Capitulo 20

La historia del Milenio de Plata

-princesa... ¿Dónde estuvo?... su madre la ah estado buscando por todos lados... otra ves a faltado a su entrenamiento y esta ves creo que no se escapara de su castigo- Una mujer de tez blanca y el pelo negro como la noche se acerco a donde la joven se encontraba.

-Lo ciento Luna- trato de disculparse –es que estaba en el jardín trasero...- Como era su costumbre, siempre frecuentaba ese lugar cuando se sentía algo triste.

-si lo se- Luna se veía resignada –contemplando el planeta azul ¿verdad?-

-si bueno... es que tu sabes... me encantaría conocerlo- contesto con total sinceridad, era lo que deseo desde que tenía uso de razón, siempre admiro la belleza de los colores y el brillo que desprendía ese planeta

-pero usted sabe que eso es imposible... no se puede tratar con los terrestres... son unos bárbaros- confirmo totalmente horrorizada, después de todo lo que había leído en los libros de los antiguos reyes...

-¿tu los conoces?- pregunto sorprendida, y no era para menos las curvaturas que tomaron su rostro y el tono de vos que expreso su interlocutora... tan convencida cualquiera hubiera supuesto que así era

-bueno... como conocerlos en persona... no... pero...- se vio apenada la morena

-luna...- le reto la joven princesa –como puedes hablar así de ellos si no los conoces... tu misma me has enseñado que no se debe hacer falsos prejuicios antes de conocer a la gente- por primera vez Serena tenia razón, y ante aquellas palabras, la joven que la había ido a buscar no pudo decir nada más que cosas para justificar su juicio.

-Princesa... es que son tantas las cosas que se han dicho, que estoy segura de que terminan siendo ciertas-

-pero como puedes asegurarlo, nadie en la luna ah ido a ese planeta en siglos... quizás... las cosas hayan cambiado... no entiendo por que nadie hace el intento de acercarse a ellos...-

-lo ciento princesa... yo no puedo responder a sus preguntas... será mejor que se las haga a su madre... claro, cuando se le pase el enfado- Una ves que se levanto de la banca donde se encontraba se dirigió a los interiores del castillo.

Camino por los largos pasillos y cada sirviente que pasaba a su lado la observaba como si se estuviese dirigiendo a la horca. Era obvio que habían visto a su madre, y el enfado que esta tenia. Ninguno de ellos hubiese deseado estar en el pellejo de la joven.

Finalmente después de un rato de andar y pasar por muchas puertas y escaleras que se dirigían a distintas partes del castillo, llego hasta una enorme puerta doble en la cual tenia tallada el emblema de la familia real el frente.

Toco, y espero la orden para entrar.

Segundos después la vos de su madre le indico que pasara.

Abrió la puerta con sumo cuidado y apenas asomo la cabeza buscando la figura de su madre, sin que su cuerpo traspasara el umbral.

-¿madre?- pregunto algo tímida

-pasa y cierra la puerta- dijo con vos firme la esbelta mujer

Su hija obedeció de inmediato.

-madre yo...- tartamudeo –de verdad... puedo explicarte...-

-eso espero- ordeno.

La mujer estaba sentada en la cabecera de una enorme mesa rectangular, en la sala de reuniones del palacio.

-bueno es que... no me di cuenta de la hora... yo... me distraje pero... te prometo que no volverá a pasar- se apresuro a decir esta ves.

-eh escuchado esa frase cientos de veces- confirmo con vos severa –pero te puedo asegurar que esta ves si será la ultima- dijo de igual forma pero algo de malicia se sumaba ahora a su tono de voz.

La princesa sintió un pequeño escalofrió recorrer todo su cuerpo. Conocía a su madre a la perfección y sabía que cuando hablaba de esa forma era de temer... –madre...-

-de ahora en adelante... las Outers Senshis se encargaran de entrenarte- se levanto de su privilegiado asiento y camino unos pasos hasta ponerse frente a su hija, quien había quedado sin habla de la impresión. La observo unos segundos antes de volver a dirigirle la palabra, en los cuales noto el estado en el que estaba la chica –me alegra saber que no pones objeción a mis ordenes- apoyo su mano en uno de los hombros de su hija –es señal de que estas madurando- fue lo único que dijo antes de salir por la puerta, por la que minutos antes había entrado la princesa.

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Hacia ya dos semanas enteras que había empezado a entrenar con las Outers, y tal y como le había advertido su madre no hubo ni una ocasión en la que se hubiera ausentado de sus clases.

El primer día había sido Haruka la encargada de ir a buscarla por todo el castillo. Y una ves que la encontró, no dejo de advertirle que por cada diez minutos de retrazo, tenia media hora más de entrenamiento.

El segundo día y como era costumbre en Serena, llego veinte minutos tarde, y a las tres horas de entrenamiento de le sumo una más, que comparada con las tres primeras... fueron de puro castigo con ejercicios físicos.

Y así como nunca falto a sus clases, a partir del tercer día procuro estar cinco minutos antes de que la clase comenzara.

La verdad es que a pesar de esa cara tan dulce, la joven Michiru era bastante exigente en cuanto a los entrenamientos se tratare.

-no entiendo por que son tan duras con migo- se quejo la rubia, mientras se secaba el agua con la que había refrescado su cara, con una toalla que la misma Haruka le había alcanzado.

-pues si no hubiese faltado tanto a sus entrenamientos con su antiguo tutor, estaría en me mejores condiciones para poder afrontar nuestros entrenamientos- le aseguro Michiru

-era muy aburridas- se quejo en puchero

-quizás hubieses aprendido algo... déjeme informarle princesa que desde mañana empezara su entrenamiento con la espada-

Serena contuvo su alegría, era verdad que no le gustaban las clases que compartía con las Sailors interiores, por que como pensaba ella, pero le agradaba mucho su entrenamiento con la espada, era experta en eso y las mismas Inners podían asegurarlo, pues había llegado a vencer a todas, no sabía por le gustaba tanto ese instrumento de pelea, pero así era. –esta bien- dijo sorprendiendo a sus nuevas instructoras que lo que en verdad esperaban era que hiciera un nuevo berrinche.

Pero una de ellas sabía de la situación

-solo que no será con nosotras-

Serena volteo sobre sus pies para mirarlas expectantes

-será su hermano quien la entrene- La joven princesa sintió un nudo en su garganta y la cara de satisfacción de Haruka, que fue quien le dio el anuncio no pudo ser disimulada en lo más mínimo –vendremos mañana a ver como le va con el Príncipe Eric-

Que podía hacer más que resignarse, su madre era muy estricta cuando se lo proponía y no estaba en ella desobedecerla en esos asuntos.

Finalmente la noche llego, y con ella una gran noticia traída por la princesa Mina.

Sintió el pequeño golpe clandestino en la puerta de su habitación. Clandestino por que a esas horas de la noche se suponía que debían de estar dormidas.

Serena se levanto de su cama, a pesar de que ya estaba acostada, no podía dormirse, camino unos cuantos pasos y abrió con sumo cuidado la puerta, pues suponía que a esas horas solo podía tratarse de una de sus amigas.

Y lo confirmo cuando Mina se abalanzo sobre ella, en el momento en que la puerta se abrió.

-¿que sucede Mina?... ¿Por qué entras de ese modo?- pregunto sorprendida. Aun que en realidad no debía ser así Mina siempre era tan efusiva.

-tengo una excelente noticia- dijo sin voltear a verla. Paso directamente a los guardarropas de la chica y busco algo que encontró en seguida. Lo saco y lo extendió sobre la cama. –póntelo hay una fiesta en las afueras del castillo que no podemos perdernos, Rai y Lita y Amy nos esperan en los jardines... y apresúrate que empezó hace un buen rato-

-genial- tomo inmediatamente el vestido y se lo coloco, Se acerco al buró que estaba a un costado de la habitación y saco de una pequeña cajita una hermosa tiara con un pequeño círculo que caía justo en su frente para tapar justo su insignia familiar, de los costados de esta salían una cuantas piedras brillante pero no muy ostentosas. La abrocho por debajo de su pelo dorado que también había soltado pues ese peinado que llevaban ella y su madre seguramente también la delataría.

Era la única forma de pasar desapercibida por los soldados que custodiaban las puertas de la fortaleza milenaria, ese vestido y la capa que usaban como excusa para el frío.

Inmediatamente se lo puso salio con Mina del dormitorio, caminaron sigilosamente por los largos corredores, hasta llegar a las escaleras y bajarlas, pasaron por el gran salón y se dirigieron al lado izquierdo de este, bajaron nuevamente unos cuantos escalone que las condujo hasta la cocina donde estaba la puerta que las conduciría hasta los jardines traseros.

Pero se encontraron con el resto de sus amigas esperando en la puerta de salida. Estaban algo extrañas con la cabeza mirando el suelo y con expresión derrotadas.

-no se suponía que debían esperarnos en el jardín- interrogo confundida la princesa- pero ninguna contesto, simplemente la miraron. En sus rostros parecía haber una expresión que indicaba ¿lo céntimos? Las conocía a la perfección eran sus amigas desde hacia mucho tiempo. Era por eso que sabía lo que significaban esos gestos faciales.

Pero lo comprendió en cuanto escucho una voz salir de detrás de ellas.

-se suponía- dijo con voz severa –tenia la esperanza de no verte aquí de que al fin por una ves podría sentirme orgullosa de ti, y que podría negar, cuando mañana me aseguraran de que tu estabas en el pueblo que estaban equivocados... pero nuevamente me equivoque- Hizo un pequeño movimiento con su cabeza, que las otras princesas entendieron muy bien, pero que esta ves no estaban dispuestas a obedecer, después de todo también ellas debía recibir el castigo junto con su amiga

-esta bien- dijo derrotada Serena. Intentaron protestar pero ella se les adelanto -mañana hablamos-

Salieron de la habitación con la expresión derrotadas en sus rostros, y luego de unos segundos después de que se fueran, su madre le informo su nuevo castigo.

-no saldrás de tus aposentos hasta que yo lo ordene, comerás allí y no tendrás contacto con ninguna de las Sailor que no sean las Exteriores en horarios de entrenamientos, y con tu hermano también en esas mismas ocasiones- La Reina tenia el seño severamente fruncido, pero aun así Serena no pudo dejar de protestar

-madre eso es injusto tu no...-

-vete ahora mismo a tu habitación-

-pero...-

-pero nada, nuevamente estoy decepcionada de ti-

Serena finalmente estallo

-es injusto estoy todo el tiempo encerrada en este castillo si no fuera por mis huidas nocturnas no conocería ni siquiera el pueblo, no conozca a nadie más que al gente que trabaja en este castillo, a pesar de todo trato de obedecerte en todo, cumplo con todos mis deberes, no tienes quejas de mis tutoras, ¿sabes por que no iba a las clases con las Inners?... me aburría, y sabes por que... por este maldito legado tuyo... este maldito poder que controlo mejor que nadie incluso mejor que tu... tuve que fingir hasta ahora, pero ya no lo hare más... para que si aun así te decepciono-

-No me vas a convencer con esa patrañas crees que no me habría dado cuenta si tuvieras ese poder que dices tener-

-Me estas llamando mentirosa- las lagrimas comenzaron a salir de sus ojos –era lo ultimo que me faltaba escuchar de ti... pero hasta aquí llego- la cólera la invadía no pudo soportar que su madre la llamara mentirosa. Cerro fuerte mente sus puños, tratando de controlar la ira que sentía pero no pararía tener resultado. Sintió como del interior de su puño derecho se comenzaba a formar un calor insoportable, y segundos después no lo pudo sostener más, había sido tanto el enojo con su madre que todo lo que había podido controlar hasta ese momento le resulto inútil, y ya no había vuelta atrás, toda esa energía luchaba por salir aun a pesar suyo, pero no lo reprimió más.

Hizo un movimiento con su brazo, como si arrojara algo que tenia en su mano, en dirección al lado opuesto a donde ellas estaban. Una segadora luz invadió el lugar unos segundos, y la reina tuvo que taparse los ojos con su brazo. Para cuando los volvió a abrir su hija ya no esta, y en su lugar había una cocina que debía ser reconstruida completamente.

Serena no supo cuanto corrió hasta llegar a la torre más alta del castillo. Se quedo ahí para contemplando el planeta azul. Cuanto deseaba en ese momento escapar de su prisión.

-no quiero estar aquí... me gustaría... me gustaría... estar en la tierra... donde nadie sepa quien soy... ser simplemente... una chica normal... –

Cerro fuertemente sus ojos deseando nuevamente aquello.

Y no supo como... sintio como una fuerte succión la arrastro y... nada más.

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-Reina Serenity... se encuentra usted bien- Luna acababa de entrar con unos cuentos soldados tras ella. Estaba muy sorprendida de ver el estado en que había quedado la cocina... –que fue lo que paso aquí- giro su vista asía todas las direcciones tratando de comprender.

La reina seguía en la misma posición en que la había dejado Serena. Solo reacciono cuando Luna la sacudió un poco para llamarle la atención. Pero aun así seguía sintiendo la enorme energía que Serena había mantenido oculta hasta ese momento –Serena... no entiendo... como pudo guardar tanto poder dentro de ella... nunca... nunca me di cuenta- hablaba aun con la vista fija en lo que había quedado de la habitación

-¿Serena hizo esto?... pero... ¿Cómo en posible?-

-no... no lo se Luna... yo solo... – Sintió como desapareció... esa energía tan fuerte desapareció... sintió como escapaba... Se giro horrorizada y corrió hasta los jardines, que estaban a unos cuantos pasos tras de ella. Y lo único que vio... fue un pequeña luz alejarse de la luna. Se llevo una mano a su boca para evitar que un grito saliera de ella –Se fue... Serena... no esta más en la luna ella-

-majestad... ¿Cómo es eso posible? Ella aun no domina la tele transportación?- aun que debía reconocerlo ella también observo aquella luz perderse en el planeta tierra

-por dios Luna... escapo a la tierra- esta ves se giro para verla. En sus gestos podía verse lo asustada que estaba- seguramente nunca supo como utilizarla... pero... con lo enfadada que estaba... llama ahora mismo a todas las Senshis, deben ir a buscar ahora mismo a Serena...-

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Se despertó sin saber donde estaba, le dolía la cabeza... supuso que se habría desmayado después de estar el la torre del castillo y alguien la debía haber encontrado, por que ahora estaba recostada en una cómoda cama.

Recorrió con su vista todo el lugar. Se asusto al no reconocerlo. Se levanto abruptamente y camino unos cuantos pasos para ver mejor, y se asusto aun más, al no reconocer esa habitación como ninguna de las que estaba en su castillo.

Giraba sobre sus pies tontamente, tratando de encontrar algo familiar, algo que le dijera donde estaba, más no hallo nada. Fue entonces en que vio la ventana, se acerco y vio asía abajo.

No reconoció absolutamente nada.

Supuso que estaría en algún tipo de castillo, por que vio las enormes paredes de piedras que rodeaban esos enormes jardines.

Esos jardines, con tantas flores y plantas extrañas... nunca las había visto.

Se asomo aun más si es que eso era posible, tratando de ver más allá de esas enormes paredes de piedra. Solo había... ¿Qué eran esas cosas altas?. Parecían algún tipo de extrañas plantas gigantes.

Nunca las había visto en la Luna, Había escuchado algo... pero... no... no podían ser árboles, esas cosas solo existían en la Tierra y ella no podía estar el la Tierra ¿o si?.

Aun era de noche

Levanto su vista con temor, y finalmente el pánico la invadió al ver la Luna en todo su esplendor sobre aquel firmamento azul.

Retrocedió sobre sus pies, mientras movía su cabeza asía los lados tratando así de negarse a ella misma la realidad, hasta que topo con la puerta, movió sus manos detrás de su espalda tratando de encontrar la forma de abrirla mientras aun seguía su vista fija en la ventana.

Finalmente después de palpar un poco la madera conseguir dar con el picaporte, lo movió y la puerta se abrió.

Siguió retrocediendo sin mirar asía atrás, y como consecuencia de ello choco con una sirvienta que estaba a punto de entrar.

Se volvió a girar, para encontrarse con esa persona.

Estaba muy asustada no podía decir nada.

-oh veo que ya despertó... lamento haberla asustado pero el príncipe Endimión me envió para ver como estaba- Serena no decía nada, estaba horrorizada y el nudo en su garganta evitaba que pudiera articular una sola palabra –iré a avisarle que ya despertó- empujo delicadamente a Serena dentro de la habitación y cerro la puerta

-"¿principe?... obviamente esto debe ser una castillo... debo escapar antes de que me vea alguien más... piensa Serena piensa... muy bien como todo castillo debe tener pasadizos secretos"- Recorrió todas las paredes de la habitación con sus manos, hasta que finalmente dio con un enorme cuadro, casi de su altura- "parece que aquí piensan igual que en la Luna"- Serena conocía todos los pasadizo de su propio castillo ella sola los había descubierto, y se preguntaba por que si los conocía a todos no pudo elegir ese día para usarlos, si lo hubiese hecho su madre no la habría pillado y ahora no estaría metida en semejante embrollo . Movió la pintura y efectivamente allí estaba, en enorme túnel tras el.

Entro sin dudarlo, aunque se arrepintió luego de llevar casi media hora caminado, había muchos lugares a los que podía haber entrado pero no estaba segura de lo que podría haber encontrado del otro lado, finalmente se decidió por una puertita de madera, primero puso su oído en ella, para comprobar que no hubiera ningún ruido, después de una rato de no oír nada, empujo la puerta solo para encontrarse en lo que parecía un armario vacío. Abrió nuevamente la puerta que tenia delante de ella y logro entrar a esa habitación.

-"un cuarto de armas"- pensó entusiasmada. Había todo tipo de armas en el lugar. Desde pequeñas dagas, arcos con flechas muy bien confeccionadas, escudos, espadas de todos los tamaños. Miro cada una de ellas. Seguramente le servirían para poder salir de aquel lugar. Tomo de un pequeño estante una daga que escondió en su vestido y luego tomo un espada. Se dirigió hasta la puerta más próxima, y salio después de comprobar que no pasaba nadie por allí.

Los pasillos estaban obscuros y por el silencio que reinaba en el lugar estaba seguro que todo el que lo habitaba estaría durmiendo, o al menos casi todos por que a esas alturas estaba segura que ese tal Endimión ya la estaría buscando, y si no se daba prisa, también todo guardia del castillo.

No tardo mucho en encontrar la puerta de salida. Pero también encontró una puerta muy bien vigilada con guardias por todas partes.

Intento retroceder para encontrar otra salida, quizás... por aquel túnel.

Se giro, pero levanto su espada al instante en que vio a aquella persona parada justo frente a ella. Le apuntaba directo a su garganta, más sin embargo él no pareció perturbarse.

-esas no son armas para que utilice una linda dama como usted- le dijo con una sonrisa divertida. Es que era eso lo que provocaba en él, la cara de susto de esa extraña chica. –puedes bajar esa espada no te haré daño- intento acercarse, pero Serena acerco más la punta de la espada hacia el –yo no aria eso si fuera usted, mi bella dama, no saldría con vida de este castillo- no obtuvo respuesta. Ella seguía apuntando.

Él levanto levemente su vista por encima de los hombros de ellas e hizo un pequeño movimiento con su cabeza y los resultados no tardaron en aparecer

-será mejor que baje esa espada- no supo cuando entro, supuso que fue en el instante en que se giro para dejar a tras esa puerta y se encontró con la persona que ahora tenia enfrente.

Por alguna extraña razón los dos sujetos parecían muy divertidos con la situación, todo lo contrario de ella, que no tuvo más alternativa que obedecer ya que ahora era su persona la que estaba siendo amenazada con el filo de una espada. La dejo caer con desdén, sin quitar su vista ni un segundo del sujeto que aun tenia frente a sus ojos.

-si nos dices de donde eres tal vez podamos acompañarte a tu casa, yo solo quise ayudarte, parecías muy indefensa cuando te encontré inconsciente en los bosques, veo que me equivoque-

-"él me encontró... son terrestres... no parecen tan malos después de todo"- pensaba, pero aun no había dicho nada

-mi nombre es Endimión- Se agacho para recoger el arma que ella había tirado y se la entrego al hombre que estaba tras ella –el es Eric-

-"Eric... igual que mi hermano..."- Se volteo con algo de recelo para ver al sujeto mencionado, más casi cae del susto al ver su rostro. Como era posible que no haya reconocido su vos. ¿Tan asustada estaba que no se percato de ello?. Sus facciones ahora mostraban sorpresa

-es un gusto conocerla, bella dama- saludo galantemente

-"un gusto conocerme... ¿Qué esta pasando aquí? ¿Por que se hace el que no me conoce?"-

-¿se encuentra usted bien?- interrogo sorprendido también el apuesto príncipe. Por que había reaccionado de esa forma era como si hubiese reconocido al sujeto.

Serena no respondió, aun seguía viendo a su hermano incrédula... ¿Cómo era posible que el la halla encontrado tan rápido?

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-Reina Serenity... no hallamos al príncipe Eric por ningún sitio... se suponía que debía estar ya en su habitación-

-No eh ordenado que se contactaran con el- recrimino la reina

-lo se su majestad... pero dada las circunstancias... el también podría ser de ayuda para encontrar a la princesa en ese planeta... si llegase a haber algún inconveniente mientras las Sailors estén allí...-

-eh dicho que no metan a Eric en esto Luna- casi grito

-lo siento majestad- Luna agacho la cabeza arrepentida

Como era que todo se le había complicado tanto. Sabía muy bien donde estaba su hijo mayor. Pero no había dicho nada a nadie. Ahora las cosas estaban complicadas y si alguien los llegase a descubrir en aquel planeta... podría perder no solo a uno de sus hijos sino a los dos –lo ciento Luna... creo que debí habértelo dicho antes pero... Eric... tampoco esta en El Milenio de Plata... esta en la Tierra- Luna agrando sus ojos impresionada –eh notado algo de actividad negativa en el sol que se dirigió a la tierra... es por eso que lo mande a investigar... son solo sospechas pero que algo grande se avecina-

-pero majestad... pero que a el... por que su hijo-

-creí que era lo mejor en ese momento... más ahora creo que fue la peor decisión que pude tomar... mis dos hijos están solos en ese planeta y no se absolutamente nada de ellos... solo... me queda rezar por que todo salga bien-

-las Sailors están esperando la orden para partir de inmediato-

-que lo hagan entonces... quiero que los encuentren enseguida y los traigan de vuelta... –

-si alteza- hizo una pequeña reverencia y salio al encuentro con las Senshis

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Finalmente se dejo convencer por aquel apuesto príncipe, por que no podía negar que era muy guapo, y decidió quedarse esa noche en el castillo terrestre. Que mas daba, si tampoco podía volver a la Luna, y el único que podía ayudarla se había hecho el que no la conocía. Aun no sabía por que pero en cuanto tuviera su oportunidad le diría unas cuantas cosas a su hermano.

Ya casi estaba amaneciendo y aun así no había podido dejar llevar al mundo de los sueños. Ni siquiera se había cambiado de ropa, aun levaba puesto con lo que salio de su casa.

Caminaba de un lado a otro, tratando de encontrar una solución para todo eso que estaba sucediendo, cuando la puerta se abrió estrepitosamente, dejando ver a un iracundo príncipe Eric.

-que demonios estas haciendo tu aquí- grito con evidente enfado

-primero que nada, deja de gritar o vas a despertar a todo el mundo, no querrás que se enteren de que eres mi hermano- soltó algo mordaz –y en segundo lugar... ¿Qué es lo que estas haciendo tu aquí?

-muy bien creo que tendremos que aclarar algunas cosas tu y yo- empujo a su hermana dentro de la habitación no sin antes mirar a ambos lados para asegurarse de que nadie los haya visto. –Pero antes me dirás tú primero que es lo que estas haciendo aquí-

-yo pregunte primero-

-pero como yo estoy aquí por pedido de nuestra madre... cosa que estoy seguro de que tú no, me dirás que es lo que haces aquí-

-humm- mascullo molesta por las palabras ciertas de su hermano. Camino algunos pasos hasta la ventana y contemplo como la Luna estaba dando paso a la luz del sol. –Lo que pasó fue que... discutí con nuestra madre... y... de alguna forma... termine aquí...-

-eso es imposible- dijo sorprendido –para que tu puedas estar aquí sola tendrías que poder dominar la tele transportación... algo que estoy seguro que no puede ser cierto... pues también para ello es necesario un poder, que no posees para poder hacerlo sola-

Una pequeña riza irónica se formo en los labios de la princesa

-eres la segunda persona que me dice que no me cree capaz de poseer semejante poder... –se volteo para verlo directamente a los ojos –por eso mismo discutí con nuestra madre... pero termine aquí así que supongo que debo tener algo de merito... no lo crees-

-supongo- dijo encogiéndose de hombros- será mejor que descanses, nada te pasara aquí, ya que nadie sabe de la existencia del Milenio de Plata- estas ultimas palabras sorprendieron a la rubia princesa, mas su hermano ignoro sus gestos –Endimión es una buena persona, pero aun así debes tener cuidado con el resto de los terrestres, no todos son de fiar, mañana hablaremos con más calma y veremos como hacemos para que regreses sin despertar sospechas, por tu repentina desaparición-

-¿y si no quiero regresar?- pregunto sin darle importancia al asunto

-no creo que puedas hacerlo con mi ayuda, así que supongo que pasaras una larga temporada aquí- se giro para salir de la habitación de la chica dejándola con la palabra en la boca

-pero...-

-hasta mañana- y salio

-"mi hermano como siempre tan comunicativo... bueno... creo que no me queda más remedio que esperar a que vengan por mi"- se acero a la cómoda cama y se puso un camisón que le había facilitado una de las criadas –"al fin conocerás este planeta... ¿no era lo que tanto deseabas?- Finalmente se acostó. Y no tardo mucho en conciliar el sueño, de alguna manera el tener la presencia de Eric cerca de ella la tranquilizaba.

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El golpeteo de la puerta la despertó, se sintió tranquila hasta que recordó donde estaba en realidad.

No dijo nada y minutos después la misma criada de la noche anterior asomo su cabeza.

-buenos días- saludo. Serena solo movió su cabeza como respuesta. La joven entro y se acerco hasta ella –le eh traído algo de ropa por si desea cambiarse, el príncipe Endimión la espera el la sala para desayunar- Serena solo observaba los movimientos de la chica –también me ah ordenado que desde este momento este a su entera disposición para lo que desee... así que supongo que desde ahora seré su sirvienta personal... me puede llamar Molly-

Serena simplemente sonrió agradecida. Por alguna extraña razón las palabras no salían de su boca

-bueno cualquier cosa que necesite solo me llama... estaré en la cocina con el resto de las criadas-

Después de cambiarse de ropa, fue hasta el tocador para acomodar su cabello. Tomo un sepillo y comenzó a pasarlo por su larga cabellera

-"tonta... ni siquiera te has sacado esta tiara... supongo que por ahora será mejor así- una ves que termino. Salio del cuarto, para encontrarse con un largo pasillo y muchas escaleras que no tenia idea a donde se dirigían –"¿y ahora?"-

Como leyendo sus pensamientos Molly llego agitada hasta donde ella estaba –lo siento, olvide que no sabe donde esta el comedor será mejor que la acompañe- Caminaron unos cuantos metro y bajaron unas cuantas escaleras, definitivamente castillo era mucho más grande que el suyo- luego de girar en unas cuantas esquinas, una gran luz proveniente del comedor se dejo ver.

-aquí es- dejo a la chica en la puerta y salio para hacer sus quehaceres

Nadie pareció percatarse de su presencia, por que siguieron con sus concertaciones. No reconocía a nadie. Y el miedo la invadió de repente. Retrocedió unos cuantos pasos, de golpe la idea de estar ahí le pareció mala.

-No intentara escapar nuevamente- dijo una vos detrás de ella. Serena tuvo que reprimir las ganas de gritar por el susto que se pego. Era la segunda vez que lo veía y la segunda vez que se le aparecía de repente.

Novio la cabeza tímidamente, negando aquello que el joven frente a ella le había dicho

-que bueno... por seria algo desagradable que me privara de su presencia bella dama-

No supo por que, pero sintió como sus mejillas enrojecían

-¿Me acompaña?- extendió su brazo, que Serena acepto dubitativa. Caminaron unos cuantos pasos hasta llegar a la enorme mesa.

Endimión se sentó en una de las cabeceras y ayudo a Serena para que sentara a su lado

-¿esta es la niña que encontraste anoche?- pregunto alguien que por su vestimenta parecía ser algún tipo de soldado con jerarquía

-así es Malachite-

Endimión sonrió, esa tímida mirada lo enternecía de alguna manera.

-solo que aun no se su nombre-

Serena dudo, ¿debía darle su verdadero nombre a un extraño?, seguramente después de que regresara a su hogar no lo volvería a ver pero aun así...

-contesta niña... o es que eres muda- ordeno con molestia otro hombre de la misma condición que el anterior

Como se atrevía a hablarle de ese modo, ella era la heredera al Milenio de Plata, en otro momento hubiera pagado caro ese desacato, pero nadie sabía quien era.

-zoicite... esas no son formas de hablar a una Dama- le reto el príncipe

¿Muda?... era una buena idea, seguramente así evitaría dar respuesta incomodas que seguramente le formularían.

-¿Como te llamas?- interrogo de nueva cuenta Endimión

Y Serena no contesto, solo se limito a mirarlo tímidamente

-oh ya veo- dijo sorprendido- disculpa la brusquedad de mi amigo pero es que nadie la a enseñado como comportarse frente a las damas

-Hey- se quejo el aludido. Serena no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en sus labios

-no te preocupes, ya encontraremos la forma de que digas tu nombre y de donde eres... aun que se puede apreciar por tus modales que eres de buena cuna- La chica afirmo con su cabeza

Después de que todos terminaran de desayunar, cada uno siguió con su deberes en el castillo, solo quedaban Endimión y Serena en la mesa. Y por alguna razón que la joven no comprendía eso la ponía nerviosa.

Endimión se levanto de su lugar y se puso a un costado de ella

-te enseñare los alrededores... claro si tu lo deseas- extendió su mano para ayudarla a levantarse, y Serena la acepto esta ves un poco menos tímida

Salieron del castillo y se dirigieron a los establos. Endimión ordeno que le preparan dos caballos y minutos después un criado apareció con ellos siendo guiados por las riendas

-aquí están majestad-

-muchas gracias- El criado se alejo.

Endimión volteo, para encontrar a Serena observando embelezada, el campo frente a ellos. Tenía los ojos brillantes. Y por la actitud de ella, podría a ver pensado que era la primera vez que veía el campo. Aun que nada más lejos de la realidad.

Ella trataba de ver más allá de lo que de lo que sus ojos le daban, pero eran tantas las impresiones que le causaban ver todo eso. Todo era mucho más lindo del lo que en su vida se pudo haber imaginado.

El príncipe dejo los caballos a un costado y se le acerco a la joven por detrás.

-es muy bello verdad-

Ella volteo para verle a la cara. Le regalo una sonrisa, que lo cautivo, una sonrisa completamente inocente. Parecía una niña conociendo el mundo. Una niña que en un mundo completamente nuevo para ella. ¿Como podía ser? Nunca vio a nadie observar tan embelezada todo a su alrededor.

Le devolvió la sonrisa

-ven montemos así podremos ir a las afueras del reino.

La tomo por los hombros y la hizo que se girara rumbo a donde dejo los animales.

Una nueva reacción de la rubia lo sorprendió.

En cuanto se dio cuenta de los dos grandes cuadrúpedos parados ahí frente a suyo, se freno, quiso retroceder, peor él se lo impidió.

-¿nunca habías visto un caballo?- levanto sus cejas

Como verlos, si los había visto, solo que había una enorme deferencia entre verlos en un tomo de enciclopedia, y verles ahí parados frente a una, moviendo sus colas y masticando pasto.

Se ruborizo al verse descubierta.

Quien en su vida no había visto un caballo, en esa época era en único medio de trasporte. ¿Cómo es que había llegado hasta su reino y no conocía lo que era un caballo?

La empujo con delicadeza para que se acerque

-puedes tocarlo, no te hará daño-

Serena extendió su mano con delicadeza, y la pasó por sobre el lomo del animal, el cual pareció recibir complacido las caricias.

-ven te ayudare a montar, tienes que poner este pie aquí- señalo uno de los estribos –ahora pasa tu otro pierna para el otro lado- Serena obedeció –bien ya esta, no te preocupes es una yegua muy mansa, y tu le caíste muy bien... ahora... ten... - le extendió las riendas –solo un pequeño golpecito con tus talones... y ya esta...- inmediatamente Serena hizo lo que le dijo, el animal comenzó a moverse- ¿crees que puedes hacerlo sola?- serena afirmo

-muy bien- Endimión subió a su caballo, y enseguida comenzaron a andar, recorrieron muchos lugares. Lo primero que vieron fueron los bosques que estaban a un costado derechos de la entrada del castillo, se adentraron en ellos, y fue allí donde Serena conoció una pequeña variedad de árboles, plantas y animales. Pararon a descansar en un pequeño claro y ataron las riendas de los animales en un tronco caído que estaba en medio.

-Me gustaría saber como es que has llegado hasta aquí si nunca habías montado a caballo...- Serena solo seguía tratando de guardar cada detalle de aquel lugar, cuando regresara a su casa tendría muchas cosas que contarles a sus amigas –supongo que no me lo dirás..., dime... tienes hermanos- Serena se giro para verle y afirmo con su cabeza, levanto su mano y dejo solo un dedo levantado- uno- afirmo él –tus padres... ¿viven?- Serena levanto nuevamente un dedo -¿tu madre?- ella movió nuevamente la cabeza en señal afirmativa –y dime... cuantos años tienes, no mejor adivino...- se levo una mano al mentón mientras la miraba detenidamente –quince- Serena negó- dieciséis- Ella confirmo –Es extraño... nunca te vi en la corte... y no pareces ser tampoco una campesina... es como... si hubiese caído del cielo...

-"¿del cielo?... bueno en parte es verdad... es gracioso ver como trata de saber algo de mi... ¿y si le hablo?..." –se mordió el labio inferior mientras trataba de analizar la posibilidad en su mente –"no... no podría decirle de donde vengo en verdad... ¿es que... de veras no saben de la existencia de la gente en la Luna?... si se lo dijera creería que estoy loca?"

-entonces... que dices si seguimos caminando-

Anduvieron un rato más, hasta que llegaron un claro mucho más grande. Un ruido extraño llamo la atención de la rubia, que inconscientemente se había aferrado al brazo de su acompañante.

-tranquila, solo es el ruido del agua que cae de la cascada- dijo él con una sonrisa

Y así era, cuando finalmente llegaron al lugar, un lago estaba en medio de ese claro, el agua caía desde lo alto de una montaña ¿Cómo era eso posible? Verdadera mente ese mundo era muy pero muy hermoso. El color verde rodeaba todo el lugar, así como también, el amarillo y el violeta de unas cuantas flores silvestres.

Serena se soltó del brazo de Endimión y corrió hasta la orilla del lago, se agacho, para pasar sus manos por el agua fresca.

No era que no conociera lo que era un lago. Pero nunca había visto nada parecido, la cascada tenía una gran altura y el blanco de la espuma que hacía el agua al llegar a su destino nunca jamás lo presencio.

-¿verdad que es hermoso?- Ella asintió con una enorme alegría. –juraría que es la primera vez que sales de tu casa- él se acerco hasta done estaba Serena.

Se quedaron un rato en silenció. Hasta que el relinchar de un caballo los hizo girarse.

-Eric... que sorpresa no te oí llegar-

-en realidad estuve aquí antes que ustedes... es un bonito lugar para descansar cuando no hay nada que hacer- se acerco hasta donde estaban las otras dos personas –veo que has decidido mostrarle el lugar-

-si bueno... creo que mejor los presento debidamente- Serena ya se había puesto de pie –el es Eric, nos conocemos hace mucho tiempo, pero recién ahora entro al castillo como uno de mis guardias personales

-"mucho tiempo"-

-Eric... ella es...- se giro para verle a la cara –no se tu nombre... es una pena que no puedas hablar- aseguro

-¿no puede hablar?- Eric no pudo evitar soltar una pequeña riza

-¿Qué es lo gracioso?- frunció el entrecejo el príncipe

-oh nada, lo ciento- dijo recuperando la compostura –entonces... si no nos puedes decir tu nombre... que te parece si te ponemos uno nosotros... que te parece... ¿Serena?-

La aludida dio una mordaz mirada a su hermano

-es muy bonito... ¿tu que dices?

Ella afirmo

-bien desde ahora serás Serena... pero... ya se esta haciendo la ora del almuerzo mejor busco los caballos, para que regresemos más rápido... Eric... cuídala ¿si?

-como si fuese mi hermana- Recibió como respuesta un codazo en la costilla que Endimión no noto.

Una vez que el se fue, los reproches no tardaron en aparecer.

-¿Cómo esta eso de que lo conoces desde hace tiempo?... estoy segura de que nuestra madre no esta al tanto de eso ¿verdad?- Serena fulmino con la mirada a su hermano.

-¿y como esta eso de que no puedes hablar?

-pues fue la única solución que se me ocurrió para no tener que decir de donde vengo... y además como esta eso de que eres su nuevo guardia personal-

Eric se encogió de hombros

-era la única forma de permanecer en el castillo, y poder investigar aprovechando mis buenas habilidades como espadachín... que por cierto se suponía que tenias que entrenar con migo-

-Puedo vencerte cuando quieras- se cruzo de brazos y miro en dirección por donde se fue el moreno.

-dejarías más impresionado a Endimión...- Eric había adoptado la misma posición que su hermano, pero la observaba por el rabillo del ojo

-¿a si?- pregunto fingiendo indiferencia –

-es un joven apuesto ¿no lo crees?-

-si... y eso que tiene que ver con lo que estamos hablando-

-no, nada, yo solo decía... bien ahí regresa... por cierto... procura no quitarte esa tiara, llamarías la atención con tu emblema familiar-

-no me digas- dijo irónica

Endimión regreso y todos juntos volvieron al palacio.

Una semana más tarde las cosas seguían igual, las Senshis estaban en la Tierra, pero sin noticias de Serena, no la encontraban por ningún lado y tampoco tenían idea de por donde buscar.

Ya habían recorrido varios poblados pero ni noticias de la princesa.

No esperaban que les costara tanto encontrarla, y la más disgustada de todas, era Haruka que se había tenido que adaptar a esos vestidos pomposos que usaban los terrestres, si hubiese sido por ella con una simple vestido como los que usaban en la Luna, o el mismo traje de Sailor, pero no, la reina ordeno que pasaran desapercibidas y así tenia que ser.

Alguien les había dicho que había escuchado hablar a uno de los sirvientes del palacio, hablar sobre una misteriosa joven que el Príncipe Endimión había encontrado hacia casi una semana.

Decidieron acercarse pero aun les quedaba un día de viaje hasta el castillo.

Mientras que Serena, si no fuese por que su hermano estaba ahí para recordárselo, se hubiera olvidado de donde venia y quien era ella en realidad.

Se había adaptado tan bien a las costumbres terrestres que ya sentía ese planeta como suyo, y eso sumado a la proximidad que tenia con Endimión... pues casi se olvidaba que tenia que volver.

Le resultaban graciosos los esfuerzos que el apuesto príncipe realizaba para poder comunicarse con ella.

Aun que había algo que la incomodaba. Dos días después de que ella llegara al castillo, también lo hicieron el Padre e Endimión y su esposa, que no la había recibido de buena forma, y cada ves que tenia oportunidad, no dejaba de observarla de una manera que a Serena le helaba la sangre.

Endimión le había dicho que estaba loca, algo que causo gracia en la chica, y que no entendía como su padre se había casado con ella después de que su madre muriera en un extraño accidente.

Pero eso no era todo lo que preocupaba a la princesa, el también le había dicho en alguna ocasión que esa mujer, Beryl, estaba extrañamente obsesionada con la Luna, que insistía en que en ese pequeño satélite existía un poder del que aseguraba algún día seria suyo. ¿Es que acaso se refería al Cristal de Plata?

Él le había dicho que no le hiciera caso, pero... ¿Cómo no hacerlo? Esa mujer sabia de la existencia del Milenio de Plata. Sino como podía asegurar que existía ese poder en la Luna.

Ese día ella había permanecido sola, ya que el príncipe había tenido que salir al pueblo, y extrañamente no la había querido llevar. Las horas le resultaron interminables, ¿Cómo es que en tan poco tiempo se puede llegar a apreciar tanto a una persona, que no puedes estar un minuto lejos de ella?

Y ya siendo tan tarde, la única persona que estaba despierta a esas horas era ella.

Había encontrado refugio en aquel hermoso lago que Endimión le había enseñado el primer día, y era allí donde ella se centava a pensar. Hacia ya casi una hora que contemplaba su hogar, y aun que no lo extrañaba del todo, pues donde estaba era simplemente Serena, no una princesa, extrañaba a sus amigas y a su madre. Tan ensimismada estaba que no hoya unos pasos acercársele por detrás.

-te pareces a la loca de mi madrastra observando la Luna- Serena volteo sorprendida- aun que... en realidad tu la ves de una forma distinta... con... ¿añoranza tal ves?-

Serena volvió a mira la luna, mientras que el se sentó junto a ella a la orilla del lago.

-es muy bonita... en especial esta noche... me pregunto... si existirá algún tipo de vida en aquel lugar-

Serena volvió a mirarlo, pero esta ves noto que tenia una cajita en su mano

-te traje esto del pueblo... quería darte una sorpresa- abrió la caja –eh notado que te gusta mucho la Luna y que nunca te quitas esa tiara... al menos no delante mío... supongo que a de gustarte mucho pero... esta... tiene algo especial- Saco otra tiara de la cajita, muy similar a al que tenia puesta pero con la diferencia que esta en ves de tener un circulo en el centro tenia una luna creciente.

Serena la observo embobada, Y luego miro a Endimión con ojos cristalinos

-supongo que eso quiere decir que te gusta mucho- ella afirmo –deja ver como te queda- el se acerco un poco más a la rubia, paso sus brazos por detrás la cabeza de la chica para desabrochar la que tenia puesta. Una vez que lo hizo la retiro delicadamente y se alejo nuevamente de Serena. La miro detenidamente por unos segundos, en los que se perdió en sus ojos. Era una chica realmente bella.

Serena se había olvidado absolutamente de todo ya nada más existía en ese momento más que ellos dos. Hasta que el finalmente le hablo.

-era eso lo que ocultabas- paso su mano por la frente de la chica.

Fue en ese momento en que se dio cuenta de su error. Se levanto asustada y retrocedió unos pasos.

Él la siguió y la sujeto del brazo para que no se alejara. ¿Por qué le asustaba la idea de que vean esa marca? Si en ella se veía realmente preciosa.

-no tienes por que asustarte... no es nada malo- nuevamente se volvieron a perder en sus miradas.

¿Cuanto más podía aguantar esa situación? Deseaba hablarle decirle quien era ella, de donde venia y sobre todo... cuanto lo había extrañado ese día que el no estuvo con ella.

-Serena yo- acerco sus cuerpos

¿Iba a besarla? ¿Por qué no podía resistirse? ¿Es que acaso... ella también lo deseaba? Cerró sus ojos en cuanto sintió la proximidad del aliento del chico en su rostro y él no tuvo dudas. Finalmente corta toda distancia entre ellos. Había alcanzado a rozar sus dulces labios, cuando el crujir de unas hojas lo alerto.

-¿Quién anda ahí?- Se puso a la defensiva y cubrió a Serena con su cuerpo.

-la hemos estado buscando por todo el planeta... Princesa- Serena reconoció inmediatamente esas voces y se adelanto unos pasos

-¿Quiénes son ustedes? Déjense ver- ordeno mientras desenfundaba su espada-

-Como ya te han dicho- Eric salio de la oscuridad y se dejo ver –a estado buscando a Serena-

-Eric... que esta pasando aquí- ocho figuras femeninas se hicieron presentes tras el rubio

-debería golpearte, besaste a mi hermana- dijo de tan serio que sorprendió a la misma Serena

-¿tu hermana?- Serena se acerco nuevamente al príncipe, se puso frente a él y bajó la espada con su mano. Mientras que él la veía con ojos desorbitados

-es hora de regresar a casa... princesa- dijo una vos femenina

-¿Princesa?- pregunto esta vez a ella

La rubia se miraba las manos mientras encontrabas las palabras adecuadas para explicarle todo.

-yo... lo siento-

-¿puedes hablar?- ¿Qué era lo que estaba pasando?. Aparecen esa mujeres llamándola princesa. Eric que dice que es su hermana y ahora resultaba que si podía hablar... ¿Lo había estado engañando todo ese tiempo? La sujeto fuertemente del brazo, tanto que le hizo doler –explícame que es lo que esta pasando aquí, ¿y como se supone que eres una princesa?- grito –soy el único heredero al trono de este planeta-

-suéltala... si quieres seguir con vida- amenazo Sailor urano

-esta bien Haruka... por favor déjenme hablar con él a solas-

-de ninguna manera es tiempo de regresar-

-esta bien- intervino Eric- tienes diez minutos... después yo hablare con él- La Sailors aceptaron a regañadientes. Y se separaron unos metros, pero sin salir del alcance de la vista

-muy bien... dime que es lo que esta pasando aquí- exigió completamente enojado

-es... algo... complicado...-

- -

-bien, después de lo que escuche que decías de tu madrastra, también me creerás loca a mi... Mi nombre es Serena... y soy... la heredera al trono de la Luna-

-tienes razón... estas loca- se giro para irse de allí

-espera... puedo probártelo... ese poder... que Beryl dice que existe en la Luna... es el Cristal de Plata... posee un poder infinito... capaz de destruir un planeta completo-

-eso no es prueba de nada- dijo sin voltear al verla

-yo... debo regresar a mi hogar...-

-¿Por qué has venido?- pregunto aflojando un poco su tensión, era cierto que le había mentido, y lo seguía haciendo, -"de la luna"- pensó pero era acaso la locura contagiosa. A de tener una buena razón para no decirle de donde venia en realidad. Pero que diablos, no quería que se fuera, no tan repentinamente como había venido.

-veras... siempre tuve deseos de conocer este planeta... pero esta prohibido que cualquier habitante de la Luna venga aquí... supongo que es por eso que ustedes no tienen idea de que nosotros existimos... supongo que es mejor así, y aun que termine en tu planeta por accidente luego de una discusión con mi madre... no me arrepiento... es mucho más hermoso de lo que yo me imaginaba- Serena estaba con la vista fija en algún punto en el suelo. No se atrevía a verle, le había mentido, y él estaba en todo su derecho de enfadarse con ella. Aun que le doliera

-supongo que es por eso que veías todo con gran asombro-

¿Es que acaso le creía lo que estaba diciendo? -era todo nuevo para mí-

-yo... – giro sobre sus pies para poder verla a los ojos –quiero volver a verte-

-prometo... que are todo lo posible por volver... también quiero verte de nuevo...-

-hay algo que no entiendo... yo... conozco a Eric desde hace mucho tiempo...-

-eso es algo que yo no sabría responderte... pero si se que hace ahora... mi madre lo envió a investigar una extraña energía negativa que se instalo en este planeta... creo... que vendrán tiempos difíciles, por favor Endimión... no debes decirle a nadie de nosotros... por lo menos no hasta que sepamos bien que es lo que esta pasando-

-te prometo que no diré nada... pero solo... con una condición-

-cual- pregunto dubitativa

-que te volveré a ver-

Serena se ruborizo, Endimión esta cortando la distancia entre ellos

-lo prometo-

-hasta entonces... Princesa Serena- y sin importarle la presencia de nadie la beso

-cof cof- escucharon a alguien aclarándose la garganta y se separaron lentamente, sin dejar de verse un instante a los ojos –es hora de que regreses hermana, yo me encargare de hablar debidamente con Endimión-

Las Sailor interiores se acercaron hasta donde estaba. Y fue Mars la encargada de separarla del príncipe.

-lo ciento Princesa... es hora de regresar- dijo mientras la jalaba lentamente del brazo.

Serena asintió sin dejar de ver a Endimión

-¿Serena? La señora Ikuko se había levantado, le extraño ver la luz encendida de la cocina y se acercó a ver –es muy tarde... en tres horas debes ir a la escuela-

-mañana seguiremos hablando- Darien se levanto de la silla donde estaba sentado –lamento haberla despertado señora Ikuko, no me di cuenta de la hora- y sin más saludo y se fue

-¿serena?... ¿estas bien?... pareces consternada-

-estoy bien no es nada... buenas noches- y salio rumbo a su habitación.

Aun ahora mucho más intrigada que antes

-¿"como es que Darien sabe tanto de la Historia de Milenio de Plata?... ¿que me estas ocultando Darien"?

Notas de la autora: Pues bien pensaba escribir toda la historia para este capitulo pero se me ha hecho demasiado largo.

Espero les haya gustado

Gracias a todas por leer esta loca historia de mi loca cabeza, gracias por todo su apoyo. Les mando un abrazo enorme

Silene-Luna