Nota del Traductor:
Hola. Es tarde, tengo sueño, y estoy súper cansado. Pero todo valdrá la pena cuando puedan leer esto y me alimenten con reviews.
EL ADIÓS
Me daba la sensación de que Charlie me había esperado despierto, con todas las luces de la casa encendidas. Me quedé con la mente en blanco mientras pensaba en algo para resolver el asunto.
Edythe aparcó dejando distancia suficiente para que cupiera otro coche detrás de mi automóvil. Los tres estaban sentados muy erguidos en sus asientos; escuchaban cada sonido del bosque, escrutaban cada sombra alrededor de la casa, en busca de cualquier cosa que estuviera fuera de lugar.
El motor se paró y me quedé sentado en silencio, mientras continuaban a la escucha.
—No está aquí —siseó Edythe—. Vamos.
Eleanor se inclinó para ayudarme a quitarme el arnés.
—No te preocupes, Beau —susurró con jovialidad—. Solucionaremos las cosas lo antes posible.
Experimenté una extraña tristeza al ver el rostro de Eleanor, hermoso como aterrador. Apenas la conocía y, sin embargo, me entristecía el hecho de no saber si la volvería a ver. Era consciente de que iba a ser la más sencilla de las despedidas a las que debería sobrevivir durante la próxima hora, y ese pensamiento hizo que se me retorciera el estómago.
—Archie, El —espetó Edythe con autoridad.
Ambos se deslizaron en la oscuridad en silencio y desaparecieron.
Bajé del jeep detrás de Eleanor y, cuando estuve fuera, Edythe se me había adelantado.
—Quince minutos —dijo entre dientes.
Asentí, y me detuve.
—Date prisa, Beau.
—Una cosa —me incliné y la besé una vez con dureza—. Te amo, eso no cambiará, pase lo que pase ahora.
—No te va a pasar nada, Beau.
—Mantén a Charlie a salvo por mí.
—Eso ya está hecho. Apúrate.
Asentí de nuevo y, entonces, deteniéndome una única vez para mirarla a mis espaldas, salté al porche y abrí la puerta con un fuerte golpe. Entré tropezándome y cerré la puerta de una patada.
De repente fui consciente de lo que estaba a punto de hacer, y sentí miedo de mí mismo.
El rostro de Charlie se asomó al vestíbulo de la entrada.
—¿Beau?
—¡Déjame en paz, papá! —espeté.
Estaba empezando a notar los ojos húmedos y enrojecidos, y sabía que iba a tener que mantener la compostura si quería hacer aquello bien: proteger a Charlie, proteger a los Cullen y que el plan funcionara. Me resultaría más fácil si no le miraba.
Me giré y corrí escaleras arriba, cerré la puerta de golpe y eché el pestillo. Me arrojé al suelo para sacar mi morral debajo de la cama. Metí la mano. Busqué entre el colchón y el soporte, buscando el calcetín amarrado en el que escondía mi dinero.
Charlie golpeó la puerta.
—Beau, ¿estás bien? ¿Qué pasa?
—Me voy a casa —grité.
Me volví hacia el armario, pero Edythe ya estaba allí, recogiendo en silencio y sin mirar verdaderas brazadas de ropa que luego me lanzaba a mí.
—Me parece que tu cita no ha ido muy bien —la voz de Charlie sonaba confundida pero más tranquila.
—Ay, Charlie, cállate —gruñí.
—¿Te cortó?
—Yo fuí quién cortó con ella.
Edythe no reaccionó a lo que yo estaba diciendo. Estaba completamente concentrada. Introdujo en la bolsa con una mano el contenido de la balda más alta de mi armario.
—¿Por qué? —preguntó Charlie, sorprendido—. Pensaba que te gustaba mucho esa chica.
—Y me gusta. Demasiado.
—Este… Las cosas no funcionan así, hijo.
Edythe cerró la cremallera de mi morral: aparentemente, mis maletas estaban terminadas. Me colgó el asa del hombro.
—Estaré en tu coche, ¡venga! —susurró.
Me empujó hacia la puerta y se desvaneció por la ventana.
Abrí la puerta y empujé a Charlie con rudeza al pasar. Mi bolsa golpeó un cuadro, haciéndolo caer de la pared mientras bajaba apresuradamente las escaleras.
Charlie corrió detrás de mí y agarró el asa de mi petate, haciéndome retroceder un paso.
—Beau, ¿estás drogado? —me preguntó.
—¡No!
—Para un poco. No lo entiendo. Cuéntame qué pasó.
Tenía el asa agarrada con fuerza. Podía dejar la bolsa, pero aquello supondría una laguna en mi coartada. Iba a tener que hacer aquello de la manera más dura.
Me volví para mirarlo, con la esperanza de que la rojez de mis ojos diera sensación de ira.
—Te voy a contar lo que pasó —dije, con la voz más seca que fui capaz de poner—. He pasado una noche estupenda con la chica más bella que he conocido, y hablamos del futuro. Y ella mira el futuro de la misma manera que tú. Se quiere quedar aquí el resto de su vida. Se quiere casar, y tener hijos, y no irse jamás. Y, durante un segundo, me pareció que tenía razón. Me estoy perdiendo a mí mismo, este sitio me está absorbiendo. Si no me voy ahora, ¡nunca conseguiré salir de aquí!
—Beau, no puedes irte ahora, es de noche —susurró.
—Dormiré en el coche si me siento cansado.
—Espera otra semana —me suplicó, todavía en shock—. Renée habrá vuelto a Phoenix para entonces.
Esto me desquició por completo.
—¿¡Qué!?
Una oleada de alivio recorrió el rostro de Charlie cuando me vio dudar.
—La llamé mientras estabas afuera. Las cosas no han ido muy bien en Florida y volverán a Arizona si Phil no ha firmado a finales de esta semana. El asistente de entrenador de los Sidewinders dijo que tal vez hubiera lugar para otro medio en el equipo.
Sacudí la cabeza, intentando recuperar el hilo. Cada segundo que pasaba, ponía a Charlie en más peligro.
—Tengo una llave de la casa —murmuré, dando otra vuelta de tuerca a la situación. Charlie estaba muy cerca de mí, con una mano aún aferrando mi bolsa y el rostro descompensado. No podía perder más tiempo discutiendo con él, así que pensé que tendría que herirlo aún más profundamente.
—Déjame que me vaya, Charlie —dije entre dientes, y abrí la puerta de un tirón—. No funcionó, ¿okay? De veras, ¡odio Forks con toda mi alma!
Mis crueles palabras cumplieron su cometido a la perfección, porque Charlie soltó la mano con la que agarraba mi bolsa. Se quedó boquiabierto a causa del estupor y un profundo dolor asomó a sus ojos. Le di la espalda y salí por la puerta hecho una furia. No podía permitir que viera mi cara en aquel momento.
Traté de que mi modo de caminar pareciera enfurecido, pero lo que quería era correr. El oscuro patio parecía más lleno de sombras que nunca y, aunque estaba bastante seguro de que solo existían en mi imaginación, no las tenía todas conmigo. Arrojé el petate a la caja de la camioneta y abrí la puerta de un tirón. La llave estaba en el bombín de la puesta en marcha.
—¡Te llamaré mañana! —grité.
Jamás podría explicarle aquello, jamás conseguiría que las cosas volvieran a estar bien. Encendí el motor y arranqué.
Edythe me tocó la mano.
—Detente en el bordillo —me ordenó en cuanto Charlie y la casa desaparecieron a nuestras espaldas.
Yo mantuve los ojos en la carretera, intentando controlar la expresión de mi rostro.
—Puedo conducir.
Se deslizó repentinamente sobre mi regazo, con las manos en el volante y su pie empujando al mío fuera del acelerador. Se introdujo en el espacio que quedaba entre mi pierna y la puerta y me empujó con su cadera. Sin que la camioneta diera un solo bandazo, se colocó en el asiento del conductor.
—No vas a encontrar nuestra casa —me explicó.
Unas luces destellaron repentinamente detrás de nosotros.
Di un respingo y miré por la ventanilla trasera.
—Es Archie —dijo, tomándome la mano de nuevo.
Cuando cerré los ojos, lo único que vi fue a Charlie en el quicio de la puerta.
—¿Y la rastreadora?
—Escuchó el final de tu escenita. Nos ha seguido. Ahora está corriendo detrás de nosotros, como a un kilómetro y medio.
Me quedé helado.
—¿Podemos dejarla atrás?
—No —replicó, pero aceleró mientras hablaba. El motor de la camioneta chirrió.
El plan ya no parecía tan brillante.
Estaba mirando hacia atrás, a las luces delanteras de Archie, cuando el coche sufrió una sacudida y una sombra oscura surgió en mi ventana.
—¡E…!
La mano de Edythe me tapó la boca antes de que pudiera terminar de gritar mi advertencia.
El grito espeluznante que lancé duró solo la fracción de segundo que Edythe tardó en taparme la boca con la mano.
—¡Es Eleanor!
Dejó caer la mano a mi rodilla.
—Todo va bien, Beau —me prometió.
Salimos del pueblo a toda velocidad con dirección norte.
—No me daba cuenta de que la vida de una pequeña ciudad de provincia te aburría tanto —comentó Edythe, tratando de entablar conversación; supe que intentaba distraerme—. Me pareció que te estabas integrando bastante bien, sobre todo en los últimos tiempos. Incluso me sentía bastante halagada al pensar que había conseguido que la vida te resultara un poco más interesante.
—Eso fue injusto —confesé, mirando hacia mis rodillas—. Esas fueron las últimas palabras que mi madre le dijo cuando se marchó. Le habría dolido menos si le hubiera dado un puñetazo.
—Te perdonará —me prometió.
Yo cerré los ojos.
—Beau, todo va a salir bien.
Yo entristecí la vista para mirarla.
—No irá bien si no estamos juntos.
—Solo van a ser unos días. Y no olvides que fue idea tuya.
—Eso lo empera todo. ¿Por qué pasó esto? No lo entiendo.
Ella fijó la vista en la carretera, con las cejas fruncidas sobre los ojos.
—Es por mi culpa. No debería haberte expuesto a algo así.
Yo tomé su mano.
—No, no estoy hablando de eso. Yo estaba allí, okay, pero eso no perturbó a los otros dos. ¿Por qué decidió matarme a mí? Había allí un montón de gente a la que hubiera sido mucho más fácil atacar —miré por encima del hombro a la sombra de Eleanor—. ¿De verdad merezco tanto la pena como para meterse en tantos problemas?
Edythe vaciló, pensándoselo antes de contestar.
—Escuché a fondo sus pensamientos en ese momento —comenzó en voz baja—. Una vez que captó tu aroma, dudo que yo hubiera podido hacer algo para evitarlo. Esa es tu parte de culpa —me miró por el rabillo del ojo durante un segundo—. No se habría alterado si no olieras de esa forma tan ridículamente deliciosa. Pero cuando te defendí… bueno, eso lo empeoró bastante. No está acostumbrada a no salirse con la suya, sin importar lo insignificante que pueda ser el asunto. Joss se concibe a sí misma como una cazadora: la cazadora definitiva. Su existencia se reduce al rastreo y eso es lo que más le gusta en la vida. Y de pronto nos presentamos nosotros, un gran clan de fuertes luchadores con un asombroso desafío, todos dispuestos a proteger al único elemento vulnerable. No sabes lo eufórica que está. Es su juego favorito y lo hemos convertido para ella en la partida más excitante de su vida —el tono de su voz estaba lleno de disgusto. Inspiró hondo—: Sin embargo, te habría matado allí mismo, en ese momento, de no haber estado yo —siseó con frustración.
—Creía que no olía igual para los otros… que como huelo para ti.
—No, lo cual no quiere decir que no seas una tentación para todos. Se habría producido un enfrentamiento allí mismo si hubieras atraído a la rastreadora, o a cualquiera de ellos, como a mí.
Me estremecí.
—No creo que tenga otra alternativa que matarla —murmuró—, aunque a Carine no le gustará.
—A mí tampoco —susurré.
Edythe me miró, sorprendida.
—¿Quieres que le perdone la vida?
Yo pestañeé.
—No. Quiero decir, sí. No me importa que muera. Eso sería un gran alivio, ¿verdad? Es solo que no quiero que tú… ¿Y si te hiere?
Su rostro se endureció.
—No tienes que preocuparte por mí. Yo no lucho limpiamente.
Oí el sonido de las ruedas cruzando el puente aunque no se veía el río en la oscuridad. Sabía que nos estábamos acercando.
—¿Cómo se mata a un vampiro? —pregunté en voz baja.
Me miró con una expresión difícil de interpretar. Cuando habló, su voz sonaba áspera.
—La única manera segura es cortarlo en pedazos, y luego quemarlos.
—¿Van a luchar a su lado los otros dos?
—El hombre sí, aunque no estoy seguro respecto a Lauren. El vínculo entre ellos no es muy fuerte y Lauren solo los acompaña por conveniencia. Además, Joss la avergonzó en el prado.
—Pero Joss y Victor… ¿intentarán matarte? —mi voz sonaba áspera, como si me hubiera lijado el fondo de la garganta.
—Basta. Concéntrate en permanecer a salvo. Haz todo lo que te diga Archie.
—¿Pero cómo no me voy a preocupar por ti? ¿Se puede saber por lo menos qué quiere decir eso de que tú no luchas limpiamente?
Ella esbozó una sonrisa a medias, que no se reflejó en sus ojos.
—¿Alguna vez has intentado ejecutar un movimiento sin pensarlo antes? Aparte de algunos reflejos musculares, como respirar o parpadear, es terriblemente difícil conseguirlo. Sobre todo en un combate. Pero yo puedo ver en la mente de mi adversario cada uno de los movimientos que planea hacer, absolutamente todos los agujeros de su defensa. El único que puede batirse en igualdad de condiciones conmigo es Archie, ya que puede prever mis decisiones, pero yo soy capaz de leer en su mente cómo reaccionará él. Por lo general, es pan comido. Eleanor dice que es hacer trampa.
Parecía tranquila, como si la idea de luchar contra la cazadora y su compañero fuera lo más sencillo de todo aquel desastre. El pensamiento hizo que mi estómago se retorciera y diera un respingo.
—Entonces, ¿no debería quedarse Archie contigo? —le pregunté—. Si se supone que es mejor luchador que los demás…
—¿Sabes que Eleanor puede oírte, verdad? La estás ofendiendo, y además no le emociona tu idea. Hace mucho desde la última vez que participó en una buena pelea sin tener que contenerse. Su plan es mantenerme a mí y a mis trampitas apartadas de todo esto lo máximo posible.
Aquello me hizo sentir levemente mejor, lo que no era demasiado justo para Eleanor. Volví a mirar otra vez por encima de mi hombro, pero no fui capaz de distinguir la expresión de su rostro.
—¿Todavía nos sigue? —pregunté.
Edythe sabía que no estaba hablando de Eleanor.
—Sí, aunque no va a asaltar la casa. No esta noche.
Dobló por un camino invisible. Los faros de Archie nos siguieron. Condujo directamente hacia la casa. Las luces del interior estaban encendidas, pero iluminaban muy poco entre los árboles que la rodeaban. El jardín seguía a oscuras. Eleanor abrió mi puerta antes de que el vehículo se hubiera detenido del todo; me sacó del asiento, se agachó bajo mi brazo, me pasó uno de los suyos alrededor de la cintura y me cargó a través de la entrada con los pies flotando a veinte centímetros del suelo, como si fuera un gigantesco muñeco de trapo.
Irrumpió en la gran habitación blanca con Edythe y Archie a ambos lados. Todos se hallaban allí, de pie; Lauren estaba en medio del círculo. Un gruñido sordo surgió del pecho de Eleanor cuando me soltó al lado de Edythe.
—Nos está rastreando —siseó Edythe, mirando ceñuda a Lauren.
La expresión de esta no parecía satisfecha.
—Me temo que sí.
Archie corrió junto a Jessamine y le susurró al oído. Subieron juntos las escaleras. Royal los observó y se acercó rápidamente al lado de Eleanor. Sus ojos brillaban con intensidad, pero se llenaron de hostilidad cuando, sin querer, recorrieron mi rostro.
—¿Qué crees que va a hacer? —le preguntó Carine a Lauren.
—Lo siento —contestó—. Ya temía, cuando su chica lo defendió, que Joss se descontrolaría.
—¿Puedes detenerla?
Lauren sacudió la cabeza.
—Una vez que comienza, nada puede detener a Joss.
—Nosotros lo haremos —prometió Eleanor, y no cabía duda de a qué se refería.
—No podrán con ella —replicó Lauren—. No he visto nada semejante en los últimos trescientos años. Es absolutamente letal, por eso me uní a su aquelarre.
Su aquelarre, pensé; entonces, estaba claro. Toda la exhibición de liderazgo en el prado había sido solamente un acto.
Lauren seguía sacudiendo la cabeza. Me miró, evidentemente perpleja.
—¿Estás convencido de que todo esto merece la pena?
El rugido furioso de Edythe llenó la habitación y Lauren se encogió para apartarse de ella. Carine miró a Lauren.
—Me temo que tendrás que escoger.
Lauren lo entendió y reflexionó durante unos instantes. Observó cada rostro y luego la rutilante habitación.
—Me intriga la forma de vida que han construido, pero no quiero quedarme atrapada aquí dentro. No siento enemistad hacia ninguno de ustedes, pero no actuaré contra Joss. Creo que me iré al norte, donde está el clan de Denali —hizo una pausa—. No subestimen a Joss. Tiene una mente brillante y unos sentidos inigualables. Parece una salvaje, pero se siente tan cómoda como ustedes en el mundo de los seres humanos y no les atacará de frente… Lamento lo que se ha desencadenado aquí. Lo siento de veras —inclinó la cabeza, pero me lanzó otra mirada incrédula.
—Vete tranquilo —dijo Carine.
Lauren echó otra larga mirada alrededor de la estancia y entonces desapareció por la puerta.
El silencio duró menos de un segundo.
—¿A qué distancia se encuentra? —Carine miró a Edythe.
Earnest ya estaba en movimiento, tocó con la mano un control que había en la pared, y con un chirrido, unos grandes postigos metálicos comenzaron a sellar la pared de cristal.
Me quedé boquiabierto.
—Está a unos cinco kilómetros pasando el río, dando vueltas por los alrededores para reunirse con el hombre.
—¿Cuál es el plan?
—La alejaremos de aquí para que Jessamine y Archie se puedan llevar a Beau al sur.
—¿Y luego?
El tono de Edythe era gélido.
—Iremos a cazarla en cuanto Beau esté fuera de aquí.
—Supongo que no nos ha dejado otra opción —admitió Carine con el rostro sombrío.
Edythe se volvió hacia Royal.
—Súbele arriba e intercambiad vuestras ropas.
Royal le devolvió la mirada, incrédulo.
—¿Y por qué iba a hacerlo? —preguntó—. ¿Qué es él para mí?
—Roy… —murmuró Eleanor, poniéndole una mano en el hombro. Él se la sacó de encima con una sacudida.
Yo tenía los ojos clavados en Edythe, preocupado de que aquello desatara su temperamento, pero me sorprendió.
Apartó la mirada de Royal como si no hubiera dicho nada, como si no existiera.
—¿Earnest? —preguntó con calma.
—Por supuesto.
Mientras respondía, apareció a mi lado y se agachó para levantarme como si fuera un bombero. Estuvimos en lo alto de las escaleras antes de que yo pudiera procesar lo que estaba pasando.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunté cuando me soltó en una habitación oscura en algún lugar del segundo piso.
—Intentaremos confundir el rastro de olor. No durará mucho, pero te proporcionará un poco de ventaja —dijo con voz amortiguada mientras tiraba de su camiseta por encima de la cabeza, para quitársela.
Yo me arranqué el suéter y se lo tendí. Él cambió el suyo por el mío. Yo intenté meter los brazos en los agujeros lo más rápido que pude y luego me quité los jeans de un tirón. También nos los intercambiamos. Sus pantalones me quedaban un poco pesqueros, pero por lo demás me estaban bien. Me arrastró de nuevo al vestíbulo. Earnest parecía más pequeño con mi ropa, y había tenido que arremangarse el bajo de los jeans. Archie apareció de repente con un pequeño morral de cuero colgado del hombro. Me tomaron cada uno de un codo y me llevaron en volandas hasta el tramo de las escaleras.
Parecía como si todo se hubiera resuelto en el salón. Edythe y Eleanor estaban preparadas para irse, esta última llevaba una gran mochila sobre el hombro. Carine le tendió un objeto pequeño a Earnest, luego se volvió y le dio otro igual a Archie; era un pequeño móvil plateado.
—Earnest y Royal se llevarán tu coche, Beau —me dijo al pasar a mi lado. Asentí, mirando con recelo a Royal, que a su vez contemplaba con resentimiento a Carine.
—Archie, Jess, llevaos el Mercedes. En el sur vais a necesitar ventanillas con cristales tintados.
Ellos asintieron.
—Nosotros nos llevaremos el Jeep.
Carine se detuvo junto a Edythe. Me di cuenta de que aquello era una partida de caza, y sentí náuseas. ¿Cómo habíamos podido llegar a aquello? ¿Por qué habían hecho caso a mi idea? Claramente, era una idea equivocada.
—Archie, ¿caerán en la trampa?
Todos miramos a Archie, que cerró los ojos y permaneció increíblemente inmóvil. Unos segundos después, los volvió a abrir.
—Ella te perseguirá y el hombre seguirá a la camioneta. Podremos marcharnos justo después.
—Vámonos —ordenó Carine, y empezó a andar hacia la cocina.
Pero Edythe volvió por mí. Me miró con sus enormes y profundos ojos dorados, en los que se reflejaban las mil cosas que no le daba tiempo a decirme, y se estiró para acariciarme el rostro con las manos. Yo me incliné hacia delante, con las mías ya en su melena. Durante un breve segundo posó sus labios helados y duros sobre los míos.
Y, entonces, todo terminó. Ella empujó mis hombros hacia atrás. Sus ojos se volvieron inexpresivos y apagados conforme se daba la vuelta.
Se fueron.
Los demás nos quedamos allí de pie, y nadie me miró mientras yo las seguía con la mirada. Experimenté la misma sensación que si me hubieran arrancado la piel del rostro. Me escocían los ojos.
El silencio parecía no acabarse nunca. Archie volvía a tener los ojos cerrados. Entonces, el teléfono de Earnest vibró en su mano y Archie asintió una única vez. Earnest se llevó el teléfono al oído a la velocidad de la luz.
—Ahora —dijo Earnest.
Royal acechaba la puerta frontal sin dirigir ni una sola mirada en mi dirección, pero Earnest me apretó el hombro al pasar a mi lado.
—Cuídate.
El susurro de Earnest quedó flotando en la habitación mientras ellos se deslizaban al exterior. Oí el ensordecedor arranque de la camioneta y luego cómo el ruido del motor se desvanecía.
Jessamine y Archie esperaron. Archie pareció llevarse el móvil al oído antes de que sonara.
—Edythe dice que el hombre está siguiendo a Earnest. Voy por el coche.
Se desvaneció en las sombras por el mismo lugar por el que se había ido Edythe.
Jessamine y yo nos miramos el uno al otro. Se mantuvo en la punta opuesta del vestíbulo de donde yo me encontraba.
—Te equivocas, ya lo sabes —dijo con calma.
—¿Qué?
—Sé lo que sientes en estos momentos, y tú sí que lo mereces.
La sensación de que me estaban desollando muy lentamente no desapareció.
—Si les pasa algo, será por nada.
—Te equivocas —repitió ella, sonriéndome con amabilidad.
Archie apareció por la puerta frontal y se dirigió hacia mí con un brazo extendido.
—¿Puedo? —me preguntó.
—Eres el primero que me pide permiso —murmuré.
Archie me tomó en sus brazos como si fuera un bombero, igual que había hecho Earnest, mientras Jessamine nos cubría con gesto protector y salió precipitadamente de la casa, cuyas luces siguieron brillando a nuestras espaldas.
P.D:
Hola. :D
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