Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora: El título es de una canción que me gusta de un grupo (sí, español) llamado Vetusta Morla. Si desean escucharla, les recomiendo la versión sinfónica. Les dije que tarde o temprano actualizaría. No sé que más podría decir para disculparme, más que siento muchísimo la tardanza. Espero que no vuelva a repetirse (al menos no durante tanto tiempo). Calculo unos dos capítulos más para el final y un epílogo.
Capítulo XXI:
Iglús
Sin importar qué tan intenso fuera el dolor que sintiera en esa fecha, siempre la visitaba. Se vistió con pulcritud —con ayuda de una de sus empleadas— y cortó personalmente las flores más bonitas de su jardín. Ese era el único día que salía a las calles. El resto se mantenía confinado en su habitación, puesto que su salud no le permitía mayores esfuerzos.
El día era considerablemente bonito.
Cada paso que daba significaba una labor titánica para su cuerpo débil, pero se lo debía a ella. Había tardado muchísimos años para dar con su tumba y ahora no se apartaría de ella, hasta que a él mismo le tocara su turno de ocupar una. Era irónico que todavía siguiera vivo. Su carta de muerte estaba firmada casi desde su nacimiento, pero la muy desgraciada no deseaba finiquitar su trabajo. Procuraba ir al cementerio muy temprano (o tarde, en su defecto) para que nadie le viera y hasta entonces, jamás había tenido problemas.
Sin embargo, esa ocasión fue distinta… Todo su mundo se sacudió desde los cimentos.
De pronto notó que detrás de él había un hombre, con unos ojos muy parecidos a los de cierta mujer que amó treinta años atrás. No sabía cómo actuar o qué esperar ante aquella situación.
—Hoy es su aniversario —rompió el silencio el visitante desconocido, con voz extrañamente familiar.
—Veintisiete años —murmuró el hombre de largos cabellos blancos— sí que pasa rápido el tiempo… —reflexionó en voz alta, encogiéndose de hombros. Esperaba a que él se fuera.
—¿Amigo? —se aventuró a preguntar el visitante de cabello negro y ojos violetas.
—Podría decirse que sí —respondió, con reservas. Dejó las flores sobre la tumba, con la intención de marcharse. Sentía que su privacidad estaba siendo violada por aquel hombre.
—Sé quién eres… —expresó fríamente, observando su osadía de dejarle aquel ramo de flores. Todos los años dejaba uno. Él se paró en seco —He esperado mucho tiempo para que este momento llegara… —susurró con amargura. Durante años, esas flores habían sido las silenciosas testigos de su presencia. Por más que lo esperara, él había sido lo suficientemente inteligente… o al menos escurridizo, para no dejarse atrapar.
—No estamos en igualdad de condiciones —habló calmado.
—Kuchiki —pronunció despacio— Byakuya Kuchiki.
Ese apellido…
—¿Y quién soy? —preguntó, con inocencia artificial.
—El hombre que le rompió el corazón a mi hermana y que la abandonó embarazada.
Silencio.
Tardó un par de segundos para reaccionar a la provocación.
—Admito que mi comportamiento de esa época no estuvo a la altura de las circunstancias… —reconoció, con arrepentimiento. Su vista comenzaba a nublarse, pero se obligó a continuar de pie—, pero jamás me hubiera apartado de ella, de estar embarazada.
—¿De estar embarazada? —repitió Byakuya indignado— Sin mi intervención, Hisana habría tenido que cargar sola todo el peso de la deshonra. En incontables ocasiones la obligué a que me dijera el nombre del aquel desgraciado que la utilizó, pero ella jamás me dijo nada… Más que por su enfermedad, ella se murió de la tristeza.
—¡E-eso es imposible! —salió guturalmente desde el fondo de su garganta— ¡Me marché, porque no quería que sufriera! —guardó silencio para recuperar las fuerzas— ¿En verdad… estaba embarazada?
—¿Qué ganaría con inventarlo?
—Entonces… —susurró terriblemente afligido— ¿Qué pasó?
—Murió antes de nacer —mintió Byakuya sin remordimientos. No merecía saber que Rukia era su hija, después de haber lastimado tanto a su hermana y orillarla a la muerte con su indiferencia. El rostro del hombre se descompuso y se echó a llorar abiertamente. Byakuya no se quedó a admirar el espectáculo completo. Se dio la media vuelta elegantemente y se fue.
Odiaba a ese hombre más que nada en el universo y jamás lo perdonaría.
—¿Señor Ukitake? —le llamó su chofer, al notar que tardaba demasiado— ¿Señor Ukitake? —repitió, buscándole por los corredores del cementerio— ¡Señor Ukitake! —exclamó horrorizado.
Miércoles.
Cada miércoles se escapaba a su refugio personal, después del trabajo. Solía permanecer ahí una o dos horas y después regresaba a casa, sin mayor novedad. Lo hacía sin ningún propósito definido (y si alguna vez existió uno, ya lo había olvidado).
No obstante, ese día cambió su rutina fríamente calculada.
Se detuvo en una tienda de cedés. Luego de múltiples mudanzas, su álbum favorito de Bad Religion se había extraviado. El estúpido rostro de Renji apareció de su memoria. Por aquel disco, se habían hecho amigos. Salió victorioso con su compra embutida en una bolsa de plástico y dentro del automóvil, rasgó cuidadosamente su envoltura. Metió el cedé al reproductor para escucharlo en cuanto antes. Si no le fallaba la memoria, su pista favorita era la número dieciséis (1). A pesar del tiempo, seguía recordando cada palabra y cada acorde. Como el encuentro con un viejo y querido amigo, una cálida sensación se apoderó de sus entrañas.
Comprobó decepcionado que la cafetería estaba a reventar. Si algo le gustaba de ese lugar —y sobre todo a esa hora— era que normalmente estaba casi vacío y así se podía pensar con calma. Alegres jóvenes estudiantes de la zona parecían haberse puesto de acuerdo para profanar su santuario. Incluso la música de fondo sonaba más fuerte de lo normal, hasta el punto de podérsele calificar como estridente. Sin embargo, también cabía la posibilidad de que todo siguiera igual en ese ambiente y lo único distinto ahí fuera él, volviéndose un anciano decrépito…
En fin.
¿Qué se le iba a hacer?
No le quedaba más que ordenar lo de siempre y largarse.
Tomó su pedido de la barra, con la firme convicción de marcharse inmediatamente, cuando una grácil figura al fondo del local lo detuvo al instante. Se parecía a… No, claro que no era posible. En siete años, jamás se la había encontrado ahí.
¿Qué tenía de diferente ese día?
Alucinación o no, nada perdía en comprobarlo con sus propios ojos.
—¿Rukia? —inquirió, llamándole por la espalda. Tenía la certeza de que era una simple mujer, con un corte de cabello similar. Asumía que era ridículo que coincidieran de nuevo en el universo e incluso estaba buscando las palabras adecuadas para disculparse con ella por el atrevimiento. Además, era consciente de su tremenda cobardía (pues de saber que esa era la verdadera Rukia, jamás se habría acercado a ella). Las posibilidades estaban a su favor. Japón y el mundo entero, eran enormes. Esa no podía ser Rukia. Sin embargo, como una sucia jugada de las entidades divinas, descubrió que sí. Sí qué podía ser Rukia. O mejor dicho, era Rukia. Esos ojos y esa boca sólo le pertenecían a ella. La adrenalina se le subió por los cielos. Ya no podía huir. Estaban frente a frente y a todo color— Vaya, qué casualidad —murmuró, con cruel ironía para sí mismo.
—¿Ichigo? —le llamó Rukia, sin darse cuenta de lo fuerte que se escuchaba su nombre al salir de sus labios. Estaba tan sorprendida, casi como él— ¿Qué haces aquí?
Ni él mismo sabía.
—Vengo de vez en cuando —fue la mejor explicación que pudo darle.
Mutismo.
—¿Por qué no te sientas aquí? —se animó a decirle la ojiazul, rompiendo la infranqueable barrera del silencio.
—Vale —aceptó sin rechistar.
Ichigo se movió con pesadez. Rukia se limitó a observarlo mientras se acomodaba y reparó en la rebanada de pastel que llevaba, junto con su café. Sentía un extraño déjà vu, aunque no lograba descifrarlo del todo.
—Mi favorito —se explicó el peli-naranja, al notar su atención.
Cierto, él amaba el chocolate (2).
Lo había olvidado.
—¿Vives cerca de aquí? —le cuestionó con curiosidad Rukia.
Claro, solo debía recorrer la mitad de la puta ciudad y un cuarto del infierno.
—Sí —afirmó— ¿Y tú?
—Yo no vivo aquí.
Ichigo arqueó una ceja.
—¿Entonces?
—Vivo en Taiwán.
Eso explicaba muchísimas cosas.
—Mmm —soltó un pequeño gruñido, tan característico de Ichigo Kurosaki, dándole un vuelco al frágil corazón de Rukia— Suena lejos.
—Está lejos —afirmó la ojiazul.
Silencio.
—¿Qué hacías en la cena? —preguntó Ichigo interesado, cambiando de tema, al observar que habían llegado a punto muerto en la conversación.
—Acompañar a mi hermano.
—Así que se han reconciliado, ¿eh? —inquirió, alegrándose de veras por ella.
—Sí —confirmó Rukia, esbozando la primera sonrisa sincera— hace un tiempo. Vamos muy bien. Tenías razón —reconoció con nostalgia, recordando aquellas viejas palabras del canal de Karakura, tan desgastadas por el paso del tiempo.
—¿Qué te trae por aquí? —preguntó Ichigo sin rodeos.
¿Qué debía decirle?
¿Qué había regresado a Japón para anunciar su próximo compromiso a su hermano? ¿O que el cabrón de su prometido se había pasado por el culo la promesa de acompañarla y que había regresado por puro despecho?
¿Qué le convenía más?
—Me casaré —se regodeó la pelinegra. Sus palabras hicieron efecto enseguida en Ichigo— Vinimos a formalizar nuestro compromiso con mi hermano. Aunque como hacía tanto que no estaba en Japón, decidí quedarme un par de días extra.
—Vale —expresó neutral, dando un ligero sorbo a su café— Felicidades.
—Gracias —extrañamente, no se sentía feliz al decirlo— ¿Hace cuánto derrumbaron el edificio? —le cuestionó la ojiazul, con un dejo de tristeza. Esa fue la primera pregunta que implicaba el (su) pasado. Ichigo bajó la mirada por unos segundos, antes de responder:
—Seis.
—¿Cómo pasó?
—La Sra. Tanaka no lo soportó —empezó a explicar— Incluso antes de que el viejo muriera, ya tenían planes de vender el edificio e irse a vivir al campo juntos... Su fallecimiento repentino únicamente atrasó la compra por unos meses. Ella intentó controlar las cosas, pero llegó un punto en que no pudo más —hizo una breve pausa— Tú sabes que las compañías de bienes raíces aman esta zona. En casi nada, hubo alguien interesado. Nos dieron un mes para desalojar. Cuando por fin estuvo vacío, alguien pensó que sería más fácil empezar de cero, que hacerle reformas parciales. Entonces lo derribaron, pero no continuaron con el proyecto.
—¿Y a dónde se fue la Sra. Tanaka?
—Decidió mudarse con una de sus hermanas.
—Espero que esté bien —concluyó Rukia, agitando sin convicción el contenido de su taza.
Luego de esta breve conversación, intercambiaron un par de palabras sobre el clima y temas típicos (aburridos) de adultos treintañeros, que no merecen la pena ser mencionados. Terminaron sus respectivas bebidas y salieron de la cafetería. Desentonaban entre todos esos estudiantes universitarios, bulliciosos y llenos de vida, concluyeron al notar sus propias arrugas y pensamientos conservadores, adquiridos por facturas y las responsabilidades.
—¿Ahora a dónde vas?
—A la casa de mi hermano.
Ichigo observó el cielo totalmente cerrado.
—¿Te llevo?
—No —rechazó inmediatamente la oferta— Prefiero caminar.
—¿Segura?
—Un poco de agua no me hará daño, idiota.
—¡Bah! —Rezongó el ojimiel— Intento ser amable y me mandas a la mierda. Olvidaba lo molesta que puedes ser.
—¿Qué has dicho, medicucho de cuarta categoría?
Ichigo frunció el ceño.
—Vale —murmuró irritado, abriendo la puerta de su automóvil— Qué te den —dijo ofendido, dando un portazo. Rukia esbozó una sonrisa torcida y empezó a caminar por la acera contraria, ignorándolo. Ichigo echó a andar la marcha del coche con lentitud, siguiéndola.
La pelinegra se negaba a voltearlo a ver.
—¿Qué? —Inquirió exasperada, al cabo de varias cuadras— ¿Piensas acompañarme hasta que llegue con mi hermano?
—No estaría mal —expresó divertido, aparcándose.
—Estás deteniendo a los otros autos —le informó Rukia, para disuadirlo de su propósito— Deberías largarte y hacer algo más productivo que acosarme —le exigió, acercándose a su ventana.
—Para empezar, no te estoy acosando —murmuró, apoyando las manos sobre el volante— En segundo, la calle es de todos. Si se me da la puta gana, me puedo quedar aquí todo el día. Así que continúa con lo tuyo. Yo no tengo ningún interés en seguir a personas que midan menos de un metro y medio.
La chica Kuchiki apretó los puños, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. No tenía caso discutir con cabezas huecas como Ichigo Kurosaki. Por lo que de limitó a darse la media vuelta y reanudar el paso. Ichigo había olvidado lo divertido que podía ser joder a Rukia Kuchiki. Rukia avanzaba un paso, el automóvil también. Rukia giraba hacia la izquierda, al igual que él. Este juego se prolongó hasta que Rukia no lo soportó más. Odiaba ser acechada por aquel caballo de metal y su nefasto jinete.
—¡Ya! —Exclamó verdaderamente cabreada, parándose— ¡Deja de seguirme! —Ichigo se detuvo por segunda vez, pero a diferencia de la primera, Rukia sí abordó el automóvil— ¿Ya eres feliz?
—Algo —murmuró satisfecho. Ella se cruzó de brazos, claramente disgustada— ¿A dónde vamos? —preguntó socarronamente.
—No sé —respondió Rukia— Tú eres el chofer aquí. Aunque yo diga una cosa, si a ti te sale de los cojones, haces otra. Qué más da que te diga a donde voy.
Ichigo se moría por echarse a reír, pero se contuvo.
—El cinturón —le recordó serio, encantado con la idea de molestarla todavía más
—Hijo de puta… —refunfuñó bajito.
Y la diversión acababa de iniciar.
La mujer de ojos violáceos planeaba hacerle la ley de hielo, hasta que Ichigo no supiera qué hacer con ella. Observaba ávidamente el paisaje nocturno de la ciudad, mientras que Ichigo doblaba y enfilaba calles a diestra y siniestra. De vez en cuando, lo miraba a hurtadillas. Tenía que decirlo, su perfil era bonito. Como una de esas cosas que todo el mundo debería conocer, como la Torre Eiffel o el Taj Mahal. Entonces ella negaba con la cabeza imperceptiblemente y se enfocaba a seguir viendo por la ventana.
Si era honesta consigo misma, poco le importaba a donde la llevara Ichigo, mientras estuviera con él un rato más…
—¿De verdad… —comenzó Ichigo— no te da curiosidad?
—No —contestó toscamente.
—Te he subestimado —reconoció el ojimiel— La verdad es que yo tampoco sé a dónde vamos.
—¿Entonces me estás diciendo que llevamos casi una hora metidos en esta mierda, sólo porque sí?
—¿Qué nos pasó, Rukia? —le preguntó Ichigo de pronto.
—¿A qué te refieres? —expresó confundida.
—Tú sabes —murmuró con voz ronca— en general.
—No lo sé, Ichigo —respondió, desviando la mirada— Crecimos.
—No me gusta.
—Ni a mí.
—¿Tú tampoco quieres regresar a casa? —se sinceró el peli-naranja. Ella negó con la cabeza, dándole la razón, pero sin ahondar más en el tema— Conozco un buen sitio.
—Vamos.
—¿Podemos pasar primero a mi casa?
—Está bien.
Se sentía muy nerviosa. Si por ella hubiera sido, habría abierto la puerta del automóvil (sí, en marcha) y hubiera rodado por la carretera, antes que afrontar lo que se le venía.
Conocer su casa…
Sonaba como si fuera la acción más simple del universo, pero en realidad encerraba un gran significado. No hay nada más íntimo o privado, que una casa. No todos somos capaces de permitir que intrusos se inmiscuyan entre nuestra ropa sucia, por miedo a qué pensarán de nosotros. Todos podemos comprar una casa, pero pocos realmente pueden crear un hogar. Una casa es el sitio donde más tiempo pasamos las personas. Donde comemos, soñamos y somos felices o infelices. Cada detalle no es un hecho aislado. ¿Estaría ordenada o sería un caos? ¿Tendría muebles modernistas o se iría por lo más clásico? ¿Una planta o dos? ¿Patio grande o pequeño? ¿Tendría mascota? Una casa puede decir mucho de una persona y ella no sabía si lo que iba a ver le fuera a gustar… ¿Vería juguetes desparramados por doquier? ¿O sería un santuario a la soltería masculina?
Era un barrio tranquilo y muy nuevo, casi a las afueras de la ciudad. El típico lugar donde vive la clase media de los profesionistas y sus familias. Las áreas verdes y los parques no eran escasos, siendo perfecto para los niños. Las farolas iluminaban suavemente las calles. Era una noche de verano en su máxima expresión. Incluso los nubarrones habían desaparecido.
Rukia observaba con atención a cada detalle.
—Hemos llegado —sentenció Ichigo, dedicándole una sonrisa, invisible en la oscuridad.
Su propósito era presentarle a Akari, quien seguramente no tardaría mucho en regresar a casa, luego de su clase de karate. La madre de una de sus amigas de la escuela se había ofrecido a llevarla. Admiraba a Ichigo como padre y si estaba en sus manos, solía facilitarle las cosas, como cuidarla en algunas emergencias. También se turnaban diversas actividades. La señora era la encargada de karate, él de fútbol. Y sucesivamente, según fueran surgiendo los compromisos escolares o sociales.
Ambos descendieron del vehículo. Ichigo empezó a rebuscar entre sus bolsillos las llaves. De pronto, la puerta se abrió sola y dejó al descubierto una hermosa mujer. Su cabello era verde y tenía cuerpo de infarto, hizo un análisis rápido la morena:
—¡Hola, Ichigo! —le saludó alegremente, colgándose sobre su cuello— ¿Es amiga tuya?
Rukia no podía creer lo absurda que resultaba la escena. Ichigo se veía incómodo, pero ella intentó facilitarle la situación:
—Sí —afirmó la pelinegra, sonriendo— Rukia Kuchiki —se presentó.
—Nelliel Tu Odelschwanck, encantada —expresó, separándose con recelo de Ichigo y ofreciéndole la mano.
Se dieron un brevísimo apretón.
—Regreso en un momento —explicó secamente Ichigo, apartándose definitivamente de la mujer de cabellos verdes.
—¡No es necesario! —Se apresuró a decir Rukia— La casa de mi hermano está muy cerca de aquí. Ya te lo dije hace rato, quiero caminar.
—Pero… —replicó el ojimiel, pero fue interrumpido por Nelliel.
—Ichigo, si ella dice que quiere irse caminando, deberías dejarla ir.
—Nelliel tiene razón —convino Rukia.
Parecía que Ichigo deseaba aniquilarla con la mirada.
—Como sea —cedió al fin.
¿Cómo se atrevía el cabrón de Ichigo a llevarla a su casa y con su esposa? ¿Qué ganaba con humillarla de esa manera? Pues además de que debía de justificar su ausencia de una manera convincente ante su hermano, ahora se sentía como una mierda. Ichigo sólo lograba eso. Sacaba lo peor de sí y debía felicitarlo. Con un par de horas, había destruido su dignidad como mujer. Y había que dejar a un lado el hecho de que posiblemente iba a tirársela (eso era bastante natural y ella lo deseaba). Lo que verdaderamente le indignaba de todo aquello, era que él hubiera tenido el atrevimiento de llevarla a su casa donde, por consiguiente, estaría su —jodida— esposa.
—¿Qué haces aquí? —le reclamó Ichigo sumamente molesto, en el interior.
—Vengo a ver a mi hija —respondió con naturalidad, echándose sobre el sofá.
—Vale —expresó él, más calmado, caminando en círculos— ¿Pero por qué te comportaste así?
—Ya veo —comentó Nelliel con malicia, estirando el cuello para observarlo— Te he espantado la conquista, ¿no?
—Si la has espantado o no, no es asunto tuyo —le espetó, clavándole la mirada— Puedes venir a ver a Akari las veces que quieras, pero no tienes derecho a meterte en mi vida… —continuó duramente— Por ejemplo, a mí me importa una mierda que vivas en otro país con un tío. Sólo quiero que me avises cuando piensas visitarla y que me des la llave con la cual has conseguido entrar. Es mi casa y…
—¿Papá? —Inquirió una vocecita, desde la entrada— ¿Mamá? —expresó sorprendida, como si viera una aparición fantasmal.
—¡Hola, cariño! —Le saludó Nelliel, como si fuera una madre común que saluda a sus hijos cuando éstos llegan de la escuela— ¿Cómo estás?
—¿Qué haces aquí? —repitió la niña las palabras de su padre, sin darse cuenta.
—Mami ha venido a verte —contestó Nelliel empalagosamente, a la altura de un niño de tres años.
—¡Vete! —gritó enfurecida Akari— ¡No te necesitamos! —chilló sobresaltada, empujándole hacia la puerta— ¡No eres nadie para mí!
Aunque Nelliel se lo tenía bien ganado, Ichigo sintió pena por Nelliel, quien se veía claramente devastada por sus palabras.
—Y-yo… —hizo el vano intento de excusarse.
—Akari —le llamó severamente Ichigo— No debes hablarle así a tu madre.
—Papá, ¿por qué la defiendes? —inquirió, sintiéndose traicionada. Gruesos lagrimones empezaban a caerle sobre sus sonrosadas mejillas— ¡Los odio a los dos! —y salió corriendo, perdiéndose en las escaleras.
Quería muchísimo a Ashido. Lo sentía cuando la estrechaba entre sus brazos. Al oler la loción que utilizaba y cómo atesoraba ese aroma durante el resto del día, para llevarlo consigo. Tenían sus problemas de vez en cuando, como cualquier otra pareja, pero no podían estar enfadados por mucho tiempo. Tarde o temprano, alguno de los dos cedía.
En cuanto observó a Ashido plantado afuera de la casa de su hermano, el enojo se disipó con rapidez. No le habló inmediatamente. Se tomó su tiempo para buscar la llave del portón y él seguía sus movimientos con la mirada, esperando humildemente.
—¿Entras? —expresó Rukia con naturalidad.
Ashido obedeció sin rechistar.
—Rukia, yo… —empezó tímidamente el hombre, siguiendo sus pasos. Era la primera vez que visitaba la residencia Kuchiki, así que desconocía el camino. Ella detuvo su andar abruptamente.
—Cállate —le ordenó con irritación, pues no deseaba escuchar sus disculpas. Entonces notó que, aunque vestía con su habitual pulcritud, llevaba una barba de no pocos días y una tenue sombra se le dibujaba por debajo de los ojos. Sabía que no lo hacía a propósito, él no era así. Se sintió muy conmovida, debía haberlo pasado mal— Vamos con mi hermano —dulcificó su voz y le tomó por la mano—, pero…
—¿Pero?
—Vuelve a romper otra promesa y yo te rompo el culo.
Ashido esbozó una gran sonrisa.
De pronto, el rostro de Ichigo apareció en su mente.
Tres días habían pasado desde su encuentro y su mente era un verdadero caos. Había perdido todo apetito e interés en los preparativos de su boda. Escuchaba por compromiso a las personas, pero las palabras difícilmente tenían coherencia. No disfrutaba de la compañía de nadie, ni siquiera la de Ashido. O mejor dicho, en especial, la de Ashido. Comprendía que él tenía muchísimas salidas planeadas (era la primera vez que estaban en Japón juntos), pero no sentía ánimos. Luego de montón de súplicas sin sentido, se rindió. Ahora Ashido salía solo, mientras ella observaba el jardín durante horas.
A veces su hermano se acomodaba junto a ella, como en aquella tarde.
—Nos vemos en la cena —se despidió Rukia, levantándose de aquel banco. Pensaba en darle la vuelta a la manzana, para matar un poco de tiempo.
Su hermano asintió como seña de aprobación.
Él también notaba su conducta anormal, aunque desconocía el motivo.
El atardecer era bastante bonito, pensó al dejar atrás la primera cuadra. Aunque esa zona no se le podía calificar precisamente como concurrida, en la calle apenas y había gente. Por eso soltó un grito de horror, cuando percibió que una mano le tomaba repentinamente por el antebrazo.
—Tenemos que hablar.
—No —se negó, zafándose.
¿Cómo putas había conseguido la dirección de su hermano?
—Rukia, hablemos —insistió Ichigo, cerrándole el paso.
—Yo no tengo nada de qué hablar contigo.
—Bien —aceptó el peli-naranja—, pero yo contigo sí. Así que hazme caso. Terminaremos más rápido, que si sigues evitándome.
Ella lanzó un suspiro.
—Ichigo, estoy cansada de las explicaciones. En especial, de tus explicaciones —recalcó, aunque sin llegar a reprochárselo directamente— Ya no las necesito. Si estás casado, divorciado, viudo o soltero, me importa una puta mierda. En tu conciencia estará. Y de la misma forma, espero que tú no me hagas preguntas…
Él parecía sumamente sorprendido, pero no habló.
Tan sólo se limitó a besarla.
—¿A mi casa o a la tuya? —preguntó Ichigo inocentemente (si es que podía llamársele de alguna manera) en el intervalo que tomaron para recuperar el aliento.
—En la tuya.
El orgullo o la dignidad eran palabras muy lejanas en aquel instante. Carecían de fundamento, parecían ajenas a las circunstancias… pero ya no importaban de mucho.
oOo
—Rukia —le llamó Ashido, desde el pasillo— ¿Saliste?
—Sí —confirmó, sin darle detalles ni abrirle la puerta— ¿Cuándo te vas a ir?
—¿Cuándo me voy a ir? —repitió el pelirrojo confundido— Pensé que nos iríamos juntos el viernes.
—Me quedaré más tiempo en Japón —reveló la pelinegra sin darle mayor importancia— Descansa —se despidió secamente, sin darle oportunidad de seguir hablando del tema.
¿Qué bicho le había picado a Rukia Kuchiki?
No entendía nada.
Notas:
(1) «News from the Front», la canción favorita de Ichigo según Tite Kubo.
(2) La comida favorita de Ichigo es el chocolate y el Mentaiko Karashi (huevas de bacalao marinadas).
Regresé. O al menos eso creo. En ustedes está el juzgar si lo hice bien o ya estoy en mis últimas. Ya saben, su opinión me importa y mucho (aunque es cierto que al final hago lo que me venga en gana, pero si los tomo en consideración). Compañeros de piso se nos está acabando. No sé cómo sentirme al respecto. Quiero terminar este ciclo ya, sin embargo sé que me sentiré vacía durante un buen tiempo. Personalmente, en estos seis meses me ha pasado de todo (ya soy mayor de edad, ¿pueden creerlo? P. , ya soy legal y puedes hacerme lo que quieras... aunque prefería que me trataras bien).
En junio hago mi examen de admisión para Medicina. Deséenme mucha suerte, que la necesitaré.
Ahora, a lo que vamos.
¿Creían que Byakuya era el papá de Rukia? Pues no. Me esforcé para que pareciera que sí, pero también les dejé muchos indicios que confirmaban lo contrario. Aún quedan cosas por aclarar, pero ahora ya sabemos quién es el verdadero padre de Rukia: Ukitake y Bya-kun ya sacó las garras… Un pan de Dios, no es. ¿Se lo esperaban? ¿Qué les pareció la actitud de nuestro Ichigo? ¿Lo sienten más maduro o totalmente fuera de su personalidad? ¿Quién más cree que Nell es una maldita entrometida?
YA ESTAMOS EN LOS 300 REVIEWS, HERMOSÍSIMOS LECTORES BEBÉS
¡GRACIAS!
Yo sé que no tengo derecho a responder los reviews (la actualización no es grande y los hice esperar mucho), pero es que juro por todos los dioses de todas las religiones, que los extrañé mucho. No me cansaré jamás de agradecerle todo el tiempo que le dedican a esta historia y a sus comentarios. Ustedes son mi principal motivación.
JertalxD: Les prometo que no lo hago voluntariamente. Si por mí fuera, actualizaría cada tres días.
Otonashi Saya: Me estoy devorando los sesos pensando en qué pensarás tú de este capítulo. Siempre le das en el blanco, así que tengo miedo de que no te guste. Aunque no creas, sí me da un bajón en el ánimo, pero quiero que seas totalmente honesta.
Hisame Sysyeh: Ya mejor ni hago promesas. Intentaré que eso sea más fluido.
mitsuki kuromo: Necesitamos que Ashido sea un patán para que sea más fácil juntar a Ichigo y Rukia (?).
DEUSxkero: Señor Deus, ¡muchísimas gracias! A mí siempre me anima ver tus comentarios (al igual que todos, pero en facebook veo los tuyos más seguido). Ya sabes, las mujeres somos un constante vaivén de emociones HAHAHA Y como siempre he dicho, octubre es un mes raro para mí y mis emociones. Abril es un mes bonito. De igual forma, si alguna vez necesitan de mí, ya saben dónde estoy.
ALEXZHA: Ni se olvidarán jamás MUAJAJA
Soul Neko-Natsu: Conmigo nunca se sabe… jaja Pero no le veo más de tres capítulos más. Tengo un conflicto interno respecto a cómo terminaré todo esto, pero creo tener ya una idea más o menos definida. Mi bloqueo fue un SEÑOR BLOQUEO. ¿Me creerás que tengo muchísimo tiempo sin leer Bleach?
Liebesspiel Moon: Tú sabes que desde el XV más o menos, los capítulos son relleno HAHA Mi idea original era increíblemente cruel (y me hubieran linchado) así que estuve improvisando, aunque creo haber visto la luz del túnel. La vida bale berga JAJAJAJAJAJAJAJA
Akane-chan: Siento la confusión. Soy mujer (o al menos eso dice mi acta de nacimiento). Lo del conteo de esperma es porque estoy en un laboratorio de análisis clínicos y nos tocaba hacer esa práctica. Este semestre, he hecho bastantes coprocultivos (que usan copro. Es decir, mierda, pero de manera elegante HAHAHA)
Phantom Claire: Thank you
Dan Yagami: Querido (y sexy) Dan, ¡rastrearé tu IP por herir mis sentimientos!
Rukia inlove: Gracias, por la parte que me toca. No sé si lo hayan notado los demás, pero justo antes de irse Rukia le dejó una nota a Ichigo donde le decía que no le hablara si se llegaban a encontrar. En la fiesta por eso actuó así. Además, si lo recuerdas, él se marcha al estacionamiento a fumar y saca esa nota de la cartera para recordar esa promesa.
Avielcool 8: Tienes toda la bendita razón. A veces queremos dedicarle todo el libro a una sola persona, pero resulta que al final sólo ocupó un capítulo. La vida es curiosa.
Metitus: LOS CAMINOS DE LA VIDA, NO SON LO QUE YO PENSABA, NO SON LO QUE YO CREÍA (8). Bueno, por ahí va la canción jaja Siempre intento que esto sea lo más apegado a la vida real, además de que me sirve de terapia.
sofi12: ¿Quién creías que era el papá de Rukia y por qué? (me sentí como un examen jaja "Justifique su respuesta"). La verdad es que me da curiosidad.
Abadeer: Siento vergüenza de ver que este review es de octubre y ya es abril…
Chiiiachan: Rukia ha estado con más chicos guapos que yo en cinco vidas jaja
Psycho-Anto: Insisto en que me avergüenza ver los reviews (diciembre en este caso) y ya estamos en pleno abril. Lo siento. Yo también deseaba una actualización navideña, pero mi PC me jugó chueco. Perdí todos mis archivos y a la fecha, aún no recupero mi cronología de esta historia (mi esqueleto a la hora de planear los capítulos). A veces siento que mi narración es algo redundante o demasiado vulgar jajaja
Guest: Desde que soy mayor edad (enero) Santa ya no me quiere. Sólo me sirven todas esas buenas vibras que ustedes me envían a través de sus palabras y su apoyo en los reviews.
Ferthebest-ia: De repente me entra duda respecto a cómo voy desarrollando la trama, pero este tipo de comentarios me suben la moral. Gracias
Rukia: RUKIAAAAAAAAAA ¿ERES TÚ?
Annabeth: Mi mayor aspiración siempre fue poder desvelar a las personas por la intriga de que pasará en el siguiente capítulo :') Yisuscraist, febrero. ¿Qué demonios me pasó durante tanto tiempo? Yo también espero no tardar tanto.
Javeinacio: No te preocupes. Tarde o temprano terminaré. Quiero deshacerme de esta maldición de abrir muchas historias y jamás terminarlas. Me alegra saber que la lectura no resulta tan tediosa.
Ichirukiyui: Mi troll interno es una bestia. No puedo dejarles la cosa tan fácil (Todos los personajes y ustedes: ¡Pero no te quieras pasar de -palabra censurada-!). Algún día se amarán (?)
