Holaaa a todosss aqui esta el capitulo q mas me encantaaa jaja
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capítulo 21
A las once, Rosalie puso la última edición de las noticias. No le desagradó ver que su victoria en el caso King era la principal. Observó su propia imagen dar una declaración breve en los escalones de los juzgados, frunciendo un poco el ceño cuando Wisner se adelantó para formular sus tonterías habituales sobre Némesis.
Las noticias aprovecharon ese momento para narrar las últimas hazañas de Némesis: el robo que frustró en una licorería, el ladrón que capturó, el asesinato que había impedido.
-Es un hombre ocupado -musitó, bebiéndose el resto del vino. Si la señora Greenbaum no hubiera pasado casi toda la velada con ella, se habría contentado con beber solo una copa en vez de casi la mitad de la botella.
«Bueno, mañana es sábado», se encogió de hombros. Podría dormir un poco más antes de ir al despacho. O, si tenía suerte, descubriría algo esa misma noche. Pero no haría nada si continuaba sentada frente al televisor.
Esperó hasta oír el parte del tiempo, que prometía más calor, mucha humedad y posibilidades de tormentas de verano. Apagó el televisor y pasó al dormitorio para sentarse ante su escritorio.
Había dejado la ventana abierta con la vana esperanza de capturar una brisa fresca. Noches calientes. Necesidades ardientes.
Se acercó a la ventana para respirar y mitigar el anhelo que ni siquiera el vino había aplacado. Pero siguió siendo una palpitación profunda y lenta. «Estará ahí afuera?», se preguntó llevándose una mano a la sien. Ni siquiera sabía en qué hombre pensaba. Y sabía que sería mejor si no pensara en ninguno.
Encendió la lámpara del escritorio, abrió una carpeta y miró el teléfono.
Había llamado a Emmett hacía una hora, para que un taciturno Frank le dijera que el señor McCarthy había salido. No podía volver a llamarlo. Daría la impresión de que controlaba sus movimientos. Algo a lo que no tenía derecho, en especial cuando era ella quien había solicitado tiempo y espacio.
Se reafirmó en que era lo que deseaba. Lo que necesitaba. Y pensar en él no la ayudaría a encontrar las respuestas enterradas en alguna parte de los papeles que tenía sobre su mesa.
Comenzó a leerlos otra vez, haciendo anotaciones en un bloc de papel legal. Mientras trabajaba, el tiempo pasó y el trueno sonó en la distancia.
No debería de haber ido. Sabía que no estaba bien. Pero mientras recorría las calles, los pasos lo habían acercado más y más al apartamento de Rosalie. Bañado en sombras, alzó la vista y vio la luz en su ventana. Esperó en la noche calurosa, diciéndose que, si se apagaba, se marcharía.
Pero permaneció encendida, una baliza pálida pero firme.
Se preguntó si podría convencerse de que solo quería verla, hablar con ella. Era verdad que necesitaba averiguar cuánto sabía Rosalie, lo cerca que estaba. Los hechos no revelaban la intuición ni las sospechas de ella. Cuanto más se aproximara a las respuestas, más en peligro se hallaría.
Incluso más de lo que deseaba amarla, necesitaba protegerla.
Pero no fue eso lo que lo impulsó a cruzar la calle y a subir por la escalera de incendios. Lo hizo porque era incapaz de detenerse.
La vio a través de la ventana abierta. Se hallaba sentada a su escritorio, con la luz dirigida sobre los papeles que repasaba. Un lápiz se movía con velocidad en su mano.
Podía olerla. Su fragancia tentadoramente sexy llegaba hasta él como una invitación. O un desafío.
Solo podía ver su perfil, la curva de su mejilla y mandíbula, la forma de su boca. Llevaba la corta tata azul floja y eso le permitía vislumbrar la larga columna blanca de su cuello. Mientras la contemplaba, ella alzó una mano para frotarse la nuca. La bata se movió, subiendo por sus muslos, separándose un poco cuando cruzó las piernas y volvió a concentrarse en el trabajo.
Rosalie leyó la misma frase tres veces antes de darse cuenta de que su concentración se había evaporado. Se frotó los ojos con la intención de empezar de nuevo. Y todo el cuerpo se le puso rígido. Sintió calor por la piel. Despacio, giró y lo vio.
Se hallaba en el interior, lejos de la luz. El corazón le martilleó de forma desbocada... no por la conmoción, sino a la expectativa.
-¿Un descanso en tu lucha contra el crimen? -preguntó, con la esperanza de que el tono agudo de su voz ocultara el temblor-. Según las noticias de las once, has estado ocupado.
-Y tú también.
-Y sigo ocupada -se apartó el pelo y descubrió que su mano no estaba firme-. ¿Cómo has entrado? -asintió al mirar hacia la ventana-. He de recordar cerrarla.
-No habría importado. No después de verte.
Ella sintió todo su cuerpo tenso. Se levantó, diciéndose que eso añadiría más autoridad.
-No voy a permitir que esto continúe.
-No puedes detenerlo -avanzó hacia ella-. Ni yo tampoco -clavó la vista en los papeles del escritorio-. No me has hecho caso.
-No. Ni pienso hacerlo. Vadearé todas las mentiras y recorreré todos los callejones sin salida hasta que encuentre la verdad. Luego concluiré mi trabajo -lo desafió con la mirada-. Si quieres ayudarme, cuéntame lo que sabes.
-Sé que te deseo -enganchó una mano en el cinturón de la bata para inmovilizarla. En ese momento Rosalie era su única necesidad, su única búsqueda, su único alimento-. Ahora. Esta noche.
-Debes irte -no pudo hacer nada para impedir el escalofrío de su propio deseo. La integridad luchó con la pasión-. Debes marcharte.
-¿Sabes cuánto te anhelo? -preguntó con voz áspera al pegarla a él-. No hay ninguna ley que no quebrantara, ningún valor que no sacrificara por tenerte. ¿Comprendes esa clase de necesidad?
-Sí -a ella misma la estaba carcomiendo-. Sí. Está mal.
-Mal o bien, es esta noche -con un movimiento de la mano, arrojó la lámpara al suelo, donde se rompió. Cuando la habitación quedó sumida en la oscuridad, la alzó en vilo.
-No podemos -pero sus dedos se clavaron en los hombros de él, cancelando la negativa.
-Lo haremos.
Incluso mientras ella movía la cabeza, la boca de Némesis se apoderó de la suya, febril, poderosa y seductora. El poder que irradió la dejó aturdida e impotente para resistir la necesidad que bullía en su interior. Suavizó los labios sin ceder, los separó sin entregarse. Y mientras se lanzaba a ciegas al beso, su mente oyó lo que había intentado decirle su corazón.
La pegó contra el colchón mientras la boca impaciente recorría su cara y las manos le arrancaban la bata que la cubría. Debajo estaba tal como él había soñado. Ardiente, suave y fragante. Se quitó los guantes y se permitió sentir lo que había ansiado.
Como un río Rosalie fluyó bajo sus manos. Podría haberse ahogado en ella. Aunque se encendía por ver lo que hacía suyo, se contentó con disfrutar de la textura, del sabor, del aroma. En la noche abrasadora, se mostró implacable.
El seguía siendo una sombra, pero ella lo conocía. Y lo deseaba. Descartada toda racionalidad, se aferró a él y sus labios se buscaron mientras rodaban en la cama. Desesperada por sentirlo contra ella, de sentir el latido salvaje de su corazón, le levantó la camisa. Oyó palabras susurradas sobre sus labios, sobre su cuello, sus pechos, mientras con frenesí lo desnudaba.
Entonces quedó tan vulnerable como Rosalie. El trueno sonó y el relámpago titiló en la noche sin luna. En la atmósfera flotaba la fragancia de las rosas y la pasión. Ella tembló, con la mente en blanco debido a los placeres que él le mostraba.
Todo fue calor, deseo, gloria. Incluso en su llanto, se pegó a él y le exigió más. Pero antes de que ella pudiera exigir, Némesis le dio, enviándola otra vez a las alturas, donde la esperaban deleites oscuros y secretos. Gemidos y susurros. Caricias apasionadas. Anhelos insaciables.
Cuando pensó que sin duda enloquecería, la penetró. Y entonces imperó la locura. Se entregó con toda su fuerza y ansiedad.
-Te amo -lo abrazó mientras pronunciaba las palabras.
Esas palabras lo llenaron tal como él la llenaba a ella. Lo conmovieron mientras sus cuerpos se movían. Enterró la cara en el cabello de Rosalie y sintió las uñas en su espalda. Experimentó su propia y desgarradora liberación, luego la de ella al gritar su nombre.
Yacía en la oscuridad. El rugido en su cabeza había menguado gradualmente hasta que lo único que oía era el tráfico de la calle y la respiración profunda de Rosalie. Sus brazos ya no lo apretaban. En ese momento estaba quieta.
Despacio, molesto por su propia debilidad, se apartó de ella. Rosalie no se movió, no habló. En la oscuridad, acercó una mano a su cara y la encontró húmeda. Odió esa parte de si mismo que le había provocado dolor.
-¿Hace cuánto que lo sabes?
-No hasta esta noche -antes de que pudiera volver a tocarla, se dio la vuelta y tanteó en busca de la bata-. ¿Pensaste que no iba a darme cuenta cuando me besaste? ¿No comprendiste que sin importar lo oscuro que estuviera, ni la confusión que provocas en mí, en cuanto sucediera iba a saberlo?
En su voz, aparte de la furia, también había dolor. El podría haber soportado la furia.
-No, no lo pensé.
-¿No? -encendió la lámpara de la mesita y lo miró-. Eres demasiado inteligente, Emmett, demasiado para haber cometido ese error.
La observó. Tenía el pelo revuelto y la piel aún acalorada por el contacto íntimo. En sus ojos había lágrimas.
-Quizá lo supiera. Quizá no quería dejar que importara -se incorporó y alargó la mano hacia ella-. Rosalie...
Lo abofeteó dos veces.
-Maldito seas mil veces, me mentiste. Hiciste que dudara de mí misma, de mis valores. Sabías, tenías que saber, que me estaba enamorando de ti -con una risa apagada se dio la vuelta-. De los dos y jugaste conmigo Emmett.
-Por favor, escucha -cuando le tocó el hombro, lo apartó con brusquedad.
-No te recomiendo que me toques ahora.
-De acuerdo -cerró la mano-. Me enamoré tan rápidamente de ti que no pude pensar. Lo único que sabía era que te necesitaba y que quería que estuvieras a salvo.
-De modo que te pusiste la máscara y saliste a protegerme. No te daré las gracias por eso. Por nada.
La contundencia que captó en su voz le provocó pánico.
-Rosalie, lo que ha sucedido aquí esta noche...
-Sí, lo que sucedió aquí. Para eso sí que confiabas en mí -señaló la cama-. Pero no para lo demás. No para decirme la verdad
-No. No podía porque sé lo que piensas sobre lo que hago.
-Esa es una historia distinta, ¿no? -se secó las lágrimas. La furia daba paso a la desdicha-. Si sabías que tenías que mentirme, ¿por qué no te mantuviste alejado de mí?
Le había mentido y con ello la había herido. En ese momento solo podía ofrecerle la verdad y esperar que la ayudara a curar.
-Eres lo único en cuatro años que no he podido superar. Eres lo único en cuatro años que he necesitado tanto como la vida misma. No espero que lo entiendas o que lo aceptes, pero sí que creas en mí.
-No sé qué creer. Emmett, desde que te conozco me he sentido desgarrada entre dos direcciones distintas, creyendo que me enamoraba de dos hombres diferentes. Pero solo eres tú. No sé qué hacer -suspiró y cerró los ojos-. No sé qué está bien.
-Te amo, Rose. No hay nada más correcto que eso. Dame la oportunidad de demostrártelo, tiempo para explicarte el resto.
-No parece que tenga mucha elección. Emmett, no puedo condonar... -abrió los ojos y por primera vez pareció centrarse en las cicatrices que había en el pecho de él. El dolor la atravesó y casi la puso de rodillas-. ¿Te hicieron eso? -murmuró.
-No quiero compasión, Rosalie -comentó con el cuerpo rígido.
-Calla -se acercó a él y lo rodeó con los brazos-. Abrázame -movió la cabeza-. No, más fuerte. Podría haberte perdido hace años sin haber disfrutado de la oportunidad de tenerte -al alzar la cabeza en sus ojos habían vuelto a aparecer las lágrimas-. No sé qué hacer. Pero esta noche basta con que estés aquí. ¿Te quedarás?
-El tiempo que tú quieras -le dio un beso en los labios.
holaa mis amores ? Que les parecio el capi? Intenso no?
Rose por fin sabe la verdad!
opiniones ?
