Capítulo 20

Después de lo que les parecieron horas y horas y horas caminando y con la antorcha practicamente consumida, el túnel torció ala izquierda y dio a una enorme piedra que les impedía proseguir. Sin embargo, una palanca muy parecida a la del palacio de Pholum descansaba sobre la pared, escondida igual que su hermana. Elsa y Jack se miraron y asintieron. Elsa tiró de la palanca y la piedra comenzó a moverse. Jack apretó la mano de Elsa, que le devolvió el gesto sin dejar de mirar cómo su camino en las sombras se acababa. O eso creía. Cuando la piedra dejó de moverse, ambos pudieron ver que el exterior estaba oscuro, débilmente iluminado por un resplandor plateado. Fuera se extendía un terreno blanco y extraño. Ambos salieron y lo que vieron los dejó sin habla. Sin darse cuenta, habían subido a lo alto de una gran montaña cubierta de nieve.

Elsa se giró hacia Jack con la boca abierta y los ojos como platos.

-¿Tú sabías a dónde daba esto?

-Es la primera vez que cojo ese pasadizo, te lo aseguro-prometió Jack, cansado y sentándose en la nieve.

Elsa suspiró y se sentó junto a Jack. En cuanto lo hizo, toda la nieve de su alrededor se tornó negra y los ojos de Elsa comenzaron a cambiar. La reina de Arendelle cerró los ojos y esbozó una malévola sonrisa. Una risa histérica cruzó sus labios y, de repente, sus manos se alzaron y dibujaron un copo de nieve negro y brillante que contrastaba con la luz lunar que les iluminaba. Jack no daba crédito a lo que estaba viendo. Su Elsa era una especie de copia de Pitch pero en femenino. En un principio, el miedo que emanaba de la arena negra se introdujo en su corazón, pero Jack era más fuerte que aquella sensación y se liberó por completo de ella. Se puso en pie y congeló la arena negra que salía de las manos de Elsa. El pelo se le fue oscureciendo y, cuando abrió los ojos, a Jack se le paró el corazón. Donde antes había azul y luz, ahora solo veía oscuridad y sombras.

-¿Sorprendido, Frost?-susurró Elsa con voz pastosa y arrastrando las palabras- Veo que no te gusta la nueva Elsa.

-¡Lárgate! ¡Sal de ella!-gritó, cogiendo su bastón y apuntando a la que, hasta hacía unos segundos, había sido su amada.

-¿Te atreverías a atacarla sabiendo que aún puede volver a ser ella misma?-rió la Elsa endemoniada- No, me parece que no-se respondió a sí misma.

-¿Qué quieres de ella?

-¿Que qué quiero de ella?-repitió, sin dar crédito a lo que oía- ¿Qué quiere Pitch? Tu destrucción directa habría resuelto las cosas pero, entonces, Pitch no habría disfrutado al verte sufrir, al ver cómo perdías lo que más amabas en el mundo. Has perdido tu reino, no sabes cómo ni dónde están tus padres y, ahora, estás a punto de perder lo único que te queda.

Jack no podía responder, estaba bloqueado. La Elsa oscura tenía razón, Pitch lo había planeado todo para destruir Arendelle desde su centro y llevarse su corazón por el camino. Y todos habían estado tan ocupados con la invasión a Pholum que no habían pensado en lo que crecía dentro de Elsa. ¿Sería demasiado tarde para enmendar su error?

-Pero no te agobies, príncipe Jack-prosiguió la Elsa oscura-, aún te queda una última oportunidad para destruirme. Y, créeme, no te va a resultar fácil hayar la solución. Sin la privilegiada mente de Elsa, ¿qué harás tú? Tu labia no te servirá ahora, Jack-frunció el ceño y se puso en pie para encarar a Jack, que había bajado el brazo con el cayado-. Y ten presente que, a partir de ahora, atacaré lo poco que queda de tu Elsa con todas mis fuerzas. Se te agota el tiempo, Jack.

Con esa última frase, Elsa dio un grito y se desplomó en la nieve. Su pelo volvió a clarear y de sus manos dejó de fluir el torrente de arena negra. Incluso su cuerpo y su cara cobraron el color que solía tener, aunque un poco más apagado que de costumbre. Jack se arrodilló todo lo rápido que pudo junto a ella, ahogando pequeños gritos de dolor por la herida.

-Elsa-la llamó en un susurro-. Elsa, mi vida...

Elsa entreabrió un poco los ojos y parpadeó varias veces para enfocar a Jack. Se sentía desorientada y no sabía lo que le había pasado ni por qué estaba así.

-Jack...-dijo Elsa finalmente con un hilo de voz.

-Elsa-sollozó Jack, abrazándola y apretándola contra sí, olvidando su herida y lo indispuesto que estaba-. Dios, Elsa... Mi Elsa...

-Jack, ¿qué ha pasado?-preguntó, confundida por el abrazo repentino.

El príncipe se separó de ella y la miró a los ojos. Un alivio increíble recorrió su cuerpo cuando vio que aquellos ojos que le enamoraron volvían a ser azules y brillante, no oscuros y perversos. Jack sonrió y acarició la cara de la reina con las dos manos, ambas frías.

-¿De verdad no recuerdas nada?

-¿Qué tendría que recordar, Jack?-preguntó, temerosa. Miró a su alrededor y chilló cuando vio que estaba rodeada de arena negra mezclada con nieve- ¿¡Qué he hecho, Jack!? ¿Qué te he hecho? ¿Estás bien? Oh, por Dios, nunca me perdonaría que...

-Shhh, tranquila, tranquila. Yo estoy bien. Estoy perfectamente.

-Pero... Pero...

-Pero nada, cariño, estoy bien. En serio-trató de calmarla Jack, pero Elsa solo miraba a todos lados; así que, Jack sacó fuerza de donde no la tenía y enderezó la cara de Elsa para que solo lo mirase a él, cubrió los laterales con sus manos y dejó que su nariz acariciara la de Elsa-. Mírame.

-Jack...

-Mírame, Elsa. Por favor.

Tras unos momentos de auténtico pánico, Elsa le hizo caso y se hundió en los ojos azules de Jack. Sintió un tirón en el bajo vientre y enrojeció por un pensamiento repentino. Jack conocía esa reacción y sabía lo que le ocurría, pero no sonrió. Solamente quería que Elsa se tranquilizara y, ya de paso, relajarse él también. Además, no era momento para juegos subidos de tono. En esos instantes, Jack solo quería reconocer en aquella mujer a Elsa y lo estaba haciendo, a pesar de haberla visto convertida en un ser que no era ella y que solo ocupaba su cuerpo. Después de unos cuantos minutos, la respiración de la reina se normalizó y las pupilas de sus ojos dejaron de estar tan abiertas a causa del miedo. Solo entonces Jack se permitió sonreír un poco.

-¿Mejor?-quiso asegurarse.

Elsa asintió débilmente y unas pequeñas y tímidas lágrimas corrieron por sus mejillas. No pudo aguantar más y comenzó a llorar. Se dejó caer con cuidado sobre el hombro derecho de Jack y lloró desconsolada.

-No ha pasado nada, no ha pasado nada-repetía Jack continuamente.

-Sí ha pasado, Jack-repuso Elsa, cansada de escuchar esa misma frase-. No es la primera vez que me ocurre. Ya me ha pasado antes, al menos una vez.

Jack frunció el ceño y apretó los labios, pero no dejó de consolar a Elsa.

-¿Cuándo?

-Cuando te encontré entre los escombros de aquella casa ayer. Tampoco recordaba lo que había hecho, pero por lo menos me encontré en la misma posición que cuando perdí la consciencia. Yo...-tragó saliva y sorbió la nariz- Sé que algo me pasa, Jack. No soy tonta. Se me acaba el tiempo y no hemos encontrado una cura. Yo creía que esto iría más lento, pero es demasido fuerte y comienzo a notar que no puedo controlarlo muchas veces.

Elsa se separó un poco de Jack y le fijó sus ojos en su rostro.

-Estoy irascible todo el tiempo, siempre estoy de mal humor y apenas aguanto las críticas. Sin ir más lejos, anoche estuve a punto de lanzarme al cuello de tu madre.

-¿Por qué?-preguntó Jack, espantado, pero sospechando la razón.

-Me dijo que cómo me atrevía a verte casi desnudo, que cómo era capaz de permanecer en la misma habitación que tú estando en paños menores. Un poco más y me manda crucificar.

-Anda ya, mujer...

-Te lo digo en serio, Jack. Y tú sabes que yo suelo mantener la compostura ante las provocaciones, pero te aseguro que me entraron ganas de coger una de tus gasas y enredársela en el cuello y...-conforme iba hablando, su voz se fue quebrando y convirtiendo en la voz gutural de la Elsa oscura. Sin embargo, Elsa se dio cuenta justo a tiempo y se tapó la boca antes de acabar la frase- Oh, Dios... Lo siento, lo siento, lo siento. No lo hago a posta, en serio...

Jack asintió. Comprendía que Elsa no estaba del todo en sus cabales y dejó pasar el comentario. Le dolía, pero aún más le dolía que Elsa no fuese capaz de controlar ni sus emociones ni sus palabras. Entendió que, realmente, el tiempo se acababa. Se mordió el labio, pero se lo pensó mejor. Negó con la cabeza y besó con dulzura a Elsa.

-¿Fue por eso que tenías tantos libros en la habitación?-quiso saber para intentar desviar un poco el tema y dejar de sentirse tan violento.

-Sí-respondió Elsa, de nuevo en sí-. Pensé que, como fueron los trolls los que tanto nos han ayudado y ellos forman parte de las leyendas de Pholum, tal vez hubiese algo en los libros antiguos que hablase de lo que padezco. O que, al menos, hiciera algún tipo de mención a algo.

Jack asintió, conforme. Se alegró al saber que, por el momento, Elsa podía seguir siendo dueña de sus objetivos durante un poco más de tiempo. ¿Qué ocurriría si llegaban a un punto en el que la propia Elsa dejase de buscar y se rindiese al poder de Pitch? Si eso ocurría, Arendelle estaba perdido. Sin su ayuda, Pholum también estaba perdido. Y Pitch había ganado. Aún así, alejó esos pensamientos tan negativos de su cabeza y se puso de pie, sorprendiendo a Elsa.

-Muy bien, te ayudaré a buscar-dijo, decidido.

Levantó el bastón, caído en la nieve, con un pie y se lo llevó a la mano. A pesar de la herida, podía moverse con cierta elegancia. Sin saber muy bien lo que hacía, trazó un perímetro bastante ancho alrededor de ellos dos. En el punto donde la línea se cerraba, dio un par de golpes y la nieve comenzó a subir a su alrededor, creando una especie de casa improvisada. Cuando las blancas paredes fueron lo bastante anchas y altas, Jack puso la otra mano sobre una de ellas y se concentró en congelarlas. Un momento después, las paredes eran de hielo puro, cristalino y duro. Era tal el espesor que no se veía bien a través de las paredes, lo cual les daba cierta intimidad. Contento con su creación, volvió a levantar el bastón y llevó una línea de hielo de una pared a otra y así con todas, hasta que un tejado en forma de pirámide cubrió lo que quedaba de la estancia. Cuando acabó, susurró al viento que lo elevara un poco y, acto seguido, hizo lo mismo que con las paredes, congelando el tejado al instante. El viento lo dejó en el suelo y se marchó de la misma forma que había aparecido. Cuando acabó, Jack se volvió orgulloso a Elsa. La reina había visto todo el proceso, pero estaba tan cansada que se había quedado dormida con el tejado a medio terminar.

Jack sonrió y sacó una manta de la bolsa de equipaje. Aunque sabía que a Elsa el frío no le molestaba en absoluto, no quería que el pelo se le mojara, por lo que también cogió otro par de mantas y las acomodó cual almohadas. Sujetó la cabeza de Elsa con una mano mientras que, con la otra, ponía poco a poco las almohadas. Una vez puestas, se tumbó junto a Elsa y la abrazó por detrás, tratando de darle algo de calor a pesar de su temperatura anormalmente baja. Besó la coronilla de la reina y suspiró.

-Nadie te va a apartar de mi lado, snowflake. Te lo prometo.