¡¡Hola!! Ya he vuelto. ¿Cómo les va? La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, así que supongo que estarán tan felices como yo.

¡Fuera examenes durante un tiempo! Vaya milagro.

En fin, espero tener tiempo para actualizar algunos capítulos más antes de volver a la rutina de siempre.

Ya llevo unos nueve meses con este fic y me hace mucha ilusión. )

¡Espero que dure mucho más tiempo!

Les deseo una Feliz Navidad a todos... ¡Que la disfruten!

Con cariño:

BiBiLuNa
oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Capítulo 21. No era culpa mía.

No podía ser.

¿Qué hacía Samantha Bridge a todas horas en su cabeza¿Le habían echado en la comida alguna pócima para que sólo pudiera pensar en ella¿Acaso se estaba volviendo loco?

No sabía la razón, pero la realidad era esa. No lo dejaba en paz a ninguna hora del día.

Y eso lo agobiaba. Y mucho.

-No tengo mucha hambre hoy... -dijo Oliver cuando Alexander le tendió el plato del menú del día para que se sirviera.

-¿No vas a comer nada? -preguntó algo impactado el rubio.

-Yo... -Wood miró con recelo el plato que le tendía su amigo. -creo que no.

-Oh. -colocó el plato en su lugar correspondiente, y éste enseguida fue cogido por otros estudiantes.

Oliver ni siquiera se sirvió bebida.

-¿Y por qué no? -dijo entonces Alex, mirándolo curioso.

-Pues porque no me apetece.

-Tampoco has desayunado. -puntualizó el otro.

-Sí...

-Un zumo y ya está.

-Alex, no hace falta que hagas de madre ¿vale? -replicaba el capitán mientras se cruzaba de brazos.

-Como quieras, pero deberías dejarte de tonterías y alimentarte como dios manda. -se metió un trozo grande de carne en la boca y cuando comenzó a masticarlo, señaló la puerta del Gran Comedor. -Pog ciegto, miga quien viegne pog ahí.

Oliver tradució la frase de su amigo y observó repentinamente a las jóvenes que entraban a la gran sala: Katie Bell, Alicia Spinnet y Samantha Bridge.

Estaba anonadado siguiendo a ésta última con la vista cuando de repente su novia se acercó enfadada hacia donde estaba él.

-Oliver... -lo perforó con sus ojos verde intenso y el joven sintió un escalofrío. -ni siquiera me has dicho que lo sientes.

-Bueno yo...

-¡Bueno nada! -puso los brazos en jarra. -el otro día dijiste que quedarías conmigo y te fuíste con Alexander como siempre. ¿Qué pasa, que Alexander siempre va antes que yo?

-No pero... ¡Era un trabajo!

-Pues que sepas que cuando quieras quedar quizás yo ya tenga planes. -replicó ella poniendo morritos.

Oliver pensó que era algo estúpida.

-¿Por qué me miras así? -quiso saber Alicia, molesta.

-¡Yo no te miro de ninguna forma!

-¡Sí que lo haces!

-¡Bueno y qué si lo hago! -dijo Oliver, haciendo que bastantes estudiantes se fijaran en ellos.

Alicia se quedó con la boca abierta, alucinando de que su novio le dijera algo así.

-¡¡No me importa lo que pienses¡¡No soy tu mascota!! -explotó el chico, levantándose de su silla.

Alicia calló, pero en su rostro se reflejaba la ira.

Se estaba poniendo colorada.

-No aguanto que me digas todo el tiempo lo que puedo y no puedo hacer. -se cruzó de brazos ante ella y sin poder evitarlo dirigió una mirada a Sam, que se sonrojó. -mi vida no se limita a ti.

Ella se quedó allí de pie, y ante la espectante mirada de muchos, se sentó en su silla y empezó a almorzar como si nada.

Samantha estaba a su lado, pero no se sentó.

Katie intentó consolar a Alicia, pero la otra no le contestaba a sus preguntas.

Una serie de murmullos se apoderó de la mesa de Griffindor, aunque pronto éstos concluyeron, debido a que llegaron los profesores para comer.

Alexander se acercó a la castaña y se la llevó a un sitio aparte donde nadie pudiera escuchar su conversación.

-Ve a hablar con él ahora. -le dijo en voz baja.

-¿Qu...¿Qué? -preguntó ella riéndose nerviosa.

Él la miró fijamente. Ella supo que hablaba en serio y se apagó poco a poco su risilla confusa.

El joven regresó a su sitio y la castaña dudó unos instantes.

Miró la puerta con ansiedad.

¿Por qué tenía que hablar con él?

Quizás quería que arreglase su pelea con Alicia. Seguro que era eso.

¿Pero por qué le tocaba a ella¿Por qué no podía ser por ejemplo Katie?

Acarició intranquila el chaleco de lana que su abuela le había regalado aquel mismo desayuno.

Aún le provocaba picor al rozarlo.

Palpó también su bolsillo, donde descansaba intacta la contestación de Eloise, que no había tenido tiempo de leer.

Volvió al tema.

A la cazadora de ojos miel se le daban mejor esas cosas.

Miró a lo lejos su sitio vacío. Ciertamente no tenía ni un poco de hambre.

Había desayunado tarde.

Volvió a posar sus ojos en la puerta del Gran Comedor.

Algo rebotó en su interior. ¿Qué le pasaba¿Por qué quería ir detrás de Oliver?

Una fuerza desconocida la atraía a seguirlo.

No pudo contenerse más y salió de allí despacio, pero sin detenerse.

-Alicia. ¿estás bien? -dijo Katie en voz baja.

-Déjame. -farfulló la otra.

-Pero Alicia...

-¡¡He dicho que me dejes!! -chilló la morena, levantándose de su asiento y corriendo a los dormitorios, con lágrimas en los ojos.

-Parece que nadie tiene ganas de comer hoy. -dijo Alexander, que dejó que sus palabras se perdieran en el aire.

La joven cazadora lo observó con recelo.

¿Era aquella frase para ella?

Vaciló unos instantes. Se contuvo cuando un impulso la condujo a contestar.

-¡Yo sí tengo! -exclamó una amistosa voz.

Katie no podía creer que fuera aquella insoportable niña.

La miró descaradamente.

Sí que era ella, y estaba abrazando a Alex. ¿Por qué¿¡Por qué!?

La cólera se apoderó de ella y sintió como sus mejillas ardían de odio.

La amiga de Sam acortó la distancia que la separaba del rubio al darle un dulce beso en la cara.

Katie Bell abrió mucho los ojos.

Luego contempló su plato casi intacto, y desechó la idea de seguir almorzando.

¿Acaso la chica de pelo rubio era la nueva novia de Alexander¿Por qué nadie se lo había dicho?

¿No estaba Alexander enamorado de ella?

Volvió a observar a la pareja, que se estaba levantando para salir del Gran Comedor.

-No puede ser... -susurró lentamente.

-¡Eh, Katie Bell! -la llamó la rubia, que había notado su persistente mirada. -creo que Samantha ya está arriba. No está conmigo. -añadió con una sonrisa que desveló una dentadura blanca y perfecta.

La cazadora detestó que le hubiera hablado.

Pero al menos había tenido la suerte de que la muchacha pensase que la observaba sólo por Sam.

-Ah, sí. -contestó intentando esbozar una sonrisa. -Alexander cruzó la vista con ella fugazmente, y hubiera jurado que saltaron chispas de desafío.

-Gracias... Eh... -cayó en la cuenta de que no sabía su nombre.

-Elizabeth. -acabó ella. -pero no me llames así. Llámame Lizzie.

Katie sintió una oleada de odio dentro de ella cada vez más fuerte.

Si la pareja no se hubiera alejado en aquel preciso instante, lo más probable es que hubiera acabado explotando.

Soltó un suspiro apesadumbrado.

¿Por qué su mejor amigo tenía que salir con esa estúpida?

¿Por qué con ''esa'' precisamente?

Siguió comiendo con poca gana.

Giró la cabeza a tiempo para ver como Angelina se levantaba de su silla y se dirigía a la biblioteca con cara de pocos amigos.

Miró su comida y se metió dos trozos de carne en la boca. Luego bebió un trago grande de zumo y siguió a la otra cazadora, que al parecer había notado que la seguía, porque dijo molesta:

-Katie Bell, ni se te ocurra seguirme.

-¿Por qué me dices ''Katie Bell''? Siempre hemos sido amigas... ¡No puedes dejar de hablarme por esto!...

-¡Pues mira cómo puedo! -dijo Angelina, y salió corriendo de allí.

La chica de ojos miel suspiró desconsolada.

¿Por qué la rechazaban todos¿Qué había hecho ella?

Miró los exteriores de Hogwarts y recordó cómo abrazaba Lizzie a Alexander.

Tal vez se había equivocado demasiadas veces...

--oOoOoOoOoOoOoOoOoOo--

-Eh... ¿Oliver? -preguntó tímidamente Sam, asomando la cabeza a la desierta sala común de Griffindor.

Él, que estaba acomodado en uno de los sofás, la miró enfadado y enseguida se levantó.

-¡No, no te vayas! -Wood siguió caminando, a pesar de haber escuchado el ruego de la joven. -Yo... Eh...

El capitán observó por un segundo sus ojos, tan desconsolados, y por un sólo momento sintió como su propia mirada se volvía suplicante, ansiosa de ella.

Sacudió la cabeza y se dirigió rápidamente a las escaleras.

Los gritos con Alicia le sentaban como una patada en el estómago, y se encontraba demasiado conmocionado como para estar cuerdo.

Demasiado confuso como para acertar con algo en una conversación con Sam.

Oyó los pasos acelerados de Sam, que se compaginaban con los suyos.

No quería que lo siguiese, por eso aligeró la marcha. Abrió la puerta del dormitorio de los chicos, y las manos le fallaron cuando quiso cerrarla de un portazo. Tardó demasiado en reaccionar y Sam pudo colarse en la habitación de un brinco.

Ya no podía dejarla fuera a no ser que la cojiera en brazos y la tirara por las escaleras.

La sarcástica idea lo distrajo y a la vez lo asustó.

Se encontró con la chica, que lo miraba expectante, y sin saber muy bien qué decir.

Él tampoco tenía muchas ideas para entablar una conversación. Bueno, sí que tenía una.

-No puedes estar en el dormitorio de los chicos.

-Yo...

-Vete. -le dijo, perforándola con la vista.

Pero la chica no tenía aspecto de querer rendirse fácilmente.

-Pero...

-¡He dicho que te vayas! -le gritó, harto de que no obedeciera.

-¡Pero no hay nadie que me pueda ver! -chilló ella, imponiéndose.

-¡Sí, estoy yo!

Oliver se señaló a sí mismo con el dedo índice, y Sam retrocedió un poco.

-Sólo quería hablar contigo. -argumentó débilmente.

-Pues no es el mejor momento así que sal de aquí antes de que me enfade...

-Ya estás enfadado. -dijo ella, mirándolo de reojo.

-¿Y cómo sabes eso? -quiso saber él, poniendo los brazos en jarra.

-Pues si no estuvieras enfadado, no me gritarías ni me dirías nada desagradable. -respondió muy segura, pensando ligeramente en la cara de Alicia en el Gran Comedor.

No pudo evitar sonreír satisfecha.

-¿De qué te ríes? -preguntó entonces él, que se había sentado en el alféizar de la ventana, apoyando la cabeza en sus dos manos, y los codos en las rodillas. -no le veo la gracia.

-Pues de la cara de Alicia cuando le dijiste todo eso. -confesó, y comenzó a reír con ganas.

Oliver abrió levemente la boca.

Disfrutó de la risa de la muchacha, que calmaba un poco su desánimo.

Pensó que era muy dulce al reír.

Ella se aclaró la garganta de repente, y añadió:

-Bueno, la verdad es que no me río porque sea tu novia ni nada de eso. -estaba incómoda ahora.

-No, no... La verdad es que ahora mismo me da igual Alicia.

Sam se sorprendió ante tal contestación.

-Pues si estás saliendo con ella... Lo más normal es que -carraspeó-... Y si no te importa deberías... -se le ahogaron las palabras a la mitad de la frase, y se sonrojó un poco.

-¿Debería romper con ella¿Era eso lo que querías decir? -acabó él, sin levantar la cabeza.

Estaba cansado de mentir, cansado de actuar, cansado de su forma de ser.

Era a veces tan absurda...

La miró a ella, y también vio envueltas muchas mentiras.

¿No podía ser sincero por una vez?

¿No podía hablar sinceramente con ella?

Se rogó a sí mismo tener valor para confesarle todo lo que le rondaba por la cabeza.

Al menos a ella... Se lo merecía.

Samantha se acercó a la ventana y palpó el cristal con su mano derecha.

Estaba frío. O tal vez su mano estaba muy caliente.

-Deberías ser sincero. -contestó finalmente, notando cómo se iban formando frases falsas en su cabeza. Frases a las que poder recurrir si Oliver se daba cuenta de las ganas que tenía de que rompiese con Alicia.

-No puedo serlo... -negó él, agobiado.

Ella chasqueó la lengua.

-No entiendo cómo puedes mentirle a una persona mientras la miras fijamente a los ojos. -calló, pero no esperó a que él respondiera. Se distrajo mirando detenidamente una nube que parecía un corazón. -es muy difícil mentirle a la persona que te gusta...

-Tú me mientes a mí.

-Bueno, supongo que eso es un caso aparte...

-¿Perdón?

Sam dejó de mirar las nubes y se detuvo a mirar al capitán, que se había levantado del alféizar de la ventana.

Nunca antes había pasado tanto tiempo sin parpadear ni respirar.

En aquel preciso instante su existencia se limitaba a los latidos de su corazón, que se aceleraron rápidamente cuando empezó a comprender su enorme metedura de pata. Se volvieron locos.

Oliver y Sam se observaron mutuamente, sin tener palabras qué decir y ni siquiera pensamientos que examinar.

Estaban en blanco.

Oliver fue el primero en sonrojarse considerablemente.

Sam le ordenó a sus piernas que caminasen hasta la puerta, pero no reaccionaban.

Le gritó a su cerebro, pero fue inútil. Justo cuando pensaba que iba a quedarse inválida para siempre, el capitán se acercó a ella indeciso.

¿Qué hacía?

Sam avanzó hacia la puerta hábilmente, huyendo del muchacho. Por fin había conseguido moverse.

Dirigió su mano hacia el picaporte, pero no consiguió ni tan siquiera rozarlo porque Oliver la había agarrado del brazo.

Miró molesta su antebrazo, que se encontraba adolorido por la presión que el chico ejercía sobre él.

La mano de Wood temblaba, pero seguía apretando fuertemente.

-¡Déjame!

Sam intentó liberarse, retorciéndose de un lado para otro.

La puerta crujió de repente, y ambos miraron la puerta, aún forcejeando.

-¡¡NO!! -gimió Wood, asustado de que alguien pudiera entrar y ver aquella faena que habían montado.

-Eh... ¿Wood? -dijo Alexander al otro lado de la puerta.

Oliver suspiró aliviado. Era su mejor amigo.

-¿Estás en condiciones? -preguntó el otro, molesto, aporreando la madera.

Sam rió ante el comentario, y Oliver se sonrojó aún más.

-¿Podemos abrir? Estamos aquí unos cinco esperando para pasar ¿Sabes? -el capitán se agarró las sienes y soltó a la joven, que se frotó su brazo recién liberado.

-¡Todo esto es por tu culpa! -le susurró a la castaña, sacudiéndola por los hombros.

-¡Venga, diles que no entren! -dijo ella, empujándolo.

-¡Pero si son cinco...!

-Oliver, vamos a entrar... -dijo un chico, que comenzó a girar el picaporte de la puerta.

Sam se tapó los ojos con las manos.

¿Qué iban a pensar de ella si alguien se enteraba mal de todo aquello...?

-¡No seas lento! -replicó otro del grupo, que de un manotazo abrió la puerta de golpe.

La sala se llenó entonces de risas, conversaciones y ruidos de cortinas abriéndose.

-Oliver, la próxima vez vístete antes. -dijo Alex, enfocando la vista en la cortina que separaba su cama de la del capitán.

Estaba echada, de modo que no podía ver lo que hacía. -¿Me oyes?

-Sí... Sí. -se apresuró a contestar el aludido. -E...Estaba, eh, durmiendo.

Sam, que no se había atrevido a coger aire por temor a que la escucharan, no aguantó más y respiró profundamente, de modo que sus pulmones se llenaran de oxígeno. Sintió un enorme alivio, pero Oliver le dio un codazo en las costillas.

No le hubiera dolido tanto si no estuviera justo encima de ella, aplastándola.

En el último segundo, Oliver la había tirado sobre su cama, y sin otra opción que escoger, se había tirado también él, intentando no caer precisamente encima. Pero la cama era bastante estrecha, y si no habían caído de esta forma, al menos habían pasado un momento bastante comprometido.

Ella gimoteó, dolorida, pero él solo le tapó la boca con ambas manos. Sam puso las suyas encima de las del joven, para quitárselas cuando fuera oportuno. Oliver se ruborizó al sentir el calor del aliento de la chica, que tenía su cara a tan sólo unos centímetros de la suya. Casi se tocaron cuando el capitán cambió de posición, para no asfixiarla con el peso de su cuerpo.

-Pues se escucha jaleo ahí dentro. -se burló el rubio, abriendo su baúl.

-¿Ja...Jaleo?

-Sí, respiración agitada.

Sam rió interiormente, aunque exteriormente estaba agitada y sonrojada ante tal opinión. ¡Estaba jadeando porque no podía respirar!

-Ah, claro... Una pesadilla que acabo de tener... -inquirió el moreno, haciendo que sus palabras sonaran convincentes.

-Mmm... ¿De veras? -preguntó vagamente el otro, que estaba pensando en los deberes que tenía que hacer esa tarde.

-Eh, sí, sí. -volvió a repetir Oliver.

De repente Alex rió con fuerza y añadió:

-No habrás vuelto a soñar con Sam ¿no? -Wood notó un sudor frío acumularse en su frente. -Bueno, espera, me he equivocado. Ahora que me acuerdo, Sam Bridge sólo puede ser un sueño feliz. -recalcó las dos últimas palabras y volvió a reír. -por cierto¿le pediste perdón?

-Yo... Sí... Hablamos... -intentó articular algún otro verbo. -Y... Y eso.

-¿Le dijiste lo de las opciones¿Le dijiste algo sobre que dijimos el otro día...? -se paró y apuntó algo en su agenda.

Oliver dejó de respirar, y Sam reaccionó de forma parecida, sólo que ella deseaba saber de qué se trataba aquel tema en el que ella era protagonista, y Oliver no.

-Estoy cansado... Después... Después lo discutimos con tranquilidad. ¿vale...?

Sam se retorció a modo de queja. Wood le tapó la boca con más fuerza, y le clavó las uñas.

Ella le dio un puñetazo en la nariz y el otro gimió y la soltó, entonces Sam se incorporó y se tiró al suelo para esconderse debajo de la cama. Allí al menos estaría el triple de cómoda.

Alexander descorrió la cortina de su amigo, confuso.

-¿Pero qué estás haciendo...?

Wood aún se estaba acariciando la nariz, que comenzaba a sangrar debido al golpe. Lo miró brevemente, y le costó mucho no desviar la mirada hacia debajo de su cama, donde sabía que estaba la joven.

-Nada.

-¿Qué te ha pasado, por qué estás sangrando? -se acercó a él preocupado.

-Que no es nada. -se defendió Wood. -vete, ahora salgo yo en cuanto me limpie esto... -buscó con la mano libre algún pañuelito en su baúl.

Alexander se agachó a ayudarlo.

-¡¡No!! -el rubio apartó la mano sorprendido. -No hace falta que me ayudes, puedo hacerlo solo.

-¿Pero qué dices¿Qué te pasa hoy? Estás rarísimo. -reanudó la búsqueda, y Oliver no pudo pararlo a tiempo.

El pie de Sam Bridge apareció ante los ojos del rubio, que acababa de agacharse.

-¿Qué... ? -agarró el pie y tiró de él, pero la muchacha no quería salir de allí, quería volver atrás.

¡¡No podían haberla descubierto!!

Al fin salió de su escondite y el rubio pudo verla entera.

-¿Samantha¿Qué demonios...? -Oliver le tapó la boca a su amigo y se llevó el dedo índice de la otra mano a la suya para que se callara.

-Alexander¿has visto mi corbata? -preguntó un joven, desde fuera.

Wood le quitó la mano de encima al rubio, que aún estaba medio petrificado por todo lo que acababa de descubrir en un instante.

-Creo que está en mi baúl.

-Vale.

-Vuelve a esconderte debajo de la cama. -ordenó en voz muy baja Alexander, cuando hubo aceptado la impactante realidad de que Sam estaba en el dormitorio de los chicos con Oliver Wood.

Ella obedeció lo más rápido que le fue posible.

-Si nos pilla Percy... -suspiró el capitán con voz taponada, ya que se había tapado un orificio de la nariz con el pañuelo para detener la hemorragia. -nos matan.

-¡Te matan! -aseguró el otro.

-Shhh... -mandó callar el moreno, con ojos suplicantes.

Alexander lo miró con desdén, a pesar de intentar ser comprensivo.

-Además no es lo que tú piensas... -los dos se habían sentado en la cama.

-Pues tú me dirás a qué se debe todo esto. -fijó la vista por donde se encontraban sus pies. -y más vale que tenga una explicación.

-¡La culpa la tiene esta niñata! -se quejó Oliver.

-¡Eso es mentira! -gimió Sam desde su escondite.

-¡Tú calla¡Si no me hubieras seguido...!

Sam guardó silencio, ya que lo que había dicho Wood era más o menos cierto.

-La culpa es de Alexander, porque él me ordenó que te siguiera. -replicó ella entonces.

-¿¡Qué!? -gritó Wood.

Los otros dos lo mandaron callar.

-¡Alex...! -dijo Oliver lo más bajo que su enfado le permitió.

-Yo... -el rubio miró para otro lado. -es que sois los dos tontos.

Sam se sonrojó y tragó saliva.

Pegó las mejillas al frío suelo, para que así no estuvieran tan calientes.

-No sé de qué hablas... -respondió con voz temerosa Oliver, y movió su mano repetidas veces de un lado del cuello al otro, en señal de amenaza, avisándole de que si se le ocurría decir algo sobre aquello le quedaban pocas horas de vida.

-Sam, cuando te dije que lo siguieras, no me refería a que entraras en el dormitorio de los tíos ¿vale? -Sam despegó los mofletes del suelo, y escuchó como el último joven que quedaba en la habitación salía deprisa y cerraba la puerta tras de sí.

Volvió a pegar la cara en el suelo y cerró los ojos intentando calmarse.

--oOoOoOoOoOoOoOoOo--

-Angelina... -decía Katie por el pasillo. -por favor, escúchame...

-Déjame en paz de una vez...

La cazadora se pasó la mano por la cara, agotada.

-Lo siento mucho, de verdad. -se disculpó por enésima vez la castaña de ojos miel. -Perdóname.

Angelina dejó de caminar por fin, se giró y la observó con ojos evaluadores.

-¿Por qué tendría que perdonarte? -apartó la mirada, como si le doliera demasiado mirar a su amiga. -dime sólo una estúpida razón para que lo haga.

Katie despegó los labios y luego los volvió a cerrar.

Gracias a Dios que no era muy orgullosa.

-Porque me he equivocado.

La otra chasqueó la lengua dos veces, a la vez que negaba con la cabeza.

-No sé si podré olvidar todo lo que me has hecho... -añadió en voz baja, aunque en su interior ya no sentía tanto rencor.

-Lo hice con buena intención. -se acercó a ella, y Angelina la miró, recelosa. -además yo sólo quería que te fuera bien con Fred...

-Pues has conseguido justo lo contrario. -Angelina se cruzó de brazos.

-Yo sólo quería decirte que... Lo siento mucho, de verdad.

-¡Tú tienes la culpa de todo lo que ha pasado!

Gritó Angelina, consiguiendo que los ojos de Katie la miraran suplicantes y asustados.

-Bueno, yo ya te he pedido perdón demasiadas veces... -puntualizó la cazadora de ojos miel.

Angelina la miró de reojo.

Escuchó sus pasos alejarse. Cada vez se oían más suaves.

Quería perdonarla, pero su orgullo no la dejaba.

Todo era por su orgullo. Ojalá no tuviera tanto. Ojalá pudiera regalarle un poco a alguna otra persona.

Observó la figura de su amiga caminando.

La había perdido para siempre también a ella.

Ya no le quedaba nada.

Nada.

-¿Por qué no la perdonas? -dijo Lizzie, que estaba detrás de una columna y no había querido interrumpir la conversación entre las dos cazadoras.

-¿Qué haces tú aquí? -preguntó Angelina, molesta, girándose hacia la rubia.

-Lo siento... Es que pasaba por aquí y no quería interrumpir la conversación. -Por una vez no estaba sonriendo.

Hizo ademán de irse.

-Ya me voy de todos modos... No tenía intención de escucharos, lo siento...

-No... -Lizzie se dio la vuelta, sorprendida. -por favor, quédate.

La otra se quedó allí, y se perdió en su mirada oscura, llena de tristeza.

-¿Cómo puedo perdonarla? -le preguntó agobiada en medio del silencio del pasillo, que se hallaba vacío en ese instante.

Lizzie pensó en lo que le había preguntado Angelina.

Luego se enroscó un dedo en uno de los muchos tirabuzones de su pelo y a continuación le dio la ansiada respuesta.

-Ya lo has hecho. -le dijo, sonriendo con dulzura.

Angelina la observó admirada de que alguien pudiera irradiar tanta luz con tan solo unas pocas palabras.

Pensó que, con los últimos rayos de sol colándose en su cabello, y con aquellos ojos tan melancólicos, parecía un ángel sonriente que acababa de bajar del cielo.

-Gracias... -respondió, y le dio la espalda para que no pudiera apreciar su rostro pensativo.

Lizzie le puso la mano en el hombro suavemente.

-Todos nos tragamos el orgullo alguna vez.

Angelina suspiró apesadumbradamente, e imaginó que el aire que expiraba era toda su tristeza y que la expulsaba toda.

Y que no tenía preocupaciones.

Por un instante que duró relativamente poco, se sintió bien, en medio de aquel pasillo desierto, mientras miraba el atardecer por una ventana junto a una chica rubia que parecía un ángel.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

¿Cómo lo ven? Creo que me quedó mas o menos bien. Me divirtió mucho escribir este episodio porque me imagino todo el embrollo que pasan Sam y Oliver xDxD Soy una escritora cruel, mis personajes podrían denunciarme... En fin, cada vez hay más líos (y los que quedan...) y cada vez pienso que seré menos capaz de resolverlos xDxD Deseadme suerte para deshacerlos!! jejeje

Bueno, sin mucho más que decir, el próximo capítulo está en marcha.

140 reviews!!!! (no me lo creo ni yo... xD)

Espero su comentario!! Graxes .

R E V I E W S ! ; - )