Color Dulcamara: Inocencia.
●Levi Ackerman.
Aunque ninguno de los dos ha sido capaz de decir abiertamente todo lo que en verdad siente, esta última platica profunda logro aligerar las cosas, entre entendimientos y un poco más de paciencia. Posiblemente no hago más que pedirle más de lo que ha llevado dándome estas últimas temporadas. Paciencia y tiempo.
Soy cruel.
Él lo toma como algo positivo, un peso menos de encima, al menos por el momento, aunque yo no hago más que alargar el tiempo una vez más, eso no me consuela, al contrario no deja de hacer que me tense cada vez que se acerca.
Trate de ser lo más sincero posible y creo que él también, saber en qué parte de este juego nos encontramos hace que ambos podamos movernos mejor. O al menos eso es lo que yo pienso.
Actualmente este viaje a servido para que bajemos la guardia y nos relajemos, suponemos que ninguno corre realmente peligro alguno, volvemos a las viejas tradiciones y nuestro pequeño enfrentamiento de hace poco simplemente ha pasado a un tonto recuerdo. Al menos él lo lleva de esa manera, comportándose cariñoso e incluso empalagoso.
—¿Vas a querer algo en específico para la comida? —pregunto.
No sé si es algún tipo de nuevo fetiche extraño, pero ha tomado el hábito de venir a perderse a la playa, sentarse y no hacer más que mirar el agua correr hasta sus pies, no nada ni hace algún tipo de actividad, solo se abraza a sí mismo y mira el horizonte.
—Estar aquí no me da tanta hambre. —responde sin verme.
La luz de un amarillo diluido hace que se note pálido pero con un ligero sonrojo rosado en las mejillas y el cuello, el cabello lo tiene sudado y pegado a las sienes, aunque unos mechones se niegan a estar quietos mientras el viento hace un juego de ellos. Sus ojos lucen casi dorados con esta luz, brillantes y casi emocionados.
—No es que tengas hambre, debes comer. —aclaro.
—Ya sé. —suspira y deja caer la barbilla entre las rodillas.
—Ve a darte un baño, iré a comprar algo.
—Quiero ir. —se levanta más rápido de lo que espero.
Al parecer el ejercicio y actividad le sirvieron mucho, tiene un poco más de forma y resistencia, incluso parece más energético, hasta las sesiones de spa hicieron maravillas con él, entre arreglarle desperfectos naturales como resaltarle algunos atributos que tenía escondidos.
—Estás sudado y lleno de arena. Has caso.
Arquea una ceja, como si estuviera burlándose.
—Me daré un baño e iré contigo. ¿Si?
—No tienes remedio. —comento y él sonríe.
§
Una vez leímos un cuento sobre los hilos que se crean alrededor del mundo, hilos que unen a las personas, seres queridos, amigos, la persona con la que pasaras el resto de tu vida, así como hilos iguales al tiempo que pasaras en esta vida y cosas similares. A Eren le pareció muy interesante y durante mucho tiempo se dedicó a buscar esos hilos con la mirada, tratando de averiguar que hilos tenia él, porque en ese relato había gente que sufría por la falta de cierto hilo y por supuesto tenía miedo de que alguno le hiciera falta.
—Tú no puedes ver hilos. —le dije una vez cuando trataba de averiguar si los hilos iban por tierra o por el aire.
—¿Por qué? —pregunto un tanto lleno de pánico.
—Porque son invisibles. Si las personas pudiéramos verlos, la gente tendría que manipularlos y sería un caos el mundo entonces.
Se quedó pensando durante un buen rato sentado en la sala, de vez en cuando mirándose las manos y dibujando.
—Además ¿Para qué querías ver tú un montón de hilos colgando por el cielo?
—¿Quería ver el color de nuestro hilo? Porque nosotros tenemos un hilo juntos ¿No? Y quiero saber qué color es.
—¿Eso importa acaso?
Se encogió de hombros, al ver que para mí era un tema sin importancia e intento hacer lo mismo, solo para que no tuviéramos una discusión acerca de los hilos invisibles.
—Sería divertido. —luego de eso el tema quedo por zanjado y aunque siguió con su tarea, no volvió a mencionarlo frente a mí.
Si esos hilos realmente existieran, ¿Qué hilo nos uniría? Si es que tuviéramos un hilo.
§
La cena es sencilla, al ir al supermercado ninguno tuvo apetito realmente por algo por lo que simplemente tomamos latas de sopa y terminamos por meterlas al microondas, no es lo más saludable y ni siquiera me gusta lo enlatado, pero por esta ocasión nos damos ese lujo para gastar.
Él tiene la idea de desvelarnos viendo películas y series, así que luego de elegir frituras, soda y golosinas vamos a un centro de DVD's donde tiene total libertad de elegir lo que le venga en gana, yo no soy fan de la televisión ni parecido, estoy más ocupado por otras cosas.
—Tengo tres que son de terror, una de comedia, otra un musical, otra es romántica, aventura y una… creo que es algo de detectives del siglo pasado. —dice mostrándome los videos. —¿Qué te parece?
—Tú eres el experto. —digo.
—Eres tan divertido. —resopla dando media vuelta. —Me quedaré con… estas cinco. ¿Si? Creo que nos dará tiempo, a veces solía quedarme hasta tarde en la universidad viendo películas con Farlan.
—¿A eso ibas a la escuela? —tomo un DVD de una de las estanterías y leo la sinopsis.
—También tenía tiempo libre y más los fines de semana y las vacaciones. —al mencionar esto suena un poco melancólico. —Luego de la prepa, Farlan era el único que se quedaba conmigo en las vacaciones.
—¿Ah, sí? ¿Un amigo?
—Sep. Algo así. —esta vez baja la voz una octava, dejo el DVD en su lugar y le miro. —¿Qué te parece esta? El título es aburrido, igual que tú. —se ríe, deja el video y se va a pedir los que lleva en la mano.
Ahora que lo pienso, creo que jamás he conocido una amistad de él fuera de Armin. Creo que ni siquiera supe si realmente tenia amistades, jamás fue social en la primaria ni en la secundaria y parte de la preparatoria que estudio acá tuvo problemas por eso.
Su mundo no solo se limita a nosotros y su vida conmigo. Debo recordarlo.
De regreso me lee las sinopsis de los videos que ha elegido y me pregunta por cual veremos primero, como no me llama ninguna la atención elijo la de la portada más llamativa, no sé si por las letras o por la tétrica protagonista.
—¿Te parece si nos quedamos en el suelo? Podemos traer un colchón y poner la mesa de centro allí con las golosinas.
Asiento y digo que yo me haré cargo del colchón mientras él prepara el resto de cosas para comer.
Con un montón de sabanas, almohadas y cobijas hacemos lo que parece un fuerte para niños que desean vivir en un castillo de juguete, ponemos la mesa y la llenamos de tazones de golosinas, dulces y frituras, luego los vasos llenos de refresco.
Me siento muy ridículo haciendo todo esto, estoy bastante mayor para estar jugando a las pijamadas, pero no digo nada, dejo que haga lo que se le plazca siempre y cuando deje la triste actitud que tenía antes, necesito que permanezca feliz.
—Bien, en realidad la película es más de suspenso que de terror pero por si las dudas necesito esa almohada. —señala la que tengo a un lado.
—¿Tienes miedo? —pregunto casi burlándome.
—Un poco sí, pero… sonaba interesante la sinopsis. —me sorprende que lo admita, de manera acobardada pero lo hace.
—Ok.
Mete la película en el reproductor y con el control remoto se acerca hasta el colchón y le da play para que se empiece a reproducir, aprieta la almohada contra su cuerpo y se acomoda, poniendo el vaso de soda entre sus piernas y acercándose un tazón con bolitas de queso.
No entiendo de que va la trama de la película luego de casi hora y media de reproducción, pero Eren ha gritado al menos seis veces seguidas, echándoseme encima y apretándome los brazos, de repente se esconde debajo de una de las sabanas, pero sabiendo que estas no logran protegerlo realmente vuelve a salir.
—¿Quieres quitarla? —pregunto para que deje de hacer tanto drama.
Al estar tan pegado a mi siento el temblor que emana, incluso parece que el aroma a shampoo y jabón cobran fortaleza cada que se mueve.
Niega lentamente y se pega más, buscando protección de un monstruo que obviamente no va a atacarlo pero que su mente ya ha identificado como posible enemigo.
Le abrazo pero no parece darse cuenta, solo respinga cuando algo pasa en la pantalla, grita cuando tiene que hacerlo y se esconde cuando algo malo va a pasar, como la monstruosa muerte de la protagonista o el monstruo de fantasía.
Cuando termina, él está sudando en frio y temblando.
—Realmente eres cobarde. —comento, se separa lentamente y me mira con los ojos llorosos.
—Lo siento, no creí que me asustaría tanto. —se talla los ojos y toma el vaso de refresco, luego bosteza y vuelven a caer lágrimas de sueño.
Son apenas las once de la noche.
—¿Te traiciona el metabolismo? —me aseguro de quitar el DVD y apagar el reproductor.
—¿Qué haces? Sigamos.
—Tienes sueño.
—Podemos dormir hasta tarde, pon la otra.
Parece un niño, cruzado de piernas, con la cara soñolienta, el cabello revuelto, envuelto en una sábana rosa y exigiendo ver más televisión fuera de la hora acordada.
—No me haré responsable si terminas dormido aquí.
—Ash. —rueda los ojos. —Pon esa, parece más divertida.
Asiento y abro el estuche de color rosado y verde, él con el control remoto hace que el video se empiece a reproducir.
Cuando tomo asiento se vuelve a acurrucar conmigo, acomodando su cabeza en mi hombro y bostezando de nuevo, casi puedo apostar que va a caer dormido en cualquier instante de la película.
Esta vez trato de poner más atención, es una película boba de romance y comedia, así que a veces nos reímos de las tonterías y otras tratamos de no ponernos a tarareas las pegajosas canciones cada que pasa un giro intenso en la trama, son bobas pero muy fáciles de aprender.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —se gira sin despegarse de mi hombro.
Huele a queso y chocolate con malvaviscos.
—¿Qué? —al girarme sus ojos empiezan a perforarme con intensidad.
—Si te pidiera que me besaras… ¿Lo harías?
En una parte de la película la protagonista le ha preguntado lo mismo a su mejor amigo y este le ha dicho que quizás como un favor lo haría.
—No. —respondo y vuelvo mi atención a la película, que de repente ha perdido toda gracia.
—Claro, porque sería como besar a tu hermano menor. ¿No?
—No, sería como besar a mi único hijo.
Respinga.
—Eso duele.
—Lamento eso.
—¿Ni siquiera como un favor? —dice repitiendo la frase de la película.
—¿Qué tipo de favor sería ese?
Se levanta y me mira fijamente, no sé si está hablando en serio o en broma.
—Un favor especial. —menciona. —Uno para mí. —¿Eso que ha hecho es un puchero?
En un instante, solo un par de segundos, lo que dice me hace sentir avergonzado, mi mente transforma sus palabras y manera de moverse en un doble sentido que no creí que poseyera. Siento escalofríos y tengo que moverme, fingir que tomo un par de gomitas agridulces para recuperar la compostura.
Los rebotes de mi corazón me llegan hasta los oídos.
—No lo sé. —dejo salir, aunque no estoy convencido de que he sido yo quien lo ha dicho.
Sonríe con picardía y vuelve su atención a la película, mete las manos en el tazón de gomitas y se lleva varias a la boca, luego bebe del refresco y lanza un leve eructo.
De nuevo pierdo la atención completa de lo que resta la película, por un momento muy largo ha logrado desconcertarme y dejarme a la deriva, por primera vez me siento desnudo.
Recuerdo que antes me ha besado solo una vez, en un impulso, solo fue como un reto o algo por el estilo, nada serio, algo que no requería mi atención. A veces algunas madres o incluso padres besan a sus hijos en los labios pero es una tradición un poco extraña que ignoraba.
Siento que me desborono, intento detenerme, tratar de recuperarme, ¿Cómo ha sido posible que un mocoso idiota haya logrado desbancarme tan rápido?
Niego lentamente y trato de ver el final de la película, aunque como una buena comedia musical, ambos personajes terminan sonriendo a la pantalla y abrazados, antes de los créditos Eren quita el video y pone el siguiente.
—Esta me gusta, es de superhéroes.
—¿Superhéroes? —pregunto distraído.
—Ajá, salió hace un año si no me equivoco. Fui a verla al cinema de la escuela, fue muy buena.
A él le gustan los superhéroes, a él le gustaba jugar en la bañera con el pato de hule y pensar que era un héroe que rescataba personas en el agua.
El comentario hace que aterrice de nuevo, claro. Eso está bien, suspiro aliviado.
Termino equivocándome, Eren resiste toda la madrugada viendo las películas y una serie corta, terminamos con las golosinas y el refresco, completamente acostados en el colchón y de repente haciendo comentarios tontos al respecto de lo que hemos visto, nos turnamos para cambiar el DVD e ir por leche y galletas a la cocina, incluso nos detenemos de vez en cuando para ir al baño o por servilletas porque tenemos los dedos llenos de queso.
Una vez que el sol empieza a salir, los ojos me arden y me siento cansado, con los músculos adoloridos y los huesos rígidos, nos quejamos y hacemos un concierto de truenos de articulaciones, suspiramos y terminamos por ver el desastre en la sala con lastima. Nadie quiere hacer quehaceres ahora, necesitamos dormir.
—Levi.
Me detengo a mitad de la escalera con cara de pocos amigos, estoy cansado, no creo que pueda hacer nada más en este instante, solo pienso en las almohadas y en la cama.
—¿Qué?
—Quiero pedirte un favor.
—Habla rápido, pienso que puedo quedarme dormido igual a una jirafa.
Se ríe pero es más por compromiso.
—Bésame. —antes de que pueda contestar se adelanta a hablar. —Es un favor ¿Recuerdas? Nada de compromisos, quiero saber si…
Su cara se tiñe de rojo, el peso de sus palabras está haciendo efecto.
—Si… si ambos podemos sentir algo con eso. —las palabras salen atropelladamente de su boca, tiene que agachar el rostro para que la vergüenza no lo golpee tan fuerte, pero sé que está temblando y realmente nervioso por la respuesta que pueda recibir.
—¿Qué ganarías con eso?
No alza el rostro, simplemente cambia la mirada a otro punto.
—Muchas cosas. —susurra. —Pero, al menos tendremos un punto de partida. Por favor.
Respiro y trato de que el cansancio no me gane, aunque no creo estar seguro. He tendió desvelos muy largos, pero este en particular ha sido incómodo.
Aunque ¿En serio es el cansancio lo que me está ganando ahora?
—¿Por qué?
—¿Por qué? Bueno…—se toma los bordes de la sudadera y se enreda los dedos. — Me gustaría que fueras mi primer beso real.
Siento los parpados pesados pero también me siento un tanto abochornado por su atrevimiento.
—¿Tiene que ser ahora? —mis palabras hacen que alce el rostro un tanto esperanzado.
—Eh, bueno… creo que no.
—¿Crees?
—Preferiría que ambos… durmiéramos un poco ¿no?
—Es una buena idea.
Nota:
Ok, espero que de cierta forma esto no haya salido tan forzado. Pero tengo tantas ideas en la cabeza que no supe que transcribi x'D lo siento. Pero necesito que pasen ciertas cosas.
Gracias por leer.
Parlev.
