Y aquí la resaca...

Espero les agrade el capitulo y lamento la espera, pero fue semana de exámenes y una pequeña temporada de nula inspiración, un viaje sorpresa y diversas distracciones mas, como mi cumpleaños, el estreno de la temporada de TVD y The Originals. En fin demasiadas distracciones. Pero al haberme sacado de encima los exámenes y al haber vuelto a mi la imaginación, estoy de vuelta. Espero pronto poder pronto actualizar los demás fics, porque esto de abandonar mis historias me desagrada y no me gusta dejar a medio las cosas.

Les deseo una linda semana, Besos. PD. Y les recuerdo acerca de la beta, me sería bastante necesario dado que creo que todos mis historias, inclusive esta que es a la que le pongo mas cuidado, necesita una buena edición y que se ordenen mejor los capítulos, con o sin beta, planeo editarlo pronto. Así que por lo mientras los capítulos serán mucho mas largos, para que no afecte tanto la edición (ya he editado de esta manera mi otro fic, Memories, past & love) y se den una idea de que tan largos serán los capítulos, espero no afecte los reviews y se sientan a gusto con este cambio.

Capitulo: ¿Te arrepientes?

. Elena´s POV .oOo.:

Una mañana soleada y silenciosa inundaba la mansión Salvatore. Una imponente infraestructura, elegante, cálida e impresionante, que destacaba entre la espesura del bosque. De tonos chocolates y una luminosidad envidiable, el perfecto refugio del bosque. Cálida y acogedora. El silencio esa mañana era relajante e invitaba a la joven pareja que aun dormía entre las sabanas, a continuar su sueño.

La paz de la gran mansión Salvatore se vio interrumpida por el estruendoso timbre de un teléfono, que inevitablemente despertó a uno de las victimas de Morfeo.

La potente luz dando con toda su fuerza contra su rostro, el molesto ruido del móvil y el inicio de una temible jaqueca azotaron a Elena, obligándola a levantarse de la cama. O al menos ese era su plan, hasta que noto cierto brazo enredado en su cintura y un par de piernas que encerraban a su pierna derecha… A su pierna derecha desnuda.

El conocimiento de esa información provoco que Elena inevitablemente se fuese hacia atrás y cayera de la cama.

Porque el recuerdo de una situación demasiado familiar le asalto en ese instante, una mañana demasiado parecida a esa, solo que un año atrás. El principio del fin, de su fin.

Una noche de excesos, de decisiones idiotas tomadas apresuradamente, de un control nulo y una estúpida idea de libertad y ausencia de reglas. El resultado fue fatal y aun hoy lo seguía pagando.

Aliviada comprobó que a diferencia de esa mañana ahora si contaba con ropa, el mismo vestido que ayer, y con un rápido vistazo distinguió que Damon seguía con los boxers Calvin Klein negros aun puestos y soltó un suspiro aliviada.

Si bien la idea de avanzar en el plan para recuperar a Damon le encantaba, consideraba que ese paso seria el ultimo. Elena Gilbert no se consideraba la clase de chica que se acuesta con todo aquel que le presta un mínimo de atención, o de aquel que solo quiere algo de ella y no a ella misma. Si Damon no la quería o se haría el esposo de Lexi, ella lo aceptaría y se marcharía, pero con su dignidad intacta y con ella.

Con un pesado suspiro se levanto del suelo, lentamente y sujetándose al poste de madera de la cama de Damon, para evitar futuras caídas. Tal y como había distinguido ayer la habitación de Damon estaba… diferente.

La decoración estaba tal y como ella la recordaba, cada pintura, poster, marcos e inclusive las notitas que ella misma había dejado unos días antes de huir… Notitas que le hicieron ver que había algo extraño en esa habitación. Una habitación perfectamente ordenada y un tanto… abandonada, casi sin vida. Como si nadie viviese ahí.

Y eso era exactamente lo que notaba diferente, claramente Damon no había estado durmiendo ahí, y sabia que ella era la culpable. Culpable de causarle un dolor tan grande como para hacerle evitar su propia habitación, de destrozarle, dañarle y herirlo profundamente.

Y tener conciencia de ello nuevamente, la mataba. La mataba el saber que le había hecho daño, y le provocaba la necesidad de enmendarlo, de hacerle feliz como pudiese. Y en esa mañana lo único que pensó que la ayudaría a cumplir ese objetivo era un buen desayuno.

Decidida Elena salió de la habitación. Corrió las cortinas dejando a Damon dormir un poco mas, se deshizo de su vestido, que la incomodaba y se puso una camiseta limpia de Damon. Revisó su móvil, para comprobar quien era el causante de la interrupción de su descanso, su caída y esa horrorosa jaqueca; la compañía del móvil con uno de lo clásicos mensajes de promoción de sus servicios, lo tiro fastidiada, tras quitarle el sonido. No era necesario que Damon también fuese su victima, se veía tan feliz dormido y sabia que lo necesitaba. Por lo que se marcho con la imagen del chico en paz y se encamino a la cocina con una pequeña sonrisa, provocada por la diversión de imaginar la expresión de Damon al recibir el desayuno en la cama. Seguro lo haría feliz.

Tarareando una pegajosa canción Elena llego hasta la lujosa, moderna y gigantesca cocina Salvatore, encontrándose en una peligrosa encrucijada. Elena no tenia idea alguna en el ámbito culinario. ¡Ella no sabia cocinar! Su idea de llevarle el desayuno a la cama a Damon, la jaqueca, su falta de sueño y la idea de la felicidad que le brindaría a Damon, le habían nublado el juicio lo suficiente como para olvidar el pequeño detalle de que Elena Gilbert no tenia ni puta idea acerca de la cocina.

Mierda soltó entre dientes, al verse rodeada de modernos y desconocidos artilugios de cocina. Estaba jodida. Pero el recuerdo de la sonrisa de un Damon agradecido, la convenció de por lo menos de hacer el intento. Un intento comestible, y rogaba por que no fuese venenoso.

Elena Gilbert cocinaría, estaba decidido. Y ella rezaba por no incendiar la cocina en el intento.

. Damon´s POV .oOo.:

Escuchaba tintineos en la lejanía, murmullos suaves y a la naturaleza matutina en su máximo esplendor, jodiéndole la cabeza. Cada ligero sonido se reproducía a su milésima potencia en su cabeza, destrozando sus neuronas, aplastando yodas y cada una y torturándole en el proceso.

Y el ruido solo era una parte de su tortura. Sentía el cuerpo pesado, débil y caliente, sumamente caliente. La garganta la tenia seca y rasposa. Y estaba seguro de que si abría los ojos, la luz le cegaría de por vida. El nombre de su tortura: resaca.

Una jodida resaca, por sabrá dios cuanto alcohol que había tomado. No tenia recuerdos claros de lo sucedido la noche anterior, solo flashes brillantes, sin un seguimiento claro y sin lógica, que le decían que se había sobrepasado con sus tragos, que había hecho cosas inimaginables, increíblemente estúpidas y lo suficientemente vergonzosas como para desaparecer por una temporada. Pero lo mas importante era el rostro de cierta morena que estaba en todos esos flashes, en la mayoría cabreada, pero Elena lucia adorable cuando se molestaba.

Sabia que había metido la pata. Estaba seguro de que había hablado de mas, y estaba claro que había empeorado aun mas, el de por si inestable punto en el que se encontraba su relación. Su tremenda estupidez en la noche anterior lo preocupaba, pero en ese momento le preocupaba aun mas el recuperar sus recuerdos, tomar una larga ducha que le quitase todos los resquicios del vomito de la noche anterior y le brindase una necesitada sensación de frescura y limpieza, y comer algo para su agitado y vacío estomago.

Se levanto pesadamente, aumentando el martilleo que agobiaba su cabeza y mareándose por largos minutos. Al lograr recuperar el control de su cuerpo, Damon se dirigió al baño. Al llegar a la habitación, se despojo de su ropa interior, que curiosamente era lo único que tenia puesto, y recordó un flash mas de alguien sacándole la ropa y arropándolo en la cama.

Abrió la llave de la ducha y se ubico debajo del chorro de agua helada. El contacto del helado liquido logro despertarlo y quitarle la sensación de deslumbramiento, brindándole su lucidez de vuelta. Los recuerdos lo asaltaron, uno a uno, mientras se enjabonaba lentamente.

En parte estaba aliviado, por lo menos no había dicho nada en extremo idiota y que no pudiese reparar. Se había comportado como un crio, había jodido a Elena y había demostrado que era un testarudo crio maleducado, al menos cuando se emborrachaba.

Le debía una sincera disculpa a Elena, sobre todo porque sospechaba que ella era la causante de que hubiese regresado a casa sano y salvo, de dormir en un sitio adecuado, de manera adecuada y asegurándose de que la mañana siguiente, la parte de la luz por lo menos, no fuese tan terrible. Realmente no recordaba mucho, mas bien nada, después de haber vomitado la segunda vez. Solo un viaje tranquilo y lento a casa, haber subido a trompicones las escaleras y que alguien lo había despojado de sus ropas y arropado cual crio en su cama. Claramente no había sido Kol, dado que había despertado en la seguridad de su cama, y no en medio del patio después de ser objeto de burlas ajenas. Lexi estaba de fiesta, y si hubiese sido ella estaría en su actual habitación no en esa.

La única opción era Elena, además recordaba haber semi despertado unas horas antes y había sentido sus delgados brazos rodeándole, su dulce fragancia danzando en sus fosas nasales y su tranquila respiración en la espalda. Sin dudas era Elena su salvadora y al parecer se había quedado a dormir.

Al terminar con sus cavilaciones, y ante la idea de poder encontrar aun a Lena en la casa, Damon salió de la ducha. Se vistió rápidamente, sin ponerse camisa, pero llevándola en la mano, dado que el calor era infernal, y bajo en su búsqueda.

En medio de la cocina con cara de circunstancias, con un sartén cuyo contenido desprendía un denso humo negro y con una camiseta negra suya como única prenda, estaba el objeto de sus sueños. Elena intentando cocinar, cocinarle. Provoco que algo en el interior de Damon se removiera, Elena parecía preocuparse por él. Elena parecía quererlo. Y Elena estaba demasiado guapa por las mañanas.

. Elena´s POV .oOo.:

-¿No crees que con un poquito menos de calor funcionaria mejor?- me cuestiono una voz a mi espalda. Una voz gruesa, suave y un tanto reseca. Sexy. –quemado sabe delicioso, pero tristemente no es comestible- agrego claramente divertido Damon.

-Después de tu comportamiento de anoche te mereces comértelo, y halagarme por lo delicioso que me quedo- conteste molesta, mientras me daba lentamente la vuelta para encararlo. Y ahí, apoyado en el marco de la puerta, con el cabello húmedo, jeans negros, descalzo y sin camisa, dado que esta descansaba en su mano, estaba Damon. Con una sonrisa arrogante y una ceja alzada divertido por la situación.

-Lena, sabes que serías incapaz de hacerlo- hablo con esa malditamente seductiva voz, que siempre provocaba que mis piernas temblasen como gelatina –me amas demasiado como para intentar asesinarme con eso- susurro mientras se acercaba a mi. Lentamente llego hasta posicionarse detrás de mi, paso sus brazos alrededor de los míos y sutilmente me abrazo por detrás. Me acerco a él hasta que mi espalda choco con su pecho, y posiciono su barbilla en mi cuello, hundiendo la nariz en el hueco entre mi hombro y mi cuello inhalando profundamente antes de depositar un suave beso en la base de mi cuello.

-Lo mereces- conteste en un susurro. Un escalofrió recorrió mi columna ante su contacto, ante su cercanía y ante la maldita familiaridad y naturalidad con la que besaba mi cuello esa mañana. Como si nada hubiese sucedido, como si el y yo fuésemos algo mas que amigos, como si los últimos 6 meses jamás hubiesen sucedido, y esa era simplemente una mañana mas juntos. Una mas.

-Lo se- contesto suavemente mientras seguía con el recorrido de su nariz contra mi cuello, dejando ocasionales besos y dulces caricias. Inhalando de vez en cuando –pero hay maneras mucho menos dolorosas en las que podrás cobrártelo- continuo después de un prolongado beso, solo unos segundos mas largo que los otros –soy todo tuyo- termino mientras aumentaba un poco mas el agarre, derritiéndome en el proceso.

-Vale- susurre abrumada. En ese momento podía pedirme mi alma y yo se la daría, sin ser capaz de poner resistencia alguna. No podía, y lo mas alarmante no quería.

Soltó una leve risa, mientras me arrebataba el sartén de las manos y rápidamente tiraba el contenido a la papelera. Una vez mas Damon había sido mas rápido y se había salido con la suya.

-Tramposo- masculle molesta, mientras me cruzaba de brazos para asesinarle con la mirada. Me molestaba ser débil. Me molestaba dejarme manipular, engañar y controlar tan fácil por él. Y me molestaba no poder retenerle por mas tiempo entre mis brazos.

-Todo por sobrevivir, Lena- respondió sencillamente encogiéndose de hombros –ahora, en consideración que estamos solos en casa, que ni tu ni yo somos capaces de cocinar y que me estoy muriendo de hambre…- lo interrumpió el sonido de mis entrañas exigiendo comida, provocando su risa y mi vergüenza –y tu también, solo nos queda salir a almorzar o pedir algo. ¿Qué te apetece?- pregunto con una sonrisa cálida, mientras se recargaba en la encimera y se cruzaba de brazos.

¿Qué que me apetecía? El me apetecía. Me apetecía besarle, abrazarle, acariciarle y sentir su contacto contra mi cuerpo. Me apetecía no alejarme jamás, verlo así todos los días en cada instante que pudiese, besarle hasta quedarme sin respiración, abrazarme a él hasta que nos fundiésemos juntos para siempre. Eso me apetecía.

-Cualquier cosa que sea comestible y dulce me hará feliz. Elige lo que quieras- le respondí en lugar de lo otro, con una sonrisa. –me marcho a ducharme- le dije antes de que dijera su elección, necesitaba alejarme para controlarme –a cambio de mi perdón te toca limpiar, Damon- agregue con una ligera sonrisa. Había dejado un caos en la cocina, y Damon se merecía limpiarlo. Al final de cuentas, era para él.

-Vale. Pero tendrás que recompensarme, Lena- acepto de mala gana, odiaba lavar los trastes tanto como yo. Pero no me voltee para asegurarme de que haría lo que prometió. Simplemente hui lo mas rápido que pude hacia el baño.

Al llegar me encerré rápidamente en él. Me desnude rápidamente, quedándome un momento mas de lo necesario oliendo la camisa de Damon. Demasiados recuerdos y su sutil fragancia habitaban ese pedazo de suave tela negra. Bajo el chorro de agua caliente, deje que todos esos sentimientos saliesen. Ahogados por el agua corriente, salió todo lo que todavía no podía decirle a la cara.

Después de ese merecido desahogo, salí del baño. Encontré un poco de ropa mía, de cuando me quedaba ahí y me dejaba algo, y como autómata me la puse. Un short corto de mezclilla, una camiseta blanca ligera y estampada, y unas de mis tantas zapatillas Converse.

Baje a la cocina, aun cepillándome el cabello. Damon me esperaba en la sala bebiendo una copa de Bourbon. No me sorprendía.

-Si planeas conducir deja la copa- le dije desde la entrada, el volteo con una sonrisa ladeada –no quiero que se repita lo de ayer- termine con una mueca mientras caminaba hasta el sofá. Estaba un poco fría y borde, pero los sentimientos me habían superado y no conocía otra manera de protegerme de Damon.

-Vale- acepto dejando la copa en la mesita de centro y se sentó a mi lado –lamento lo de anoche, Lena- se disculpo honestamente mientras tomaba mis manos entre las suyas –me comporte como un maldito gilipollas, aun cuando tu solo querías ayudarme. De verdad lo siento, y te prometo no volver a repetirlo- su suave voz y su dulce mirada estaban llenas de arrepentimiento.

-Vale. Pero cumple tu promesa- acepte mientras le sonreía levemente. Sabia que no lo haría pero esperaba que lo hiciera.

-Lo hare, Elena- prometió antes de besar el dorso de mis manos –ahora vayamos a almorzar. Muero de hambre- termino con la conversación con una sonrisa mientras se levantaba y me ofrecía una mano para levantarme. Acepte y me deje llevar por Damon.

Una duda asalto mi cabeza ¿Por qué lo había hecho? La vida de Damon actualmente estaba en un buen punto, tenia a Lexi, una buena relación con su familia y sus amigos. Ya había superado nuestro malentendido, aparentemente. Nunca antes se había puesto así, al menos yo no lo recordaba. Me había dicho que su vida no era perfecta ayer en medio de su borrachera y ahora me cuestionaba seriamente si aquello no seria cierto. ¿Damon sufría? ¿Acaso no era feliz? Y si esto era así, ¿que lo ocasionaba? ¿qué le hacia falta?

Un recuerdo asalto mi cabeza del mismo día en el que me había emborrachado por primera vez.

La oscuridad lo abarcaba todo, al igual que el silencio. La mansión Salvatore no era la excepción en esa noche. A escasas horas del amanecer, a esa hora en la que sientes que tu misma respiración destruye el perfecto silencio de la nada, una ligera luz y un desagradable sonido rompían con ese efecto.

Elena Gilbert, hasta el momento ferviente manifestante en contra del consumo del alcohol, depositaba el interior de su estomago al váter con fuertes arcadas. Había tomado demasiado para su inexistencia resistencia y para ser su primera borrachera no lo había nada mal, pensaba Damon Salvatore, aquel que le sostenía el cabello desde atrás y acariciaba su espalda para hacerle mas llevadero el proceso de desalojo en sus intestinos.

-Shhh tranquila- susurraba mientras frotaba su espalda con suaves movimientos circulares –sácalo todo- repetía cariñosamente mientras cuidaba de ella.

-No volveré a tomar nunca mas, Damon- juro con un hilo de voz –esto es asqueroso- murmuro antes de que una fuerte arcada la sacudiera y la obligara a regresar al váter. Damon rio levemente.

-Todos decimos lo mismo después de hacerlo. Especialmente después de la primera vez, Lena- le respondió con cariño mientras continuaba con los movimientos circulares de su espalda –pero siempre regresamos a lo mismo, te lo juro- aseguro mientras soltaba un ligero suspiro. El sabia de lo que hablaba.

-No vale la pena. Esto es demasiado asqueroso- se volvió a quejar en un quejido –el alcohol debería ser ilegal- susurro compungida.

-El alcohol es veneno, Lena- le afirmo Damon mientras la ayudaba a recargarse en la pared tras asegurarse de que no sacaría mas materia de sus intestinos.

-Si es veneno, ¿por qué lo bebes?- le pregunto en un susurro mientras se acomodaba entre sus brazos. Acomodándose entre el frio tranquilizante de la pared y la agradable calidez entre sus brazos. Apoyo la cabeza en su hombro agotada.

-Porque hay cosas en mi interior que deben de ser asesinadas- le contesto en un susurro notando que la chica se quedaba dormida –buenas noches, dulce Elena- murmuro antes de besar su coronilla y vigilar los sueños de esa dulce e inocente niña.

¨Porque hay cosas en mi interior que deben de ser asesinadas¨ pensó Elena mientras miraba por la ventanilla del Camaro de Damon en camino de algún restaurante para almorzar esa mañana. Sabia que Damon no la había pasado bien siempre, y que había sufrido bastante. Pero el saber que sus demonios aun hoy en día le torturaban, le hacían sentir también a ella un daño inclusive físico.

Pronto Damon se estaciono en un pequeño restaurante, que tenia buena pinta aun cuando la chica no prestaba demasiada atención a lo que la rodeaba, estaba sumergida en sus pensamientos.

Damon bajo antes que ella y cual caballero le abrió la puerta, le tendió el brazo y de esa manera fueron hasta el pequeño local. Se sentaron cerca de una ventana, en la que se podía admirar el hermoso paisaje del bosque de Virginia. Ambos ordenaron.

-Lena, ¿en que tanto piensas?- le pregunto curioso Damon mientras tomaba un buen sorbo de su café negro. Suspiró, lo necesitaba.

-Nada- respondió la aludida mientras regresaba a ese espacio y a ese momento –cavilaciones de chicas- agregó con una sonrisa mientras le daba un sorbo a su te de frutos del bosque.

-¿Segura?- le pregunto Damon, no muy convencido.

-Segura- afirmó con una sonrisa –solo decidía con que me recompensaras por lo de anoche- agregó sonriente.

-Pero si he lavado los trastos, Lena- se quejo Damon horrorizado ante la idea de tener que recompensarle a la chica. Sabia que Elena podía hacerle sufrir si quería.

-Has usado el lava vajillas, Damon- aclaró Elena –por lo que aun me debes algo- afirmó con una sonrisa –y no puedes negarte- cerró rápidamente todas las vías de huida.

-Vale- acepto Damon con un bufido derrotado –solo no seas mala, Elena- suplico haciéndole morritos –ten compasión- agregó suplicante, sacándole una carcajada.

-De acuerdo, pero solo un poquito- acepto Elena con una sonrisa –pero prométeme que novas a volver a emborracharte así, Damon- agrego seria –y si lo vas a hacer que Kol, Ric o Klaus se encarguen de ti. Hacerle de niñera no va conmigo- dijo con una sonrisa.

-Vale- volvió a aceptar con una carcajada –acepto tus condiciones, Lena- dijo mientras acercaba su mano a la suya y acariciaba su dorso –te extrañe- le confeso con una ligera sonrisa –prométeme que no te volverás a ir- le pidió en un tono dulce y con una mirada suplicante.

-Lo prometo- acepto Elena. Esa promesa ya la había hecho desde que lo había vuelto a ver esa fatídica tarde en el grill. No volvería a huir. –yo también te extrañe, Damon- confeso mientras enlazaba sus dedos con los del chico y una cálida y agradable sensación inundaba su corazón. Lo tenia de vuelta a su lado.

Espero les haya gustado. Ha sido un poco mas largo y completo y creo que inclusive con menos errores. Siempre se agradece su opinión. Y espero poder actualizar pronto, aunque no se que día, les prometo que será de la siguiente semana. Los demás fics también. PD. He cambiado el sumary y el nombre, me parece que le queda mas ¿ustedes que opinan? La frase que dice Damon en el FB la he sacado de Two and a Half men, odio la serie pero me encanto la frase :3 y por ultimo… ¿Qué pensaron del capitulo de TVD y the Originals? A mi me han encantado. Es tarde así que me voy a dormir. Les quiere, Ushie.