CAPITULO XXI – Supra Tempus

Harry caminaba lentamente detrás de Snape, no había dicho ni una palabra desde que la pelea con Voldemort había terminado, había un millón de cosas que Harry podía soportar, pero la indiferencia y el silencio siempre lograban quebrarlo.

- Severus… - comenzó Harry – ¿podríamos hablar?

- No tengo nada que decirte Potter – su apellido sonó como una bofetada - subiremos a la oficina del director, plantearemos los hechos y después cada quien seguirá su camino. Punto.

- Pero Severus, si me dejaras explicarte.

No tenía sentido seguir tratando de hablar con él, era como si las palabras ni siquiera llegasen a sus oídos, continuaron la marcha por espacio de unos minutos. Se encontraban cerca de la gárgola cuando ésta se movió. El director los miró por espacio de unos segundos antes de acercarse rápidamente.

- ¡Harry! ¡Severus! – dijo el anciano, al estar frente a ellos reflejó en el aspecto desastroso que los dos mostraban - ¿Tom?

Ambos se hicieron a un lado para que el hombre pudiese pasar, un suspiro de alivio e incluso sorpresa brotó de sus labios cuando sintió el pulso, débil pero constante, en el cuello del hombre.

- Hice lo único que se me ocurrió – confesó Harry mientras le tendía la varita de saúco y la propia – aunque no sé qué efectos secundarios vaya a tener, nunca había utilizado ese hechizo, además, lamento mucho haberme llevado su varita señor, pero sabía que la mía no iba a funcionar contra la de Voldemort, ya que comparten el mismo núcleo.

Dumbledore tomó la varita de Harry y con un expelliarmus lo desarmó, solo de esta forma la varita de sauco lo reconocería como su legítimo dueño.

- Vamos arriba, podrán contarme todo lo sucedido – encabezó la marcha de regreso hacia su oficina.

Una vez en la oficina Harry procedió a contarle todo lo que había sucedido desde que entró a la cámara de los secretos, la pelea con Voldemort, incluso la ayuda de Shenak y como había sido petrificada por traicionar la promesa hecha a Slytherin. Dumbledore afirmaba con la cabeza ocasionalmente y sin cortar el hilo de la conversación realizaba preguntas concretas, cuando llegaron a la parte del de Severus había sido controlado por el Imperius éste prefirió apartarse, el recuerdo de la tortura y sus secuelas físicas aun lo atormentaban.

- Quería matarlo – reconoció Harry, incluso en ese momento al ver la figura inconsciente del hombre recostada en el sofá sentía ganas de hacerlo – pero no pude, aunque viaje desde el futuro solo para eso, al final no pude hacerlo.

Harry cerró los ojos al terminar la historia, se sentía cansado, adolorido y derrotado, cuando fue su turno de hacer preguntas Dumbledore resumió la situación del castillo, el fuego había sofocado y el saldo se reducía solo a un par de quemaduras leves, Nagini había sido descubierta y atrapada cerca del salón donde retenían a Pettigrew, seguramente Voldemort la había enviado para castigar al chico por lo sucedido en Hogsmeade.

- Hiciste lo correcto Harry – dijo Dumbledore, apoyando las manos en los hombros del menor le dirigió una mirada llena de cariño y gratitud, se volvió hacia donde Severus estaba parado – tú también Severus, hicieron un gran equipo.

Severus bufó en desaprobación y se alejó otro poco, prestando atención al suelo del despacho, al complicado sello mágico, y al caldero que burbujeaba a su lado.

El anciano miró a los dos chicos, la tensión entre ellos era tan grande que podría haberse cortado con un cuchillo, algo más había pasado en la cámara, algo que no le habían contado pero en lo que no tenía derecho a intervenir, en silencio salió de la oficina, dándoles tiempo para hablar y despedirse.

- Severus, por favor habla conmigo – suplicó Harry, pero Severus se mantuvo de espaldas a él – sé que estas enfadado, pero si me dejaras….

- ¿Enfadado? – dijo Severus, volviéndose al instante como una cobra al ataque - ¿crees que estoy enfadado Potter?

Sujetó a Harry por la camisa, estrellándolo contra uno de los libreros, algunos pergaminos cayeron y Fawkes, que por el momento era un horrendo polluelo desplumado, levantó la cabeza, mirándolos con gesto acusador.

- No, no estoy enfadado – apretó con más fuerza – no cabe duda que eres un Potter, un infeliz, miserable, arrogante, soberbio, pagado de sí mismo…

- ¡Ya basta! – gritó Harry, zafándose con un movimiento - ¡Por eso no te lo dije Severus, porque sabía que ibas a odiarme en cuanto supieras quien era! ¡Así fue la primera vez que nos conocimos! ¡Desde el momento en que pisé Hogwarts me repudiaste! ¡No quisiste conocerme! ¡Me encasillaste en el "hijo de James Potter"!

- ¡Y no me equivocaba! – Severus arremetió de nuevo con la intención de golpearlo, pero se quedó congelado en su sitio, con brusquedad lo tomó por la barbilla, obligándolo a mirarle – no… no puede ser…

- ¿Y ahora qué? – preguntó Harry totalmente confundido.

- Eres, su hijo ¿verdad?

- ¿Aun lo dudabas? Escucha Severus, no puedo cambiar el hecho de que compartimos la misma sangre, y prácticamente la misma apariencia.

- ¡No me refiero a Potter grandísimo idiota! ¡Me refiero a Lily! ¡Eres hijo de Lily ¿no es así?!

Harry bajó la mirada y se quedó en silencio. Severus lo miró de arriba abajo, no necesitaba una respuesta verbal, de alguna forma él lo sabía, se había fijado en sus impresionantes ojos verdes antes de cualquier otra cosa. Pero solo lo había hecho porque eran iguales a los de ella. No pudo evitar llevarse una mano al pecho, tratando inútilmente de mitigar el dolor, amaba a Lily, y saber que en un futuro no muy lejano la iba a perder para siempre lo estaba destrozando. Pese a todo, el albergaba la esperanza de poder mantenerse cerca de ella, como amigo, confidente, como lo que ella quisiera.

- Severus – el tono de Harry sonaba cada vez más desesperado – sé que te hice mucho daño y lo lamento, pero…

Se acercó lentamente, rodeándolo con sus brazos, éste se resistió por un momento, pero al final lo dejo hacer.

- Quiero quedarme Severus – susurró en su oído – quiero quedarme a tu lado, que estemos juntos – lo besó delicadamente en el cuello – no me alejes.

Al ver que no respondía se pegó más a su cuerpo, cubriéndole los ojos con las manos.

- No pienses en cómo me veo… te enamoraste de mí Severus, no de mi nombre, no de mi apellido.

La reacción que esas palaras provocó fue comparable con la de un volcán haciendo erupción, Severus se apartó a toda velocidad, restallando una sonora bofetada en su mejilla derecha, turbado, Harry retrocedió un paso, pero a pesar de que le ardía la cara ni siquiera se tocó.

- ¡No me enamoré de ti! – Snape clavó el índice en el pecho de Harry – ¡me enamore de una mentira!

- Severus, sé que estás enojado, ofendido y…lo entiendo – lo agarró de la muñeca para que no se alejara aún más – pero lo que hubo, lo que hay entre nosotros no voy a negarlo, yo te amo. Y no me arrepiento de lo que hice, lo volvería hacer si puedo pasar una noche más entre tus brazos.

Severus negó con la cabeza, parecía dispuesto a decir algo, pero Harry lo interrumpió.

- Te diré toda la verdad, vengo del futuro, del año 1998 para ser más exactos, mi nombre completo es Harry James Potter Evans, estudio en Hogwarts, soy un Gryffindor, buscador en el equipo de quidditch, y desde que pisé el colegio por primera vez me he visto envuelto en una serie de enfrentamientos con Voldemort y los mortífagos.

Eso fue precisamente lo que me impulsó a viajar en el tiempo, aun sabiendo que los resultados podrían ser desastrosos, con ayuda de una amiga localicé el hechizo y la poción que me trajeron aquí, mi idea era llegar a los años de estudiante de Voldemort y ejecutarlo antes de que la primera guerra mágica comenzara, antes de que formara un ejército y sellara su alianza con todas las criaturas oscuras que existen en sobre la tierra, sin embargo, por error en los cálculos y una falla en el hechizo terminé aquí.

El profesor Dumbledore me ayudó a pensar en una historia convincente sobre mi procedencia, y nadie, a excepción de él y de Sirius Black, sabían mi origen.

Lo más importante de todo, es que te conocí y me enamoré, y no quiero separarme de ti, ya te perdí una vez Severus, no quiero que suceda de nuevo – tomó su mano acariciándola – pero, si puedes mirarme a los ojos, y decirme que no me amas, daré media vuelta y me marcharé a mi tiempo. Respetar tu decisión es lo correcto, después de todo lo que te hice.

Hubo un largo silencio.

- Bien, Potter – Severus le dedicó una mirada glacial – no te amo.

Harry parpadeo rápidamente varias veces, tratando de mantener las lágrimas a raya. Aquellas palabras le dolieron mucho más que la bofetada, algo se desgarró en su pecho y finalmente dejo ir la muñeca de Severus.

Severus se alejó algunos pasos en dirección a la puerta.

- Entonces… adiós.

Harry retrocedió también, conteniendo las ganas de correr tras Severus, de retenerlo a su lado de cualquier forma posible.

- ¡Severus! – gritó, con la voz quebrada – no importa en cuantas vidas te encuentre, siempre voy a enamorarme de ti.

Severus lo contempló por un minuto, dio media vuelta y abandonó la oficina.

Minutos más tarde entró el director, seguido de cerca por Sirius, Lucius, Remus y Regulus, los tres últimos lo miraron con asombro.

- Pensé que querrías despedirte de ellos.

Harry asintió, acercándose al grupo bajó la mirada, no quería saber lo que Malfoy y Regulus dirían, odiaban a su padre tanto o más que el mismo Snape.

- Dumbledore nos contó parte de la historia – Malfoy era el más cercano a él, su voz sonaba serena, pero conociéndolo como Harry lo hacía, sabía que no siempre era una buena señal.

- Sabía que había algo raro en ti – dijo abrazándolo con fuerza – eres demasiado valiente para ser un Potter.

- ¡Pero no te perdono que no nos dijeras nada! - Regulus se unió al abrazo, para después dejar que Sirius y Remus hicieran lo mismo.

Los minutos pasaron rápidamente, Sirius y los demás se mantenían alrededor del círculo, pidiéndole que se cuidara y que tratara de detenerse esta vez en la fecha correcta, Harry esperó un poco más de lo calculado, rogando que Severus apareciera en cualquier momento, al menos para despedirse.

- Ya está listo, Harry.

Dumbledore tomó un puñado de las cenizas de Fawkes lanzándolas al caldero burbujeante, al momento el líquido se tornó azul. El director sumergió su varita y trazó las últimas dos runas.

- Esta vez el hechizo debería detenerse solo, llevándote al punto exacto donde partiste – dijo señalando los símbolos.

Harry asintió y miró por última vez la oficina del director, a los amigos que había hecho, y por ultimo a la figura que seguía en el sofá. Todo había acabado. Nada más que hacer, ninguna batalla futura para librar. Y sin embargo no se sentía en paz. No había felicidad.

- ¡SUPRA TEMPUS! – clamó en voz alta.

Los círculos empezaron a brillar, girando a su alrededor a una velocidad cada vez mayor, las figuras se distorsionaban y poco a poco la oscuridad empezó a rodearlo. Pudo ver los rostros sonrientes y a lo lejos murmullos apagados que le decían adiós.

Cerró los ojos, dejando que todo el dolor y tristeza que tenía guardados fluyeran en forma de lágrimas. Pronto la oscuridad fue absoluta y Harry se dejó perder en ella.

"No quiero irme…."

"Por favor…."

"Daría cualquier cosa por estar a su lado, por favor…."

"Sev…."

o.o.o.o.o.o.o.o.o.o

Harry abrió los ojos cuando sintió que el suelo bajo sus pies era sólido de nuevo, secándose las lágrimas se fijó en la estancia donde había aparecido. No era Hogwarts eso quedaba más que claro, estaba en una casa, en un dormitorio.

- ¿Cariño? ¿Ya estás despierto?

Escuchó la voz femenina a través de la puerta, asustado se volvió en todas direcciones buscando un escondite, hasta que no supiera donde estaba no podía dejarse ver. Harry avanzó a trompicones por la habitación, escondiéndose en el ropero más cercano. Cerró la puerta justo en el momento que la otra se abrió, espiando a través de las rendijas pudo ver a la persona que acababa de entrar, su corazón se detuvo.

- ¿Harry?

La mujer entró en la habitación, buscó debajo de la cama y detrás de las cortinas, de pronto volvió el rostro hacia la puerta.

- ¡James cariño! ¿Está Harry contigo?

Una voz profunda y masculina respondió desde abajo.

- ¡No! ¡Pero si no salimos pronto no tendremos tiempo para comprar todo!

Ella negó suavemente con la cabeza y con una sonrisa siguió buscando, Harry estaba a punto de llorar, sus padres estaban vivos ¡había tenido éxito! Pero, ¿por qué el hechizo lo había mandado ahí? Trataba de formular una respuesta cuando un par de brillantes ojos verdes lo miraron a través de la puerta del ropero.

- Te faltan cien años para poder esconderte de mí jovencito – abrió la puerta y le ofreció la mano – vamos, tu padre se pondrá como un ridgeback noruego si no nos vamos pronto.

Harry titubeo, quiso retroceder pero dentro de un armario no hay mucho sitio para correr, ¿qué haría cuando al salir de entre la ropa su madre lo viera? ¿Qué iba a decir?

- ¿Harry?

Lily subió por su brazo hasta la altura del hombro, con un jalón certero lo hizo salir del armario.

- ¿Estás bien cielo?

Preguntó mientras lo revisaba con la mirada, al no ver nada raro hizo lo que su instinto de madre le ordenó, se arrodilló frente a su hijo rodeándolo con los brazos. En ese momento Harry vio su reflejo en un espejo cercano, un niño, era un niño de nuevo.

- Mamá… - fue lo único que pudo decir antes de estallar en llanto.

Harry sintió como lo abrazaban con más fuerza. Su madre lo acomodó en su regazo, acariciando su cabello y susurrando palabras tranquilizadoras, que pronto lo arrullaron hasta calmarlo. El sonido de pasos acercándose lo alertó, en menos de un minuto la figura de su padre apareció por la puerta.

- El callejón Diagon no va a esperar para siempre – dijo con una enorme sonrisa.

- ¿Estás mejor? – preguntó su madre.

Él asintió.

Después de una mirada rápida al lugar Harry dedujo que estaba en Godric´s Hollow y cuando su padre le tendió un sobre supo al instante que era ¡su carta de aceptación de Hogwarts! Juntos entraron a la chimenea y viajaron por la red flú. Todo era como lo recordaba, pasaron por la lechucería, donde Harry casi llora de nuevo al ver a Hedwig en el mostrador.

Realizaron las compras con eficiencia y rapidez impresionante, recogieron sus túnicas en madame Malkin´s pero decepcionado Harry no se topó con Draco como la primera vez, sin embargo vio algunas caras conocidas en el camino, habría querido saludarlos a todos, pero resultaba obvio que nadie lo conocía.

Todo parecía estar en orden, en su última tienda Ollivander´s, Harry sintió que su corazón se aceleraba de nuevo, probó todas las varitas que el hombre le dio, aunque esta vez trato de no apuntar a cosas que pudiesen estallar, finalmente le tendió su varita.

- Veintiocho centímetros, acebo y pluma de fénix, bonita y flexible.

Harry la acarició casi con reverencia, esa varita lo había salvado innumerables veces, cuando sintió el calor recorriendo sus dedos y chispas rojizas brotaron de la punta supo que ella lo había reconocido.

Ollivander lo miró con una ceja enarcada pero no dijo nada, con placer recibió los siete galeones y acompañó a la familia Potter a la entrada de la tienda.

- Esperamos grandes cosas de usted señor Potter – dijo con una leve sonrisa.

Hicieron una última parada en El Caldero Chorreante, Harry alertó sus sentidos al máximo, encontraron a Hagrid que casi le trituro las costillas por la fuerza con que lo había abrazado, pero para su alivio, no vio señas de Quirrell y Hagrid no mencionó nada de haber ido a Gringotts.

- Si, será fabuloso, aunque cada año tengo por lo menos un herido con los escregutos de cola explosiva, pobrecillos, son criaturas tan incomprendidas.

Harry se rió por lo bajo, en este tiempo todo parecía ser felicidad, por los comentarios de Hagrid, él no fue expulsado y se convirtió en profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas cuando Silvanus se retiró, Sirius y Regulus estaban trabajando para el Ministerio, de Remus y Lucius no supo a que se dedicaban pero estaban bien.

- Ya debo irme – dijo al terminar su cuarta cerveza de mantequilla – tengo que preparar todo para la llegada de los de primero.

Se levantó guiñándole un ojo a Harry.

- Nos veremos en un rato, Harry.

Ellos se marcharon poco después, cuando regresaron a casa su baúl ya estaba en la entrada y un par de elfos domésticos trabajaban a toda velocidad, llevando cosas de un lado para otro.

- Hay que acomodar todo esto también – dijo Lily tendiéndoles los paquetes, el elfo abrió sus enormes y redondos ojos verdes y asintió con fuerza.

Cuando todo estuvo listo los Potter entraron de nuevo a la chimenea para transportarse a King´s Cross, Harry iba al frente con la jaula de Hedwig apretada en sus brazos, de cerca su padre tiraba del baúl y su madre llevaba otra pequeña maleta. Harry se sentía emocionado y feliz, pero también nostálgico.

Al acercarse a los andenes nueve y diez, Harry distinguió entre la multitud un grupo de cabezas pelirrojas, los Weasley, pensó con alegría, todos estaban ahí, al acercarse el Sr. Weasley abrazó a sus padres.

- Que suerte que nos dieran el día para despedir a los muchachos ¿no James?

- Una suerte en verdad ¿has visto a los demás? – preguntó James, mirando a su alrededor.

- Frank y Alice no deben tardar, vi a Malfoy en el ministerio, Sirius y Regulus siguen en Alemania, pero seguramente llegara una carta de ellos mañana a la hora del desayuno – se inclinó para ver a Harry – tu padrino está muy emocionado por tu entrada a Hogwarts.

Después de los abrazos y saludos correspondientes entraron a la plataforma 9¾ , el expreso carmesí ya estaba listo para partir.

Harry se despidió de sus padres, su madre le dio un sonoro beso en la mejilla y lo abrazó con fuerza, deseándole lo mejor en su inicio de clases y suplicando que no se metiera en líos en el primer día, "aunque lo traes en la sangre" dijo con una sonrisa.

Harry subió al tren seguido de cerca por Ron, encontraron un compartimiento vacío y se sentaron, Ron no traía a Scabbers entre sus manos, sino una pequeña lechuza parda que se removía inquieta en la jaula contigua a la de Hedwig,conversaban animadamente cuando la puerta se abrió de golpe.

- ¿Alguien ha visto un sapo? Un niño llamado Neville lo ha perdido.

Harry le sonrió ampliamente a la recién llegada, Hermione seguía siendo adorable, con su encrespado cabello castaño y su voz autoritaria y sabelotodo. Por el rabillo del ojo vio como Ron se tornaba tan rojo como su cabello, Hermione lo había pillado cuando se zambutía un pastelillo relleno a la boca.

- No…no hemos visto nada – logro balbucear entre una lluvia de moronas - ¿pastelillo?

Hermione negó varias veces al ver el amasijo pegajoso que Ron le ofrecía, se sentó por un momento con ellos y después siguió su camino.

- Es...bonita – dijo Ron, aun sonrojado.

- Es genial – aseguró Harry mientras se comía una rana de chocolate, guardó el cromo de Dumbledore en un bolsillo de sus jeans.

La puerta se abrió de nuevo.

- Hola, estamos buscando un sapo – el recién llegado miró alrededor del compartimento y fijo su mirada gris en Harry - ¡oh! ¿eres Harry Potter verdad?

Harry abrió los ojos como platos y asintió lentamente.

- Soy Draco Malfoy – dijo tendiéndole la mano, esta vez Harry la estrechó con suavidad – mis padres me han hablado de ti, eres hijo del auror Potter ¿no?

- ¿Desde cuando eres tan educado Malfoy?

Harry saltó como un pistón, no quería que Ron y Malfoy se pelearan ahí mismo.

- Siempre he sido educado Weasley, pero no contigo.

- Tan odioso e insufrible como tu padre – soltó Ron, dándole un golpe amistoso en el brazo, un momento…¿amistoso? – deberías ser más como tu madre.

El tono en que Ron dijo "madre" hizo que Draco se sonrojara violentamente.

- No es mi "madre", Remus es mi padre también.

Harry estaba alucinando, más cuando notó unos mechones castaño claro en el cabello rubio de Malfoy, ¿cómo podía ser hijo de Remus y Lucius? Una imagen de Remus con un vientre de nueve meses flotó en su cabeza.

- No sé qué estás pensando amigo, pero no es así – dijo Draco en tono de advertencia, en ese momento alguien más se asomó por encima de su hombro.

- ¿Lo has hallado? – preguntó.

- ¡Me había olvidado de Trevor! – dijo Draco levantándose de un salto – vamos Neville, debe estar por aquí.

- Su padre es medimago – explicó Ron, como si eso lo dijera todo – uno muy bueno por cierto, se hizo famoso cuando descubrió la cura para la licantropía hace como cinco años. Y Draco es hijo suyo y de Remus Lupin.

- Pero… ¿cómo? – dijo Harry tratando de digerir toda la información, Lucius lo había conseguido, había cumplido su promesa de curar a Remus – es decir, somos magos pero…¿un hombre embarazado?

Ron casi se ahoga con la rana de chocolate que estaba devorando, tratando de contener las carcajadas miró a Harry como si hubiese dicho el mejor chiste de la historia.

- Ay Harry, ojala nos hubiesen presentado antes, eres muy divertido – jaló aire un par de veces antes de empezar a explicar – Draco es hijo biológico de Narcissa Black, una antigua amiga de Lucius Malfoy, hasta donde sé, fusionó su núcleo mágico con el de Remus Lupin y lo implantaron en el vientre de la Sra. Black y así nació Draco, o…algo así.

- Suena complicado – Harry se llevó una mano a la frente, había querido preguntar mucho más, pero en ese momento el tren se detuvo.

Harry y Ron bajaron del tren, habían aprovechado los últimos minutos para cambiarse y avanzaban en una ordenada fila a las barcas que ya los esperaban en la orilla, mientras avanzaban lentamente Harry tuvo una vista del castillo, su corazón se estremeció como la primera vez. Siguieron por el túnel que los llevaba a la puerta, la cual, tras tocar tres veces se abrió.

Minerva McGonagall ya los estaba esperando, dio algunas ordenes concretas y formados de nuevo entraron al Gran Comedor, el sombrero seleccionador cantó sobre los amigos, la lealtad y el tiempo, a Harry le pareció que como en veces pasadas el sombrero le estaba hablando solamente a él.

El sombrero lo envió nuevamente a Gryffindor, Harry suspiró aliviado y se sentó al lado de Ron y Hermione, miró de soslayo la mesa de Slytherin, quizá esta vez no le habría disgustado tanto ser una serpiente.

Tras la selección, Dumbledore dio un mensaje de bienvenida y se celebró el banquete, Harry miró nervioso y esperanzado hacia la mesa de profesores, pero no pudo ver a Snape por ningún lado ¿por qué no estaba ahí? ¿acaso no había decidido ser profesor?

Tendría sentido, pensó después de cavilar un rato, después de todo, sin Voldemort, Snape no habría tenido necesidad de recurrir a Dumbledore, no habría trabajado como espía y no tendría nada que hacer en Hogwarts.

Con el corazón oprimido Harry miró de nuevo hacia la mesa, justo cuando una persona llegaba y saludaba amistosamente a Dumbledore, con un corto abrazo el recién llegado se sentó junto al director, atacando con ferocidad un plato de puré de patatas y un gran trozo de carne. Harry tuvo que reunir todo su auto control para no saltar sobre el hombre.

- Voldemort… - susurró.

Ron, que hasta el momento parecía inmerso en atiborrarse de la mayor cantidad de comida posible se acercó un poco a Harry, casi gritándole para hacerse escuchar sobre la multitud.

- Es Tom Riddle, enseña Defensa contra las Artes Oscuras desde hace muchos años, mi papá dice que es muy bueno.

Harry sonrió ligeramente, así que después de todo había funcionado. Su mente viajó hasta la batalla en la Cámara de los Secretos, lo tenía atrapado, solo tenía que pronunciar las palabras y la pesadilla terminaría para siempre.

- Sabía….sabía que no tenías las agallas.

Harry se volvió con rabia hacia el hombre, y apuntándole con la varita hizo lo único que se le ocurrió.

- ¡OBLIVIATE!

El hechizo golpeo a Voldemort en la frente, haciendo que perdiera la consciencia al instante, después de eso él y Severus lo llevaron hasta el despacho de Dumbledore, donde el director agradeció a Harry por haberle dado otra oportunidad a Voldemort.

Harry fue sacado del ensueño cuando Dumbledore dio por finalizado el banquete y envió a los alumnos a sus respectivas salas comunes.