T de Tarea.

Parado junto al teléfono privado de su oficina, repasó los últimos acontecimientos. Debido a la intervención de Envidia, Alphonse Elric –la actual piedra filosofal– al fin se encontraba bajo los dominios del ama en la Ciudad Subterránea. Tanto Pereza como Lujuria habían muerto tras fallar en su misión de capturarlo; la primera por ser derrotada por sus propios creadores y la traidora por caer en manos de Ira. El Alquimista de Acero, desesperado por recuperar a su hermano, se hallaba en camino a su prematura muerte al igual que lo hacían Mustang y Armstrong en el norte.

Sí, ellos lo tenían todo controlado. Lo único que lamentaba era la pérdida de Pereza que, pese a su característica tranquilidad para actuar, había obrado como una eficiente secretaria frente a los humanos. Y, de igual forma, era quien mejor controlaba a Ira. Ahora todos tenían que soportar sus constantes lloriqueos junto a los de Gula.

Pero dejando eso aparte, le tranquilizaba saber que Envidia estaba con el ama cuando él debía cumplir con otros deberes. Porque Orgullo no sólo era el hombre más influyente del país, si no también un padre.

Cargando aquel obsequio sobre su regazo, de camino a su hogar, retornó a su papel como King Bradley. Y es que el cuidar de su familia y mantenerla feliz no sólo formaba parte de las tareas que el ama le había encomendado por el bien de su actuación. Con el pasar de los años se había transformado en un deber que a Orgullo no le molestaba cumplir.