andar demostrando afectos y besándose en lugares públicos, pero con Killian le resultaba inevitable. Los labios y los besos de Killian eran demasiado irresistibles.
Después de salir de su trabajo, Emma fue a su departamento. Ella decidió ponerse presentable antes que Killian llegue. Acomodó las cosas que andaban rondando por ahí, se baño y se vistió con un jean y un suéter. Mientras esperaba que Killian llegué se sentó a repasar las cosas de un caso que la tenía preocupada. Al rato llego Killian. Ella le abrió la puerta y se saludaron con varios besos.
- ¿Estabas trabajando? – Preguntó él viendo todos los papeles que había desparramados en la mesa.
-Si, es solo un caso. – Respondió ella juntando los papeles algo irritada.
- ¿Qué hay con el caso? – Preguntó él y ella lo miro confundida. – Pareces preocupada. - explico él.
- Lo estoy. – Respondió ella.
- ¿Queres hablar de eso? – Preguntó él ayudándola a juntar los papeles.
- Son estos dos hermanos, John y Michael. – Dijo ella y se sentó en una silla. – Una familia quiere adoptar a John. Todos consideran que eso es bueno ya que él es el más grande de los dos. – Explico ella.
- ¿Y vos no estas de acuerdo con eso? ¿No queres que lo adopten? – Preguntó él confundido.
- No me mal interpretes, siempre que una familia quiere adoptar me parece algo bueno. Pero yo no quiero que los separen, yo quiero hacer todo lo posible porque se mantengan juntos. – Dijo ella dándole a entender lo que sentía y pensaba de la situación. - ¿O me vas a decir que te hubiera gustado que te separen de Liam? – Preguntó ella.
- No, no me hubiera gustado. – Respondió él. – De hecho lo hicieron una vez, una familia me llevo a mí. Pero yo no soportaba estar lejos de Liam, así que me metí en varios líos hasta que me devolvieron al sistema. – Dijo él con la mirada pedida, de repente muy invadida de recuerdos.
- Y luego Marco los adopto. – Dijo ella sacándolo de sus recuerdos.
- Si. – Asistió él.
- Yo quiero eso, quiero una familia que quiera a ambos. ¿Crees que es muy loco esperar a que eso pase? – Preguntó ella algo insegura.
- Si alguien puede lograrlo sos vos, de eso estoy seguro, nunca te he visto fallar cuando se trata de tus casos. - Dijo él sinceramente. Él creía y confiaba en ella, y se lo demostraba en la intensidad de su mirada.
- Gracias. – Agradeció ella con una sonrisa. Nadie nunca había tenido tanta fe en ella y eso la conmovía.
Pasaron lo que quedo de la tarde hablando y bromeando. Cuando se empezó a hacer el horario de la cena Emma le enseño a cocinar la pasta favorita de ella y Henry. Después de cenar decidieron ver una película. No habían llegado ni a la mitad de la película que Emma ya sentía ganas de besarlo y se alegro cuando noto que Killian quería lo mismo. La película quedo olvidada y ellos se dedicaron a disfrutar del cuerpo del otro en el cuarto de ella. Toda la noche hicieron el amor. Una y otra vez. Parecían dos adolescentes con las hormonas a mil. A la mañana Emma se sintió feliz y en paz con la decisión de haber dejado entrar a Killian a su vida, despertarse en sus brazos la hacía sentir querida y protegida. En cierta forma se sentía a salvo. Ese hombre se había ganado su corazón.
- ¿Cómo te hiciste esta cicatriz? – Pregunto ella acariciando la marca que él tenía en la mejilla.
- Jugando con Liam, fue su culpa. – Respondió él.
- ¿Cómo que fue su culpa? – Preguntó curiosa.
- Estábamos jugando al gallo ciego, yo tenía que atraparlo con mis ojos tapados. Liam se metió debajo de una mesa de hierro y yo me lleve puesta la punta. – Explico él.
- Eso debe haber sido doloroso. – Dijo ella y le dio un beso en la cicatriz.
- Si, lo fue. Tenía cinco años cuando pasó. Recuerdo que mamá se enojo tanto que no le hablo por tres días. – Recordó él y luego giro en la cama quedando encima de ella. – Ahora me toca a mi, ¿Qué hay de esta cicatriz? – Preguntó él rozando una cicatriz que ella tenía en la parte derecha de su estómago.
- Apendicitis. – Respondió ella suspirando, las caricias de él siempre la afectaban mucho (en el buen sentido).
- Pensé que las cicatrices de apendicitis eran pequeñas ya que se hacen con laparoscopia. – Dijo él con una mezcla de confusión y curiosidad.
- Si, eso se supone, pero a mi no me hicieron laparoscopia. – Comenzó a explicar ella. – Yo tenía unos doce años y me dolía mucho el estómago, pero mis padres adoptivos de ese momento no me creyeron y me mandaron al colegio. La maestra tampoco me creyó, pensó que no quería hacer mi examen. Así que estuve haciendo el examen, aunque no podía concentrarme, me dolía mucho. Y de repente vomite sangre y me desmayé. – Dijo y se le quebró la voz al recordar ese momento.
- Seguro se habrán sentido culpables. – Comentó él, dándole tiempo a ella a recuperarse.
- Mi maestra puede ser. Mis padres no, ni siquiera vinieron al hospital hasta que me dieron de alta. – Dijo ella tristemente. – Así que la cicatriz es más grande porque mi apéndice había explotado y me tuvieron que operar de urgencias. – Termino de contar.
- Impresionante. – Dijo él abrazándola un poco más fuerte de lo que debería para contenerla.
- ¿Qué hay de esta cicatriz de tu mano? – Preguntó ella agarrando su mano izquierda.
- Un accidente cuando estuve en la marina. – Respondió él.
- ¿Qué pasó? Siempre me genero curiosidad verla. – Pidió saber ella.
- Estábamos arreglando las hélices del barco y de repente empezaron a funcionar y me corto la mano. Casi la pierdo, pero los doctores que me atendieron supongo que hicieron milagros. – Explico él observando detenidamente su mano, como si todavía a veces le costara creer que no la haya perdido.
- Te habría querido igual con una mano. – Bromeó ella para romper la tensión del momento y generando que él se ría.
- Por lo menos me hubiera servido para disfrazarme de pirata, ¿No? – Se sumó el a la broma.
- No creo que sea necesario, tu estado natural es lo suficiente como para ser un pirata. – Dijo ella riendo y beso sus labios tiernamente.
- ¿Qué hay de estas marcas que hay en tus brazos? – Preguntó él señalando unas marcas en forma de puntos que ella tenía en ambos brazos.
- Uno de mis padres adoptivos tenía la costumbre de quemarnos con los cigarrillos cada vez que hacíamos algo mal o que no le gustaba. – Respondió ella suspirando, esa había sido una de las peores casas adoptivas donde había estado.
- ¿Y las de tu espalda son todas de cinturones? – Preguntó él con la voz temblorosa, odiaba saber que a ella la habían lastimado en algún momento.
- Si, solo en cuatro familias logre ganarme esas marcas. – Contestó y acarició la mejilla de es suavemente para calmarlo un poco. Sabía que él era protector con ella, pero lo que había pasado ya estaba en el pasado. Ahora ella estaba ahí, con él.
- Me gustaría volver el tiempo atrás y poder hacer que no sufras todo lo que has sufrido. – Dijo acariciando su cabello.
- Mmmm. – Trato de imaginar como hubiera sido su vida sin sufrimiento. – Eso sería lindo. – Comentó con una pequeña sonrisa.
- Pero por más que podría hacerlo, no cambiaría nada. – Dijo él ganándose la mirada confundida de ella. – Yo me enamore de vos así como sos, y cada herida, cada cicatriz, cada sufrimiento te hace ser quien sos. Sos la mujer más maravillosa que conocí en mi vida. – Explico él y le dio un beso en la frente, luego uno en la nariz y por último uno en los labios.
- Estás exagerando. – Dijo ella, le costaba creer que alguien pudiera pensar cosas tan bonitas de ella.
- Para nada, te lo aseguró. Si pudieras ver con mis ojos te darías cuenta. – Dijo y volvió a besarla.
Emma nunca había compartido sus historias de cicatrices con nadie, pero con Killian se sintió segura de hacerlo, sabía que él no la iba a juzgar por ellas. Confiar en Killian era cada día más fácil. Cada día que pasaban juntos encontraba una razón más para enamorarse de él. Todavía no estaría lista para decirlo, ni para aceptarlo, pero Emma amaba a Killian. Lo amaba como nunca amó a nadie, lo amaba como nunca pensó que iba a amar a nadie. Lo amaba.
