Una vez más, pido excusas por la tardanza. Esos días he estado liada intentando acabar mi web. Debo informar a los lectores que este no es el último capítulo. Necesitaré uno más como mínimo. Bueno, ante todo, gracias mil a todos los que me habéis mandado reviews, los antiguos lectores y los recién llegados. Repito una vez más que si este fic sigue adelante es gracias a vosotros. Un abrazo.
Un cristal de seguridad en lugar de pared, concretamente en la opuesta a la puerta de entrada. No se habían molestado en disimularlo disfrazándolo de espejo, eso sí, estaba tintado. Una mesa en el centro de la habitación y una silla. Y por supuesto, un inhibidor de poderes. El reactor tamaño industrial que lo hacía funcionar debía estar en algún habitáculo por debajo de él, así que probablemente, gran parte de aquella parte del edificio estuviese afectada. Era curioso que ningún tecnólogo hubiese desarrollado un inhibidor de poderes portátil, el día que lo lograsen tomarían el poder sin problema.
Lo habían traído allí para asustarlo, para dejarlo solo un buen rato y que su nerviosismo fuese en aumento, para que tras unas horas, cuando entrasen a preguntar los que debían estar observándole al otro lado del cristal de seguridad, se encontrasen con un chico propenso a al colaboración para acabar con aquella creciente angustia de una vez. Pero los que lo habían encerrado allí habían cometido un grave error: el suelo estaba enmoquetado. Así que, tras unos minutos de espera, Warren se había acomodado en el suelo, puesto su chaqueta como almohada y se había vuelto hacia el muro huyendo de las luces de la sala, dispuesto a dormir.
El suelo resultaba casi acogedor cuando había una moqueta en él, sí, pero además, la sangre era muy difícil de sacar de ella. Warren lo sabía por propia experiencia, y eso significaba que en los planes de sus captores no entraba el lesionarlo, al menos no en aquella sala. No iba a sufrir malos tratos a pesar de todo el intento que habían hecho por parecer mala gente. Esa moqueta les había traicionado. Las consecuencias legales eran otro asunto, pero no eran algo sobre lo que tuviese control...
No estaba muy seguro de qué era lo que estaba haciendo allí, para qué lo necesitaba el BIS. Pero antes de eso su madre se había encargado de dinamitar todas sus esperanzas al entregarlo tan fácilmente a las autoridades. Ella no esperaba ver en él nada más allá de sus propios miedos. Para su madre él era un reflejo de su padre y no sería nunca nada más allá de eso. No pelearía por él, no confiaría en él, no le daría un voto de confianza nunca hiciese lo que hiciese... Lenora no se iba a arriesgar a cometer el mismo error que cometió con el Barón Batalla. Y era algo que le dolía tanto a Warren que ni siquiera era capaz de llorar por ello. Pero, a pesar de todo, se había vuelto hacia la pared para dar algo más de cobertura a sus sentimientos.
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Elaine apenas había hablado en el trayecto de regreso. La caja que habían recogido en la consigna de la prisión, previa autorización del Barón Batalla, pesaba en su bolso como una tonelada de ladrillos. Era muy consciente de su presencia y de las vidas que podía cambiar, porque nada que pudiese entregarle el Barón Batalla iba a ser en beneficio de ningún superhéroe.
- Estás preocupada mamá...
- Estoy pensando qué hacer. Debería tener testigos antes de tocar este objeto, estar conectada a una pantalla psíquica para que puedan ver lo mismo que yo pero...
- Pero ya no te fías del BIS.
Hubo silencio.
- Mamá, ¿a qué te dedicas en realidad cuando te vas de viaje?
Por suerte Elaine admitió que el tiempo de los silencios había acabado.
- Soy investigadora especial del BIS. Se me han encomendado varias misiones, entre ellas vigilar a los refugiados cerca de nosotros.
- ¿La mujer y el hijo de Marcus Reveial?
- Entre otros. Por otro lado, sabemos que hay un infiltrado en el BIS. Las cosas están revueltas por Europa. Se ha designado un equipo especial para investigar la desaparición de Marcus Reveial y los ataques que ha sufrido su familia.
- ¿El Capitán está en ese grupo?
- No.
Esa respuesta fue demasiado seca, y Layla no quiso indagar más.
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En cuanto llegaron a casa, Elaine fue en busca de su portátil y empezó a desplegarlo sobre la mesa de la cocina. Abrió el maletín que solía llevarse en sus viajes y extrajo un extraño aparato que Layla no había visto nunca. Estaba formado por varios electrodos que confluían en un conector USB. Elaine pulsó un icono oculto entre el escritorio, se desplegó una ventana que le pidió una clave y tecleó una secuencia de números y letras. Layla miró todo aquello extrañada.
-¿Qué es todo esto mamá?
- Fue desarrollado por un equipo de tecnomantes. Es un hardware y un software específicos que me permiten proyectar parte de mi visión sobre una pantalla.
Elaine procedió a conectar sobre su frente los electrodos y se sentó en la mesa de la cocina.
- ¿No será peligroso?
- No Layla, tranquila. Tendrás que ser tú mi testigo. Grabaré lo que vea cuando toque lo que sea que nos ha dado Batalla, pero estate atenta por si percibes algo que escape a mi percepción o pierdo la orientación.
Layla asintió. Elaine sacó la caja y cortó la cuerda que la cerraba.
- Saca el contenido y ponlo delante de mí, Layla. En cuanto lo toque se activará el programa.
Layla sacó de dentro de la caja algo parecido a un envoltorio de plástico, con la forma inconfundible de precintos para redomas de tamaño individual. Llevaban el sello del hospital orbital. Elaine frunció el ceño al verlo.
- ¿Preparada, Layla?
- Sí.
Layla puso en modo grabación el programa y Elaine puso sus dedos sobre el objeto. Sus ojos se cerraron y poco a poco apareció una imagen en la pantalla, surgiendo desde el negro de la nada. Imagenes de un techo con luces regulares, puertas de habitaciones de un hospital... Alguien lo estaba transportando a través de un pasillo. Una enfermera y dos guardias de seguridad lo llevaban. El peinado de la enfermera era muy anticuado. Doblaron un pasillo y pasaron el dintel de una puerta. Hubo una oscuridad repentina... Habían cerrado la puerta, se oyó el sonido de los sistemas de seguridad que la atrancaban.
Layla obervó a su madre cuando la notó fruncir el ceño... Estaba esforzándose en ver algo y, de repente, surgió en la pantalla. La luz. La puerta había caído arrancada de su marco. Había una figura en ella recortada a contraluz. Caminó hacia el punto de visión, señalado por el objeto que tocaba Elaine y acercó una mano para cogerlo. Entonces distinguieron sus rasgos. Era El Capitán, el padre de Will. Abrió el precinto, sacó una de las muestras y la guardó en su traje. Acto seguido se marchó. Unos instantes más tarde, el Barón Batalla, con su uniforme de combate, irrumpió en la sala. Llegó hasta el objeto y sonrió con satisfacción. Pero cuando estaba tomando las muestras de su envoltorio su ceño se frunció, observó el precinto rasgado con el hueco vacío y lo guardó junto con las cinco dosis que contenía.
La imagen desapareció de la pantalla y Layla se volvió hacia su madre. Tenía los ojos abiertos y el gesto desencajado.
- Mamá?- la voz de Layla sonó temblorosa.
- Las redomas no habían sido tocadas... No hubiese podido leer nada sobre ellas, pero sí sobre el precinto que las cubría. El Barón Batalla fue muy inteligente al guardar el precinto.
- ¿Qué deberíamos hacer ahora?
- Informar al equipo especial del BIS. Nadie más debe saber esto.
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El agente que se presentó no se parecía en nada a lo que imaginaba Layla como un agente del BIS. Era un hombre que se acercaba a la cuarentena, delgado, sonriente, afable y tranquilizador. Era rubio, tenía unos acogedores ojos azules y acento inglés. Cuando Elaine los presentó, él sonrió de forma y Layla creyó ver en aquel gesto por un momento a Alfred.
- Layla, él es el agente especial Soland. John, ella es Layla, mi hija.
¿Soland? ¡¡El padre de Alfred!! El motivo por el que Alfred y su familia habían acudido desde el Reino Unido era ese.
John y Elaine estuvieron repasando el vídeo que habían logrado obtener.
- ¿Fue el Barón batalla quien te lo entregó?
Elaine negó.
- Se lo entregó a mi hija, Layla.
La chica no pudo evitar sentir una punzada de orgullo al notar que su madre la había incluido en su vida secreta definitivamente.
- Elaine, esto es peligroso. No sé si es conveniente que ella...
Elaine le interrumpió con amabilidad.
-Ya está metida de lleno en esto. Apartarla no la va a proteger, ya es mayor y ha de saber en qué mundo vive.
- No me parece una decisión descabellada. Su implicación con Warren Peace la ha convertido en objetivo también.
- ¿El equipo de intervención ha sido avisado?
- Sí. Están esperando mi confirmación. Si te has equivocado con esto me vas a meter en un buen lío.
- Ese es el único motivo por el que deseo no haberme equivocado.
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La Orden de Intervención Inmediata había sido cursada durante aquella charla. Por una vez, los sistemas burocráticos del BIS se habían movido con toda velocidad y discreción, en cuanto el agente especial Soland dio aviso de avistamiento de topo.
Cuando el agente especial Soland, la agente Dawnstar y la testigo implicada Williams llegaron frente a la vivienda de los Stronghold, el dispositivo de retención y control ya había sido desplegado. Una decena de agentes se había posicionado en los alrededores de la casa y seguramente en su interior habría más. Los poderes de los que contaban Supersónica y el Capitán, y recientemente su hijo, habían sido motivo para tomar todas las protecciones necesarias dado que era imposible montar un inhibidor de superpoderes frente a la casa por su enorme volumen, complicación en el manejo y la inestabilidad de su reactor.
John entregó dos placas indentificativas a Layla y Elaine para que pudiesen seguirlo al interior de la vivienda saltándose las líneas de seguridad.
La señora Stronghhold y su hijo estaban sentados en lo que era el salón de la casa rodeados por agentes del BIS. Layla conocía bien aquella casa, era donde había pasado muchas horas de su infancia jugando con Will, pero ahora aquello parecía tan falso como si la casa fuese a derrumbarse en cualquier momento, como si los muros no fuesen más que el decorado de cartón de un escenario.
John fue directamente hacia la señora Stronghold y la saludó con un gesto afable.
- Señora Stronghold, soy John Soland, agente especial del BIS.
- ¿Se puede saber que hace el BIS en mi casa?
- Tenemos órdenes, señora Stronghold. Lamento mucho la angustia que esto le ha debido provocar, pero le aseguro que es por una causa de bien mayor.
Will volvió su mirada hacia Layla. Había confusión en ella, algo parecido al miedo y Layla creyó notar en el fondo un regusto a traición. Tras él su madre siguió hablando con el agente Soland.
- Señora, estamos buscando algo en concreto que sospechamos su marido debe tener a buen recaudo.
- Se necesita una orden para registrar la casa, agente Soland.
- Tenemos la orden, señora Stronghold, pero no es de mi agrado revolver en el espacio personal de otra persona sin su permiso, cuando lo que buscamos es algo muy concreto.
- ¿Se puede saber qué buscan?
- Una redoma con una dosis individual. Es algo peligroso que de seguro ha de estar a buen recaudo.
La señora Stronghold pareció dudar por un momento, pero un instante mas tarde un gesto de determinación cruzó su rostro.
- Revuelva toda la casa, si lo desea, Agente Soland.
- Como desee, señora Stronghold.
Varios agentes se volvieron esperando ordenes, hacia John.
- Id un grupo al piso superior. Buscamos una redoma sellada herméticamente de una dosis individual. El resto proceded a buscar por esta planta. Mantened la vigilancia por si El Capitán se persona.
- No lo van a encontrar por mucho que busquen.
John se volvió hacia Will. El chico había observado todo aquel despliegue hasta aquel momento sin mediar palabra.
- ¿Disculpa?
- Lo que busca no lo va a encontrar, está a buen recaudo.
La señora Stronghold se volvió hacia su hijo con un gesto de desconcierto en el rostro.
- ¡William!
- Lo siento mamá.
Will se puso en pie. Dos agentes se adelantaron para evitarle la huida, pero John los detuvo. El chico caminó hacia una de las paredes.
- Por aquí.
Will desplazó uno de los cuadros, era una foto enmarcada de él y sus padres en algunas remotas vacaciones en un lugar soleado. Se deslizó lateralmente, como sobre unos raíles, detrás apareció un cuadro con números. Tecleó un código y luego apoyó la mano entera para una lectura de las huellas digitales. El panel que formaba la pared se abrió lateralmente y ante ellos se desplegó la sala de trofeos de la familia Stronghold.
Cuatro agentes se adentraron en la privacidad del monumento a sí mismo que era aquella sala. En soportes contra las paredes, cuidadosamente exhibidos, y sobre pedestales, reposaban toda una parafernalia arrancada de sus oponentes. Reconocieron la capa del Vengador Tatuado, varias piezas que habían sido arrancadas a uno de los mechs que en los años 90 atacaron algunos barrios residenciales y en un muro, enmarcadas, fotos recortadas de prensa con El Capitán y Supersónica como protagonistas.
John no perdió el tiempo investigando entre cada uno de los objetos expuestos, se volvió hacia Will. Él entendió lo que le pedía y caminó hasta un armario cuyas puertas de cristal estaban cerradas. Señaló algo en su interior... Había una redoma de cristal, del tamaño de una dosis, y aún llevaba el sello del hospital orbital. Layla sintió que el alma se caía a los pies.
John desvió la atención al pedestal vacío a su lado.
- Qué debería haber aquí, William?
Él se encogió de hombros.
- Es una especie de mando, tiene una antena que se puede desplegar, se ajusta a la mano es...
Will fue hasta el panel donde estaban expuestas las fotografías y señaló una.
- Es eso de ahí.
El rostro de John Soland perdió su serenidad por un momento, llevado por una alarma súbita, pero al hablar lo hizo con contenida calma.
- Agente, mande aviso a la central del BIS, es muy probable que reciban un ataque en breve.
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Warren había terminado por quedarse dormido tumbado contra la pared. La vibración en el suelo fue lo que le despertó. Debería haber habido un sonido tremendo, pero la habitación estaba insonorizada así que supuso que eran reminiscencias de un sueño reciente. Pero entonces la vibración se repitió. Warren se sentó llevado por una súbita alerta y entonces el techo de la habitación se hundió bajo el peso de una maza del tamaño de una bola de demolición con forma de puño. El puño iba unido a algo que todo el mundo recordaría más tarde como el Mech perdido de Mister Lucke, la desubicada obra maestra de uno de los mayores genios de la tecnología que habían existido en el mundo. Las algas que se aferraban a gran parte de su carrocería dio a entender que había estado oculto bajo el agua. La cabeza de la criatura asomó por encima del destrozado techo y el robot giró los ojos, dos luces rojas en el casco, hacia Warren.
Los aparatos de transporte del BIS tenían siempre algo de militar. En aquel aparato a reacción, los pasajeros se sentaban a lo largo de las paredes y no había ninguna comodidad que pudiese arder en ellos, ni una simple tapicería. Sólo los dos largos bancos y los cinturones de seguridad. En el vehículo del BIS volaban además de los agentes, Elaine, Layla y William Stronghold. El agente John Soland había insistido en llevarlos con ellos.
Supieron que la sede del BIS estaba siendo atacada a través de la radio ultrafrecuencias cuando volaban a toda velocidad hacia allí. Algo de tamaño descomunal había empezado a derribar una de las alas del edificio.
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Warren esquivó el golpe que cayó sobre el cristal de seguridad por apenas unos centímetros. El vidrio se hizo gruesos añicos. Vatios trozos le golpearon con fuerza, pero el miedo el impidió sentir el dolor. Se puso en pie entre los restos mientras el robot volvía a levantar el brazo para descargar otro golpe y corrió hacia la habitación que se le ofrecía al otro lado. Pasó junto a dos personas que yacían inconscientes. Hubo otra explosión de cascotes tras él y el suelo tembló. Warren supo que había esquivado otro golpe por muy poco. Abrió la puerta de la sala, que por suerte no estaba asegurada, y salió al pasillo. Sin darse un respiro corrió hacia la escalera por la que le habían traído. La mitad del pasillo tras él volvió a hundirse bajo el peso de una maza en forma de puño.
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Desde el interior del vehículo, con el privilegio que da la altura, pudieron ver a lo lejos la máquina de forma humanoide explayándose contra el edificio que estaba derribando a golpes. Se detenía, observaba y buscaba un sitio en el que golpear de nuevo. Y el punto donde caían sus puños iba desplazándose.
- Está tratando de cazar a alguien- dijo John.
- Dios mío- murmuró Elaine y en esas palabras Layla tuvo la confirmación a sus peores temores. Que aquel monstruo había sido lanzado para acabar con Warren.
No pensó, se movió como impelida por una voluntad ajena a sí misma. Soltó su cinturíon de seguridad, se puso en pie, agarró el tirador de la puerta y se dispuso a abrirlo para saltar fuera. Elaine la agarró por la muñeca.
- Layla! Que haces??
Ella se debatió contra la presa.
- Warren, está ahí, tengo que... Warren...
- Deja de hacer tonterías, Layla, te matarás desde esta altura. En un minuto vendrán las fuerzas de seguridad.
Layla supo que aquello era una mentira piadosa. Las fuerzas de seguridad habían sido arrojadas fuera de su madriguera a patadas. Otra mano más agarro a Layla por la muñeca, era Will y Elaine se volvió hacia él con gesto agradecido. Pero su gesto se truncó en uno de sorpresa cuando Will, abrazó a Layla, abrió la puerta del vehículo de un empujón que hizo saltar el cierre y se lanzó fuera.
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Warren había logrado bajar el primer tramo de las escaleras. Su única esperanza era huir del maldito cacharro lo bastante rápido poniendo de por medio todo el hormigón armado que pudiese para ralentizarlo. El puto robot no había destruido la sala del reactor inhibidor de superpoderes, no... Maldita fuera su suerte. Sobre él el tramo superior de escaleras fue arrancado de cuajo, y la mano que lo hizo regreso a por ese molesto ratón que se le escapaba. La fuerza brutal de aquella máquina, se llevó todos los tabiques por delante y lanzó a Warren contra la pared. El chico notó un golpe, un chasquido dentro de él, supo que no era bueno y cuando quiso ponerse en pie no pudo.
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Layla se abrazó a Will mientra él volaba a toda velocidad hacia la escena. Ante ellos el robot fue aumentando de tamaño y sus dimensiones sobrepasaron sus expectativas. Layla volvió la mirada hacia Will, observó su rostro y vio la determinación en él, el ceño fruncido. No pudo evitar pensar que William Stronghold jamás había tenido un aspecto tan adulto como cuando había desafiado a la autoridad para hacer lo que creía correcto.
- Will, te vas a meter en problemas por mi culpa.
- Ahora lo único que importa es salvar a Warren.
- ¿Por qué me has traído contigo?
- Porque he visto que eres capaz de curar y que estás dispuesta a saltarte las normas para salvar a alguien.
Will aterrizó sobre el derruido pasillo por el que había pasado ya el robot y dejó a Layla en el suelo. Al fondo la mole de aquella cosa se cernía sobre ellos.
- Mantente alejada hasta que veas el terreno seguro.
Ella asintió y él se lanzó hacia su rival.
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Warren trató de levantarse una vez más y el dolor fue tan lacerante que lanzó un alarido y cayó de costado al suelo. La máquina lo enfocó meticulosamente, tendido entre los restos de la escalera, y levantó la mano dispuesta a dar el golpe definitivo. Pero algo golpeó la trayectoria del golpe desviándolo hacia lo que quedaba de la escalera que se derrumbó ocultando tras sus restos a la presa. El robot trató de encontrar de nuevo su objetivo y al no verlo se volvió hacia el chico que había acudido a pelear contra él. Will Stronghold recibió de lleno el golpe y fue catapultado a mucha distancia dando tumbos en el aire. Cuando logró frenar su mente se ordenó y se recriminó a sí mismo.
- ¡Maldito idiota! ¡No te liaste con una tecnomante supervillana en vano! ¡Recuerda lo que te enseñó!
William volvió hacia la enorme máquina, pero en esa ocasión sobrevoló su cabeza a suficiente altura como para que no lo alcanzase. Entonces se dejó caer sobre su cabeza. De allí arriba sobresalía un cuerno decorativo que le había recordado algo.
- ¡Alguien te esta manejando y eso significa que has de tener una antena receptora!
Arrancó la plancha metálica que lo cubría y un surtido de cables que convergían en una larga vara metálica se desveló ante él. Hundió la mano en aquello, aferró todos los cables que pudo así como varias piezas metálicas que no sabía para qué servían y tiró de ello con todas sus fuerzas. Hubo un chirrido de metal desgarrado y varios chasquido. William arrancó piezas y cables sin orden ni concierto. Su acción no había sido muy pulcra, pero sí efectiva. La máquina de pronto se quedó quieta, chispeó levemente a través del agujero abierto en su carcasa y se derrumbó lentamente.
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Layla sentía los sonidos de la pelea muy lejanos, como si hubiese una capa de gomaespuma entre ella y el mundo, o hubiese perdido capacidad auditiva de repente. Oyó a su madre gritarle algo mientras corría por el derruido pasillo que ahora se abría al cielo, pero ella no lo procesó. Su voluntad solo estaba volcada en llegar hasta el último lugar donde había visto a aquella cosa descargar golpes y por la senda destrucción que seguía parecía que iba por buen camino.
Llegó hasta lo que había sido la escalera. Había un montón de cascotes, había un héroe junto a ellos, un chico que había entrado de repente en el edad adulta de una forma terrible. Había una mano que sobresalía de entre los cascotes y reposaba sobre el suelo, rozándolo apenas con la yema de los dedos...
Había un reguero de sangre que salía de debajo de los cascotes...
Will se volvió hacia Layla, su rostro estaba lleno de confusión. Layla entendió lo que expresaba sin palabras. "Por qué no he vencido? Soy de los buenos. En las historias los buenos siempre ganan. ¿Por qué no he vencido?"
El cuento de hadas se había derrumbado.
- Lo siento Layla- le oyó decir.
Layla se arrodilló junto al cuerpo de Warren y un alarido de desesperación surgió de ella.
