¿UNIDOS?
La tarde ha comenzado a desvanecerse, aquella calle en un suburbio tranquilo deja aparecer las luces de sus farolas. Una noche tranquila anuncia su llegada, el legado de una lluvia, charcos que fueron área de juego de un par de niños, la presencia de familias yéndose a cenar, un paisaje urbano y tranquilo que es capaz de perfumar la llegada del anochecer.
La hora de la cena inicia en la casa Lulamoon, la abuela sirve alegre los alimentos a su nieta Trixie y a Applejack, la invitada. Un delicioso platillo de macarrones con queso y pollo, la vaquera está deseosa de probarlos, el aroma despierta el apetito de inmediato.
La ilusionista comienza a disfrutar de la cena, mientras la abuela charla acerca de los grandes secretos y misterios de la cocina, plática a la que se une la rubia, intercambiando tips y anécdotas. La nieta escucha, no le sorprende que Jackie sepa tanto de recetas, por algo es la presidenta del club de cocina. Un bocado y la curiosidad de descubrir si la cocina es la pasión de la vaquera, ¿eso la motiva? ¿Con eso la identificaría? No puede decir con qué palabras describir a Applejack, ella da la impresión de ser alguien…¿hogareña? Sí, es muy unida a sus hermanos. También sería ¿fuerte? En su momento fue la que le hizo frente a Sunset cuando era malvada…pero, ¿hay más en ella? Son simples descripciones, ahora ahí, viéndola frente a ella, hablando con tanta alegría y naturalidad. Ella no busca mascaras, ni parecerse a alguien o imitar a otros, es ella, simple y natural, sin embargo, Trixie quiere descubrir que hay más en ella. Un instante, las miradas se cruzan, la ilusionista quiere bajar la mirada, pero se niega, la rubia contempla y le sonríe, un comentario de la abuela, la atención vuelve a la anciana. Lulamoon baja la mirada, ocultar su sonrojo, esa sonrisa, es…"tan cálida".
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Un choque, las bolas de billar que se encuentran entre sí, en el lugar lleno del humo de los cigarrillos, iluminado por moribundas luces que alumbran a sus clientes, jugando cautivados bajo la canción "Back in Black".
Los hermanos Diamond juegan en una mesa, cada uno con su cerveza, saboreando su victoria, pasando su derrota, sonriendo inminentes ante el ocio.
-Ahora estaremos en esa tontería de Tutorias por tu culpa, Fido – comenta Spot al preparar su turno para tirar.
-Tranquilo hermano – da un trago a su cerveza – es mejor que trabajar con Grippy, además, Trixie está ahí, no voy a perderme una oportunidad así –
-Ni te traga – hace su tiro el hermano menor, logra meter dos bolas y dejar acomodada la bola blanca para un tiro fácil.
-Me adorará – responde el hermano de en medio que nuevamente bebe su cerveza.
-Aun creo que pierdes tu tiempo – dice mientras pone tiza al casquillo de su taco – esa chica nunca te hará caso, ¿verdad Rover? –
El hermano mayor asiente con la cabeza, dándole la razón
-Ya verán hombres de poca fe –
-Como sea – Spot se acomoda para tirar – estar ahí al menos me ayudará a acercarme a Applejack -No sabía que tuvieras esos gustos –
-Es puro negocio – tira, nuevamente logra meter una bola. Camina alrededor de la mesa para acomodarse y dar su siguiente tiro, sólo una bola más para llamarse campeón – tiene beneficios ser amistad de un Apple –
-Dudo que ella quiera de amigo a un tipo como tú, se ve que es muy honesta –
-Lástima que su familia no lo sea – y la bola blanca mete la última bola, ha ganado el juego.
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-Eres idéntica a tu padre – comenta la abuela.
Applejack regala una sonrisa de cortesía y pena. Es algo que ha escuchado muchas veces.
"Cada día te pareces más a tu padre".
-Sí, es algo que mi familia me repite mucho – comenta la rubia para después tomar un pedazo de la rebanada de pastel de chocolate, especialidad de la abuela.
La rubia mira momentáneamente a la señora.
"Ella conoció a mi papa". Es la primera vez que oiría de él de alguien que no es un Apple. Un destello de curiosidad inicia en su corazón, cuántas cosas podría preguntarle, ¿las respondería todas? ¿No sería mucha molestia? O ¿suena alocado, no? Hay tantas dudas, tantas cosas que quiere saber de su papá. En la foto, se puede notar que él no es más dos años mayor a ella, ese chico preparatoriano, como ella, ¿Quiénes eran sus amigos? ¿Cómo fue en la escuela? ¿Qué lo hacía especial? Ella, quiere preguntarlo todo.
-¿Te gusto el pastel, Applejack? – pregunta la abuela para continuar la conversación.
- ¿Cómo era él? – responde de inmediato la rubia, donde obviamente ella ignoro qué ocurría a su alrededor. La abuela y la nieta quedan sorprendidas ante la expresión y más por la pregunta.
-¿Él? Hablas de … - dice la señora
- Mi papá – comenta tímida la vaquera.
Nieta y abuela se miran de reojo, tan peculiar petición. La señora medita, todo Ponyville conoce la trágica historia de la familia Apple, esa pareja tan joven, sus hijos tan pequeños…
Contestar tal pregunta, una duda que ni siquiera Trixie ha hecho sobre su padre, ¿cómo responder algo así?
-Era muy alegre. Siempre hacía chistes. Llego a venir muchas veces a esta casa, de hecho, se sentaba en esa misma silla donde estás. Venía todas las tardes con los demás amigos de mi hija, trabajando muy duro en ese proyecto de ciencias – responde la abuela - Un chico muy trabajador y con grandes ideas, lo admiraban mucho y ya a esa edad todo el mundo sabía que estaba destinado a ser un gran empresario –
Applejack escucha atenta, con los ojos tan abiertos, encantada por cada palabra. La ilusionista observa en silencio.
-Hacía bromas siempre, él y David se las ingeniaban para molestar a los demás. Un día asustaron a tu mamá – se dirige a Trixie – haciéndola creer que un bisoñé era una rata mutante que escapó de un laboratorio. No les habló ni abrió la puerta en días –
La maga siente curiosidad por descubrir esta faceta de su madre. Había escuchado muchas historias de escuela sobre su mamá. La mejor estudiante, reconocida por todos sus compañeros, muy querida sus amigos, la chica que tenía el mejor futuro asegurado… su mamá, tan diferente de ella.
-Todos ellos eran muy unidos – agrega la señora – amigos inseparables. Pero el tiempo siempre lo cambia todo, cada uno siguió su camino y se separaron. Habría sido lindo que se hubiesen vuelto a reunir una vez más – la mujer lo suspira – traté de reunirlos cuando Trixie nació, pensé que eso alegraría a Tabbatha, pero…nadie asistió, aunque claro, tampoco confirmaron que vendrían –
La abuela baja su mirada al pastel, un sentimiento de nostalgia la envuelve, esa casa que también ha sentido el paso del tiempo y la bienvenida del vacío, que se ha ahuecado con los días.
-No recordemos cosas tristes - renueva la señora – Tu papá era un buen muchacho, amable y alegre, siempre buscando ayudar a los demás, como tú – comenta con una sensación maternal. La vaquera sonríe, agradeciendo esa dulce idea.
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La brisa se desvanece, los rastros de la lluvia, charcos en la banqueta, la humedad que se guarda en las hojas de los árboles.
El profesor Whooves sorbe de su taza de café ignorando los restos majestuosos de la lluvia, esa pequeña ventana en su oficina no deja disfrutar del exterior que día tras día quiere desconocer. Los papeles sobre la mesa, los perfiles de los nuevos integrantes del programa de asesorías.
Un sorbo. Una nueva combinación. Nuevos integrantes. El orden cambia. Todo es diferente ahora. Sonríe. Sólo el cambio necesario.
"Vuelve la misma sensación"
El café se ha acabado. Un cigarrillo toma su lugar. Romper las reglas. Un profesor fumando en su oficina, estrictamente prohibido. Pero, ¿quién lo descubrirá? Pronto serán las nueve de la noche, quedarse a dormir en su oficina, sí, ¿por qué no? ¿a dónde ir?
El profesor Whooves observa el mar de papeles de su escritorio. Una nueva generación, jóvenes imprudentes, temerosos, aventureros, idiotas en potencia y con la esperanza como escudo. El humo escapa de sus labios. Se recuerda a sí mismo en los pasillos de la escuela. Un recuerdo que lo lleva a los viejos casilleros, se desprende para volverse una escena del pasado, algo temporal, una sonrisa, un instante.
"Ella es una estrella", se dijo al mirarla. Esa chica tímida, de labios rosas…y los recuerdos se consumen sin saber, no hay más que hablar, es temporal, ella ya no está.
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La casa Lulamoon, una casa común y corriente de suburbio. Una típica entrada, un pequeño pórtico de madera, pintura blanca descarapelada que indica el paso del tiempo. Frente a éste, una pequeña zona de pasto y de lado suyo una zona de cemento, donde es notorio que siempre hay un auto estacionado y frente a la acera, la camioneta de la chica Apple, como un carruaje de un forastero que desentona con el lugar.
Applejack, sentada en las escaleras del pórtico, mirando al cielo que sin duda deslumbra con sus más intensas estrellas, entre sus manos, su celular, el causante de que ella esté ahí.
Mañana será viernes, cumpliéndose una semana de que su vida diera un giro total, apenas unos días que se han sentido como si hubiesen transcurrido dos años.
Nunca creyó que un día conocería la casa de Trixie, que estaría aquí cenando, escuchando historias y descubriendo que las dos tienen muchas cosas que las unen, ¡qué giros da la vida!
Si eso no fuese suficiente ese giro inesperado, la llamada con su abuela pone todo en distinta perspectiva. Llamar para disculparse por su olvido, tenía la obligación de ir a la tienda, esperar el regaño de su abuela, no, al contrario, amabilidad y dulzura.
"No te preocupes AJ, entendemos. Vamos, ¿por qué no te quedas a dormir con una de tus amigas?"
¿Qué ocurre? ¿Acaso la abuela bebió de más? No lo cree. ¿Por qué actuar así? Cuando apenas así era amenazada de ser castigada y quedar encerrada hasta la universidad. Todo cambia, si, pero, ¿tiene que ser tan rápido?
-Applejack, ¿todo bien? – es la ilusionista que sale al pórtico.
-Todo bien – responde mientras sigue contemplando el cielo estrellado. La maga se sienta a lado de ella, su amiga tiene un rostro de alegría, de esa que se muestra cuando descubres lo cómico de la ironía. La ilusionista se pregunta qué mira, y lleva su mirada también al cielo.
– Si el jueves pasado alguien me hubiese dicho que en una semana cenaría en tu casa, lo habría tirado de loco como una cabra – comenta la vaquera.
-Acepta que es lo mejor que te ha pasado – responde la maga al acomodar su cabello. La rubia suelta una risilla. La observa de reojo, ella protagonista de un giro raro e inesperado, pero, a la vez genial y asombroso.
La vaquera regresa su mirada al cielo estrellado, hacía mucho que no las contemplaba.
-Esta noche, las estrellas están muy hermosas – expresa la chica Apple.
-Sí – afirma la maga - ¿Quieres ver las estrellas? –
-Creí que eso hacíamos –
-No como debe ser -. La ilusionista se pone de pie, extiende su mano hacía la rubia quien no sabe qué hacer, la peliplateada lo entiende y toma su mano, con lo cual la rubia sigue sin saber qué hacer.
Más giros en la vida, Trixie la guía hacia sí, Applejack obedece. La invita a caminar consigo, la lleva sujetando su mano hacia el pasto.
Un instante, una eternidad, Trixie suelta su mano para sentarse. La rubia se acuclilla al césped, se deja caer sobre él, esparciendo su cabellera rubia en la hierba. Sus ojos se centran en el cielo, en la belleza que emite cada una de las estrellas. Sin preverlo, Applejack se sorprende cuando el rostro de Trixie se asoma al suyo, recostándose con el cuerpo sentido contrario a ella. Ambas chicas, miran hacia el cielo.
Desde ahí, el cielo se extiende más, como un gran escenario que espera por ellas, en el sentimiento de ser un gran óleo esperando a ser creado, un mar de asombro que se manifiesta ante ellas. Las chicas contemplan en silencio, por un instante, sólo existen ellas y las estrellas.
-Cuando era niña me encantaba mirar hacia las estrellas– habla la rubia ante la serenidad- Recuerdo que siempre que iba al Rancho de Appleloosa, a la hora de dormir, mis primos y yo nos escabullíamos a una loma cercana para recostarnos y observarlas. Era tan maravilloso, parecían cristales sobre una gran tela negra, miles de miles brillando arriba. Todas las noches quería quedarme a verlas hasta que amaneciera, pero había que volver –
La maga la escucha al mismo tiempo que observa el cielo. La ciudad disminuye el encanto del manto estelar, pero hoy, brillan más de lo normal, quizás sea por la lluvia que despejo el cielo.
-La primera vez que vi las estrellas fuera de la ciudad fue en un campamento de verano – comenta la ilusionista - Había escuchado tantas veces de la belleza de las estrellas, pero no entendía, para mi eran de lo más normal, hasta esa noche. El cielo me envolvía, lo veía tan cerca de mí, como una capa que pudiera tomar – habla al levantar su brazo, mover su mano como si acariciara el cielo para después bajar su brazo nuevamente.
-¿Has visto una lluvia de estrellas? – pregunta la vaquera.
- No –
- Observar una es, inolvidable. Verlas surcar el cielo, pequeños barcos que vuelan sobre ti. Pasan tan rápido, que sientes que guardan magia para ti, que, si estás atenta, aterrizarán a lado tuyo, haciendo que todo a tu alrededor se vuelva hermoso…- termina de decir Applejack por una sensación que la envuelve, lleva su mirada hacia la izquierda, se topa con el rostro de Trixie que la contempla somo si ella misma fuese una estrella.
– Las estrellas te hacen sentir por un momento tan pequeña – habla la rubia – es increíble que algo que miras todos los días, en un momento a otro, se vuelve impresionante, a tal grado que te atrapa y jamás quisieras dejar ir…-
-Applejack – murmura la ilusionista, la vaquera, sin idea de qué hacer, sólo la contempla a los ojos – Creo que… - pronuncia, la vaquera cierra los ojos pensando que todo puede ocurrir, girar y por un instante, así lo desea, que lo inesperado ocurra…
-Los aspersores van a activarse – escucha decir la vaquera mientras unas gotas caen, el agua de los aspersores surge sobre el pasto, abre sus ojos de inmediato. Trixie se levanta apresurada, AJ intenta seguirla, pero se resbala, la ilusionista la agarra de la mano para evitar su caída.
La chica logra el equilibrio para ponerse de pie, siguen tomadas de la mano, observándose, empiezan a sonreír lentamente, se sienten maravilladas. Ahí, no existe más, sólo ellas, las estrellas y la sensación de que siempre estarán juntas para contemplarlas, sólo ellas…
Una luz blanca, fría, las alumbra, deslumbrándolas y sacándolas del cielo nocturno. El sonido de un claxon las hace reaccionar, soltándose de inmediato de la mano y tomando cada una su distancia, regresando a donde cada una cree que pertenece.
La luz es de un vehículo que se estaciona en el área encementada.
-Es mi mamá – anuncia la maga.
Del vehículo bajar una mujer cuarenta y tantos años, con una delgadez de alguien que olvida comer por estar pendiente del trabajo. Usa unos delgados lentes, alargados y de armazón dorado, al bajar del carro se asegura de sacar un maletín y una bata de laboratorio. La mujer cierra su automóvil, ve a las chicas, acomoda sus lentes.
-Trixie – habla estricta la mujer - ¿qué haces afuera a esta hora? Deberías estar en tu habitación terminando la tarea. Tienes un horario –
La ilusionista se avergüenza, tratada como una tonta, reprendida así enfrente de Jackie. En ese momento la abuela sale, saluda a su hija que llega del trabajo.
-Tabbatha – dice la señora que se acerca a su hija – me alegra que hayas llegado. Tenemos visitas –
- Es lo que veo – responde solemne la mujer.
- Hola mamá –
-Buenas noche señora –, la vaquera estira su mano
- Buenas noches – responde el saludo - ¿eres amiga de Trixie? –
- Sí. Me llamo Applejack Apple – la mujer rompe de inmediato el saludo.
- Es la hija de….- quiere decir la abuela
- Ya es tarde – dicta la mujer – lo mejor es que te vayas a casa Applejack. Mañana hay escuela – se acomoda sus lentes – Beatrix, despídete de…tu amiga – la mujer, sin más que agregar camina directo para entrar a casa. La abuela se despide de la invitada y a la brevedad va detrás de su hija.
La vaquera no puede decir si fue un momento incomodo, por la expresión de la maga, pareciera que es un comportamiento común de su mama.
-Es una lástima que no puedas quedarte – dice Trixie – la estábamos pasando bien – agrega encogidamente
-Sí –
Silencio tímido
-Otro día puedo venir, tal vez el próximo fin…-
-¿Mañana? –
-¿Eh? – se sorprende la rubia
-Digo, puedes pasar un rato mañana, por tu sombrero -
-¿Mi sombrero? ¡Mi sombrero! Es cierto, mañana se cumple la semana –
-Sí y verás que bien lo resguarde –
-Eso es seguro –
-Así que… -
-Mañana aquí estaré, antes de la cena –
-¡Genial! – la maga se aclara la garganta – Bien, te espero mañana – cambia el tono a una solemnidad falsa. Su amiga sólo sonríe ante la idea de que sigue siendo Trixie Lulamoon.
-Gracias por la cena. Fue… - habla la vaquera, quisiera decir tantas cosas, de hecho, tantas sensaciones pasan frente a ella, poder agradecerle, son muchas cosas, pero a la vez no sabe decirlas, algo que las reúna todas. La maga mira expectante, ¿qué desea agradecer? ¿Por qué se queda muda? ¿No es capaz de encontrar las palabras? ¿Qué quiere decir? – Fue genial…tu…- la elocuencia se desvanece de Applejack – tu, eh, fue genial que…-
La maga quiere descifrar, ¿no puede decirlo? ¿cuándo perdió el habla?
-Fue genial estar contigo – pronuncia decidida la vaquera. Trixie escucha asombrada, sonríe al máximo, su corazón se emociona, escucharla decir eso, esa alegría debe sentirse al ver una lluvia de estrellas.
-Por supuesto Jackie, soy lo mejor que te ha pasado -
