Disclaimer: Sigue sin pertenecerme, chiquitines.
Novia imperfecta
por MissKaro
Capítulo 21
Un mundo de expectativas
Naoki sintió una presencia colocarse a su lado y se vio obligado a elevar la mirada del libro que tenía en su pupitre escolar, para atender al tutor de su clase, que esperaba a que le diera su atención.
—¿Cómo estuvo su examen, Irie? —le preguntó el profesor con la circunspección que le caracterizaba y que le hacía verse soberbio frente a los otros miembros del personal.
Él suspiró, ya se había tardado mucho en hacer la pregunta.
—No lo tomé —anunció y, vio con satisfacción, que el profesor perdió la compostura ante él, dejando caer la pluma y el papel que tenía en sus manos, abriendo ligeramente la boca. Sus compañeros parecieron verse atraídos por eso y voltearon en su dirección, observando asombrados al mayor, atónito, y a él. Después de todo, el salón siempre estaba en silencio y cualquier pequeño ruido atraía la atención.
Además, debieron escuchar su voz.
Fastidioso.
Seguro buscaban el motivo que le hizo no presentar el examen, pero no debía explicaciones.
—¿Por qué? —cuestionó el tutor, recuperando de a poco el temple, recolocándose los lentes, caídos a la punta de su nariz. —¿Algo lo impidió?
—Fue mi decisión, sensei –expresó firmemente, casi retándolo a decir algo en contra.
Los jadeos no se hicieron esperar en el aula, que el profesor no acalló, pestañeando repetidamente, incrédulo.
A Naoki le daba igual.
—¿Y a otra institución? —insistió el profesor.
Se encogió de hombros. —No presentaré prueba para otras universidades.
Watanabe, frente a él, se inclinó a coger las pertenencias del profesor, que las aceptó silencioso. Su compañero le dirigió una mirada intrigada. —¿Tonan? —pronunció en voz baja, a lo que él asintió.
Esa vez fue el profesor quien dejó escapar un sonido de la boca y lo quedó mirando fijamente a la cara.
Naoki se hizo el desentendido, como si fuese ajeno a la sorpresa, indignación o incredulidad que atravesaba el superior de su clase, quien no pudo más que alejarse murmurando palabras referentes a Tonan y la incomprensión a la decisión.
—¿De verdad? —preguntó Watanabe y él volvió a afirmar con la cabeza, antes de volver a sus asuntos.
Por primera vez, la muy silenciosa Clase A, pasó largo tiempo murmurando entre sí.
Él rodó los ojos e hizo una mueca de desagrado, parecía que no tenían educación, hablando de la persona sin que ésta abandonara la habitación; le importó muy poco y se concentró en el libro que había prestado de la biblioteca pública, pero el bisbiseo le hizo ser el primero en salir de la clase con el timbre del descanso.
Cuando salió de los aseos antes de comenzar el último periodo de clases, realizó un sonido de molestia con la boca, al ver que los demás le miraban. Era ridículo que solo por no estudiar en Todai le hiciera merecedor de tanto interés; no quería pensar lo mucho más fastidioso que sería de haber declinado completamente el ingreso al nivel superior.
Frunció el ceño al ver que Kotoko pasaba a su lado para ingresar a los sanitarios femeninos, con la cabeza baja, sin reparar en su presencia.
Encogió los hombros y se dirigió a su aula, ignorando, como siempre, las miradas de los demás; afortunadamente, restaban dos semanas y media de clases, que se irían rápido, ahora que el tiempo parecía avanzar en mejor ritmo —no como el año anterior.
Además, los cuchicheos y rumores se acabarían en unos días.
[…]
—¡No puedo creer que ya sea nuestro día de graduación, Naoki-kun! —exclamó Kotoko caminando por detrás, camino a la escuela, usando un tono animoso.
Naoki puso los ojos en blanco, pero admitió para sí lo rápido había llegado aquel día, y que, si las cosas seguían así, despertaría para verse en unos años, finalizando su carrera, y, si su madre lo conseguía para entonces, ya casado con Kotoko.
En otrora habría pensado que el tiempo se transcurriría lento, pero tenía el presentimiento que se iría como un rayo. Ya ese año, que se fue como la velocidad de la luz, había sido interesante, a diferencia de los demás.
—Tengo muchos nervios de estar frente a la asamblea, con todas esas personas mirándome y esperando que haga algo mal.
Supersticiones de Kotoko, pensó el, aunque no estaba tan sorprendido de que la escogieran como representante de su grupo, habiendo sido la mejor de él, todo un descubrimiento en la historia de la preparatoria. Lo que le irritaba era tener que ver a Ikezawa al frente también, pero Kotoko dijo que sus compañeros lo favorecían mucho y que el profesor titular de la clase pensó que era un buen premio de consolación por no pasar a la universidad.
Sentimentalismos tontos, en su opinión.
—¿Cómo haces, Naoki-kun? ¿Puedes darme algún consejo?
Suspiró, ¿por qué iba a tener alguno?
Para él no suponía un problema pasar al frente y hablar, simplemente lo hacía como todas las demás cosas. Solo hubo un momento, en el concurso de segundo de primaria, la primera vez que estuvo al frente, en que creyó que se repetirían las burlas del año anterior, pero los demás niños habían olvidado el incidente; y él, enfrente, concentrándose en lo que hacía, rápido había desechado la situación.
Negó y Kotoko gimió.
—Solo no hagas el ridículo.
—Es muy fácil para ti decirlo. —La escuchó decir mientras rezongaba por lo bajo.
Resopló.
—Es una lástima que se acaben las tutorías —comentó Kotoko entonces. —¿Verdad, Naoki-kun?
Que hablara por ella.
Encogió los hombros.
—¿Naoki-kun? —llamó ella otra vez, tras un tiempo de silencio.
—¿Ahora qué?
—¿Me darás tu botón cuando concluya la ceremonia?
Tonta tradición.
—No creo en eso —masculló.
—Pero… yo soy tu novia y… me harás muy feliz.
¿Y eso qué? No era un argumento lo suficientemente válido como para cambiar de opinión.
—Y si no me lo das a mí, todas las demás chicas insistirán por tenerlo.
No lo creía posible, desde hacía algún tiempo las estudiantes habían dejado de interponerse en su camino. Hacía gran diferencia el que supieran que tenía novia.
—¿Entonces me lo darás?
Solo esperaba que no se pusiera en el plan de persistir hasta obtener una respuesta positiva de su parte, porque el hartazgo hacía en él lo imposible.
—Mejor concéntrate en no fallar hoy —ofreció en respuesta, para que olvidara, de momento, ese tema.
—¡Qué nervios! —exclamó Kotoko—. ¡No tengo que cometer errores para no avergonzar a Naoki-kun!
Siguió el camino escuchándola hablar de que ya quería oír su discurso, que no le había dejado leer antes, aunque bien dijo que quería presenciarlo, como tres años atrás, y sentir que volvía en el tiempo, sin cambiar todo lo que había vivido.
Como muchas otras veces, se preguntaba dónde tenía tantas energías para hablar tanto.
—Y después de esto iremos a la misma universidad —dijo ella, pero con un tono diferente.
Él enarcó una ceja, ladeando la cabeza hacia Kotoko, quien de pronto se había quedado cabizbaja. ¿Dónde estaba toda su emoción y los anteriores ánimos por ir al mismo lugar?
Supuso que las ansias pudieron con ella, pero tuvo un ligero presentimiento, de hacérsele raro esa repentina actitud apagada.
—¿Qué tiene eso? —preguntó, tras suspirar.
—Nada —expresó ella alzando el rostro, agitando la cabeza. —¡Hoy es nuestra graduación!
—¡Sí! —gritaron dos voces familiares y pronto Kotoko se dejó arrastrar por sus dos amigas a la escuela.
Metió las manos en sus bolsillos y asintió a cuando Watanabe se unió a él.
—Los profesores siguen molestos porque no tomaras el examen a Todai —puntualizó su compañero y él se encogió de hombros. —¿Ése es el chico que no pasó a la universidad? —cuestionó después Watanabe, señalando a la derecha.
Naoki siguió su mirada y vio a Ikezawa, que tenía los ojos puestos en Kotoko, de un modo que no le gustó. Arrugó la boca y asintió.
—No parece muy afligido por ello.
—Solo es un idiota —manifestó, encogiendo los hombros.
—Parece muy decidido, ya debe haberlo superado —observó Watanabe, continuando el camino hacia la escuela, cuando él se adelantó.
Pensó en las palabras de su compañero. Quizá era cierto, aunque el asunto que le concernía, del interés de su novia, no lo había superado.
[…]
Precediendo a su grupo por ser el representante de la generación, Naoki entró al auditorio para la ceremonia de graduación en la que entregarían sus certificados de preparatoria, y dar finalizada esa etapa.
Ocupó el primer asiento y sus compañeros de clase lo imitaron en sus respectivos lugares, en lo que el director presentaba a los demás grupos detrás del suyo, hasta llegar al F, que fue acompañado por una serie de vítores. Watanabe y Koujiro, junto a él, como los representantes de su grupo para recibir los certificados, dejaron escapar unas risas, como algunos de sus compañeros; él se quedó impertérrito.
Una vez que todos estuvieron debidamente ocupados, el director dio comienzo a la ceremonia, hablando sobre el camino que habían recorrido los estudiantes y el futuro que comenzaba a partir de ese día y lo orgulloso que estaba de la primera generación, en la que casi por totalidad, todos conseguían un puesto en la universidad. Si Ikezawa lo hubiese intentado, habría incluido a toda la generación.
El director siguió hablando unos minutos más, hasta llamarlo al estrado para dar su discurso, presentándolo como el mejor alumno de la generación.
Se puso en pie después de los aplausos y acortó el breve camino que le llevaba a las escaleras, que subió en calma, hasta colocarse ante el director y darle una reverencia, antes de tomar la palabra en el micrófono.
Dirigió su mirada a la asamblea, elevando una sonrisa cortés a los demás y comenzó el discurso que había preparado para ese día, que completaba el ofrecido el primer día de la preparatoria.
—En este buen día, las flores de durazno han madurado, mientras los días se ponen más cálidos —recitó, recorriendo lentamente con la mirada al público—. Estoy honrado de tener a tantos presentes hoy para hacer esta ceremonia grande y magnífica.
Habló de los retos que podrían haber enfrentado aquellos días y sus buenos deseos para el futuro, la importancia de la constancia para alcanzar el éxito y la esperanza de que ellos contribuyeran al bienestar de su nación y la sociedad, convirtiéndose en personas que hicieran sentir orgullosas a la institución que les había dado cabida esos años. Ofreció sus agradecimientos a la plantilla de profesores y a los padres de todos ellos y concluyó con una despedida a los demás estudiantes, deseándoles que triunfaran y alcanzaran los sueños que se propusieron.
Esas palabras finales, como un agregado de último momento.
Asintió a los demás, felicitándoles por graduarse, y calló, para segundos después escuchar cómo el auditorio se llenó de los aplausos del público, su indicación para regresar a su lugar.
—Nos conmueven las palabras del representante graduado y agradecemos que dé voz al alumnado este día. Ahora, los estudiantes representando de cada grupo para entregar los certificados a sus compañeros. De la Clase A, Watanabe Hitoshi y Koujiro Rinko…
Naoki dejó pasar la entrega sin mucho interés, acabada su participación formal. De par en par, tras ser nombrados, los estudiantes que representaban a sus clases subieron al estrado para recibir los diplomas.
—Finalmente, representando a la Clase F, Ikezawa Kinnosuke —se escuchó el grito exagerado del tipo— y Aihara Kotoko. —Hubo un silencio tras la mención del nombre de ella, a lo que muchos voltearon a la parte trasera.
Podría apostar a que estaba soñando despierta.
—Aihara Kotoko —repitió el director, con voz anonadada, y entonces se oyó una conmoción detrás.
—¡Presente! —exclamó Kotoko.
Él puso los ojos en blanco; mientras que las risas llenaron el auditorio.
De reojo, la vio avanzar en compañía de Ikezawa, que parecía brillar con la sonrisa de Cheshire en su cara. —Vamos, Kotoko; deberíamos ir agarrados del brazo —pronunció, no muy bajo, aquél. Naoki arrugó la nariz, qué ridículo.
—¡No seas estúpido, Kin-chan! —protestó Kotoko, haciéndolo sonreír con arrogancia—. No hay motivos para hacerlo.
—Es el día de nuestra boda —susurró Ikezawa cuando pasaba por su lado, e identificó una de las expresiones atontadas que ponía Kotoko al estar en medio de una ensoñación.
Qué estúpido, imaginarse una boda al momento y más con la novia de otro. La suya.
Era un imbécil patético.
Y se imaginaba que Kotoko no escaparía de la vergüenza que querría evitar ese día, luego de su inicial percance.
Ambos subieron al estrado; ella extendió las manos para recibir su parte de certificados, pero Ikezawa no lo hizo, y leyó de los labios del director pronunciar su nombre, hasta tener que hacerlo en el micrófono.
—Ikezawa Kinnosuke —repitió el director, y Kotoko colocó sus manos para recibir los demás certificados, dándole un codazo a su compañero.
—¿Qué crees que esté pasando? —preguntó Watanabe, junto a él. Encogió los hombros, divertido de imaginar los sueños rotos que perdurarían en Ikezawa, que debía estar ilusionándose con ese breve momento en el que se "casaba" con Kotoko.
—Ikezawa Kinnosuke.
—Kin-chan. —La cercanía le permitió escuchar el llamado de su novia.
—¡Por supuesto que acepto! —gritó el aludido, ocasionando las risas de todos.
—¿Qué aceptas? —masculló en el micrófono el director, con cara ya molesta.
—Cállate, Kin-chan. ¡Es embarazoso! —exclamó Kotoko, con lo que parecía voz enfadada; le reconoció al tipo el lograr lo imposible.
Ikezawa quitó el micrófono y lo sostuvo frente a su boca, Naoki se cruzó de brazos por algo interesante. —¡No! ¡Tengo que hablar! —Dio un respingo con el estridente grito fastidioso; el idiota ese no conocía el uso del micrófono—. ¡Irie Naoki! —En su periferia captó la mirada interesada de Watanabe—. ¡No te sientas bien sólo porque irás a la misma universidad que Kotoko y porque por ahora eres su novio! —expresó Ikezawa señalándole—. ¡Antes que todos triunfaré y pronto me convertiré en un chef con habilidades! ¡Y Kotoko me preferirá a mí y podré casarme con ella!
—Guau, Irie-san sí que tiene competencia —dijo alguien detrás, haciéndole resoplar.
—Aihara-san debe ser muy buena en algo —aseveró otro.
—Consiguió estar en el puesto cincuenta este año —opinó una persona más.
Enarcó una ceja en dirección a Ikezawa, al que Kotoko trataba de empujar para que se callara, con lo que le permitían los papeles en sus brazos. La veía decir cosas entre dientes, pero que no alcanzaba a leer de sus labios.
—Sólo quería decírselo a todos, porque Kotoko y él no hacen la mejor pareja —afirmó el bocón, con la atención puesta en todos—. ¿Están de acuerdo conmigo? ¡Ninguna objeción! ¿Cierto! —Rió al final, haciendo estremecer de desagrado a Naoki.
Qué estúpido, como si fuera necesario avergonzarse en público de tal modo.
—¡Objeción! —Naoki llevó una mano a la frente, con la participación de su madre. ¿De verdad? —¡Onii-chan, di algo rápido! —exigió ella—. ¡Afróntalo y dile que nunca dejarás que eso suceda!
Bajó la cabeza y cubrió su rostro con sus manos, rogando porque su madre fuera menos intempestiva e impulsiva.
—"Onii-chan", se refiere a ti, ¿no es cierto? —preguntó uno de sus compañeros desde la fila de atrás.
—Irie sí que lo tiene difícil —comentó la voz de otro de su grupo. Como si él fuese a permitir semejante tontería.
—¡Kin-chan, idiota! —proclamó de repente Kotoko, atrayendo la atención de nuevo al público. Él alzó la vista otra vez; Ikezawa había palidecido y ella tenía el rostro rojo—. ¡Ya no te conozco! ¡No tienes ningún derecho! ¡Y estás avergonzándome!
Kotoko dio un paso para bajar y Kinnosuke la sujetó, pero ella se quiso alejar y perdió el paso en el escalón, resbalando y haciendo volar los papeles a su alrededor, aterrizando en el suelo alfombrado.
Ikezawa y su madre chillaron el nombre de ella.
Naoki llevó otra vez la mano a su frente, poniendo los ojos en blanco.
—No, no, no, no —repitió ella arrodillándose, haciendo movimientos de negación con la cabeza, mientras reunía los certificados.
Ninguna secuela debió dejar su caída, porque se concentró en los papeles.
Él se inclinó a recoger un certificado a sus pies, casualmente el que iba hacia Aihara Kotoko y extendió la mano con el papel hacia ella. —Muchas gracias —susurró Kotoko sin voltear, hasta hacerlo y abrir los ojos de asombro.
La cogió levemente de la oreja. —Ten cuidado, tonta —musitó suave, para después erguirse. Ella asintió, con la mirada baja.
Ikezawa se acercó entonces a Kotoko, quien se puso en pie y lo ignoró, caminando con la cabeza en alto hacia su lugar, con Ikezawa siguiéndole como un perrito faldero.
Él elevó la comisura de su labio con petulancia.
Tras ello, la ceremonia pronto llegó a su fin, y su periodo del instituto concluyó. Le restaba ir por sus pertenencias.
Al abandonar el auditorio, se encontró con muchas miradas femeninas, que observaban su pecho; durante un segundo dudó en si lo atosigarían con la ridícula petición del segundo botón, destinado a su chica más especial, pero al sentir que un cuerpo de peso conocido se colgaba de su brazo, las dueñas de las miradas se dieron vuelta, con similares expresiones de lamento en el rostro.
Naoki soltó un suspiro de exasperación, soltándose del brazo de Kotoko, para continuar su camino a los casilleros.
—¿Me darás tu segundo botón?
Negó con la cabeza.
—¿Por favor? —pidió ella con un puchero en sus labios.
Rodó los ojos. —¡Kotoko-chan! ¡Onii-chan! —Los reclamó su madre a sus espaldas y se detuvo a medio patio, con un suspiro, preguntándose qué querría. Suficiente era su ridículo llamado en el auditorio.
—Oba-sama —saludó Kotoko a su madre, que se colocó ante ellos y la abrazó.
—Felicidades a los dos.
—Gracias, oba-sama. —Al momento llegaron los padres de ambos, Shigeo-san con la cámara de video bajo el brazo.
—Muchas felicitaciones —dijo su padre.
—Nunca creí que llegaría a ver este día —musitó Shigeo-san, con los ojos vidriosos. —Y Kotoko estudiará la universidad.
—Papá —murmuró ella. Su padre le dio unas palmadas a su amigo en el hombro.
—Ai-chan, ya está bien, Kotoko-chan es una gran joven.
—¿Onii-chan, no has dado tu botón a Kotoko-chan? —inquirió su madre en tono recriminatorio, escrutándolo con la mirada.
—No creo en eso —masculló, desviando sus ojos de ella.
—Pero Kotoko-chan sí, y no pierdes nada con darle el botón —argumentó su progenitora, insistente como siempre.
—¡Sí! —concordó Kotoko aplaudiendo.
—¡Yo puedo dar a Kotoko mi botón! —Naoki casi gruñó cuando el bocón colocó una mano en su brazo, interponiéndose entre él y Kotoko.
—¡No! —exclamaron las dos mujeres simultáneamente.
Él apartó con desagrado la mano de Ikezawa.
—Kinnosuke —habló Shigeo-san, y lo vio entornando la mirada.
—¡Jefe padre!
—Te he dicho que no me llames así —reprendió el padre de Kotoko, ganándose una inclinación de disculpa de parte de Ikezawa.
Naoki vio el intercambio con interés; ¿así que aquel comenzaría a trabajar con su suegro? Qué modo tan conveniente de aspirar por su sueño.
Dio unos pasos para avanzar, pero notó que los demás se movían para seguirle el ritmo, y se detuvo.
—Solo que deseo algún día poder llamarle padre, jefe —expresó solemne Ikezawa. —Y comenzaré dando mi botón a Kotoko.
—¡Kotoko-chan no quiere tu botón, muchacho! —intervino su madre, comenzando un duelo de miradas con el ex estudiante del F. Kotoko asintió, pero ninguno de los dos la veía. —¡Ella quiere el de onii-chan!
—Pero si él no se lo da, puedo dárselo yo —aireó Ikezawa. Volvió a avanzar, y continuaron al paso que él, fastidiándolo.
Apretó las manos en puños, a sus costados.
—¡No lo harás! —riñó su madre.
—¡Sí! —devolvió el otro, alzando un puño.
Los otros tres seguían el intercambio; Kotoko cambiaba la dirección de su cabeza a cada uno, negando y afirmando según se tratara la persona, al punto que se casi se confundió y aceptó el botón de Ikezawa, llevando las manos a sus mejillas, pero nadie, más que él, se percató.
Todos ellos le colmaron la paciencia, y masajeó el puente de su nariz, para luego llevar la mano a su pecho, antes de arrepentirse.
Aprovechó que Kotoko estaba bajando las manos, para coger su derecha y colocarle el dichoso botón, a fin de concluir esa tontería y que no lo persiguieran después.
—Voy a por mis cosas —pregonó en voz alta, alejándose a su objetivo inicial.
—¡Onii-chan! ¡El botón! ¡Las fotos! —gritó su madre tras de sí.
—Oba-sama… —Esa fue Kotoko.
Su madre chilló, y hasta los pájaros salieron volando. Él llevó los dedos a sus ojos, frotándolos mientras negaba con la cabeza.
[…]
Naoki ya sabía, por los comentarios de Kotoko acerca de la celebración en la noche, que su grupo y el de ella coincidirían en el salón —muy tarde lo supo, por supuesto, dado que dijo que lo organizó el bocón—, pero aun así fue fastidioso encontrarse en el mismo sitio, más por las exclamaciones de asombro de ambos grupos, que otra cosa.
La única satisfacción era la expresión de incredulidad de Ikezawa, al pasar él en compañía de los compañeros que tuvo esos tres años.
—Oh, la Clase F —comentó Watanabe tras de él. —Qué coincidencia. Debes tener suerte, Irie.
—¿No me digan que también los de la Clase A están celebrando aquí! ¡No puede ser! —expresó con tal indignación Ikezawa, que hasta casi pudo escuchar sus dientes rechinar al final.
—Desafortunadamente, para ti, así es —respondió Naoki, siguiendo su camino.
Sus compañeros a su lado, que entraron al momento, comenzaron a quejarse en voz alta por compartir el espacio con el F.
—¿Qué pasa con ustedes! ¿Qué tiene de malo la Clase F! —saltó Ikezawa, ocasionando risas en los otros, y comentarios de que era el payaso de la ceremonia.
Ya en sus lugares, el profesor, quien los había citado allí, les invitó los platillos de la noche, que comenzaron a degustar civilizadamente, hasta que el salón se oscureció, y un foco en el escenario se encendió, en el cual apareció Ikezawa, vestido como una mala imitación de Elvis Presley.
—¿Otra vez ése? —cuestionó alguien.
—Tenía preparada una canción especial para el día de hoy, pero me conformaré con dedicarles una melodía a mis estimados compañeros del F, la segunda canción que preparé para esta noche —anunció en el micrófono Ikezawa, antes de hacerlos estremecer de horror a todos, con horribles notas y una espantosa letra, cuyo contenido no eran más que frases repetitivas de "mis hermanos del F, siempre unidos" y "por siempre Clase F".
Sus compañeros y compañeras, a su alrededor, soltaron carcajadas. Vio que los conocidos de Ikezawa, a excepción de los que acompañaban en el escenario, no parecían muy a gusto, con expresiones apenadas en el rostro.
—¡Escuchen mi segunda estrofa!
—¿Qué!
—¿Hay más!
Dijeron a gritos los de su parte del salón y vio unos ligeros asentimientos en algunos del F. Probablemente, de una voz más afinada, el gesto les hubiese agradado.
Kotoko estuvo en lo cierto, no era dado a cantar.
—Por favor, no, se me arruinará la comida —expresó él en voz alta, llevando su vaso a la boca.
—¿Qué dijiste! —protestó Ikezawa—. ¡Irie bastardo! ¡Genio demonio!
La melodía de un teléfono resonó en el salón, y todos fueron testigos del "cantautor" respondiendo, resaltando la palabra "jefe".
Le debía un gran agradecimiento a Shigeo-san por interrumpir esa tortura.
Con rapidez, Ikezawa se acercó a Kotoko, le dijo algo, y corrió a la salida, llevándose la guitarra a sus espaldas, así como dejando anonadados a los tipos que le seguían, todavía en el escenario, con el bajo eléctrico y el piano.
Las luces del salón se encendieron en su totalidad.
—Ese estudiante, escuché que no irá a la universidad, pero comenzó en un empleo —habló el sensei de la clase, levantándose de su asiento, con la misma pose soberbia de siempre.
—¿Qué quieres decir con eso! —reclamó el tutor de la clase de Kotoko, con quien había coincidido al pedir las tareas de ella, y resultó ser de mejor trato, casi como su padre.
—No, nada —contestó su profesor, reacomodando sus lentes del modo que hacía cuando se ponía en actitud altanera.
—¡Estará uniéndose a la sociedad antes! —defendió el otro profesor a Ikezawa. —¡No hay razón para tratarlo como un idiota!
—¡Cierto! —respaldaron los compañeros de Kotoko, de un modo admirable; pero él ya los había conocido con anterioridad; y, habría pensado, tal vez, que valdría la pena defender, si no se tratara de Ikezawa, por quien no sentía ningún aprecio… a pesar de admitir que tenía buena mano con la comida.
—En verdad, todos ustedes. —Su profesor se cruzó de brazos—. También, parece haber una estudiante en la clase F que, pese a sus descubiertas habilidades, no es más que una distracción para nuestro mejor estudiante.
Naoki se irguió, el maestro se estaba inmiscuyendo en su vida, del modo en que no debía; había un límite, que el otro no debía sobrepasar. Sintió una mano en su hombro y miró a Watanabe, que señaló su mano empuñada —sin saber en qué instante la puso así.
—Hay un rumor, y me atrevo a creerlo, que dice que es su culpa que no haya ido a la Universidad de Tokio —continuó su profesor avanzando hasta quedar a un palmo de su novia, y él, tratando de relajar las manos, se puso en pie.
¿Qué estupidez estaba diciendo? ¿De cuál rumor hablaba que, por una vez, no llegó a sus oídos?
Le vino a la cabeza las reacciones de Kotoko tras la vez que comunicó a su profesor que no iría a Todai. Ahora era claro, y le enfureció; ¿qué no le creían capaz de tomar sus propias decisiones? ¿Esperaban que cumpliera lo que deseaban los demás y no él? ¿Con qué derecho reclamaban a ella, siendo que él era el único que tenía derecho a decirle las cosas?
A ella le vio bajar la mirada.
Sus compañeros empezaron a dar comentarios secundando las palabras de su sensei, dirigidas a réplicas a Kotoko, mientras que los de ella la rodeaban, apoyándola.
Pensó en las tonterías que decían los de su salón, a excepción de Watanabe y Koujiro, parados a su costado. ¿Que Kotoko le impidió ir? Como si él fuese a dejar que nada lo detuviese, si hubiera querido ir a la Universidad de Tokio.
¿Que ella fue un estorbo?
Kotoko fue de mayor provecho que ellos y le ayudó a conseguir encontrar un futuro profesional de su interés; los demás solo lo habían presionado continuamente y esperaban que cumpliera sus deseos o sobresaliera como ellos no podían.
Al parecer, los del A podían ser más inconscientes e irrespetuosos, sin tomar en cuenta sus decisiones.
—Sensei —dijo él, avanzando hasta quedar junto a su profesor—. No es su culpa.
—Pero, Irie…
—Y nadie tiene derecho a asumir lo contrario. Además —agregó, elevando la voz—, no he dado la libertad de opinar sobre mi vida.
Hubo un jadeo colectivo en el salón.
—Como si no pudiera demostrar ser el mejor en nuestra universidad… Cuestionan mis habilidades.
—Irie-san, no sabes lo que dices —opinó alguien, sin importarle quién.
—Es cierto, Irie, no te das cuenta del error que cometes en tu vida.
—Tienes que estar con alguien mejor.
—Irie, como superior, te aconsejo que reconsideres tus decisiones. Todavía no es tarde.
Los del F permanecían callados observando, y hasta notó una mirada preocupada de parte del sensei del grupo. Odiaba que se hiciera un espectáculo su vida.
Él puso los ojos en blanco, ya estaba cansado de esas tonterías, pensó, con la idea de irse de allí; de paso, llevándose consigo a Kotoko, quien hasta entonces no había alzado la cabeza.
Esa tonta, no era capaz de ver lo estúpido de todo eso.
—¿Alguno se ha dado la oportunidad de conocer a Kotoko-san? —cuestionó Koujiro, callándolos a todos, ofreciéndole el momento perfecto para escabullirse.
—¡Sí! —exclamaron las amigas de ella, y los otros que la conocían asintieron también.
—¡Pero solo es una más del F!
Vio a Kotoko perderse entre su grupo, antes de que él la alcanzara.
—¡Aihara-san le ha lavado el cerebro a Irie!
—¡Kotoko no es así!
—¡Solo se ha aprovechado de Irie-san!
A Naoki le importó muy poco toda su pelea, y fue hacia la puerta; salió y miró hacia los lados, hasta dar con la cabellera pelirroja de Kotoko, oscurecida levemente por la noche.
El que tropezara le dio tiempo para acercarse hasta ella, que se levantó al verlo, y corrió hacia su izquierda, a un callejón sin salida.
La sujetó para sacarla de ahí y dejara esa ridiculez e ir a casa, pero ella lo sorprendió soltándose, pegándose a la pared.
—Vete, Naoki-kun —murmuró ella, desviando la mirada.
¿Ahora qué le ocurría?
Se volvió, con la conciencia de saber que no podía dejarla ahí, en medio de la noche.
Clavó sus ojos en ella, que se encogió y trató de desviar la mirada, pero notó, para su desagrado con las escenas de ese tipo, ella tenía los ojos llenos lágrimas.
—Tus compañeros… tienen… razón —susurró ella, antes de soltar un sollozo. ¿De verdad?
—No digas…
—Será mejor… —le interrumpió ella—…que ya no sea tu novia… porque soy mala para ti…
Por todos los dioses, ¿cuál era su ocurrencia al momento?
—Necesitas a alguien mejor a tu lado… Yo no soy…
¿Realmente iba a escuchar esos disparates? Primero los de la "mejor clase" y ahora ella con esa estupidez. Se volvió al camino principal, sujetándola de la muñeca, mas ella se puso firme en su lugar y no pudo moverla.
—Nosotros no… y podré dejar de amarte. —Algo en sus palabras hizo que su cuerpo se tensara; era el modo determinado de hablar que provocaba que se esforzara por conseguir las cosas. Y las conseguía. ¿Qué trataba de decir? ¿Qué se proponía?
Se volvió, enfocando la mirada en sus ojos resolutivos.
—Podré encontrar a alguien… que sea adecuado… para mí —pronunció, alzando la cabeza, aun entre sollozos.
De eso, nada. Ni se le ocurriera hacer algo así. Ella era su novia y él decidía si dejaba de serlo o no, y lo último no era una opción. Mucho menos daría oportunidad a que alguien como Ikezawa se aprovechara de la oportunidad.
—Eso haré. Yo… dejaré de… amarte…
—Kotoko, cállate —espetó, acorralándola a la pared.
Ella negó con la cabeza y él apretó los dientes, temiendo el que pusiera su mente en ello. Kotoko le gustaba, no dejaría que se apartara y no la quería ni imaginar con otro.
Kotoko trató de hablar.
Estampó sus labios sobre los de ella, bruscamente. —Cállate —le dijo. —Déjate de tonterías.
Ella era quien le gustaba y era él quien tomaba decisiones por sí mismo, y a quien escogió como novia era ella. Y no le gustaba ni quería… odiaba escucharla decir que estaría con otro. Otro a quien ella le ofreciera su lealtad incondicional, sus sonrisas, sus besos, su confianza, su esfuerzo, sus estúpidos regalos, su efusividad, su inocencia, su entusiasmo, su apoyo; lo que era con él.
Que ni lo pensara.
—Naoki-kun.
—Calla —insistió, y volvió a presionar sus labios sobre los suyos, para borrar con ese beso sus palabras, en la mente de ella y en la de él.
Así que la besó con arrebato, mordisqueando sus labios y tragándose sus jadeos, con el objetivo de eliminar esas falsas impresiones y creencias, de quitarle de la cabeza que no era la adecuada para él y que no podía escoger a quien así lo deseara, y que podía tomar la decisión de apartarse y pensar que él no tenía nada que decir.
La besó porque, demonios, la sola idea de imaginarla con otro, le hacía rabiar.
NA: La graduación se merecía capítulo largo. Hoy concluí mis clases antes. Así que aquí va.
¿Se esperaban lo del botón? Pero era que ella tuviera el suyo al de Ikezawa, y él no lo iba a echar en falta. Además, yo quería que Kotoko tuviera el botón y punto ;) ... No hubo foto, era una cosa u otra je,je.
Los sucesos de la ceremonia, esos me encantan, para qué lo niego, así que los utilicé, lamento la falta de novedad allí ja,ja.
Supongo que de todo se quedan con el final; no iba a humillarla ante todos, y por ende ella tampoco iba a mostrar la fotografía, pero sí debía haber un detonante para su malestar, el que se inmiscuyan en sus asuntos... además de ella dejándolo. Creo que compartimos la idea de que él sabe que, cuando Kotoko se propone algo, hace todo lo posible por conseguirlo. No nos íbamos a quedar sin el beso de graduación. Y ese temor de él de quedarse sin lo que ella le da. (Que sea para otro, esos celos). La verdad es que rabia puede ser algo fuerte, pero... ustedes juzgan siempre ;)
Pero ese no piensa que ella tiene todo el derecho a decidir... bueno, ests es parte del chico que se comrometió con otra y cuando su amada iba a hacerlo no se quedó contento, ¿qué otra cosa podía poner?
Espero disfrutaran la lectura.
Muchos besos, Karo
Guest: Je,je, quedo conforme con que el capítulo fuera de tu gusto, más lo de "San Valentín". Por lo que quieres saber de Kotoko, no estamos muy lejos de ello, y ojalá que esa parte sea de su agrado. Gracias por comentar :)
Guest 2: (me imagino quién eres, pero no me arriesgo a enviarte MP). Sí, actualización doble, a mí también me gusta :) - Me encanta que prefieras este fic, es en el que dediqué bastante más tiempo y cabeza, yo también lo prefiero. Y ya se ponen más cercanas las cosas entre ellos, lo que es peor para Naoki... Kotoko sería buena maestra y también en cierta medida como enfermera no le va tan mal, pero con un poquito menos de ímpetu a la hora de atender heridas, le quedaría excelente. Gracias por tu atención a mis fics y por comentar :)
Extractos del capítulo 22:
—¡Déjalo! —exigió Kotoko entonces—. Él es no es tuyo, sino… ¡MÍO! —reclamó, de un modo muy posesivo. Él reprimió una sonrisa.
Naoki se puso en pie, limpiando su boca. —Que aprovechen.
Kotoko asintió, aunque no dejaba de ver a Matsumoto, quien observaba atenta, a su vez, a su novia.
—¡Irie-san! —le llamó Matsumoto, pero la ignoró.
Ya saben que no deben fiarse de mí, todo se aclarará en el próximo capítulo: Las puertas de la vida se abren
