TÍTULO: Licántropo y animago

AUTORA: Leslie R. Black S. Lupin (osease yo)

TABLA HARRY POTTER (Reto a la carta)

PALABRA: 6.- Azkaban

ADVERTENCIAS: Slash, lemmon bastante explicito.

Este capitulo va para Isobelhawk porque es su cumple!!!!! FELIZ CUMPLEAÑOS. Espero te guste.

21.- 12 AÑOS

Ubicación temporal: Mediados del cuarto año de Harry, durante el torneo.

La lechuza color rojizo se posó en el marco de la venta, esperando a que el hombre le hiciera caso. Soltó un chillido molesto, lo que por fin logró que la atención deseada. El inquilino de la casa se acercó al ave, desató cuidadosamente la carta que llevaba, e inmediatamente el animal echó a volar.

La pulcra y estilizada caligrafía de Albus llenaba el pergamino:

Remus:

No te preocupes, Harry está bien. Sí, la lechuza es segura. Necesito un favor viejo amigo, espero que puedas hacerlo. Requiero que des hospedaje a alguien en tu casa. Es el lugar más seguro que se me ocurre para él, todas las protecciones de la mansión ayudaran a encubrir su rastro.

Asumí que aceptarías, así que se lo comunique a él. No debe tardar demasiado en llegar. Por favor desactiva los escudos en cuanto este ahí. Te estaremos eternamente agradecidos, hijo, muchas gracias.

Albus D.

El corazón de Remus comenzó a latir muy deprisa y empezó a hiperventilar. Él vendría. Vendría a la mansión. "Está en su derecho" le dijo esa vocecita racional que siempre lo acompañaba. "También es suya."

Sus ojos se nublaron, todo su cuerpo temblaba, los estremecimientos amenazaban con romperlo, esperaba que su nuevo, "no tan nuevo", invitado…. tardara lo suficiente para que se recompusiera… demasiado pedir.

Un lobo plateado entró por la ventana por la que había aparecido la lechuza, lo miró con sus brillantes ojos blancos, el castaño le devolvió la mirada, dudo un segundo y extendió la mano, toco suavemente la cabeza del animal y el Patronus se desvaneció. Respiró profundo un par de veces y desactivó los hechizos de protección.

De inmediato un cambio en el ambiente lo puso en alerta, alguien se había aparecido. Se quedó quieto, esperando, sabía que el otro hombre lo observaba. Podía sentir su pesada mirada en su espalda "como tantas otras veces", sus pensamientos lo asaltaban, todo su ser le gritaba que se volviera, que encarara al recién llegado. Sin embargo, su miedo, su pena, su dolor podían más que el deseo de hacerlo.

Tal vez fueron segundos, tal vez una eternidad. Escuchó los pesados pasos de la persona a su espalda, se estremeció, su sola cercanía lo despertaba.

-Monny- la voz, no usada recientemente, sonaba áspera, ronca, más de lo que recordaba. Sintió la mano en su cadera, tembló. –Monny- volvió a llamarlo.

-Sirius- murmuro todavía de espaldas. Al escuchar la suave voz de Remus, rota, trémula, el moreno lo abrazó por la espalda. Inspiró profundamente. "Merlín. Que no me rechace" rogó Sirius. Aspiró el cálido aroma de Remus. El cuerpo entre sus brazos tembló. Por fin el castaño se volvió hacia el. Se miraron. Por fin. Solos. Ellos dos. Solos. "Juntos" pensaron ambos.

Remus se observó en los azules ojos de Sirius, no veía nada más, sólo sus ojos. Llenos de dolor, de tristeza, soledad, miedo, incertidumbre. "¿Dónde estas Paddie?" los aterrorizados pensamientos del licántropo lo estremecían.

Los ojos miel, que tanto había añorado todo ese tiempo, estaban frente a él. "Es real" se repitió. "Es real. Esta aquí." Tantas veces, en sus noches de pesadillas, soñaba encontrarlo, para después despertar gritando al darse cuenta que no era cierto, que no había nadie ahí, que estaba completamente solo. Remus lo miraba intensamente. Interrogándolo. ¿Por qué? Le increpaba en silencio. Sus ojos le preguntaban. Le carcomían el alma.

Por que desconfié

Rompí mi promesa

Tenía tanto miedo

Creí que eras tú

Su último pensamiento lo hirió.

Remus. ¡¡¡Había pensado que Remus era el traidor!!!

Se derrumbó.

Su cuerpo se sacudió por un sollozo desde el fondo de su alma. Remus alcanzó a sujetarlo antes de que cayera al suelo. Hacia 12 años jamás habría podido levantarlo. El cuerpo ente sus brazos era delgado, ligero. Lo colocó con facilidad entre sus brazos. Cargándolo. Mientras el moreno lloraba, en silencio, un llanto amargo, tremendamente doloroso. Empujó la puerta de su habitación con la espalda. Con cuidado atravesó el umbral, su cama estaba desarreglada.

Recostó a Sirius, se acomodó a su lado, abrazándolo, envolviéndolo completamente. Sollozaba contra su pecho, empapándolo. También él lloraba, silenciosamente. Había aprendido a hacerlo de esa manera, guardándose el dolor para el solo, las lágrimas rodaban por sus mejillas, yendo a parar entre los largos cabellos morenos. Se mantuvieron así. Uno contra el otro. Aferrados a lo que creían haber perdido, y ahora; después de todo, después de tanto, volvían a tener entre los brazos.

Ninguno supo cuanto tiempo pasó. Ni quién se durmió primero. Después de un par de horas, cuando no tuvieron fuerza para continuar llorando, ambos cayeron rendidos.

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Abrió los ojos. Alerta. Dispuesto a lanzar un hechizo. Su cerebro tardo tres segundos en procesar la información que percibía. El dosel se le hacía familiar. Tardo dos segundos más en reconocerlo. Sintió entonces el reconfortante peso en su antebrazo y percibió el brazo sobre su abdomen. Se giró lentamente. Sin permitir que la extremidad resbalara de su cuerpo.

Monny dormía. Plácidamente. Respiraba profundo. Se deleitó observando el rostro surcado de cicatrices. Había muchas más de las que recordaba. Sintió un dolor sordo en el fondo del estomago. Doce años desde la ultima transformación juntos. Levantó su mano, acarició un surco antiguo, nacía debajo de la oreja, saliendo ligeramente hacia el pómulo. Recordaba esa cicatriz. Séptimo. Jugaban. Remus intentó derribarlo, pero el perro fue mas rápido, lo esquivó, pero la fuerza que llevaba el lobo era demasiada, no logró detenerse, derrapó y una rama rasgó su rostro. Después de eso Sirius lamió la herida, mientras el licántropo se quedaba quieto, en sus cuartos traseros, permitiéndole terminar.

Los ojos dorados se abrieron. Parpadeó un par de veces y lo miró, con incredulidad. Se sostuvieron la mirada.

Tantas preguntas.

Tantas repuestas dolorosas.

Tantas verdades necesarias.

Sirius abrió la boca. Uno de las manos de Remus se levantó rápidamente, colocando un dedo para sellarlos. Cerró los ojos. Suspiró.

-Sabes que no es necesario- le dijo el castaño.

-Sí lo es- contradijo, tomando la mano y besando suavemente el dorso. –Necesitamos hablar.

- Antes- se rindió Remus –necesitamos desayunar. Después podemos hablar. Es demasiado para escuchar con el estomago vacío- el moreno le brindo una sonrisa triste. Asintió. Se levantaron.

Después de desayunar subieron las escaleras. Sirius no necesitaba preguntar porque Remus dormía en la planta de abajo. El dormitorio le traería demasiados recuerdos.

El castaño suspiró, le costaba trabajo entrar a esa habitación, durante mucho tiempo, después del asesinato de James y Lily había pasado horas ahí, llorando, aferrado a la almohada de Sirius, preguntándose que había sucedido, en que momento se habían roto, en que momento todo aquello que tenían no había sido suficiente. Llegado un momento había decidido no volver a entrar, colocó hechizos sobre las cosas para que se mantuvieran indemnes, y cerró la puerta. No había entrado desde entonces.

Volvió a suspirar antes de murmurar un hechizo y abrir la puerta de la habitación. Todo dentro estaba reluciente. Se dirigieron inconscientemente al sillón frente a la ventana, testigo de tantos momentos. Se sentaron en silencio.

-Yo… -inició Sirius. Remus lo interrumpió.

-Se lo que pasó- miraba ausentemente hacia la ventana. –Después de la última misión supe que algo sucedía- respiró profundamente, tratando de pasar el nudo de su garganta. Durante todo ese tiempo había analizado cada instante de su relación. Sabia cual había sido el momento de quiebre entre ellos.

- Todos teníamos miedo- murmuró bajando sus ojos azules y abrazando sus piernas. –Demasiados secretos.

-No pensamos en eso- puntualizó Remus – en todo lo que tendríamos que guardarnos, por el bien de las misiones.- Posó sus ojos en Sirius –no medimos las consecuencias.

-James y Lily-

-Deja de culparte Paddie- la calidez de Remus al decirle así lo reconfortó un poco.

-Confié mas en él- se llevó las manos a la cara.

-Yo no hice nada por salvarte.

-No podías.

-Podía haber luchado. No debí dudar- tembló. –Yo TENIA que saber que no podrías haberlo hecho- la voz de Remus salió más alta al decir lo último.

-Permitimos demasiadas dudas.

-¡¡Pasaste 12 años en Azkaban!!- gritó el licántropo levantándose de golpe. –¡¡Todo el tiempo!!- se corto –todo este tiempo- bajó la mirada, -te creí culpable- sollozó, sentía el peso de esa duda. Lo había sentido cada instante durante todo ese tiempo. Había dudado. Él, él que debía haber confiado ciegamente en Sirius, había dudado.

Sirius se incorporó. Colocó sus manos en los hombros de Remus, mirándolo, esperando que levantara el rostro. Por fin. Remus lo observó.

-Tu pasaste estos 12 años en tu propia prisión- le recordó mirándolo. –Ambos sabemos que así fue.

-Traté… - respiró –trate de que me dieran a Harry- apartó la mirada. –Dumbledore pensó que no era sensato. Que podría estar mal, por ti. También sabíamos que el Ministerio no lo permitiría.

Sirius lo abrazó. El dolor que había pasado Remus era tan grande. Demasiado tiempo solo. Demasiado tiempo separados.

-¿Cómo esta?- preguntó el moreno sin soltarlo.

-Es tan fuerte- respondió, recargado en su pecho. –Es tan maravilloso y a la vez tan doloroso estar con él- trato de explicarse –es como si…

-Me imagino- lo interrumpió –como ver a James y a Lily. Esas enormes gafas y ese horrible pelo. Y los hermosos ojos de la pelirroja- habían pasado solo unos minutos con el chico, pero entendía lo que decía Remus.

-Los extraño- confesó el licántropo. –Los he extrañado tanto Sirius.

-Perdóname- besó la blanca frente. –Perdóname - repitió, besando el cabello. Continuó repitiendo mientras besaba el rostro, suavemente, acariciando. Las manos de Remus acariciaban el delgado pecho. Tenía los ojos cerrados.

Llegó a los labios. Poso suavemente su boca sobre la del castaño. Esperando. Remus se acercó a él, uniendo sus alientos. Se besaron, explorando nuevamente, reconociéndose. Se besaron durante mucho tiempo. No tenían prisa. Cuando se acostaron; nuevamente en la habitación que había compartido, continuaron besándose.

Sabían que seria un proceso complicado. Que la transición seria dolorosa. Las barreras eran demasiados gruesas, tendrían que derrumbarlas, poco a poco, recuperarse mutuamente. Reclamar la propiedad sobre el otro. Como había sido siempre. El cansancio los venció. Se quedaron dormidos abrazados, juntos, como había sido hacia mucho tiempo.

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Aclaraciones y comentarios: Vaya, no es ni de lejos lo que quería expresar, pero juro que me he esforzado. De verdad que sí. No le hace justicia, pero jamás he experimentado emociones tan extremas, así que no se como expresarlas. Espero los jitomatazos.