Bueno, acá está el siguiente capítulo. Ya se viene el Faberry JuiceTM en el capítulo que viene! Oh, si. Ya era hora. Encima me estuve entrenando para que éste smooth estuviera mucho mejor que la primer escena de íntima entre Faberry y así les gustara a todas. Se lo mostré a mi hermano y le gustó –pero es hombre (?)-. Bueno, nada. Ya cada vez estamos más cerca de terminar esta historia. Se vienen más partes graciosas, algo de drama, más Faberry JuiceTM, por todo el Faberry JuiceTM que no tuvo esta historia –POSTA- y más.

Ok, los dejo para que sigan leyendo. De vuelta, gracias a todos por comentar y leer. Me encanta que comenten y me mande PMs.

Formalidades: Glee y sus personajes son de Ryan Murphy. Los errores, por otro lado, son míos. :B

Lenght: 5700

Capítulo 20: "Yellow"

Mientras se encontraba parada en el medio del salón, trataba de encontrar una forma en que las palabras salieran de manera correcta, pero no lo lograba. Su mente estaba en blanco y, a pesar de que abría su boca para hablar, no conseguía emitir ni un solo sonido.

En frente de Quinn estaba ella, con su hermoso cabello negro, ondulado y reluciente, que caía, descansando, sobre sus hombros. El tipo de mirada con que la observaba no era reconocible al instante; en sus ojos observaba duda mezclada con preocupación. Era una mirada algo típica de Rachel Berry porque, si bien decía muchas cosas, a la vez no decía nada.

El estómago le daba mil vueltas y tenía ganas de salir corriendo y que Rachel se olvidara de que ella la había llamado durante el receso al salón del club Glee para hablar de algo importante.

Habían pasado ya cuatro semanas desde las vacaciones de invierno y Quinn y Rachel apenas habían interactuado, poniendo a la rubia más y más nerviosa. No entendía bien por qué.

La ex porrista miraba hacia todas partes, esquivando la mirada severa de Rachel. No la podía mirar a los ojos, no podía mantener contacto visual. En parte por como la miraba la morena frente a ella, y también porque se había prometido que la iba a dejar en paz. De igual manera, esa iba a ser la última vez que se interpusiera en su camino, pues luego de entregarle lo que le tenía que dar, pensaba seguir su propio consejo y dejarla ser feliz.

Nunca estuvo tan nerviosa. Ni siquiera cuando tuvo que leer su poema frente a ella o cantar frente a ella, o esa vez que el señor Stapleton le sacó el poema que estaba escribiendo y lo leyera en voz alta, provocando que más de uno se riera y Rachel mirara hacia otro lado.

- ¿Qué es lo que sucede, Quinn? -preguntó luego de un rato del más incómodo silencio. Ella titubeó por unos segundos pero decidió mandar todo al demonio y sacó un papel de su bolsillo, evidenciando que había sido arrugado millones de veces por sus temblorosas manos.

Había estado pensando mucho en aquel momento durante las semanas que pasaron, analizando qué podría pasar y muchas veces tiró aquel papel lejos de su vista después de haberlo escrito; pero se había decidido. Tenía que hacer algo para que aquel dolor que le molestaba por las noches, cuando se encontraba sola y tenía tiempo de pensar, desapareciera.

Recordó lo que había sucedido durante el tiempo antes de que sucediera lo de su primer beso con ella en la casa de Puck. Nunca le había caído bien Rachel, por algo se había encargado de torturarla sin descanso durante los últimos años desde que tenían once; pero algo había cambiado y ella nunca se había puesto a ver qué había sido. No sabía si había sido acerca de ella, o de Rachel, pero ya no la veía de la misma manera. Al menos, no como antes. No podía dejar de pensar en ella cuando no estaba cerca y cuando se encontraban en el mismo lugar no podía evitar sentir una sensación graciosa y extraña en el estómago que al principio confundía con síntomas post-embarazo.

Miró al blanco gastado del papel, marcado por sus huellas digitales por doquier y la miró a Rachel.

- Toma -dijo con la voz temblorosa mientras estiraba su brazo con el papel en su dirección. Ella la miraba todavía algo confundida.

En cuanto lo tomó, Quinn desapareció de su vista.

. . . .

Durante la tarde, Quinn no sabía si dirigirse al club Glee y quedarse como una cobarde escondida en el baño de mujeres a esperar a que la Tierra la tragara, o que muriera trágicamente de un ataque al corazón. De verdad no quería ir, pero tenía que hacerlo. Además, quería verla, supuso. Quizás si cantaba un poco, el nerviosismo se le iría.

El señor Schuester les había asignado una tarea en la que prepararan una canción que hablara sobre el amor, o sobre cómo se sentían al estar enamorados -puesto que estaban a dos semanas del Día de San Valentín-; y Quinn, definitivamente, se sentía nerviosa pensando en aquel complejo sentimiento.

Para distraerse un poco y lograr, de paso, abstraerse de la realidad por un momento; se dirigió a la biblioteca y se internó en el pasillo de música, en busca de partituras.

. . . .

- Muy bien, chicos. ¿Quién quiere pasar primero? -preguntó el señor Schue juntando sus manos de la misma manera vigorosa de siempre. Sabía que Rachel lo iba a hacer de inmediato, y Mercedes y Santana parecían pensar en hacer lo mismo que la diva; pero Quinn necesitaba cantar primero porque de verdad necesitaba sacarse la angustia del pecho pues le oprimía en su interior. Levantó su mano inmediatamente, provocando que el señor Schue se iluminara al sonreír; contento porque se voluntariara por primera vez en ya mucho tiempo, supuso Quinn. Le hizo señas para que pasara-: Muy bien, Quinn. Ven aquí.

Mientras avanzaba hacia el frente, junto al piano, pudo sentir como Rachel la seguía con la mirada; pero ella simplemente mantuvo sus ojos pegados al suelo.

- Esta canción se llama "The Scientist" -comenzó a decir Quinn mientras le entregaba unas partituras a Brad y se posicionaba de vuelta en frente del pizarrón- y es la canción que se acerca a lo que siento en este momento; en relación al amor y todo éso.

Tenía miedo, por supuesto. Lo podía sentir en lo más profundo de sus entrañas. Podía sentir su corazón latiendo rápidamente mientras la música comenzaba a aflorar del piano. Cerró sus ojos, estirando sus brazos hacia abajo y abriendo sus manos, haciendo un esfuerzo por dejar que la presión se fuera; y se concentró en sólo escuchar las notas que sonaban. No volvió a abrir los ojos pues Rachel estaba justo en frente de ella.

Su voz temblaba sólo un poco cuando comenzó a cantar, pero trató de tranquilizarse y llegar a las notas correctas. No lo quería hacer, pero abrió los ojos. Miró a Rachel por un momento, que la observaba algo preocupada -a juzgar por sus cejas levemente bajas-, otra vez. Sus ojos brillaban, pero no la miró por mucho más tiempo y desvió su mirada hacia la pared del fondo.

En cuanto la canción terminó, el señor Schuester fue el primero en aplaudir.

- ¡Muy bien, Quinn! Éso estuvo genial -dijo dándole unas palmaditas en la espalda. Ella se limitó a sonreírle y se dirigió a su asiento-. Extrañamos tu voz.

Mercedes, a su izquierda, se le acercó y la zarandeó levemente por su hombro.

- Bien hecho, chica -le dijo sonriendo.

- Gracias -dijo tímidamente. En realidad mucho no le importaba lo que le dijeran los demás; no era pro despreciarlos ni nada por el estilo, pero sólo quería escuchar lo que Rachel tuviera para decirle. Pero, obviamente, no le iba a decir nada, como había hecho en las últimas semanas que pasaron.

Quinn recordó que cuando todo había empezado entre ella y Rachel, no podía lograr imaginarse cómo sería ella fuera de la escuela. Incluso, a veces tenía fantasías de que la morena la invitaba a su casa a hacer tarea de Biología y que la llevaba a su habitación para besarse en la cama. En su cama; pero en ese tiempo no quería admitirlo y menos aún quería pensarlo. Sin embargo, solía imaginárselo en cualquier lugar, siempre intentando ocultar el leve sonrojo que aparecía sobre sus mejillas al estar pensando aquella barbaridad en medio de la gente; pero no podía evitar sonreír ante la idea y morderse el labio.

Cuando era pequeña y las cosas no salían bien y se sentía mal, tendía a hacer ese tipo de cosas; aislarse de la realidad y pensar en cosas que la hacían sentir bien, que la hacían olvidar de que todo estaba mal.

. . . .

Luego de que cantaran Mercedes y Santana, el siguiente fue Kurt, cosa que le extrañó a Quinn. Y por la mirada del señor Schue, a él también le había extrañado que Rachel no hubiera saltado automáticamente de su asiendo después de que ella se sentara para ser la siguiente en cantar. La diva simplemente se quedó sentada en su silla durante todo el resto de la clase, simplemente observando a quienes pasaron. No habló en ningún momento y su posición denotaba lo rígida y tensa que se sentía. Éso ponía nerviosa a Quinn; pensar que muy probablemente la morena estaba así por lo que había sucedido a la mañana y durante la práctica del club Glee.

. . . .

La clase terminó y Quinn se levantó para irse a su casillero y agarrar algunas cosas que necesitaba antes de tener que partir a su casa.

. . . .

Al día siguiente el señor Schuester les comunicó que harían un pequeño viaje al parque en unas semanas más adelante; probablemente a finales de marzo, cuando comenzara la primavera.

- Hay dos razones por las que vamos a hacer este viaje. La primera; nos vamos a reconectar con nuestra raíz, la Madre Tierra -dijo. Kurt no quería tener que ver con nada de éso, pues no quería tener que lidiar con los molestos mosquitos y demás insectos horrendos-. Y la segunda, para que se unan otra vez, como un grupo, una fuerza imparable, para prepararnos mentalmente para las Regionales que están a la vuelta de la esquina.

Quinn, por su parte, estaba un poco entusiasmada. Le vendría bien un buen recuerdo de todos ellos pasándola bien, cantando al aire libre. Le haría bien un poco de diversión sana pues su humor la estaba hundiendo de vuelta. Pero ella sabía que lo que más le iba a hacer bien del viaje, era el hecho de que Rachel fuera. No podía esperar a que pasaran rápido los días; y parecía que faltara una eternidad, todavía estaba en febrero.

Maldita sea.

. . . .

La salida del sol le anunció a Quinn que ya era de mañana. Ella todavía se encontraba en su cama y su alarma comenzó a sonar. Estiró sus brazos, aun medio dormida; se tocó el estómago plano, extrañando por un momento sentir el bulto que cubría a Beth.

A veces solía pasarle éso; pensar en ella, pues había llegado a encariñarse. Creía que porque se había acostumbrado a estar así y le parecía extraño no estarlo. Pero ahora ya no le pasaba con tanta regularidad como cuando recién habían empezado el año escolar. Sin embargo, solía sucederle.

Era lunes, y tendría que estar un poco de mal humor por aquel hecho. Pero no, tenía una sonrisa plantada en su rostro que evidenciaba el hecho de que no era un lunes como cualquier otro. No. Era día de San Valentín y, si bien estaba sola, tenía una idea. El club Glee iba a hacer una presentación durante la fiesta del sábado, para festejar aquel día festivo, y Quinn le había preguntado al señor Schue si podía cantar un solo. Obviamente, el señor Schue, entusiasmado con la idea de que ella comenzara a participar de nuevo, le dijo que sí; y de inmediato le comunicó a Puck que iba a necesitar su ayuda nuevamente.

Las mañanas solían ser un poco silenciosas y de vez en cuando se alternaban con mañanas en las que ella y Judy se la pasaban hablando. Pero por alguna razón, Quinn se sentía muy sola; a pesar de que tenía a su madre y a Puck que siempre estaban con ella -incluso Puck comenzó a ir más seguido a cenar a la casa de las Fabray y Quinn hacía lo mismo, yendo de vez en cuando a ver películas con Puck y Emily, la Puckerman menor-.

Lo que solía ponerla de buen humor a veces era, al final de un día de tarea y más tarea, ir al club Glee; que si bien ya no participaba tanto como antes; podía ver a la diva en todo su esplendor. Se sentía acompañada y escuchada en algún punto, a pesar de que a veces Rachel no dejara de hablar. Pero ya no le molestaba escucharla departir a mil kilómetros por hora. Le gustaba escuchar el sonido de su voz.

Muchas veces, cuando se iba a dormir y su habitación oscura se iluminaba por la tormenta que sucedía afuera, le gustaba pensar que Rachel estaba acostada justo detrás de ella, abrazándola y protegiéndola de todo. Ese pensamiento era tan cálido y familiar, que solía llorar un poco, en silencio, hasta quedarse dormida.

. . . .

Era el segundo período de la mañana del lunes y Quinn se encontraba en la hora de Español con el señor Schue que se hallaba hablando de algo a lo que ella no parecía poder prestarle atención. Okay, a pesar de apreciarlo un montón y todo éso, no le divertía estar en horario de clases.

La ex porrista se encontraba mirando a su hoja en blanco, con su lapicera en mano y su cabeza descansando sobre su mano izquierda, cuyo brazo se apoyaba sobre la mesa por el codo y, de alguna manera, desde muy adentro de sus entrañas, aparecieron unas extrañas ganas de querer escribir su nombre junto al de Rachel; pero enseguida borró la idea de su mente por parecerle por demás estúpida e infantil. Se rió de sí misma, divertida por el estado en el que se encontraba. ¿Cuantos años tenía? ¿Diez? No, definitivamente no; pero Rachel tenía la capacidad para que ella actuara así.

Miró al pizarrón nuevamente, William al frente estaba borrando algo que había escrito, dando la espalda a la clase. Desvió su mirada hacia el primer banco de la segunda fila. Allí se encontraba Rachel, mirando hacia su carpeta con la cabeza baja, también apoyada sobre su mano, como Quinn, moviendo sus pies al son de una canción que tarareaba por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que Quinn, que se encontraba cuatro asientos más atrás, en la tercera fila, la escuchara.

Se fijó nuevamente en su hermoso cabello negro oscuro y brillante, como se ve el cielo por las noches desde su ventana, o desde aquella colina a la que iban con Rachel; siempre tan perfectamente cuidado, con las ondulaciones que enmarcaban su hermoso rostro y que, a los ojos de la ex Cheerio, parecían súper atractivas. Le encantaba.

Por un momento se le cruzó por la cabeza qué pensaría su ausente padre si supiera acerca de los pensamientos que se le solían pasar por la cabeza al mirar a Rachel Berry. De seguro la quemaría como a una bruja; y con más ganas aún, después del incidente que la involucraba junto con un cierto Noah Puckerman y un embarazo no buscado.

El timbre sonó en medio del silencio y la sacó de sus pensamientos. Cerró su carpeta y rápidamente agarró su bolso.

- Muy bien, chicos -dijo el señor Schuester ordenando su escritorio-. La clase ha terminado. Por favor, la próxima semana finjan al menos estar vivos.

- Adiós, señor Schue -saludó riéndose por el comentario mientras salía del aula-. Nos vemos después.

- Adiós, Quinn -respondió levantando la mirada distraído. Seguramente estaba concentrado en preparar lo del campamento. Tratando de prepararse para todo.

Después de haber caminado como dos metros al salir del aula de clases, se volteó para ver salir a Rachel. Trató de disimular que lo estaba haciendo por esa razón y en cuanto estuvo fuera de su rango de visión, la miró mientras caminaba en dirección contraria a la que ella se encontraba; hacia su casillero, seguramente.

En cuanto la morena llegó a destino y se volteó para abrir la puerta del locker, Quinn se dio vuelta para que no se notara que en realidad la estaba mirando, y comenzó a caminar hacia su propio casillero.

Recordó que al principio de todo, luego de que se dieran el beso por jugar a la botellita, no tenía ni la más remota idea de por qué era que la volvía loca Rachel. Le parecía insoportable pero había algo en ella de lo que no se cansaba nunca. Dejando de lado lo egocéntrica que tendía a ser alguna -muchas- veces, Rachel siempre fue buena con ella, aún después de todo lo que ella le había hecho durante el año anterior. Después del infierno en que había convertido su vida. Rachel era buena, amable y considerada a veces.

Mientras que sacaba unos libros de su casillero se dio cuenta de que siempre había estado enamorada de Rachel, sino que no quería admitirlo. Inconscientemente borraba cualquier pista que le dijera que de verdad sus sentimientos hacia Rachel eran mucho más fuertes que una pequeña atracción después de haberse besado con ella. Tenía miedo, seguramente, y por éso no lo quería admitir aquella barbaridad. ¿Qué pensarían de ella? Éso era lo que siempre se preguntaba. Lo que solía preguntarse.

Pero, incluso aunque peleara lo que sentía, Rachel siempre lograba hacerle sentir algo que la llenaba de júbilo. La hacía sonreír, y no cualquiera lo lograba. No después de que la echaran de su casa y tuviera que caminar por la vida, y por los pasillos de la escuela, con la prueba viviente e imborrable de aquella noche que hubiera preferido que no hubiera sucedido. Ese pequeño desliz.

. . . .

Por fin había llegado la tarde y estaba en hora libre, así que decidió adelantarse un poco a los demás e ir al club Glee con treinta minutos de anticipación, caminando satisfecha de que el día por fin haya terminado.

Los pasillos de la secundaria William McKinley estaban cubiertos de guirnaldas de color rojo, y grandes corazones de cartulina por todos lados. Y en el pasillo que dirigía hacia la puerta principal estaba el gran cartel que anunciaba la fiesta del sábado para festejar San Valentín.

Al entrar,observó que el aula estaba vacía y oscura. Estiró su brazo hacia su izquierda y presionó el interruptor que prendió inmediatamente las luces, iluminando las sillas apiladas a un costado, la batería que tocaba Finn cada vez que podía, el blanco pizarrón y el negro y brillante piano que se encontraba cerrado. Quinn se sentó en el asiento de éste y lo abrió para comenzar a tocar algo por lo bajo.

Nadie lo sabía, pero cuando era más chica sus padres solían mandarla a lecciones de piano.

Pensó en alguna canción. Una que no fuera vieja porque le aburrían -a pesar de que tenían buenos arpegios y eran complicadas. Un reto para ella- así que se le vino "Love Takes Over" que tenía un buen arpegio de base y era bastante fácil de tocar. La interpretó tocando un arreglo simple, sólo los tonos bajos y de a una nota por vez, siempre manteniendo el compás.

Cerró los ojos por un momento. No le parecía estúpido hacer éso, ni tampoco le dio vergüenza porque, bueno, se encontraba sola en la habitación. Cantó, una y otra vez; siempre repitiendo el estribillo de la canción. Aumentó el volumen de su voz sólo un poco para poder alcanzar mejor las notas más agudas.

Quinn recordó, mientras seguía tocando los acordes, que el jueves de la semana anterior ella y Rachel habían tenido una discusión. Ya no recordaban en sí por qué había sido, pero se acordaba lo último que había sucedido.

- Lo siento -dijo Quinn, cabizbaja. Siempre que se ponían a discutir sobre temas controversiales durante la hora de clases, la ex porrista solía apasionarse un poco con sus puntos de vista; y sin querer, había comenzado a acalorarse un poco la pelea entre ella y Rachel que, obviamente, compartía un visión distina del tema en discusión. Pese a éso, Quinn se acercó a la morena luego de que terminara la clase, y se disculpó. Rachel la miró severamente, pero luego dejó caer sus hombros mientras que suspiraba.

- No estoy más enojada -dijo.

- No entiendo.

- No estoy más enojada, contigo. Me he portado bastante cortante en relación a tu persona y no me gusta. No me gusta estar enojada, porque luego de un rato se me pasa, pero como soy muy orgullosa no me disculpo; odio tener que pedir disculpas.

- Te entiendo -sonrió débilmente Quinn. De verdad la entendía. Era por éso que ella y Rachel chocaban tanto antes. Porque sus personalidades son ambas fuertes y con hambre de liderazgo.

- Pero Finn sigue siendo mi novio; y éso impide que las cosas entre nosotras puedan fluir como ambas desearíamos. Una parte de mí -una parte muy grande a decir verdad, pero Rachel no lo quería decir- te sigue queriendo, como podrás haberte dado cuenta durante las vacaciones; y temo que si estamos juntas mucho tiempo, me confunda. Creo que en parte es por éso que he actuado de manera agresiva contigo.

Quinn sonrió, contenta porque Rachel ya no estuviera más enojada con ella; pero en parte triste, porque sabía que nunca la iba a tener. Su sonrisa se debilitó un poco, y miró hacia el suelo.

- Gracias -dijo, mirando sus pies en el suelo. Rachel estiró su mano y le acarició el brazo, provocando que los ojos de la rubia delante suyo se movieran, conectándose con su mirada. Le sonrió compasivamente. Deseaba poder abrazarla; pero sabía que una vez que lo hiciera, no la iba a querer soltar. Se miraron por largo tiempo, Rachel manteniendo el contacto físico.

Que ella estuviera con Finn iba más allá de si le gustaba o no; más allá de si quería estar con él o no. Que ella estuviera con él era importante. No lo hacía por ella sino por sus padres, que la amaron como si fuera su propia hija, aún aunque no lo fuera en realidad.

El timbre sonó y Rachel mantuvo la mirada durante unos segundos más, sin querer irse.

- Me tengo que ir -dijo sonriendo y mirando como su mano se separaba del brazo de Quinn, que suspiró-. Adiós.

- Nos vemos.

. . . .

Y de repente, mientras se encontraba concentrada en no tocar mal y cantar bien, una voz sumamente familiar apareció de la nada misma y comenzó a acompañarla. Era Rachel, nadie más.

En cuanto se sentó al lado suyo se puso un poco nerviosa, desconcentrándola así de su objetivo de tocar bien y provocando que le errara a algunas notas; causando que se avergonzara y aumentando aún más su nivel de nerviosismo hasta que se puso roja.

Esa era la primera vez que ella y Rachel estaban solas en una misma habitación desde hacía ya seis semanas, pues el día de la discusión, el señor Stapleton seguía presente en el salón, así que no contó.

- Tranquila -le dijo amablemente. Quinn sonrió en sus adentros en cuanto sintió que la morena a su lado apoyaba una mano en su espalda baja, moviéndola de arriba a abajo, tratando de quitarle los nervios; y, si bien no había logrado concentrarse del todo nuevamente, pese al contacto físico -que, aunque fuera del mínimo, era el primero que tenían en casi dos meses; el del jueves pasado no contaba porque Quinn se sentía triste- que estaba teniendo con Rachel, trató de no volver a errarle a las notas.

En cuanto escuchó pasos entrando al salón, dejó de tocar. Se volteó delicadamente para ver que se trataba de Kurt y Mercedes, que las miraban algo extrañados. Probablemente porque se trataba de Quinn Fabray y Rachel Berry. Sentadas juntas. Con la mano de Berry en la espalda baja de Fabray. Si. Seguramente era por éso.

- Hola -las saludaron. Quinn se limitó a responder el saludo y luego observó cómo Rachel se levantaba con unas partituras en su mano.

- Bueno, chicos; ésto es lo que vamos a cantar -dijo mientras les entregaba las hojas a Kurt y Mercedes; alcanzándole otro par a Brittany y Santana que habían llegado hacía unos momentos después que los otros dos. Quinn, por su parte, la miró fascinada por sus movimientos tan agraciados, su forma de hablar y su modo de comportarse. No lo podía evitar; y mientras la miraba con cara de perro mojado, desvió dos segundos sus ojos para encontrarse con un Kurt que la miraba divertido, sonriéndole.

. . . .

- Al principio no creí lo que mis ojos estaban viendo, pero en realidad era muy obvio -le decía Kurt a Quinn en el pasillo, luego de la clase del club Glee-, si lo piensas por un segundo. Pero admito que me agarró un poco por sorpresa. Era mi obligación haberme enterado antes, como único gay declarado del colegio pero, sinceramente, creo que no lo hice pues porque no les prestaba atención a ninguna de ustedes dos -Quinn lo miraba un poco confundida, avergonzada y desconcertada porque pensaba que lo que pasaba por su mente al ver a la morena y ese apretujón que sentía en su pecho al mirarla no era físicamente evidentes-. No tengas miedo, Quinn. No le voy a decir a nadie acerca de ésto -prosiguió Kurt, apoyando su mano izquierda sobre el hombro derecho de la ex porrista parada frente a él-. Era lógico que te gustara Rachel. Es física pura. Los opuestos se atraen -dijo en tono de obviedad, bastante satisfecho consigo mismo. Hizo una pausa al observar la expresión que tenía la rubia en el rostro, denotando que estaba algo preocupada por el hecho de que era bastante evidente. No le molestaba tanto el hecho de que se enteraran los demás, sino el hecho de que sea tan obvia. Sin embargo, Kurt parecía entenderlo como que ella tenía miedo de que los demás supieran, y prosiguió con su discurso-. Quinn, el amor no tiene barreras; no le interesa cuáles son tus valores, ni tu ideología, ni la religión que profesas ni nada; no le importa nada en absoluto. Es incontrolable, una fuerza imparable y, por sobre todo, inevitable. Uno no elije a quien amar, simplemente sucede -le sonrió-. Yo entiendo por lo que estás pasando... Más o menos. Y, después de todo, eres tú quien decide estar mal por ello o disfrutar cada momento. El amor puede ser lo más cruel del mundo, pero también el mejor sentimiento que cualquier ser humano pueda experimentar.

- Ella sabe que me gusta. Y hemos tenido... Algo.

- Apa -dijo Kurt sonriendo y lenvantando sus mejillas, sin embargo, no se veía tan desagradable como cuando Puck lo hacía-. Rachel tenia bien escondido éso, eh. ¿Cuándo?

- Hace unos meses ya. ¿Recuerdas cuando sucedió lo del juego de la botellita en casa de Puck?

- Éso fue como en septiembre del año pasado.

- Si, hace bastante -demonios ¿Hacía tanto había pasado éso?-. Y bueno, comenzamos a tener encuentro físicos intermitentes.

- Oh, ésto se pone jugoso -dijo Kurt juntando sus manos emocionado. Quinn sonrió y puso los ojos en blanco.

- Pero tuvimos una pelea.

- ¿Fue por lo del beso ese del que hablaban las porristas?

- Dios. ¿Toda la escuela lo sabe? -Kurt asintió. Quinn suspiró-. Y Rachel estaba enojada conmigo, pero el jueves me dijo que no estaba más enojada conmigo pero que no podíamos estar juntas.

- Porque está con Finn -dijo Kurt.

- Exacto.

- ¿Y por qué no le corta? -preguntó, molesto porque la respuesta era simple. Si Rachel seguía sintiendo cosas por Quinn, lo mejor sería que estuviera con Quinn en vez de con Finn.

- No sé. Creo que la hace feliz -dijo pensando-. No sé, de verdad. Pero le escribí una carta.

- Éso es tan de primaria -le dijo y Quinn rió un poco avergonzada-. ¿Y qué sucedió?

- Me fui corriendo, prácticamente; rezando por que la Tierra me tragara -Kurt rió y volvió a poner su cara de compasión, seguramente porque sentía algo de empatía con ella.

- ¿Te volvió a hablar?

- Excepto por el jueves de la semana pasada... Y hoy. No.

- ¿Y cuándo le diste la casa? -dijo, haciendo énfasis en la última palabra.

- El lunes -respondió y Kurt reprimió una risa.

- Bueno, piénsalo así: pudo haber sido peor. Mucho peor -asintió. Quinn, igualmente, hubiera preferido que después de entregarle la carta y que Rachel la leyera, pasaran cosas mágicas, como que la morena la abrazara y le dijera que la amaba y que iba a cortar con Finn; o que le cantara una canción de perdón y después la besara; pero nada de éso sucedió, obviamente; y probablemente nunca pasaría, razón por la cual solía sentirse vacía y con un nudo en la garganta por las ganas de llorar que tenía cuando pensaba en la diva-. Además, las vi hoy, cuando llegamos con Mercedes, en el piano. Seguramente estabas en el séptimo cielo y más arriba aún.

Quinn se puso colorada, mientras sonreía, pensando en cómo se sentía la mano de Rachel subiendo y bajando por su espalda; aunque la morena ni siquiera lo haya querido hacer con el mismo sentido que ella le había dado en ese momento. Sonrió otra vez, para evitar que se notara que estaba pensando en éso.

- ¿Qué hago? -preguntó resignada.

- Esperar lo mejor -dijo Kurt-. Pero yo te acompañaré en tu dolor.

- Gracias, Kurt -le dijo-. Nunca lo había dicho, ni pensado antes pero, eres una buena persona.

- Lo sé -dijo sonriendo con suficiencia, luego le giño el ojo, haciéndole entender que estaba bromeando. Sólo un poco.

. . . .

El sábado llegó y New Directions se encontraba detrás del telón, esperando a que el director Figgins hiciera la presentación.

Interpretaron el primer número, que era una canción en conjunto; y luego era el turno de Quinn y Puck, que la acompañaba en la guitarra. El resto del club Glee festejaba y les aplaudía desde el frente de la audiencia. La rubia se sentó en una banqueta que les habían puesto a ella y a Puck, que se sentó a tu derecha.

- Em... Hola a todos. Gracias por asistir a la fiesta de San Valentín -dijo Quinn, algo nerviosa. Pero acostumbrándose rápidamente a ser el foco de atención-. Con Puck vamos a interpretar la canción de Madonna, "One More Time". Ojalá les guste.

Los integrantes del club Glee aplaudieron y festejaron otra vez. Rachel estaba parada, observando al par en el frente, mientras Finn tenía enrollados sus brazos mientras estaba parado desde atrás suyo, alrededor de su cuello.

Terminaron su presentación y se pararon. Quinn sostuvo la mano derecha de Puck mientras saludaban, sonriendo cómplices.

Salieron del escenario y fueron recibidos por los demás integrantes del coro, que los felicitaban. Kurt le dio un abrazo a Quinn y le sonrió. Luego de que cantaran, pusieron la música típica de las fiestas de San Valentín. Lentos. Solían ser sus partes favoritas, pero ahora que veía a Finchel bailar en el medio de la pista de baile, no le gustaban más.

- Te acompaño a dejar tu guitarra -dijo Quinn-. De paso salgo a tomar un poco de aire. Creo que me está sofocando un poco este ambiente tan... Sofocante.

Caminaron por los pasillos del colegio que estaban vacíos, sus pasos resonando al rededor. Atravesaron el umbral de la puerta principal y caminaron hacia la furgoneta de Puck, donde dejaron la guitarra.

. . . .

- ManHands, tenemos que hablar -dijo Santana acercándose a Rachel en cuanto Finn desapareció para ir a buscar ponche para él y ella. Como siempre, escoltada por Brittany.

- ¿Qué sucede, Santana? -preguntó Rachel algo molesta por la agresividad de la latina.

- ¿Por qué estás con Frankenteen?

- Porque me invitó.

- No, quiero decir -dijo molesta- porque estás con él, como pareja.

- Porque sí -dijo en tono de obviedad. No entendía a dónde intentaba llegar la latina con todos los cuestionamientos. ¿Qué estaba tramando?

- Es súper obvio que el único que está pasándola bien en la relación es Finnocencia. Pero ¿Sabes qué? Él no se lo merece porque se acostó conmigo -Rachel dejó caer sus cejas en frustración. ¿Por qué Finn no le había dicho nada de éso? Y, más importante, ¿Qué estaba intentando hacer Santana al decírselo?

- ¿Por qué me estás diciendo ésto ahora?

- No sé -dijo molesta, cruzándose de brazos-. Pero lo que sí sé, es que Hudson te ha estado mintiendo y no se merece tenerte.

- De verdad no entiendo por qué estás diciéndome ésto y porqué de repente te importa lo que suceda conmigo -dijo, ahora ella cruzándose de brazos.

- Tú y Finn no van juntos.

- Mira, Santana. Gracias por preocuparte... Creo -la latina puso los ojos en blanco-; pero Finn me ama y éso es más de lo que puedo pedir de alguien. Me encantaría que me ame alguien que yo ame, pero éso simplemente no es fácil.

- Y por 'alguien' te refieres a Q, ¿No? -dijo Santana. Rachel la miró desconfiada.

- Quizás.

- Quizás ustedes se crean que no son obvias. Pero lo son y bastante.

- Bueno, Santana -dijo poniendo los ojos en blanco-. Sí, es Quinn.

- Pero entonces no entiendo cuál es la parte 'complicada' del asunto. Creo que te malinterpreté, porque no hay nada difícil en absoluto si se gustan las dos -Rachel la quiso interrumpir, pero Santana la detuvo levantando su mano derecha y agitando su cabeza-. Eres tan complicada, RuPaul. De verdad no te entiendo.

- San no lo quiere decir -dijo Brittany por primer vez participando en la conversación desde que ésta había comenzado-, pero le importa Quinn y la pone de mal humor verla que no la está pasando bien.

Santana puso los ojos en blanco, con los brazos cruzados de nuevo.

- Lo que me pone de mal humor es escucharla mariconear todo el día al verte a tí pasar con Finnessa de la mano por todo el colegio. Me molesta escuchar el rechinar de sus dientes en cuanto ustedes dos entran al salón del club Glee.

Rachel pensó rápidamente sobre lo que le había dicho la latina y sonrió.

- Gracias por esta charla, Santana y Brittany -dijo mirando a la rubia, que sonrió, y luego siguió hablando con la latina-. A pesar de que fuiste un poco de más ofensiva en dirección hacia mi persona -Santana puso los ojos en blanco, todavía cruzada de brazos-, ésto fue... Dulce de tu parte.

- Si, si -dijo la latina moviendo sus manos y alejándose de la morena justo cuando Finn se acercaba con dos vasos en su mano.