Nota de la autora:
Hola!
¿Qué tal? Ya estoy aquí de nuevo con otro capítulo que espero que os guste o tal vez no, ya veremos una vez que lo hayáis leído y veáis lo que pasa. Bueno no me entretengo que seguro que estáis deseando leerlo.
Disfrutadlo
Capítulo 20: La pérdida de un ser querido.
El coche se detuvo y las cuatro puertas se abrieron. El primero en salir fue Harry seguido de Hermione mientras los demás salían por las otras puertas. Llevaban dos días de viaje en coche y los cinco se quedaron mirando el horizonte por donde el sol pronto se ocultaría y donde se podía ver una espesa columna de humo negro ascender al cielo desde el lugar donde debían encontrarse con la Resistencia.
Esa columna de humo negro no presagiaba nada bueno.
-¿Y si hemos llegado demasiado tarde?- preguntó Hermione, preocupada- ¿y si los han descubierto y los han atacado?
Ninguno respondió a esas preguntas aunque todos en su cabeza se la habían formulado mucho antes de que Hermione las dijese en alto.
-Es mejor que sigamos a pie- dijo James- y que rodeemos Hogsmeade, podrían haber mortífagos escondidos por sus calles. Tardaremos más pero será menos peligroso y llamaremos menos la atención.
-Vamos- dijo Draco.
Los cinco se pusieron en marcha, caminando en silencio mientras rodeaban el pueblo en el que ya no vivía nadie. Era un pueblo fantasma, todo estaba en ruinas y vacío. Ya no quedaba nada allí, nada más que silencio. Pero James tenía razón, si habían atacado a la Resistencia y habían cogido algún rehén, podrían haber averiguado que ellos estaban de camino y podrían estar esperándolos en el desértico pueblo.
Tardaron una hora en llegar al punto de encuentro, de muchas de las grutas y cuevas salían el humo que ellos habían visto a lo lejos y que era espeso y oscuro. Sería imposible entrar en alguna de esas cuevas sin disipar el humo. Por lo que Hermione sacó su varita y después de susurrar una serie de hechizos, el humo que salía de la cueva más cercana se fue disipando hasta que tan solo quedó un poco de humo que les permitía el acceso al lugar.
Se internaron en la cueva y caminaron en silencio, tapándose la nariz con la manga de sus ropas para no tragar demasiado del humo que se había condensado en el lugar. Vieron una luz a lo lejos y decidieron acercarse para ver de dónde provenía.
Se les retorció las entrañas cuando vieron una enorme hoguera donde aún ardía la montaña de cadáveres. El olor a carne quemada les penetró por la nariz a pesar de que seguían tapándose con la manga. Los ojos se les llenaron de lágrimas en parte por el humo y en parte porque sabían que esos cadáveres que ardían eran de gente de la Resistencia.
Habían llegado demasiado tarde.
El horror de ver lo que les habían hecho hizo que Hermione apartara la mirada y que los otros miraran la hoguera con una horrible angustia instalada en el corazón. Las cuatro personas que estaban allí y que no pertenecían a ese mundo, rogaban porque ninguno de sus amigos estuviese en esa montaña de cadáveres quemados, ni en ninguna de las otras montañas que debía de haber en las otras cuevas y grutas de las que también salía humo.
Junto a ese montón de cadáveres que aún ardían, había otro en el que el fuego ya se había extinguido. Las cenizas se arremolinaban a sus pies pero algunos cadáveres aún era reconocibles. Lo que significaba que el ataque no había sido hacía mucho tiempo.
James pudo reconocer el rostro de Lavender y algún militar muggle del que se había hecho muy amigo durante esos años de guerra. Cerró los ojos y un par de lágrimas consiguieron hacerse paso y recorrieron sus mejillas. Suzanne le puso una mano en la espalda para consolarle y él se limpió las lágrimas.
-Mirad- dijo Hermione haciendo que Harry apartarse la mirada de Suzanne que seguía consolando a James.
Se acercaron a la muchacha y vieron que las llamas iluminaban una marca pintada en la pared. Para sorpresa de todos no se trataba de la marca Tenebrosa.
-James, la marca Tenebrosa del Voldemort de este mundo…
-Es una calavera y de la boca le sale una serpiente- cortó James a Hermione, negando con la cabeza mientras miraba la marca en la pared, pintada con pintura y no con magia- está marca no la conozco.
Ese símbolo estaba formado por un círculo perfecto y en el interior había una N que iba de un lado a otro del círculo.
-Eso quiere decir que Voldemort no les atacó- soltó Draco- pero ¿Quién diablos lo hizo entonces?
Nadie supo que responder. Ninguno conocía esa marca. Hermione parecía estar haciendo memoria para saber si había leído algo parecido pero no recordaba ninguna simbología de ese tipo. Nunca había visto ese símbolo y mucho menos había oído que alguien lo pintase con pintura y no con magia.
-No sabemos quiénes son los que han atacado a nuestros camaradas- dijo James con tono sombrío- por lo que deberíamos largarnos de aquí, podrían estar esperándonos, si han cogido rehenes y les han sacado información, sabrán que estábamos de camino. Además, podría haber supervivientes.
Los cincos salieron de la cueva y se quedaron mirando a su alrededor. Desde allí se podía ver Hogwarts, oscuro, tétrico, muerto. Le dieron la espalda, se alejaron de las cuevas y se internaron en el bosque que estaba cerca de ellas.
Caminaron entre los árboles, esquivando los obstáculos que les salía en el camino. Los árboles estaban muy juntos y los espacios por los que pasar eran demasiado estrechos. No supieron por cuánto tiempo estuvieron caminando, en silencio, cada uno inmersos en sus pensamientos y miedos, recordando lo que habían dejado atrás, los cadáveres calcinados y algunos aún reconocibles de familiares y amigos, de gente que conocían quizás no en ese mundo pero si en otros.
El sol entraba con dificultad entre las ramas de los árboles, iluminando un poco el suelo por donde pisaban, donde crujían las ramas cuando se aplastaban bajo sus pies y donde sus respiraciones aceleradas por la caminata era lo único que se escuchaba.
Suzanne se detuvo junto a un árbol y se apoyó en él, agotada y con un incesante dolor punzante en el abdomen. Un sudor frío le recorría la espalda y su respiración estaba mucho más acelerada que las de los demás, casi hiperventilaba. James se dio cuenta de su estado y también se detuvo, preocupado.
-Descansemos- dijo James y todos se detuvieron.
Se giraron para mirar al chico y sus ojos fueron más allá, donde estaba parada Suzanne con los ojos cerrados. Cuando abrió los ojos vio que todos la miraban y Suzanne intentó disimular su malestar, irguiéndose todo lo que el dolor de su vientre le permitió y se limpió el sudor que le había acumulado en el labio superior.
-¿Estás bien, Suzanne?- preguntó Hermione, visiblemente preocupada acercándose a ella.
James se adelantó y le tendió la cantimplora con agua que ella le cogió agradecida. Se interpuso entre la chica y los otros.
-Tan solo está cansada- dijo James para salvarla de dar explicaciones. Él no estaba de acuerdo con su silencio pero si ella había tomado esa decisión y no quería contar la verdad sobre su embarazo entonces él no era nadie para desvelar nada- deberíamos detenernos y comer algo.
Después de unos segundos de silencio, se pusieron a acampar. Buscaron algo de leña para encender un fuego y empezaron a sacar algo para comer. James se giró para mirar a Suzanne y esta la tendió la cantimplora.
-Gracias- susurró para que solo él le escuchara.
-Bebe- le ordenó poniendo la mano sobre la cantimplora, luego le acarició la mejilla con suavidad- le vendrá bien al bebé.
Ella sonrió y cuando apartó la mirada de James se encontró con la de Harry que los observaba silencioso y serio. La sonrisa de ella se borró y se apartó de James para no avivar las tensiones. Se sentó junto al fuego y le agradeció a Draco el trozo de pan que le daba. No se atrevió a mirar a Harry pero sabía que él le estaba mirando.
Descansaron durante un par de horas allí, apenas hablaron cada uno inmerso en sus pensamientos, miedos e inseguridades. Luego siguieron con el camino, buscando alguna señal de que hubiese supervivientes.
La oscuridad perpetua de la noche les cubrió mientras ellos iban caminando cada vez más despacio, pues el bosque ahora era más frondoso y no se atrevían a encender la luz de ninguna varita para no llamar la atención. Se detuvieron unos segundos para tomar un poco de aire y algunos, como Suzanne, se apoyaron en los árboles para recuperar el aire.
-No podemos seguir caminando sin rumbo- dijo Harry- es ridículo, ya es de noche y sin luz no encontraremos a nadie.
-Harry tiene razón- asintió Hermione- si de verdad algún superviviente hubiese entrado en el bosque, lo más probable es que hubiese lanzando algún hechizo para ocultarse de cualquier ojo indiscreto. Si ellos no quieren que los encontremos…
-Creo que ya los hemos encontrado- dijo Suzanne que era la que más atrás se había quedado.
Todos la miraron y vieron que alguien la estaba retorciendo el brazo tras la espalda y la apuntaba con la varita a la garganta. De pronto de la oscuridad salieron más varitas encendidas que los apuntaban al pecho.
-Soltadla- ordenó Harry dando un paso y agarrando fuertemente la varita.
-Soltad vosotros las varitas- ordenó una voz profunda.
-¿Kingsley?- dijo James dando un paso hacía la persona que había hablado y por fin su varita le iluminó la cara al chico.
-James- soltó Kingsley visiblemente aliviado- no sabíamos que eráis vosotros. Bajad las varitas- apuntó al que agarraba a Suzanne y todos vieron que era Seamus quien la tenía sujeta- soltadla.
Seamus la soltó rápidamente y le pidió disculpas en un suave susurro. Suzanne le sonrió y negó con la cabeza para que no se preocupase. Las varitas seguían en alto, iluminándolos pero ya no los apuntaban con ellas.
-¿Qué ha pasado?- preguntó James, mirándolos.
-Llegasteis demasiado tarde- respondió Kingsley en un suspiro- pero vamos al campamento que hemos improvisado. No estamos muy lejos, lanzamos algunos hechizos protectores por eso no nos habéis localizado.
Todos se pusieron en marcha y recorrieron unos metros más hasta que ante sus ojos, antes oculto por lo hechizos que la Resistencia había lanzando, pudieron encontrar una serie de tiendas de campaña dispuestas por un todo un claro del bosque. Había algunas fogatas encendidas y los hombres y mujeres que habían ido a luchar se apostaban por todo el lugar, algunos se curaban heridas que tenían tras la batalla y otros comían en silencio las pocas provisiones que les quedaban tras el ataque.
Todos los miraron cuando entraron, algunos con reproche, otros con abatimiento y otros con un rayo de esperanza atravesándoles el iris de sus ojos. Había unas cincuenta personas en el exterior de las tiendas, pero se escuchaban voces provenientes de las tiendas lo que les dio a entender que había más supervivientes.
Algunos de los que estaban por allí se levantaron para saludar a James, Padma le dio un abrazo y Dean una palmada en la espalda mientras le decía lo contentos que estaban al verles con vida, pues al ver su tardanza se temían lo peor.
Siguieron a Kingsley hasta una de las tiendas, con ellos también fueron Padma, Seamus, Dean, Colin, su hermano Dennis y un par de militares muggles.
La tienda de campaña era mágica como seguramente la mayoría de las tiendas que había allí. Era mucho más amplia de lo que parecía fuera, había una mesa alargada de madera en el centro y unas sillas lo rodeaban. Sobre la mesa había mapas y un par de chivatoscopios para detectar el peligro. En el resto de la tienda no había nada.
Pero lo primero que vieron todos ellos y les hizo suspirar aliviados, fue ver a Aki sentado en una de las sillas. El chico alzó la cabeza al sentir que entraban en la tienda y se puso en pie como una exhalación, abrazando con fuerza contra su cuerpo a Suzanne y Hermione. Parecía tan aliviado como ellos al ver que estaban bien. Luego saludo a Draco, Harry e incluso a James.
-Jefe, que alivio- le dijo el chico y Harry le dio unas palmadas en la espalda- pensamos lo peor cuando tardabais tanto.
-Lo sé- le dijo Harry- no teníamos planeado tardar tanto.
-¿Tardar tanto?- soltó uno de los militares- llegáis con más de dos semanas de retraso.
-Después de que atacasen la casa de Molly y de que nos separamos tuvimos que venir casi todo el camino a pie, no fue hasta hace unos días que nos encontramos y luego conseguimos un coche- explicó James.
-Ron, Artemis y yo conseguimos llegar a pie hasta la Madriguera y allí encontramos el coche del señor Weasley por eso tardamos mucho menos- explicó Aki- os estuvimos esperando, preocupados.
-¿Dónde están Artemis y Ron?- preguntó Suzanne, extrañada porque no estuviesen allí.
El silencio se extendió por toda la tienda, algunos apartaron la mirada como si no se atreviesen a mirarlos y los latidos de su corazón fueron más despacio, como si todo se hubiese ralentizado. No entendía porque ninguno respondía, no era una pregunta tan difícil.
-Artemis fue herida en el ataque que sufrimos hace un par de días- explicó Aki suspirando- está bien, su vida no corre peligro pero se está recuperando de algunas heridas todavía.
Luego el silencio continuó, haciéndose más pesado. La pregunta seguía sobrevolando el ambiente pero ninguno parecía dispuesto a responder. Aki bajó la mirada y suspiró.
Hermione dio un paso inseguro hacía él. El corazón seguía latiéndole despacio, muy despacio. Dio otro paso y con un suave susurró ahogado dijo:
-¿Y Ron, Aki?
Aki levantó la cabeza y le miró, preocupado. Parecía cansado y angustiado. Se había sentado en una de las sillas y miraba a Hermione, en silencio.
-A desaparecido- el corazón de Hermione dio un brinco y empezó a latir rápidamente desbocado, ya solo escuchaba los latidos de su corazón veía mover los labios del chico pero no le oía- hace dos semanas fuimos atacados, los supervivientes huimos hacía el bosque, el resto…
-Ha sido quemado- terminó Draco por él.
-A eso se debe el humo- asintió Kingsley como si ahora lo comprendiese- no hemos ido al lugar del ataque porque aún nos estamos recuperando, ha habido muchos heridos y no hemos ido a reconocer el lugar, teníamos pensando hacerlo por si había algún superviviente.
Hermione se había alejado de todos y estaba en silencio, abrazada así misma e inmersa en sus pensamientos. Harry la miró, preocupado, pero sabía que ella necesitaba que la dejasen para procesar la información.
-Puede que cogiesen rehenes- les dijo Seamus- entre ellos Ron. No lo sabemos, no hay que perder la esperanza.
Hermione ahogó un sollozo al oír eso y Suzanne se acercó a ella para consolarla. Le echó un brazo por encima de los hombros y la abrazó contra su cuerpo. Hermione se aferró a ella pero no volvió a soltar ningún sonido que delatase que estaba llorando, aunque muy probablemente lo estaba haciendo.
-No eran mortífagos- dijo Dean y todos le miraron menos Hermione que seguía siendo consolada por Suzanne.
-Lo sabemos, vimos las marcas que dejaron en la pared- explicó James rascándose la mejilla- ¿Habéis reconocido esas marcas?
-Ni siquiera la vimos- gruñó uno de los militares- estábamos más preocupado de salir con vida de allí.
-No usaron magia, ni siquiera vi una sola varita en esas personas que nos atacaron- continuó Padma- pero estaban bien preparados. Nos redujeron con mucha facilidad.
-A mi me dieron con una de sus armas. Fue como una descarga eléctrica y cuando conseguí liberarme de ese dolor lacerante, no pude usar mi magia- explicó Colin.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Harry.
-Dejé de ser mago por un momento. No tenía poderes- respondió el chico- conseguí huir antes de que me pegara un tiro. Llevaban armas muggles, también.
-¿No tenéis ninguna idea de quienes pueden ser?- preguntó, de nuevo, James.
-No, no tenemos ninguna idea- contestó Dennis- pero nos hicieron mucho daño. Tuvimos muchas bajas.
-Tuvo que haberlas- dijo James- cuando llegamos aquí ¿Cuántas personas había? Cincuenta… sesenta, se suponía que iban a venir los habitantes de las demás ciudades subterráneas.
-Estuvieron aquí- explicó Kingsley, rascándose los ojos como si estuviese cansado- pero el día del ataque, por la mañana, tuvimos una reunión. Estaba coléricos, furiosos, decían insensateces como que había desertado, que os habíais largado de este mundo para no luchar en la guerra…
-¡Eso es una estupidez!- gritaron James y Harry a la vez, igual de furiosos, con la misma vena palpitándoles en la sien ante la rabia.
-Ya lo sabemos pero ellos estaban coléricos con vuestra tardanza y dijeron que se marchaban, que no iban a poner en riesgo a su gente por culpa de…
Kingsley guardó silencio y James le miró furioso.
-Termina- le dijo James- por culpa de un farsante que no fue capaz de matar a Voldemort cuando tan solo era un crío.
Kingsley suspiró y se rascó la cabeza.
-Sabes que yo no pienso eso- le dijo el hombre y James le puso una mano en el hombro para darle a entender que lo sabía- intentamos hacerles entrar en razón pero no quisieron escucharnos. Ron decía que vosotros nunca le abandonaríais.
-Por supuesto que no- soltó Harry, furioso- a ninguno de mis hombres los dejaría atrás. Ellos son mi familia y no los abandonaría por nada del mundo. Encontraremos a Ron, a Ginny, a Charlie y a Kelly y volveremos una vez que hayamos acabado con el Voldemort de este mundo.
-¿Sabéis algo de Ginny y Charlie?- preguntó Draco, preocupado- nos separamos de ellos.
-Lo sabemos. Jack nos lo contó todo cuando llegó hace unos días- explicó Padma, mirándole- nos contó que Smith era un traidor y mató a uno de sus hombres, disparó a Jack y se llevó a Ginny y Charlie ante Voldemort. Ahora son sus prisioneros. A Jack le dio por muerto y pudo llegar hasta aquí para contárnoslo todo. Ahora lo único que podemos hacer es rezar porque sigan con vida.
Todos guardaron silencio, más preocupados si cabe de lo que ya estaban. Ahora no solo tenían a Kelly sino también a Ginny y Charlie. Draco se sentó en una de las sillas y enterró la cara entre sus manos.
-¿Cómo está Jack?- preguntó James.
-Bien, se recupera con el resto de heridos. Curamos sus heridas y le íbamos a trasladar a Gryffelclaw pero nos atacaron, por suerte pudimos sacarle antes de que le pasara algo. Se recupera favorablemente en una de las tiendas.
-¿Qué vamos a hacer, James?- preguntó Seamus levantándose de la silla en la que había estado sentado. El nombrado le miró, viendo en sus ojos aún el deseo de luchar.
James se giró a los otros, Aki cuya decisión resplandecía en su mirada, Hermione ya parecía un poco más recuperada aunque con los ojos llorosos, Suzanne aún la acariciaba el pelo, Draco seguía sentado en la silla pero le miraba con decisión, la decisión de un hombre enamorado que iría hasta el inframundo en busca de su amor y, por fin, miró a Harry y lo que vio en sus ojos es que jamás dejaba a un hombre atrás.
-¿Lucharéis?- preguntó James.
-Vinimos a buscar a Kelly y no nos iremos sin ninguno de mis hombres- le dijo Harry- iremos en busca de ellos al Hogwarts y tal vez encontremos también allí a Ron, puede que Voldemort haya encontrado otros aliados y sean los que hace dos días os atacaron.
-¿Piensas que eso es posible?- preguntó James.
-Smith era el único que sabía nuestros planes y quien nos ha traicionado- le respondió Harry- él se lo contaría a Voldemort y puede que este mandara a otros aliados ¿Quién sabe quien se ha podido unir a él?
Todos asintieron y se quedaron inmersos en sus pensamientos, pensando en esa posibilidad. Sabían que era muy probable que Harry tuviese razón, sino ¿Qué otra posibilidad había?
-Pero somos muy pocos para tomar el castillo- dijo Kingsley sacando a todos de sus pensamientos- el resto de la Resistencia, los guerreros de las otras ciudades subterráneas estarán a leguas de aquí.
-Manda a un emisario que intente convencerlos, que diga que ya hemos llegado al punto de encuentro y que les necesitamos para tomar el castillo- le dijo James a Kingsley- dile que aún estamos dispuesto a luchar.
Kingsley asintió y salió de la cueva para seguir con la orden que le habían dado.
-¿Qué quieres que hagamos los demás?- preguntó Seamus con los ojos brillando de sed de sangre. Quería venganza tras todos esos años de guerras y tras el último ataque, la venganza era aun más venenosa.
-Preparaos, haremos una incursión al lugar del ataque para ver si quedan superviviente o podemos encontrar algo que nos ayude- le dijo James. Todos asintieron y salieron de la tienda menos los jóvenes que no pertenecían a ese mundo.
-Nosotros queremos ver primero a Artemis- dijo Harry y James asintió- luego iremos con vosotros al lugar del ataque.
James salió de la tienda, dejándoles a solas. Ninguno habló, demasiado preocupado con las noticias que habían recibido. No se sabía nada de Ron, Charlie y Ginny habían sido atrapados por los mortífagos y podrían haber sido asesinados y tampoco sabían nada de Kelly.
Hermione se había sentado en una de las sillas y estaba en silencio como el resto de sus amigos. Solo podía pensar en Ron, en sus ojos… en su sonrisa y el miedo de no volver a verlo se le instaló en el corazón, haciendo que sus piernas se tambaleasen, ese era el motivo por el que había abandonado los cálidos brazos de Suzanne y se había sentado en la fría y dura silla de madera.
Aki, que estaba sentado cerca de ella, le cogió la mano para reconfortarla pero ella no le miró, absorta en sus miedos y tristezas. Nunca creyó, cuando les mandaron a esa misión, que existiría la posibilidad de que Ron desapareciese. Había vivido tantas aventuras con él, tantas cosas junto a las personas que estaba en ese momento en la tienda pero Ron era la más especial y ahora existía la posibilidad de que no le volviese a ver.
La opresión en el pecho que se había instalado desde que se enteró de su desaparición, la impedía respirar con normalidad y la hacía sentir vacía.
James volvió con Seamus.
-Chicos, vamos a ver a Artemis. Yo también quiero ver a Jack- les dijo James.
Los que habían tomado asiento se pusieron en pie y todos siguieron a James y Seamus que iban hablando de la posibilidad que Harry había planteado sobre los nuevos aliados de Voldemort que podrían ser los que les habían atacado hacía un par de días.
Entraron en otra tienda que desde fuera se veía que era la más grande y cuando estuvieron dentro se dieron cuenta de que así era. Allí dentro había al menos treinta camillas en las que algunos heridos se recuperaban de sus heridas, algunos parecían más graves que otros. Algunos magos y médicos se movían por el lugar, intentando aliviarles el dolor o curándoles.
Se encaminaron hacía una de las camillas del final esquivando a algunos médicos que se movían por el lugar mientras algunos voluntarios que no habían salido demasiado heridos les ayudaban.
James se detuvo para ver el estado de algunos pacientes y luego continuó hasta la camilla de Artemis. La joven estaba tumbada con los ojos cerrados y un sanador estaba revisando una herida que se extendía por todo el brazo, desde la muñeca hasta el hombro y que estaba tapado con innumerables gasas que se teñían de rojo. Sudaba, temblaba y tenía los ojos suavemente cerrados.
-¿Cómo está?- preguntó Harry al sanador.
-Su vida no corre peligro pero le ha subido un poco la fiebre. Las quemaduras del brazo son de primer grado y las pociones que le hemos echado están reconstruyendo la piel que se ha destruido con el fuego pero con las cicatrices no vamos a poder hacer nada, va a tener que convivir con ellas. Las llamas hicieron demasiado daño.
El hombre levantó la gasa y la herida que vieron tenían muy mala pinta a pesar de que las pociones ya habían hecho mucho trabajo reparador.
-Estoy intentando bajarle la fiebre y le he dado otra poción para el dolor así que estará un poco atontada.
Aki se sentó junto a su novia en una silla que había al lado de la camilla. Le acarició el pelo a su novia y esta abrió los ojos, adormilada.
-Hola, nena- le susurró con ternura- mira a quien te he traído.
Los ojos de la chica se movieron por el rostro del sanador y de Seamus y por fin se fijaron en Suzanne, Draco, Harry, Hermione y James. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro al reconocerlos y estiró el brazo bueno hacía ellos.
-Jefe- susurró con cariño.
Harry se acercó con una sonrisa y agarró la mano de su subordinada. Se sentó en la silla cuando Aki se levantó para dejarle sitio. Harry le acarició el pelo con suavidad y Aki se quedó junto a su jefe, sonriendo a su novia.
-¿Qué tal, cariño?- la dijo Harry con suavidad. Le dio un beso en la mano- tenía ganas de volver a ver esa cara tan bonita.
Ella sonrió, agradecida.
-Estoy bien, jefe- le dijo- un poco mareada y tengo sueño.
-Duérmete entonces, cariño- le susurró con ternura.
La joven cerró los ojos y se quedó dormida.
-Aún no es consciente de lo que ha pasado- explicó el sanador- los calmantes y la fiebre la mantienen en un estado de sopor. No creo que se haya dado ni cuenta de lo que le ha pasado.
-¿James?- oyeron una voz gruesa a sus espaldas.
Todos se giraron a esa voz y vieron en pie a Blaise, estaba sin camisa y una venda le cruzaba el pecho, inmovilizándole el hombro. Estaba algo pálido pero parecía que estaba recuperándose.
James sonrió y se abrazó a su amigo.
-Cuidado, hermano- le dijo Blaise, riendo.
-Lo siento- sonrió James, mirándole, luego dejó de sonreír- ya me han contado lo de Smith y que fue quien te hirió.
La sonrisa de Blaise también se borró, soltó un gruñido con el que enseñó sus dientes blancos y se tocó el hombro.
-¡Maldito traidor! Acabaré con él. Sé que vamos a luchar, Dean me lo acaba de decir- en los ojos del chico centelleó la llama del odio- y yo estaré listo a tiempo para acabar con todos esos bastardos. El primero de mi lista es Smith y Lucius por Molly.
-Y yo lucharé a tu lado, hermano- le puso una mano en el hombro sano y le miró con intensidad.
Salieron de la tienda para dejar descansar a los heridos. Se sentaron alrededor de un fuego para comer algo y preparar la incursión al lugar del ataque. Después de mucho debatir decidieron dejarlo para primera hora de la mañana siguiente, la luz les ayudaría a encontrar pistas sobre los atacantes.
Decidieron irse a descansar, algunos miembros de la Resistencia se quedarían vigilando a pesar de los hechizos que había lanzando alrededor del campamento. Una tienda de campaña fue cedida a los recién llegados y todos se apiñaron en el interior.
A penas hablaron mientras se instalaban en las literas que había en interior de la tienda. Hermione se acostó en silencio y les dio la espalda a todos, ninguno quiso molestar, sabiendo que la chica prefería estar sola en esos momentos.
Draco también se acostó, en la litera de debajo de la de Hermione. No dijo nada a nadie, también estaba pensativo y preocupado, y todos sabían que estaba pensando en el destino que le podría haber deparado a Ginny.
Y de pronto, Harry, James y Suzanne se vieron en medio de la tienda, mirándose sin saber muy bien que decir. El recuerdo de la situación en la que se habían reencontrado, pasó como un rayo entre ellos y haciendo todo eso más incomodo.
-Es mejor que descansemos- rompió el silencio James- creo que mañana va a ser un día muy largo.
Suzanne asintió.
-Buenas noches- susurró la chica y se quitó el abrigo para meterse en una de las camas.
Los otros dos se quedaron unos segundos en silencio y después cada uno se metió en una cama sin decirse nada y apagaron las velas, dejando todo a oscuras a su alrededor.
Ninguno aquella noche pudo pegar ojo, todos con demasiadas preocupaciones e inquietudes rondándoles por la cabeza.
A la mañana siguiente, todos se levantaron temprano para hacer la incursión al lugar del ataque. Decidieron llevar un grupo reducido para no llamar demasiado la atención y aunque Blaise se empeñó en ir, terminaron convenciéndole de que se quedara en el campamento para recuperarse del todo, lo único que le terminó de convencer para obedecer fue el hecho de que James le dijese que tenía que estar en plena forma para la batalla.
Hermione caminaba junto a la compañía que iban a hacer la incursión. Nadie hablaba y ella estaba completamente inmersa en sus pensamientos.
No había dormido nada esa noche pensando en Ron y en la suerte que podía haber corrido durante el ataque. La posibilidad de que lo hubiesen secuestrado era aterradora pero comparada con la idea de que hubiese muerto... Aun así, el chico podía estar sufriendo un montón de calamidades y aunque le encontraran, tal vez no llegaban a tiempo.
La posibilidad de que Ron estuviese herido o muerto, la aterraba y los latidos de su corazón no se habían normalizado desde el momento en el que le dieron la noticia. Sentía una opresión en el pecho que se había instalado ahí y que parecía jamás iba desaparecer. No, simplemente lo haría cuando viese los ojos y la sonrisa de Ron, dirigiéndose a ella.
Se quedaron en el linde del bosque, estuvieron unos minutos vigilando, asegurándose de que no había nadie por la zona. Mandaron a algunos a inspeccionar y cuando comprobaron que todo estaba en orden y que no había nadie, salieron del bosque y se encaminaron a las grutas y cuevas en las que durante unas semanas habían estado escondidos la Resistencia.
Se dividieron para inspeccionar las cuevas, fueron en orden, desde las que estaban más abajo hasta llegar a las que estaban en lo más alto de las montañas. Pero no encontraban ni supervivientes ni pistas sobre los posibles atacantes. Todos los cadáveres estaban calcinados aunque algunas hogueras se habían terminado apagando y se podían reconocer algunos de los cadáveres. Las marcas de los atacantes decoraban todas las grutas y cuevas.
Hermione siguió a Harry y Draco mientras subía la montaña hasta una de las grutas que estaban más en lo alto. Suzanne iba a su lado y los cuatro ascendían en silencio.
Alcanzaron la gruta en unos minutos. No salía humo de la cueva, pues el fuego se había apagado, pero el olor a carne quemada les inundó la nariz hasta hacerles sentir nauseas. La oscuridad de la gruta a pesar de ser de día, les hizo tener que encender sus varitas, ayudándoles a ver por donde pisaban.
Estuvieron inspeccionando el lugar como había hecho con las otras cuevas, como en las demás estaba la marca de los atacantes y las cenizas de los que una vez fueron personas se movían por el lugar debido al viento que entraba.
Harry se detuvo cuando vio una caja en un rincón de la cueva, oculto tras unas rocas. Se agachó y puso a rebuscar en el interior, lo que encontró hizo que el corazón le diese un vuelco. Dentro había cartas firmadas por Bilius y Jean, también había una serie de fotos de la pareja y algunas cintas de video pero ni rastro de ninguna cámara.
-¡Eih, chicos! Mirad- dijo Harry al resto.
Hermione que estaba en la entrada, pues el olor a carne quemada la afectaba más que a los otros y había necesitado un poco de aire, se giró para mirar al chico. Este estaba agachado, dando la espalda a los demás.
Al internarse en la cueva para ver lo que su amigo había encontrado, se detuvo al sentir que pisaba algo. Bajó la mirada al suelo y entre las negras cenizas, vio algo. Se agachó para recogerlo, las cenizas revolotearon a su alrededor cuando las apartó con la mano y pudo ver ennegrecido y roto el collar de macarrones de Ron.
Y de pronto un recuerdo inundó su retina.
Rose y Hugo correteaban por el salón del apartamento de Hermione. Ron los observaba con una sonrisa cuando ella llegó. La joven se puso junto al chico y se detuvo a mirarlos como estaba haciendo él.
Desde que los niños llegaron a sus vidas, Hermione ya no concebía la vida sin ellos. Les quería, a pesar de que no eran sus hijos, los amaba como si lo fueran y solo deseaba su bienestar, y sabía, por la sonrisa de Ron, que él pensaba lo mismo. De pronto, sin previo aviso, se habían encontrando siendo padres, sin ni siquiera tener una relación pero habían sabido ser padres o por lo menos lo intentaban.
-Deberíamos hablar con ellos- le dijo Hermione y Ron la miró.
Asintió y se acercaron a los niños.
Pronto se irían a la misión de los mundos y querían hablar con los niños antes por si les pasaba algo. Los pequeños sabían que se iban debido al trabajo pero querían hablar con ellos antes de irse.
Los niños se sentaron junto a ellos cuando se lo pidieron. Rose se subió al regazo de Ron y Hugo lo hizo en el de Hermione, lo que hizo sonreír a la chica.
-Niños, sabéis que dentro de poco papá y yo nos vamos a una misión, y por eso os vais a quedar unos días en casa de los abuelos Weasley- le dijo Hermione con dulzura- queremos que os portéis bien y que hagáis caso a los que los abuelos os digan.
-Sí, si no queréis ver enfadada a la abuela- les dijo Ron y los niños rieron al ver la cara de su padre.
-Ron- le reprendió Hermione.
-¿Qué? No es agradable ver a mi madre enfadada- se defendió Ron.
-Bien, vale- la chica suspiró- bueno quiero que seáis buenos. Y también queremos que sepáis que os queremos mucho, y que pase lo que pase os vamos a seguir queriendo para siempre.
Los niños les miraron. Ron acariciaba el pelo de Rose que se bajó del regazo de su padre y salió corriendo hacía las habitaciones para sorpresa de los dos adultos. Después de unos minutos volvió y se sentó en el sofá entre sus padres.
Les tendió algo que los dos adultos cogieron y cada uno vio sobre la palma de su mano un collar de macarrones.
-Los hemos hecho Hugo y yo- explicó la niña con esa voz de resabida tan parecía a la de Hermione cuando era niña- para que os protejan cuando estéis en ese feo lugar.
Los ojos de Hermione se empañaron por las lágrimas y los abrazó. Ron sonrió y les acarició el pelo a los niños. Rose se soltó de su madre y cogió el collar de su padre, se lo puso por el cuello y le dijo:
-Esto te protegerá, papá.
Se quedó de rodillas en el suelo con las últimas palabras de su hija resonando en la cabeza. "Esto te protegerá, papá", pero no le había protegido, la inocencia de su hija había pensando que ese collar le protegería pero no había sido así.
Ron estaba muerto. El collar entre las cenizas solo podía significar eso. No habían encontrado ningún supervivientes, solo cenizas de lo que antes fueron cadáveres ¿Por qué Ron iba a ser distinto? Estaba muerto y ella no había tenido oportunidad de decirle lo mucho que le amaba.
Solo podía pensar en Ron y en los niños, en lo que dirían cuando supiesen que su padre no iba a volver. Habían perdido a dos padres en poco tiempo aunque ellos no lo supiesen, no fuesen conscientes de ello.
Y ella no fue consciente de que lloraba, ni de que estaba sollozando pero sus amigos si, se giraron para mirarla al oírla. El corazón se les encogió al ver la desazón y la tristeza en esos horribles sonidos que salían del fondo del corazón de la joven.
-Hermione…- susurró Suzanne.
-Está muerto- soltó entre las lágrimas- Ron está muerto.
Las piernas de Harry temblaron y tuvo que apoyarse en la pared de la gruta para no caer. Draco le puso una mano en el hombro y apartó los ojos de la imagen de desolación que representaba Hermione tirada en el suelo. Suzanne se acercó a su amiga, se tiró al suelo junto a ella, con lágrimas recorriéndole las mejillas y se abrazó a la espalda de su amiga para reconfortarla.
Pero nada podía reconfortar a Hermione porque la persona que más amaba en ese mundo y en todos los que existiesen, había muerto.
