Arthur no dejó en ningún momento el cuerpo de Merlin. Uno de los caballeros, su segundo al mando, Sir Leon se ofreció para cargar con él, pero el príncipe se negó. Lo quería tener cerca, sintiendo su corazón latiendo todo el rato contra su pecho y escucharle respirar. Deseaba ver que abría los ojos y lo viera allí, con él, protegiéndole como debería haber hecho desde un primer momento, llevándole a casa, al lugar seguro.
Subió al caballo y puso a Merlin entre sus brazos, a veces despierto, a veces inconsciente, soñando con algo que Arthur no sabía lo que era, pero le escuchaba hablar en sus ensoñaciones durante el viaje de vuelta a casa, sobre cosas que no siempre eran bonitas y apacibles.
Le hubiera gustado tanto poder hacerle sentir mejor, poder decirle que todo estaba bien, que iban de camino a casa y que no tenía porque preocuparse. Pero Merlin había pasado por mucho y sabía que sus palabras, después de cómo le había traicionado, por mucho que su compañero no dijera nada; no iban a servir de mucho.
Durante un alto en el camino, al llegar junto a un río, Arthur desmontó y llevó consigo el débil cuerpo de Merlin hasta la orilla. Apoyó la espalda en un árbol que daba buena sombra y apartaba el sol y recostó al joven mago sobre él.
"No se como puedes perdonarme después de lo que te he hecho pasar." Se acercó a su cabeza y le besó, notando las lágrimas que comenzaban a fluir por sus ojos y caían por las mejillas hasta dar con el rostro de Merlin.
El chico abrió los ojos, aunque le costaba enfocar lo que veía a causa de la fiebre. Vio un cuerpo, una persona que sostenía su cuerpo y que al mismo tiempo le mantenía caliente. Se sentía bien entre aquellos brazos, que todavía tardó unos segundos en comprobar que se trataban de los de Arthur.
"Buenos días." Dijo el príncipe con una sonrisa, que escondía el verdadero terror que discurría por su cuerpo.
En completo silencio todavía, Merlin levantó la mano, sonrió y con las yemas de sus frágiles y temblorosos dedos tocó los labios del príncipe. Casi le hizo llorar; la sola idea de no haber vuelto a por él, de haber tenido que encontrar su cadáver días después o lo que era peor todavía, no encontrarlo nunca, le destrozaba el corazón de tan solo pensarlo.
"Creía que habías sido un sueño, que las parcas venían a por mi transformadas en la persona que más quería, para que mi paso a la muerte no fuera tan traumática para mi."
"Vamos Merlin, no digas eso. No vas a morir, ni ahora ni nunca, porque voy a estar aquí para protegerte." Arthur tomó la mano del brujo y besó su palma repetidas veces.
No miró que ninguno de sus soldados le viera, le daba igual, pues el solo hecho de estar con Merlin y saber que se pondría bien, ya era más que suficiente para él. Además, tenía un aliado, la única persona más allá de Gwen o Gaius a la que le había hablado de su relación con Merlin.
Había sido unos días antes, cuando quería protegerlo de los hombres del bosque. Se lo había contado, necesitaba hacerlo para estar seguro que cuidaría de Merlin como si se tratara del mismo príncipe.
Entonces, el hombre se había quedado sorprendido por la tremenda revelación efectuada por el príncipe, pero no le hizo falta mucho más, para ver en la mirada de su señor, que estaba siendo completamente sincero y que si había algo cierto en lo que le estaba contado, era que estaba completamente enamorado, del que para todos los demás en el reino no era más que su sirviente. Para Arthur, en cambió era el amor de su vida.
Ahora, en medio del bosque, Leon había dado órdenes a todos los soldados y había conseguido mantenerlos alejados del claro en el que se encontraba el príncipe con Merlin. Él por su parte, algo apartado, miraba la escena, con cierta incredulidad, al mismo tiempo que cariño.
Llevaba mucho tiempo con Arthur, más que suficiente que Arthur siempre hacía las cosas de todo corazón y cuando se trataba de defender a la gente que más quería, daría lo que fuera por ellos.
Ahora lo veía, hablando con Merlin, aún desde lejos podía ver la expresión en sus ojos de miedo a perder al joven sirviente, la expresión de sentirse mal consigo mismo y sobretodo al del amor incondicional que sentía por Merlin.
"Vamos a volver a casa, te llevaré con Gaius y el sabrá como hacer para que recuperes las fuerzas cuanto antes." Merlin sonrió al notar los dedos de Arthur recorriendo su espalda delicadamente. Suspiró y cerró los ojos, por primera vez en varios días, se sentía realmente bien y tranquilo.
Pero entonces lo recordó, pese a que su mente no estaba centrada en lo que había pasado, pues la fiebre no le dejaba recordar con exactitud los hechos; ni siquiera estaba seguro cuantos días había pasado en aquella cueva; lo que no podía quitarse de al cabeza, era el hecho de que Arthur sabía su secreto y las consecuencias que eso podía tener el su futuro.
"¿Qué vas a hacer conmigo?" Dijo Merlin, con los ojos todavía cerrados, sintiendo que poco a poco se volvía a quedar dormido, tan vez inconsciente, porque su cuerpo, agotado, necesitaba descansar.
"¿A que te refieres?"
"Arthur, no me lo pongas más difícil se que conoces mi secreto, por eso me dejaste, por eso me dijiste que no volviera a Camelot. Y eso no ha cambiado, sigo siendo así y si se entera, tu padre me matará."
Merlin se estremeció había escuchado las historias sobre lo que les ocurría a la gente que disponía de magia en Camelot. Ahora tan sólo quedaba él y en cuanto Uther se enterara de la verdad, él sería la siguiente víctima torturada y asesinada por su don. Para eso prefería no volver y si era preciso prefería morir en el bosque, que tener que sufrir aquello.
"Mi padre no se enterará y nadie en el reino sabrá nada de tu secreto, te lo prometo. Tienes que confiar en mi." De nuevo cogió sus manos, frías y todavía temblorosas y las apretó con fuerza. "Se que no te será fácil después de dejarte aquí tirado, pero te lo pido de todo corazón, confía en mi, cree en mi palabra de que nadie te va a poner una mano encima, nadie se va a volver mirándote y señalándote. Estás y siempre estarás bajo mi protección."
"Te creo, además… sabía que volverías a por mi."
Durante un momento los dos se miraron a los ojos y Arthur se preguntó si Merlin también tenía la capacidad de leer la mente de alguna forma. Aquellos ojos azules, que a veces parecían que le penetraban, le hacían sentir indefenso y completamente desnudo de alma, frente a su amante; como si cualquier mentira por piadosa que fuera, Merlin fuera a reconocerla como tal.
Se acercó a él y junto sus labios con los del joven mago. Hacía días que no lo hacía con la tranquilidad con lo que podía hacerlo ahora, sintiendo que estaban juntos, que nada podría separarlos nunca. Merlin abrió su boca y rodeó lentamente el cuello de Arthur con ambas manos.
Todo el cuerpo le pesaba demasiado y cualquier movimiento lo sentía como si estuviera tirando de un carro lleno de piedra. Pero aún así, se incorporó con movimientos extremadamente lentos e indecisos y juntó su cuerpo, todo lo que pudo al de su amante.
"Te quiero." Susurró en el oído de Arthur, justo antes de sentir los labios del príncipe besándole el cuello de la forma más tierna y sincera que lo hubiera hecho nunca; como si fuera la primera vez que le besara, la primera vez que sentía su cuerpo caliente y fuerte contra él.
Se dejó querer, como si de un gatito en busca de calor se tratara. Dejó caer su cuerpo sobre los brazos que le sostenían, pues ya estaba cansado, los ojos se le cerraban solos y su mente había dejado de trabajar. Las manos de Arthur recorriendo lentamente su espalda, le hacían sentir como si estuviera en medio de la corriente de un río tranquilo y sereno que le llevaba a un lugar bello y tranquilo; donde no podía ocurrirle nada malo.
"Duerme ahora mi niño, cuando despiertes estaremos en casa."
Merlin sonrió, pues sabía que Arthur tan sólo usaba ese término cariñoso con él y al joven mago le gustaba decírselo y hacerle rabiar, porque entonces el príncipe decía que era algo demasiado cursi y ñoño.
No tardó en hacerle caso y dejarse llevar por el sueño, suspiró con fuerza, justo antes de sentir que flotaba, cuando en realidad, era Arthur el que lo estaba cogiendo otra vez en brazos, se sentía protegido por una fuerza misteriosa, cuando en realidad era el príncipe que lo había apretado contra su cuerpo y notó un calor suave y cálido que le hizo sentir seguro, cuando fue Arthur el que le dio un pequeño beso en la frente, pues hasta que llegaran a Camelot y mientras estuvieran rodeado de su caballeros, no podría demostrar ninguna muestra de verdadero amor hacia él.
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Gaius los esperaba en las escaleras del castillo, con Gwen a su lado, pues había escuchado las noticias traídas por uno de los caballeros, diciendo que el príncipe había encontrado a Merlin. El viejo médico no podía estar más feliz, al igual que Gwen, ahora que sabían que el muchacho regresaba a casa.
Sin embargo, los dos contuvieron la respiración al mismo tiempo, al ver como entre sir Leon y Arthur bajaban del caballo a un inconsciente Merlin. Leon lo depositó en brazos de Arthur, que lo cubrió con su propia capa, pues notaba su cuerpo frío.
Gaius depositó sobre Arthur una terrible mirada. Casi le odiaba por todo lo que le había hecho pasar al muchacho que estaba a su cargo y ahora temía que si el príncipe sabía su secreto, pudiera poner en peligro todavía más, la vida de su sirviente. Hablaría con él cuando tuviera tiempo y cuando estuviera seguro que Merlin estaba cuidado y fuera de peligro.
"Llevadlo a mi casa." Le dijo de forma seca y decidida Gaius al príncipe. Sus problemas personales ya los solucionarían más adelante.
Merlin despertó casi una hora más tarde, acostado en su propia cama, cubierto por dos mantas y con tres personas en la oscuridad de lo que era casi noche, pues el sol casi había desaparecido.
"Está despertando. Esa es una buena señal ¿no?"
"Arthur…"
El príncipe se sentó en la cama y cogió su mano, le sonrió, aunque apenas podía verlo, al menos podía sentir el contacto con sus manos y eso le hacía sentir bien.
"No sabes el susto que nos has dado, pero ahora todo está bien, ya lo verás." De nuevo Arthur besó sus manos y las acarició con dulzura, al mismo tiempo que cierta firmeza. "Voy a cuidar de ti."
"Deberías estar con el rey, se va a molestar si pasas tanto tiempo conmigo." Merlin s estremeció, tanto por el frío que recorría su cuerpo, como por la idea de molestar a Uther y que pudiera pagarlo con él.
"Lo se," Le dio un beso en la frente y le acarició la mejilla, por cierto pudor a que Gaius y Gwen estuvieran allí, mirándole, pero un momento después decidió que eso ya no importaba y que si quería que el médico le perdonara por lo que le había hecho a Merlin, tenía que demostrar delante de él, que realmente le quería, que estaba enamorado de él.
Por eso, se acercó a él y le dio un beso en los labios, se quedó ahí un momento, sintiendo el suave contacto de la boca de Merlin y lo escuchó suspirar tranquilo.
"Volveré esta noche, cuando estés dormido y estaré aquí cuando despiertes, antes de que mi padre me eche en falta. Siempre voy a estar a tu lado y nunca volveré a fallarte." Se acercó a su oído, pues Gwen no debía escuchar aquello. "Tu secreto siempre estará a salvo conmigo."
Merlin sonrió mientras volvía a cerrar los ojos, se acurrucaba en la cama y se volvía a dormir.
"Debo marcharme, Morgana me echará en falta." Gwen se fue sin más, mucho más tranquila ahora.
Arthur también se disponía a marcharse cuando la voz de Gaius le detuvo.
"Tenemos que hablar, ahora que sabes su secreto, tanto tu como él estáis en peligro y no me refiero solo a tu padre."
"Lo se, pero no me importa, cometí un fallo y no volverá a ocurrir. Merlin estará seguro conmigo."
"Espero que tengas razón."
