NdA: Este es el último capítulo. Falta el epílogo. No lo he escrito aún, pero no será muy largo, así que cuando lo termine lo publicaré aunque aún no sea viernes.

CAPÍTULO 21 Final: Inglaterra-Francia

EL PROFETA

HARRY POTTER IMPIDE UNA MASACRE EN ALEMANIA

Un grupúsculo de magos oscuros liderados por la bruja británica Irma Crabbe estuvo a punto de causar una tragedia cuando irrumpieron en el hotel Paracelsus y tomaron como rehenes a todos los huéspedes que se encontraban en ese momento en el comedor. Camuflados como defensores de los mooncalfs, su verdadero objetivo era, sin embargo, vengarse de Harry Potter, a quien la lider del grupo culpaba de la muerte de su hijo Vincent Crabbe en la Batalla de Hogwarts.

La suerte quiso que en ese momento, el Chico-que-vivió no se encontrara en el comedor. Cuando Crabbe se dio cuenta amenazó con matar uno a uno a todos los huéspedes del hotel. empezando por su mejor amigo, Ron Weasley, si no se entregaba desarmado en menos de cinco minutos. Potter apareció tal y como le pedían. "Sabíamos que vendría y a la vez, no queríamos que lo hiciera" , explicó su compañera, Alicia Spinnet. "Estaba claro que esa mujer no estaba en su sano juicio".

Crabbe comenzó a efectuar la Cruciatus en Harry Potter casi al momento, pero lo que ignoraba es que todo aquello formaba parte de un improvisado, aunque exitoso, plan de rescate. Cuando todo parecía perdido, el Chico-que-vivió sacó su varita y, con la ayuda de otros jugadores, entre ellos la intrépida Cazadora inglesa Angelina Johnson, consiguió reducir a los secuestradores.

Por desgracia, el noble sacrificio de Potter le impedirá jugar la final de hoy, ya que su organismo aún está lidiando con los efectos de las Cruciatus. Draco Malfoy, que sufrió una fractura del codo izquierdo durante la pelea, tampoco jugará hoy.

El ministerio inglés está considerando la posibilidad de otorgar a Harry Potter otra Orden de Merlín de Primera Clase como prueba de su valentía y la ministra francesa agredeció al Salvador del Mundo Mágico su actuación en una rueda de prensa.

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LE SORCIÈRE

NUEVOS DATOS SOBRE EL ATAQUE AL HOTEL PARACELSUS.

Los aurores que investigan el ataque al hotel Paracelsusr han confirmado que los magos oscuros liderados por Irma Crabbe utilizaron al Ejército de Liberación de los Mooncalfs como tapadera de sus siniestras intenciones. Al menos la mitad de los secuestradores eran ecologistas que ignoraban los verdaderos propósitos de Crabbe y sus secuaces.

También ha quedado probado que los secuestradores suplantaron a Markus Mann, uno de los recepcionistas del hotel con poción multijugos y abrieron los hechizos de seguridad del hotel para permitir la entrada de sus secuaces. Mann fue encontrado en su domicilio, drogado con una poción sedante y sólo sufre de algunas contusiones. (...)

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DAS ORAKEL

Editorial

El periódico inglés El Profeta ha vuelto a dar muestras de su vergonzosa parcialidad al informar del ataque al hotel Paracelsus sin mencionar el importantísimo papel que el Buscador anglo-francés Draco Malfoy tuvo en el rescate. A pesar de que todos los testimonios, incluido el del propio Harry Potter, confirman que estuvo colaborando desde el principio en esa arriesgada misión, la prensa inglesa sólo mencionó que había sufrido una fractura de codo durante la pelea.

Como medio informativo comprometido con la objetividad y la verdad, Das Orakel no puede sino lamentar la perversión del ejercicio periodístico llevada a cabo por El Profeta. La actuación de Malfoy durante la guerra puede ser moralmente cuestionable, pero el deber de un periodista siempre es informar de la verdad.

Somos muchos los que nos preguntamos si la actitud de El Profeta no es sólo un reflejo de la actitud del ministerio de Magia inglés. Cabe recordar que con motivo del partido de la liguilla entre Francia e Inglaterra, las declaraciones de miembros del ministerio inglés, criticando la decisión francesa de darle la nacionalidad gala a Malfoy y convertirlo en el Buscador de la selección causaron varias fricciones entre ambos gobiernos. En aquella ocasión, el ministro Shacklebolt salió al paso asegurando que el ministerio inglés no era responsable del contenido de los medios de comunicación y defendió el derecho a la independencia de la prensa. Sin embargo, dadas las circunstancias, cabría preguntarse si el ministerio inglés no tiene la obligación moral de asegurarle a su comunidad un medio de comunicación realmente independiente y veraz.

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A instancias de Harry, él y Draco usaron la Red Flú para ir al estadio de quidditch al poco de desayunar. Aún no estaba abierto al público, pero les dejaron pasar y tomaron asiento en medio de la zona VIW. Draco supuso que en esas circunstancias, él y Harry podrían haber sido invitados de honor en el palco, pero preferían estar allí, donde sus familiares y amigos podían sentarse también.

El día prometía ser cálido y Draco, que iba con chaqueta, se la quitó y la dejó a un lado. Como ya no tenían que llevar ninguno de los uniformes de sus selecciones, los dos iban con vaqueros y camisetas, aunque la de Harry era normal y corriente y la de Draco estaba hecha de un material mágico ligeramente iridiscente.

-¿Han hablado contigo esta mañana del ministro alemán? –le preguntó Harry-. Creo que quieren concedernos una medalla o algo así.

-Sí. Ya sé que odias todo eso, pero a mí me vendría muy bien que se me relacione con la palabra "héroe" todo lo posible.

Harry asintió, aunque la idea de la ceremonia le resultaba tan embarazosa como siempre.

-Bien, no pasa nada. Pero después tendrás que compensarme.

Draco le sonrió.

-Te haré la mejor mamada de tu vida.

-Hecho.

Se estaba bien allí, con el calor del sol y el olor de la hierba del campo; también llevaban una cesta con algo de comer y muchos refrescos que se mantenían fríos gracias a un hechizo. Harry pensó que sólo les faltaba una piscina para tener un perfecto día de verano, aunque una final de quidditch, había que reconocerlo, era igual de buena.

El estadio seguía cerrado al público general, pero poco a poco empezaron a llegar algunas personas: los vendedores de bebidas, omniculares y banderines, los delegados del campo, los periodistas... Una reportera de Le Sorcière se acercó para preguntarles quién pensaban que iba a ganar y si lamentaban no estar en el campo de juego. Ellos le contestaron amablemente, pero no recibieron con la misma actitud al periodista de El Profeta.

-Hola, Harry¿te importa si te hago un par de preguntas?

Harry se recostó contra su asiento indolentemente, entrecerrando los ojos, y pasó el brazo por los hombros de Draco.

-Mañana voy a dar una rueda de prensa y voy a decir que no pienso volver a hablar con los periodistas de tu periódico hasta que no publiquéis una rectificación contando lo que hicieron Draco, Angelina y Artemise Chalabi... especialmente lo que hizo Draco. Ahora lárgate.

El periodista lo miró, sorprendido.

-Pero Harry...

-Yo no hablo con mentirosos de mierda, lárgate –le interrumpió Harry, que estaba aún más enfadado con ellos de lo que dejaba ver.

Draco no se molestó en ocultar una sonrisita desdeñosa cuando el periodista enrojeció, dio media vuelta y se marchó.

-El Profeta es la vergüenza de los periódicos serios –dijo, esperando que el reportero le escuchara.

-Por eso mismo. He tratado de ser paciente, pero que se jodan. Estoy harto de ellos.

A Draco no le importaba en absoluto que Harry se negara a hablar con El Profeta. Su enfoque del rescate de los rehenes había vuelto a levantar críticas por toda la prensa mundial: obviamente les costaba entender que en otros países no compartieran su afición por menospreciarle a él. Por supuesto, todos los medios de comunicación habían resaltado especialmente el papel de Harry, pero también habían contado la verdad y habían valorado lo que él y las dos chicas habían hecho.

Su entretenido intercambio de insultos hacia el Profeta se vio interrumpido cuando llegaron los jugadores de ambas selecciones, que después de pasar por los vestuarios salieron al campo a calentar. Ron voló hacia ellos, ya vestido con el uniforme.

-Eh, hola... ¿Lleváis aquí desde el desayuno?

Harry sonrió.

-En el hotel había demasiado alboroto. ¿Cómo está Sophie?

-No parece muy nerviosa, lo hará bien, -Ron miró hacia atrás y vio que Spooney les estaba observando-. Bueno, he de irme. Nos vemos luego.

-Espero que en plena celebración –dijo Harry.

Ron asintió, sonriendo y volvió con los demás. Pero no fue el único en hacerles una visita. Aunque les habían visto aquella mañana antes de irse, todos fueron acercándose para hablar con uno o con otro.

-Por si dais buena suerte, hombre –dijo Luc, cuando fue allí con Amelie Tresvite, la Buscadora francesa suplente-. No querrás que sólo la tengan los ingleses.

-Los machacaré, Draco –prometió ella-. Por no haber contado lo que hicisteis Artemise y tú.

-Eso espero, porque como perdáis, la próxima vez que os secuestren va a ir a liberaros vuestra madre.

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Los jugadores aún seguían calentando cuando el estadio abrió sus puertas y el público empezó a llegar en ruidosos y coloridos grupos. Prácticamente no había nadie que no llevara algo con los colores de la selección inglesa o de la francesa y en cuanto los primeros seguidores fanáticos ocuparon sus asientos, comenzaron también los cánticos apoyando a sus selecciones. En aquella ocasión, además, incluyeron referencias a Draco y Harry y lo sucedido en el hotel, pero mientras que los franceses aplaudían, y en ocasiones colaboraban, cuando se trataba de reconocer el heroísmo de Harry, la mayoría de los ingleses acogían las alabanzas galas sobre Draco con silencio o algunos silbidos.

Los primeros ocupantes de la zona VIW también hicieron su aparición: familiares y amigos de los jugadores, políticos, miembros de las federaciones de quidditch... y prácticamente todos pasaron a saludar o dar las gracias. Algunos ingleses parecían algo envarados al dirigirse a Draco, pero ellos, al contrario de lo que sucedía con los hinchas de a pie, habían oído el relato de los acontecimientos de boca de los implicados y sabían perfectamente que Harry y Draco habían actuado juntos. Sus expresiones si ellos demostraban su relación con gestos discretos, pero inequívocos –un brazo por los hombros, una mirada algo más larga y embobada de lo normal entre dos amigos, una confidencia al oído- eran absolutamente neutras. Parecían, como los Weasley, demasiado conmocionados para reaccionar de un modo u otro.

-Como si toda su concepción del universo se hubiera derrumbado –comentó Draco, que estaba siendo sumamente cortés con todo el mundo. Y luego añadió, con un suspiro-: Sé lo que se siente; no los envidio.

A pesar de los saludos, la gente se iba distribuyendo a lo largo y ancho de toda la zona VIW, buscando una intimidad cuya desaparición era inevitable. Harry y Draco seguían solos, haciendo planes para el día siguiente. Como Harry aún estaba medio convaleciente, habían decidido quedarse en el piso de Berlín hasta que se hubiera recuperado del todo. Después volverían a Inglaterra –Draco quería estar presente durante la audiencia de su padre en el Wizengamot- y en septiembre se irían de viaje los dos solos a algún destino exótico.

Justo cuando conversaban sobre cuál sería el lugar ideal, Harry oyó unas voces inconfundibles y levantó la cabeza para saludar a los Weasley.Hermione sí iba con ellos, llevando a la pequeña Rose en brazos. Harry les sonrió y les hizo una señal para que se acercaran. Draco reprimió un estremecimiento ante la idea de estar rodeado de Weasleys, pero se sintió mejor cuando notó la mano de Harry sobre su hombro.

El plan de Harry no podía ser más sencilo y Draco aún no sabía si iba a salir bien o iba a convertirse en una batalla campal. Pero si los Weasley, o los Malfoy, o los amigos de ambos querían estar con uno, al menos ese día iban a tener que estar también con el otro. Hermione y los padres de Ron ocuparon decididamente los asientos más cercanos a Harry –lo cual quería decir a Draco-, y saludaron a este último con corrección.

Poco a poco, sus amigos iban llegando. Gryffindor o Slytherin, todos parecían dudar antes de tomar una decisión y alejarse más o menos de ellos dos para no tener que cruzar demasiadas palabras con personas a las que no querían tratar. Teniendo a los Weasley más o menos convencidos, a Harry sólo le importaba ya Teddy. El día anterior, al volver del hospital, había hablado por Red Flú con Andromeda y el niño, que sabían por los Weasley más o menos todo lo que había pasado, pero aún estaban un poco preocupados. Harry le había hablado entonces de Draco, pensando que era mejor avisarla. Andromeda se había sorprendido un poco, pero lo había aceptado con rapidez y sin aspavientos. Sólo le había advertido que no pensaba consentir que ofendieran el linaje de su nieto; Harry le había dado su palabra de honor de que él tampoco lo consentiría. Entonces, Andromeda le había dicho que prepararía a Teddy para conocer a su desconocido tío Draco.

Cuando el niño llegó, resultó obvio que su abuela había cumplido su promesa, porque miró a Draco con una mezcla de curiosidad y recelo.

-¿Es verdad que eres mi tío?

-Tu madre y yo éramos primos hermanos.

Teddy entrecerró un momento los ojos.

-¿Te caía bien Bellatrix Lestrange?

Draco supuso que era la mejor manera que tenía un niño de nueve años de preguntar sobre ese tema.

-No. No, la odiaba y me alegré de que Molly Weasley la matara.

Su respuesta no había podido ser más sincera. Teddy arqueó las cejas apreciativamente, se sentó en el asiento que había a los pies de Harry, junto a su abuela –que también había saludado a Draco con cortesía- y empezó a preguntar qué había pasado aquella noche en el hotel.

Los Malfoy fueron casi los últimos en llegar, acompañados de Theo, Daphne y el bebé. Ese día, Lucius y Narcissa iban vestidos de blanco y verde pálido y Harry encontró histéricamente divertido que se pusieran de acuerdo para ir a juego. Pero se preocupó un poco cuando vio que ellos y Draco se saludaban con una rígida cortesía que chocaba con la calidez que habían mostrado el día anterior. Los Malfoy hicieron una imperceptible inclinación de cabeza en dirección a Molly y a Arthur y otra en dirección a Andromeda que fueron devueltas del mismo modo y ocuparon sus asientos, de modo que Lucius quedó entre su mujer y su hijo. Narcissa y Draco, casi a la vez, sacaron sus varitas y las depositaron sobre su regazo, listos para defender a Lucius si hacía falta.

-Draco¿pasa algo? –le susurró Harry a la oreja.

-No¿por qué? –le contestó, también a la oreja, aprovechándole para darle un pequeño lametón en el lóbulo.

-Parecéis enfadados.

Draco, que no sabía de qué le estaba hablando, comprendió al fin.

-No es lo mismo estar en público que en familia, Harry.

Harry lo miró de hito en hito, se preguntó si realmente quería embarcarse en una conversación sobre comportamientos ridículos en una ocasión festiva como aquella y asintió lentamente.

-Comprendo...

Draco le dio unas palmaditas condescendientes en la palma de la mano y se giró hacia su padre, que le había tocado el hombro para indicarle que quería hablar con él.

-Oye, Draco... –dijo, en tono conspirador-, considerando que no estás jugando... ¿te importa si apoyo a la selección inglesa?

-No, claro.

-Sí, veníamos dispuestos a traicionar a nuestra madre patria por ti, Draco, pero ahora ya no sabemos a quien apoyar –dijo Theo.

-Total, aunque ganen los franceses, El Profeta te quitará el mérito porque no jugaste la final –añadió Blaise.

-Vaya, muchas gracias por recordármelo, Blaise. Creo que voy a cambiarme de sitio, aquí no hay nadie que apoye a mi selección.

Harry le dio un beso consolador en la cabeza y Narcissa se inclinó un poco hacia delante.

-No te preocupes, hijo, yo apoyaré a los franceses.

-Gracias, madre.

Entonces la gente empezó a aplaudir y todos dejaron de hablar y miraron hacia el palco, donde el Ministro de Magia alemán se disponía a dar un discurso de bienvenida. Gracias a un hechizo, sus palabras aparecieron traducidas en inglés, francés y español en la pantalla gigante que había en uno de los lados del campo.

-Damas y caballeros¡bienvenidos a la cuadringintésima vigésimo quinta edición de la Copa del Mundo de Quidditch!- El estadio aplaudió con más fuerza mientras los hinchas hacían ondear sus banderas y bufandas-. Dentro de unos minutos asistiremos al encuentro entre las dos mejores selecciones de este Mundial, Inglaterra y Francia. Pero hoy no estaríamos aquí si no fuera por el acto de increíble valor que llevaron a cabo los Buscadores de ambas selecciones, Harry Potter y Draco Malfoy. Las heridas recibidas durante el rescate de sus compañeros y otros huéspedes del hotel les han impedido jugar en esta final. Por eso, antes de empezar con el partido, les pido a todos que se unan a mí en homenaje a su valentía y sacrificio.

La pantalla gigante los mostró entonces a ambos, sorprendidos porque nadie les había dicho que el ministro alemán iba a hacer tal cosa y el estadio entero se puso en pie para aplaudirles. Harry y Draco se levantaron también y saludaron al público con un gesto de agradecimiento. Draco, sonriente, miró a sus padres y después se giró hacia Harry, que le guiñó el ojo.

El ministro alemán pidió silencio con un gesto de la mano y poco a poco todos volvieron a sentarse.

-Y ahora¡permítanme presentar a la locutora más famosa de Alemania, la señorita Lotte Schlager!

El estadio volvió a aplaudir, pero con menos entusiasmo, porque los hinchas ingleses y franceses no habían oído hablar de ella en su vida. Entonces, una mujer de edad bastante avanzada, bajita, que llevaba unas gafas enormes y un sombrerillo con flores en la cabeza, se colocó junto al ministro.

Harry y Draco intercambiaron una mirada de incredulidad que se estaba repitiendo a lo largo y ancho de las gradas.

Y entonces la locutora alemana se hizo un Sonorus en su propia garganta e hizo saltar de sus asientos a los incrédulos con una voz enérgica y aterciopelada.

-¡Es hora de jugar este partido¡Demos la bienvenida a las mascotas de la selección francesa!

Casi nadie entendía el alemán, pero no hacía falta, porque media docena de caballos alados salieron al campo y se elevaron en una veloz flecha blanca. La gente empezó a aplaudir el espectáculo, entusiasmada con las evoluciones de aquellos bellos ejemplares y no se detuvieron hasta que lo hicieron los propios animales, aterrizando mansa y elegantemente en uno de los lados del campo.

Entonces le llegó el turno a las mascotas inglesas y el campo se llenó de ninfas del bosque. Era tan hermosas como las veelas, pero no causaban el mismo efecto en los humanos que ellas. Iban casi desnudas, envueltas en velos que ondeaban mientras bailaban al ritmo de la música que ellas mismas producían.

El público les aplaudió también con ganas y, por fin, las dos selecciones saltaron al campo en medio de una atronadora ovación. Los jugadores se colocaron en formación para escuchar sus respectivos himnos nacionales y después salieron disparados hacia sus posiciones.

El árbitro, todavía en tierra, abrió solemnemente la caja de las pelotas y liberó la quaffle y las bludgers. Un instante después, la snitch destelleó a la luz de la mañana antes de salir disparada a tal velocidad que la vista humana no era capaz de distinguirla.

-¡Y comienza el partido!

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En los primeros minutos de juego, el partido fue tranquilo. Tanto ingleses como franceses parecían más preocupados de defender que de atacar y el primer tanto tardó en llegar. Aun así, los hinchas animaban sin descanso a sus jugadores, tratando de infundirles algo más de empuje.

-Es natural, después de lo que pasó –comentó Hermione-. Deberían de haber retrasado la final una semana, para que todos pudierais recuperaros.

-Hermione, eso es imposible –contestó Harry-. ¿Tienes idea de cuánto cuesta en tiempo y dinero organizar un Mundial?

Harry tenía en ese momento a la pequeña Rose en su regazo. Draco lo observaba de vez en cuando, contento de ver que se le daban bien los niños. Si las cosas funcionaban bien entre ellos y algún día decidían tener hijos –él, al menos, debía tener uno que continuara con el apellido Malfoy-, estaba bien que uno de los dos supiera qué hacer con el niño. En su opinión, los bebés habrían sido un objeto adecuado de estudio en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas; eran ruidosos y apestosos, justo como le gustaban a Hagrid.

Claro que seguramente un hijo suyo y de Harry sería más guapo, encantador y limpio que un niño normal y corriente.

Los hechizos eran complicados y obviamente necesitaban la ayuda de una mujer que llevara a término el embarazo, aunque el bebé sólo tendría genes suyos y de Harry. Draco miró a Pansy; poco después de contarle que era gay, ella le había prometido que le echaría una mano cuando quisiera tener hijos. De cuando en cuando, si salía el tema, Pansy le recordaba que la promesa seguía en pie.

Pero apartó aquellas ideas de su cabeza, consciente de que hasta que llegara ese momento aún tenían que pasar muchas cosas, y se concentró en el partido. La snitch seguía sin aparecer, y lo único que estaba distrayendo el aburrido vuelo de las Buscadoras era las bludgers que les enviaban de vez en cuando. Draco conocía muy bien el estilo de su suplente y se fijó más en el de Sophie Shacklebolt, a la que sólo había visto volar en un par de grabaciones. Tenía buena técnica; ahora faltaba por ver con qué decisión perseguía la snitch, sobre todo en esas circunstancias, cuando aún debía de estar recuperándose psicológicamente de lo ocurrido.

-Draco¿quieres una? –le dijo Harry.

Molly Weasley, que estaba junto a Hermione, había abierto una tartera llena de pastas y le estaba ofreciendo una. Draco no tenía mucha hambre, pero asintió y tomó una.

-Gracias –dijo, cortés. Supuso que aquello no era muy diferente a cuando le había hecho la pelota a los profesores en Hogwarts o, más adelante, a la gente importante a la que trataba como famoso Buscador francés.

-De nada –contestó ella-. Pregúntale a tus padres si quieren una, por favor.

Los Malfoy no estaban dispuestos a dejar que los Weasley les ganaran en cortesía y pruebas de buena fe.

-Oh, por supuesto –dijo Narcissa-. Tiene usted fama de ser una excelente cocinera, señora Weasley. Lucius, querido, prueba una tú también.

Draco les dio una pasta a cada uno, consciente de que su madre había dejado pasar una ocasión de oro para humillar a la rolliza Molly Weasley –Narcissa era capaz de conducir a cualquiera a una dieta severa sólo con su modo de decir "No, gracias, prefiero conservar la línea"- y se dispuso a formar parte del acontecimiento histórico que suponía que los Malfoy comieran comida de los Weasley.

Las galletas, al menos estaban buenas.

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El plan de Harry, sin ser especialmente elaborado, estaba dando sus frutos. Daphne, que había acabado sentada cerca de Parvati, se había embarcado en una animada conversación sobre las excelencias de la profesora Trelawney, de la que ambas habían sido admiradoras en Hogwarts. Lucius y Harry intercambiaron un par de comentarios sobre el juego de los ingleses. Draco le preguntó a su sobrino si tenía muchas ganas de ir a Hogwarts y le complació descubrir que el niño tenía un buen concepto de Slytherin. Blaise y Theo, que nunca habían estado relacionados con Voldemort aunque el padre del segundo sí había sido mortífago, estaban hablando todo el rato con Bill Weasley sobre el trabajo en Gringotts y con Arthur Weasley sobre la política exterior del ministerio. Narcissa, Andromeda y Molly tuvieron una breve conversación y llegaron a la conclusión de que los niños no tenían ni idea de lo mucho que sus padres sufrían por ellos. Hermione le preguntó a Pansy, que estaba sentada detrás de Draco, si un tal Mordechai Parkinson que tratabaja en su departamento era pariente suyo y Pansy le contestó que era un primo de su padre al que apenas conocía.

La mayoría de conversaciones entre unos y otros morían rápidamente y sonaban bastante forzadas, pero Harry y Draco tenían la sensación de que estaban entendiendo que ellos dos ya no veían dos bandos irreconciliables.

Entonces un sector del público empezó a dar gritos de emoción y a señalar un punto en el cielo y todas las conversaciones frenaron en seco.

-¡La snitch¡La snitch!

Las Buscadoras también la habían localizado ya y se habían lanzado tras ella. Amélie Tresvite tenía mucha más experiencia que Sophie y Draco esperaba que ese fuera un factor determinante a la hora de la victoria. Volaban a la par, recortando poco a poco la distancia que las separaba de la snitch.

-¡Duelo de damas, señores!-exclamaba la menuda señorita Schlager con entusiasmo contagioso incluso para quienes no la entendían-. Tresvite y Shacklebolt están ahora sólo a cuatro metros de la snitch. ¡Y la quaffle sigue en juego¡Gol para el equipo francés¡Excelente jugada de Luc Deveraux¡Guapo y con talento, sí, señor!

Draco se echó a reir al ver que Luc le mandaba un beso a la locutora antes de volver a su posición, pero enseguida se distrajo porque la snitch se dirigía hacia ellos.

-¡Cuidado! –gritaron varios, avisando a los despistados.

Pero la snitch pasó a diez metros de distancia de ellos, que pudieron ver pasar como dos flechas a las Buscadoras mientras los seguidores de aquellas gradas trataban de encogerse en sus asientos para no recibir ningún golpe.

-¡Yo quiero que pasen por aquí! –exclamó Teddy, a quien el pelo se le había vuelto naranja de la emoción, dando saltitos en su asiento.

-Deja, deja...-replicó Andromeda-. Para tirarme al suelo estoy yo.

La snitch salió disparada hacia arriba, alejando el peligro de las gradas. Una bludger de Marcus Flint las persiguió durante unos segundos, molestándolas a ambas por igual, hasta que Rostand la envió contra Oliver Wood, quien la esquivó con un ágil giro de su escoba. El marcador, al que ya nadie le prestaba realmente atención, iba 70-60 a favor de los franceses.

Las Buscadoras, tenaces, seguían arañando un centímetro tras otro, acercándose cada vez más a la snitch. Los seguidores que no estaban ya de pie, se encontraban sentados en el borde del asiento, con el cuerpo inclinado hacia delante. Incluso el comedido Lucius estaba en tensión; la única que seguía como siempre era Narcissa, más pendiente todavía de anticiparse a un supuesto ataque contra su marido que de las evoluciones de la snitch.

La pelota dorada hizo unos cuantos cambios bruscos de dirección cerca de la pantalla gigante que obligaron a las Buscadoras a lucir su técnica. Ahora estaban sólo a medio metro de la snitch y volaban aplastadas contra la escoba, tratando de mostrar la menor cantidad de resistencia al aire posible.

-Oh, joder, es peor verlo que jugar –protestó Harry, que estaba a punto de empezar a morderse las uñas.

La snitch salió disparada de nuevo hacia el centro del campo y las dos Buscadoras la siguieron sin perder un segundo. Estaban ya a solo unos centímetros de ella. Amélie Tresvite estiró el brazo para intentar atraparla y todos se pusieron en pie para verlo mejor. Harry, junto con muchos otros, se apelotonó contra la barandilla que separaba la zona VIW de las gradas normales.

-Vamos, vamos, vamos...-murmuró Draco entre dientes.

-¡Vamos, Sophie! –chilló Teddy, con toda la fuerza de sus pulmones.

Y entonces, de pronto, la snitch frenó en seco e inició un movimiento hacia el suelo, como si cayera a plomo. Las Buscadoras, que estaban encima de ella, giraron con la misma brusquedad en el aire y chocaron una con otra. Amélie perdió el control de su escoba y empezó a dar vueltas de campana. Sophie, derribada de la suya, se precipitó hacia el suelo agitando con fuerza su brazo derecho.

-¡SHACKLEBOLT TIENE LA SNITCH¡SHACKLEBOLT TIENE LA SNITCH¡HA GANADO INGLATERRA!

Harry dio un grito salvaje de alegría y empezó a saltar como un loco. Alguien le pasó el brazo por la cintura para unirse a sus saltos, y luego Teddy se tiró contra él, absolutamente histérico.

-¡Hemos ganado, Harry!

-¡Somos campeones!

Los Weasley, sus amigos del colegio, todos eran una masa anónima, un montón de cuerpos unidos por la victoria que se abrazaban, se felicitaban y reían a carcajadas triunfales, algunos con lágrimas en los ojos y todo. Harry notó que alguien le palmeaba la espalda y cuando se giró, se encontró estrechándole la mano con entusiasmo a Lucius Malfoy. Era obvio que el padre de Draco, llevado por la emoción del momento, tampoco se había dado cuenta de que era Harry con quien estaba compartiendo su alegría y, durante un segundo, los dos se quedaron quietos y visiblemente incómodos. George y Charlie salvaron la situación sin pretenderlo cuando lo incluyeron en un abrazo de oso que le hizo crujir varias costillas y cuando volvió a mirar, Lucius ya estaba regresando a su asiento, hablando con Blaise. Harry, que también se había calmado un poco, se dio cuenta de que Bill estaba consolando a Fleur y Narcissa, a Draco, que contemplaba el campo con la amargura del perdedor.

-Draco... –dijo, yendo hacia él.

Draco meneó la cabeza. No se sentía tan mal como si hubiera estado jugando, pero habían perdido y tenía ganas de patear el culo a alguien.

-Felicidades.

Harry se arrodilló frente a él.

-Lo siento.

-Ya, bueno... –Draco miró a sus compañeros, que habían aterrizado ya. Algunos se habían sentado en el suelo y tenían la cabeza oculta entre las rodillas-. Me voy a hablar con ellos.

Harry suspiró y asintió, sabiendo que era normal que se encontrara así. Y a él también lo esperaban en el campo. Spooney le había dicho que, si ganaban, debía bajar a recibir la Copa del Mundo como capitán del equipo, estuviera o no lesionado.

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Unas horas después, Harry se despidió de sus compañeros en el hotel. la mayoría de los cuales estaban borrachos como cubas. Los franceses se habían marchado a su país después de recibir las medallas que los acreditaban como subcampeones. Draco se había ido a pasar el resto del día con sus padres y sus amigos en el Berlín muggle y le había dicho que ya se verían en el piso por la noche.

Aunque le sabía mal que su felicidad fuera a costa de la de Draco, Harry se sentía tan exultante que temía ir a explotar en cualquier momento. No podía ni empezar a describir lo que había sentido cuando había recibido la Copa del Mundial y la había alzado en alto y el estadio entero le había aplaudido mientras estallaban cohetes y kilos y kilos de confeti llovían sobre el campo.

Como seguía sin poder Aparecerse, el apartamento no estaba conectado a la Red Flú y, en realidad, tampoco era buena idea que se subiera a una escoba, el delegado de la selección se había encargado de encontrar para él una squib, pariente de un miembro del ministerio alemán, que pasó a recogerle en coche y lo llevó hasta casa de Draco. La mujer estaba encantada de prestarle ese servicio y le aseguró que iba a estar presumiendo el resto de su vida de haberle conocido.

Cuando llegaron frente a la finca del apartamento, Harry sacó su equipaje del maletero, ligero gracias a un hechizo, y se despidió de ella. El portero seguía en su sitio; no había vuelto a verlo desde la primera vez que había llegado allí, porque después de esa noche siempre se había Aparecido directamente. Harry lo saludó con una inclinación de cabeza y este se la devolvió, sin preguntarle ya a quién iba a ver.

Harry salió del ascensor, caminó hacia la puerta del apartamento y tocó al timbre. No sabía si Draco estaría ya allí o no; si no estaba, abriría la puerta con la varita. Pero un ruido de pasos le indicó que sí estaba y unos segundos después, Draco le abrió la puerta.

-Harry, no te esperaba tan pronto –dijo, un poco sorprendido. Después se hizo a un lado para dejarle pasar-. ¿Ya se ha terminado la fiesta?

-Creo que acaba de empezar, en realidad.-Entonces se detuvo frente a él y le dio un beso breve y suave en los labios-. Pero te echaba de menos. Y no creo que emborracharme y bailar toda la noche sea lo que el medimago quería decir con eso de "guardar reposo" y "tomármelo con calma".

-No, supongo que no.-Draco movió la varita y las maletas se fueron volando hacia el dormitorio-. ¿Has cenado ya?

-No tengo hambre. He estado comiendo canapés y pasteles todo el día. ¿Y tú?

-Yo he cenado fuera, con mis padres, Pansy y los demás.

-¿Ya se han ido? –dijo, sentándose en el sofá.

-Sí, hace media hora. Bueno... Blaise y su novio se han quedado, querían ver qué tal están los bares gays berlineses.

Harry le hizo una señal para que se sentara a su lado y después le pasó el brazo por los hombros.

-¿Cómo lo llevas?

Draco se encogió de hombros.

-Preferiría que hubiéramos ganado nosotros, pero... Imagino que tendré que conformarme con ser subcampeón, haberme convertido en un héroe para el mundo mágico y haberte vuelto loco de amor.

Harry soltó una risilla, aliviado también al ver que no estaba ya tan deprimido por la derrota como antes y le dio un beso en la sien.

-No te olvides de nuestro asombroso éxito diplomático de esta mañana.

-Ah, cierto.

-Sí.

Entonces Draco miró a Harry a los ojos, que estaban llenos de amor y simpatía, y se inclinó para besarlo también, pero en los labios. Harry abrió la boca para dejar pasar su lengua y emitió un pequeño gemido de placer que causó un eco de placer en la entrepierna de Draco.

-Supongo –dijo este, poniéndose en pie y tendiéndole la mano-, que podemos decir que este ha sido un Mundial inolvidable.

Y mientras se iba con él al dormitorio, Harry no pudo estar más de acuerdo.

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Dnanne, hola, Todos están utilizando la técnica de "si no lo veo es como si no fuera real", jaja. Me alegra que te gustara el capi. Besitos y muchas gracias por comentar a lo largo del fic.

Lireve, k tal? Yo es que soy una doctora frustrada, jaja, Y tantas series de médicos tenían que servir para algo XD Lo de "en este fic" no era una amenaza, mujer. Pero como ya le maté a la mujer en el Monasterio... Yo tb creo que es mejor que Draco se quede con el insulto en la espalda. A veces, simplemente, hay cosas con las que uno debe aprender a convivir. Y como tú dices, ese "cobarde" sólo demuestra lo contrario. Un beso y gracias por todo, guapísima.

Ruka, hola, me alegra que te gustaran esos capis. Sí, han llegado los Malfoy, en plan "Los padres de él", jajaja. En cuanto a la madre de Crabbe, pues sí, la pobre estaba transtornada. Y como has podido ver, todo indica que los Weasley y compañía serán capaces poco a poco de asimilar que Harry y Draco están juntos y son felices. Besos y gracias por los comentarios.

RiotCandy, hola! Espero que te lo pasaras bien en vacaciones. Me has dejado un comentario precioso, chica, muchísimas gracias. Además, lo confieso, siempre me gusta que me digan que han soltado una lagrimita en ciertos pasajes. Es como "sí, lo he hecho bien". Bueno, muchas gracias otra vez y ojalá podamos vernos por otro fic. Besos!