Saltar de un acantilado a más de trescientos metros de altura, con peñascos sobresaliendo en el mar, no es una idea absurda cuando se es un ninja altamente capacitado con un manejo casi perfecto del chakra y la capacidad de caminar por paredes y sobre el agua.
Los primeros cien metros fue algo sumamente fácil. El simple sentimiento de libertad los revitalizaba. Cayeron con gracia sobre uno de los peñascos más grande y que los sostenían a ambos sin problema, cuando sobre sus cabezas rugieron todos los guardias que los perseguían.
—Disparen —ordenó una voz conocida para los dos ninjas.
Sasuke y Sakura levantaron la cabeza justo a tiempo para ver a Hoshimaru entre la multitud, mirándolos de manera encolerizada y soltando maldiciones a todos sus sub-alternos.
Un centenar de agujas y otras armas cubrieron el cielo sobre la cabeza de los chicos. Sasuke y Sakura saltaron a lados distintos, soltándose hasta ese momento de las manos e intentando esquivar las armas y no caer al mar, pero era poco menos que imposible.
Las ropas se les rasgaron más y de las heridas comenzaba a manar sangre de forma alarmante. Sasuke cayó sobre una roca lisa y en el momento sintió un pinchazo en todos sus músculos. Cuando quiso impulsarse nuevamente, sus piernas no respondían con tanta fuerza y no parecía poder dominar su chakra. Miró hacia Sakura, que no parecía en una mejor condición y la chica lo miró con preocupación en sus ojos verdes, queriendo transmitir un mensaje que él no entendía.
Salto hacia la roca más cercana y los ojos verdes se abrieron con horror.
—¡Sasuke! —grito casi desgarrándose la garganta.
Al principio el moreno no entendió la reacción, pero pronto se dio cuenta que sus piernas estaban demasiado débiles para sostenerlo. Cayó en la roca y su cuerpo rodó, precipitándose al mar.
Sakura se lanzó tras él sin dudarlo.
Las olas los golpearon sin clemencia, arrastrándolos rápidamente hacia las filosas rocas. Las heridas de Sasuke ardieron con el agua salada y recordó la quemadura en sus brazos por el intenso dolor. Sintió como Sakura lo arrastraba hacia la superficie y pronto estuvo escupiendo agua, mientras ambos se resguardaban detrás de una roca.
—Sus armas están bañadas en paralizantes y sedantes —explicó Sakura mientras se encargaba de que ambos se mantuvieran a flote —. Yo puedo volver a usar mi ninjutsu médico, por eso no me ha afectado tanto.
Sasuke asintió secamente y observo fijamente a la chica. Sus rostros estaban a tan solo unos centímetros de distancia y las olas rompían con furia en ellos, golpeándolos contra la roca, sin embargo no pudo evitar fijarse en el rostro de aquella mujer que un día había conocido.
No se había percatado antes, pero ya no era la misma Sakura que creía poder arreglar todo lo malo con el amor que le profesaba. Sus facciones se habían endurecido un poco y una ligera tristeza brillaba en sus ojos. Se percató de que ella evitaba mirarlo a los ojos y en ese instante quiso que ella le soltara, aunque eso significaba morir de la manera más estúpida posible. Tal vez ya no era la chica ingenua de antes, pero Sasuke sentía que la seguía conociendo demasiado y estaba seguro que algo importante ocultaba.
Sus parpados se cerraron con esa amarga idea, y su mundo se sumió en la oscuridad.
—¿Sasuke? —preguntó Sakura preocupada —. Vamos aun no, tenemos que salir de aquí.
Como pudo, asomó su cabeza y notó como los hombres se retiraban del acantilado. Hoshimaru permaneció ahí de pie con su cabello rojo ondeando al viento, unos segundos más, antes de girarse y desaparecer de su visión.
Sakura supo que irían por ellos a la playa y no tenía tiempo que perder. Se dejó llevar por la corriente, esquivando las rocas como podía y cargando el inconsciente cuerpo del moreno.
Llegaron a la playa y arrastró a Sasuke por la arena, hasta donde las olas apenas les acariciaban los pies. Se dejó caer sobre sus rodillas junto al chico, y por primera vez se permitió verlo cuidadosamente.
Estaba mucho más pálido a como lo había visto en Konoha, sus labios estaban resecos y tenía varios cortes pequeños en su rosto. Sakura aparto con delicadeza el cabello que se le pegaba a la frente y luego le acaricio la mejilla.
—Vamos, Sasuke, tenemos que salir de aquí —le susurró aun sabiendo que era inútil.
Todavía acariciando su cabello con la mano izquierda, y sin apartar en ningún momento la vista del rostro de aquel hombre, Sakura colocó su mano derecha sobre el abdomen de él y dejo que el poco chakra que aun tenia curara las heridas más superficiales mientras se daba una idea del estado de salud de él. Descubrió una herida más profunda en uno de sus costados, pero no tenía forma de tratarla en ese momento. También se concentró en retirar un poco del sedante del organismo de Sasuke.
Jadeó de cansancio cuando terminó, y su cuerpo se sintió diez veces más pesado, pero no había tiempo que perder. Sentó a Sasuke en la arena y colocó el brazo de él sobre su hombro, mientras que con el otro sujetaba la cintura del chico. De un impulso se puso de pie.
Supuso que se miraban como una mala broma. Sasuke era al menos una cabeza más alto que ella, mucho más musculoso y sus bellas facciones, aun inconsciente, eran intimidantes. El cuerpo del Uchiha parecía que en cualquier momento aplastaría a la pelirosa que lo arrastraba por la arena.
Pero claro, eso solo era la apariencia. Porque aunque ella era pequeña y algo delgaducha, su fuerza superaba con creces la de la mayoría de los hombres.
Atravesó las dunas hasta que la fortaleza de Hoshimaru desapareció entre las rocas. La arena de la playa comenzó a cambiar y los arboles comenzaron a cubrirlo. Sakura se internó en el bosque, sintiéndose más familiarizada con ese ambiente que con la hermosa playa y comenzó a buscar un buen escondite mientras se mantenía lo más lejos posible de la fortaleza.
En la playa había dejado decena de cuevas en las que ocultarse con la única esperanza que los hombres de Hoshimaru se entretuvieran buscando en ellas antes de internarse en el bosque.
Finalmente se detuvo cuando el cielo se teñía de rojo. Los árboles en la porción del bosque en la que se encontraba eran tan grandes que habría necesitado al menos diez personas para rodearlo y las gruesas raíces sobresalían del suelo creando cuevas lo suficientemente grandes para acobijarlos.
Sakura entró en una de ellas, arrastrando a Sasuke por los hombros hasta que la oscuridad los envolvió a ambos. Por un momento tuvo el deseo de encender un fuego, algo cálido y caliente era lo que necesitaba, aún estaba empapada hasta los huesos y la temperatura del lugar disminuía a medida la noche se cernía sobre ellos. Desecho la idea casi al momento en el que se le ocurría, y en su lugar abrió la camiseta de Sasuke.
La herida que tenía él era peor de lo que pensaba. Habían enterrado algo filoso y profundo en el costado, y supuso, que lleno de paralizante. Sin duda esa era la herida que había causado su captura. Sakura recordó las palabras de Sasuke y de sólo pensar que un arma igual estaba dirigida a su hijo le produjo vértigo y un horrible escalofrió en todo el cuerpo.
Movió su cabeza de un lado a otro queriendo borrar esas imágenes de su mente y se concentró en su problema más inmediato.
La herida estaba gangrenada, de ella salía un líquido purulento y amarillo, y la piel alrededor estaba inflamada. La pelirosa soltó un suspiro, no tenía nada para tratarla y su chakra no era mucho. Hecho un vistazo afuera, pero tenía demasiado miedo de dejar a Sasuke solo e inconsciente cuando los hombres andaban por ahí buscándolos. Debía de esperar hasta el amanecer para recoger algunas hierbas y hacer un mejor trabajo.
Volvió a colocar sus manos en el abdomen del chico y se concentró en cerrar completamente la herida.
Cuando terminó, sintió un leve mareo y sus parpados pesaron el doble. Aun así se mantuvo firme y cogió la espada que Sasuke había robado dispuesta a hacer la guardia nocturna.
Iba a hacer una noche larga, de eso estaba segura.
Y mientras se encogía en la oscuridad con sus sentidos alerta, no pudo evitar pensar en la lejana noche cuando tuvo que cuidar de Naruto y Sasuke en el bosque de la muerte.
Sólo deseaba que las cosas no terminaran de la misma manera.
-1-
La noche era cálida y acogedora.
La brisa marina les llegaba con un aroma embriagador y refrescaba el ajetreado ambiente de la feria. Los puestos de comida y juegos estaban abarrotados, las personas reían y hablaban en voz alta para hacerse escuchar. Las lámparas redondas y de colores iluminaban toda la calle. Máscaras, telas, globos… había tanto que ver.
—¿Me has visto? —preguntó un chico pelinegro. Aparentaba unos diecisiete años por sus facciones maduras, sus hombros anchos y su altura. Aunque tenía un brillo travieso en los ojos y una sonrisa sarcástica y problemática. Se irguió todo lo alto que era y mostró en su mano derecha una pequeña bolsa plástica con un pequeño pez rojo nadando en ella —. Es para ti, Shia.
Extendió la bolsa y la chica junto a él la tomó. Ella vestía un bello kimono azul oscuro que realzaba sus ojos color cielo, con un obi amarillo en su cintura. Llevaba su largo cabello negro recogido en un inmaculado moño, a diferencia del de él, que crecía rebelde hacia todos lados.
Shia le sonrió con dulzura y él se sonrojo levemente.
—Gracias, Hidemi.
—Eh… dijiste que te gustaba —Hidemi sonrió torpemente y llevó una mano hasta su cabello, como si necesitara revolverlo más de lo normal —. No sé cómo se te ocurrió mudarnos hasta este lugar, pero me alegra —dijo cambiando abruptamente de tema.
—Ya no parecías a gusto en la aldea de las fuentes termales.
Shia se arrepintió de inmediato del comentario. La sonrisa desapareció de los labios de Hidemi y sus ojos se entrecerrarón con enojo y dolor. Él volteo su rostro para que ella no lo mirara, pero fue demasiado tarde. Un silencio tensó se propago entre ellos dos.
—Lo siento —murmuró Shia, tomando la mano del chico.
Hidemi la miró y su expresión cambio radicalmente. Ya no había enojo, solo una gran preocupación. Se detuvo en medio de la abarrotada calle y con su mano libre sujetó la barbilla de la chica, obligándola a verlo.
—Nada de lo que pasó fue tu culpa —le dijo —. No quiero que sigas pensando eso…
—Pero…
—¡Shia! —la reprendió.
La pelinegra soltó un suspiro frustrado y desvió su mirada de él.
—Lo intentaré.
Hidemi sonrió y rápidamente jaló a la chica contra él y la envolvió con sus brazos. Ella se sorprendió al principio, pero respondió el abrazo sin pensarlo dos veces. Acomodó su cabeza en el hombro de Hidemi y quiso quedarse así para toda la eternidad.
Sin embargo, sus ojos azules captaron una sombra en la oscuridad y sintió un escalofrió en su columna vertebral. Deshizo el abrazo, con su atención parcialmente en el callejón.
—Ya es tarde. Será mejor volver a casa.
Hidemi estuvo de acuerdo y la acompaño hasta el apartamento de la morena, hablando banalidades y tomados de la mano. Intentando hacerla sonreír como en los viejos tiempos, pero notó que la mayoría de las sonrisas de la chica eran falsas. Antes de poder armar el valor para preguntarle lo que sucedía, llegaron a la puerta del apartamento y se quedaron frente a ella sin saber que más hacer.
—Supongo que te veré mañana —dijo Hidemi, revolviéndose nuevamente el cabello, como hacia cada vez que estaba nervioso.
Shia asintió con la cabeza y abrió la puerta del pequeño apartamento. Dio un paso adentro y luego se detuvo.
—Hidemi —llamó, girándose hacia él.
El chico la miró interrogativamente y antes de que se diera cuenta, ella se puso de puntillas y le dio un suave beso en los labios. Apenas un pequeño roce.
—Te quiero —dijo Shia sonrojándose.
—También te quiero —Hidemi le acaricio la mejilla sonriendo y luego se marchó.
Cuando los pasos del chico se perdieron por el pasillo, Shia entró al apartamento. Cerró la puerta tras de ella, y se apoyó en la pared por unos segundos. Cerró sus ojos e intento controlar el acelerado pulso de su corazón.
Cuando sintió que su rostro ya no estaba terriblemente sonrojado y su corazón palpitaba con un ritmo más regular, se separó de la pared y se adentró en el departamento. Encendió la luz de la sala, encontrando a una chica sentada frente a ella.
—Bonita cita —dijo con dureza la pelirroja.
—¿Qué estás haciendo aquí? —A pesar que su voz seguía siendo suave, era un poco más impersonal y llena de desconfianza. Sus ojos azules ahora parecían dos bloques de hielo y su cuerpo estaba completamente tenso.
—Tuvimos un problema con Uchiha y Haruno —la pelirroja, Nadine, se levantó y avanzó hasta Shia con pasos silenciosos —. Se han escapado.
—No puedo realizar el jutsu sin ellos, especialmente sin Haruno.
Nadine soltó un suspiro frustrado y puso sus ojos en blancos.
—Entonces nos ayudaras a atraparlos —Nadine camino hasta a ventana, fundiéndose entre las sombras —. Llega rápido y no permitas que él se interponga.
De un saltó se perdió en la ciudad. Shia se apresuró en ir hasta la ventana y la cerró con fuerza, haciendo vibrar el cristal. Caminó hacia su habitación mientras, frustrada, se quitaba los sujetadores del cabello. La larga cascada de cabello azabache cayó sobre su espalda y un segundo después se deshizo de su kimono.
En lo más profundo de su guardarropa se encontraba un conjunto ninja completamente negro y que pocas veces usaba. No tenía una banda, porque realmente no pertenecía a los ninjas de ninguna aldea, había renunciado a esa vida a los doce años y aun así nunca pudo permanecer muy lejos.
Cuando se hubo terminado de colocar las sandalias ninja, tomó entre sus manos la única foto que estaba en la habitación.
Era duró verse a ella misma junto a Hidemi y Ao, completamente felices. Sin el siniestro pasado sobre ellos, justamente antes de que todo cayera precipitadamente en picada.
Pasó sus dedos sobre el chico pelirrojo que sonreía con fastidio y sintió que un bloque pesado caía en su estómago.
—Lo recuperaré —dijo en un susurró —Lo haré por ti, Hidemi.
Esta vez sus ojos se posaron en Hidemi y su sonrisa problemática.
Shia dejó el cuadro en la mesa junto a la cama, escribió una nota apresurada para Hidemi y salió del lugar, siguiendo el pequeño rastro que había dejado Nadine para ella.
Sólo le tomó un par de minutos atravesar la ciudad e internarse en el bosque. Los árboles que la rodeaban eran bastante frondosos, aunque comparados a otros que se encontraban en la isla, eran pequeños. Una zona bastante explorada por los isleños.
Cuando llego a un pequeño claro, todos los demás miembros ya estaban ahí. Pasó su vista por cada uno de ellos intentado mostrar total desinterés en lugar de los nervios que la carcomían.
Nadine era la más cercana, parada cerca del claro y con los brazos cruzados sobre su pecho. Su cabello pelirrojo, sujeto en una coleta alta, ondeaba con el viento y sus ojos oscuros se posaban con pereza en ella haciendo que su interior se removiera. Junto a ella estaba un chico vestido con una cota de malla y pantalones oscuros, le sonrió al verla y ella escasamente pudo responder. Hoshimaru hizo un ademan de acercarse, pero antes de poder dar un paso, el último miembro del grupo aterrizo entre ellos.
Shia frunció el entrecejo y apretó sus puños. De todos, él era el que menos le agradaba.
—Ha llegado la oportunidad para que nos demuestres lo que tienes —dijo el hombre frente a ella con una sonrisa sínica en su rostro.
El parecido entre ambos era notorio, aunque no era ninguna coincidencia al ser miembros del mismo clan. El cabello negro de Milo caía salvajemente sobre sus ojos azules oscuros, que podrían lucir apuesto si no brillaran eternamente con rencor y desprecio. Shia no sabía toda la historia de ese hombre, había sido una estudiante de la academia cuando lo expulsaron de la ciudad y los detalles siempre eran un misterio para la mayoría, aun así podía darse una idea de lo ocurrido y repudiaba el hecho de trabajar en el mismo equipo. Y sabía que el sentimiento era mutuo.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó, ignorando las provocaciones de Milo.
—Nos dividiremos —dijo Nadine —Uchiha y Haruno están heridos, entre más rápido los encontremos será más fácil volver a capturarlos. Tú vendrás conmigo al oeste y Hoshimaru estará en el este. Elige el lugar y a los soldados que quieras para obtener los cuerpos.
—¿Y tú? —pregunto directamente a Milo. Al ver la sonrisa del pelinegro se arrepintió al instante.
—Iré por Minato Haruno… o Uchiha, como prefieras llamarle.
Shia tardo unos segundos a entender esas palabras. Una breve charla con Sakura sacudió su mente y quiso golpearse al recordar que Sasuke había sido compañero de equipo de la medic-nin. Realmente quiso tener una conclusión equivocada, las cosas no podían ser tan retorcidas.
—¿Te refieres a que ella… ellos…?
—Tienen un hijo —completo Hoshimaru. Nadine hizo un gesto amargo y volteo su rostro —, y nos han facilitado enormemente el asunto de convencerlos. Con el niño en nuestras manos van a hacer lo que deseamos.
—¡Pero prometieron no tocarlo!
—Fue antes de saber que era hijo de Uchiha, ¿Tienes idea de lo que eso significa? Si Madara lo supiera no pensaría dos veces antes de atraparlo o matarlo, piensa que le estamos haciendo un favor.
—Además —interrumpió Nadine —, ¿Quieres o no volver a ver a Ao?
Shia apretó su mandíbula, tragándose todas las palabras y sentimientos encontrados. Volteo su rostro hacia un lado, intentando que nadie mirara la impotencia que sentía o el remordimiento, pero supuso que fracasaba de todos modos.
—Bien —accedió con su voz hecha un tempano de hielo de nuevo —. Vámonos.
Camino hacia el oeste, con Nadine pisándole los talones. Ahora más que nunca Hidemi no debía de enterarse del precio para traer de vuelta a Ao a sus vidas.
—2—
Un ronco gemido salió de los labios de Sasuke incluso antes de abrir los ojos. Una vez que lo hizo, no había mucha diferencia. Volvía a estar acostado en el suelo de una caverna fría, húmeda y oscura; pero a diferencia de la primera no estaba encadenado en una posición incómoda y con cadenas que le drenaban el chakra. En comparación con eso, podía decir que se sentía bien.
Aun no recuperaba todo su poder y su cuerpo seguía un poco adormecido por el veneno, pero ya no sentía un dolor mortal en su costado y el aire fresco que llegaba hasta él, junto con los sonidos nocturnos de la naturaleza, lo hacían sentirse más confiado, como si estuviera en su territorio. Listo para atacar.
Se sentó, suprimiendo otro gemido, y llevo una mano hasta su costado. Donde antes tenía una herida profunda por una daga de tierra, ahora solo había un improvisado vendaje que le recorría toda la cintura. La tela verde era apenas visible por la oscuridad y él rápidamente miró a su alrededor buscando a Sakura.
La encontró sentada a un lado de la pequeña abertura que mostraba el exterior, escondida entre las sombras y con su cabeza apoyada en sus rodillas. Con sigilo se levantó y se acercó hasta ella. Por un momento lo único que escucho fue la suave y acompasada respiración de ella. Contempló la cascada de cabello rosado que se salía de su deshecho peinado, y la rasgadura en su vestido, con lo que había logrado vendarlo.
Soltó un suspiro, aunque no estaba seguro si era de fastidio o resignación. A pesar de que ella había recibido los mismos ataques que él, había sido torturada momentos antes y quien sabe las condiciones que había tenido mientras estaba cautiva, ella había gastado sus últimas energías en curarlo y arrastrarlo hacia esa cueva, y aun así pretendía vigilar su improvisado objetivo teniendo como única arma una espada que, estaba seguro, no sabía manejar.
Tenía que admitir que dentro de toda esa locura de plan había algo de verdadero valor y sacrificio, aunque a él le parecía algo completamente impráctico. Más aun, cuando ellos había discutido momentos antes de su precipitado escape.
¿Por qué lo había salvado? Tenía más probabilidades de escapar sola que cargando un cuerpo inconsciente. Además, estaba todo el asunto de Minato… cuando ella se diera cuenta de sus intenciones, lo iba a odiar.
Tomó la espada que Sakura abrazaba con sigilo, pero aun así ella dio un salto. Despertando confundida.
Sakura tardó unos segundos en enfocar a Sasuke y quitarse el despabilamiento del sueño.
Se miraron a los ojos por un momento y prnto ambos se dieron cuenta de lo cerca que se encontraban. El pecho de Sakura saltó al comprender que era él quien se había acercado. Pero su emoción no duró más de dos segundo, cuando él se hizo para atrás, llevándose consigo la espada.
—¿Ocurre algo? —preguntó, acomodándose mejor contra la raíz del árbol.
Sasuke negó con la cabeza y clavó su vista en el exterior.
—Deben estar buscándonos, será mejor movernos.
Sasuke dio un paso hacia el exterior, pero de inmediato Sakura lo tomó de la muñeca.
—¡Espera! —Sasuke la miró sobre su hombro con cierta sorpresa. Sentía como la piel le cosquillaba en el punto de contacto. Sakura lo soltó —. Será mejor que revise tus heridas antes de partir, probablemente debamos luchar.
—Me siento bien. Cuida de las tuyas.
—Sólo tengo algunos hematomas, nada serio. Solo será un momento.
No supo si era porque él realmente necesitaba una revisión médica, o por la forma en la que lo había dicho, o porque sus ojos verdes brillaban de una forma particular gracias a la luz de la luna, recordándole a Minato y haciendo casi imposible decir que no; pero volvió a acostarse en el suelo frente a ella. Sakura sonrió levemente y con sus delicadas manos comenzó a retirar el vendaje.
Colocó sus manos sobre el abdomen, un chakra de color verde las cubrió y entró en él. Se sentía diferente, extraño. Nunca se había sentido invadido de una forma similar y tampoco tan expuesto. Podía decir exactamente en qué parte de su cuerpo se concentraba el chakra de la pelirosa gracias a la calidez que le proporcionaba. Era completamente diferente al método que utilizaba Karin y también más placentero.
Sasuke se fijó en el rostro de ella. Había esperado ver un pequeño sonrojo en sus mejillas al tenerlo frente a ella sin camisa, pero ella simplemente lucia seria, completamente concentrada. Sintió un poco de decepción, pero más que eso, sentía curiosidad. ¿Qué estaría pensando ella? ¿Recordaría la forma en la que sus manos lo habían acariciado cuando sólo eran unos adolescentes?
—¿Por qué no huiste antes?
Su pregunta repentina sobresalto a Sakura. El chakra verde desapareció de sus manos.
—No tenía la fuerza necesaria —respondió, mirándolo fijamente —me habían drenado bastante chakra, además de las torturas para mantener débil mi mente. Y sobre todo… —Sakura bajó su mirada, sus manos repentinamente eran lo más interesante del lugar — creí que habían capturado a Minato.
—Y aun así no accediste a su petición —reprochó el moreno.
—No podía hacerlo, Sasuke — dijo completamente alarmada —. No iría sólo en contra de mi aldea, sino del mundo en general. Planean revivir clanes enteros, para vengarse de los grandes países.
Sakura se calló de repente y miró a Sasuke con horror.
—Tú lo sabias.
Sasuke tomó las manos de Sakura, y las retiro de él. Sentándose y lentamente colocando su camisa.
—Estabas de acuerdo.
Sakura intentó que sus palabras no sonaran como un reproche pero había fallado. Era tonto pensar que Sasuke no apoyaría esa locura, como siempre sus muertos eran más importantes que cualquier persona viva que estuviera cerca de él.
—No importa cuanto lo intenten, los muertos no pueden volver a vivir —dijo Sasuke, luego se levantó y esta vez caminó hasta la salida.
Sakura se apresuró tras él, saliendo a la fría noche.
—No he terminado de curarte.
—Te queda poco chakra —Sasuke se giró hacia ella —. Si lo sigues mal gastando, cuando llegue el momento de la batalla te convertirás en un estorbo.
Sakura lo fulminó con la mirada, resistiendo las ganas de abofetearlo. Decir una vez "gracias" no lo mataría. ¿O sí?
—Bien.
Con pasos firmes, caminó frente a él sin mirarlo ni una vez.
Pasaron horas caminando, el bosque era cada vez menos denso y los arboles permitían mirar ciertas veces el cielo. Sakura escaló uno de los arboles más altos que encontró para permitirse una vista complete y Sasuke la siguió.
Alrededor de ellos no había más que una capa aterciopelada verde que se extendía por casi toda la isla. Hacia atrás una antigua fortaleza sobresalía del mar de hojas y aunque tenía una apariencia ligeramente descuidada, ambos sabían que no era así. A sus costados el mar rugía y podían ver una pequeña línea en el horizonte azul que se fusionaba con el cielo gris y cargado de nubes. Y finalmente, a unos kilómetros frente a ellos, se miraban los techos de varios edificios y las murallas de una ciudad.
—Debemos llegar ahí —dijo Sakura mas que todo para cortar el silencio que hace mucho había comenzado a ser incomodo —. Conseguir suministros e información será fácil. Mandaré un mensaje a Konoha.
—Y después regresaremos a la fortaleza.
—¿Por qué?
Sakura se giró tan rápido que estuvo a punto de caer de la rama.
—Recuperaré mi espada y terminaré con esto de una vez por todas, no hay necesidad de llamar refuerzos.
—Tal vez tengas razón, pero siempre debo alertar a la aldea —Sasuke torció un gesto amargo y apretó con fuerza sus puños —. Claro, para tus planes sería más fácil dejarlos acabar con todos.
—Ni siquiera sabes a qué clase de personas estas defendiendo —espetó Sasuke fulminándola con la mirada, pero esta vez Sakura no se dejó intimidar. Tenía tantas palabras, tantos enojos contra Sasuke guardados, que ver una vez más desprecio en sus ojos era la gota que rebalsaba el vaso.
—Si lo sé —dijo con firmeza, girándose hacia él —. He sido yo la que ha vivido ahí toda una vida. La que conocen a esas personas. La que ha visto como se caen y vuelven a levantarse más fuertes, como aprenden de sus errores. He sido yo a la que ha juzgado y aceptado, pero por algunos errores de sus líderes no los juzgo a todos.
—¿Qué quieres decir?
—Sabes muy bien a lo que me refiero.
Sakura saltó al suelo. Necesitaba espacio lejos de él para pensar con más claridad y especialmente para serenarse.
—¡Sakura, espera! ¿Qué tanto sabes? — El moreno la tomó de la muñeca e hizo que girara sobre sus talones hasta estar frente a él.
—Todo. Lo sé todo y no entiendo tus decisiones.
—Me lo arrebataron todo, Sakura, y a Itachi lo obligaron a vivir un infierno —Sasuke apretó más fuerte los brazos de la pelirosa, moviéndola bruscamente.
—¡Él sabía la importancia de Konoha! Tú no lo sabes porque elegiste el camino fácil y te marchaste.
—¡Mi vida no ha sido fácil!
—¡La mía tampoco gracias a ti!
Sakura se soltó de su amarre y lo empujó, haciendo que Sasuke trastabillara hacia atrás. Los ojos negros se convirtieron en rojo y dio un peligroso paso hacia enfrente.
—Te recuerdo que fue tu decisión dejarme fuera —Sasuke no elevó la voz, pero su tono ligeramente casual estaba lleno de veneno y Sakura sintió una oleada de miedo expandirse por todo su cuerpo. Por primera vez lo vio como el libro bingo lo describía: un criminal de clase S, buscado por los equipos más fuertes del país del fuego y donde la mejor estrategia al encontrárselo es huir. Y realmente quiso hacerlo, pero estaba completamente paralizada —. Y pagaras por eso.
Antes de que Sasuke lograra acercarse más, hubo un estallido a su alrededor. Armas se dirigían a ellos de todos los ángulos. Sasuke se giró y al mismo tiempo sujetó con fuerza la espada desviando todos los kunais con ágiles movimientos, haciendo que rebotaran contra la hoja de metal. Con sus sentidos completamente alerta, captó los tres cuerpos que corrían hacia él. Esperó hasta que estuvieran cerca y luego clavó la espada en el suelo y creo una corriente eléctrica que corriera por todo ella. El suelo del bosque estaba húmedo y una suave llovizna caía sobre ellos, ayudándole a potenciar su ataque. Escuchó como los tres pesados cuerpos caían al suelo. Sin esperar más, corrió por el que permanecía oculto entre los árboles. Otra serie de kunais salieron y él no tuvo problemas para esquivarlos. Lanzó la espada hacia donde sentía la última presencia y una chica pelirroja saltó antes de que fuera atravesada por aquella hoja.
Nadine cayó a unos pies de él y estúpidamente se lanzó hacia un ataque en taijutsu. Sasuke se permitió medirla durante algunos embistes, sabía que ella era una chica de armas y mientras no la dejara coger ningún cuchillo, el desenlace de la batalla sería bastante obvio.
Aburrido con la poca fuerza de la pelirroja, decidió terminar con la batalla. La tomó del cuello y la elevó varios centímetros, sus ojos rojos se clavaron en los de ella y el sharingan giró, preparando un escalofriante genjutsu.
—No me iré sola —le murmuró a Sasuke.
El pelinegro no entendió en el momento, no había forma de que ella lo atacara. Pero cuando los ojos de Nadine se clavaron en un punto a su espalda, él no pudo evitar seguir su mirada.
La pelirosa se encontraba arrodillada en el suelo con su cuerpo humeando por el chidori y sus brazos y vestidos rasgados por los kunais que Sasuke había desviado descuidadamente. Sasuke observó como de sus brazos salían pequeños hilos de sangre, pero cuando se percató en como sus manos tapaban su rostro y debajo de ellas salía una cantidad alarmante de sangre, sintió como si un bloque de plomo descendiera desde sus entrañas, arrastrándolas todas al suelo.
Los kunais alrededor de Sakura se levantaron y Sasuke pudo ver los hilos de chakra con los que los controlaba Nadine. Volvió su atención a la pelirroja y apretó un poco más su cuello.
—Chidori —murmuró enviando una descarga eléctrica que estaba seguro paralizaría el corazón de Nadine.
Los kunais cayeron al suelo y él soltó el cuerpo pesado.
Camino hacia Sakura y tomó sus manos, apartándolo del rosto. No pudo ver la herida, todo era un rio de sangre que iba desde su frente y le cubría la mitad de la cara. La otra parte de su rostro estaba pálido, y su piel ardía. Antes de poder decir nada, el ojo visible de Sakura rodó hacia arriba y la mujer cayó sobre él, inconsciente.
Sasuke la tomó entre sus brazos y salió corriendo hacia la aldea. Su vista estaba clavada al frente, por alguna razón verla en ese estado le recordaba demasiado a la noche de la masacre Uchiha. La apretó contra su pecho y aceleró el paso.
A su espalda, los tres cuerpos envueltos en una capa que Sasuke había derrotado primero, se levantaron lentamente. Caminaron hacia Nadine, la chica tosió y gimió de dolor, pero logró ponerse de pie.
Miró atentamente el camino por el que Sasuke se había marchado y apretó su mandíbula con enfado.
—Debemos encontrar a Hoshimaru.
Los ninjas asistieron con la cabeza y se dispersaron, fusionándose con las sombras del bosque.
—Continuará—
Hola queridos lectores. Recién acabo que terminar el capítulo y decidí subirlo. Estoy algo emocionada con esta historia, según mis cálculos faltan alrededor de nueve capítulos más para terminarla y he decidido dedicarme solamente a esta… así que si esperan actualización de mis otras historias, lamento decepcionarlos pero por los momentos no habrá. Espero que hayan disfrutado el capítulo y no olviden dejarme cualquier comentario, duda o sugerencia…
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