Katniss le rogó a Effie que le ayudara a cambiar el medio de transporte para su regreso. Quería retrasar un poco su llegada para dejar bien en claro a Peeta que ella estaba dispuesta a que todo siguiera como hasta ese momento.
Así que viajaron en tren, al comienzo Peeta no estaba muy convencido, pero al final terminó aceptando.
Peeta leía un libro en el camarote principal, acostado en la cama mientras el tren viajaba a toda velocidad. Katniss, aunque no sabía mucho de cocina, estuvo al pendiente de la comida que servirían para llevarla al camarote.
-¿Y eso? – preguntó Peeta bajando el libro al ver que Katniss entraba empujando un carrito de comida.
-Comida en la cama. No tiene caso comer en el comedor si solo vamos a hacerlo tú y yo.
Katniss trató de mantener una conversación lo más amena posible. Hablaron de libros, comida, películas y hasta del pan que estaban comiendo.
Cuando terminaron, se recostaron en la cama y encendieron la televisión. Todo era tranquilidad. Peeta se había quedado dormido y Katniss, acostada a un lado de él, lo veía detenidamente. Le gustaban sus labios, sus cejas y su cabello ¿Por qué nunca se había fijado en él antes? Se imaginó ella saliendo de la escuela de la mano de él, juntos en el bosque, ella visitándolo en la panadería de su padre. Sonrió, tenía la felicidad tan cerca de ella y no se había dado cuenta.
-Hola – se despertó Peeta -¿te desperté?
-No, dormiste un par de horas y no tuviste ninguna pesadilla.
-¿En serio?
-Dormiste como un bebé.
Peeta sonrió tallándose los ojos.
-¿Dormiste tu?
-No.
-¿Qué hiciste entonces?
-Verte. Dormías muy tranquilo y me gusta que estés así: tranquilo.
-Voy a darme una ducha – Peeta le acarició la mejilla.
-¿Te acompaño?
-¿Por eso querías viajar en tren?
-Quería viajar en tren para dejarte bien claro que quiero seguir las cosas como hasta ahora y que cuando lleguemos a casa no vas a tener ninguna sorpresa desagradable – le dijo decidida - Peeta, te voy a demostrar que puedes confiar en mí.
-De acuerdo – Peeta asintió un poco para después formar una sonrisa -Vamos a darnos una ducha.
-¿Solo una ducha? – Katniss hizo un puchero.
-Claro que no será solo una ducha… señora Mellark.
Llegaron al Distrito 12, realmente ambos lo extrañaban. Era su hogar, por más que tuvieran lujos y comodidades en el capitolio y en otros distritos, el 12 era su hogar. Peeta bajaba las maletas del auto que los llevó a la aldea de los vencedores. Haymitch los estaba esperando junto con Amanda. Aunque estaban algo cansados, aun así Katniss desempacó los regalos que les había traído a ellos. Amanda ya les tenía la comida hecha, así que comieron juntos para ponerse al día.
-Quiero ir a ver a mamá y a Prim ¿Me acompañas? – le preguntó Katniss a Peeta con una sonrisa.
Estaba feliz de volver a ver a su madre y a su hermana, y quería compartir esa felicidad con él.
-Claro – le contestó Peeta un poco extrañado por la invitación, pero de inmediato le correspondió sonriendo él también.
La madre de Katniss notó un cambio en Peeta en cuanto lo vio. Su mirada ya no era tan oscura como cuando lo vio por última vez, ahora sonreía y platicaba muy amenamente. Platicaron por horas de lo vivido en el capitolio y en el distrito 4. Prim había empezado a abrir los regalos que les habían traído.
-Te noto diferente, Katniss- le dijo su madre en cuanto fueron a la cocina a preparar café para la merienda.
-¿Diferente? – le sonrió de oreja a oreja.
-Sí… feliz.
-Lo estoy, mamá.
-¿No me digas que todo eso que compraste en el capitolio te ha cambiado?
-Claro que no.
-Nos has traído muchas cosas – le dijo su madre viendo como Peeta abría otra caja y sacaba un vestido dándoselo a Prim.
-Son regalos, Peeta insistió en que les comprara cosas – su madre se le quedó viendo – mamá, nunca había ido al capitolio, ni al distrito 4, es por eso que les trajimos regalos.
-¿Vas a regresar?
-Sí, Peeta está en un tratamiento que lo ayuda a superar sus traumas por los juegos- le contó casi en un susurro.
-¿Y tú lo vas a acompañar?
-Claro, soy su esposa.
-Lo dices como si estuvieras… orgullosa de serlo.
-Mamá, Peeta es una persona muy diferente de la que pensábamos. Tiene problemas debido a los juegos, pero está poniendo todo de su parte para superarlo y yo lo voy ayudar.
A la mañana siguiente, Katniss se despertó muy temprano, había escuchado un ruido y supuso que era Amanda. El día anterior les había dicho que regresaría a ayudarles a guardar todo lo que habían traído y tenía algunas cosas pendientes que hacer en la casa ahora que ellos habían regresado.
Decidió ponerse unos pantalones negros de mezclilla, una blusa azul y se hizo una trenza rápidamente. Dejó a Peeta dormido, sabía que pasaría la mayoría del día en el almacén para ponerse al corriente con todo, así que lo dejó descansar un poco más.
-Buenos días, Amanda.
-Hola, Katniss ¿ya despertó Peeta?
-No, lo dejaré dormir más.
-Bueno, entonces les haré el desayuno para que cuando despierte Peeta pueda subir a desempacar sus maletas.
-Te ayudo.
Empezaron a preparar todo para el desayuno, después de un momento Katniss por fin se decidió hablar.
-Peeta me habló de Rue - Amanda volteó a verla sorprendida – y me llevó al último lugar donde estuvo con ella ¿Alguna vez Peeta te ha hablado de Rue?
-Jamás. Muchas veces le preguntaba por ella, quería saber cómo había estado mi hija durante su estancia en el capitolio pero Peeta nunca me contestaba, simplemente se iba y me dejaba sola. Después de un tiempo, dejé de hacerlo.
-Se siente culpable por su muerte.
-Lo sé, varias veces le decía que no era su culpa, pero él… no me contestaba nada ¿Cómo lograste que hablara de mi Rue?
-Está en terapia – Amanda sonrió.
-Me da gusto, Katniss, Peeta merece ser feliz después de haber vivido toda esa pesadilla en la arena.
Katniss tenía ganas de decirle a Amanda que no nada más era una pesadilla el haber estado en la arena, sino que era mucho más que eso. La pesadilla no terminaba al nombrarlo vencedor de los juegos.
Justo terminando de preparar el desayuno, Peeta entró a la cocina con una gran sonrisa.
-Buenos días –saludo alegremente.
Desayunaron los tres juntos. Amanda se había ofrecido a recoger la cocina, pero Katniss le dijo que ella lo haría, así que Peeta prefirió hacer un poco de pan para llevar al almacén antes de irse.
Amanda subió a la habitación, Katniss y Peeta se pusieron a hacer sus respectivas labores.
-Iré contigo al almacén, quiero hablar con Madge.
-¿Hablar con Madge? Entonces no te veré hasta en la noche – le dijo Peeta mientras rociaba harina en la masa.
-Hace tanto que no hablo con ella. La última vez fue cuando…
-Le dijiste que ya habíamos hecho el amor.
-Cuando me dijo que había conocido a un chico – respondió rápidamente Katniss.
-Espero que ya no haya visto al minero.
-Madge merece ser feliz.
-Su padre jamás permitiría que estuviera con un chico de la veta.
-¿Entonces siempre va a estar sola?
-Claro que no. Su padre quiere que ella salga con chicos pero… no de la veta.
-¿Cómo cuales entonces? Él quería que Madge y tu estuvieran juntos, pero tú eres mío.
Katniss abrió los ojos sorprendida por lo que había dicho, en cambio Peeta sonrió sin dejar de mezclar la masa.
-No lo sé – dijo Peeta al ver a Katniss apenada - Hijos de otros alcaldes. Varios tienen hijos de la edad de Madge.
-Pero si ella no le interesa – continuó Katniss secando los platos recién lavados.
-Katniss, es lo mejor para Madge. Ella está acostumbrada a un estilo de vida muy diferente al nuestro. Ella jamás ha pasado hambre como nosotros.
-¿Qué pasaría si su padre se entera que ella sale con un minero?
Peeta lo pensó un poco.
-Seguro la mandaría a vivir a otro distrito.
-¿Puede hacer eso?
-Claro, el alcalde tiene muy buena amistad con los demás alcaldes de los otros distritos.
Peeta se acercó a ella y le manchó de harina la nariz al verla preocupada – si realmente consideras a Madge tu amiga, convéncela que no es recomendable que salga con un minero. Tendría muchos problemas.
Peeta la acercó hacia él apretando el trasero de Katniss dejando huellas de harina con sus manos sobre su pantalón negro.
-Peeta.
-¿Qué?
-Amanda puede bajar en cualquier momento y ver que… - Katniss se sacudía la harina de su trasero.
-¿Ver qué? – se reía Peeta volviendo a manchar sus manos de harina.
-Que me estas manoseando.
-¿Manoseando yo? Ni que te hubiera hecho esto – Peeta puso sus manos en los senos de ella, dejando otra vez huellas de harina en su blusa azul.
-¡Peeta!
-Deberías ir así al almacén, te ves bien – Katniss le dio un manotazo.
-Tonto, Amanda nos puede ver.
-¿Y qué? Estamos en nuestra casa – Peeta empezó a besarla en el cuello apretando de nuevo el trasero y volviéndolo a ensuciar de harina- aquí podemos hacer lo que nosotros queramos, para eso es nuestra casa y no te debe de dar pena que yo toque…
-¡Peeta!
Habían hecho el amor tan rápido en el cuarto de lavado y todo por estar escondiéndose de Amanda, pero les había parecido divertido. Esa sensación de poder ser sorprendidos les parecía excitante.
Se dieron un baño juntos y se fueron al almacén tomados de la mano. Madge casi salta encima de ellos emocionada de verlos juntos y contentos. Platicaron un poco y Katniss les entregó unos obsequios del Distrito 4, tanto a Madge como a Darius.
-Tenemos mucho de qué hablar – le dijo Darius a Peeta.
-Bueno, entonces Katniss y yo nos vamos…
-Un momento jovencita – la detuvo Darius – le tienes que explicar a Peeta porque autorizaste a una persona a trabajar medio turno.
Peeta vio a Madge y levantó la ceja.
-No te enojes, es que realmente necesitaba el trabajo.
-Muchas mujeres necesitan el trabajo, Madge, pero no puedo pagarles a todas. Recuerda que el salario de todos los del almacén viene directamente del bolsillo de Haymitch y mío, no del Distrito.
Katniss se sorprendió, eso ella no lo sabía.
-Lo sé ¿me perdonas?
-Debes de avisarme cualquier contratación que hagas.
-Lo prometo, no vuelve a pasar.
-De acuerdo.
Madge se dio la media vuelta y jaló del brazo a Katniss para salir lo más rápido posible del almacén.
-¿A dónde vamos?
-Al bosque.
-¿Qué? – Se detuvo en seco Katniss – no, Madge, yo no…
-Es importante. Peeta no lo sabrá.
-Pero…
-Katniss, confía en mí.
Madge corrió hacia el bosque, así que Katniss la siguió. Cuando cruzaron la cerca, Katniss se sorprendió de lo familiarizada que estaba Madge en ese lugar.
-Madge, no puedo estar aquí, si Peeta…
-¿Recuerdas que te dije que había conocido a un chico?
-Sí, acerca de eso, Peeta me comentó que no es recomendable que…
-Hola, Catnip, regresaste.
Katniss se quedó paralizada. No, no podía ser cierto, Gale ahí. Ahora que su relación con Peeta estaba más que perfecta, de nuevo lo iba a echar todo a perder. Quería correr.
-¿Cómo estás?
Volteó poco a poco y se encontró a su amigo desde la infancia. Él le sonreía como lo hacía antes de ella se casara, como cuando salían juntos al bosque a cazar y no como la última vez que lo había visto. Se puso tensa, la última vez que lo vio, él la había besado.
-Katniss – la llamó Madge.
-Tengo que irme - Katniss caminó unos pasos.
-Espera – la detuvo Madge.
-No puedo, Madge, no puedo… - le decía nerviosa.
-Tranquila, Catnip.
-¡No me llames así!
-Sé que te debo una disculpa por lo que pasó la última vez que nos vimos.
-Katniss, escúchalo, por favor.
-¿Se conocen? – le preguntó Katniss a Madge confundida.
Madge le sonrió y se puso a un lado de Gale tomándolo de la mano. Katniss abrió los ojos y la boca sorprendida.
-Nos conocimos aquí en el bosque – le dijo Madge viendo a Gale completamente enamorada – y desde entonces he sido la mujer más feliz del mundo.
-Él… ¿Gale es el minero que conociste?
-Sí.
Katniss se tomó la cabeza con las dos manos en completo shock. Iba dispuesta a hablar con Madge para aconsejarle lo que le había dicho Peeta pero ahora todo cambiaba.
-Madge ¿me dejas hablar un momento con Katniss? – le preguntó Gale cariñosamente.
-Claro.
Madge le dio un beso a Katniss en la mejilla, indicándole que todo estaba bien, y caminó unos cuantos metros alejándose de ellos. Gale se quedó un momento en silencio viendo que Katniss seguía nerviosa volteando de un lado a otro.
-Me dijo Madge que tu esposo te había llevado al capitolio porque…
-Sí, porque supo lo que pasó entre nosotros. Supo que tú…
-Perdóname. Estaba muy enojado contigo.
-¿Enojado? ¿Por eso me besaste? Y ahora – volteó hacia donde estaba Madge recargada en un árbol – estas con Madge ¿A qué estás jugando?
-Me conoces, Katniss, sabes que jamás le haría daño a una chica y menos a Madge.
-Creí conocerte, pero la última vez que te vi, eras otra persona.
-Lo sé y estoy muy arrepentido.
Katniss se removió incómoda y aun nerviosa.
-Tantos años que estuvimos conviviendo juntos, pensé que estaba enamorado de ti, pero ahora – volteó a ver a Madge – ahora entiendo que eso no era amor. Te quiero, Catnip, te quiero como mi mejor amiga, siempre serás una persona importante en mi vida.
-¿Estas enamorado de Madge?
-¿Puedes creerlo? – Sonrió Gale – yo enamorado de la hija del alcalde – de nuevo volteó a ver a Madge que jugaba con una mariposa que se había detenido en su mano – cambio mi vida, Katniss, ella es todo lo que no soy, ella me complementa.
Katniss lo veía sorprendida.
-Sabemos que nuestra relación no es fácil, pero la verdad, no me importa. La amo y no me quiero separar de ella jamás.
-Gale – negó con la cabeza Katniss sabiendo que su amigo iba a sufrir mucho al enamorarse de Madge.
-Katniss, tu eres mi amiga, por favor, perdóname por lo idiota que fui y por haberte puesto en problemas con tu esposo.
Katniss reconoció a su amigo de toda la vida y sabía que decía la verdad. Sabía que realmente estaba arrepentido. Se puso en su lugar ¿Qué hubiera hecho ella si Gale se hubiera casado con Madge para salvar a sus hermanos de la cosecha y la hubiera dejado sola en el bosque?
-¿Sabes en la cantidad de problemas que estarían los dos si se sabe lo de ustedes?
Gale suspiró fuertemente y se despeinó el cabello.
-Sí. Vamos a esperar un tiempo…
-Gale, el padre de Madge jamás permitirá que salga contigo. Peeta me dijo que lo más seguro es que la mandé a vivir a otro distrito – Gale abrió los ojos sorprendido – y no me quiero imaginar lo que te haría a ti.
-La amo, Katniss, y no me quiero separar de ella nunca.
-Oh, Gale – le dijo Katniss preocupada.
Se quedaron viendo por unos segundos.
-¿Tu como estas?
-Bien.
-Madge me ha dicho que tu esposo no es una mala persona.
-No, no lo es, pero…
-No me soporta – sonrió Gale.
-Me tiene prohibido verte.
-¿Es por eso que estas tan nerviosa?
-Sí.
-No te preocupes, aquí no hay nadie más que nosotros. Si hubiera alguien más, Madge seguro no podría regresar al bosque y yo estaría muerto.
-No digas eso, pero aun así, no quiero problemas con Peeta.
-Debo irme a la mina, tengo el turno vespertino. Me da gusto que hayas regresado y que te encuentres bien. Espero que algún día puedas perdonarme.
-Gale, tu eres mi amigo, claro que te perdono, pero me preocupa mucho tu situación y la de Madge.
-Hemos estado bien hasta ahora. Las únicas personas que saben de lo nuestro eres tú y la nana de Madge – Katniss se frotó los hombros insegura y preocupada -Debo irme ¡Madge!
Madge se acercó a ellos corriendo. Gale le dio un beso en la boca de despedida.
-Te veo mañana.
-Sí, aquí te veo – le contestó Madge con una sonrisa.
-Adiós, Katniss.
-Vamos, dense un abrazo, hace mucho que no se ven – los alentó Madge.
Katniss sonrió, en realidad extrañaba a su amigo y deseaba que él fuera tan feliz como lo era ella con Peeta, aunque su situación era completamente diferente. Se abrazaron por un momento, volviendo ese sentimiento de amistad entre ellos.
Cuando Gale se fue a trabajar, Katniss vio a Madge con preocupación.
-Sí, lo sé, esto es extraño, pero lo amo, Katniss.
-Madge, por Dios – le dijo Katniss jalándola del brazo para salir del bosque.
-Por favor, Katniss, no se lo vayas a decir a nadie, ni siquiera a Peeta, él es amigo de mi padre.
-Tú sabes en la situación que estoy con Peeta respecto a Gale.
-Por eso mismo. Nadie debe de saberlo.
-Tal vez si Peeta sabe que entre Gale y tu…
-¡No! – Chilló Madge – conozco a Peeta, seguro apoyaría a mi padre.
Katniss suspiró, era verdad, Peeta le había dicho que no era recomendable que Madge anduviera con un minero, pero ella jamás se imaginó que ese minero era precisamente su mejor amigo a quien Peeta no soportaba. Todo era un lío.
-Katniss, tu eres mi única amiga, nada me hubiera costado ocultártelo a ti también, pero era algo que quería hacer. Gale te quiere como una amiga y sé que tú también lo quieres a él. Los dos confiamos en ti.
-De acuerdo – dijo Katniss no muy convencida – no diré nada.
-Gracias – la abrazó Madge.
-Madge, le prometí a Peeta que iba a hacer todo lo posible para que confiara en mí. Si se llega a enterar que he visto a Gale y que he estado en el bosque.
-No lo sabrá. Te prometo que Gale y yo no te daremos problemas con Peeta.
-Bien.
-Ahora vamos a mi casa para me que cuentes todo sobre tu luna de miel ¡Todo!
-Y tú me contaras qué demonios estabas haciendo en el bosque.
Para cuando Peeta y Katniss regresaron a su casa, el atardecer estaba en todo su esplendor. Peeta le dijo a Katniss que ese era su color favorito, el anaranjado del atardecer, así que entraron a su casa en medio de una plática acerca de los colores.
-Mira, Amanda nos dejó lista la cena ¿Tienes hambre?- le preguntó Katniss.
-La verdad no, pero tengo ganas de besarte, te extrañé todo el día.
Katniss sonrió y no pudo evitar el sentirse nerviosa. Le estaba ocultado el hecho de haber visto a Gale en el bosque y la relación de él con Madge. Se mordió el labio ¿estaba haciendo bien? Por un lado estaba sus mejores amigos y por otro, Peeta.
Correspondió el beso que le estaba dando él, por la manera en que estaba besándola era obvio que quería hacer el amor y ella también lo quería, mas bien, lo necesitaba urgentemente para aclarar un poco su mente. Al menos si estaba bien con Peeta, estaría tranquila por un momento.
-¿Vamos a la cama? –Peeta empezó a desabrocharle los botones de la blusa.
-¿Te gustó hacerlo en el cuarto de lavado? – le preguntó Katniss con un brillo en los ojos, y al igual que él, empezó a desabrocharle el botón pero de su pantalón y bajándole la cremallera.
-Sí, claro ¿Qué estas pensando?
Katniss lo empezó a empujar hasta hacerlo caer en el sillón de la sala.
-¿Aquí? – sonrió Peeta de oreja a oreja.
-¿No decías que estábamos en casa y que podíamos hacerlo donde queramos? – Katniss se acostó arriba de él metiendo sus manos por debajo de la camisa.
-Por supuesto que sí, podemos hacerlo donde queramos y cuando queramos.
-¿No te da pena?
-Para nada.
Empezaron a besarse apasionadamente. Las manos de Peeta subían y bajaban por todo el cuerpo de Katniss y ella intentaba meterle la mano dentro de su pantalón, cuando de pronto:
-Katniss.
Los dos dejaron de besarse y voltearon hacia la puerta al mismo tiempo. La madre de Katniss estaba parada justo en la entrada de la sala viéndolos. De inmediato se levantaron. Peeta se abrochaba el pantalón rápidamente escondido detrás de Katniss.
-Perdón, la puerta estaba abierta. Toque un par de veces.
-Sí, claro, mamá, no…no hay problema – le decía Katniss tratando de acomodarse el cabello, pero cuando volteó a ver a Peeta tuvo ganas de soltar una carcajada. Su cara era un poema, estaba completamente rojo y podía jurar que estaba pidiendo a gritos un rayo directo en su cabeza.
-Katniss ¿puedo hablar contigo?
-Yo… yo voy a… a… estar… arriba – les dijo Peeta casi tartamudeando y viendo a todos lados menos a los ojos de la señora Everdeen –con permiso – y subió corriendo.
-Abróchate la blusa.
Katniss bajó la mirada en su blusa, la cual estaba completamente desabrochada. De inmediato empezó a abrocharla.
-¿Qué pasa, mamá?
-Katniss, se trata de Gale.
Katniss abrió los ojos asustada, imaginándose lo peor al ser descubierto al lado de Madge. Le entró el pánico ¿y si también se enteraron de que ella estuvo con ellos en el bosque? No, no, por favor.
-Hubo una explosión en la mina en el turno vespertino. Gale está muy grave, podría morirse.
¿Cómo ven al Peeta que nada le da pena? ¡Lo cachó la suegra en plena movida! jejeje.
Sé que algunos no quieren a Gale pero pobre Madge ¿no? Recuerden que nadie sabe lo de ellos solo Katniss y la nana ¿que hará Katniss? ¿Ayudar a sus amigos? ¿y Peeta?
Espero sus comentarios.
Fran justo estaba revisando el capitulo cuando recibí tu nuevo review, solo dije "ya voy Fran, ya voy" jejeje.
Saludos a todos.
