Hellow!

RanKudoi: la que estoy montando XD tu lo dijiste jajajajajajaja un respiro... se lo estoy dando ahora (?) (ya que ahora me meto con Yoh (?)) gracias por tu review y espero que sigas leyéndome! :)

Humana: de nada (?) Yoh y Ayako son la pareja perfecta de infelices XDDDDDD sí, no te emociones con ellos, porque ya te revelo de que no duran mucho juntos XD no sería tan cruel como para meterlo en la cárcel, pobre Yoh! XDDDDD pero sí soy suficientemente cruel como para hacerle esto: (gracias por tu review y deseo que te guste XDDD)

26 de Mayo.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

No quiero ir a la cárcel

A la mañana siguiente, Mamoru y Asami fueron a llevar a los dos niños al colegio, llevándose unas cuantas miradas llenas de odio, que ninguno de los dos pudo entender. Asami se fue a ver a Yoh, mientras que Mamoru volvía a la comisaría, pero Asami no llegó a la casa de sus padres, ya que los periodistas estaban al medio del camino y en cuanto la vieron le prohibieron el paso acosándola a preguntas.

— ¿Es verdad que han dado un trato a tu hermano por ser familiar de policía? —preguntó alguien.

— ¿Es verdad que ha matado realmente a ese chico? —preguntó otro.

— ¿Es verdad los rumores que corren acerca de que te has drogado? —preguntó otra.

Asami frunció el ceño e intentó abrirse paso hacia la casa, pero ninguno de ellos no se apartó. Asami estaba completamente rodeada y ellos no parecían querer dejarla pasar sin ninguna respuesta. Bajó la mirada al suelo. ¿Qué estaban diciendo de ellos? ¿Por qué le hacían esas preguntas?

— No, mi hermano no ha recibido un trato especial por ser familiar de la policía —respondió ella enojada—. Y que yo sepa tampoco está muerto ese chico, fue una pelea en… —se calló, no hacía falta decir nada más—. Y no, no me drogo. Estuve con problemas, sí, gracias por preocuparos por mi estado de salud. Y ahora si me permitís tengo que ir a ver si mi hermano está bien —intentó abrirse paso, pero los periodistas siguieron bloqueando su paso. Intentó girarse para irse, pero la estaban rodeando mientras seguían haciéndole más preguntas al respecto, intentando tergiversar sus palabras. Notó su teléfono vibrar en su bolsillo y lo sacó. Observó en su pantalla '¿es bonito cuando eres odiada? Eso es lo que te mereces'. Asami se guardó el teléfono en su bolsillo y empujó a los micrófonos haciendo que muchos de los periodistas se quejaran. Se abrió paso hasta la casa y entró en ella, cerrando la verja de hierro.

— ¡Ah! ¡Asami-chan, espera! —Aiko acababa de llegar y se puso delante de la verja—. Tengo que…

— Adelante, Asahara —Asami sonrió tímidamente y le abrió.

— ¿Estás bien? Mamoru-kun le contó a Akira acerca de ese tipo… —susurró ella.

— Estoy bien, deja de preocuparte —Asami le guiñó el ojo—. ¿Quieres pasar a tomar algo?

— Claro —Aiko se giró hacia los periodistas y les sacó la lengua. Haciendo que Asami se riera. Era bueno ser amigas.

— ¿Y qué tal te va después de la exclusiva? —preguntó Asami sonriendo mientras se acercaba a la puerta y llamaba.

— Oh… me convertí en una heroína del mundo del periodismo —Aiko exageró sus gestos sonriendo satisfecha—. Eres un auténtico ángel.

— ¡Largaros! —se escuchó la voz de Yoh a dentro.

— ¡Yoh abre la puerta! ¡Soy Asami! —dijo ella volviendo a golpear.

— ¿Qué le ocurre? —preguntó Aiko parpadeando confusa.

Asami se encogió de hombros mientras esperaban. El chico no iba a abrirles.

— ¡Yoh! ¡Abre!

— ¡Vete Asami-oneechan! ¡No vengas! —gritó él desde dentro—. ¡Déjame solo!

— ¡No me hagas echar la puerta al suelo que papá y mamá van a enojarse!

— ¡Vete! —Yoh parecía desesperado.

— ¿No tienes llave? —preguntó Aiko mirándola.

— No lo sé… supongo que en la casa, pero… —Asami dejó su mano apoyada en la puerta. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué parecía tan… desesperado? Abrió los ojos sorprendida y se fue hacia el comedor para ver si podía abrir una de las puertas, pero estaban cerradas. Aiko la había seguido. Yoh estaba al suelo del comedor, casi en el pasillo, tumbado. Le costaba levantarse—. Le ocurre algo, vamos.

— Pero si rompes la puerta… —Aiko la miró asustada.

— ¿Es mejor que dejar que la cosa empeore? —preguntó Asami volviendo hacia la puerta, mientras su amiga la seguía.

— Oye, los periodistas… — Aiko intentó advertirla antes, pero ella la miró con una ceja arqueada haciendo que se callara.

— ¡Me importan poco los periodistas! —Asami golpeó la puerta con una patada tirándola al suelo—. ¡Sí, ya me encuentro mucho mejor! —gritó sonriendo hacia ella.

— ¡Deberías dejar de asustar a la gente de esa manera! —se quejó Aiko siguiéndola a dentro—. ¡Jamás vas a tener dinero si lo malgastas en puertas!

— ¡Yoh! ¡¿Estás bien?! —Asami se arrodilló delante de él—. ¡Yoh!

— Estoy bien… —susurró él.

Mentira. El chico estaba sangrando de la barriga.

— ¿Qué ha pasado? ¿Cómo estás así?

— No pasa nada, iros de aquí —susurró él intentando levantarse.

— No, no nos iremos de aquí, estás herido, Yoh —Asami cogió sus brazos para que él lo abrazara y entonces lo levantó.

— ¿A dónde lo lleváis si se puede saber? —alguien salió de la cocina con un trapo y un cuchillo en su mano, limpiándolo.

— ¿Quién eres tú? —Asami lo miró asustada.

Un chico un poco más alto que Yoh, de piel muy pálida y ojos profundos y oscuros. Su pelo de color negro estaba peinado como la gente que Asami siempre había relacionado con bandas criminales.

— Este chico no puede salir de esta casa, así que no podéis sacarlo de aquí —sonrió él—. Llamaré al juez si lo hacéis.

— ¿Eres idiota? —Asami frunció el ceño—. ¿Tú le has hecho esto, verdad?

— ¿Y qué si he sido yo? —preguntó él—. ¿Quién eres tú? Ah… espera… tú eres la drogadicta —Asami frunció su nariz con enfado mientras Aiko se adentraba al comedor intentando pasar un poco desapercibida—. ¿Así que vais a desobedecer a un juez?

— No me seas idiota, tío —Asami lo miró con enfado—. Has herido a mi hermano, ¿para demostrar algo?

— Asami-oneechan déjalo —Yoh intentó que le soltara, pero ella le cogía con fuerza—. No importa.

— Sí que importa —Aiko volvió e hizo una fotografía con su teléfono. El chico intentó cogérselo, pero Aiko era más rápida.

— Tanaka, no le hagas daño —susurró Yoh.

— ¿Quién narices es esta bruja? —preguntó el chico. Asami se puso al medio del camino y Aiko salió por la ventana del comedor para irse detrás de la casa.

— Así que… Tanaka Chikara-kun, ¿eh? —Asami sonrió—. Ella es del periódico —dijo Asami—. Está aquí por cubrir el caso de Yoh y porque es una amiga de la familia. Pero ahora… todo se te ha ido de las manos.

— Aparta de aquí —Tanaka la amenazó con la mirada.

— No, y ya puedes estar dándome lo que estás grabando —respondió Asami—. Dame la cinta.

— Ni lo sueñes —Tanaka salió por la puerta corriendo y se fue hacia detrás de la casa, Aiko volvió a entrar y subió las escaleras de dos en dos hacia arriba.

Asami soltó a Yoh, aguantándolo para que no cayera al suelo y sacó su teléfono móvil.

— Yoh, presiona tu herida unos segundos —Asami le ayudó a sentarse de nuevo mientras llamaba a su madre—. Mamá, ¿dónde estáis?

— En el colegio, intentando hablar con los profesores de Yoh —respondió ella.

— ¿Está el juez con vosotros? —preguntó Asami.

— Sí, ¿por qué?

— Tengo que llevar a Yoh al hospital, mamá —susurró ella—. Tanaka Chikara, uno de los chicos del instituto ha herido a Yoh, para que desobedeciéramos al juez. Lo ha dicho claramente.

— ¿Cómo que Yoh está herido? —Ran parpadeó confundida.

— Aiko te estará enviando ahora una imagen del chico, con el cuchillo en su mano y ahora te envío una foto de Yoh para que se lo muestres —Asami suspiró—. Por favor, necesito que se lo muestres ahora.

— Está bien, pero Yoh…

— Tengo que llevarlo al hospital, mamá, está sangrando mucho —Asami le acarició el pelo levemente al chico mientras Aiko volvía a bajar las escaleras.

— El tipo se ha creído que he abandonado la casa por el muro —Aiko chasqueó la lengua—. Ya te envié la imagen a tu teléfono para que se lo des al juez.

— Gracias, Aiko-chan —Asami hizo la foto mientras ponía el 'manos libres' y volvió a cargar al chico entre sus brazos—. Aguanta Yoh. ¿Puedes enviárselo? —le dio su teléfono a Aiko.

— Sí —ella cogió el aparato y escribió rápidamente todo para enviar las fotografías—. Te lo he enviado todo Ran-san.

— Gracias, Aiko-chan —Ran suspiró mientras hablaba rápidamente con la gente que la rodeaba.

— Vamos Yoh… —Asami sonrió levemente—. Deberás de esconder tu cara, ¿vale? Y presiona tu herida.

— Está bien, sé cómo actuar, Asami-oneechan…

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— ¿Y? —Mamoru la miró mientras los dos recogían los platos de la mesa—. ¿Cómo fue al final?

— Ah, sí, no te lo dije —Asami lo miró—. Mi hermano fue apuñalado por un compañero de su clase y el juez ha internado a ese chico en un centro de menores.

— ¿Qué qué? —Mamoru la miró confundido—. ¿Cómo que fue apuñalado? ¿Y por qué no me lo dijiste antes?

— Creía que te lo habría dicho tu padre —respondió Asami—. Además, al final resultó que la herida tampoco era tan mala, aunque los médicos le han dicho que se pasara la noche en el hospital. Y el juez está deliberando por poner a Yoh como víctima o como real culpable de todo, porque mi madre y mi abuela lo han hecho muy bien en ese trabajo.

— Pero, ¿Yoh está bien entonces? —Mamoru la miró.

— Por el momento. Aunque realmente me preocupa que esto pueda ir a más —Asami bajó la mirada al suelo—. Si ese juez lo envía en el centro de menores, tal vez Yoh se hunda.

— Yoh es fuerte, Asami —Mamoru sonrió hacia ella—. Sí que al ser el más pequeño de los tres, él ha sido el más mimado, pero por lo que Ayako me ha ido contando él es muy fuerte de corazón. No te digo que no estalle, pero podrá con lo que sea, si tiene paciencia.

— Espero que no le hagan daño.

— No se lo harán, Asami —Mamoru se encogió de hombros—. Más de lo que le han podido hacer hasta ahora, te aseguro que no.

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— Bueno, Ayako, será mejor que nos vayamos ya —Kazuha suspiró largamente.

La chica se levantó para seguir a su madre, dándole una última mirada cómplice a Yoh.

— Kazuha-obaachan, mamá, ¿puedo hablar un momento a solas con Ayako, por favor? —preguntó el chico.

Kazuha y Ran se miraron entre ellas y afirmaron con la cabeza. Las dos salieron de la habitación rápidamente.

— ¿Qué ocurre? —Ayako se sentó de nuevo en la cama del chico y lo miró.

— ¿Cómo está Aoba? —preguntó él.

— Bien —Ayako se encogió de hombros—. He preguntado a su familia sin decirles quién era yo, porque si le hubiera dicho de seguro no habrían dicho nada —ella sonrió traviesa—. Me han dicho que parece que se va a recuperar. Tiene un par de costillas rotas y al parecer el golpe de su cabeza no fue tanto como lo habíamos visto al primer momento. Los profesores podrán excusarse con esto por no haber llamado a una ambulancia.

— ¿Sigue la policía teniendo tu camisa? —Yoh suspiró—. Porque para cualquier persona toda esa sangre de seguro era mucho.

— ¿Alguna otra cosa? —Ayako lo miró en un suspiro.

— Sí —Yoh miró hacia un lado y luego hacia el otro—. Podrías acercarme eso, ¿por favor? —Yoh señaló un libro que había en una mesita cerca de allí.

— Claro —ella suspiró, lo cogió y se lo dio. Él cogió su muñeca antes de que pudiera apartarse—. ¿Qué…? —antes de que ella pudiera decir cualquier otra palabra él tiró con fuerza de ella y la abrazó.

— Gracias por todo, Ayako. Siempre me has estado apoyando mucho y yo no te he podido ayudar en nada —Yoh habló en un susurro muy débil. Ayako enrojeció por completo. Se había quedado apoyada en el pecho del chico, completamente confundida—. ¿Qué pasa? Ahora ya no te ves tan atrevida, ¿eh? —Yoh la miró sonriendo.

— Ah, sé que no lo hice muy bien ayer —Ayako se apartó de él y se intentó apartar de la cama, pero Yoh aún la mantenía agarrada de la muñeca, para no dejarla escapar—. Oye, sabes que eso de hablar no se me da muy bien que digamos, así que mejor céntrate en lo que quieras decirme y nos las arreglamos los dos.

— ¿Tanto me quieres, Ayako? —Yoh la miró seriamente. Ayako se quedó callada mientras su cara enrojecía por completo—. ¿Y ahora te avergüenzas? —Yoh se rió—. Eres rara.

— Cierra el pico —ella se zafó de su agarre intentando parecer enojada por sus burlas.

— Oye, no soy yo el que anda besando a la gente porque sí —se quejó él.

— Te quiero… mucho —Ayako suspiró—. Yo no…

— Ayako, mañana el juez va a llamarme y yo solo voy a hacerte daño —Yoh frunció el ceño—. No solo a mi familia, si estamos juntos tu familia también recibirá.

— Oye, Mamoru-oniichan está juntado con tu familia y por completo prometidos —Ayako lo miró con el ceño fruncido—. Mi familia ya recibirá las consecuencias de esto por completo, así que no pongas excusas con eso.

— Ayako, te quiero, pero no quiero hacerte daño con mis actos —susurró él.

— Sí, resulta que yo soy la hija del impulsivo, aquí, así que sé lo que es lo de hacer daño con los actos —respondió ella encogiendo sus hombros y desviando la mirada. Yoh se rió—. Te lo digo en serio. Así que, ¿qué es lo que tienes que perder?

— A ti, por ejemplo —respondió él—. Si te acercas más a mí, te harán daño en el instituto.

— ¿Sabes que mi padre y los padres de los Kyogoku ya pidieron nuestro traslado de allí? —Ayako se encogió de hombros—. ¿Qué confianza dan unos profesores que ni siquiera han sabido llamar a una ambulancia, eh? Y supongo que los tuyos harán lo mismo, pero prefieren primero esperar la orden del juez.

— ¿Y qué quieres hacer?

— Yo irme a casa, darme una ducha y esperar a que mañana puedas salir de aquí y venir con nosotros a nuestro nuevo instituto —Ayako se encogió de hombros—. Tú, te quedarás aquí y esperarás lo mismo. Buenas noches, Yoh.

— Eres terrible —Yoh sonrió hacia ella y levantó su mano—. Buenas noches.

— ¿Podrás aguantar? —Ayako lo miró unos segundos antes de salir, para verlo a él afirmando con la cabeza.

— Aunque… —Ayako lo miró aguantando el pomo de la puerta con su mano—. Quizás merecería otro de tus salados besos —respondió él.

— ¿Salados?

— ¿Agridulces, tal vez? —preguntó él sonriendo.

— Agridulces —Ayako arqueó una ceja y se cruzó de brazos.

— Y… muy, pero que muy esperados para mí —añadió Yoh.

Ayako se acercó a él y alzó la mano hacia él. Él se la cogió y ella le besó el reverso de la mano.

— En cuanto salgas tendrás otro —Ayako se giró hacia la puerta—. Y no mates a nadie más, ¿quieres?

— ¿Cómo puedes prohibirme eso? —Yoh rodó los ojos riéndose y ella salió de la habitación.

.

A la mañana siguiente…

— ¿Ocurre algo? —Heiji observó atentamente el nerviosismo de Mamoru que se había pasado todo el día esperando en el departamento de homicidios.

— Esto —Mamoru levantó una fotografía y la dejó encima de la mesa del moreno.

— ¿Otra? —Heiji frunció el ceño.

— No hay huellas, ni escritos, pero es idéntico —respondió Mamoru—. Las cámaras tampoco han grabado a la persona y nadie ha visto a una sola persona entrando en el despacho y dejarla encima de mi mesa. De nuevo.

— Esto empieza a dar miedo —Heiji cogió la fotografía y la miró con Shinichi observando desde su hombro.

— ¿Qué podemos hacer? —Shinichi suspiró—. Ir allí es un suicidio, pero no hacerle caso, va a ser peor como siga de esta manera.

— Pero tampoco tenemos una sola pista de sus motivos —respondió Heiji.

— Además, Himitsu y Thea fueron a investigar el lugar y no encontraron nada fuera de lo normal. Solo había una cabaña vacía, no había nada más, por lo que informó Te-chan —Shinichi suspiró—. Thea tenía una cámara escondida y no había nada.

— ¿Entonces? —Mamoru los miró—. Voy allí y no habrá más problemas.

— Sí que hay un problema —suspiró Takagi Wataru—. No puedes hacer como si nada y presentarte allí. Puedes pasarte el día entero allí y que nadie se presente, o que te preparen una trampa. No puedes hacerlo.

— Las fotografías son cada vez más cercanas —Mamoru frunció el ceño—. ¿Pretende que deje morir a Asami?

— No te estoy diciendo esto, Mamoru-kun —el hombre sonrió—. Te estoy diciendo que seas un poco paciente. Enviaré a gente para que sigan investigando, pero si vas tú, solo caeremos en su trampa y tal vez entonces también les hagan daño a Asami o a los niños. Daño por daño es mejor que no les des lo que necesitan.

— Estáis pidiéndome que me espere a ver lo que hace —Mamoru frunció el ceño.

— Estamos pidiéndote que nos dejes esto a nuestras manos —respondió Heiji—. Confía en nosotros.

— No es que no confíe en vosotros, en serio —Mamoru sonrió cínicamente y se giró para irse—. Pero no me pidáis que me quede de brazos cruzados.

— Mamoru es peligroso que hagas nada ahora, piensa un poco con la mente fría y entonces podrás reaccionar bien —Heiji suspiró—. Así que haz las cosas cuando estés calmado.

— Yo estoy perfectamente calmado, papá —Mamoru encogió sus hombros y se fue de allí.

— ¿Quién lo diría? —Shinichi sonrió hacia Heiji.

— ¿Y cómo ha quedado el caso de Yoh? —preguntó Wataru.

— El juez parece estar más de nuestra parte que de la clase, al ver como actuaron los profesores y al ver cómo estaban los ánimos en el colegio —dijo Heiji—. Esperemos que nadie cambie al respecto, y más después de que le hirieran a él.

— Este juez no suele cambiar de parecer, así que no hace falta que os preocupéis más por Yoh. Su familia ha sufrido por culpa de acosos escolares, creo, así que seguro estará de vuestra parte. ¿Habéis encontrado al chico que le ha apuñalado? —preguntó Wataru.

— Está en un centro de menores y ha pasado la noche allí, por el momento —Heiji suspiró—. Espero que las cosas empiecen a mejorar, porque si no tendremos muchos problemas.


Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'El mapa de la Niña de la Nieve (Yukiko no Chizu)'.