-Señorita Granger, unos aurores la esperan en su habitación, junto al ministro de magia y el encargado de la sección de maldiciones imperdonables del Ministerio. Ademas, necesito tener unas palabras con usted antes de que los vea- Eileen apretó mi mano, reteniéndome, y vi como Severus apretaba la mandíbula con fuerza.

-no pueden hacer esto, no pueden llevársela- la desesperación en la voz de esta mujer que acababa de conocer me entibio el corazón, estaba preocupada por mi- ella me salvo y se defendió, no pueden mandarla a Azkaban por eso!-

-tranquila, señora Snape, por ahora ellos solo quieren hablar con ella. Será mejor que me acompañes- dijo, mirándome. Me acerque a la puerta que el mantenía abierta para mi- sola- recalco, el director, y solo entonces note que Severus se movia, inquieto, tratando de ir conmigo. Regrese sobre mis pasos, y le sonreí intentando transmitirle seguridad, aunque en realidad estaba asustada.

-no te preocupes, todo ira bien- le di un suave y efímero beso antes de salir de la habitación, seguida por Albus. El me llevo a una habitación vacia, y aplico un hechizo silenciador antes de comenzar a hablar.

-primero, necesito que lea esto- me extendió un documento que tome y comencé a leer rápidamente, con suma atención- necesita saber cuales son sus herramientas para enfrentarse al Ministerio, y no son pocas, déjeme decirlo. Se que hara honor a su casa, sacándoles el mayor provecho posible. Al leer este documento entenderá que sobre usted recae la continuidad de su familia, y deberá aprender el… negocio familiar. Naturalmente, cuando prepare esto, o mejor dicho, cuando mi futuro yo preparo el tema de su fortuna y todo lo que le comente hace unos días, modifico las mentes de sus familiares y todos aquellos implicados en estos asuntos. Un movimiento temerario, pero llevado a la perfeccion, modestia aparte- dijo en tono jocoso- usted tiene todas las obligaciones que la familia Granger ha tenido durante siglos, aunque me temo que usted no debe saber mucho al respecto, verdad?-

-no, en realidad no se nada. Mi padre fue desheredado y desconocido por su familia cuando se caso con mi madre. Nunca supe nada sobre la familia de el, solo que eran muy ricos, muy snobs y se creían de la realeza- dije, con desden. Siempre me había dolido saber que tenia unos abuelos que nunca habían querido conocerme, y por mucho tiempo, había creido que había algo malo en mi, por lo que ellos me despreciaban.

-bueno, todo eso es cierto, excepto lo ultimo… vera, no simplemente se creían de la realeza, sino que tienen cierto lejano parentesco a través de un matrimonio celebrado hace algunas generaciones atrás. Pero ya leera todo eso ahí- señalo el papel entre mis manos y continue mi lectura, poniéndome mas palida a cada palabra que leia. ¿En que me había metido? O mejor dicho, ¿En que me había metido Dumbledore?. Suspire, terminando de leer el documento, bueno, al menos, todo este enredo en el que desde ahora viviría me proporcionaba cierta inmunidad. Antes de dirigirme a mi habitación, el director me apunto con la varita, transfigurando mi horrible bata de hospital en un bello y sobrio vestido negro, y mis pantuflas en unos hermosos y acharolados stilettos, también negros.

-asi se ve mucho mas como lo que es, señorita Granger- le agradeci brevemente, y camine hacia la puerta de mi habitación, esforzándome por verme "no-convaleciente", mientras de una pasada de varita acomodaba mis rizos y delineaba mis ojos "Gracias a Circe tengo magia, sino me veria como una zombie", con ese ultimo y totalmente superfluo pensamiento entré a la habitación donde el ministro me esperaba junto a dos aurores y dos hombres mas, que se presentaron como el encargado de la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia, específicamente de la sección de Imperdonables, y el delegado de la Oficina Internacional de Ley Magica, mas específicamente de la sección "protección muggle". Tras un apretón de manos, me sente frente a ellos y cruce las piernas, mostrándome despreocupada, como me había recomendado Dumbledore, utilizaría todo lo que tenia a mi favor, que no era poco, acerca de mi nueva…posición social, como buena slytherin, saldría de este embrollo ganando, o al menos, no perdiendo nada.

-ustedes diran, señores, en que puedo ayudarles- sonreí, con una mezcla de cordialidad, descaro y total conocimiento sobre mi poder. Cuando vi tragar grueso al ministro de magia, supe que esto no tomaria demasido tiempo. Ellos sabían quien era yo, lo sabían desde antes de que yo supiera el significado de ser una Granger.

Oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooO

Me pegue a la pared, intentando oir algo de lo que sucedia en la habitación de al lado. Claro, me avergonzaba de mi comportamiento, pero estaba preocupado por mi novia, eso era entendible, no? Además, ella estaba metida en todo esto por haberle lanzado un cruccio a mi padre, eso era algo que yo deseaba hacer desde hace años, el tipo es un cerdo, quien puede culparla por eso?

Al otro lado se oyó el chirrido de la puerta, supuse que mi castaña acababa de entrar en la habitación, ¿estaria nerviosa? ¿tendria miedo?, a mi lado, mi madre parecía al borde de las lagrimas una vez mas. Habíamos estado hablando mientras Hermione se fue con Dumbledore, testificaríamos ambos si era necesario. Hariamos lo que fuera, pero ella no iria a Azkaban por salvarle la vida. Las voces se oian muy levemente, asi que me pegue mas a la pared, concentrándome en la conocida voz de Mione.

- ustedes diran, señores, en que puedo ayudarles- parecía muy tranquila, incluso retadora. No pude evitar pensar en cual seria el plan del viejo loco para hacer que ella actue asi de despreocupada. La voz desconocida de un hombre, mucho mas potente que la de ella se dejo oir claramente, sin embargo, parecía nervioso.

-Dame* Hermione Granger, antes que nada quisiera presentarle mis respetos, le aseguro que estoy profundamente honrado de conocer a un miembro tan distinguido de su familia, aunque lamento terriblemente, por supuesto, las circunstancias en las que se dio esta presentación- ese, si no me equivoco, fue el ministro de magia, y parecía estar besando el suelo que mi novia pisaba, odie sentirme tan malditamente confuso, parecía que me había perdido una gran parte de la historia, ¿la familia de Hermione? Ella misma nos había contado que eran muggles, y ¿habia utilizado el ministro un titulo nobiliario para dirigirse a Mione?- necesitaríamos que nos diese una explicación, ¡no! Es decir… seria posible que nos comentase algo sobre los hechos acaecidos en la residencia de la familia Snape?- casi me podía imaginar al ministro sudando como un cerdo mientras balbuceaba incoherencias, y eso era raro, porque tenia bastante fama de autoritario.

-Por supuesto, puedo compartir eso con usted. Fui a la residencia de los Snape y me encontré con la desagradable escena que representaba el ciudadano muggle Tobias Snape, que agredía brutalmente a la señora Eileen Snape, apellido de soltera, Prince, una de las familias mas…reconocidas entre la comunidad mágica, como entenderá, era mi deber, debido a mi status, encargarme de tal situación- se hizo una pausa, en la que alguien se aclaro la garganta.

-pues si, si, claro, tiene usted toda la razón… pero una maldición imperdonable… puede meterla en problemas, usted sabe que eso conlleva una condena en Azkaban, verdad?- Hermione parecía estar logrando, de alguna manera, intimidar cada vez mas a aquel hombre, porque su voz se volvia un balbuceo por momentos.

-pero señor, estoy seguro de que sabe que gozo de total inmunidad- el tono de desdeñosa ofensa utilizado por mi castaña me recordó a los Prince y a los Malfoy, ¡que maravillosamente fácil podía amoldarse a esas personalidades a pesar de ser, generalmente, tan sencilla y tierna! Algo totalmente sorprendente.

-bu-bbueno, vera, en realidad, la inmunidad total la lleva solo la cabeza de la familia Granger, como guardian de los intereses de la corona británica y embajador entre el mundo mágico y muggle- la fría y tintineante risa de Hermione parecio cortar la atmosfera, sobrecargándola de tensión

-con quien cree que esta hablando, señor ministro? Yo soy la cabeza de la familia Granger, la guardiana de nuestra querida Reina, y la dueña de la Corporación Tecnológica Real Britanica Granger.

Tras esa aseveración, un constante murmullo de disculpas y respetos por parte de los funcionarios presentes se instalo en el cuarto contiguo, pero ya no podía oir nada. Decir que estaba sorprendido era poco, ¿de que demonios iba todo esto? Por que Hermione no me había dicho nada de esto antes? Mi mente comenzó a conectar los datos oídos, Granger… Granger… ¡por supuesto! Había leído algo asi una vez, la elite de la aristocracia muggle británica, la familia Granger. No se sabia a ciencia cierta nada acerca de la conformación de la familia, ni ningún rasgo especifico de ninguno de sus representantes. Una familia que servia a la corona inglesa desde tiempos inmemoriales y que, a raíz de un casamiento a mediados del siglo XIX había pasado a tener sangre real. Los mediadores de paz entre la comunidad mágica y no mágica, y, en caso necesario, los mercenarios en disturbios entre ambos mundos. La familia Granger, también conocida como el ojo derecho de la Reina.

Necesite sentarme, ante la atenta y cuestionadora mirada de mi madre, incapaz de procesar todos aquellos confusos datos. En ese momento, la puerta se abrió, y por ella entro Hermione, vestida con un vestido negro que se ajustaba a sus curvas y unos zapatos a juego, viéndose sobria, preciosa, sexy y por sobretodo, elegante "como de la realeza", pensé, mientras la observaba acercarse a mi, sonriéndome con esa dulzura tan característica en ella, que había desaparecido en la conversación que había oído suceder en la otra habitación.

-hay algo que debas decirme?- pregunte, levantando una ceja, inquisidor, al ver que ella no decía nada…

Continuara….

Holaaaa! Como están? Espero que bien! El capitulo es un poco confuso, pero lo ire aclarando de a poco, de todos modos confio y deseo que disfruten de este capitulo :)

*Dame: es el sinónimo femenino de "Sir", titulo nobiliario.

Ah, y por cierto, Feliz dia! Besos!

R.G. Aimer