Muchas gracias por vuestros reviews a: ZAVACULLEN, Emi Cullen Vulturi, Saha Denali, lupita-jely-C, DANI DA, mamu144, Sakura-Cullen58, janalez, Fran Cullack.


—Tengo miedo ¿y si está muerto? —le dije alarmada mientras estábamos escondidos en su habitación.

Sus padres no estaban y no se nos ocurrió otro lugar mejor para refugiarnos.

—No, aún respiraba... —me tranquilizó—. O eso creo...

Estupendo, ese último "o eso creo" me había vuelto a poner nerviosa.

¿Y si estaba muerto? Ambos iríamos a la cárcel por asesinato. Nuestras vidas estarían rotas para siempre y nadie nos volvería a mirar nunca igual.

Puede que yo no fuera quien le había pegado esa brutal paliza, pero yo había sido la causante y me había quedado mirando, por lo que era cómplice de lo sucedido.

—Tal vez no debimos salir huyendo, debí acercarme y comprobar que seguía vivo, pero yo... no podía pensar con claridad y sólo podía pensar en alejarme de ahí —en realidad no estaba hablando ahora con Edward, sino conmigo misma en voz alta, estaba fuera de mí.

El pánico me dominaba.

Edward me abrazó intentando tranquilizarme.

—Salgamos de dudas —me dijo tras unos minutos de abrazarnos en silencio y sacó el móvil.

—¿A quién vas a llamar? —pregunté aún abrazada a él sin dejar de temblar por el miedo.

—A Emmett, ya deben haberle encontrado. Si está muerto pronto lo sabremos —me explicó y se puso el teléfono al oído esperando que Emmett descolgara.

Pero frunció el ceño y terminó colgando.

—No me responde, no debe haber oído el móvil con tanto jaleo, pero eso es buena señal —me dijo.

—¿Por qué?

—Porque de estar muerto la policía estaría ahí y habrían desocupado el local, pero si sigue habiendo música es porque sólo le habrán encontrado inconsciente en el suelo, deben haber llamado a una ambulancia y lo habrán sacado por la puerta de atrás para no estropear la fiesta—me explicó ante mi cara confusa—. Si no es grave los dueños de los locales siempre intentan ocultar lo sucedido para no tener pérdidas esa noche, sobretodo teniendo en cuenta que tienen pinchando a un DJ famoso...

Eso sí consiguió tranquilizarme.

Porque si sólo estaba inconsciente no pasaría nada, ya que Riley no se atrevería a denunciar porque sabía que entonces todo se descubriría. Descubrirían que se había aprovechado de mí y podría ir a la cárcel por violación.

Dejaría de vivir en ese lujoso apartamento para vivir en una celda de cuatro por cuatro con compañero de habitación.

Pero para librarnos Riley debía seguir vivo y sólo esperaba que Edward estuviera en lo cierto.

—Gracias por defenderme —le dije después de estar más de una hora en silencio, estábamos tumbados en su cama mirándonos frente a frente, pero en silencio.

Y no quería que pasara más tiempo sin agradecerle lo que había hecho por mí. De no ser por él Riley me habría violado... otra vez. Porque aunque las otras veces fuera consentido nunca lo fue en realidad, porque no era yo la que accedía a tener sexo con él por alcohol, sino el alcohol era el que accedía por mí y eso para mí era violación, él sabía de mi adicción y se aprovechó de ello.

Edward me sonrió tristemente y negó con la cabeza con una expresión ausente.

—No tienes nada que agradecer, yo te metí en esto. Siento que si no te hubiera tratado como lo hice tú nunca habrías necesitado beber para olvidar, fue mi culpa, todo esto ha sido culpa mía. Ojalá nunca me hubieras conocido... la vida te habría ido mucho mejor... —me dijo con voz vacía y deprimida mientras se levantaba y se sentaba en la cama, dándome la espalda.

Yo le miré en silencio. Sus palabras despertaron en mí algo que no sabía muy bien qué era, pero el corazón se me encogió y sentí una profunda tristeza. Me dolió oírle hablar así.

Y fue como si en ese momento no pudiera pensar con claridad, sólo quería consolarle. Necesitaba decir algo que le animara. Y me dejé llevar...

—No digas eso... —solté de repente por impulso, mi tono de voz estaba teñido por la misma tristeza con la que sonaban las palabras de Edward—. Es cierto que tal vez mi vida hubiera sido más fácil si no te hubiera conocido, te mentiría si dijera lo contrario, pero...

Edward giró un poco el rostro para mirarme, sorprendido.

—¿Pero?

Le sonreí y me levanté un poco para abrazarle por la espalda.

—Pero de no haberte conocido no habría sabido lo que es el amor —le susurré y noté que Edward se tensaba por mi repentino abrazo, pero sólo fue un instante, enseguida se relajó.

Nos quedamos abrazados así apenas segundos, pero fue una sensación muy rara, sentí como un déjà vu. Sentí lo mismo que sentía cuando de pequeña abrazaba a Edward. Y tal vez debido a eso cuando Edward se giró, aún atrapado en mi abrazo, me incliné hacia él.

Edward notó mis intenciones y cerró los ojos acercando su rostro al mío. Nuestros labios se unieron en el primer beso sincero que nos dábamos después de tantos años.

Y fue en ese instante que desperté. ¿Qué estaba haciendo? ¿por qué había dicho eso? ¿qué cable se me había cruzado para decir eso? Podría haber dicho mil y una frase para animarle que no implicaran besarle y mucho menos soltarle esa cursilada.

Sin embargo mis labios habían hablado por sí solos y me arrepentí.

El beso se interrumpió rápidamente cuando el móvil de Edward sonó. Nos separamos avergonzados por ese arrebato y Edward respondió.

Yo aproveché para llevarme la mano a los labios y noté que estaba sonrojada. Pero inmediatamente recordé que esto había sido un error, me había dejado llevar por el momento y sólo quería consolar a Edward... pero entre él y yo ya todo había acabado. Y me maldije una vez más por la estupidez que acababa de cometer.

Por eso cuando Edward colgó yo hice como si no hubiera pasado nada.

—Era Emmett, le he preguntado si ha pasado algo en Eclipse y me ha dicho que no, o bien Riley se ha ido por su propio pie o lo han sacado sin llamar la atención —me dijo tranquilizándome y por primera vez en la noche pude respirar tranquila. Suspiré aliviada—. Y Bella, respecto al...

Intuí lo que iba a decir y le interrumpí.

—Bueno, ahora que ya sabemos que no está muerto ya puedo irme a mi casa. Mamá debe estar preocupada por mí —musité nerviosamente y me bajé de la cama.

—Espera, Bella, necesitamos hablar... —me pidió, pero yo no quería herirle, si hablábamos le tendría que repetir en voz alta que no quería nada con él. Que lo sucedido había sido un error. Y aunque era la verdad no quería decírselo para no herirlo de nuevo, ahora me dolía tratarle mal, ya no podía, Edward era mi mejor amigo y no quería verle mal por mi culpa. Así que pensé que lo mejor era evitar el tema.

—No, Edward, estoy cansada, sólo quiero regresar a casa y comprobar que mamá está bien, me voy... y gracias —exclamé antes de salir precipitadamente de su cuarto y de su casa.

Pero oí que Edward me seguía rápidamente antes de que pudiera desaparecer en la oscuridad de la noche.

—¡Bells, espera! ¡Te acerco, es tarde! —me gritó y no pude negarme, por lo que terminó acercándome a casa, pero no hablamos durante todo el trayecto.

Y ambos sabíamos el porqué.

Edward intuía que me había arrepentido del beso y no sacó el tema, cosa que agradecí.

Pero era cierto lo que le había dicho, no me arrepentía de haberle conocido, porque yo de verdad estuve enamorada de él y agradecía haber experimentado un sentimiento tan maravilloso, no mentí en eso.

Sin embargo ese sentimiento se deformó demasiado con todo el daño que me hizo, yo aún seguía demasiado herida y a pesar de todo no era capaz de volverle a amar como antes, porque el tiempo también había cambiado mis sentimientos.

Y ahora sólo le veía como mi mejor amigo, el mismo que estaba a mi lado apoyándome y ayudándome a superar mi adicción.

Pero nada más, había sido un error por mi parte besarle, pero en ese momento sentí que era lo correcto, dejé de pensar y me dejé llevar por esa parte de mi interior que aún seguía sintiendo cosas por Edward.

Porque sentir seguía sintiendo cosas por él, pero nunca volvería a ser como antes, mi corazón se había roto de forma irremediable y nunca podría volver a amarle como lo hice tiempo atrás.

Yo sólo quería una amistad con él, incluso aunque quisiera darle otra oportunidad no podría, porque yo ya no veía a Edward como pareja, sino que había vuelto a verle como lo que siempre había sido: mi mejor amigo.

Y Edward y yo eramos los mejores en ese terreno, pero cuando habíamos intentado dar un paso más la vida nos enseñó que Edward y y no estábamos predestinados a dar ese paso juntos.

Con el tiempo ambos conoceríamos a la persona correcta para dar ese paso, pero no eramos nosotros y a la fuerza lo habíamos aprendido.

Al menos yo. Pero tarde o temprano Edward se daría cuenta de lo mismo y podría dejar nuestro tortuoso y dañino noviazgo atrás. Porque aunque él hubiera sido el que me había hecho daño a mí, él también sufría ahora al darse cuenta del daño que me había hecho. Y para él sería peor, porque yo ya lo había superado y podía seguir con mi vida.

Pero para él sería algo que cargaría en su conciencia para siempre y eso era mucho peor que cualquier cosa. Porque la conciencia es el mayor enemigo de uno mismo.

Y este noviazgo nuestro sólo nos había herido demasiado a ambos, por eso era hora de cerrar este capítulo de nuestra vida.

º º º

—¿Mamá? —la llamé nada más entrar en casa. Pero no obtuve respuesta.

Pensé que tal vez se había ido a dormir ya que las luces estaban apagadas. Miré el reloj y vi que eran casi las tres de la madrugada, me sorprendí, ni siquiera sabía que era tan tarde. Me lamenté por llamarla, esperaba no haberla despertado.

Subí arriba en silencio y me asomé a la habitación de mis padres, ambos estaban dormidos. Lógico, a estas horas papá también había regresado.

Pero no sabía por qué pensaba que era más temprano, el tiempo con Edward había pasado tan rápido que aún se me hacía raro que ya fueran esas horas.

No le di más vueltas y me fui a dormir.

Pero poco después de que me quedara dormida unas caricias me despertaron, abrí los ojos adormilada y vi a mi madre sentada en mi cama.

Estaba oscuro y no podía verla bien, pero sabía que era ella la que me acariciaba.

—¿Mamá? —exclamé adormilada.

—Sshh... Kelia, soy mamá, tranquila, sólo quería darte las buenas noches —¿pero qué...?

Intenté enderezarme un poco en la cama, pero mamá no me lo permitió.

—Mamá, ¿estás bien? —le pregunté, pero me chistó para que bajara la voz.

—Calla, vas a despertar a tu hermana —y a pesar de no verle los ojos supe que estaban dilatados, debía sufrir de nuevo alucinaciones.

Y me maldije por no tener la cámara a mano... pero papá estaba en la otra habitación, si le llamaba para que viniera se daría cuenta de que mamá no estaba bien.

Pero sentía algo de miedo de alterarla si llamaba a gritos a papá...

—Estoy muy orgullosa de ti, pequeña, el dibujo que me has hecho antes era precioso, lo he puesto en la nevera... —me empezó a decir con voz ausente, pero sin dejar de acariciarme el pelo.

Me di cuenta que debía estar teniendo una alucinación en la que Kelia aun seguía viva y por lo del dibujo en la nevera imaginé que nos debía estar viendo de pequeñas.

Por aquella época a Kelia le encantaba dibujar y siempre mamá colgaba sus dibujos en la nevera.

Los míos en cambio los tiraba a la basura... por lo que en vez de dibujar al final me aficioné desde pequeña a la lectura.

Debía avisar a papá y tuve una idea.

—Te he hecho otro dibujo, mamá, deja que te lo muestre —le dije levantándome y esta vez sí me lo permitió, ilusionada con una sonrisa, esperando impaciente que se lo enseñara.

Y me fui rápidamente a la puerta para abrirla, pero no sé si fue el casi correr a la puerta o un cambio en el nivel de la alucinación, pero mamá empezó a mirarme raro, confusa.

—¿Bella? ¿te hemos despertado? Lo siento, cariño, Kelia iba a enseñarme uno de sus dibujos —me dijo aún confusa y empezó a buscarla por la habitación, pero ahora sólo me veía a mí.

Supe que tendría que haber salido corriendo e ir a avisar a papá, pero ver a mamá en ese estado era tan irreal y difícil que no supe reaccionar y me quedé paralizada mirándola.

—Mamá... yo... —pero mamá ya no me escuchaba, se veía aterrada y vino hasta mí histérica cogiéndome del brazo furiosa, como hacía de pequeña cuando me reñía.

—¿Qué le has hecho a tu hermana? ¿dónde esta? ¿Dónde esta Kelia? —me preguntó alarmada y con pánico sin soltarme, volviendo a buscarla por la habitación.

Mamá me dio más miedo que nunca y grité.

—¡PAPÁ! —pero mamá me tapó la boca y no pude seguir gritando.

—¡¿Por qué gritas?! ¡¿Estáis compinchados Charlie y tú?! ¡¿qué le habéis hecho a mi pequeña?! ¡Dime qué le habéis hecho! —me empezó a gritar zarandeándome violentamente.

Yo empecé a llorar al ver a mi madre en ese estado.

¡¿Cómo era posible que papá no se despertara con todos los gritos que salían de mi cuarto?!

"Últimamente apenas duerme por culpa del trabajo y debe estar muerto del cansancio", pensé. Debía ser eso, porque cualquier otra persona ya se habría despertado.

—¡No le hemos hecho nada, mamá! ¡Ella está muerta, asúmelo de una vez! —le grité y mientras lo gritaba me arrepentí.

No debería haber provocado a alguien que sufre un brote psicótico y enseguida lo supe cuando empezó a golpearme contra la pared violentamente.

Mi cabeza golpeaba contra la pared de tal forma que sentí empezar a resbalar sangre de mi cabeza, por no hablar del insoportable dolor que empecé a notar. Me dio cinco golpes más contra la pared antes de que la pudiera empujar para apartarla de mí y salir de ahí. Corrí rápidamente a la otra punta del pasillo donde estaba la puerta de la habitación de mis padres, quería avisar a papá, pero la escalera estaba en medio y mi madre me empujó por ellas mientras intentaba atraparme gritando que le devolviera a Kelia.

Resbalé y rodé por ellas hasta el piso de abajo, me quedé tendida en el suelo y noté que empezaba a perder la consciencia. Mis ojos se cerraban solos y veía todo nubloso. Vi que mi madre bajaba y me seguía gritando, pero yo ya no la oía, sus palabras sonaban distorsionadas y lejanas. Rabiosa de que no le respondiera se puso encima mío y empezó a zarandearme de nuevo en el suelo y mi cabeza volvió a golpear con fuerza el duro piso.

Notaba húmeda mi nuca y mi rostro, y por el olor que sentí en el ambiente supe sin duda alguna que era sangre. En gran cantidad. Quise llamar a papá, pero no conseguía mover mis labios y me estaba quedando dormida... mamá entonces se separó de mí y la oí trastear en la cocina.

En ese mismo instante me pareció oír una voz procedente de arriba... y justo cuando oí que abrían una puerta en el piso de arriba mamá vino hacia mí con un cuchillo en la mano, poniéndose de nuevo encima mío.

—¡Dímelo o te mato, Isabella! ¡¿Dónde está?! ¡Quieres arrebatármela porque tienes envidia de tu hermana, siempre la has tenido! ¡Por eso dices que está muerta, pero mientes, eres una mentirosa!¡Devuélvemela o te mato! ¡¿me oyes?! ¡Te mato! —lo último que pude ver, antes de notar que se me cerraban los ojos solos, fue a mamá levantando el cuchillo hacia mí.

Lo que sucedió después no lo sé porque perdí la consciencia.