Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 21
Traer a alguien al redil era arriesgado y podría abrir todo un nuevo conjunto de problemas, pero descubrir que los Arum trabajaban con el DOD no era algo que pudiera guardármelo. No era inteligente. Tendríamos que tomar este riesgo y llevarlo a cabo.
Anthony vivía más lejos de lo que deberíamos haber intentado llegar en este carro. Para el momento en que el vehículo se arrastró a la entrada, me preguntaba si íbamos a lograr regresar en el Prius.
Nos bajamos e inmediatamente Bella se deslizó en la nieve. Agarré su brazo.
—Si te caes y te rompes algo, voy a cabrearme.
—Lo siento, no todos podemos ser tan impresionantes…
Chilló cuando la levanté en mis brazos. Me dirigí a la entrada, escudando su cara contra el viento y la nieve. Una vez estuvimos en la puerta principal de Anthony, la puse sobre sus pies. Bella se tambaleó hacia el costado.
—¿Podrías darme una advertencia la próxima vez?
Sonreí mientras golpeaba la puerta.
—¿Y perderme esa mirada en tu cara? Nunca.
—Eres insoportable —murmuró.
Anthony abrió la puerta, su mirada pasó de mí hacia donde Bella se hallaba de pie temblando, porque por supuesto, nevaba y ella no tenía una chaqueta puesta.
—Esto es… inesperado —dijo.
—Tenemos que hablar —dije.
Observó a Bella por un momento y luego nos llevó al interior de su sala de estar. Anthony vivía en una legítima cabaña de troncos. Parecía como si lo hubiera sido cuando se mudó aquí. Como si nadie viviera allí. Bella se sentó cerca al fuego, obviamente necesitando descongelarse.
—¿Qué está pasando? —Anthony tomó una copa de vino—. Asumo que es algo que yo no quiero saber, teniendo en cuenta que ella está contigo.
Bella se veía completamente impresionada por la declaración.
Me senté a su lado.
—Creo que tendríamos que empezar desde el principio, y probablemente vas a querer sentarte.
—Oh, esto está empezando bien. —Giró el líquido dentro de la copa. Oh, él no tenía ni idea.
—Bella ayer vio a Rosalie con Vaughn.
Las cejas de Anthony se levantaron, y luego tomó un largo trago de su vino.
—Eso no es lo que esperaba que dijeras. ¿Bella, estás segura de que es lo que viste?
Asintió.
—Era ella, señor Mason.
—Anthony, llámame Anthony. —Dio un paso atrás, sacudiendo su cabeza mientras se aclaraba la garganta—. Realmente no sé qué decir.
—Pero hay algo peor —dijo ella, frotándose las manos juntas.
—Sé dónde vive uno de los oficiales del DOD —intervine—. Y fuimos allí anoche.
—¿Qué? —Anthony bajó su copa—. ¿Estás loco?
Me encogí de hombros.
—Mientras estábamos observando su casa, Victoria Husher se presentó y ¿adivina quién más lo hizo?
—¿Papá Noel? —dijo secamente.
Bella solto una risa.
Ignoré eso.
—Un Arum apareció y le dejó entrar. Incluso lo saludó por nombre… James.
Apartando la mirada, Anthony se tomó toda la bebida. Colocó la copa sobre la repisa encima de la chimenea.
—Esto no es bueno, Edward. Sé que quieres correr hasta allí y averiguar cómo es que Rosalie todavía está viva, pero no se puede. Esto es demasiado peligroso.
—¿Entiendes lo que esto significa? —Me levanté, dando un paso hacia adelante—. El DOD tiene a Rosalie. Eleazar Vaughn era uno de los oficiales que vino y nos dijo que ambos estaban muertos. Así que mintió sobre ella. Y eso significa que podrían haber mentido acerca de Emmett.
—¿Por qué tendrían a Emmett? Nos dijeron que murió. Obviamente Rosalie no lo está, pero eso no quiere decir que él sigue vivo. Así que sácatelo de la cabeza, Edward.
La rabia se disparó a través de mí.
—Si se tratara de uno de tus hermanos, ¿podrías sacártelo de la cabeza?
—Todos mis hermanos están muertos. —Anthony se paseó por la habitación, deteniéndose frente a nosotros—. Ustedes son lo único que me queda, ¡y no los apoyaré ni esperaré a que los maten o algo peor!
Me senté, tomando aire profundamente.
—Eres como familia para nosotros, también. Y Emmett también se consideraba tu familia, Anthony.
El dolor destelló en sus ojos ultra brillantes, y luego apartó la mirada.
—Lo sé. Lo sé. —Girándose, caminó hasta su silla reclinable y se sentó pesadamente, sacudiendo la cabeza—. Honestamente, lo mejor sería si no estuviera vivo, y lo sabes. No puedo ni siquiera imaginarme…
—Pero si lo está, tenemos que hacer algo al respecto. —Me detuve—. Y si está realmente muerto, entonces…
—No lo entiendes, Edward. El DOD no tendría ningún interés en Rosalie a menos… a menos que Emmett la haya sanado.
Me quedé inmóvil mientras miraba a Anthony, y pude sentir a Bella haciendo lo mismo. No quería que él supiera sobre Bella y yo. Todavía no.
— ¿Qué estás diciendo, Anthony?
Se frotó su ceño, haciendo una mueca.
—Los ancianos… ellos no hablan acerca de por qué no se nos permite sanar los seres humanos, y tienen una buena razón. Es prohibido, no sólo por el riesgo de exposición de nuestra parte, sino por lo que hace a un ser humano. Ellos lo saben. Yo también.
—¿Qué? —Miré a Bella, aliviado de que supiera quedarse callada—. ¿Sabes lo que ocurre?
Asintió.
—Esto cambia al humano, empalmando su ADN con el nuestro. Se tiene que querer realmente para que esto funcione, aunque el humano toma nuestras capacidades, éstas no siempre se adhieren. A veces se desvanecen. A veces el humano muere o se rehúsa a cambiar. Pero si tiene éxito, se forma una conexión entre los dos.
¿Quererlo realmente? ¿Qué demonios quiso decir?
—La conexión entre un humano y un Luxen después de una sanación masiva es irrompible a nivel celular —continuó—. Los casa. Uno no puede sobrevivir si el otro fallece.
La fuerte inhalación de Bella hizo eco en mi cabeza mientras me ponía de pie. Benjamín no había dicho eso cuando habló sobre el cambio de Bella. Nunca mencionó que los Luxen y los humanos estaban atados a un nivel irrompible. Pero eso quería decir…
Oh Dios mío.
Apenas logré sacar las palabras.
—Entonces si Rose está viva…
—Entonces Emmett tendría que estar vivo —terminó Anthony, sonando cansado—. Si de hecho la hubiera curado.
Girando mi cabeza hacia el fuego, la pequeña chispa de esperanza aumentó. Emmett tuvo que haber sanado a Rosalie. Lo sabía, en mi centro, y eso quería decir que mi hermano seguía vivo. Se hallaba vivo, en algún lado ahí afuera; estaba vivo.
—Pero acabas de decir que no podía estar vivo —habló Bella, y miré hacia Anthony.
—Eso fue mi débil intento para persuadirlo para que no hiciera una locura —dijo.
Fue como recibir un golpe en el pecho. Una cruda emoción se derramó dentro de mí.
—¿Lo has... lo has sabido todo este tiempo? —Mi forma comenzó a parpadear—. ¿Lo sabías?
Anthony sacudió su cabeza.
—No. ¡No! Yo creía que los dos estaban muertos, pero si la sanó, ella cambió, y está viva, entonces él tiene que estar vivo. Eso es si... si nos basamos en que Bella realmente reconoció a alguien que nunca ha conocido.
Lentamente me senté, sintiéndome como si no sintiera nada.
—Mi hermano está vivo. Él es… está vivo.
—¿Qué crees que están haciendo con él? —preguntó Bella.
—No sé. —Anthony se levantó—. Sea lo que sea, no puede ser…
No era bueno.
—El DOD sabe, Anthony. Ellos saben lo que podemos hacer —dije finalmente—. Probablemente lo han sabido desde el comienzo.
Sus pestañas se levantaron, y me miró a los ojos.
—Nunca he creído de verdad que no lo hacían, para ser honesto. La única razón por la que nunca expresé mi creencia es porque no quería que ninguno de ustedes se preocupara.
—Y los ancianos… ¿saben esto, también? —pregunté, pensando en Esme.
—Los ancianos sólo están agradecidos de tener un lugar para vivir en paz y básicamente separado de la raza humana. Se hacen de la vista gorda con este tipo de cosas, Edward. Si cualquiera de ellos decide no creer que nuestros secretos no estén seguros. —Miró su copa vacía sobre la chimenea—. Es… más fácil para ellos.
—Eso suena increíblemente estúpido —dijo Bella.
Anthony sonrió irónicamente en respuesta.
—Querida, no sabes lo que es ser un invitado, ¿verdad? ¿Imagina vivir con el conocimiento de que tu casa y todo podría serte arrebatado en cualquier momento? Pero tienes que cuidar a la gente, mantenerlos tranquilos y felices… y a salvo. Lo peor sería expresar lo más oscuro de tus preocupaciones a las masas. —Se detuvo, mirando la copa de nuevo—. Dime, ¿qué harían los seres humanos si supieran que los alienígenas viven entre ellos?
Sus mejillas se sonrojaron.
—Eh, probablemente se amotinarían y se volverían locos.
—Exactamente —murmuró—. Nuestra especie no es tan diferente.
Se movió a mi lado.
—¿Qué pasa sobre la alianza con los Arum?
—No sé. —Anthony rellenó su copa—. Ni siquiera puedo imaginar una razón por la cual el DOD trabajaría con ellos; que podrían ganar. El Arum absorbe nuestros poderes, pero nunca cura; nada de aquella magnitud. Ellos tienen una firma de calor diferente a la nuestra, así que con las herramientas adecuadas, el DOD sabría que no se trataba de nosotros, pero al acercarse a un Arum o un Luxen en la calle, no habría ningún modo de diferenciarnos.
—Espera. —Echó el cabello hacia atrás, mirándome—. ¿Qué pasa si el DOD capturó a un Arum, creyendo que era un Luxen? Y ustedes fueron estudiados, también, ¿verdad? ¿Obligados a asimilarse en el mundo humano? No sé lo que implica la asimilación, pero estoy segura de que era algún tipo de observación, ¿entonces no lo habrían notado tarde o temprano, sobre todo con la cosa de firma de calor?
Anthony caminó al estante de licores, yendo por algo más fuerte.
—Cuando estábamos siendo asimilados, ellos nunca vieron nuestras capacidades. Por lo tanto, si descartamos la teoría de que sabían desde hace algún tiempo, ellos estudiaron nuestras capacidades sobre Luxen y podrían nunca habernos dicho que el DOD es consciente de lo que podemos hacer.
—Estás diciendo que esos Luxen estarían…
—Muertos —dijo, tomándose un trago de licor puro—. No estoy seguro de cuánto te ha dicho Edward, pero hay Luxen que no se han asimilado. Se les encerró... como si fueran animales salvajes. No es ningún esfuerzo imaginar que usaron a algún Luxen para estudiar sus capacidades, aprender acerca de nosotros, y luego se deshicieron de ellos.
Permanecí callado, pero escuchando, y de repente pensé en Benjamín. ¿Y si el DOD enviaba Luxen —o personas como Bella— para espiarnos? Tal vez eso era paranoico. Tal vez no.
—Pero eso no explica porque los Arum trabajan con el DOD —discutió Bella.
—No. —Anthony se movió hacia la chimenea. Apoyó su codo en la repisa—. Tengo miedo de teorizar sobre lo que podría significar.
—Parte de mí ni siquiera se preocupa por eso en este momento —dije, sintiéndome cansado—. Alguien traicionó a Emmett. Alguien tuvo que decirle al DOD.
—Podría haber sido cualquiera —dijo Anthony cansado—. Emmett no trató de ocultar su relación con Rosalie. Y si alguien les observaba muy de cerca, ellos podrían haber sospechado que algo pasó. Todos vieron la vez que se conocieron. Estoy seguro de que alguno de nosotros no se detuvo.
¿Quién demonios podría haber sido?
Dejamos la casa de Anthony poco después de eso, y ella me pasó las llaves sin pelear cuando se las pedí. La nieve caía más pesada, y necesitaba… bueno, necesitaba algo como manejar para concentrarme.
Me giré para abrir la puerta del auto, pero Bella caminó hacia mí. Antes de saber que hacía, envolvió sus brazos alrededor de mí y me apretó con fuerza.
—Lo siento —susurró—. Averiguaremos algo. Lo recuperaremos. Lo recuperaremos.
Después de un momento de duda, doblé mis brazos alrededor de Bella y la sostuve.
—Lo sé —dije, lleno de determinación—. Lo traeré de vuelta aunque sea la última cosa que haga.
Durante los siguientes días, nos estacamos afuera de la casa de Vaughn después de que Bella terminaba su entrenamiento nocturno con Benjamín. No vimos nada fuera de lo normal. Ninguna visita del Arum ni de Victoria. Cada noche, regresábamos a casa y mi frustración aumentaba.
Mi hermano continuaba ahí afuera, en algún lado, y nada de lo que hacía parecía llevarme más cerca de encontrarlo. Cuando no estaba con Bella, me quedaba afuera de la casa de Vaughn yo solo. Comencé a darme cuenta que el hombre apenas se encontraba ahí, y me pregunté si tenía otra casa. Aunque las veces que me las arreglé para seguir a Vaughn a pie, no fue a ningún otro lugar.
Pensar en mi hermano y quien podría haber sido posiblemente el que reportara lo que había hecho al DOD me consumían. Tendría que haber sido alguien que vio a Emmett o a Rosalie inmediatamente después de lo que fuera que pasó o alguien en quien Emmett confiara para contarle.
Emmett no confiaba en nadie de la colonia, ni siquiera en Esme, con esa clase de información. La única persona con la podría haber hablado habría sido Alice, pero era imposible que se hubiera mantenido tan callada todo este tiempo. Ya sabía que no había confiado en Eathan. Así que eso dejaba dos opciones.
Alguien los vio.
O se trataba de alguien que conocía a Rosalie.
Cuanto más pensaba en ello, más sentido tenía que la persona que notificó al DOD se encontraba relacionada a Rose y no a Emmett. Mi hermano habría sido tan cuidadoso en mantener en secreto lo que hizo, y quizá Rosalie no se había dado cuenta de la gravedad de lo que pasó, confiando en la persona incorrecta.
Pero esa teoría también tenía sus defectos, porque ¿a quién conocía Rosalie que incluso habría tenido la disposición o el conocimiento de contactar al DOD? No es como si pudieras llamar al uno ochocientos extraterrestres o algo.
Sin embargo, investigar a Rosalie era un comienzo.
Dado que Bella no llegaría temprano a casa la tarde del jueves, fui a revisar la casa de Vaughn yo solo. Como de costumbre, no pasó nada. Me dirigí de nuevo a la casa, espiando para ver si el coche de Bella se hallaba en el camino de entrada, pero sabía que no estaba allí. Había salido a alguna parte con el imbécil, y dejando de querer hacer explotar algo, me recordé el por qué se encontraba con él.
Debido a mi boca.
La culpa se revolvió en la boca de mi estómago mientras me dirigía a mi habitación. Una vez dentro, agarré el computador y me centré en Rosalie.
No tenía ni idea de lo que podría encontrar en Internet, pero era un comienza. Escribí su nombre completo, y el buscador arrojó varios artículos.
Se hizo un hueco en mi pecho cuando comencé a explorarlos. Al principio, hablaban de ella como si fuera una chica desaparecida, y entonces los últimos artículos daban a entender que fue dada por muerta. Su familia se mudó lejos de Petersburgo hace casi un año, algo que en lo personal encontré extraño. Si no me hubiesen dicho que Emmett estaba muerto y que solamente se encontraba desaparecido, me quedaría aquí para siempre, con la esperanza de que algún día volviera.
A menos que su familia tuviera una razón para creer que se hallaba muerta. O simplemente no podían vivir en un lugar que servía como un constante recordatorio. Podía entenderlo.
Me quedé mirando una foto de Rosalie en un sitio web de noticias. Una chica bonita. Cabello rubio. Sonrisa radiante.
No había nada en Internet, apenas una mención de Emmett, con lo que estoy seguro el DOD tenía algo que ver. La falta de cualquier mención de él fue como si hubiese sido borrado de la historia. Tenía sentido.
Después de todo, vivíamos aquí, pero cuando las cosas salían mal, dejábamos de existir. Rosalie no estuvo en la escuela el tiempo suficiente para estar unida a alguien, por lo que no había una amiga con la que pudiera contactar. Un callejón sin salida. Cerrando el computador, me puse de pie y estiré, impacientándome. ¿Qué más...?
La casa de Rose.
Bajado los brazos, sonreí con ironía. Había un lugar que podía revisar. La antigua casa de Rosalie. Ni siquiera sabía si alguien se había mudado ahí o si encontraría algo, pero mierda, era mejor que dar vueltas en mi habitación, lo cual sin duda vendría a continuación.
Era mejor que hacer nada.
Pasé el dormitorio de Alice. La puerta se hallaba entreabierta. Me detuve y miré dentro. Ya se encontraba durmiendo. Que emocionante manera de pasar una tarde de jueves. Ni siquiera eran las siete. Sabía que la casa no estaba vacía. Podía escuchar a Eathan moviéndose abajo.
Me encontraba casi en la puerta cuando apareció, viniendo de la cocina. La luz del árbol de Navidad parpadeaba. Me miró y luego la puerta.
—¿Vas a salir?
Mis cejas se levantaron.
—¿Vas a quedarte?
—En realidad, no. Alice está dormida y simplemente estaba limpiando después de la cena que hizo. —Miró la escalera, sonriendo débilmente—. Iba de salida. ¿Dónde vas?
Mi primer impulso fue decir a ningún lado, pero mientras miraba a Ethan, hice una decisión dividida.
—Voy a ir a revisar la casa de Rosalie.
Eathan parpadeó.
—¿Cómo dices?
—Ven afuera, ¿de acuerdo? —Me siguió al pórtico. Mis botas crujieron por la capa de nieve que cubría el pórtico, la cual fue soplada por el viento—. Antes de decir cualquier otra cosa, necesito saber que no vas a repetir ni una sola palabra a nadie, incluyendo a Alice.
—Estás empezando a preocuparme —respondió, cruzando los brazos sobre su sudadera PHS—. Es la segunda vez que me pides que no le diga a Alice.
—Lo sé, y si no quieres ocultárselo, entonces la conversación entre nosotros termina aquí. No es nada personal —le digo—. Pero no quiero que sepa esto. Aún no.
Eathan me miró durante un largo rato y luego exhaló bruscamente.
—Bien. Lo juro. No diré nada, pero es mejor que sea bueno.
Oh, no tenía ni idea.
—Bella vio a Rosalie en la oficina de correos.
Su boca se abrió y luego se cerró. Pasó un momento, e intentó de nuevo
—¿Qué?
Le eché un vistazo a la puerta cerrada.
—La vio en la oficina de correos, y está segura de que era Rose. Bella ha visto su foto.
Sacudió la cabeza lentamente mientras bajaba los brazos.
—Ni siquiera sé qué decir.
—Bueno, eso no es todo. —Mantuve la voz baja al continuar—: Sabes cómo me preguntaba si algo pasó entre Emmett y Rosalie, si él la había sanado, ¿verdad? —Cuando asintió, continué—: Creo que lo hizo, no, estoy... estoy seguro. —Una vez que eso estuvo fuera, el resto fue fácil—. Emmett la sanó y eso la cambió a un nivel celular. Los unió, enlazándolos.
—¿Enlazándolos? —Eathan se pasó la mano por el pelo—. Eso suena loco. Lo sabes, ¿no? Suena...
—Anthony confirmó que era posible.
Sus ojos se abrieron.
—Sí. —Sonreí, pero sin humor—. Anthony confirmó que podemos sanar a un humano hasta el punto de cambiar su ADN. Toman algunas de nuestras capacidades y eso nos une. Eso significa que si Rose está viva, entonces también lo está Emmett.
—Mier... —Eathan dio un paso atrás—. ¿Emmett está vivo?
Ese rayo de esperanza se había convertido en una planta de semillero, y maldita sea si no seguía creciendo.
—Eso creo, Eathan. De verdad lo creo. —Me moví hasta los escalones del pórtico, removiendo la nieve—. Bella vio a Rosalie con Vaughn. Si el DOD la tiene...
—Entonces tienen a Emmett. —Eathan maldijo entre dientes mientras se pasaba los dedos por el pelo de nuevo—. No sé si debo estar feliz o muy asustado, porque si lo tienen y a Rosalie...
—Lo sé —dije en voz baja, mirando sobre el tranquilo patio—. Alguien tuvo que haberlos traicionado. Emmett no nos contó nada a ninguno de nosotros. Creo que podría haber sido alguien que Rosalie conocía. Así que por eso quiero revisar su casa. Ni siquiera sé si alguien vive allí ahora o...
—Nadie vive allí —dijo Eathan, poniéndose de pie a mi lado—. Conducimos por ahí de vez en cuando de camino a la escuela. Nadie se ha mudado desde que su familia se fue.
Esa era una buena noticia. No significaba que encontraríamos algo, pero valía la pena intentarlo.
—¿Y no le has dicho a Alice? —preguntó.
Negué con la cabeza.
—No quiero darle esperanzas si sólo estoy persiguiendo un fantasma, ¿sabes? La mataría.
—La matará.
No respondí.
Eathan bajó del pórtico.
—No voy a decir nada. No hasta que tengamos pruebas concretas, porque tienes razón, no tiene que volver a perderlo de nuevo. —Se detuvo, encontrando mi mirada—. Pero tampoco tú, Edward. No deberías tener que experimentar esto otra vez.
Viajamos a pie los varios kilómetros hasta la vieja casa de Rose, lo cual solamente nos tomó un par de minutos. Nos mantuvimos en nuestras formas humanas así no asustábamos a los lugareños. Mi rostro picaba por el viento nevoso mientras la restaurada granja quedaba a la vista, en lo
alto de una colina.
La nieve crujía bajo nuestras botas mientras caminábamos por la acera y llegábamos al pórtico delantero. Miré la puerta principal. No se encontraba solo cerrada con llave, sino que también tenía una de esas cerraduras de inmobiliarias. Una puerta cerrada y bloqueada no me iba a detener. Puse la mano en el centro de la puerta, listo para volarla en pedazos.
—Espera. —Eathan dio un paso atrás—. En realidad no queremos que sea tan obvio que estuvimos aquí.
¿No queríamos?
Con una sonrisa, Eathan salió del pórtico y desapareció por el lado de la casa. Unos momentos más tarde, escuché el clic de la puerta principal y entonces se abrió. Levanté una ceja mientras Eathan mantenía la puerta abierta.
—Imaginé que si teníamos que romper algo, no deberíamos hacerlo tan obvio —dijo mientras caminaba por su lado, a la oscura y fría casa—. Además la puerta trasera no tenía ninguna de estos seguros extraños. Fácil de romper.
—Inteligente —murmuré, escaneando las paredes desnudas mientras más entraba a la casa.
Eathan sacó su teléfono. Unos segundos después, la pantalla se iluminó con una fuerte luz blanca, lanzando un resplandor a lo largo de los pisos y las paredes. Pasamos por lo que parecía una sala de estar. Un sofá tapado con una tela de color claro era lo único que quedaba en la habitación. Sin embargo, la cocina era extraña. Había una mesa en la esquina, cubierta de una gruesa capa de polvo.
—¿Esto es normal? —preguntó Eathan, señalando los muebles. Los electrodomésticos se continuaban en sus lugares. Una tostadora al lado de una cafetera, y ambas, obviamente, han estado sin tocar desde que los Hale se fueron—. ¿Las personas simplemente dejan cosas detrás?
Levanté un hombro.
—¿Quién sabe? Quizá no lo necesitaban.
—O tenían prisa —añadió Eathan.
¿Con prisa para qué? ¿Para alejarse de todos los recuerdos de su hija desaparecida y presuntamente muerta? ¿O algo más? Dios. Es probable que nunca lo supieramos.
Desde la cocina, nos dirigimos al segundo piso. Nuestros pasos resonaban en la silenciosa casa. Encontramos la habitación de Rosalie con bastante facilidad. Por lo que recordaba, le gustaba pintar y había una habitación con un caballete junto a una ventana sucia. Había papeles sobre un pequeño escritorio, en su mayoría tareas de la escuela.
Una punzada extraña me golpeó en el pecho cuando vi la pila ordenada de libros en un rincón. Me recordó a Bella
Esta podría ser ella.
Un día, alguien podría caminar por su habitación, buscando evidencia de lo que le pasó. Dios. Eso me golpeó fuerte; un puñetazo en los pulmones y el estómago. Me dieron ganas de dar la vuelta, encontrar a Bella y mantenerla... mantenerla a salvo en algún lugar, y eso no tenía nada que ver con nuestro vínculo. Y el golpe de pánico fue demasiado fuerte para alguien que se hallaba solo atraído físicamente por otra persona.
Pero ya sabía que lo que sentía por Bella iba más allá de la lujuria.
Eathan abrió la puerta de un armario, revelando que no había sido empacado. Ropa colgaba de perchas. Pantalones apilados en un estante. Zapatos dispersos dentro.
—Sabes —dijo, haciéndose a un lado mientras me miraba por encima del hombro—, creo que esto es un poco raro.
—Lo mismo digo. —No tenía ni idea de si sus padres habían sido los propietarios o la alquilaban. De cualquier manera, no parecía normal que esta cantidad de cosas quedaran atrás.
Hojeé los papeles, sin encontrar algo de interés. Lo mismo pasó con su armario. ¿Qué esperaba? ¿Una lista de las personas en las que Rosalie podría haber confiado? Como si la vida fuera tan fácil.
Eathan vagó fuera de la habitación, y unos minutos después regresó, con una expresión ilegible.
—Creo que encontré algo interesante.
Siguiéndolo por el pasillo, entramos a una habitación más pequeña. Al igual que el resto de la casa, los objetos personales se hallaban esparcidos por todos lados, junto con los muebles polvorientos. Eathan se acercó a un armario abierto y recogió lo que parecía una caja de zapatos. Se sentó en la cama.
—Si recuerdo bien, Rose vivía aquí con sus padres y un hermano menor. Su papá trabajaba en alguna parte de Virginia.
Asentí, sabía esto.
—Estoy bastante seguro de que ninguno de sus padres era médico. Recuerdo a Emmett diciéndome una vez su profesión, ahora no recuerdo exactamente, pero sé que ninguno de ellos era médico. —Señaló la caja—. Es por eso que me parece extraño que haya una caja de zapatos con un estetoscopio y un talonario de recetas en blanco del hospital.
Acercándome, agarré el talonario. Con la luz del teléfono de Eathan, vi que de hecho era un talonario de recetas del hospital local.
—Estos no pueden ser fáciles de conseguir hoy en día, no si no trabajas en el hospital.
—Exactamente. —Eathan movió el teléfono hasta la caja, iluminando el estetoscopio. Lo levantó, pasando su pulgar por la parte metálica—. Rayaron o grabaron algo en el metal, pero no puedo descifrarlo.
Lo agarré cuando me lo lanzó, y tenía razón, las marcas eran ilegibles. Lo dejé de nuevo en la caja, con el ceño fruncido. Cuando caminé hasta el armario, vi un par de camisas blancas de hombre en el suelo.
—¿Nadie de su familia era médico o trabajaba en el hospital? —pregunté.
—No que yo sepa. Quiero decir, al menos no alguien de su familia directa, pero parece que alguien vivió aquí con ellos. —Eathan suspiró—. La cosa es que nada de esto podría significar una maldita cosa.
Agachándome, asentí de nuevo.
—Lo sé. —Moví a un lado las camisas, sintiendo algo debajo—. Oye, trae la luz aquí.
Un segundo después, luz blanca brillaba sobre lo que había bajo las camisas olvidadas. Mis cejas se levantaron. Varios paquetes sin utilizar de gasa se hallaban agrupados encima de una bacinica, y en la esquina del armario vi un bastón. Un andador ortopédico se encontraba apoyado contra la pared del fondo. Al lado de la bacinica había un paquete de vasos de plástico sin utilizar con tapas y un paquete sin abrir de Ensure.
—Alguien o era muy viejo o estaba muy enfermo —comentó Eathan.
—Sí —murmuré, poniéndome de pie mientras un malestar se arrastró a lo largo de mi columna—. Alguien que estaba enfermo o alguien viejo que trabajaba en el hospital.
—Ajá.
Algo de esto me pareció mal. No pondría las manos al fuego. Lo que encontramos podría no significar algo y mientras revisábamos el resto de la casa, no encontramos nada más. Más tarde esa misma noche, mientras yacía en la cama, mirando fijamente las grietas en el yeso, todavía no podía alejar el malestar de saber que había tropezado con algo sin saber qué era.
