Notas: Oh, ya entiendo lo de la máquina de jugo, nanai. Para "Kyary", sí, me gustan los patos. Bien, éste capítulo, hay algo que les hará gritar chillonamente, correr, saltar del noveno piso y rodar por el campo de flores. Se los aseguro. Apuesto que esperaban esto.
Espero que tengan un inhalador xD
XXI
Enero.
No se encuentra feliz, nunca en su vida había visto a alguien que se desmallara con una sonrisa. Esto es irónico, sólo verla sonreír de esa forma lo enfada, lo hace pensar que tal vez tenga que replantearse sus sentimientos por esta chica rubia; no le atrae, es una enfermedad extraña que contrajo al estar tanto tiempo junto a la granjera.
Vladimir se equivoca por primera vez.
Decide finalmente levantar a Emily y llevarla a la enfermería, por lo menos descansará, porque no encuentra otra explicación más que la americana no haya tomado un buen desayuno, y por la fatiga se desmayó, aunque tiene sus dudas sobre la sonrisa.
Un largo suspiro sale de sus labios, pudo pedir a alguno de los chicos que cargase a Emily, ya que él no tenía ninguna responsabilidad, pero no tenía mucha confianza en ninguno; Gilbert estaba demasiado pendiente por las medidas así que no se extrañaría que tratara de comprobar si era cierto en ella, con Antonio sabe que no debería dudar de él, está completamente enamorado de la gemela mayor de las Vargas, pero a veces Emily y Antonio son demasiado cercanos, de alguna manera no le gusta esa camarería; demasiados energéticos incluso para su salud.
Arthur ve que se están aglomerando una cantidad de alumnos, no es de extrañar, rara vez hay este tipo de accidente…si se puede llamar así. Ve que se acerca Toris con un rostro lleno de pánico, si algo puede hacer es arruinarle su fantasía. De verdad ese tipo le hace sacar su peor cara. Sin pensarlo mucho toma en sus brazos a la americana sonriente.
Hay muchas reacciones en el grupo que se ha juntado a su alrededor. Toris lo mira un tanto molesto, con eso mejora un poco su día, después de todo debe mostrarle que la campesina es y seguirá siendo su esclava.
―Arthur ―llama Sakura preocupada―. No debiste levantarla, ¿qué tal si se golpeó la cabeza? Puede ser peligroso.
―No te preocupes, sólo es un desmayo, además su sonrisa me hace pensar que no fue nada. Vamos. ―responde caminado con la asiática atrás.
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La clase de gimnasia no era la mejor clase para Toris, le estresaba demasiado tener que competir con todos sus compañeros, en su mayoría son deportistas o pertenecientes de alguno de los clubs de la escuela, sobre todo el saber que en esta ocasión estarían en el mismo gimnasio con todas las chicas mirando, sobre todo a la estrella del equipo de fútbol, Arthur Kirkland.
Nunca ha tenido un motivo para odiar, aunque odiar es exagerar un poco hacia algún compañero pero, Arthur lo sacaba de sus cacillas. No entendía cómo todas las chicas parecían estar en las nubes con sólo escuchar su nombre. El Arthur que él conoce es un chico petulante, violento y sobre todo muy cruel; trata a una bella doncella-señorita Emily como una esclava o aun peor, de escudo.
Cuando le llegó el comentario de que alguien se desmayó, nunca pensó que sería la señorita Emily. Fue un poco preocupado para asegurarse de que no fuera cierto, sin embargo su sorpresa fue verla en el suelo junto a unas muy preocupadas Elizaveta y Sakura, agregando que se estaba juntando un grupo para socorrer a la rubia.
Sin mucho pensar corrió para poder ver cómo podía ayudar y asegurarse de que se encontrara en buenas condiciones, pero nuevamente la persona que se juró no permitir que le causara nuevamente daño a su querida norteamericana…, ahí yacía Kirkland cargando al estilo princesa a la chica de sus tormentos, escuchando algunos murmullos de las chicas enfadadas de que el galán de Thomas Jefferson High School llevase a la campesina.
Fue molesto ver la imperceptible sonrisa que le dio Arthur. Aseguró que le hizo ese espectáculo de estar tan preocupado por la señorita Emily, para enfadarlo. No le extrañaba que a mitad del camino la dejara por ahí en un rincón e irse como si nada, al menos vio a la señorita Sakura junto a ellos. Podría estar más tranquilo, ya que una vez vio a la asiática enfadada con el británico, que se supone es su mejor amigo.
No entiende como alguien como la Sakura Honda pueda soportar a alguien como Kirkland, pero sabía que ella no permitiría que le pasara algo a Emily.
Simplemente se quedó viendo cómo se retiraban; un poco impotente. Le quedaba el consuelo que después de la clase iría a ver a la estadounidense en la enfermería.
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Todo yace oscuro. Su cuerpo se siente pesado. Se estira. Al parecer se siente peor de cómo se sentía durante la mañana mientras su hermana se arreglaba para ir a la escuela. Quiere un poco de agua, su garganta está seca.
Lentamente se sienta. Junto a su lámpara hay una jarra junto con un vaso, agradece mentalmente que su hermanita sea un ángel y pensara que despertaría muerta de sed.
Ya un poco más aliviada revisa con la mirada su cuarto, no sólo hay un jarro con agua, también hay algunas pastillas para el dolor y pañuelos, también está su peluche en la cama; no recuerda como llegó, lo más probable que Dacía decidiera que estaría muy sola en casa y lo dejara junto a ella.
Tranquilamente se acomoda para ir al baño, se coloca sus pantuflas y se levanta. Lo primero que siente es que el mundo gira a todas direcciones y que nada tiene sentido. El dolor se vuelve más agudo, su cabeza estallará en algún minuto. Arrastra los pies y se apoya en la muralla para poder llegar a su destino, de alguna manera desea que alguien la cuide.
Recuerda cuando eran más pequeños, ella siempre hacía el papel de enferma para no tener que hacer nada más que estar acostada y dormir un poco. Dacía era su enfermera que hacía todo lo posible para que se recuperara de la grave enfermedad que sufría, lo único malo era que su gemela era demasiado perspicaz y no le permitía comer dulces o pizza mientras estuvieran en el juego, y por supuesto no se puede olvidar de su médico personal: Antonio, era un pésimo doctor; sólo le recetaba el consumo excesivo de tomates, no es que le molestara a Chiara, le encantaba el tomate, pero era demasiado. El juego a veces no parecía terminar nunca. Recuerda que en algunas ocasiones se dormía y terminaba siendo reanimada por jugo de tomate en la cara, milagrosamente su lamentable condición era curada enseguida y le daba la oportunidad de arrojar todo lo que pillara para lastimar a su doctor español.
Regresa a la cama con un temblor en sus extremidades a causa del frío. Se escondió lo más rápido que pudo en sus cobijas. Quiere que su enfermera llegue pronto a casa, no quiere estar tan sola, incluso estaría feliz que su doctor estuviera aquí. Pensándolo mejor, Antonio se dedicaría a parlotear y hablar de todo su día, de sus amigos, de las clases, de comida y quizás qué cosas más. Siente su cara sonrojar un poco más, de verdad se enferma más cuando piensa en él.
No quiere pensar en Antonio, no quiere pensar el tiempo que falta para que su hermana esté en casa, no quiere ver televisión o escuchar música, está feliz con el silencio que la rodea, únicamente que estando todo así la lleva a pensar cosas innecesarias.
Gira hacia un costado, ahí se encuentra una pequeña repisa organizada con sus libros y cuadernos, tal vez debería adelantar algunos trabajos; pensándolo bien, no. Le da pereza, no obstante en ese lugar yace el regalo que le dio Antonio. Ni siquiera lo ha comenzado a leer, bueno, no es como que alguien esperaba que lo leyera ¿verdad?
Sin mucho reparo toma el libro y abre la primera página. Se puede decir que leyó las primeras diez hojas, sólo para terminar con el libro en la cara dormida, nuevamente.
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Arthur se encuentra sentado en una silla sin mucho qué hacer, más que mirar a la de cabellos dorados dormida en una de las camillas de la enfermería. Debió, tal vez ser él quien fuera a clases y que se quedara alguno de los chicos, pero no. Simplemente tenía que tomar las cosas como su responsabilidad y mandar a todos a clases, a pesar de que Elizaveta se ofreció una infinidad de veces.
No está seguro que es lo que siente por Emily a pesar de lo que Vladimir dijo, no es que ella sea la chica más linda de la escuela o que tenga el mejor carácter.
Mentalmente hace una lista de las chicas que conoce y pensándolo bien, Dacía es linda y tiene un buen carácter, es muy amable y siempre está feliz, mas a él no le gusta la gente así, porque le enferma pensar que alguien no pueda estar de mal humor. Sakura también es una chica con buen carácter, es muy amable, recatada y muy educada, puede decir que simplemente es perfecta para quien la viera, pero de alguna forma no puede verla más que una hermana pequeña; Sakura es adorable a sus ojos como alguien que debe cuidar pero nada más. Bueno, tenemos a Chiara, es guapa, pero su carácter es horrible, nada que alguien como él no pueda controlar; de igual forma no puede pensar en ella como alguien con quien podría estar, es demasiado difícil de entenderla. Y está Elizaveta, que sin duda es hermosa y tiene su carácter sin dejar de ser femenina, pero es alguien demasiado perfecta. Y así sigue su lista de las chicas que conoce, lo que nuevamente lo lleva a pensar qué es lo que tiene Emily Jones que le pueda atraer tanto.
Emily es sin duda optimista, demasiado optimista, es alegre, temperamental, ingeniosa, no acepta críticas; sin duda es descuidada, torpe, mala mentirosa, posesiva, chillona; un desastre literalmente. ¿Qué es lo que le puede encontrar de bueno en ella?
No niega que es linda. Tiene unos ojos azul profundo muy sinceros, casi un libro abierto que puede leer sin ningún problema.
Frunce el ceño. Se acerca un poco más para observar críticamente el rostro de la campesina. Posee una linda cara con facciones redondeadas, sin duda el rostro de una niña. Su nariz es pequeña, a la vista su piel parece ser muy suave, besó su mejilla una vez. Tiene labios de color rosa, un poco secos en este momento…
¿Cómo se verían húmedos y rojos? A su cabeza llegan pequeñas imágenes contestadas a su pregunta. Su rostro se ruboriza completamente, siente caliente incluso sus orejas. Retrocede demasiado rápido, incluso pudo haber despertado a Emily. Él no debería estar mirándola en demasía, quizás se despierte y malinterprete la situación. Arthur no está haciendo nada más que observar.
Se siente estúpido. ¿Por qué tiene que pasarle estas cosas? Es incluso desconcertante y perturbador, casi como un acosador, nunca en su vida hizo algo tan estúpido. Este no es su comportamiento normal, necesita ir a cualquier lugar contar de estar lejos de la dormida rubia. Esto se parece a la 'Bella Durmiente', igual de rubia.
Decide que lo mejor es moverse hacia la ventana. Toma la silla que yace junto a la camilla y se acomoda. Esto tendría que enfriar un poco su cabeza y pensar razonablemente, tiene deseos de abrir un poco la ventana y que el frío aire de enero golpee su rostro, pero podría causarle algún resfrío a su acompañante.
Toma su celular, no hay ningún mensaje. Vladimir debe estar ocupado, últimamente está con una mayor carga académica, piensa que debió haberse quedado en Londres para estudiar, por lo menos estaría con las manos llenas y sin nada de tiempo para pensar en tonterías como lo hace ahora, pero su madre estaba aquí y se sentía un poco responsable de estar junto a ella, además no era tan malo, sólo está molesto con su forma de comportarse junto a Emily.
De verdad es un niño cuando se trata de este tipo de cosas. Siente las mariposas revolotear de vez en cuando, pero si piensa, no deben ser mariposas, son hadas estrangulando sus tripas y golpeando de un lado a otro para poder huir de su interior. Sólo de vez en cuando.
Suspira nuevamente, ya lleva dos. Es incómodo sentirse de esta forma, no sabe cómo debe actuar, quizás está siendo demasiado influenciado por sus amigos. Extraña tanto estar en Inglaterra. Se imagina que estaría recorriendo las calles en busca de alguna librería, tomando el té de la tarde en algún pintoresco lugar, o simplemente paseando; él ya tenía una vida armada en su país y se encontraba feliz de ello.
No obstante tener que volver a Estados Unidos no fue del todo su agrado, volvió justo donde estaba hace unos años atrás con los mismos compañeros y profesores, o eso pensó antes de regresar, pero se encontró con la sorpresa que sus amigos lo reemplazaron por una chica. Cuando la vio por primera vez no fue nada fuera de lo común, sólo una típica niña mimada con la vida perfecta, mas resultó ser una adversaria digna que robó todo lo que el tenía armado en esta ciudad, ocupando su lugar en el grupo de amigos que él había creado, robando a su mejor amiga y además de todo opacando su desempeño. Sin mentir, le molestó ver todo eso. Las competencias realmente lo distrajeron de todo, finalmente terminó aceptando a la chica como parte de su vida diaria y ahora incluso sería capaz de pensar que no sería lo mismo sin tenerla cerca, obviamente nunca diría algo como esto en voz alta.
Tener cerca a Emily; si su relación cambiara, nunca sería lo mismo. No anhela que nada cambie, le gusta pelear y discutir con Emily, no quiere cambiar nada. Ahora con su cabeza un poco más fría piensa que lo mejor es dejar las cosas como están y comportarse como siempre. No seguirá al pie de la letra lo que le dijo Sakura, no trataría mal a Emily, pero no la trataría como alguien común y sin importancia, después de todo es su digno rival. Al igual no seguirá las palabras del rumano, ya que podría confundirla y darle falsas ideas.
Sonríe un poco. Quiere llevar las cosas tranquilamente como siempre, a su modo.
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No quiere abrir los parpados, tiene grabado perfectamente y con cada detalle lo ocurrido en el gimnasio. Después de eso todo se volvió oscuro, despertando en un lugar simplemente maravilloso en una cama grande con sábanas blancas. Su cuerpo se encuentra cubierto con alguna de ellas, su alrededor es un bosque de verde follaje espeso. No puede ver nada más que los grandes árboles. El cielo es de un azul profundo, y todo esto iluminado por los cálidos rayos del sol.
Quiere levantarse y mirar todo el hermoso paisaje. Emily viste con un camisón blanco holgado, que le permite moverse perfectamente. Mira hacia atrás, la cama desapareció. Se encuentra ella en este hermoso lugar, quiere correr, quiere conocer todo, quiere empaparse con la imagen frente a sus orbes azules como el cielo.
Sus pasos son algo torpes. Luego de bajar por un claro y llegar cerca de un arroyo con aguas transparentes, con algunos pétalos color rosa que se lleva el agua, mira de dónde provienen aquellos pétalos. Ve a una mujer joven de cabello oscuro, vestida con un traje tradicional japonés rojo. Emily se acerca rápidamente frente a su querida amiga, que simplemente le sonríe y se desase en pétalos rosas que se lleva el arroyo. Por alguna razón no siente pena, no es que su amiga desapareciera, únicamente está siguiendo su camino como ella el suyo, y se despide de la de cabellos oscuros mientras observa que aparece nuevamente su imagen en el arroyo despidiéndose con la mano, sosteniendo a un pequeño gato en sus brazos. Desapareciendo en definitiva.
Con una sonrisa radiante en su rostro, bebe un poco de agua del arroyo.
Decide buscar más, pues se encontró con Sakura, tal vez encuentre a alguien más. Sus piernas la llevan a unas ruinas cubiertas por enredaderas donde está un joven de cabello blanco, vestido con un uniforme del mismo color, junto a Gilbird. Duerme con un lindo rictus formado, manteniendo entre sus manos aferradas una carta cerca de su pecho. Emily simplemente lo mira y continúa su camino, no quiere perturbar el sueño de Gilbert.
Entre los árboles escucha una voz recitando prosas.
―Aún entre los demonios, hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno. ―le dice un joven de hebras castañas que tienden a rizarse, mirándola.
Emily se turba un poco por lo dicho de Antonio. Su único movimiento es acertar. Él le regala una sonrisa.
―Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles. Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades. ―esta vez es un poco más serio.
― ¿Por qué lo dices? ―la voz de Emily sale débilmente rasposa, lo que le sorprende. Se fija en Antonio que ha cambiado el semblante a una enigmática sonrisa.
― ¿Preguntas por qué? Bien, es porque Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria, la senda más angosta y difícil. ¿Es eso de tonto y mentecato? ―hace una reverencia en frente de la rubia, tomando su mano, y estampa un pequeño beso en el dorso.
La estadounidense no sabe qué responder, se sonroja por el acto de caballerosidad andante del español, y sólo le viene a la mente preguntar, aunque se sienta un poco tonta, sabe que él siempre le será fiel a su amada.
― ¿Y Chiara, Antoni?
―Chiara, por quien proclamo en amor, amor el cual junta los cetros con los cayados; la grandeza con la bajeza; hace posible lo imposible; iguala diferentes estados y viene a ser poderoso como la muerte, el cual nunca hizo ningún cobarde. ―exclama el castaño español, levantando una espada que aparece en su mano de la nada.
Las palabras de Antonio la reconforta un poco, como dijo ella no será una cobarde y peleará con todo. Sinceramente no está segura de todo lo que le dijo él, por lo cual le agradece con una gran curvatura en los labios.
―Por eso juzgo y discierno, por cosa cierta y notoria, que tiene el amor su gloria a las puertas del infierno. La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, pero Emily, por amor si es necesario habrá que llegar más lejos. ―termina guiñándole un ojo. Da un giro y desaparece entre los árboles.
Completamente segura no está, sobre qué hacer ahora, ¿seguir a Antonio o seguir su camino? Va por el camino que se trazó, tal vez lo encuentre otra vez para preguntar más.
Su camino sigue las sonatas de música entre los árboles hasta detenerse cerca de un lago. Desea acercarse, sin embargo teme entrar dentro, ya que no ve el fondo. En eso, en medio del lago sobre una roca, observa a Elizaveta en silencio, escuchando la melodía proveniente desde el fondo de las aguas. Tiene una linda sonrisa. Emily decide seguir caminando.
Lleva un buen tiempo. Encontró a gran parte de sus amigos en su camino, pero ahora el cielo parece estar amarillo, por lo que le da al bosque otro brillo, más melancólico. Sus pasos no se detienen hasta llegar a un nuevo lugar lleno de hojas rojas, entre ellas hay una joven de pie casi de su misma edad, con el cabello rubio y largo, con pequeñas ondulaciones y de ojos violetas; reconocería a la chica donde fuera. Emily corre y se cuelga del cuello de su hermana menor. Ella le corresponde fuertemente arrullándola. Emily levanta la cabeza y ve la dulce sonrisa que le regala Marguerite. Se separa un poco, sintiendo las cálidas manos de su hermana en su cabello, acomodándolo, y da un suave beso en la frente. Luego se aleja y le indica que continúe su recorrido. La mayor obedece.
Toma aire. Su cuerpo está un poco agotado de tanto mover sus piernas, es peor que la clase de gimnasia, lo peor que no ha encontrado a nadie más. De repente alza la vista, el cielo es oscuro. El camino que se crea es iluminado con la luna y las estrellas que danzan a su alrededor. Llega a un lugar apartado, salió hace un tiempo del bosque con sus distintos tonos, ahora yace en un prado que parece no terminar. Observa su entorno, viendo a dónde debe dirigirse. Se plantea seriamente el hecho de volver y buscar un nuevo camino.
Al mirar al frente se topa con una pared de setos, se raspa un poco la nariz y las manos al chocar con ello; desea encontrar algún lugar para poder atravesar la muralla verde, así que decide caminar alrededor. Sus pies duelen. Los mira, se da cuenta que ha estado descalza desde el principio. Entonces, encuentra una apertura. Entra a lo que se asimila a un camino rodeado de setos; son una muralla inmensa, tan sólo puede ver el cielo oscuro adornado por la luna, ya no están las estrellas.
Algo melancólica por ello, va entre las murallas, está segura que en algún minuto se perdió, no encuentra salida. Se cansa, quiere descansar y se sienta en medio del camino, pensando cómo salir de este lugar tan complicado.
Un joven de cabello rubio-rojizo de ojos rojos vestido de negro aparece frente a Emily, sentado, mirándola con curiosidad. Ella quiere preguntar quién es y cómo puede salir de aquí, mas su voz no sale. Esto la enfada. Él, tal vez tenga la respuesta de cómo salir de aquí o llegar a alguna parte. Su entrecejo se arruga y ese gesto parece hacer sonreír al chico frente a ella. Él se levanta y con una mano enguantada ofrece para ayudarla. Emily sin más, acepta. Caminan rápido entre los arbustos, al parecer el joven desconocido conoce el camino a la perfección, aunque ella choca con su espalda. Se acaricia un poco la nariz y mira que el muchacho frente a ella le sonríe, la toma de los hombros la gira y la empuja.
Cae abruptamente al suelo, ni siquiera alcanza a poner las manos para protegerse. Levanta la cabeza para encarar al tipo que la empujó, sin embargo todo es oscuro, no hay nada aquí. Sólo oye una risa refrescante. ¿Acaso se está riendo de ella?
Emily se levanta, viendo de dónde provienen las burlas. Entre la oscuridad corre sin ser capaz de encontrar nada. Se queda quieta, reconociendo que el sonido viene detrás de ella. Gira sobre su eje y todo se ilumina a su alrededor. El brillo la enceguece, tratando de abrir los ojos y se encuentra en un nuevo lugar.
Ve la habitación blanca muy iluminada, escuchando esa risa, la risa dentro de su sueño que se burlaba de ella. Reconoce el sitio donde yace, es la enfermería, por el fuerte olor a alcohol y desodorante ambiental de pino. Pestañea un poco para aterrizar bien en el mundo real, sentándose. Ahora sabe de dónde proviene la risa ahogada. Primero ve el cielo nublado, muy común en esta fecha que contracta con la luz. Segundo, gracias a esa luz, ve a Arthur cubriéndose la boca con una mano y sosteniendo el teléfono con la otra.
Emily nunca ha visto a Arthur reír así en todo el tiempo que lo conoce, por lo que se queda como espectadora.
Arthur gira hacia Emily, todavía con una sonrisa bailando en sus comisuras. Pregunta si se encuentra bien. Ella asiente, no está segura qué es lo que saldrá de su boca.
―Disculpa si te desperté. ―menciona Arthur un poco cohibido, ya que su risa pueda ser la responsable, y ser él un poco irresponsable.
―No, no me has despertado ―Emily niega con la cabeza. Arthur levanta una ceja, no le cree del todo. Por ese gesto siente su cara sonrojar, y se incorpora para poder disimular―. Eh Arthur, ¿cómo llegué a la enfermería?
―Te desmayaste en el gimnasio, y te traje aquí para que descansaras. ¿De verdad te encuentras bien?
― ¿Me desmayé? ―a su cabeza llegan las imágenes que recuerda antes de su extraño sueño. Tenía un motivo muy bueno para desmayarse. Sus pómulos se colorean más. El londinense, algo preocupado por ver su rostro arder de repente, coloca una palma en la frente para tomar su temperatura, lo que inmediatamente la rubia señala que se encuentra en perfectas condiciones.
Al final terminan discutiendo por si se encuentra bien. Para cambiar el tema molesto, Emily decide arriesgarse un poco, al menos ayudará para que el rubio deje de contradecirla.
―Te oí reír hace un rato ¿por qué era? ¿No te estarías burlando de mí? ―pregunta un poco enfadada, si se burlaba, jura que lo golpeará.
El británico la mira y sólo sonríe.
―Alguien me contaba los infortunios de su día, de eso me reía. ―contesta extendiendo los labios; un chiste interno. La misurence no comprende; desconfiada para repetir la pregunta, lo que provoca nuevamente una discusión.
Al terminar las clases por fin, a lo que Emily tuvo que ausentarse por su desmayo y en ir a las duchas, y cambiarse de ropa, se retira. Una chispeante electricidad cruza por su cabeza, recordando el regalo para Arthur. Ayer no se lo pudo entregar a causa de la lluvia, no hubiera sido nada romántico y poco adecuado, y peor cuando Arthur se empapó por una posa. Esta vez, lo hará. Después de todo, ha comenzado a nevar lentamente.
Va a su bicicleta ajustándose su mochila. Se percata que Toris llega a su lado, preocupado por su desmayo extraño, más por la sonrisa. Emily oculta el temblor de su voz al contestar, nadie debe saber sobre la sonrisa, ni Sakura. Bueno, ella sí. Tan sólo le contesta que no fue nada grave, excusándose por no haber desayunado bien. En eso, ve la expresión espantada del castaño, es que no puede desayunar todos los días de la misma forma, debe comer, no quiere verla en otro desmayo, puede ser peligroso.
Emily ve exagerada su preocupación, no debió inventarle lo del desayuno, era mejor decirle que tenía mucho sueño. No, si le hubiera dicho eso, le estaría aconsejándole que durmiera más.
Toris es muy preocupado y agradece eso en su interior, pero ahora lo ve de distinta manera, sobreexagera.
No sabe qué decirle para tranquilizarlo, además tiene que ir a buscar a Arthur para entregarle el regalo, no lo puede perder. ¿Y si ya se fue? ¡Está perdiendo el tiempo!
―Gracias por preocuparte Toris, ahora estoy muy ocupada y debo regresar a casa, tengo muchas cosas que hacer. ―lo dice toda rápida cogiendo su bicicleta, a lo que de inmediato el lituano se ofrece a llevarla. ¿Por qué? Arthur ya debe estar en su casa.
Un carraspeo de garganta se hace presente de modo prepotente, acompañado de un "Ella ya tiene quien la vaya a dejar".
Kirkland.
Gracias a Superman que no se fue.
Arthur se acerca a la bicicleta de Emily dirigiendo una electrizante mirada a Toris, éste da un paso atrás por acción del cuerpo.
Emily no respira un buen aire, lo siente pesado. Se siente en una situación extraña. Da un pequeño sobresalto al oír la voz del inglés, avisando que suba, la llevará a casa. Ella accede subiendo, afirmándose de él, y avanzan saliendo de la escuela.
Arthur se detiene a medio camino, bajando.
―Cambio, llévame a casa.
― ¿Qué? ―pensó que él la llevaría. Se baja también afirmando su transporte.
―Discutimos un buen rato en la enfermería si te encontrabas bien, tú me dijiste que sí ―sonríe. Emily frunce el ceño y hace una mueca molesta―. No voy agregar que en la mañana me jalaste como si fuera cualquier cosa. Tropezarse con escaleras duele, y peor cuando unas locas te agarran por donde puedan. Deberías agradecer que no te pediré masajes corporales.
Ante su comentario, la menor resiste la risa al recordar. Fue tan divertido.
Cierto, el regalo.
Desvía un poco la mirada y se rasca la mejilla.
―Eh, Arthur. Necesito conversar contigo, ¿te importaría?
― ¿Es importante? ―alza una ceja. La americana mira a la derecha, no debe contarle la verdad, no sería emocionante. Le acierta que sí, y es mejor ir a otro lugar, más tranquilo.
Un pequeño parque solitario, es perfecto. Emily deja su bicicleta apoyada en un banco, se saca la mochila, hurgando en encontrar el regalo, guardándolo inmediatamente en su abrigo blanco. Deja la mochila en el banco a vista verde de Arthur, muy curioso de lo que trae, hasta lo que sabe no es su cumpleaños, al menos que Gilbert le haya mentido a la rubia.
Entonces, entiende. Se sonroja. Por su parte no tiene nada, ¿por qué demonios no le informó Sakura? Después de esto, no le reclame que no le dio un regalo a su mejor amiga.
Esconde las manos en los bolsillos de su chaqueta, percibiendo el clima.
Caen del cielo.
Para Emily es importante que Arthur haya regresado, sin esperar más días.
Pequeñas bolitas blancas caen desde el cielo, sobre sus siluetas, respirando el invierno a su alrededor. Hay nieve por todas partes. La Navidad ya pasó, el Año Nuevo también. Al fin Arthur regresó a Richmond, sin cambiar nada de su aspecto, sigue siendo el mismo, al menos físicamente.
Emily lo citó para juntarse en el parque, saliendo de la escuela, lo tiene aquí frente a ella. Nerviosa. Muy nerviosa en adelantarse que dirá él al ver el regalo que le dará, justificándolo por el examen pasado, por la Navidad, omitiendo que su corazón late por él.
Respira hondo, tomando toda su personalidad en sacar el regalo dentro de su abrigo blanco. Se lo extiende.
―Feliz Navidad.
Los labios de Arthur se presionan. Saca las manos de los bolsillos y toma el presente, sin dar las gracias aun. Primero quiere saber qué es, no quiere llevarse una sorpresa de ver bolsitas de té o un llavero.
No parece nada de eso. Es una caja pequeña, algo habrá dentro para que el objeto no sea tan descifrable.
Alza la mirada a Emily, quien espera ansiosa e inquieta a punto de gritarle que lo abra de una vez.
Abre con cuidado el papel de diseños navideños, muchos Santas.
Es una caja roja.
―Ábrela. ―le dice Emily sonriente.
El rubio obedece. Quita la tapa, y no lo puede creer.
―No puede ser verdad ―saca de inmediato el verdadero regalo de la caja―. He estado buscándolo desde hace tiempo, y en todas las disquerías estaban agotados. ¿Cómo lo conseguiste?
―Se cuenta el milagro, pero no el santo. ―tal parece que le gustó muchísimo.
―Bueno, ¿cómo supiste que buscaba el tercer álbum de The Smiths? ¿Sakura? ―es claro, siempre su amiga metita en esto.
―Uhm, puede ser ―ladea la cabeza, no quiere tirar al agua a su amiga, aunque Arthur ya lo sabe―. ¿Y?
Arthur la mira. ¿Y qué? Oh, sobre el regalo, por supuesto. Agradecerle es lo primordial, pero por su parte no tiene nada para regalarle. Es decir, ella se tomó el tiempo en buscar el CD original de una de sus bandas favoritas, sin que él tuviera buenos resultados, ya que no quería por nada del mundo descargar por internet; debería regalarle también, al menos por el espíritu de Navidad.
―Gracias ―no sabe que más agregar, debe decirle la verdad―. Yo…no tengo nada.
―No importa, Arthur. Sólo es un agradecimiento por ser mi tutor. ―como lo tenía ideado, le responde con parte de su sinceridad. Quién sabe si ahora es el momento, al medio de la nieve caer.
El chico de Inglaterra traga y tose un poco. Tampoco es un gran tutor para recibir regalos, ¿para qué mentirse? Es un gran tutor, tiene excelencia académica, cualquier chica de la escuela iría corriendo a pedirle ayuda. Emily fue la excepción. Tal parece que es la única que no ha caído como las demás gritonas desesperadas por tener un novio. Surca débil los labios sin que la rubia se dé cuenta. Se pregunta si Sakura tiene razón, de los sentimientos de ella hacia él. ¿Cuánto gusta de él? ¿Mucho, poco, algo pasajero?
Parpadea rápidamente reaccionando, guardando el regalo en su mochila. Emily coge la suya y a su bicicleta, es hora de irse. Arthur la detiene. Le invita a ir uno de aquellos locales de entretenimiento de máquinas de videojuegos, pueden aprovechar antes de que oscurezca. Emily salta de la emoción, acepta sin duda, la cita.
No es un cita.
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Posterior a la diversión donde la americana no paró de jugar en ningún momento, Arthur tuvo que jalarla para sacarla de ahí a la fuerza; es una chica ambiciosa con esos juegos. Deberá tener mucho cuidado de ahora en adelante, por eso quiso manejar él la bicicleta, estando seguro de que Emily no cambiase el rumbo. Sin añadir que discutieron en todo el camino por Iggy. Bueno, Emily se enojó porque ella quería cuidarlo en las vacaciones de inviernos mientras no se encontraba, ¿por qué no le dijo? Sakura no era la mejor opción, su abuelo es alérgico a los gatos.
―Su abuelo se ganó un cupón de viaje a las termas con un familiar. Fue la madre Sakura, y ella se quedó con su padre. Y en la única persona que confío es en ella para cuidar a Iggy. ―ni loco hubiera dejado a ese gato pervertido con Emily. No, no eran celos, era tonto tener celos por una mascota.
―Pero yo quería cuidarlo, Iggy me quiere, me aprecia. ―la discusión se alargó.
Frena a la entrada de la casa de la familia Jones. Los dos bajan y la bicicleta queda en manos de su dueña, quien insiste en que Arthur deba conocer a su linda y tierna melliza. Arthur se resiste, no tiene un gran ánimo para conocer a una doble chica energética, con una le basta. No quiere más problemas en su cerebro.
―Vamos, te agradará. ―Arthur sabe que Emily conseguirá lo que quiere, ya la conoce más. De todos modos, le dice que sí, para qué negarse a conocer parte de su familia, no será tan malo. Aunque, no está seguro de entrar o no, ya ha estado muchas veces; toparse con el padre de Emily le incomoda, sabiendo que ahora puede caminar.
Pide por las hadas que le ayuden.
Alza la mirada a la puerta que se abre, y alguien sale. Emily voltea y sonríe levantando la mano, en señal de que se acerque.
¿No es su hermana o sí?
La otra chica lo piensa y baja a pasos lentos y tímidos, llegando frente a Emily. Arthur hace una rápida observación de pies a cabeza a la hermana de su esclava, si no tuviera el cabello largo y esos anteojos, las confundiría fácilmente.
―Él es Arthur. Ella es mi melliza, Meg. ―presenta alegre. Marguerite también sonríe diciendo que es un gusto conocer al fin al joven de los sueños de su hermana, lo último sin decir, claro.
El rubio de ojos verdes algo despistado y tonto también sonríe. Ellas dos no se parecen en nada en personalidad, la menor tiene una voz más suave y muy educada, a comparación de Emily. No, quizás no cambiaría a Emily, su vida de discusión y competencia no tendría sentido.
Surca los labios, ya debe irse, y ellas dos entrar a casa. Se despiden con ademanes. Arthur camina un poco más alejado de la residencia Jones, girando a mirar. Emily y Marguerite caminan por el pequeño camino de baldosas hasta la puerta, antes de guardar la bicicleta. La menor de las dos comenta algo sobre Arthur.
―Entonces él es Arthur.
―Sí.
―Es muy lindo ―no lo dice como si fuera su competencia, es un alago y su hermana lo sabe, respondiendo con un "Lo sé"―. ¿Le diste el regalo?
―Le encantó el regalo. ―termina de asegurar a Matilde, y las dos se dirigen a la puerta. La de lentes entra primero. Emily, percibe algo extraño decidiendo voltear, mirando a Arthur que todavía no se va. Éste se tensa y sigue caminando, sonrojado, cambiando todos sus pensamientos a qué hacer hoy al llegar a casa. Pasar las canciones de The Smiths a su teléfono.
Emily ya estando dentro de su confortable hogar, su nana le preparó galletas. Comió con ganas y bebió un vaso de leche de vainilla. Luego fue a su habitación a contarle a su hermana lo ocurrido hoy, absolutamente todo. Marguerite casi se espanta por lo del desmayo, pero no fue para tanto, lo que sí fue raro fue el sueño que tuvo mientras estaba en la enfermería, sobre todo lo del chico que no conocía. Tal vez el sueño le quiso decir algo o muchas cosas para su futuro.
La mayor ladea la cabeza. ¿Qué podrá ser? Las paredes de seto deben significar el muro contra historia y geografía. De acuerdo, ese análisis no es muy bueno. No quiere pensar.
―Dime Meg, ¿ya conociste algún chico? ―estando varios días en Richmond, de seguro su hermana conoció a alguien interesante. Ella niega con la cabeza. ¿Es que acaso los chicos no se fijan en su hermana? ¿Los chicos de acá son ciegos o qué?
Bueno, Marguerite no está apurada, al menos en Canadá tuvo varias citas, pero las rechazó todas. Ninguno era de su gusto. ¿Cuándo aparecerá el correcto? Suspira.
Emily también suspira. Los hombres son complicados, sobre todo uno que se llama Arthur.
Decide caer boca arriba en su cama después de colocar música en su computador, después de que su hermana menor se haya sido de su cuarto, pero regresa golpeando la puerta, preguntando en nombre de su padre si tiene hambre.
Sólo desea relajarse para dormir tranquila.
La de cabello largo dibuja una pequeña sonrisa, percatándose de la melodía del computador.
― ¿George Strait? ―la mira confundida. Es de los cantantes favoritos de su hermana, pero no para escuchar todas sus canciones tirada en la cama, y sobre todo las canciones que eligió para oír. Su hermana no gusta de Arthur, está completamente enamorada. Decide dejarla sola en su mundo de corazones country.
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Arthur retoma la tutoría en enseñarle historia a Emily, no pueden perder más días, debe repasar y retroalimentar su memoria para después pasar a la siguiente materia del examen que viene. Emily se había negado a estudiar, quería disfrutar de la nieve que cayó hasta la madrugada en el patio de la escuela.
Se sentaron lo más alejados de los demás, frente a un árbol, dándole la espalda al propio establecimiento. Arthur no quiere interrupciones, sólo estar al aire libre y helado.
Emily toma el libro. No entiende por qué Arthur no le da una clase resumida, sólo escucha música del teléfono con los audífonos, así sería más fácil. Bueno, qué importa.
Kirkland observa el cielo, no se despejará hasta mañana, es lo más seguro. Suspira. Se relaja con las letras de The Smiths, recostando la cabeza en el tronco del árbol. En tanto la chica rubia, sigue leyendo.
Pasan cinco minutos. 'Some girls are bigger than others' acapara sus oídos, abriendo los ojos a dirección de Emily. Suelta una pequeña y corta risa irónica, volviendo al frente, pero de nuevo regresa la vista a la estadounidense quien se queda dormida de un instante, dejando el libro abierto sobre las piernas. Parece que el libro de historia le hace dormir con facilidad.
Posa la mirada en la pantalla de su teléfono, viendo el siguiente tema. Ha estado abusando del regalo, no lo niega, pero es que es imposible que ella lo haya encontrado y él no. Debe haber un truco en todo esto.
'There is a light that never goes out.'
El corazón se le presiona escuchando la letra, esto no le pasó ayer en la noche, confirmando que de verdad era el tercer álbum.
Algunos arbustos se mueven a la distancia frente a ellos dos. El inglés no toma atención. Los otros sí, mirándolos con binoculares. Gilbert sabía que pasaría algo hoy, ya era bastante obvio lo que pasaba. Elizaveta no deseaba venir a espiarlos, era incorrecto, pero se animó agarrando a Sakura, y Antonio siguió a Gilbert, se veía interesante lo que iban hacer. El germano venía preparado con mirar a la distancia sin ser atrapados.
A Sakura le parece muy incorrecto lo que hacen, además, Arthur y Emily no están haciendo nada fuera de lo común.
―Emily se quedó dormida en el hombro de Arthur, y Arthur no se molesta. ―informa Gilbert. Sakura le quita el binocular a Antonio, necesita ver también en nombre del periodismo. Como no.
Arthur repite el tema una vez más. Desciende los orbes al rostro dormido de la americana, recordando cuando estuvieron en la enfermería, ella estaba igual de dormida.
Rostro de niña.
Labios rosados. ¿Cómo se verían húmedos y rojos?
Otra vez ese pensamiento fuera de sí. Las mejillas se le ruborizan y se quita los audífonos; el tema le está haciendo mal…o quizás bien para pensar. Gira el rostro hacia el de la rubia, no despierta. Se muerde el labio, no sabe si seguir su instinto o quedarse con las confundidas ganas y deseo. Bueno, si lo hace, nadie lo sabrá, sólo él. Si le cuenta a Vladimir, se caerá de la silla y hará una fiesta.
Antes dé, mira para todas partes, revisando que no haya nadie mirándolos. Están solos los dos.
Se remueve un poco, con sumo de no despertarla. Espera no arrepentirse de esto, se conoce perfectamente para mañana decir que fue un error.
Se acerca más, descendiendo la cabeza al rostro sereno y dormido de Emily. Los nervios lo están comiendo por dentro junto con las mariposas y hadas en su estómago.
La besa.
'There is a light that never goes out', continúa sonando en la última estrofa.
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N/A: ¿Qué tal, eh? Deben estar como Francis mordiendo el pañuelo, jo~.
Les dejaré algunos datos pequeños, por si alguien no maneja información o no lo conoce. Tampoco conocía a George Strait.
George Strait: Cantante de música country tradicional, conocido como el Rey del Country actual, es una leyenda viva. También es actor y productor de Estados Unidos. (Escuché un poco de sus letras, y decidí que se vería bien que Emily lo escuchará)
The Queen is dead: Tercer álbum de la banda inglesa The Smiths, siendo reconocido como el mejor álbum de la banda. Dentro se encuentran los temas 'Some girls are bigger than others' y 'There is a light that never goes out', está última reconocida como una obra maestra.
Les dejo hasta aquí. Muero de hambre. Oh, y voy acelerar más cosas del fic.
Casi se me olvida, el significado del sueño de Emily. No les adelantaré mucho, sólo lo obvio.
El gato que sostiene Sakura, es en representativa Heracles. Gilbert, sostiene la carta de roma para Elizaveta, aferrándose a la única forma de mostrar su roma a alguien. Lo que le dijo Antonio es parte de la trama. Meg o Meddie, es su apoyo familiar. Y la pared de setos es Arthur, a lo que Vladimir le enseña el camino a Emily hacia él, hacia su corazoncito tan duro que le salió.
Eso básicamente.
Nos leemos los domingos. ¡Beso!
