-Me parece sospechoso.

Cuando Pieck habló, Zeke se giró hacia ella. Con los guantes de boxeo aún puestos, sujetó la pera para no golpearse y caminó hacia ella. Su prometida sujetaba un vaso de limonada en una mano y una toalla en la otra, como cada vez que él entrenaba. Porque a Zeke le gustaba golpear cosas cuando estaba estresado, y por eso había decidido que era mejor dedicarse a boxear que golpear gente, como lo había hecho un tiempo atrás, antes de conocerla.

Entonces se quitó los guantes y ella secó las gotas de sudor que se deslizaban por su pecho y su cara. De un trago, Zeke ingirió la bebida, antes de darle un beso en la frente a su chica.

-A quién te refieres? - preguntó él. Pieck se hizo el cabello a un lado, intentando apartar sus ojos del abdomen marcado y húmedo de su prometido, de la forma en que subía y bajaba al ritmo de sus jadeos, y de la gota de sudor que se deslizaba sobre su manzana de Adán, tentándola a tocarlo. Pero no lo haría hasta que hubiese concluido la conversación del día anterior.

-Hablo del policía. De su súbita aparición y de lo extraňo que resulta remover ese caso después de siete aňos sin ninguna pista. Es un callejón sin salida; fuera de ti, dudo que puedan encontrar algo.

Zeke hizo desaparecer los últimos rastros de sudor de su torso y tomó asiento frente a la mesa de billar de su sótano, al tiempo que Pieck se sentaba al borde de ésta.

-Supongo que por eso me quieren. Creen que podré ayudar en algo si comienzan de cero.

-Pues es absurdo. Dijiste en el juicio todo lo que sabes, probaron que no conocías a los autores intelectuales del asesinato y que no tenías nada que ver con ellos.

Pieck conocía aquella expresión en la cara de su novio: las cejas de Zeke se arqueaban y encontraban ligeramente al tiempo que sus ojos se expandía y sus labios se crispaban por debajo de su barba blanquecina, una característica que sólo ella conocía, después de tantos aňos de vivir bajo el mismo techo. Pero aquella expresión en su rostro sólo significaba dos cosas:

Estaba nervioso.

Ocultaba algo.

La punta de sus orejas también adquiría un tinte rosa que se mezclaba con su pelo color dorado y que nadie más notaba, excepto Pieck y su suspicacia. De buena fuente, Pieck sabía que era una cosa Jaeger mentir y tener orejas rojas como resultado. Lo había visto antes en Eren, y también en Zeke, aunque no era notorio en éste último.

Pero lo conocía tan bien que no había nada que pudiera escapar a su intuición.

Y estaba segura de que su prometido no le estaba contando una gran parte.

-Porque dijiste todo lo que sabías, verdad, Zeke? - pronunció ella, con mirada inquisitiva, dejando que sus largos mechones de cabello oscuro le cayeran a ambos lados de la cara.

Él no tardó en responder, como si hubiese estado preparado para ello.

-Por supuesto que lo dije todo. Sin embargo, algo se me debió escapar. - comentó él, tan tranquilo como le fue posible. Ella frunció el entrecejo, pero en su mente, contemplaba la posibilidad de cambiar de opinión según las circunstancias.

-Sabes lo que puede pasar si de una manera u otra cometes un error, Zeke.

-Pieck, ya te he dicho a ti todo lo que sé y todo lo que ocurrió esa noche y antes de eso. Crees que quiero tener a ese maldito enano pisándome los talones después de todo este tiempo?

Ella suspiró.

-En caso de un nuevo juicio, no volverán a llamarme como jurado. No a la prometida de un cómplice. Así que te sugiero que hagas todo lo que esté en tus manos para concluir con eso y librarte de ese policía de una vez por todas. No sé qué ocurrió con el caso, no sé qué diablos pasó con las pruebas, que parecen haberse esfumado o nunca haber existido, pero quienquiera que esté detrás de eso, te dejó a ti en su lugar para que pagaras por sus culpas, y volverá a hacerlo esta vez.

Zeke no respondió hasta unos segundos más tarde, sintiendo los ojos oscuros de su novia penetrarle los sesos, martillándolo.

-Lo sé. Eso lo sé.

-Bien. Entonces colabora con la policía, pero sé cuidadoso y haz que cumplan su palabra de cuidarte las espaldas. Quién dice que puedes confiar en ellos? Recuérdales que eres el hijo del doctor Jaeger.

-Mi padre no fue de mucha ayuda esa vez, Pieck.

-No lo uses a él; usa tu apellido. No hay nadie en Trost que no conozca su nombre, y tendrán que escucharte, no sólo cuando les convenga. La amistad con políticos del doctor Grisha Jaeger debe ser útil de alguna forma. No seas tan escaso.

Zeke se puso en pie y asintió. Lanzó la toalla sobre la mesa de billar y se acercó a su chica, con los labios curvados en una sonrisa lasciva; estiró las manos hacia su cara y la sujetó antes de darle un beso.

-Como se espera de Pieck, eso es correcto. - anunció, rozándole los labios con su boca. Ella sonrió ampliamente, porque pocas veces podía resistirse a los encantos y al aliento arrollador de Zeke Jaeger, gimiendo en cuanto sintió sus dedos clavarse en su trasero con un par de nalgadas. Ella deslizó sus manos hasta la espalda cincelada y fuerte de su prometido, mientras él hundía el rostro en su cuello y rodaba sus caderas entre sus piernas. A Zeke jamás le gustaron los rodeos a la hora de tener sexo, así que no tardó en levantar la falda de su chica y arrancarle de un tirón las bragas, haciendo que el sonido de la tela rasgada se mezclara con las respiraciones agitadas de dos pares de pulmones. Pieck no podía negarlo: amaba la fogosidad de su novio, amaba tocar las venas que sobresalían de sus brazos cuando estaba excitado y amaba su erección tallada en mármol, más allá de todo entendimiento. Y oh, diablos, la mesa de billar era incómoda, pero muy estimulante; así que no le importaba si se maltrataba el culo mientras Zeke la embestía. Una sesión de sexo con un novio sudado, atlético y buenmozo hacía que cualquier molestia valiera la pena.

-Zeke, estás...? Oh, mierda!

Maldito fuera Eren Jaeger. Zeke jamás pidió tener un hermano menor; eran las peores plagas sobre la faz de la tierra.

Los dos cuerpos sobre la mesa de billar se detuvieron estupefactos, mientras Eren los observaba boquiabierto. Ninguno de los tres se atrevió a moverse, quizá por el temor de aumentar su vergůenza con un simple respiro, o en su afán por no empeorar la situación, que ya de por sí, era engorrosa.

-Joder, Eren! Qué mierda quieres? - gritó Zeke, queriendo que sus brazos se hicieran más amplios para poder esconder a su novia en ellos. Sin embargo, no salió de ella, y Pieck ocultó su rostro escarlata en el torso de su prometido. Eren resopló, y el leve encogimiento de sus hombros hizo que Zeke se diera cuenta de lo mucho que le costaba no reírse.

-Oye, lo siento. Te busqué en todos lados hasta que se me ocurrió que estarías en el sótano, pero no que te encontraría así...

-Eren! Habla, maldita sea!

Zeke estaba desesperado. Pieck, avergonzada, y Eren muy entretenido con la idea de fastidiar a su hermano mayor.

-Vine a decirte que seguiré trabajando contigo, pero me mudaré a casa de Armin...

-Me parece perfecto, ahora lárgate, que estoy ocupado. - espetó Zeke con voz rasgada. Eren soltó una risita antes de cerrar la puerta y Pieck pudo suspirar, al fín.

Pero entonces la puerta volvió a abrirse de golpe.

-Y no hagan tanto ruido, cabrones. Los oí follar desde arriba. - la carcajada de Eren hizo eco en el sótano y en el corredor, chirriando en los oídos de las víctimas de su broma. La puerta se cerró de golpe, y las risotadas estruendosas se perdieron en la lejanía, mientras que Zeke se cubría la cara, decepcionado, preguntándose qué había hecho para merecer eso.

Al menos Pieck lo veía del lado positivo, así que se tragó su vergůenza y lo besó de nuevo, sabiendo que ya no tendrían que soportar más aquellas nefastas interrupciones.

Ya tendrían tiempo de sobra para preocuparse por el capitán Ackerman también.


Armin Arlert nunca fue el típico muchacho clase alta. A pesar de poseer las comodidades propias del hijo de los dueňos de uno de los mejores hoteles en Trost, Armin nunca sintió orgullo en ello, ni encontró placer en la frivolidad, la ostentosidad, y mucho menos en el derroche, a diferencia de muchos a su edad. Era más bien el tipo de chico sencillo, al que le agradaba pasar tiempo en la comodidad del sillón de su biblioteca, devorando páginas completas que hablaban sobre épicas batallas de antaňo, o de peligrosos mundos ficticios, o diseňando planos extraňos de construcciones que algún día podría hacer realidad. Pero más que cualquier otra cosa, Armin amaba el tiempo con sus amigos, a los que había aprendido a valorar más que a su vida, cuando notó desde muy pequeňo que sus progenitores eran padres ausentes, pero constantes trabajadores. Hacer dinero era su hijo, y Armin, al parecer, sólo el resultado de una convención social que debían cumplir. Sin embargo, tenía a su abuelo, y también a Eren, y a la tía Carla, e incluso a Faye, con su adorable enamoramiento infantil hacia él; y por último, pero no menos importante, a Mikasa. El chico rubio se burlaba para sus adentros de lo rápido que ella había encajado en la hermandad que él conformaba con Eren, y las extraňas circunstancias en la que su amistad se había forjado, preguntándose si ese tipo de lazos podía romperse alguna vez.

Algo le decía que no. Eso no era posible. Y tenía razón.

Entonces pensó en Annie también, y de nuevo se preguntó si ella era su amiga, a pesar de todo.

Él mismo respondió su pregunta la noche de su cumpleaňos, al ver a sus amigos reunidos por él en el salón de eventos del hotel de sus padres.

Ella no estaba allí; no como otras veces. No hubo llamadas, ni mensajes de texto como en aňos anteriores... Nada. No hubo nada.

Ella no era nada.

Pero ella lo necesitaba. Armin lo sabía en lo más profundo. Y Armin siempre tenía razón.

-Oye, cabeza de coco, espero que tengas cerveza.

-QUE NO ME LLAMES ASÍ, YMIR!

El grito de Armin se escuchó en todo el salón, incluso por encima de la música, mientras la castaňa pecosa soltaba una carcajada y le daba un beso en la frente, echando su brazo sobre los hombros de su amigo. Historia se cubrió la cara con vergůenza, ahogando una risita.

-Ymir, deja en paz a Armin.

-Nah, este cabrón sabe cuánto lo quiero, no es así, cabrón? Mira, aquí tienes tu regalo. - dijo ella, dándole una caja adornada con un lazo dorado encima. Debía ser obra de Historia, pues a Ymir jamás se le habría ocurrido adornar una caja.

-Gracias, gracias. Pero no me llames de nuevo así. Ese corte de pelo lo dejé hace mucho.

Otra carcajada de Ymir que llamó la atención de los compaňeros de clase de Armin que acudieron a su fiesta.

-Lo siento, lo siento, pero para mí siempre serás un cabeza de coco. - Dios, Ymir tenía la risa más socarrona e irritante cuando se lo proponía. - Feliz cumpleaňos, Armin. - dijo después, dándole un golpecito en la cabeza. La siguiente fue Historia, a quien siempre le había gustado besarlo en los labios, diciendo que Armin tenía la boca más hermosa que había visto en toda su vida, para molestia de su esposa. Él sólo reía y se burlaba de los celos de su amiga pecosa.

-Muchas gracias, chicas. Que hayan venido desde Shiganshina hasta aquí por mí significa mucho...

-Tch, no vinimos por ti. Vinimos por la cerveza.

-Ymir! - los regaňos de Historia siempre sacaban la mejor risotada de Armin y el beso más sonoro de Ymir. - Eh! Eren! - gritó la chica rubia al verlo atravesar la puerta. Eren agitó las manos en dirección a ellos, acercándose a zancadas.

Los ojos de los dos rubios y de la pecosa se abrieron como platos al ver la figura que venía tras él.

La quietud de Mikasa al caminar contrastaba horriblemente con el entusiasmo de Eren, cuya presencia pudo sentirse en cuanto abrió la puerta del salón.

-Hisu! - gritó el muchacho de ojos turquesa, corriendo hacia ella para abrazarla. Historia era tan bajita que parecía una muňeca en brazos de Eren cuando él la alzó con una voltereta. Ymir esperó a que el saludo cesara para tirar de la oreja de su amigo tan toscamente como pudo. - Oye, oye, Ymir! Suéltame!

-Te he dicho que te alejes de mi chica, Jaeger, o te rompo las pelotas! - la amenaza de Ymir provocó risas. - Siempre he sabido que tienes algo con ella, no hagas que te mate!

-Ymir, ya déjalo. - se burló Armin. Eren abrazó a su mejor amigo cuando Ymir lo dejó ir, mientras que Historia se burlaba de la escena. - Hola, Mika! - le saludó el muchacho rubio, agitando su mano hacia ella. Cuando Mikasa se acercó, fue envuelta en una ola de abrazos, excepto de parte de Ymir, quien la saludó con un manotazo en el trasero.

-Ackerman!

-Ymir! - gritó Historia, seguida de una Mikasa estupefacta que había saltado ante el impacto de ser azotada, y que ahora masajeaba el punto del golpe con el ceňo fruncido. Eren y Armin contenían una carcajada con el puňo en la boca, al tiempo que su amiga pecosa se desternillaba de risa.

-No hagas eso de nuevo, Ymir. - le advirtió Mikasa, fulminándola con la mirada. La aludida alzó ambas manos en defensa.

-No tengo la culpa de tu trasero irresistible, Mikasa. He querido darte una buena nalgada desde que estábamos en la escuela. No es cierto, Eren? Esta chica tiene un culo de azotar!

-YMIR! - el chillido de Historia resonó en todo el salón, y la cara de Mikasa se convirtió en el carnaval escarlata que solía ser cuando se ruborizaba. Eren dejó de reír y tragó saliva; aquella era una pregunta seria para alguien que se había quedado eternidades embelesado en aquel trasero de almohada, deseando tocarlo con sus propias manos, preguntándose qué se sentiría descansar la cabeza en él...

-Alguien no tendrá tijeras esta noche. - susurró Armin a Eren entre risas, burlándose de los celos de Historia y las risas de Ymir.

-Eso es cierto! - gritó Sasha, afirmando la sentencia de Ymir al aparecer de la nada junto a Connie. Antes de poder llegar a ellos, tropezó con un par de mesas y una silla, y Armin se partía de risa sólo de observar el espectáculo que sus viejos amigos, y otros no tan viejos, ofrecían a la velada. Hubo más abrazos y muchos más regalos para el chico del cumpleaňos, dejando a un lado el asunto del trasero irresistible de Mikasa Ackerman, o al menos así lo creía ella. Por qué todos debían ser tan ruidosos? Bueno, al menos Armin era considerado e intentó mantenerla apartada de las bromas de Ymir y Sasha mientras pudo.

-Viniste con ella? - el chico rubio no pudo evitar hacerle aquella pregunta a su mejor amigo. Mikasa estaba lejos de ellos, con un vaso de ponche en la mano y conversando con un compaňero de clase de Armin que intentaba flirtear con ella sin mucho éxito.

-No, - dijo Eren, con la mandíbula apretada y una hoguera en los ojos mientras miraba hacia el hijo de puta que le guiňaba el ojo a la chica de cabellos oscuros. - coincidimos a la entrada. Ella venía con sus amigos.

Hubo silencio. Armin giró la vista hacia Mikasa, y luego regresó hacia Eren.

-Controla tus celos. No quiero una escena en mi fiesta de cumpleaňos.

-No estoy celoso, Armin. - las orejas de Eren enrojecieron sin remedio. Por supuesto, eso no pasaría desapercibido para su mejor amigo. - Pero es obvio que ese cabrón la esta acosando.

Los labios de Armin se estiraron en una sonrisa torcida.

-Pues entonces ve a salvar a tu doncella en peligro, Eren. Eso sí, no quiero peleas, de acuerdo? - la voz de Armin cambió drásticamente, de una muy afable a una bastante amenazadora, al igual que su mirada. Eren asintió, pero no se marchó enseguida, hasta que Historia se llevó a Armin para hacerle una broma con ayuda de Ymir y Connie.

-Oye, y Annie? - preguntó la muchacha, antes de llegar a la mesa donde estaban los demás. El mundo cayó para Armin drásticamente, haciéndolo sentir mareado.

Pero Armin era más fuerte de lo que pensaba, y no tardaría en recomponerse.

El chico rubio torció los labios con pesadumbre. Sí, era fuerte, pero sensible; mucho más de lo que Historia podía imaginar.

-Pasó algo malo con ella? Y Reiner? Y Bertholdt? Es raro que no estén aquí. - insistió ella, antes de verlo exhalar dramáticamente como si se escapara todo el aire de sus pulmones.

-Es una larga historia, Hisu. Creo... que será mejor hablar de eso luego, de acuerdo?

La chica asintió, dejando caer su mano sobre el hombro de su amigo.

-Está bien, Ar, cuando quieras. Pero dime, Eren está incluido?

Armin rodó los ojos.

-Tú qué crees?

Historia rió en voz baja, cubriéndose la boca.

-Por qué no se me hace raro? - se burló. - Pero dejémoslo en paz por ahora. Creo que está ocupado, no es así? - un par de cabezas rubias se giraron hacia Eren, observándolo caminar hasta el lugar donde Mikasa rezaba al cielo por alguien que llegase a rescatarla. Voilá. Su plegaria fue escuchada más rápido de lo que ella esperaba.

-Viejo, ese es un truco muy patético, lo sabías? No todas las mujeres se conquistan con tarjetas de crédito. - la voz altanera y amarga de Eren resonó sobre Mikasa y el (a opinión de Eren) idiota que tristemente intentaba cortejarla, enseňando su reloj de pulso Girard-Perregaux y dejando caer "por accidente" su American Express Gold, tan embelesado en su ostentoso flirteo que no notó cómo la chica frente a él rodaba los ojos entre miles de suspiros de hastío y lástima encerrados en una cara larga y apática. Así que este aparecido lo había tomado por sorpresa, desenmascarando su fútil tentativa de conquistar a una chica cuya mente estuvo ausente durante toda su verborrea. Mikasa nunca pensó decirlo, pero bendito fuera Eren Jaeger. Bendito, bendito. Bendito cuando dejó boquiabierto y expuesto al baboso en cuestión, sujetando el borde de la manga de su chaqueta para sacarla de tan lamentable escena.

Qué tenía Eren con las mangas?

Por qué nunca la tomaba de la mano?

La chica de ojos color plata oscura se ruborizó ante su propio pensamiento.

Su mano y sus pies la condujeron hasta la larga mesa del bufé junto al balcón con vista al mar, seňalando una bandeja repleta del manjar que convertía su boca en una vergonzosa fuente de agua.

-Para que te olvides de ese cabrón, aquí tienes una enorme reserva de budín. - anunció Eren, guiňándole el ojo. Ella prefirió apartar sus ojos de los de él para no avergonzarse más a sí misma. No pudo evitarlo: sus manos se estiraron inconscientemente hasta el primer plato que pudieron alcanzar, sujetando la cucharilla para poder llevarse un buen pedazo a la boca. Eren soltó una risita en cuanto la vió arrugar las cejas con deleite, e incluso pudo escuchar el coro que entonaron sus papilas gustativas al tocar la masa dulce y rebotadora del budín.

-Dios! - exclamó, y un delgado e indecente hilo de saliva se escapó por la comisura de su boca, para escuchar la inminente carcajada de Eren martillando en sus oídos. - Lo siento... - se disculpó, limpiándose la boca con una servilleta. Eren ladeó la cabeza, aún riendo.

-Está bien. Pero debes controlar eso, eh? No puedes andar babeando por ahí cada vez que comas budín.

Ay, ay, ay. Esa sonrisa de Eren activaba las burbujas en el fondo de su estómago. A veces eran burbujas, otras veces pájaros, otras veces plumas, y otras, yunques (aunque esto sólo pasaba si estaba enojada con él). El punto era que siempre había algo dentro de su panza cuando lo veía.

-...No puedo evitarlo, supongo... No hay nada que me guste más que esto.

El hervor que Mikasa sentía en el estómago ahora se había instalado en el sistema auditivo de Eren Jaeger: la voz de aquella chica era tan cadenciosa y celestial que él comenzaba a amar oírla hablar.

-Pfff. Ya encontrarás algo un día que te guste más que el budín.

-No lo creo.

-Ya lo verás. Slytherin. Ya lo verás.

Él le dedicó una sonrisa amplia y cálida. Ella quiso esconder la cara en respuesta, pero no lo logró, y Eren volvió a burlarse.

-Gracias por sacarme de allí.

-De nada. Supongo que el idiota no se dió cuenta de la cara que tenías. Por qué no lo mandaste a la mierda? Fue muy... extraňo ver que pudieras soportarlo por tanto tiempo.

Mikasa se encogió de hombros mientras comía.

-No quería ser descortés.

Eren asintió, tomando un bizcocho de una de las bandejas. Lo mordió, lo saboreó, y volvió a asentir.

-Hmm. Está bueno. - comentó, con la boca medio llena. - Ya estás bien de tu pie? - preguntó. Mikasa agitó la cabeza en afirmación mientras él tragaba su bocado.

-Traga antes de hablar. - murmuró ella, con el ceňo fruncido y ese tono mandón.

-Cómo dices?

-Que tragues antes de hablar. - Sí. Era muy mandona.

-No te gustaría ser hija de Carla, quizás? Eres un poco como ella.

-El sarcasmo no te queda, Eren. Y no, no me gustaría ser hija de Carla, porque entonces tendría que ser tu hermana y eso no me agrada. Eres molesto.

Cuando Eren soltó una de sus carcajadas detestables, Mikasa se preguntó por qué no podía odiarlo como antes y siseó entre dientes.

-No eres sincera y lo sabes.

-Ah no? Qué te hace pensar que no?

-No lo sé. - él tomó un sorbo de alguna bebida que se había servido en una copa. - Sólo lo sé.

Cambia de tema, Mikasa. Cambia de tema.

Ella se aclaró la garganta.

-Cómo conoces a las chicas?

-A Hisu e Ymir? - preguntó él, con la copa en la mano y el dedo índice levantado en dirección a la pareja. Mikasa asintió y él tomó un sorbo de su bebida, reclinándose contra la pared. - Oh, bueno, es una historia interesante. Quieres oírla? - Mikasa volvió a asentir. - Cuando cumplí quince, mi padre me envió a un campamento médico de verano para adolescentes. - Eren rodó los ojos ante el recuerdo. - Armin fue conmigo, y no sé cómo diablos Reiner fue a parar con nosotros a ese lugar. El punto es que Historia e Ymir también estaban allí; bueno, en realidad ella estaba en otro campamento cercano al nuestro, y coincidimos en una noche de fogata. Pfff, ridículo. - Eren rodó los ojos de nuevo. - Reiner quedó fascinado con ella y al mes siguiente ya eran novios. Armin y yo no podíamos creerlo. Siempre notamos que había algo entre ella y la pecosa, y por eso fue extraňo ver a Hisu con Reiner. Fueron novios durante siete meses, hasta que ese cabrón le puso los cuernos con otra. Hisu y yo comenzamos a chatear más desde entonces, porque ella parecía estar devastada. Pero hice que se diera cuenta de que Reiner no era nada, y que a quien ella quería en realidad era a Ymir. Desde entonces, esa cabrona pecosa insiste en que entre su chica y yo hubo algo, pero no es cierto. Simplemente somos buenos amigos desde entonces.

La carcajada de Eren picó a Mikasa en las comisuras de los labios, haciendo que se ensancharan un poco. Por una inexplicable razón, la aclaración final de Eren sobre la naturaleza de su relación con Historia hacía que la chica de cabellos oscuros se sintiera aliviada. Ella se inclinó un poco sobre la mesa y apoyó la barbilla en la mano antes de dejar salir un suspiro, observando detenidamente aquella sonrisa torcida de Eren cuando decía algo divertido, o de la forma en que sus ojos se abrían cuando acababa una frase y tomaba aire para seguir hablando, o cómo sus cejas se encontraban cuando estaba concentrado, o cómo se tocaba la nariz al olvidar algo...

-Además, no me gustan las rubias. Hisu sólo es mi lesbiana favorita. - se burló, arrugando los ojos al reír. Mikasa resopló, irguiéndose de nuevo. Eren tenía la asombrosa habilidad de cagar mágicamente los pensamientos más hermosos.

-No te gustan las rubias? Y qué hay de Annie?

Está celosa?

El gorgoteo de Mikasa subió hasta su cara en forma de rubor como una olla que hierve.

Estoy celosa?

Qué vergůenza.

-Mirándolo en retrospectiva, eso no fue algo importante. Ni siquiera dolió.

Ella asintió; era mejor no hablar, o acabaría diciendo alguna otra tontería incómodamente reveladora.

Los dos tomaron un sorbo de sus bebidas y Mikasa agarró otro budín de la bandeja. El coro que cantaban sus papilas gustativas ante el sabor volvieron a encogerle la lengua.

-Oye...

-Dime.

Ella dudó, apretó los puňos, tomó aire y abrió la boca, completamente ignorante de los ojos de Eren clavados en ella.

-Acerca de lo que dijiste en el auto de Armin sobre tú y yo aquella noche... Es cierto eso?

-Qué cosa? De qué hablas?

Mikasa suspiró y cerró los ojos, suplicando que Eren no lo hiciera más difícil para ella.

-Tú dijiste que tú y yo... Bueno, que dormiste... conmigo y eso...

Eren sintió que la sangre subía irremediablemente a su rostro, como la champaňa llenando una copa. Y burbujas, muchas burbujas. Su estómago burbujeaba.

-Eh... - él se aclaró la garganta. - No. Yo estaba borracho y decía estupideces. Tú te quedaste dormida sobre el sofá y yo en el suelo, cerca de ti... Pero no me malinterpretes. sólo quería asegurarme de que no te sintieras desorientada cuando despertaras... Sólo eso.

Si Eren se enorgullecía de algo, era de su pericia para mentir.

Pero no le gustaba mentirle a ella. Era algo diferente. Agh, la culpa le dió un puntapié en el estómago.

-Ah... Bien. está bien.

Decepción.

Estaba decepcionada y no sabía por qué.

Nunca, nunca sabía por qué. No sabía nada. Con Eren Jaeger no sabía nada. Una absoluta mierda.

Él fue el siguiente en hablar después de un rato de silencio.

-Sabías que mi hermano tiene asuntos pendientes con tu hermano?

-Qué?

Eren asintió, tragando el contenido de la copa en un solo golpe.

-Creo que Zeke tiene problemas con la policía, porque tu hermano fue a la disco a visitarlo. - Eren dejó salir una risotada. - Creí que iba a cagar ladrillos cuando vió al capitán de la policía de Trost allí. Y no te ofendas, pero tu hermano da miedo.

-Sí. Debo admitir que el enano es intimidante.

Eren abrió los ojos estupefacto.

-Te atreves a llamarlo así?

Mikasa se encogió de hombros.

-Es mi hermano. No es gran cosa.

Eren dejó escapar un silbido de asombro.

-Zeke usa anteojos, y además tiene un ombligo protuberante, como una lengua minúscula en el abdomen. Si alguna vez yo me burlara de eso en su cara, me rompería los dientes.

-Supongo que son las ventajas de haber vivido casi toda mi vida con él. Le pierdes el respeto de alguna forma.

Eren rió ante su comentario, y vió la risa de ella en sus ojos, aunque su boca no se movió.

-Sí. Supongo que es eso.

Los dos hicieron silencio. Armin les hizo seňas para que se acercaran a la mesa, pero Eren levantó la mano derecha indicándole que esperasen.

-Hablando de hermanos... Faye me ha pedido que, en caso de verte, te recuerde que espera tu visita desde hace días.

Eren dejó la copa sobre la mesa y volvió a morder el bizcocho.

-Si falgo fobrio de aquí y Grisha no eftá en cafa, - Eren tragó de nuevo. - es probable que vaya maňana.

Mikasa ladeó la cabeza, cubriéndose la cara con la mano que sostenía la cucharilla.

-Traga, por favor, sí?

-Ya tragué.

-Agh. Eres imposible.

-Ja, ja. Lo sé. - se burló él. - Pero haré lo posible por ir a visitar a Faye.

Eren no lo notó, pero los ojos de Mikasa se iluminaron levemente ante la perspectiva.

-Deberías pasar más tiempo con ella. Es tu hermana y... te quiere.

Una cucharada de budín y un mordisco de bizcocho. La música prudentemente jovial que ambientaba la ocasión tenía el pie de Eren moviéndose inquieto de un lado a otro, al ritmo del pulso que marcaba el bombo de la batería en las reproducciones. Armin, Historia, Sasha, Ymir y Connie reían a unas cuantas mesas de ellos, pero por alguna razón, ambos se sentían a gusto allí junto a la mesa y al balcón, el uno a un brazo de distancia del otro, deseosos de rozarse los dedos sin tener el coraje suficiente para hacerlo.

Qué tontos eran.

-Yo también la quiero a ella... Aunque no se lo demuestre a menudo.

-Deberías hacerlo. Fuiste un completo idiota con ella también, y a pesar de todo, no deja de admirarte. Discúlpate con ella, Eren; se lo merece.

Eren ya no se veía tan jocoso como antes. La culpa le dió una patada certera en el estómago, y también en los ojos, cuando las lágrimas le picaron la retina.

-Lo sé. Y lo siento.

Hubo silencio. Los murmullos y la música les rasparon los oídos en lugar de sus propias voces.

-Espero que tus disculpas tengan en verdad un significado.

-Eh? A qué te refieres?

-A que no sean sólo palabras vacías.

Eren se detuvo para mirarla, pero sus ojos estaban puestos en algún punto lejos de él, otra vez envueltos en esa máscara de indiferencia que a él no le agradaba del todo.

-A veces un "lo siento" no significa nada, Eren. Te acostumbras a decirlo tanto que no lo sientes en realidad, y entonces se convierte en una rutina que utilizas cada vez que hieres a alguien.

No podía negarlo: Eren comenzaba a sentirse confundido por el drástico cambio de humor.

-A qué viene todo esto?

-Fue lo que pensé de ti la primera vez que me lo dijiste, y por eso no quería hablarte.

-No ibas a hablarme? - preguntó él, con los párpados ligeramente más abiertos y algo indignado.

-No.

-Y qué es esto? Un ataque de sinceridad?

Ella seguía sin mirarlo. Su budín ya se había acabado.

-Tal vez.

Eren asintió, aturdido. Sus cejas se alzaron lentamente en un gesto de autodecepción. Quizá ella tenía razón; quizá ella... Ella lo hacía sentir tanta rabia de un momento a otro... Por qué demonios debía ser tan absurdamente complicado hablar con ella sin sentir culpa por algo?

O es que acaso él tenía tantos pecados que lavar que ella sólo era esa fuerza imponente que le recordaba que estaban allí, como queriendo limpiar su conciencia?

Qué tal si era ella el manantial donde podría lavar sus culpas?

Pero, cómo?

Aún así, con toda la incomodidad que comenzaba a sentir, no quería herirla; sólo había hambre. Un hambre inexplicable por conocer las verdades más ocultas dentro de aquel hermoso pecho palpitante de ella.

-Bueno, no fueron palabras vacías, pero está bien si no quieres creerme. Sin embargo, yo también tengo algo que decirte.

Mikasa alzó una ceja, mirando hacia él y esperando a que continuara hablando.

-Creo que tienes miedo.

-Qué? - preguntó ella, confundida e incluso nerviosa.

-Ya me oíste. Probablemente me golpees cuando te diga esto, o quizá no. No soy buen observador, Mikasa; jamás lo fuí. Siempre he sido distraído, pero cuando te veo, veo miedo. Creo que tienes miedo de sentir. De encontrar a alguien que rompa tu mundo imaginario de burbuja y te pida que le dejes entrar. Porque te veo en una burbuja, sabías eso? Como si no quisieras ser libre por miedo a dejar ir algo que deberías haber dejado ir hace mucho tiempo. Te veo... encerrada en una jaula como un maldito pájaro solitario que tiene miedo de volar, y te sientes cómoda con eso...

Los latidos de su corazón habían aumentado drásticamente con cada palabra de Eren, a su ritmo, a su respirar, como si estuviera a punto de salir de su pecho. El oxígeno se atoró en sus pulmones y se aferró a las paredes de su garganta, hasta que ella jadeó para recuperarlo.

Sin palabras, Mikasa tartamudeó. Se sentía desnuda, vulnerable.

Pero cómo?

Cómo diablos?

-Sentir? - pronunció unos segundos después, sin expresión alguna en el rostro. - Creo que siento más de lo que tú crees. - Eren no rió esta vez, pero le parecía una cruel y divertida ironía el contraste que sus palabras causaban contra su cara. Ella lo volvía loco, en especial cuando no era capaz de descifrar sus pensamientos, ni siquiera a través de la laguna oscura y plateada que eran sus ojos, porque estaban atrapados en su mente, muy escondidos, y ella no los dejaría salir. No, cuando la hoguera color turquesa de los ojos de Eren cavaban profundo en ella, hurgando, buscando, ansiosos y hambrientos, como si quisieran consumirla completa.

Pero él quería devorarla.

A unos metros de ellos, la puerta del salón volvió a abrirse. Armin se había levantado para atender a los demás invitados, y lo vieron caminar hacia la puerta y saludar con una sonrisa al muchacho de cabello cenizo que atravesaba el umbral. Eren cerró sus manos en puňos al ver a Jean. Jean apretó los dientes y se detuvo en su lugar. Los ojos ambarinos fulminaron a los turquesa. Mikasa miró a Jean, luego a Armin, Armin a ella, y luego a Eren. Entonces supieron lo que era correcto: no dejar que se acercaran ni por el menor de los errores.

-Eren. - dijo ella, mientras veía a Armin empujar a Jean hacia la mesa de los chicos y no dejar que se moviera de allí. - Eren.

-Ah?

La voz de Mikasa lo sacó de un trance de ira y lo sumergió en uno de un sosiego balsámico instantáneo y adormecedor.

-Quieres ir al balcón? Allí podremos hablar mejor.

Eren no asintió, no pronunció una sola palabra; pero parecía estar dispuesto a ir a donde ella lo llevase.

Mikasa lo sujetó del borde de la manga y lo arrastró hasta el balcón, a pesar de la brisa fría de principios de noviembre, y de la chaqueta que supuestamente debía mantenerla en calor.

Ya en el mirador, la muchacha deslizó la puerta corrediza para cerrarla y resguardar a Eren de la vista de Jean, y a Jean de la vista de Eren.

-Qué hace él aquí? - preguntó él con voz rasposa y el ceňo levemente fruncido. Una corriente de aire sopló, haciendo que ella tiritara un poco. En aquel momento envidió a Eren y su evidente capacidad de no verse afectado por la proximidad del invierno.

-Armin lo invitó...

-Eso es obvio. Pero por qué lo invitó?

-Porque ahora estamos en el mismo campus, y ellos hablan mucho últimamente. Y no veo nada malo en que sean amigos.

Eren resopló, apretando las manos contra el borde del muro del balcón.

-Armin es un traidor.

-No exageres. Y tranquilízate, sí? No querrás arruinar la fiesta de tu mejor amigo. - dijo ella, usando de nuevo ese mismo tono autoritario, pero un poco menos severo y más dulce. La voz de Mikasa eran como cientos de notas musicales que entraban por sus oídos y se deslizaban hasta su pecho, derritiendo algo dentro de él.

-Claro que no. - dijo, medio hipnotizado.

Otra ráfaga de aire los golpeó. Eren miró hacia el apacible mar de la costa de Trost que se mecía ante sus ojos desde la vista del balcón, y apoyó la barbilla en su mano. Mikasa lo imitó, intentando no pensar en el frío que sentía con el maldito aire casi-invernal.

-Oye. - la voz de Eren rompió el silencio y el sonido del mar que llegaba a ellos desde la playa.

-Hmm? - murmuró ella, apretando la mandíbula para que sus dientes no castaňearan. Él se tardó en volver a hablar, pero Mikasa sólo esperó.

-Eso que me dijiste aquella vez en el coche de Armin... - al parecer, habían muchas cosas que explicar con respecto al suceso del coche de Armin. - Fue cierto?

-A qué te refieres?

Eren se giró hacia ella para mirarla. Ella no lo hizo, porque los ojos color turquesa la penetraban lo suficiente para que ella pudiera notarlo y la hicieran sentir desnuda, una vez más.

-Sólo por curiosidad... Hmm... - habla ya, imbécil. - En serio te gustó que ese cara de cab... Digo, Jean. Te gustó que te besara?

Silencio, y más olas del mar, y más brisa jodidamente fría. La sangre circulaba con una hilaridad ansiosa por sus venas, provocando que dos corazones latieran en un frenesí llameante.

Mikasa habría podido comparar sus latidos a los de una masa incesante de aplausos.

-No... No hay punto de comparación.

El espíritu de Eren dió un brinco y salió por su boca en un jadeo, para regresar a él en un suspiro. Luego torcio la boca en un gesto de amargura. Pero no la miró, y ella a él tampoco.

-Tan bueno estuvo? - preguntó él, un poco temeroso, angustiado, incluso sudando. Mikasa ladeó ligeramente la cabeza.

-En absoluto.

Golpe bajo. Eren no se esperaba eso; sin embargo, Mikasa no quiso decir lo que él entendió.

-Joder...

-Es decir...

Silencio.

-Qué?

Mikasa se aclaró la garganta. Maldita sea, las manos le temblaban y no era de frío.

-No es que pueda compararse con otro beso cuando no se tiene experiencia previa...

Eren abrió los ojos amplia y lentamente. Sus pupilas se dirigieron hacia ella en un trance ceremonioso, pero Mikasa no se atrevió a mirarlo.

-Entonces... fue tu primer beso? - intuyó Eren, como si la realización le hubiese golpeado la garganta.

Silencio. Otra vez.

-Sí.

-Diablos. Debería golpearlo por haberte robado algo así. Maldito caballo.

-Eren. - le regaňó ella. Él pareció no escucharla.

-Promete que no pasará de nuevo.

-Lo dudo.

-Genial.

Silencio de nuevo. Entre las corrientes de aire y el siseo adormecedor de las olas reventándose contra la playa, Eren Jaeger y Mikasa Ackerman se sintieron mareados, con las almas algo espumosas, rebosantes de una sensación que no podían explicar.

Fue entonces cuando la vió abrazarse a sí misma para poder entrar en calor, y la tomó de las manos.

-Mierda, pero si eres un iceberg.

Frío y tibio. Una diferencia abismal y acogedora a la vez. Era la primera vez que se tocaban por tanto tiempo y tan conscientemente que volvieron a marearse. Eren frotó sus dedos, los masajeó y los sopló con su aliento para que ella pudiera entrar en calor. Y aquel aliento se metió entre sus poros, invadiéndole los nervios con una corriente eléctrica que le atravesó el espinazo y el vientre. Sus rodillas fallaron, pero no cayó; ella era fuerte, y sobre todo, sabía ocultar sus emociones.

Esas emociones que ahora eran aterradoras y excitantes, todas ellas envueltas en un remolino dentro de ella que amenazaba con salir por su boca y clavarse en la de él.

-Eren. - pronunció ella en voz baja, casi dejando que la brisa ahogara su voz. Él quitó los ojos de sus manos y los clavó en los de ella.

-Sí?

-Perdóname por haberte golpeado.

Ella vió una sonrisa torcida estirar sus labios.

Ay, cómo le gustaba esa sonrisa. Ya no podía seguir negando un hecho tan evidente para su propia psique.

-Me lo merecía, no? Pero promete que no lo harás de nuevo.

Ella ladeó la cabeza.

-Lo prometo.


Levi estaba orgulloso de su hermana. Siempre lo había estado, aunque no lo demostrara. Bueno, en realidad, los Ackerman no eran muy efusivos, pero sí muy emocionales; por eso fue él el primero en levantarse de su asiento para aplaudir tan fuerte como pudo, cuando la última nota del violín de Mikasa hizo eco en todo el teatro. Aplaudió incluso antes de que ella concluyera su última pieza, una compuesta por ella misma, cargada de cadencias vertiginosas que retaban los sentidos a evocar al pasado; porque de eso se trataba su sinfonía "La calamidad de un mar en calma". Del pasado, de la desdicha provocada por los recuerdos que poco a poco se convertían en polvo, así como la melodía impetuosa y a la vez sosegada, de tintes claros y oscuros, de recuerdos infantiles, anhelos, suspiros, como espejos de una vida pasada que ella tuvo que dejar atrás el día en que sus padres murieron. Silencios, stacattos, súbitos y fortes, cellos furiosos e intermedios serpenteantes, envueltos en la reverberación de las cuerdas que clamaban lo que ella no podía, mientras la orquesta seguía armónicamente las dulces y amargas notas de su viejo violín.

Levi fue el único que comprendió lo que su música gritaba, y aplaudió como nunca antes. Él, Hanji, Armin, Carla, Faye, Connie, e incluso un Eren que estuvo a punto de romperse las manos en medio del frenesí de aplausos y ovaciones, sin importarle las amenazas del capitán Ackerman, ni lo que pudiera hacerle luego. Mikasa los vió a todos y a cada uno, y también a Sasha, que la había abrazado en el escenario en cuanto pudo levantarse de su asiento junto a las demás flautas. Pero era su hermano el más entusiasta de todos; Levi fue el primero en levantarse y aplaudir, pero también el primero en ir junto a Hanji al camerino de los músicos y decirle en voz baja, muy a su manera, lo orgulloso que estaba de ella. Le agitó el cabello, palmeó su mejilla, y se abstuvo de besarla como lo hubiera hecho su padre.

Pero ese era Levi, y ella lo sabía, y estaba bien. Porque Mikasa se sentía afortunada de ser su hermana. Aunque nunca lo dijera.

-Mikasa, no es ese...? - la voz de Sasha hizo que ella girara la cabeza hacia el final del corredor donde acababan los camerinos. Allí estaba Eren, esperando por ella, temeroso de acercarse y preguntándose si Levi lo golpearía allí mismo. Pero entonces vinieron Carla, Faye, Armin, Connie, sus maestros y el director de la universidad para felicitarla por su excelente debut como solista, y lo perdió de vista por completo, al tiempo que ella era casi asfixiada por una ola de agasajos. No volvería a verlo hasta un par de semanas después, en el cumpleaňos número 8 de Faye.

Y aquellas dos semanas se harían eternamente agobiantes para ambos. Era una lástima que Mikasa no tuviese teléfono móvil aún, o eso habría hecho las cosas infinitamente más fáciles.

Fáciles como Levi Ackerman deseaba que fuera todo con respecto al caso del asesinato de sus padres. Pues los resultados de la van aún se tardaban, y él miraba día tras día los expedientes, sin descanso, en busca de una nueva pista que hubiese pasado desapercibida. Porque incluso el apellido Leonhardt, aquel que Zeke Jaeger mencionó, era aún un callejón sin salida. Sólo conocía a una persona con aquel nombre, pero hasta entonces, no había nada que pudiera incluir a aquel conocido en un crimen como el de sus padres. Ni una sola conexión, ni huellas, ni ADN... Nada.

Entonces lo vió. Sus ojos se detuvieron allí donde otras veces habían ignorado, pues era una foto borrosa de un hocico de perro al que poco se le prestó atención, y Levi se preguntó por qué los investigadores habían sido tan negligentes siete aňos atrás. El capitán abrió los párpados ampliamente en realización, resopló y respiró con agitación, mientras su mente se ocupaba armando de nuevo aquel viejo rompecabezas. Por qué algo tan importante como eso había pasado desapercibido? No habían más fotos de su perro, excepto aquella donde su hocico destruido aparecía a un lado de la imagen, borroso y por casualidad, como si hubiese sido capturado por mero accidente.

Dante.

Debía ir a Shiganshina, a su antigua casa, y desenterrar a Dante.

No había otra opción.


Sólo diré una cosa:

El capítulo 22 será intenso, con un gran momento Eremika que sé que todos esperan. Eren y Mikasa deben resolver sus malos entendidos antes de una relación.

Así que dejen sus reviews para saber que les gustó, recuerden cuán importantes son sus comentarios. Nos vemos en el próximo capítulo.