Una noche lluviosa
—¡Helga! ¡Helga! ¡¿A dónde crees que vas?! ¡Regresa aquí de inmediato y, pídele perdón a Olga y a John!
—¡NO!
—¡Helga!
Con un fuerte portazo, la chica salió de su casa con el rostro compungido y las pupilas semi liquidas.
Una vez más, tanto su madre como su padrastro habían intervenido en su vida y, como ya era costumbre para ella, eligieron lo que suponían que era mejor para la chica sin consultarle nada.
Claro que esta vez, la chica ya no tenía diez años para estarse dejando vencer por sus palabras. No de nuevo.
Quería trabajar y tomar aquellos cursos de poesía y escritura creativa, y no iba a abandonar su idea solo porque ellos creyeran que ese no era un trabajo de verdad y que se moriría de hambre. Era lo que deseaba y, ahora que había llegado la carta de su abuela diciéndole que le brindaba su apoyo incondicional, no volvería a huir de lo que quería.
Ya sabía que era lo que buscaba de su vida, y había llegado el momento de defenderlo, aunque fuera de su familia.
La rubia vagó sin rumbo por las calles de Hillwood, ajena a las personas que la pasaban y rodeaban.
No tenía el menor interés de prestarles mucho tiempo de su atención, menos ahora que se sentía tan abatida y frustrada con su propia gente.
No sabía qué hacer ni a donde ir, pero lo que si tenía claro es que no deseaba volver a casa esa noche. No con todo tan fresco en su cabeza, y menos para que la fueran a regañar una vez más.
Por esa noche, vería como sobrevivir a las calles por su cuenta.
Y eso quería decir, por SU cuenta. No le diría a nadie de lo ocurrido en su casa, y tampoco acudiría a Phoebe o a Rhonda o a la doctora Bliss, para que le dieran una mano con el asunto.
Necesitaba demostrarse que podía llevar a cabo sus metas, sin manos ajenas de las que depender siempre.
Por supuesto, esa era la certeza en su cabeza, pero como siempre, el destino se encargó de hacerla quedar como una tonta chica de 16 años, y el mensaje llegó con alguien a quien esperaba no encontrarse mientras vagaba por el sector comercial de Hillwood.
Primero llegó la sombrilla a cubrirla de las heladas gotas de lluvia, y después fue turno de la voz para llamar su atención.
—¿Helga? ¿Qué haces aquí?
La mencionada alzó la mirada, topándose con los oscuros ojos de Lorenzo.
El muchacho la miraba desde arriba, vestido con un impresionante traje sastre color azul marino que lo hacía ver mucho más imponente de lo que se veía en la escuela, con sus chaquetas de piel y sus suéteres de hilo de algodón.
En comparación con él, la muchacha se veía miserable con el semblante hundido, los hombros caídos y la ropa escurrida y medio pegada al cuerpo, por su imprudencia de salirse en plena tormenta.
No se había dado cuenta, pero sus dientes castañeaban cada cierto tiempo.
—¿Te sorprendió la lluvia en plena calle? ¿Necesitas que te lleven a tú casa? Si quieres, puedo pedirle a mi chofer que te deje —, el muchacho ya estaba haciéndole señas a un sujeto, así que la chica de ojos azules negó con rapidez y se alejó de Lorenzo de un buen salto.
Sus pies estuvieron a nada de resbalarse por los charcos bajó ellos, pero como buen caballero que era, su acompañante la sujeto antes de que resbalara y la enderezó.
—¿No quieres ir a tú casa?
—No, yo… Todavía no me quiero ir. Prefiero caminar un poco más por aquí.
—¿Aquí? Pero si está cayendo un monzón.
—No importa. Me gusta la lluvia —, el chico alzó una ceja. No le creía ni una pizca de lo que había dicho, así que Helga se apresuró a agregar —. No pasa nada. Hoy me quede de ver con Phoebe en la cafetería junto a la esquina de la escuela, así que en un rato ya me iré para allá.
—¿Y no quieres que te lleven?
—No. En serio, estoy bien yo sola… Después de todo, esa es la mejor forma de ir pensando sobre las cosas que nos pasan.
Lorenzo por fin pareció sentirse satisfecho con sus palabras, o eso pensaba Helga. Cuando el chico le hizo una seña a uno de sus guardaespaldas, con disimuló, ella creyó que solo se encontraba estirando los brazos.
No esperaba que, pasados unos segundos, le tendieran un paraguas igual de enorme que el que llevaba Lorenzo, así como que le colgaran en los hombros un suave abrigo de hombre que la hizo notar lo calada que estaba.
Un escalofrió le recorrió de pies a cabeza, a lo que el muchacho se permitió una pequeña sonrisa y asintió.
—Por lo menos llévate esas cosas, para que te tapes. Estas tan empapada que seguro te va a dar un buen resfriado.
—¡No! Yo no puedo…
—Insisto. No voy a dejar que te vayas a ver a Phoebe con esas pintas, y si se te ocurre negarte de nuevo, te juro que me voy a enojar mucho contigo —, al ver como la media sonrisa se trasformaba en una línea casi recta, a la rubia no le quedó de otra más que aceptar su ofrecimiento.
—G-gracias, Lorenzo.
—No es nada. Ahora, me retiró. Tengo que atender un par de asuntos y no puedo llegar tarde.
—Sí, entiendo. Nos vemos.
—Hasta luego.
Con una breve inclinación de su cabeza, el moreno se alejó de Helga con un andar pausado y rítmico. Esa era la segunda vez que se fijaba en el andar casi felino del muchacho. Se movía con tanta gracia, que parecía un maniquí cobrando vida frente a sus ojos.
Helga no pudo reprimir el ligero suspiro que salió de sus labios. Ni siquiera se percató de que lo había lanzado, solo se acomodó aún más el enorme abrigo y se fue a la cafetería que le había señalado al muchacho.
No sabía porque pero le daba la impresión de que si no iba, Lorenzo lo sabría.
En cuanto cruzó las puertas del establecimiento, un silbido salió de la barra.
—¿Helga? ¿Qué rayos te pasó?
—Por dios, ¿Estas bien?
"Justo quienes no quería ver… Me lleva. A este paso, seguro me descubren Miriam y Olga en media hora"
—Helga, estas toda empapada, ¿Qué te pasó? ¿Por qué?
—No fue nada, cabeza de balón… Y tú, ahórrate lo que sea que quieras decirme, Brainy.
—Rayos, hace años que nadie me decía así —, el chico de cabellos rubio claro, se paró y le tendió un par de pañuelos para que se limpiara la cara.
Por su parte, Arnold fue directo a la barra y pidió un capuchino extra para la chica.
Con la bebida entre sus manos, el chico se apresuró a llevársela mientras la muchacha les contaba cómo es que había terminado así.
Claro, todo un invento cortesía de Helga G. Pataki.
—… Y así fue el asunto. No puedo ir con Phoebe toda mojada, su madre seguro le dirá a la mía lo que me pasó, y me ira peor que a cuando Eugene se rompió la mano y la pierna derecha.
—Oye, pero, ¿No crees que estas exagerando? No creo que tus padres se pongan así por un accidente. Me parece que…
—No conocen a John. Es algo perfeccionista y, le ha estado pegando esa maña a Miriam. Ya lo verán, una semana de castigo, si bien me va.
—Pero, ¿Dónde vas a dormir? ¿En verdad no volverás a tú casa?
—No. No por hoy. Ya mañana les inventare que me quede con Rhonda o con Lila, pero lo mejor es que no me aparezca hoy con esas pintas.
—Ok, entiendo eso, pero sigues sin responder a la pregunta de Brian, ¿Dónde vas a dormir?
—Ya veré. Eso es lo de menos…
La rubia no pudo terminar de hablar. Arnold se puso en pie y, con el semblante serio y firme, la tomó de la mano y tiro de ella.
Una pequeña y apenas visible sonrisa, nació en los labios de Brainy. Solo Helga fue capaz de verla, de reojo.
—¡Oye! ¡¿Qué…?!
—Te vienes conmigo… Mañana seguimos con nuestra plática, Brian.
—Claro, no hay problema… Que tengan una buena noche.
"Brainy hijo de tu… ¡Te vi! ¡Deja de burlarte de nosotros y…! ¡NO! ¡¿Qué?! ¡A la casa de Arnold! Por dios, ¡No es posible!"
Y llegamos a uno de mis capítulos favoritos de la historia. Fue gracias a este y a un par más, que me decidí a hacer la segunda parte de la historia.
¡Lo adoro! y más porque sale el querido y adorado Lorenzo... Ah, lo siento. Sé que algunas me van a dar un buen zape, pero es que es uno de mis personajes preferidos, sobre todo por su forma de ser.
Pero, ¡Ya! Me calmó porque tengo que darles mis saludos a las chicas que dejaron mensajes. Está vez solo Serenity me puso algo, pero no importa. Sé que las demás siguen leyendo porque veo el aumento de lecturas y visitas, así que, a platicar.
serenitymoon20: jajaja, ¡Holi!
¡Sí! Se lo dijo, no con detalles pero ahora si, oficialmente Rhonda es portadora del secreto de Helga/Arnold, y ya veras las que le va a hacer pasar a nuestra pobre rubia.
Tu si sabes. Los consejos hay que tomárselos bien y hacer caso de ellos, porque si no, ¿Cómo vamos a saber que estamos haciendo mal? En mi caso, te juro que yo leía los capítulos y me parecía buena idea quitar tal o cual dato.
Según yo no iban a faltar a la trama. Ve. Ni me había percatado de que estaba podando a lo loco jajaja
Muy cierto. Cada quien tiene su propio estilo de escritura y, puede que algunas criticas nos duelan más que otras, pero el chiste de esto es no tomárselo a mal y atender a ello. Nos lo dicen porque nos estiman.
jajaja, no te dire nada... Por el momento. No te preocupes, ya falta nada para que te enteres de lo que ocurrió.
¡Saludos a ti también!
Y antes de que huya a comer, quiero mandarle un saludo a areespiral por seguir la historia y marcarla como favorita.
¡Muchas gracias areespiral! Te mandó un abrazo de boa hasta donde estés.
Ahora si, ¿Qué pasara con Helga en casa de Arnold? ¿Brainy le dirá algo a sus amigos? ¿Dejare de ser tan malvada con los capítulos?
Todo esto y más la siguiente semana.
Bye bye.
