¡Hola! Muchas llevaban un tiempo esperando este capítulo, así que POR FIN ha llegado el momento ;)
No os molesto más, ¡a leer!
LO QUE LA MEMORIA ESCONDE
Capítulo 20
...
Lo primero que sintió Hermione al llegar a casa aquel día fue el olor a pintura. Entrecerró los ojos y miró hacia arriba.
―¿Draco? ―llamó.
El único sonido que recibió como respuesta fue el del agua de la ducha del piso superior. Hermione subió las escaleras; ya sabía qué había pasado, y no le gustaba nada.
Fue a la habitación que sería para Scorpius. Estaba entreabierta, y cuando Hermione asomó la cabeza, vio que había pasado de ser blanca a un verde precioso. Abrió la puerta de par en par. Había una cuna de madera blanca medio montada en un rincón, una caja con pegatinas en forma de estrellas y el nombre del niño medio pintado en rojo en la pared de al lado de la puerta. Se llevó una mano al abdomen, conmovida.
Oyó que la puerta del baño se abría y salió a recibir a Draco. Se apoyó en el umbral con los brazos en jarras y las cejas enarcadas.
Draco salió con una toalla blanca enrollada alrededor de la cintura y el pelo mojado. Se quedó parado al verla, a sabiendas de que había sido pillado con las manos en la masa. Bueno, más bien pillado después de haberse limpiado la harina de las manos.
Aunque la verdad es que a Hermione poco le importaba la masa, el bizcocho o que el mismísimo Merlín se le presentara allí delante. De hecho, aunque Merlín estuviera montado en un monociclo delante de ella, Hermione solo podía ver a su marido.
Su marido, semidesnudo.
Lo observó acercarse hacia ella con la piel todavía húmeda; se pasó una mano por el pelo, echándoselo hacia atrás, y levantó los brazos.
―Antes de que te enfades ―dijo. Hermione parpadeó, intentando concentrarse―, ¿a que ha quedado bonito? ―Draco cogió a Hermione por los hombros y la obligó a volver a la habitación. Ella contuvo un suspiro al sentir el aroma de limpio de su piel―. Creo que la cuna podría ir ahí ―señaló un punto al lado de la ventana―, y el cambiador, allí, debajo de su nombre. Lo estoy pintando en rojo, no podrás quejarte ―añadió en tono ligero―. También he pensado en encantar las estrellas para que brillen y titilen como si fueran unas de verdad.
Los ojos de Hermione seguían la mano de Draco, pero sus pensamientos estaban en la mano que él había dejado reposando en su hombro. Los vellos de su nuca se erizaron al ser consciente de la proximidad del cuerpo de él.
De repente, no pudo más.
Se deshizo de su toque con un movimiento brusco de hombros y avanzó unos pasos, separándose de él.
―¡No me toques! ―chilló.
Draco se quedó mirándola con los ojos como platos. Estaba tan sorprendido que ni se molestó.
―¿Qué te pasa? ¿Qué he hecho? Ya tengo la espalda prácticamente bien, tú misma lo dijiste anoche. No pensé que pasara nada por…
Hermione se llevó una mano a los ojos, cubriendo sus lágrimas. No podía echarle en cara el efecto que tenía en ella, y eso la llevaba al borde de la desesperación.
―No sé ni qué digo ―sollozó.
Draco suspiró y la envolvió con sus brazos. Ella apoyó la mejilla en su pecho y dejó que rodeara su cintura con un brazo y apoyara la otra mano en su cuello.
―Cuéntame qué pasa ―susurró él contra el nacimiento de su pelo.
Hermione se mordió el labio inferior, conteniendo las palabras que querían salir. «Nada» era la respuesta que iba a dar, pero cuando abrió la boca, la verdad se deslizó por su lengua.
―¿Por qué tenías que beber tanto y olvidar que me besaste? ―le recriminó con tristeza. Se sentía patética, una niña pequeña que se quejaba por todo.
Draco se separó de ella y la miró con incredulidad.
―¿Es por eso? ¡Lo hice por ti! Pensé que era más fácil fingir que no había pasado nada a llevarme un chasco ―explicó. Intentó quitarle hierro al asunto, pero en realidad tenía un miedo terrible a que lo rechazara.
Hermione se quedó mirándolo con expresión impertérrita. Su cerebro estaba digiriendo la idea de que llevaba días torturándose por unos sentimientos que no lograba entender, noches intentando decidir qué hacer, cómo actuar, pero le estaba costando. Y todo porque el imbécil de su marido se había hecho el sueco.
―Draco Lucius Malfoy ―Hermione se acercó a él lentamente, sin cortar el contacto visual―, me parece increíble que estés tan seguro de ti mismo cuando te enfrentas con esos intentos de Voldemort rusos y no sepas distinguir cuándo tu esposa no quiere que dejes de besarla.
Draco seguía allí plantado, con la toalla alrededor de la cintura y cara de tonto.
Hermione soltó un grito frustrado. Decidió que podía aprovechar el cambio hormonal para justificar lo que iba a hacer a continuación. Separó la distancia que había entre Draco y ella, se puso de puntillas y lo besó.
Draco no tardó ni un segundo en reaccionar. La besó con ansia, como si estuviera muriéndose de hambre y ella fuera lo único que lo saciaba. Le sacó la camisa de dentro de la falda y metió la mano por debajo, acariciando la piel desnuda de su cintura. La arrastró hasta que la tenía entre su cuerpo y la pared y dejó sus labios para empezar a devorar su cuello. Draco pensó en refrenarse un poco, pero entonces Hermione gimió, pasando las manos por su pelo húmedo, y Draco sonrió contra su clavícula.
Por Merlín, si aquello no era el paraíso, se le parecía mucho. Hermione pasó los dedos por el pecho de Draco, apreciando su cuerpo cincelado, hasta llegar a la toalla, precariamente sujeta y, mirando a Draco a los ojos con una sonrisa, la hizo caer al suelo. Contempló el cuerpo desnudo de su marido de la cabeza a los pies. Se mordió los labios al ver que ya estaba medio duro. Draco no perdió ni un segundo más y procedió a desabrochar los botones de la camisa de Hermione; ella, mientras tanto, bajó la cremallera de su falda, que terminó en sus pies. Draco acarició uno de sus pechos por encima del sujetador, pero Hermione lo detuvo.
―¿No crees ―dijo, intentando recuperar el aliento― que estamos en mal lugar?
Draco miró alrededor, dándose cuenta también de que estaban en la habitación de su futuro hijo.
―Pobre, mejor no estrenar la habitación de esta forma ―convino, con una sonrisa ladeada.
Cogió a Hermione por el trasero y ella enrolló las piernas alrededor de su cintura. Sus labios se unieron de nuevo con fiereza mientras él los guiaba hacia la habitación principal. Abrió la puerta a tientas y los arrojó a ambos sobre la cama.
―Lo siento ―se disculpó, apartándose un poco de encima de Hermione.
Ella puso los ojos en blanco y se sentó a horcajadas sobre su marido. Se desabrochó el sujetador y lo tiró al suelo. Draco, que se había apoyado sobre los codos, sonrió lentamente al contemplar sus pechos desnudos. Con un movimiento rápido, volvió a situarla debajo de él y empezó a recorrer su cuerpo con los labios y la lengua, empezando por el cuello. Succionó el pezón izquierdo mientras pellizcaba el derecho con los dedos. Hermione tenía los ojos cerrados, dejándose llevar por las sensaciones mientras sus manos recorrían la espalda de él y apretaban sus nalgas.
Draco siguió bajando. Rodeó el ombligo de ella con la lengua, y depositó un beso detrás de otro por la línea que iba hacia la parte baja de su abdomen, que empezaba a mostrar la futura redondez del embarazo. Cuando llegó a las braguitas color carne, sonrió con avidez pensando en la humedad que lo esperaba al otro lado. Acarició la piel de las caderas antes de bajarle las braguitas, quitárselas y tirarlas por ahí.
Pasó un dedo por su zona íntima, arrancándole a ella un suspiro, y comprobó que ya estaba húmeda por la anticipación. Entonces le separó los labios internos y, entablando contacto visual con Hermione, que lo observaba con los labios entreabiertos, pasó la lengua por todo el centro de su ser, saboreando sus fluidos.
Hermione echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido. Apretó las sábanas con los dedos y separó todavía más las piernas. Draco tomó la invitación y rodeó su clítoris con la lengua, arrastrando a Hermione al más exquisito placer.
Si hubiera sabido cómo de bien manejaba la lengua… Metió una mano en la cabellera de Draco mientras él deslizaba la lengua desde su entrada hasta el clítoris, donde se divertía lamiendo, chupando, torturándola.
―Merlín, ahora entiendo por qué me casé contigo ―dijo entre jadeos.
Draco rio, y con las vibraciones que mandó a su clítoris estuvo a punto de llevarla al orgasmo. Sin embargo, no le dio tregua, y siguió estimulándola, esta vez añadiendo dos dedos, que empezó a meter y sacar de su cavidad.
Hermione ya no sabía dónde estaba; su única realidad eran esos labios y dedos que la llevaban al éxtasis. Draco empezó a chupar el clítoris mientras doblaba ligeramente los dedos en el interior de Hermione, algo que sabía que la volvería loca. Ventajas de ser el que sí que tenía recuerdos de la relación.
Y efectivamente, funcionó. Hermione movió las caderas hacia delante, buscando un contacto más directo si cabía. Su espalda se arqueó con las contracciones del orgasmo. Draco lamió los jugos de su vagina hasta que el último espasmo pasó y Hermione se quedó jadeante y temblorosa. Le encantaba ser la causa de ese estado.
Pero todavía no había terminado.
Trepó por el cuerpo de su esposa hasta que sus labios se encontraron de nuevo. Sin perder más tiempo, se introdujo en ella con rapidez. Hermione dejó escapar un grito ahogado y clavó las uñas en la espalda de Draco, pero se soltó rápidamente.
―¡Perdón! ―dijo.
Draco se detuvo y la miró con incredulidad. Se rio.
―Perdonada ―respondió, besándola.
Sus lenguas volvieron a encontrarse y él empezó a embestir dentro de ella con lentitud, con calma, a ritmo pausado pero rítmico. Se sentía tan caliente, estrecho y húmedo… Había echado de menos estar en su lugar favorito del mundo.
Hermione rodeó su cintura con sus piernas, permitiendo que profundizara más en ella, y Draco aceleró los embistes. Lo único que se escuchaba eran sus gemidos y el choque repetido de sus cuerpos. En ese momento, con los ojos cerrados y los labios de Draco sobre su cuello, sintió que ya se había sentido así antes, pero el inminente orgasmo hizo que apartara la idea a un lado y se entregara al placer.
Se corrieron a la vez. El orgasmo llegó a Hermione primero, sus paredes vaginales se contrajeron alrededor del miembro de su marido, quien no pudo aguantar más y descargó su semilla dentro de ella.
Cuando por fin sus cuerpos se separaron, Draco se dejó caer al lado de Hermione y la miró con una sonrisa enigmática.
―¿Qué? ―preguntó Hermione, girándose para tenerlo de frente.
Draco abrió la boca para resolver, pero entonces frunció el ceño.
―¿Sigue Alvin por aquí? ―preguntó.
Hermione se tapó la boca con una mano, enrojeciendo profusamente.
Cuando le preguntaron a la elfina, horas más tarde, Alvin respondió que ella no había visto ni oído nada, pero se negaba a entablar contacto visual con ninguno de ellos. A Draco le costaba tanto mantener la compostura que estuvo a punto de atragantarse con un vaso de agua por la risa.
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Oficialmente, este es el dramione más largo que tengo, con un total de 21 capítulos (hasta el momento), pero, tristemente, ya entramos en la recta final: el fic tendrá 28 capítulos, contando el prólogo y el epílogo. Es un placer estar compartiendo la historia con vosotras, muchas gracias por vuestro apoyo :D
La recomendación de esta semana es un fic llamado "Perfidia" de lightfeatherxa. No quiero contar de qué va por no spoilear, pero si lo empezáis, no podréis dejarlo.
Bueno, ¿qué os ha parecido el capítulo? ¡Dejadme un review, sed buenas lectoras!
MrsDarfoy
Mucho ánimo para mis amigas del otro lado del charco. Espero que todo lo malo pase pronto.
