"¿Qué quieres decir con eso de que puedes hacer algo?" preguntó Sam, ya que su hermano parecía haberse puesto en modo pasota.

Castiel dio un paso hacia los hermanos y los miró a los dos alternativamente. "No es seguro que funcione pero se que algunos de mis hermanos pueden hacer "cosas" dentro de la mente de los humanos."

"¿Cosas? Cass sinceramente, no estoy de humor para chistes verdes." Dijo incorporándose lo mejor que pudo en la cama. "¿Te importaría hablar un poco mas claro?"

"Os lo puedo demostrar."

"Así que quieres convertirnos en tus conejillos de indias ¿o es solo a mi por haberte dicho todas esas cosas feas?" El tono de retintín de Dean no pasó desapercibido ni por su hermano ni por el ángel, pero ninguno dijo nada al respecto, porque los dos comprendían lo mal que lo estaba pasando el cazador.

"Solo quiero ayudarte, a estas alturas deberías saber que no quiero hacerte daño." Castiel miró con tanta fuerza al cazador que Dean no pudo evitar estremecerse al encontrarse con esos penetrantes ojos azules clavados en él. "Lo he dejado todo por vosotros, me he enfrentado a mis hermanos para ayudarnos a detener a Michael. No creo que merecerme ese trato ahora por tu parte."

Dean se mordió el labio para no contestar, podía decirle a Castiel que no le había protegido bien, que por su culpa estaba en el hospital y que por su culpa podría no volver a caminar nunca. También podía decirle que en lugar de protegerle a él, tendría que estar cuidando de su hermano para que Lucifer no se acercara a él. Pero no lo hizo, no dijo nada de eso, porque en el fondo se sentía el más culpable de todos, era su especialidad, era un Winchester después de todo y si algo sabía hacer bien su familia, era sentirse culpable y proteger a sus seres queridos hasta la extenuación o en su caso, hasta la muerte.

"Muy bien," Dijo Sam poniéndose entre los dos. "¿Qué tal si hacemos una tregua y terminamos con esto de una vez?"

"¿Qué quieres que hagamos? ¿Nos damos las manos y cantamos alguna plegaria?"

"Dean, ya es suficiente." Dijo Sam, clavando los ojos castaños en su hermano. "Cass está aquí para ayudarte, ya que no dejas que yo lo haga. Se que estás herido por lo que Rebeca dijo de papá, yo también lo estoy, pero también se que eras mucho más cercano a él de lo que yo fui nunca. Así que por favor, deja que la gente que realmente te quiere, se preocupe por ti y te cuide."

Dean se quedó sin palabras, desde luego estaba siendo un dolor de cabeza para todos y aunque no lo hacía de forma consciente, no lo podía evitar, se trataba de sacar toda la ira que tenía metida dentro, todo el dolor, la desesperación por no poder volver a caminar de nuevo, por convertirse en un estorbo para Sam. Temía que su hermano se marchara, que lo dejara abandonado en cualquier hospital, porque después de todo se había convertido en un lisiado y desde luego ya no era un cazador. En cuanto a Castiel, cada vez que miraba al ángel, veía al amigo que lo había dejado todo por él y como le había fallado sin remedio. Ahora sus hermanos lo querían muerto y Dean estaba atado a un cama, o a una silla de ruedas. Se odiaba a si mismo, no a la gente que quería o a los que lo querían; pero por supuesto, jamás diría algo semejante en voz alta.

"Lo siento." Dijo Dean en poco más que un suspiro, pero lo bastante alto como para que Sam y Castiel lo escucharan y al menos Sam sonriera satisfecho. "Prometo ser un chico bueno y hacer caso a lo que papá Sam y papá Castiel me digan."

"Mira que puedes llegar a ser gilipollas Dean."

"Y tu has aprendido muy bien la lección Sammy." Una pequeña sonrisa en el rostro de Dean es todo lo que consigue Sam para animarlo, pero para el menor de los hermanos es suficiente. "Cass, se que he sido un imbécil pero…"

"Ya te he dicho que no importa. Siempre has dicho que somos amigos, que soy parte de tu familia."

Castiel se preguntó si estaba bien al cazador sonrojarse pero no se molestó en preguntar, ya conocía bastante bien a Dean como para saber que el cazador no era de los que expresaba sus sentimientos fácilmente.

"Entonces ¿Qué supone que tenemos que hacer?" Preguntó Dean, mucho más calmado esta vez.

Sam se sentó en al cama junto a él y en un movimiento reflejó tomó su mano, no como lo haría con una víctima en peligro, no como con una chica que le gustara de verdad, si no con un tremendo sentimiento de amor y miedo por su hermano. Si volvía a perderlo, o peor aún, si no conseguía recuperar al Dean de siempre… no estaba seguro de poder perdonárselo a si mismo nunca.

"Es necesario que te relajes." Castiel caminó hacia la cama. "Tu mente tiene que estar abierta y dispuesta a ver cosas que tal vez no te gusten."

"No es un buen principio Cass."

Todavía en la cama junto a Dean, Sam apretó su mano para que no volviera a encerrarse en si mismo otra vez.

"Lo se, pero no voy a mentirte, este viaje por tus recuerdos será doloroso seguramente." Dean se estremeció en un gesto casi imperceptible, si no fuera porque Sam tenía atrapada su mano con la suya y notó, aunque se mantuvo en silencio, ni siquiera lo miró a los ojos. "Es muy probable que tengáis recuerdos que hayáis preferido olvidar y pueden salir a luz."

Dean estaba seguro de eso, había vivido mucho, había sufrido más de lo que estaba dispuesto a reconocer y era cierto, había muchas cosas, tal vez demasiadas, que había preferido olvidar para no hacerse más daño todavía.

"¿Yo también lo veré?" Preguntó Sam con cierto temor en la voz.

"Si quieres ir con tu hermano, verás los mismos recuerdos que él, ninguno podréis hacer nada cambiarlo porque no son nada más que recuerdos. Pero lo que sintáis al verlo, será completamente real."

Los dos hermanos respiraron profundamente al mismo tiempo y se volvieron para mirar al otro y preguntarse con una sola mirada, si realmente estaban preparados para hacer eso y recapitular algunos momentos nada agradables de sus vidas. Los dos asintieron. Sin embargo, Sam pudo ver, sin que su hermano llegara a decirle absolutamente nada, que Dean estaba muerto de miedo, tal vez más que él.

"Estamos listos." Dijo finalmente Dean. "Quiero ver de una vez por todas quien era realmente mi padre y si lo que gente como Rebeca es cierto."

"Muy bien." Castiel se acercó a ellos y colocó la mano sobre la frente de los dos al mismo tiempo. "Cerrad los ojos. Dean piensa en lo que necesitas saber y tu mente te llevará donde necesites."

"¿Y si queremos volver?"

"No será posible hasta que tengáis lo que habéis ido a buscar."

Dean quería echarse para atrás, no quería perderse en sus recuerdos y descubrir que su padre no era el hombre que siempre había creído o que el mismo había sido el peor hermano del mundo. Tal vez vista desde fuera su vida, fuera algo terrible y no se había dado cuenta nunca. Le aterraba llegar a la conclusión que había convertido la vida de su hermano en lo que era ahora, en lugard e permitirle ser un chico normal.

Sin embargo, la voz de su hermano, le sacó de sus pensamientos. "Dean, se que necesitas esto desde hace mucho. Hemos pasado por tanto y aunque no te lo creas has cambiado mucho en estos años. Creo que estás perdido, mucho más que yo y aunque esto sea duro, creo que tenemos que hacerlo, tengo que hacerlo por ti; pase lo que pase, veamos lo que veamos, sobretodo tu, necesitas ver a papá otra vez."

"Sammy…"

"No se te ocurra ponerte sentimental ahora Dean, porque eso no va contigo, deja que si alguien tiene que llorar sea yo." Dean sonrió y le dio un pequeño puñetazo en el hombro a su hermano.

"¿Cuándo te has vuelto tan listo?"

"Siempre lo he sido, Dean, siempre he sido más listo que tu."

Sam se sorprendió cuando en lugar de protestar, Dean tan solo le sonrió y le dio una palmada en la mejilla. Definitivamente, Dean había cambiado, aunque Sam todavía no estaba seguro si era para bien o para mal.

"Cuando estéis listos."

"Lo estamos." Dijo por fin Dean y los dos hermanos cerraron los ojos.

O –

No pasó nada, no sintieron como si cayeran por un abismo, no vieron una luz al final del túnel, no escucharon nada. No pasó aboslutamente nada y Dean estaba convencido que cuando abriera los ojos, seguirían estando en la misma habitación de hospital.

Sin embargo, una voz llamó su atención, una voz que hacía demasiado tiempo que no escuchaba y que jamás esperaba volver a escuchar.

"Vamos Sammy, vas a llegar tarde a tu primer día de colegio."

Dean abrió los ojos de golpe y a punto estuvo de perder el equilibrio al ver a su padre entran en la habitaicón, con una bolsa al hombro, Dean estaba seguro que tendría armas y tras él se vio a si mismo, si era él, era Dean, con un bol de cereales en la mano.

"Sammy, te he preparado el desayuno, son tus favoritos." Dijo el pequeño Dean.

"Eres tu." Dean se dio la vuelta, el Sam adulto estaba a su lado mirando fijamente la escena, con la misma cara de sorpresa que él.