Notas: Hola chicas, perdón por el retraso, tuve una semana complicada, pero bueno, aquí va, espero no me odien mucho por este capítulo. Un beso a todas.
Capítulo 21 Línea A (Esta línea tendrá un desenlace con Terry y Candy como pareja, Candy tiene 28, Terry 31 (es el duque de Grandchester), Albert 39, Anthony 10, Stear 9, Rosemary 4. Archie y Annie no tienen familia. Él hijo de Albert no ha sido encontrado. )
Los Andrew llegaron al Royal Hospital, cuando se identificaron fueron trasladaos a un área especial, era una suite con sala privada y una habitación de hospital, ahí los esperaban Terry y Eleanor. Venían directo del puerto de Southampton, y aunque probablemente no era lo más prudente, William sabía perfectamente que nadie soportaría tener que esperar más tiempo por noticias. Sólo había insistido en que la tía fuera a descansar, su salud no había estado muy bien últimamente.
Terry, Eleanor, ¿cómo está ella?
Sigue sin despertar, pero los médicos estarán aquí pronto para informarte.
¿Podemos ver a mamá? – preguntó Stear.
Claro, sólo que estará dormida, pero vengan. -les dijo amablemente Eleanor mientras miraba a William preguntando con la mirada su aprobación.
Vayan con la tía Eleanor, en un momento los alcanzo.
Annie también los acompañó. Terry, William y Archie se quedaron.
¿qué te han dicho los médicos?
Aún está débil, pero inmediatamente fuera de peligro, es todo lo que me han dicho.
¿Pero no ha recobrado la conciencia?
No, dicen que es probable que sea una forma de su cuerpo de protegerse, para lograr recuperarse.
Gracias por haber estado aquí.
De nada, no ha habido ningún comentario en los medios, el hospital ha sido totalmente discreto.
¿Cuánto te va a costar su discreción? – le preguntó Archie irónicamente.
Un ala nueva de pediatría.
Manda los papeles a los abogados, nosotros nos haremos cargo.
No, no es necesario.
Los hombres fueron interrumpidos por los médicos que al enterarse que el señor Andrew por fin había llegado fueron a presentarse y a ponerlo al tanto del caso, aunque Lord Grandchester había tenido poder de decisión legal, a ellos les parecía inapropiado hablar ciertas cosas con él, ya que no era el esposo de la paciente.
Señor Andrew. Soy el doctor Levinson, y él es el doctor Grant, ambos hemos estado siguiendo el caso de su esposa, si gusta acompañarnos para que hablemos en privado.
Mucho gusto señores, en realidad no hay nada que no puede discutir conmigo en la presencia de mi sobrino, el señor Archibald Cornwell y mi amigo, y amigo de la familia, Lord Grandchester. – le contestó William dejando en claro que cualquier reserva o sospecha hacía Terry era injusta e inapropiada.
Muy bien señor, disculpe nuestra reserva, cómo ya le habrá comentado Lord Grandchester, su esposa por el momento se encuentra estable, aunque no ha recuperado la conciencia. Sin embargo, hay factores que debemos considerar, aunque no podemos determinarlos con certeza hasta que ella despierte. – le dijo el doctor Levinson
¿Cuáles son los factores? – preguntó William ansioso.
Con tacto y cautela el doctor Grant le contestó.
El daño que la esquirla causó en la columna de la señora Andrew no puede medirse aún, es posible que sólo requiera de terapia física para poder caminar nuevamente, y lograr una recuperación total, ese es el caso más optimista, y que esperamos sea la situación.
¿Y si no fuera así?
El doctor Grant un hombre joven, más o menos en el rango de edad de los presentes le contestó compasivamente.
La señora Andrew podría quedar débil, y necesitar ayuda de algún aparato ortopédico para caminar el resto de su vida, o bien, podría no volver a caminar. –
Los tres hombres sintieron como si les hubiesen dado un puñetazo en el estómago, pensar en lo activa que era ella y verla encadenada de por vida a un aparato o una silla era doloroso.
Aparte de esto… ¿hay algo más?
EL doctor Levinson, claramente el médico de más jerarquía, y con una actitud francamente superior le contestó antes de que Grant pudiera hacerlo.
Señor Andrew, si alguno de los dos últimos escenarios fuera el caso, pensar en tener descendencia sería imposible… y por supuesto su vida matrimonial cambiaría también. – dijo el doctor en tono discreto.
Eso es lo que menos me preocupa doctor, ella es la madre de mis hijos, e inconvenientes como los que acaba de mencionar son irrelevantes. Ahora bien, que podemos hacer por ayudarla a recuperar la conciencia. – le contestó William secamente.
William comenzaba a cansarse de la actitud del hombre, quien claramente está molesto por algo de la situación, o no aprobaba la forma de proceder de la familia.
Pueden hablarle, pero no más, los estímulos que puedan proveerle deberían traerla de regreso, en general, aunque débil, ella se encuentra estable como ya le mencioné. Ahora que usted está aquí, debe decidir quiénes pueden visitarla. –
Doctor Levinson, mi familia y yo estaremos aquí a diario, probablemente por turnos, y por supuesto Lord Grandchester y su madre son siempre bienvenidos, cómo le he comentado, la amistad de nuestras familias se remonta varios años atrás, así que no hay nada más de qué hablar. – le dijo firmemente William.
Con su permiso Sir William, milord, Sr. Cornwell.
Levinson se retiró, pero el doctor Grant esperó un momento.
Me disculpo por el doctor Levinson, me temo que para él la historia de la señora Andrew es un claro signo del cambio de los tiempos y de una época diferente para las mujeres. Él no concibe que ella anduviera en África sola, ni que Lord Grandchester haya tenido privilegios de visita y poder de decisión sin ser miembro de la familia.
No se preocupe doctor Grant, sólo espero que le haya quedado clara nuestra postura, porque si no me veré obligado a pedirle al doctor Rochester que nos asigne otro médico.
Hablaré con el Sir Andrew, pero no puedo prometerle nada.
¿Acaso conoce la labor que Candy realizaba en África? – le preguntó Archie francamente molesto.
Sí señor Cornwell, pero usted sabe que, para los hombres de su generación, y aún para muchos de la nuestra, el lugar de una mujer es en casa, con sus hijos. Por mi parte, admiro la labor que ella desempeñaba en África, y francamente lo admiro a usted señor Andrew, y a su familia por apoyarla en desarrollarse profesionalmente, ha sido un honor atender su caso, y ahora, no les quito más su tiempo. Con permiso.
Gracias doctor Grant, buenas tardes.
Una vez que se hubo retirado y los tres se quedaron solos, Albert y Archie se enfrentaban a la inevitable realidad de tener que entrar a la habitación de Candy, los niños, junto con Annie y Eleanor habían estado ahí dentro por 15 minutos. Y ahora era su turno.
¿qué tan difícil será? – le preguntó Archie a Terry.
Bastante, no parece ella. Aunque da gracias que no es lo mismo que hace dos semanas, el día que llegó estaba muy golpeada.
¿Golpeada? – le preguntó William
Supongo que, por la fuerza del impacto, seguro se golpeó con cosas.
Sí, tienes razón, aun así, después hablaré con John.
¿vienes?
No, esperare aquí, creo que tal vez debas verla un tiempo a solas.
Archie y William entraron a la habitación, era una habitación muy grande, iluminada, y con un ventanal que daba un pequeño jardín privado. Era evidente que Terry se había asegurado de que tuviera lo mejor. En la habitación había flores frescas, en la cama no había solamente ropa de cama de hospital, sino un lujoso edredón de damasco. Se notaba el toque de Eleanor, y el detalle y devoción con el que habían cuidado de ella.
Los niños habían salido al jardín, y Annie y Eleanor estaban sentadas cerca de la cama. Por la dimensión de la habitación aún no la veían de cerca.
William, Archie, yo los dejo, para que puedan estar solos en familia. – le dijo Eleanor, mientras se ponía de pie.
No es necesario Eleanor, agradezco todo lo que han hecho por cuidarla.
Tú sabes que la apreciamos mucho. Así que por favor inclúyeme dentro de los turnos para que no esté sola, y por supuesto déjame ayudar con los niños.
Gracias Eleanor. – le dijo William, mientras ella le tomaba la mano a manera de darle apoyo, Archie ya se había acercado, y al verla había buscado la mano de Annie para darse fuerzas.
William se acercó. Se veía tan pequeña y frágil, su piel tenía una palidez anormal, sobre todo considerando que ella había pasado los últimos dos meses bajo el sol africano. Sus cabellos aunque limpios y delicadamente acomodados en una trenza se veían sin brillo. En su rostro había aún trazas de moretones, y una leve hinchazón en uno de sus ojos. Una cortada en su sien revelaba dónde se había golpeado contra la defensa del camión por el impulso del impacto. Su mano estaba amoratada por la aguja del suero, y sus brazos estaban vendados para cubrir áreas en carne viva por los profundos raspones que había sufrido. Él no quería ni imaginarse el resto. Las lágrimas inundaban sus ojos, con delicadeza tomó su mano e inclinándose la besó.
Pequeña, tienes que volver a nosotros… nuestros hijos te necesitan. – le dijo con la voz ronca por la emoción, y dentro de él pensó, - yo te necesito, necesito saber qué, aunque lejos de mi estarás bien, y feliz.
Las siguientes dos semanas fueron un eterno ir y venir entre el hospital y la casa de Londres de los Andrew, iban por turnos, porque, aunque a William le hubiese gustado pasar todo el tiempo al lado de ella, estaba consciente de que sus hijos lo necesitaban, y dedicaba el tiempo que no estaba en el hospital para estar con ellos.
Aunque los niños iban de visita, la realidad era que no podían estar mucho tiempo en el hospital, sobre todo Rosemary, porque a sus 4 años era difícil estarse quieta, Anthony tenía 10 y Stear 9 y hacían lo posible por entretener a su hermana, le llevaban flores y chocolates a su madre, así como cualquier otra cosa que encontraran en sus paseos. William, Archie y Terry compraban todo lo que ellos pedían para llevar al hospital, y todo lo que pedían para ellos, Eleanor, Annie y la tía Elroy trataban de ser más firmes y darle un poco de rutina, mantenerlos ocupados con los tutores y con sus deberes.
Ese día William llegó para relevar a Eleanor y a Terry, después de haber puesto a los niños en la cama.
- ¿Cómo está?
- Igual… ¿qué puedo decirte? – la voz de Terry sonaba molesta.
- ¿Pasó algo?
- Levinson, pero no te preocupes, ya se me pasará.
- ¿Hizo un comentario de acerca de lo inapropiado que es que un hombre soltero y no de la familia pase su tarde al lado de la cama de la esposa de alguien más?
- ¿También te lo dijo a ti?
- Sí, mañana mismo hablare con Rochester, la verdad no quiero que siga atendiéndola.
- Vendrán a cambiarle el vendaje de la espalda en un rato más…
- Gracias por haberse quedado…
- Ya sabes que no es necesario que agradezcas William. – le dijo amablemente Eleanor.
- Te dejamos…- Le dijo Terry, pero en lugar de salir se dirigió a la cama y depositó un beso en la frente de ella.
- Pecosa, necesitas regresar, sino no habrá quién le enseñe a Rosemary a trepar árboles. –
William sonrió una sonrisa agridulce ante el comentario.
Terry…-
Creo que tal vez debemos cambiar nuestra estrategia, deja de rogarle, y recuérdale lo que va a perder. Exígele que luche, y que regrese con nosotros. – le dijo Terry muy serio.
¿Quieres que use tu método para hacerla olvidar a Anthony?
Subirla al caballo no es una opción… pero tal vez besarla a la fuerza…
¡Terrence! – le dijo Eleanor en tono de regaño.
¡Madre! La verdad es que creo que hay que hacerla reaccionar… Lo siento.
No te preocupes, si creyera que de algo serviría lo intentaría. – le contestó William.
Eleanor y Terry lo dejaron sólo, él se sentó a su lado en la amplia cama, y comenzó a leerle, al poco rato llegaron las enfermeras a cambiar el vendaje.
Buenas noches Señor Andrew. – le dijo la joven pelirroja.
Buenas noches Srita. Mason, Señora Stewart. – contestó William a las mujeres, ambas eran eficientes y bondadosas. Y ambas eran sensibles al apuesto hombre que velaba por su esposa toda la noche.
Les ayudo.
No es necesario Señor Andrew.
Lo sé Señora Stewart, pero me hace sentirme útil. - le dijo él mientras giraba a Candy con sumo cuidado para ponerla bocabajo para que ellas pudieran limpiar la herida. La larga línea roja no dejaba de causarle dolor tan solo de verla.
Cuando se hubieron retirado se acomodó junto a ella y tomó su mano.
Candy, ya es hora de despertar, Rosemary, Stear y Anthony mandaron cartas, te las leeré, pero lo que más quieren es contarte ellos sus pequeñas aventuras. Pequeña… necesitas trabajar muy duro para recuperarte. No permitas que nuestros hijos crezcan sin conocerte, sin aprender de ti, sin saber la magnífica mujer que tienen como madre. Terry está enojado contigo porque no vuelves. Y yo… yo he logrado cumplir mi palabra… si así lo deseas, serás una mujer libre… eres una mujer libre… Pequeña, despierta, déjame ayudarte… -
Albert sintió como la mano que sostenía lo apretaba levemente. Le siguió hablando, vaciando su corazón delante de ella, cómo cuando eran amigos, hacía toda una vida… estos tres años juntos habían sido tres años de ausencia, de trivialidades, formalidades y cortesías. Él hombre en su cama no era William Andrew, sino Albert. Él se quedó dormido con la pequeña mano de ella recargada en su corazón.
Temprano en la mañana, un leve movimiento lo hizo despertar, y un gemido de dolor lo hizo reaccionar. Volteó a verla y un par de ojos verdes se fijaron en su mirada azul.
William…
Shhh, debo llamar al médico.
No, espera… ¿Dónde?
Estás en Londres… fuiste herida en África, y haz estado inconsciente por un mes más o menos.
Me duele…
¿La espalda?
Todo.
Él le sonrió mientras besaba su frente. Después de tranquilizarla fue por el doctor, agradeció que fuera el doctor Grant quien estaba disponible. Después de revisarla, dio su diagnóstico.
Parece ser que estamos entre la opción más optimista y la segunda posibilidad.
¿de qué habla?
Candy, una posibilidad era que no pudieses caminar…
Sin embargo, esa queda totalmente descartada, el grado de su recuperación aún no lo puedo determinar, pero habrá que trabajar en la rehabilitación.
Gracias doctor.
El médico salió y los dejó solos.
Perdón por causarte tantas preocupaciones.
Sabes que es una tontería lo que dices…
William, si no fuera por mi necedad no estarías aquí.
Candy, tu labor no me parece necedad.
Me rindo…
¿De qué hablas?
Si logro salir de esto dejaré de darte dolores de cabeza.
¿Estás diciendo que volverás a Chicago? - le preguntó él con un dejo de esperanza en la voz.
No puedo negar que haz cuidado de nosotros, y tal vez no importa nada más.
Candy, claro que importa… ¿me amas?
Te quiero, te respeto, te perdoné hace mucho, y te estoy infinitamente agradecida, de no ser por el equipo de seguridad que contrataste yo no estaría aquí. Seré tu esposa, no solo de nombre, cumpliré con mis votos…
¡Basta! Por favor no sigas.
¿William?
Candy, si me estuvieras diciendo que me amas, que quieres volver conmigo porque te diste cuenta que soy el hombre de tu vida, estaría saltando de felicidad, pero no me estás diciendo eso, me estás diciendo que te rindes, como si nuestro matrimonio fuera una prisión en la que voluntariamente decides quedarte… cómo si yo fuera tu carcelero… y creo que después de todo… no me merezco eso. Te amo, pero no quiero tu gratitud, ni mucho menos tu lástima o tu apatía. Quiero a la mujer fuerte que se regresó por un pequeño herido, quiero a la mujer apasionada, no al cascarón de mujer que quieres ofrecerme.
Perdón William, no quise ofenderte… - le dijo ella con lágrimas en los ojos, por primera vez consciente de que él hombre que tenía enfrente aún sufría por ella. Y dentro de ella por alguna razón parecía que no había nada más que dar. Él maravilloso hombre que había negado sus propias necesidades por los últimos años no se merecía vivir a medias. No merecía tener en su cama a una mujer que no lo amaba igual de apasionadamente como él la amaba a ella.
No te preocupes… no debí exaltarme.
No, perdóname, por haber sido egoísta estos últimos tres años, por no demostrarte que aprecio todo lo que has hecho por los niños y por mí, perdóname por no hacerte feliz…William, olvídame, haz tu vida, sé feliz… algo está mal en mí porque después de todo lo que has hecho no puedo darte lo que pides…
Candy, no te culpes, no llores…
Pide el divorcio… aléjate de mí…
No.
William…
Esperaremos a que te recuperes, harás la rehabilitación, nos instalaremos aquí en Londres, al menos por un tiempo, y en seis meses o un año que estés recuperada...
No.
¿No?
No puedo robarte otro año de tu vida, creo que ya ha sido suficiente, no tienes que seguir pagando penitencia… regresa a Chicago, pon tierra de por medio y vuelve a ser feliz… me dices que soy un cascarón vacío. Querido Albert, no eres ni una sombra del hombre que eras… ya no más, no te sacrifiques más por mí, yo estaré bien… ya no soy tu responsabilidad.
Candy… No puedes robar lo que te está siendo entregado.
No es reclamo, te estoy devolviendo tu libertad. Por el amor que alguna vez tuvimos creo que es tiempo de alejarnos. Para poder ser de nuevo nosotros.
Candy, escúchame con atención, eres mi pequeña, mi amada, mi esposa, la madre de mis hijos, y aunque me duela saber que no me amas, no te voy a dejar sola.
Déjame ya no cargues conmigo…
Candy, no eres una carga. Y no voy a seguir discutiendo esto.
William…
Él besó su frente y la abrazó, en tres años era la primera vez que ella le permitía acercarse tanto. Pero sentir su aroma, sus fuertes brazos, la calidez de su piel, deshizo todas sus barreras, lo que había vivido en África durante esos años de visita no había sido sencillo. Y más de una vez se había quedado dormida mientras lloraba, por el dolor, el hambre y la orfandad de esos pequeños, y por ella misma, porque por alguna razón a pesar de que una y otra vez había podido comprobar que William estaba ahí incondicionalmente no se había permitido derribar su orgullo para dejarlo acercarse. Candy lloró permitiendo que las lágrimas lavaran su amargura y arrastraran con ellas la desilusión, lloró hasta que no tuvo más fuerzas, lloró hasta quedarse dormida en sus brazos.
Un año después.
Candy estaba en la villa en Niza, su recuperación había sido lenta y dolorosa, pero lo había logrado, ya no había rastros visibles de su odisea, sólo quedaban las tenues cicatrices, y un leve dolor en la espalda cuando cambiaba el tiempo.
Los niños estaban con ella. William llegaría ese día, había estado viajando por Europa haciendo negocios, desde aquel lejano día en el hospital en Londres su relación había cambiado, Candy se había permitido abrir su corazón a él.
Cuando William se dio cuenta comenzó a tener detalles románticos con ella de nuevo, se lo habían tomado con mucha calma, el hecho de que ella estaba en recuperación los ponía en situaciones físicamente complicadas a veces, pero él había sido toda gentileza y amor, la ayudaba a hacer su terapia física, la llevaba de un lugar a otro cual frágil muñeca de porcelana, le ayudaba a vestirse, a tomar el baño, se había convertido en su enfermero particular, al menos por los primeros tres meses de su recuperación, después cuando ella pudo hacerse cargo de algunas de esas cosas con gentileza cedió y le dio su espacio.
Ese día Candy se dio cuenta por primera vez que lo extrañaba, había estado fuera por dos semanas, el periodo más largo desde que ella había comenzado su rehabilitación, y durante días había sentido en su corazón añoranza, un vacío que no podía explicar… de pronto lo vio aparecer a lo alto de la escalera que conducía a la playa, su corazón dio un brinco, y en ese momento se supo perdida. Por más que había luchado por cerrar su corazón a él no había podido.
El descendió las escaleras hasta dónde ella estaba, los niños estaban durmiendo la siesta y ella había ido a dar un paseo, el viento levantaba sus faldas y pegaba el holgado vestido a su cuerpo, vestía de color rosa pálido, y llevaba el cabello apenas recogido en un chongo que se deshacía con el viento, su cabello era otra vez muy largo. La visión era simplemente hermosa, él tuvo que contenerse para no correr hasta ella y tomarla en sus brazos, se había prometido a sí mismo que no la forzaría ni la seduciría, la conquistaría con detalles y atenciones, la haría estar segura de su amor por ella, y entonces un día, ella lo buscaría, solo esperaba que ese día no llegase demasiado tarde.
Se acercó a saludarla, y cuando iba a darle un beso en la mejilla ella se aferró a él en un abrazo, él sorprendido y pensando que algo había pasado la apretó contra sí.
¿Estás bien?
Sí, ¿Por qué lo preguntas?
Porque me abrazaste, pensé que había pasado algo.
¿Necesito razones para abrazar a mi esposo?
Él la miró, buscando en sus ojos eso que había anhelado encontrar durante esos cuatro años de penitencia, ella lo miró a los ojos, y llevó sus manos hasta su rostro, siguiendo con sus dedos las líneas que ahora le resultaban familiares, sabía que muchas de ellas estaban ahí por causa de ella, se puso de puntitas, y con sus manos tomando su rostro lo besó. Buscando que ese beso resumiera todo lo que no podía expresar en palabras.
Él le devolvió el beso agradecido de haber podido vivir lo suficiente para sentir su perdón, y rogando al cielo que le concediese un poco más de tiempo con ella, para hacerla feliz nuevamente, para borrar todo lo malo, para asegurarse que ella tendría la fuerza de soportar el siguiente embate que la vida estaba por presentarle.
Capítulo 21 Línea B (En esta línea Albert y Candy están reconstruyendo su vida como matrimonio, han pasado cerca de tres meses desde que regresaron a Chicago, Candy está por cumplir 26 años, Albert cumplirá 37, Anthony tiene 7, Stear 6, Rosemary 1 año 5 meses. Alexander el hijo natural de Albert tiene 1 año 10 meses. Annie y Archie no tienen hijos aún. El duque de Grandchester (papá de Terry) sigue con vida.)
Todos entraron, los niños saludaron, y Albert entró en ese momento con Alexander en brazos.
Familia, queremos presentarles al nuevo miembro de nuestra familia, él es Alexander Andrew.
Cuando Neal vio al bebé dejó caer su copa al suelo. Su color de cabello había cambiado con los meses, pero estaba seguro que era el mismo bebé. Ahora si estaban en problemas.
Neal, ¿Estás bien?
Sí, disculpa, fue una sorpresa, pensé que con tres hijos era suficiente… y ahora tenemos un cuarto, que podría pasar por el gemelo no idéntico de Rosemary si no me equivoco con la edad… -
Es unos meses más grande que Rosemary, pero supongo que con los años eso es lo que la gente asumirá. –
Candice, William… ¿Cómo ha sucedido esto? – preguntó la tía Elroy cautelosa, por la reacción de Neal sabía que ese pequeño era el hijo de William, ahora quería saber si ellos lo sabían.
Lo conocimos en mi visita a la casa hogar dónde él estaba viviendo, y los niños y yo, nos enamoramos de él, y él de nosotros… Albert investigó lo necesario, y no tiene familia, así que lo adoptamos.
William… eso es…
Cuidado con lo que vas a decir, te recuerdo que las tres mujeres aquí presentes tienen algo en común con Alexander.
Elroy recordó lo que por un momento había olvidado, Candy, Annie y Mary, eran adoptadas.
Es maravilloso si ustedes son felices con ello.
Gracias tía.
Es muy guapo. Cómo corresponde a un Andrew. – les dijo Archie aceptando de inmediato al pequeño en la familia, Neal sintió un escalofrío ante el comentario.
La tía Elroy hizo la nota mental de que debía hablar con Neal en privado, pronto.
El resto de la cena ocurrió sin contratiempos. Candy y Albert llevaron a los niños a dormir, y la tía aprovechó para hablar con Neal.
¿Es quien creo que es?
Sí tía, lo siento, con tanto viaje… nunca pensé que lo encontrarían.
Así de traicionera es la sangre a veces hijo…
¿Qué vamos a hacer?
Quedarnos callados, el destino ha resuelto las cosas de una manera brillante, no tendremos que preocuparnos más por qué hacer con el niño cuando crezca, crecerá como le corresponde, como un Andrew, como tercer hijo de una familia no tiene por qué reclamar nada… y ya no tendremos cargo de conciencia por no haber hablado con William.
¿Qué hay del dinero de Sanders?
Dáselo a Candy para que lleve a cabo su proyecto en los orfanatos. No debe haber rastro de ese dinero.
¿Y si nos descubren?
Entonces inventaremos una buena excusa, mientras tanto guardaremos silencio.
¿Entendiste?
Sí tía, lamento si te decepcioné.
Tonterías, pero si tienes que trabajar en esconder tus reacciones.
No te preocupes tía, así lo haré.
Que descanses, Mary te espera y es tarde.
Buenas noches tía.
Neal se despidió con un beso y salió. Archie quién venía bajando las escaleras lo vio salir de la biblioteca y se acercó a abrir la puerta.
¡Tía!
Archie, ¿se te ofrece algo?
No, pensé que encontraría a Albert, vi a Neal salir….
Estaba contándome las últimas noticias sobre Elisa… pero ya que estás aquí… dime hijo, han pensado que hacer con respecto a la falta de hijos.
Tía, no es algo que quisiera discutir contigo.
Muy bien, tal vez sea hora de tomar el ejemplo de los Britter, o el de Candy y Albert, o el que quieras.
¿Quieres decir que tal vez deberíamos adoptar?
No veo porque no, piénsalo, háblalo con Annie.
Muy bien tía, buenas noches, nos quedaremos unas semanas, nuestro piso aún no está listo.
Candy y Albert lo saben, ¿verdad?
Claro tía. Que descanses.
Elroy se quedó sola en la biblioteca, mientras bebía su brandy reflexionaba sobre las cosas que había hecho por mantener a la familia segura, unida y con una reputación intachable, no había sido fácil, pero estaba agradecida porque al parecer las cosas estaban saliendo bien a pesar de todo. Una vez que terminó su brandy se fue a dormir.
En los siguientes meses la familia siguió adaptándose, llegó el cumpleaños de Albert y Candy una vez más ofreció una fiesta en la mansión Andrew, habían pasado seis meses desde su reconciliación, querían celebrarlo, y también querían presentar a Alexander ante los amigos y familiares.
Hizo la lista de invitados, ordenó la comida, arregló la mansión y eligió un vestido, Habían sido semanas complicadas para ambos con todo el trabajo que tenían, Candy no había tenido tiempo siquiera de revisar las cartas que habían llegado con la planeación de la fiesta.
Annie y Candy estaban en el estudio de Candy, revisando los últimos detalles.
Candy ,¿te confirmaron la asistencia de los Pembroke?
Sí… creo que sí.
No los tienes marcados.
Tal vez se me traspapeló la carta, busca entre todas las que hay en el escritorio.
Mientras buscaba a Annie le llamó la atención un sobre rosa con elegante caligrafía de mujer y un leve aroma a lilas. No tenía remitente, y sólo decía Señora Andrew.
Candy, ¿has visto esto?
¿Qué?
Esta nota, no tiene remitente…
Ábrela - le dijo Candy, quien estaba concentrada en acomodar los lugares en la mesa para la cena.
Candy notó que Annie guardó silencio, y cuando levantó la mirada se dio cuenta que estaba incómoda y muy pálida.
¿Qué es?
Una calumnia…
¿Annie?
Candy tomó la nota de manos de Annie y leyó la breve misiva.
Sra. Andrew.
Tal vez sea hora de preguntarse nuevamente con quien pasa el tiempo libre su apuesto esposo.
Una amiga.
¿Qué piensas?
Quiero convencerme de que es una calumnia, pero trae todo tipo de recuerdos.
¿Qué harás?
La fiesta es esta noche, no puedo hacer nada… no hoy, mantendré mis ojos abiertos, y mañana lo hablaré con él.
Candy, seguramente es una nota mal intencionada….
¿Has recibido alguna?
Sí, y siempre son hirientes, hablan de que ellas pueden darle a Archie lo que yo no puedo… un hijo.
¿Archie lo sabe?
Sí. Somos abiertos al respecto, por eso te digo que no hay que darle importancia, habla con Albert, pero confía en él.
Es más difícil confiar cuando ya has sido traicionada.
¿Acaso ha hecho el algo para que dudes de él nuevamente?
No Annie, tu sabes que no…
Entonces no veo cual es el problema, confía en él.
Candy iba a responder algo, pero en ese momento se abrió la puerta y Albert entró.
Hola amor, Annie.
William… - ella se movió para recibir el beso de su parte en la mejilla en vez de en los labios.
Hola Albert, seguro llegó Archie contigo, ahora vuelvo. – dijo Annie en una sola oración y con prisa por salir.
¿Estás molesta por algo?
¿Por qué lo preguntas?
Porque esquivaste mi beso, me llamaste William y Annie salió despavorida de aquí.
Sólo estoy ocupada, ¿estás listo para esta noche?
Sí… tal vez puedas dejar de hacer lo que haces y aprovechamos que los niños están dormidos…
Albert, hay mil cosas que hacer…
Y muchos sirvientes para hacerlas.
¿Ya comiste?
Sí, tuvimos una comida de negocios.
¿Tuvimos?
Claro, Archie y yo. ¿segura que estás bien?
Sí, revisa el acomodo de los invitados para que me asegures que como los dispuse no habrá problema.
Está perfecto. ¿Ahora sí me acompañas?
Está bien William.
Él no le dijo nada, pero definitivamente tenía que averiguar qué era lo que le pasaba.
La condujo a su recamara, y en cuanto entraron la tomó en sus brazos para besarla, ella cedió por un momento, pero luego lo apartó un poco.
¿Qué sucede?
¿Cuándo estabas con ella… después estabas conmigo?
¿De qué hablas?
¿Pasabas de sus brazos a los míos?
No.
¿Por qué siempre la veías en Nueva York y debías viajar? ¿o porque realmente no querías hacer eso?
Mi amor… ¿qué pasa?
Es una duda…
Sí, entiendo que es una duda, pero no entiendo porque ahora.
Es algo que de pronto me pregunté.
Amor, no es sencillo de explicar, pero tú siempre me hiciste falta. Nunca fui feliz sabiendo que te estaba traicionando, y no pasaba de sus brazos a los tuyos, porque en cierta forma siempre me decía que esa sería la última vez. Pero mi vida, no puedes seguir atormentándote con eso.
Prométeme que si hay alguien más esta vez me lo dirás.
No hay nadie más, y tampoco habrá nadie más. Te amo, ¿crees que pasé todo este tiempo reconquistándote para volver a echarlo todo a perder?
Espero que no. William, mi corazón no soportaría ser roto de nuevo, y nuestro matrimonio definitivamente no sobreviviría otra prueba de estas.
Lo sé, no tienes que decírmelo. – él la atrajo para intentar borrar con un beso y caricias todo lo que la atormentaba. Ella se perdió en sus brazos, negándose a pensar nada más.
Albert hizo una nota mental de pedirle a Archie que dijera que habían comido juntos.
Cuando Candy estaba terminando de arreglarse él se acercó al tocador y puso una caja de terciopelo frente a ella.
¿qué es esto?
Un pequeño regalo.
¿Y a qué debo el pequeño regalo?
¿Tengo que tener excusas para darle regalos a mi mujer? – le preguntó el inquisitivamente.
No, es solo que…
Vi esto en una joyería, me gustó mucho y lo compre para ti, ábrelo.
Ella abrió la caja y pudo ver que sobre el cojín de terciopelo negro descansaba un hermoso relicario de oro blanco, era circular, tenía intrincados grabados de flores y estaba adornado con diminutas piedras preciosas, pudo reconocer las piedras de nacimiento de sus hijos, de ella misma y de Albert, pendía de una fina cadena que brillaba con la luz.
Ábrelo.
Cuando Candy lo abrió encontró que dentro estaban las fotos de sus tres hijos varones, y en el otro lado una de Albert con Rosemary. Mientras lo sostenía sintió que estaba grabado por detrás y al darle la vuelta pudo leer.
Por siempre tuyo.
Es hermoso. – le dijo ella emocionada, y preguntándose si un hombre con esos detalles podría estar una vez más traicionándola.
¿Me dejas ponértelo?
Claro.
Le quedaba perfecto, cuando hubo terminado de abrocharlo el besó su cuello, aspiro la embriagadora fragancia de su piel, y sintió su pulso acelerarse.
¿Estás lista para bajar?
Sí, debemos ir a hacer los honores como anfitriones.
Él le ofreció el brazo y la escoltó escaleras abajo. Poco a poco fueron llegando los invitados. Candy saludaba cordialmente y con una sonrisa radiante a todos, aunque no podía dejar de sentir una punzada de celos cada vez que alguna mujer joven se acercaba a saludar a Albert, no notaba nada inusual, pero si se daba cuenta de que algunas de ellas eran francamente coquetas, y por un lado no las culpaba, la realidad era que su marido era un hombre de ensueño, guapo, atlético, un caballero con una personalidad encantadora y una ronca voz seductora. Su aire seguro y acostumbrado a mandar se reflejaba en cada uno de sus movimientos. Albert no era un seductor estudiado como Terry, pero destilaba sensualidad por cada uno de sus poros.
Cuando llegó la hora de abrir el baile, él la tomó de la mano y la condujo al centro de la pista, sin dejar de mirarla a los ojos la tomó por la cintura para guiarla en la lenta cadencia de la melodía, Candy debía estar en alerta según ella, pero tenerlo así de cerca, sentir los músculos de su cuerpo, el aroma de su loción, aún después de tantos años no la dejaban pensar con claridad, menos en días como ese cuando estaba completamente consciente de él.
Una vez que terminaron el baile Albert la condujo a la orilla de la pista, convenientemente algunos socios lo buscaron para hablar de negocios y Candy siguió haciendo su labor de anfitriona tratando de no perderlo de vista, el regresó al rato para bailar un poco más con ella, pero después de eso lo perdió de vista. Discretamente comenzó a buscarlo, pero no tuvo éxito, divisó a Archie y a Annie y se acercó para preguntarles sí lo habían visto.
Archie.
Dime.
¿Has visto a William?
Estás molesta con él.
No.
No fue una pregunta, sino una afirmación, ¿quieres decirme que hizo?
¿Qué tal estuvo su comida?
La de Albert ni idea, salió un poco temprano de la oficina porque dijo que tenía algunos pendientes que resolver. Yo comí con algunos clientes.
Sí ves a William por favor dile que lo estoy buscando, y si lo ves con alguien más hazme el favor de no encubrirlo esta vez.
Candy – le reprochó Annie.
Lo siento Anne, no estoy de humor en este momento, con permiso.
Al poco rato apareció Albert para volver a bailar con ella, ella lo siguió sin decir nada.
¿Estás bien?
¿Por qué no habría de estarlo William?
Eso es lo que quisiera saber…
Te perdí por un rato.
Estaba con algunos clientes y Archie.
Ya veo, y ¿cómo te fue?
Bien, logramos algunos acuerdos.
La pieza se acabó en ese momento, y la noche siguió sin contratiempos aparentes. Los invitados se retiraron y Candy y Albert fueron a descansar, el salió temprano en la mañana, antes de que ella se despertara, a ella le llevaron la correspondencia junto con su desayuno a la cama. Un sobre rosa con caligrafía de mujer y olor a lilas llamó su atención. La abrió, había una sola línea.
Gracias por prestarme a tu esposo anoche, la pasamos muy bien.
Lágrimas calientes comenzaron a correr por sus mejillas.
Capítulo 21 Línea C (En esta línea han pasado 5 años, Candy tiene 30, Albert 41, Anthony 12, Stear 11, Rosemary y James (hijo natural de Albert) tienen 6 años. Terry tiene 33, él es el duque de Grandchester y está felizmente casado con Emma. Albert y Candy siguen casados, han tenido un matrimonio abierto, muy discretamente, y la conclusión puede ser que ella se quede sola o que sea una pesadilla) (Muchas me quieren linchar por esta línea, lo lamento… pero estamos dándole la oportunidad a Candy de la libre exploración sexual como dijera alguien en sus reviews…)
Elroy Andrew estaba preocupada, considerar que Candy podía morir era aterrador, ella ya no tenía las fuerzas para hacerse cargo de los niños, aún con sus locuras Candy era una excelente madre y matriarca, deseaba con todo su corazón que a diferencia de su padre los niños siguieran teniendo una vida normal. Pero además había algo que Neal había dicho la noche anterior un poco pasado de copas que había hecho que su mente tratara de atar cabos…y lo que estaba atando no le gustaba nada.
La noche anterior.
Elroy entró a la biblioteca de la mansión dónde encontró a Neal, William les había dado la noticia, y ella había visto como Neal se retiraba mientras los demás tomaban café.
¿Qué sucede Neal?
Nada tía, la vida es impredecible.
Sí lo es, pero a que te refieres realmente.
Es extraño ver a William jugando con los niños. Y ver a RosemaNo puedo creer que ella esté tan mal herida.
¿Neal?
No me hagas caso tía, creo que he bebido demasiado, a veces necesito callar mi conciencia… ¿sabías que pretende cancelar la búsqueda?
¿quién?
William, ya no piensa seguir buscando a su hijo. Sí tan solo supiera ver debajo de sus narices. Te dejo tía, Mary debe estar buscándome.
Neal salió de la habitación dándole un beso en la mejilla a la tía, y ella decidió ignorar por el momento la conversación, y la empujó a una esquina de su mente hasta que tuviera tiempo. Por ahora debía ir a terminar los últimos preparativos, aunque no se sentía bien debía sacar fuerzas de dónde fuera, no podía permitir que la familia hiciera un viaje tan desolador sola. Esperaba que ella se recuperara, pero si no era así debía estar al lado de sus sobrinos nietos.
Londres, Inglaterra. Dos semanas después.
Los Andrew llegaron al Royal Hospital, cuando se identificaron fueron trasladaos a un área especial, era una suite con sala privada y una habitación de hospital, ahí los esperaban Terry y Emma. Venían directo del puerto de Southampton, y aunque probablemente no era lo más prudente, William sabía perfectamente que nadie soportaría tener que esperar más tiempo por noticias. Sólo había insistido en que la tía fuera a descansar, su salud no había estado muy bien últimamente.
Terry, Emma, ¿cómo está ella?
Sigue sin despertar, pero los médicos estarán aquí pronto para informarte.
¿Podemos ver a mamá? – preguntó Stear.
Claro, sólo que estará dormida, pero vengan. -les dijo amablemente Emma mientras miraba a William preguntando con la mirada su aprobación.
Vayan con la tía Emma, en un momento los alcanzo.
Annie también los acompañó. Terry, William y Archie se quedaron.
¿qué te han dicho los médicos?
No mucho, aún está débil e inconsciente, es todo lo que me han dicho.
Gracias por haber estado aquí.
De nada, no ha habido ningún comentario en los medios, el hospital ha sido totalmente discreto.
¿Cuánto te va a costar su discreción? – le preguntó Archie irónicamente.
Un ala nueva de pediatría.
Manda los papeles a los abogados, nosotros nos haremos cargo.
No, no es necesario.
Los hombres fueron interrumpidos por los médicos que al enterarse que el señor Andrew por fin había llegado fueron a presentarse y a ponerlo al tanto del caso.
Señor Andrew. Soy el doctor Levinson, y él es el doctor Grant, ambos hemos estado siguiendo el caso de su esposa, si gusta acompañarnos para que hablemos en privado.
Mucho gusto señores, en realidad no hay nada que no puede discutir conmigo en la presencia de mi sobrino, el señor Archibald Cornwell y mi amigo, y amigo de la familia, Lord Grandchester. – le contestó William.
Muy bien señor, disculpe nuestra reserva, todo esto ha sido un poco irregular... – le dijo el doctor Levinson
Lo sé, pero Lord y Lady Grandchester son amigos de la familia. Y nosotros no estábamos en el continente, seguro el doctor Rochester se lo explicó. Y ahora, por favor infórmeme sobre el estado de mi esposa.
Lamentablemente aún no podemos decir que la señora Andrew está fuera de peligro, la infección es demasiado fuerte, y ella parece debilitarse día con día.
¿Cuáles son los factores que podrían alterar la situación? – preguntó William ansioso.
Con tacto y cautela el doctor Levinson le contestó.
Es muy difícil asegurar el curso de la recuperación de la señora Andrew, además, el daño que la esquirla causó en la columna de la señora Andrew no puede medirse aún, es posible que si logra recuperarse sólo requerira de terapia física para poder caminar nuevamente, y lograr una recuperación total, ese es el caso más optimista, y que esperamos sea la situación.
¿Y si no fuera así?
El doctor Grant un hombre joven, más o menos en el rango de edad de los presentes le contestó compasivamente.
La señora Andrew podría quedar débil, y necesitar ayuda de algún aparato ortopédico para caminar el resto de su vida, o bien, podría no volver a caminar. –
Los tres hombres sintieron como si les hubiesen dado un puñetazo en el estómago, pensar en lo activa que era ella y verla encadenada de por vida a un aparato o una silla era doloroso. Pero además los doctores parecían no querer darles esperanzas.
Aparte de esto… ¿hay algo más?
EL doctor Levinson, claramente el médico de más jerarquía, y con una actitud francamente superior le contestó antes de que Grant pudiera hacerlo.
Señor Andrew, tal vez sus hijos debieran despedirse de su madre… las visitas en el hospital no son apropiadas para los niños, aunque tal vez no estén tan apegados a ella. – dijo el doctor en tono discreto. William no podía creer lo que escuchaba.
Doctor, lo que piense usted acerca de la relación de mis hijos con su madre es irrelevante, y no les diré que deben despedirse hasta que no sea estrictamente necesario. ¿Ahora bien, que podemos hacer por ayudarla a recuperar la conciencia? – le contestó William secamente.
William comenzaba a cansarse de la actitud del hombre, quien claramente está molesto por algo de la situación, o no aprobaba la forma de proceder de la familia.
Pueden hablarle, pero no más, los estímulos que puedan proveerle deberían traerla de regreso, sin embargo señor Andrew no hay mucho más que hacer. Ahora que usted está aquí, debe decidir quiénes pueden visitarla. –
Doctor Levinson, mi familia y yo estaremos aquí a diario, probablemente por turnos, y por supuesto Lord y Lady Grandchester son siempre bienvenidos, cómo le he comentado, la amistad de nuestras familias se remonta varios años atrás, así que no hay nada más de qué hablar. – le dijo firmemente William.
Con su permiso Sir William, milord, Sr. Cornwell.
Levinson se retiró, pero el doctor Grant esperó un momento.
Me disculpo por el doctor Levinson, me temo que para él la historia de la señora Andrew es un claro signo del cambio de los tiempos y de una época diferente para las mujeres. Él no concibe que ella anduviera en África sola.
No se preocupe doctor Grant, sólo espero que le haya quedado clara nuestra postura, porque si no me veré obligado a pedirle al doctor Rochester que nos asigne otro médico.
Hablaré con el Sir Andrew, pero no puedo prometerle nada.
¿Acaso conoce la labor que Candy realizaba en África? – le preguntó Archie francamente molesto.
Sí señor Cornwell, pero usted sabe que, para los hombres de su generación, y aún para muchos de la nuestra, el lugar de una mujer es en casa, con sus hijos. Por mi parte, admiro la labor que ella desempeñaba en África, y francamente lo admiro a usted señor Andrew, y a su familia por apoyarla en desarrollarse profesionalmente, ha sido un honor atender su caso, y ahora, no les quito más su tiempo. Con permiso.
Gracias doctor Grant, buenas tardes.
Una vez que se hubo retirado y los tres se quedaron solos, Albert y Archie se enfrentaban a la inevitable realidad de tener que entrar a la habitación de Candy, los niños, junto con Annie y Emma habían estado ahí dentro por 15 minutos. Y ahora era su turno.
¿qué tan difícil será? – le preguntó Archie a Terry.
Bastante, no parece ella. Aunque da gracias que no es lo mismo que hace dos semanas, el día que llegó estaba muy golpeada.
¿Golpeada? – le preguntó William
Supongo que, por la fuerza del impacto, seguro se golpeó con cosas.
Sí, tienes razón, aun así, después hablaré con John.
¿vienes?
No, esperare aquí, creo que tal vez debas verla un tiempo a solas.
Archie y William entraron a la habitación, era una habitación muy grande, iluminada, y con un ventanal que daba un pequeño jardín privado. Era evidente que los Grandchester se habían asegurado de que tuviera lo mejor. En la habitación había flores frescas, en la cama no había solamente ropa de cama de hospital, sino un lujoso edredón de damasco.
Los niños habían salido al jardín, y Annie y Emma estaban sentadas cerca de la cama. Por la dimensión de la habitación aún no la veían de cerca.
William, Archie, yo los dejo, para que puedan estar solos en familia. – le dijo Emma, mientras se ponía de pie.
No es necesario, agradezco todo lo que han hecho por cuidarla.
Tú sabes que la apreciamos mucho. Así que por favor inclúyeme dentro de los turnos para que no esté sola, y por supuesto déjame ayudar con los niños.
Gracias, aunque tal vez debas tomar un respiro, seguro han sido semanas agotadoras, y en tu condición deberías descansar. – le dijo William, mientras ella le tomaba la mano a manera de darle apoyo, Archie ya se había acercado, y al verla había buscado la mano de Annie para darse fuerzas.
Sólo estoy embarazada William, conociendo a Candy seguramente no era de las que se quedaban quietas durante el embarazo, así que puedes tener por seguro que podemos ayudarte, además los chicos aman a Terry.
Gracias, si insistes y Terry está de acuerdo, por supuesto que agradeceré su ayuda.
William se acercó. Se veía tan pequeña y frágil, su piel tenía una palidez anormal, sobre todo considerando que ella había pasado los últimos dos meses bajo el sol africano. Sus cabellos aunque limpios y delicadamente acomodados en una trenza se veían sin brillo. En su rostro había aún trazas de moretones, y una leve hinchazón en uno de sus ojos. Una cortada en su sien revelaba dónde se había golpeado contra la defensa del camión por el impulso del impacto. Su mano estaba amoratada por la aguja del suero, y sus brazos estaban vendados para cubrir áreas en carne viva por los profundos raspones que había sufrido. Él no quería ni imaginarse el resto. Las lágrimas inundaban sus ojos, con delicadeza tomó su mano e inclinándose la besó.
Pequeña, tienes que volver a nosotros… nuestros hijos te necesitan. – le dijo con la voz ronca por la emoción, y dentro de él pensó, - yo te necesito, necesito saber qué, aunque lejos de mi estarás bien, y feliz.
Una vez terminada la hora de visitas Archie y Annie se llevaron a los niños a la mansión Andrew, ahí los esperaba Elroy ya descansada. Annie llevó a Rosemary y a James a dormir, Stear y Anthony se fueron solos, y Archie se quedó con la tía en el salón.
¿Cómo está ella? ¿Dónde está William?
William se quedó en el hospital.
¿Y ella?
Tía…
¿Tan mal?
Está viva… pero al juzgar por lo que los médicos dijeron apenas.
Esa chiquilla insolente… no puede morirse Archie… William no podría con el dolor, ni con la culpa, y además ¿quién se haría cargo de los niños? Soy demasiado vieja…
Tía, no vayamos ahí aún, pero sí algo le sucediera te aseguro que William haría lo que fuera por sus hijos.
¿Así como su padre lo hizo? Archie.
Tía…
Mi hermano no pudo resistir la vida sin su esposa…y William… William no puede vivir sin ella, ¿no te has dado cuenta? No le importa que se vaya al otro lado del mundo, no le importa cuántos hombres la cortejen, no le importa el doctor Jenkins, no le importa nada…
Tía, lo que ellos han decidido hacer con su matrimonio es problema de ellos, ahora lo del doctor no te consta, y sí como dices William no pudiese vivir sin ella, Annie y yo veremos por los niños, de eso no te quepa la menor duda, ahora vete a descansar, nos esperan días díficiles.
Elroy se sorprendió un poco ante las palabras de su sobrino, nunca había dejado de verlo como un chiquillo, y ahora frente a ella tenía a un hombre, un hombre en quien la sangre de los Andrew corría con fuerza, tal vez ahí estaba su esperanza, la esperanza del clan. Elroy Andrew supo que podría descansar…aún debía hablar con Neal y asegurarse que sus conclusiones eran correctas, aunque tal vez no valía la pena saberlo, no tenía caso.
Gracias hijo, que descanses, mañana quiero ir a verla.
Te acompañaré, dejaremos que Annie descanse.
Buenas noches. – le dijo Elroy apretando su mano en un gesto inusual de afecto en ella.
Las siguientes dos semanas fueron un eterno ir y venir entre el hospital y la casa de Londres de los Andrew, iban por turnos, porque, aunque a William le hubiese gustado pasar todo el tiempo al lado de ella, estaba consciente de que sus hijos lo necesitaban, y dedicaba el tiempo que no estaba en el hospital para estar con ellos.
Aunque los niños iban de visita, la realidad era que no podían estar mucho tiempo en el hospital, le llevaban flores y chocolates a su madre, así como cualquier otra cosa que encontraran en sus paseos. William, Archie y Terry compraban todo lo que ellos pedían para llevar al hospital, y todo lo que pedían para ellos, Emma, Annie y la tía Elroy trataban de ser más firmes y darle un poco de rutina, mantenerlos ocupados con los tutores y con sus deberes.
Ese día William llegó para relevar a Emma y a Terry, después de haber puesto a los niños en la cama.
- ¿Cómo está?
- Igual… ¿qué puedo decirte? – la voz de Terry sonaba molesta.
- ¿Pasó algo?
-Vino el hombre ese...
- ¿Cuál hombre?
- ¿El tipo que la convenció de ir a África?
- ¿Peter Jenkins?
- Sí. Quería verla, pero no se lo permití, le dije que ese era un permiso que sólo tú podías dar… parece… interesado... no me hagas caso… no sé lo que digo. – Terry se detuvo de decir todo lo que pensaba al sentir la presión de la mano de Emma en la de él.
- ¿Crees que alguien podría convivir con ella y no enamorarse?
- Supongo que solo que no le corra sangre por las venas. Pero es tú esposa.
- Precisamente por eso no me preocupa Peter Jenkins. ¿regresará?
- Tal vez no… se encontró con Levinson, y él fue todavía más claro que yo sobre lo inapropiada de su visita.
- Albert, no le hagas caso a Terry, si el doctor Jenkins estaba con ella en África, de seguro estaba preocupado por ella, además son colegas, han colaborado durante tres años muy de cerca… - ahora Terry le apretó la mano a Emma. – quiero decir que tal vez no debas poner atención a… -
- No te preocupes, sé lo que quieres decir, y la verdad no hay nada que pueda cambiar mi amor por ella, así que vayan a descansar.
- Vendrán a cambiarle el vendaje de la espalda en un rato más…
- Gracias por haberse quedado…
- Ya sabes que no es necesario que agradezcas William. – le dijo Emma.
- Te dejamos…Creo que tal vez debemos cambiar nuestra estrategia, deja de rogarle, y recuérdale lo que va a perder. Exígele que luche, y que regrese con nosotros. – le dijo Terry muy serio.
¿Quieres que use tu método para hacerla olvidar a Anthony?
Subirla al caballo no es una opción… pero tal vez besarla a la fuerza…
¡Terrence! – le dijo Emma en tono de regaño.
¡Mi amor, es su esposo, no estaría nada mal! La verdad es que creo que hay que hacerla reaccionar a como dé lugar.
Si creyera que de algo serviría lo intentaría. – le contestó William.
Si no crees en tus posibilidades, tal vez debas dejar que él doctorsete la bese en tu lugar. – le dijo Terry con su usual humor ácido
¡Terrence Grandchester!
Me callaré antes de que ni esposa decida no hablarme nunca más, pero piénsalo amigo mío. No creo que haya nadie que la ame más que tú, tal vez es tiempo de demostrárselo.
Terry, Emma, ya váyanse a descansar. – le dijo Albert con una sonrisa cansada.
Terry ya no dijo nada más, le extendió la mano a Albert, y Emma se despidió de él con un beso en la mejilla. L
o dejaron sólo, él se sentó a su lado en la amplia cama, y comenzó a leerle, al poco rato llegaron las enfermeras a cambiar el vendaje.
Buenas noches Señor Andrew. – le dijo la joven pelirroja.
Buenas noches Srita. Mason, Señora Stewart. – contestó William a las mujeres, ambas eran eficientes y bondadosas. Y ambas eran sensibles al apuesto hombre que velaba por su esposa toda la noche.
Les ayudo.
No es necesario Señor Andrew.
Lo sé Señora Stewart, pero me hace sentirme útil. - le dijo él mientras giraba a Candy con sumo cuidado para ponerla bocabajo para que ellas pudieran limpiar la herida. La larga línea roja no dejaba de causarle dolor tan solo de verla.
Cuando se hubieron retirado se acomodó junto a ella y tomó su mano. Alguien llamó suavemente a la puerta de la sala. William se puso en pie y fue a abrir cerrando tras de él la puerta de la habitación. Frente a él se encontraba Peter Jenkins, y tal como lo había descrito Terry había mucho más que simple cordialidad en su mirada.
William.
Peter, pasa. – le dijo mientras lo invitaba a pasar a la sala.
Vine en la tarde…
Te encontraste con Terry.
Así es, quería saber…
Está delicada.
Si me permitieras…
Peter, voy a ser completamente franco contigo, la respuesta es y será no a menos que ella me pida lo contrario.
Creo que tú no entiendes, necesito verla. – le dijo Peter tratando de darle a entender que él tenía un rol significativo en la vida de ella.
El que no entiende eres tú. Peter, no puedo permitir que nada ni nadie manche su reputación, y tú aquí con cara de enamorado sufriendo es precisamente el tipo de cosa que mancharía su reputación.
Ella y yo… – William lo despreció en ese momento, él no era tonto, y aunque no había estado seguro estaba mentalmente preparado, pero le parecía de lo más bajo confesar delante del esposo de una mujer que era su amante, ese hombre solo pensaba en sí mismo.
Jenkins, no te atrevas a abrir la boca para calumniarla.
Eres un idiota, no es una calumnia.
El idiota eres tú, si te importara no te atreverías a hablarme de esa forma. No hay nada que ella haga sin que yo lo sepa, y nada de lo que haga cambia mi amor por ella. Y te advierto que nada me detendrá de destruirte si te atreves a repetir esas palabras. Su posición social, su futuro y el de mis hijos dependen de su reputación intachable. No soy un esposo traicionado, y por nada del mundo la repudiaría, así que quítate esa fantasía de la cabeza, y haz el favor de salir de esta habitación e ir tras tu próxima conquista.
William, no es sólo sexo.
No me interesa saber que es, ella no es una mujer libre, y si en verdad sientes algo por ella te callaras la boca y saldrás de su vida al menos hasta que ella decida lo contrario.
Peter guardó silencio, William tenía razón, estaba siendo un soberano idiota, pero los sentimientos hacia ella no le habían permitido pensar con claridad, parecía un adolescente infatuado y no un hombre de 35 años.
Discúlpame, tienes razón. Cuando despierte dile que los niños están bien.
Tal vez debas regresar con ellos para asegurarte que sigan estando bien.
Tienes razón, dile que la esperaré allá.
Le diré que estás cuidando de los niños. Pero no creo que ella regresará.
¿Se lo vas a prohibir? ¡No puedes, ella ama su profesión!
Jenkins, no tengo porque discutir nada, solo te recuerdo que tenemos una hija de seis años, creo que después de esto ella entenderá que no puede volver allá. Ahora si me disculpas, no son horas de visita.
Tienes razón… me retiro, por favor, permíteme llamarte para saber de ella.
No, lo siento, pero una cosa es que a ella le perdone todo y otra muy diferente es que te informe de algo, vete, olvídala, ella es mi esposa, y haré lo que sea por protegerla a ella y a mis hijos.
Peter Jenkins no dijo nada más y salió del lugar, William Andrew tenía razón, debía hacerse a un lado por el bien de ella. Albert regresó a la habitación. La observó, no mostraba mejoría alguna y cada día parecía más pequeña, comenzó a hablarle en tono suplicante. Hablar con Jenkins había sido un trago muy amargo.
Candy, ya es hora de despertar, Rosemary, Stear y Anthony mandaron cartas, te las leeré, pero lo que más quieren es contarte ellos sus pequeñas aventuras. Pequeña… necesitas trabajar muy duro para recuperarte. No permitas que nuestros hijos crezcan sin conocerte, sin aprender de ti, sin saber la magnífica mujer que tienen como madre. Pequeña, despierta, déjame ayudarte… -
Albert sintió como la mano que sostenía lo apretaba levemente. Le siguió hablando, vaciando su corazón delante de ella, estos cinco años juntos habían sido muy difíciles. Como padres disfrutaban cada momento, como amigos y cómplices eran excelentes, pero a él le era cada día más difícil seguir pretendiendo una distancia que no existía, William Albert Andrew estaba más enamorado que nunca de su esposa.
Temprano en la mañana, un leve movimiento lo hizo despertar, y un gemido de dolor lo hizo reaccionar. Volteó a verla y un par de ojos verdes se fijaron en su mirada azul.
William…- su voz era apenas audible.
Shhh, debo llamar al médico.
No, espera… ¿Dónde?
Estás en Londres… fuiste herida en África, y haz estado inconsciente por un mes más o menos.
Me duele…
¿La espalda?
Todo.
Después de tranquilizarla fue por el doctor, agradeció que fuera el doctor Grant quien estaba disponible. Después de revisarla, dio su diagnóstico. Ella sólo había logrado mantener la conciencia por unos minutos, el dolor era insoportable, y el doctor había decidido sedarla.
Es demasiado el dolor, podría ser un daño nervioso.
¿de qué habla?
Señor Andrew, no he podido asesorarla como es debido, pero me parece que el dolor que ella siente es excesivo, estará sedada por las siguientes 8 horas, después intentaremos despertarla de nuevo.
¿Tenemos esperanza?
Señor Andrew, eso es lo último que debe perder.
No me refería a eso.
Lo sé, es muy temprano para saber su estado definitivo, tendremos que esperar un poco más.
Gracias doctor.
El médico salió y los dejó solos. William tomó su lugar a un lado de su cama una vez más. Con cariño acarició su cabello y decidió llamar para decir que ese día no debían ir al hospital, él se quedaría a su lado.
