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EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.
Autor: Deco
CAPÍTULO 21: "EL GRIM EN EL JARDIN"
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En el cual los Hermanos Grimm encuentran un Grim, y se suceden cosas funestas.
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Sin embargo, antes de que Petunia pudiera hablar con Lupin, la escuela se vio interrumpida por la llegada del Ministro de Magia. Él se encerró un tiempo con Dumbledore, y cuando salieron, ninguno se veía feliz. El Ministro se fue, y Dumbledore convocó a los Jefes de Casa a su oficina, junto con Petunia.
―El Ministro ha insistido que la escuela debe ser protegida, y con ese fin, va a colocar Dementores para controlar los terrenos ―les dijo.
―¡Dementores! ―exclamó Minerva McGonagall―. ¿Alrededor de una escuela llena de niños? ¿No es eso muy extremo?
Dumbledore tamborileó sus dedos sobre el escritorio, sus ojos no miraban a nadie―. Él ha insistido, así como el Wizengamot. A causa de Sirius Black.
―¿Y cómo rayos han asumido que Black vendrá a Hogwarts? ―gritó Minerva.
―Ellos están seguros de que lo hará ―dijo Dumbledore, suspirando.
―¿Y pueden garantizar que los Dementores no lastimarán a los estudiantes? ―preguntó la profesora Sprout.
―Mi querida Pomona, ellos no pueden siquiera garantizar que los Dementores no lastimarán a los profesores, mucho menos a los estudiantes. No ocultaré que pienso que esta idea es una locura, pero los políticos nunca cambiarán. Cornelius debe ser visto haciendo algo, supongo. Quiero que todos los Jefes de Casa instruyan a los prefectos para que se aseguren de que no haya ningún estudiante deambulando en los terrenos. Se apuestan su alma en ello.
―Asumo que Black esta detrás del Niño Que Vivió ―dijo Snape con un tono que se escuchaba aburrido. Petunia lo conocía lo bastante para notar que esta vez no estaba para nada aburrido.
―Así es ―asintió Dumbledore.
―¿Harry? ―dijo Petunia. Su nivel de ansiedad se disparó a las nubes.
Dumbledore dijo―: Vamos a tener que discutir como vamos a proceder, señora Dursley. De ahora en adelante, si los niños la visitan en Hogsmeade tendrán que hacerlo por Flú, o ser escoltados por un profesor.
Petunia asintió. Cuando los Jefes de Casa salieron, Dumbledore la retuvo.
―Cornelius Fudge me informó que cuando Black todavía se encontraba en Azkaban, le escucharon decir: "Él esta en Hogwarts, él esta en Hogwarts", una y otra vez ―le informó―. Ellos piensan que él se refería a Harry. Pareciera obvio que él viene para acá. Usted tendrá que tomar cada precaución posible.
―Pero... él es el padrino de Harry, y de hecho, es su tutor por ley ―titubeó ella.
―Él es un convicto prófugo, y ha pasado once años en Azkaban ―dijo Dumbledore―. Once años. La gente rara vez sigue cuerda después de un corto periodo en Azkaban. Los Dementores que cuidan la prisión tienen un efecto espantoso sobre los prisioneros. Ellos absorben cualquier pensamiento feliz de sus almas. Es como revivir sus peores sentimientos … para siempre.
Petunia pensó en su propia relación con sus propios pensamientos, y se estremeció.
Dumbledore la observó con (¿se lo estaba imaginando?) algo de simpatía en los ojos. Me pregunto cuáles serán *sus* peores sentimientos. Puede ser diferente debajo de ese aire premeditado de benevolente superioridad. Tu no alcanzas esa edad sin cometer errores terribles, y la inteligencia no es un escudo en contra de ellos.
Petunia se apresuró a ir a casa y los días siguientes hizo que inspeccionaran las protecciones mágicas de la Mansión, y, como precaución, que las alteraran; y alertó a Pompeyo y al resto de los elfos domésticos de la casona que tuvieran cuidado con cualquier cosa que vieran o con cualquiera que apareciera y fuera un desconocido. Dobby, ahora trabajando en el castillo, prometió mantenerla al tanto de lo que sucediera allí.
Pompeyo no quedó contento. Aun claro no le gustaba Dobby, especialmente ahora que aceptaba dinero por hacer su trabajo. En el mundo de los elfos domésticos, esto era aparentemente denigrante en extremo. Petunia le dijo a Pompeyo que ellos necesitaban de todos los aliados que pudieran hallar, y por lo tanto, que se aguantara. Él se mantuvo hosco un buen rato, sólo para dejarle saber de su molestia, pero era obvio que acataría sus ordenes, y que quizás hasta estuviera de acuerdo con ella.
Cuando los niños vinieron a casa ese fin de semana, Petunia insistió en que Dumbledore proveyera una escolta para ellos. Si ella estaba esperando que fuera Minerva McGonagall o Pomona Sprout, iba a quedar decepcionada. Tal vez porque Dumbledore tenia un peculiar sentido del humor, él le pidió a Severus Snape que se hiciera cargo de ello.
Snape estaba ceñudo al verla, y cualquier sentimiento de disculpa que albergara por requerir el servicio se apagó rápidamente.
―Se quedará a almorzar con nosotros, por supuesto, profesor Snape ―dijo ella con voz educada.
Snape lucía como si prefiriese que le practicaran un examen proctocológico con una sierra mellada. Los chicos parecían aun menos entusiastas. Pero era evidente que Dumbledore había instruido a Snape para que se quedara con los niños durante la visita y para acompañarlos de regreso al castillo, y órdenes eran órdenes. Por suerte, Arabella Figg también había llegado, así como varios de sus gatos que vendía en Hogsmeade. Petunia había decidido invitarla a quedarse unos días para facilitar su negocio, y estaba contenta de tenerla, ya que cumplió como pararrayos durante la comida.
Snape se sentó a la mesa con un decidido golpe y sus modales señalaban que estaba decidido a enturbiar la ocasión. Y que condenaran a Petunia si permitía que arruinara sus raras reuniones con sus hijos; así que ella lo ignoró y preguntó a los chicos por su semana.
Dudley espetó―: Mamá, a Harry le salió el Grim en Adivinación ―Harry le dio un codazo, enrojeciendo.
―¿El Grim? ¿Y qué es eso?
―Es un augurio de muerte ―dijo Snape con su voz empalagosa. Le sonrió con burla a Petunia.
Petunia lo miró con irritación, y le dijo a Harry―. ¿No iras a creer en esas tonterías, o si, Harry?
―No, no las creo ―dijo Harry con solidez.
―Que bueno, porque yo no creería nada que Sybill Trelawney diga ―dijo Petunia, preguntándose la causa del rubor repentino de Snape―. Ella no reconocería el futuro ni aunque la golpeara en el ojo con una tabla de ouija.
―¿Esta insinuando que un profesor de Hogwarts es incompetente, señora Dursley? ―preguntó Snape con agudeza.
―Yo no estoy insinuando nada. Lo estoy afirmando. ¿usted conoció a Quirrell y a Lockhart, no es así? Me imagino que ha podido oler el aliento de Trelawney por las mañanas, también. ¿Y me hace esa pregunta?
Las críticas maliciosas comenzaron de ahí en adelante. Los niños parecían encantados cada vez que Petunia conseguía ganarle una a Snape. No es que Snape no contestara en consecuencia, porque claro que lo hacia. Los insultos volaban, los de Petunia directos, y los de Snape más sutiles. Hasta Arabella Figg parecía a veces divertida, y en ocasiones ahogaba una risa en su taza de té.
Ellos fueron interrumpidos por una conmoción repentina que parecía provenir del jardín amurallado afuera de la Mansión. Se escuchaba como una pelea de gatos, literalmente, aunque mucho más ruidosa. Petunia sabía que los gatos de la señora Figg estaban entreteniéndose en el jardín, y se paró de la mesa. El resto del grupo no muy lejos a su siga.
El jardín se encontraba todavía en proceso de limpieza. Cuando Petunia se mudó a la Mansión, era una jungla fuera de control de espinas de zarzamoras, y un viejo seto desatendido de arbustos perennes, y arboles retorcidos que habían crecido sobremanera, descuidados. Había llevado una enorme cantidad de trabajo el despejar una parte de ello, y aun quedaba mucho por hacer. Pero estaba lo bastante despejado para que los reunidos vieran lo que provocaba todo ese ruido.
El el centro de la sección despejada del jardín, los cinco gatos estaban agrupados en semicírculo encarando los arbustos en la base de un árbol viejo tumbado contra la muralla de piedra. Los maullidos eran ensordecedores.
―¿Pero qué diablos...! ―masculló Snape.
―¿Qué es eso debajo del árbol? ―le consultó Dudley a Harry―. ¿A ti te parece un perro?
―Sí.
Y por cierto lucía como un perro, uno muy grande, muy negro, y de aspecto descuidado, con grandes ojos amarillentos de aspecto maligno. Cada vez que intentaba avanzar de la base del árbol, los gatos atacaban, arañando y gruñendo. La señora Figg se apresuró a ir hacia ellos, a pesar de que Petunia sentía que los gatos no parecían necesitar ayuda. Tuvo que cambiar de parecer más tarde, cuando el perro derribó a los gatos, y avanzó hacia ellos. Petunia saltó para agarrar a la señora Figg y devolverla con el grupo.
El perro se detuvo a varias yardas de ellos, mirándolos fijamente. Snape tenia su varita afuera, y al verla, el perro retrocedió. Posee una inteligencia, entonces. Un perro ordinario querría jugar a atrapar el palo.
Snape corrió hacia el perro, con la idea clara de hacerlo retroceder. El perro se mantuvo firme, esquivando nítidamente el hechizo que le lanzó Snape. Después corrió hacia el mago, tumbándolo, y saltando sobre él, dirigiéndose hacia Petunia, la señora Figg y los niños.
Petunia lo tuvo apuntado con su varita en menos de un pestañeo. De nuevo el perro se detuvo, pero en ningún momento la había mirado. Se quedó parado mirando fijamente a los niños, mirando a Harry, de hecho, o cuando menos eso pensó ella. En los segundos que pasaron, Snape se puso de pie y se dio vuelta con la varita preparada. El perro no estaba mirándolo, pero aun así pudo sentirlo. Se evadió por la derecha, (saltando sobre los gatos que se habían recobrado y estaban preparando un nuevo ataque, esta vez por la retaguardia), y después saltó la muralla de dos metros sin parecer hacer un mayor esfuerzo.
Snape corrió detrás, maldiciendo. Petunia con rapidez hizo entrar a los chicos que protestaban a la casa, y les dijo que se quedaran allí. Después regresó al jardín para ayudar a la señora Figg a reunir a sus gatos.
Snape regresó a la casa después de casi una hora, con la cara ensombrecida.
―¿Qué fue eso? ―exclamó Petunia.
Snape hizo una mueca, sacudiéndose lodo de su túnica con una mano―. Haz que los chicos se preparen para partir ―dijo cortante.
―¡Ellos no irán a ninguna parte hasta que me contestes! ¿Qué era eso?
―No lo sé de seguro, pero hay alguien que tiene que responder algunas preguntas.
―¿A quién te refieres?
―Al profesor Lupin ―Snape escupió las palabras.
Después de una larga y con frecuencia ruidosa discusión en la cual ninguno de los dos mostró simpatía por los sentimientos del otro, ¿y qué era eso de nuevo?, Petunia y Snape acompañaron juntos a los niños de regreso a la escuela.
Petunia se rehusó a dejar sola a la señora Figg en la Mansión, bajo esas circunstancias, así que ella también fue con ellos. Snape insistió en viajar por Flú, algo que Petunia odiaba, pero por esta ocasión estuvo de acuerdo con un mínimo de protestas. Cuando ellos llegaron al castillo, Snape envió a los niños a sus dormitorios. Petunia resintió este despliegue de autoridad, pero no podía discutir mucho en este caso.
Snape después fue a la oficina de Dumbledore, con Petunia y la señora Figg a la zaga. Él no se molestó en disminuir el paso para que lo alcanzaran, como forma de protestar por su presencia, suponía Petunia. A ella no le importó. Ella no iba a quedar fuera de esta discusión lo aprobara Snape o no.
Dumbledore escuchó pacientemente la historia―. Me alegra que hayas estado ahí, Severus ―dijo de forma calmada.
―Oh, sí ―saltó Petunia―. ¡Él fue de mucha utilidad! ¡El perro lo noqueó y saltó sobre él!
Snape la miró con irritación. Dumbledore alzó una mano―. Si discutimos entre nosotros, quiere decir que no estamos encargándonos de esta situación ¿o sí?
―Y no es así ―concordó Snape con frialdad―. Por supuesto que el perro no era un Grim. Así como tampoco era un perro. Yo pienso que era un animago.
―De ser así, debe ser uno sin registrar. ¿Qué te hace pensar eso, Severus? ―preguntó Dumbledore después de una pausa.
―El tamaño. No era lo bastante pequeño para ser un perro, para esa raza en todo caso. Tampoco se trataba de un lobo, cuando menos no creo que lo fuera... ―su voz se perdió.
Dumbledore se miró las manos―. Tal vez nosotros deberíamos escuchar lo que tenga que decir el profesor Lupin.
Petunia tuvo la sensación de que se estaba perdiendo de algo en esa conversación. ¿Cómo es que habían saltado de repente del Grim a Lupin? Pero se prohibió hacer preguntas en caso de que ellos decidieran expulsarla, algo que Snape trataría de hacer en cuanto recordara que la señora Figg y ella estaban ahí. Existía un trasfondo que la perturbaba, ella tenia la sensación que esto había sido cubierto muchas veces antes por los dos hombres, sin llegar a resolverse. Además percibía su profundo disentir en el tema.
Lupin llegó a la oficina de Dumbledore luciendo cansado y agotado. Se sentó y escuchó el relato de Snape del Grim en el jardín sin mucha expresión, y después miró al Director.
―Si es que esta preguntándoselo, Director ―dijo llanamente―. No, ese no fui yo.
―Nunca creí que así fuera, Remus.
Lupin dio un vistazo a Snape―. Tu viste que me tomaba la poción, hace pocos días atrás.
Snape asintió, su rostro sombrío.
―¿Entonces de quién se trataba? ―preguntó Petunia, finalmente, incapaz de seguir callada.
Snape dijo―: Yo pienso que era Sirius Black.
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N/T: Respondiendo a cierta duda, sí, Harry todavía es un hablante de parsel. El porqué se verá más adelante. Siga sintonizado :D
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