El rescate

Sirius estaba sentado en el living, tratando de pensar en qué hacer con Harry. No estaba seguro de que fuera el momento apropiado para hablar con su ahijado, con Hermione en la casa y Ron desaparecido. Supuso que no lo era, pero era frustrante. Había estado intentando tener una conversación con Harry por tanto tiempo, pero seguían surgiendo cosas que lo evitaban. Se había prometido a sí mismo que lo haría tan pronto como Harry se recuperara de la última enfermedad, pero por supuesto, Ron había sido secuestrado, y a menos que fuera devuelto pronto, no estaba seguro de cuándo sería un buen momento.

De repente, una lechuza atravesó la ventana, dejando caer una carta en su mano.

Estimado Sr. Black,

Hemos recibido información de que su ahijado, Harry Potter, hizo magia fuera de la escuela por segunda vez a las nueve y diecisiete minutos esta noche. Siendo la segunda violación al decreto de la prudente limitación de la magia en menores…

Sirius fue interrumpido por las llamas de la chimenea, que se encendieron. Su mente estaba aturdida. Harry había hecho magia? Pero por qué? Debía ser un error.

Miró para ver quién estaba llegando a través de la chimenea y encontró a Snape emergiendo, luciendo extremadamente asustado, algo bastante extraño para el hombre normalmente tranquilo.

"Black, por favor dime que siguen aquí!"

"Harry y Draco? Fueron a la Madriguera. Esta carta dice que Harry hizo magia. No lo entiendo," dijo Sirius confundido. Ahora iba mal, sabía eso aunque su cerebro no estuviera registrando qué era.

"Encontré esto en la cama de Draco!" gritó Snape, agitando un pedazo de pergamino escrito. "Encontraron una manera de atravesar las barreras. Fueron a buscar a Weasley!"

El rostro de Sirius palideció al instante. Corrió hacia la chimenea y lanzó un puñado de polvos brillantes.

Sirius emergió en el living de la Madriguera, seguido de cerca por Snape. La señora Weasley se levantó esperanzada, pensando que los dos podían tener noticias.

"Dónde están?" gritó Sirius frenéticamente.

Ginny se levantó. "Ya se fueron," dijo con calma.

"NO!" exclamó Sirius corriendo escaleras arriba, seguido de Snape. Subieron los pisos, gritando los nombres de sus ahijados desesperadamente.

Los gemelos salieron de su habitación, observando a los dos con asombro mientras corrían, y los siguieron con curiosidad.

Los dos hombres corrieron hasta el último piso, mirando desesperadamente en la habitación de Ron.

"Hey, qué hacen todas las cosas del ático aquí?" preguntó Fred confundido.

Snape lo hizo a un lado y tiró del cordón del altillo.

Los cuatro subieron rápidamente por la escalera plegable. La habitación estaba completamente vacía, a excepción del espíritu que gemía en un rincón. Los gemelos observaron todo con sorpresa.

"Quién limpió el ático?" preguntó George.

Cuatro pares de ojos repararon en la ventana abierta. Sirius corrió y presionó su mano contra el aire, sintiendo como la barrera seguía intacta.

Snape giró enojado y comenzó a bajar las escaleras.

"Cómo demonios hicieron para pasar las barreras?" gritó.

Sirius fue el siguiente, seguido de los gemelos, quienes apenas comenzaban a entender lo que sucedía.

"Qué sucede?" preguntaron cuando todos llegaron al living otra vez.

"Fueron a buscarlo. Harry, Hermione y Draco fueron a buscar a Ron," dijo Sirius sin creerlo.

La Sra. Weasley jadeó. Sus ojos se encendieron con esperanza. Fred y George intercambiaron una mirada con una mezcla de emociones, tanto de esperanza como de miedo. No querían perder otro hermano, incluso aunque no fuera técnicamente su hermano, pero ahora había una chance de tener a Ron de regreso.

Snape contactó a Dumbledore mientras Sirius regresó a the Lighthouse para ver si Harry había dejado una carta similar a la que Draco le había dejado a Snape. Con seguridad, sobre la almohada de Harry había una carta cuidadosamente doblada. La tomó y la leyó frenéticamente.

Sirius,

Para cuando leas esta carta, ya me habré ido. Encontramos una manera de atravesar las barreras y Draco, Hermione y yo vamos a buscar a Ron. No nos sigas. Sólo quédate en la Madriguera ya que es allí a donde volveremos. Por favor, no te preocupes. Tenemos un plan. Lo siento. Quise contarte antes acerca de esto, pero si nos hubieras detenido, Ron habría sido asesinado al finalizar la semana, y el plan que armamos no podía incluir a ningún miembro de la Orden. Diles a todos que no se preocupen. Deberíamos estar de regreso sanos y salvos en unas horas.

Pero sólo por si acaso, sólo quería decirte que lamento todo. Sé que te puse bajo mucha presión. Sé que no soy la mejor persona con quien vivir, pero tú siempre me trataste muy bien. Gracias por eso. Nunca te lo dije, pero creo que eres un excelente padrino. Nunca me sentí más afortunado que cuando supe que iba a vivir contigo este verano. Lamento no haber sido un mejor ahijado, pero te prometo que será la última vez que rompa las reglas, y lo esforzaré mucho más cuando regrese. Er, bueno, creo que eso es todo.

La siguiente había sido escrita y borrada tantas veces que el papel en ese punto casi había sido atravesado, como si Harry no hubiera podido decidir si escribirlo o no, pero al final había optado por dejarlo.

Te quiere,

Harry.

Sirius regresó, aturdido, a la Madriguera con la carta en la mano. Snape y Dumbledore estaban en la cocina, interrogando a Ginny por cualquier información que pudiera tener, y el resto de los Weasley habían sido desplazados hacia el living, donde esperaban ansiosamente.

"Sirius?" dijo George tentativamente. El animago lo miró. "Si alguien puede lograrlo, es Harry. Él los sacará a todos de allí."

"Él no es invencible," dijo Sirius amargamente. "Si muere esta vez, no podrá regresar." Se detuvo. "Al menos llegó a su decimosexto cumpleaños; fue ayer. Desafortunadamente, no creo que se haya dado cuenta siquiera."

Dumbledore regresó a la sala, seguido por Snape y Ginny.

"He avisado a la Orden de estos nuevos acontecimientos, pero por ahora, lo mejor que podemos hacer es esperar. Nadie va a ir a buscarlos a menos que sean miembros de la Orden que estén fuera de esta habitación."

"Albus," comenzó Snape.

"Severus, por favor. Me doy cuenta perfectamente del peligro en el que se encuentra tu ahijado. La realidad es que no tenemos idea de a dónde se dirigían. Dijeron que tenían un plan, tanto en la carta como a la Sra. Weasley, y dado que no sabemos cuál es, cualquier movimiento apresurado de nuestra parte podría comprometer su seguridad y cualquier chance que puedan tener de rescatar a Ron. Ahora, tengo que hablar con los equipos de búsqueda de la Orden y acordar algunas cosas con el ministro ya que tengo el presentimiento de que habrá mucha magia de menores de edad esta noche. También hablaré con los Granger. Arthur, les daré un traslador para que vengan aquí, si estás de acuerdo."

El Sr. Weasley asintió. Nadie parecía haber notado que se puso rígido ante la palabra "Traslador." Se había negado a mencionar su participación en eso.

Dumbledore asintió y se marchó.

Nadie sabía qué decir o qué hacer.

"Tenemos que llamar a todos los que conozcamos que puedan ayudar y mandarlos a buscar," dijo Sirius con determinación. "Voy a ir a contactar algunas personas."

Se marchó para usar la chimenea para llamar a la gente, incluso aunque él no podía irse.

"Harry ya ha hecho esto antes," dijo el Sr. Weasley confidencialmente. "Puede hacerlo."

Snape se burló de él. "Harry ha tenido mucha suerte varias veces. La valentía es lo único que tiene. Esta vez está en su territorio sin poderes especiales o conexiones de varitas, ni sombreros de donde sacar trucos. Todo lo que puedo decir es que espero que tengan un maldito buen plan."

.

Draco y Harry aterrizaron suavemente en el suelo.

"Odio volar," gruñó Hermione mientras intentaba pararse en el terreno sólido. "Nunca me subiré de nuevo a una escoba."

Los tres rápidamente se acercaron a los escalones de la casa de huéspedes. En el tercer escalón yacía la varita de Ron, el traslador.

"Que predecible," dijo Draco. "Táctica psicológica para asegurarse de que no te acobardes. Es para mostrar la vulnerabilidad de Weasley."

"Tal vez deberías convertirte en psiquiatra," sugirió Harry.

"Para escuchar los problemas de otras personas? Por favor," se burló Draco despectivamente.

"Muy bien, están listos?" preguntó Harry con nerviosismo. Sacó la última cosa que llevaban en la mochila de Draco, la capa invisible.

"Tan lista como nunca he estado," dijo Hermione con un profundo suspiro.

"Hagamos esto rápido así podemos regresar para la bienvenida de héroes, justo antes de que nos castiguen por el resto de la eternidad," dijo Draco sacándole la capa a Harry y cubriéndolos a él y a Hermione.

"Bien, varitas fuera," dijo Harry.

"Listo," dijeron las dos voces, que parecían provenir de la nada.

"Okay, a las tres," dijo Harry, acercando su mano al traslador. "Uno…dos…tres…"

Agarró la varita de Ron y sintió el familiar gancho bajo el ombligo.

Un segundo después, sus pies tocaron tierra firme. Oyó una tos significativa, para saber que los otros dos estaban allí bajo la capa. Levantó la vista para ver una mansión, no tan grande como la de Malfoy pero bastante importante en tamaño. Estaba rodeada a ambos lados por árboles muy densos, y el edificio mismo parecía dilapidado y abandonado. Por supuesto, Harry sabía que no era así. Los habían dejado en la entrada y estaba seguro de que los Mortífagos sabían que estaba allí.

Como habían planeado, se dispuso a correr. Se ocultó detrás de un árbol y, desde allí, buscó alguna posible entrada. Se movió despacio en la oscuridad, estudiando la mansión. Cuando vio una ventana medio baja, salió de los árboles e hizo su camino lentamente hacia la casa, con los ojos atentos a cualquier movimiento.

Alcanzó la ventana y se metió. Estaba completamente oscuro. Sacó su varita del bolsillo y apunto a la puerta.

"Aloho…"

"Expelliarmus!" dijo alguien por detrás de él, y su varita se escurrió de sus dedos. Harry se dio la vuelta para encontrar dos varitas apuntándolo.

"Bueno, bueno, bueno, es el chico maravilla," se burló uno. El otro dio un paso adelante, le dio la vuelta y lo empujó contra la pared. Harry dejó escapar una mueca de dolor cuando sintió rasparse la mejilla contra la superficie áspera y los anteojos se aplastaron contra un lado de su cara.

Harry fue separado de la pared y empujado hacia delante. Cada uno de los dos Mortífagos lo tomaron por un brazo y mantuvieron sus varitas apuntando hacia él con las manos libres, haciéndolo marchar hacia adelante.

Pronto llegaron a una puerta y murmuraron la contraseña, "Venganza." Harry apenas se contuvo de rodar los ojos.

La puerta se abrió para revelar un corto pasadizo con otra puerta, esta vez custodiada por otros dos Mortífagos. Harry armó un poco de alboroto luego de que la puerta se abrió, sintiendo que algo invisible lo pasaba rozando.

"Hmm, bueno, fue antes de lo que pensaba," dijo uno de los guardias. "Sólo han pasado tres días. Habría imaginado que esperaría hasta el último minuto."

"Probablemente tenía miedo de lo que le estuviéramos haciendo a su amiguito," dijo el otro burlonamente.

Harry frunció el entrecejo. "Mejor que no lo hayan lastimado," gruñó.

"O qué, nos vas a morder?" dijo uno de los que lo sostenía, pasando un dedo por su mejilla.

Harry lo fulminó con la mirada y lo pisó con fuerza. El Mortífago gritó de dolor, y los otros tres rieron.

"Muy bien, Potter, por qué no vas a saludar a tu amigo," dijo uno de los guardias, abriendo la puerta. Los dos guardias pasaron primero, y los dos que tenían a Harry lo empujaron luego. Harry se detuvo discretamente, dejando abierta la puerta un poco más con su pie, rezando por que fuera suficiente.

Fue conducido con rudeza hacia las mazmorras.

Los mortífagos lo metieron en una celda oscura. Su cara golpeó contra el suelo de cemento, haciéndole sangrar la nariz y romper uno de los cristales de sus anteojos. Levantó la mirada para ver una figura que yacía cerca de una esquina, temblando.

"Ron?" preguntó. La figura se movió, escudriñando a través de la oscuridad. Cuando sus ojos se acostumbraron a la falta de luz, Harry pudo ver un mechón de pelo rojo.

Comenzó a arrastrarse pero fue agarrado abruptamente de atrás y lo pusieron de pie antes de empujarlo contra la pared.

"Aw, no es tierno?" dijo un Mortífago en una falsa y dulce voz. "Quiere ver a su amigo."

"Déjenlo ir. Me quieren a mí, no a él!" gruñó Harry. El mortífago ignoró el pedido de Harry.

La otra figura enmascarada se acercó a Ron. El pelirrojo gimió, sin estar del todo consciente de lo que estaba sucediendo.

"Déjenlo!" gritó Harry, luchando salvajemente contra el que lo sostenía desde atrás.

"Creo que tu amigo quiere saludarte, Potter," dijo el otro Mortífago alegremente, levantando su varita. Ron miró al desconocido, paralizado de terror.

Harry hincó sus dientes en el brazo del que lo sostenía, y le dio un rodillazo en el estómago. Corrió hacia Ron.

"Crucio!" gritó la figura encapuchada.

Harry saltó hacia Ron justo para recibir la maldición. Lo atravesó un intenso dolor pero se contuvo de gritar.

La agonía pronto terminó y oyó sonidos de carcajadas a su alrededor. Levantó la mirada y miró fríamente a las figuras enmascaradas, cuidadosamente levantándose y asegurándose de que aún estaba entre el pelirrojo y los Mortífagos.

"Los dejaremos juntos mientras anunciamos tu llegada, Potter," dijo uno burlonamente. Ese mismo también le ordenó a dos de los Mortífagos que se quedaran afuera y custodiaran la celda.

Salieron todos y cerraron la puerta, con un resonante click de la cerradura.

Harry inmediatamente se dio vuelta y se arrodilló para revisar a Ron en busca de heridas graves. El joven Weasley ciertamente se veía peor por el miedo. Aunque no había soportado muchas heridas, temblaba mucho y los músculos se veían muy tensos. Harry había soportado suficientes maldiciones Cruciatus como para reconocer los efectos posteriores. El pelirrojo tenía círculos oscuros bajo sus ojos y un moretón negro en la mejilla. Tenía el labio partido con sangre seca. No tenía sentido hacer ningún tipo de hechizo curativo, ya que sólo había aprendido algunos para emergencias y estaba bastante seguro de que sólo las pociones podrían aliviar los efectos del Cruciatus. Ron estaría bien en tanto pudieran salir de allí. Mucho descanso y comida harían el trabajo que su varita no podía hacer.

"Harry?" preguntó débilmente, mirándolo sin creerlo.

"Si, Ron, soy yo," dijo para reconfortarlo.

Ron rompió en sollozos y, con un tremendo esfuerzo y ayuda de Harry, se sentó. Le pasó los brazos al cuello y lloró sobre su hombro, aferrándose a la remera de Harry como si el chico fuera a desaparecer en cualquier momento.

"Creí que nunca vería a nadie más! Ellos van a matarme. No quiero morir, Harry. No quiero morir," sollozó histéricamente. "Estoy tan contento de que estés aquí. No quiero estar solo aquí nunca más. Sólo quiero irme a casa!"

"Ron, escúchame," dijo en voz muy baja. "Voy a sacarte de aquí, si?"

Ron respiró entrecortadamente. "Cómo?" preguntó, alejándose para mirarlo con cautela.

Harry negó con la cabeza y miró significativamente hacia la puerta. No podía estar seguro de que nadie los estuviera escuchando. Ron asintió para demostrar que entendía.

Harry lo ayudó a llegar hasta una pared y apoyarse contra ella, y los dos amigos se sentaron juntos en la fría celda. Ron se apoyó junto a Harry en busca de calor y confort. Harry estaba contento de haber traído una campera. Inmediatamente se la sacó y se la colocó a Ron.

"Pero tendrás frío," protestó Ron mientras Harry le hacía pasar sus débiles brazos por las mangas.

"No nos quedaremos aquí demasiado," prometió Harry. "Ron, qué te han estado haciendo?"

"Ellos… ellos usaron la maldición Cruciatus en mí. Duele tanto," dijo con un sollozo. "Intenté no gritar, pero no pude evitarlo. Y ellos se rieron de mí. Dijeron que era débil y que sería fácil de hacer quebrar."

"Malditos bastardos," espetó Harry. "Tú sabes que no es cierto. Solía ver a Voldemort ponerlos bajo esa maldición durante mis visiones, y todos ellos gritaban al instante que los golpeaba. La mayoría de la gente lo hace," dijo Harry tranquilizadoramente. "Créeme, te conozco y serías imposible de quebrar, sea lo que sea que ellos quieran decir con eso."

Ron volvió a sollozar. "Estoy tan contento de que estés aquí," repitió. "Lo lamento porque no debería ser así ya que significa que te han traído a este infierno, pero lo estoy. Simplemente lo estoy."

Harry lo abrazó para reconfortarlo. Ron estaba obviamente aterrorizado, sin mencionar lo cansado que estaba luego de lo que había pasado mental y físicamente. "No te preocupes, Ron. Vamos a sacarte muy pronto de aquí. Te han estado alimentando? Tienes hambre?" preguntó.

"Um, me dieron una vez una hogaza de pan, pero eso fue todo," dijo agotado.

Harry se levantó una de las mangas del pantalón y sacó su varita, la cual había escondido allí con una cinta. Afortunadamente, los Mortífagos habían tomado la varita falsa. Sacó de su bolsillo el sándwich que había hecho para Ron. Lo agrandó desde el tamaño de una estampilla a la normalidad. Lo había reducido durante el largo vuelo hacia la mansión Malfoy para que los guardias no se lo sacaran. Los ojos de Ron se encendieron y tomó ansiosamente la comida.

"Mejor que lo comas lentamente. No querrás devolverlo," le advirtió Harry amablemente. "Está un poco golpeado. Cuando te saquemos de aquí, sin embargo, haremos que tu mamá te haga un banquete de todas tus comidas favoritas. Más de lo que puedas comer."

Ron no pareció notar que estuviera aplastado ya que comenzó a devorarlo, terminando en un acceso de tos.

Harry tomó a Ron de la muñeca antes de que pudiera meterse en la boca el resto del sándwich, aún tosiendo.

"Espera a que puedas respirar," dijo Harry seriamente, palmeándole la espalda. Agrandó un termo con agua y se lo dio, asegurándose de que lo bebiera lentamente. Sólo cuando lo hizo, dejó que Ron comiera el resto de su sándwich, un poco más lentamente.

.

Fuera de la celda, Hermione y Draco habían seguido a los Mortífagos y esperaron hasta que volvieron a salir. Ambos habían tenido que contener su furia al oír cómo torturaban a Harry, a juzgar por la ausencia de gritos.

Finalmente, los Mortífagos cerraron la puerta.

"Muy bien, entonces, quédense aquí. Cuiden esta celda con su vida. Si mandamos a alguien, la contraseña será… el niño que murió," dijo uno con una risa enfermiza.

"Tu originalidad me sorprende," dijo otro sarcásticamente. "Ahora ve a decirle a Lucius así podemos comenzar a torturar al pequeño bastardo. No puedo esperar a darle su merecido por lo que le hizo a nuestro señor," dijo fríamente.

Dos de las figuras oscuras se retiraron, dejando a las otras dos de guardia.

Draco le asintió a Hermione y ambos comenzaron a seguir silenciosamente a los dos mensajeros, con las varitas preparadas.

Cuando llegaron a un corredor desierto, los dos sacaron sus varitas fuera de la capa invisible y al mismo tiempo susurraron el maleficio aturdidor. Los dos Mortífagos golpearon el suelo, sin saber jamás qué los había golpeado. Hermione y Draco se acercaron rápidamente y los arrastraron a una vecina celda vacía.

Luego de quitarles las máscaras y las túnicas, Hermione los inmovilizó y les echó un encantamiento silenciador. Los dos rápidamente se pusieron las túnicas y se colocaron las máscaras. Hermione les puso a ellos mismos un encantamiento ilusorio para hacerlos parecer más altos.

Luego de esperar cierto tiempo, Draco se guardó la capa de Harry bajo la túnica y los dos se pusieron en marcha, de regreso hacia la sala.

Al regresar, los dos guardias se tensaron.

"El niño que murió," dijo Draco confidencialmente. Los dos guardias asintieron y se relajaron.

"Qué dijo Lucius?" preguntó uno ansiosamente.

"No sabemos. Sólo nos dijeron que los ayudemos a custodiar la puerta," dijo Draco.

"No saben quiénes están aquí?" preguntó uno.

"El chico Weasley?" preguntó Draco lacónicamente.

"Él… y Harry Potter," se jactó el otro Mortífago. Draco simuló no impresionarse.

"Oh, claro. Seguramente sea un muggle de pelo negro y anteojos," lo desafió Draco. Hermione se quedó rígidamente detrás de él, no queriendo abrir la boca.

"Es cierto, lo atrapamos nosotros," insistió el primero.

"Revisaron siquiera si tenía una cicatriz?" preguntó Draco arrastrando las palabras.

"Si, está aquí!"

"Ja! Lo creeré cuando lo vea," dijo Draco altivamente.

"Mira, les mostraremos. Aunque saquen las varitas, por si acaso. Es un poco agresivo," dijo el segundo, sacando las llaves.

Draco se encogió de hombros mientras él y Hermione sacaban las varitas.

"Si ustedes lo dicen," dijo Draco.

Mientras los mortífagos estaban excitadamente concentrados en encontrar la llave correcta para abrir la puerta, Draco y Hermione se les acercaron por detrás y les pusieron sus varitas contra sus nucas.

"Hey, qué demo…?" comenzó uno, pero los dos adolescentes los aturdieron.

"Wow. Estoy tan contento de no haberme convertido en Mortífago. Son patéticos," dijo Draco, sacándole las llaves de las manos a uno de ellos.

"Espero que estén bien," dijo Hermione con ansiedad mientras Draco abría la puerta.

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Ron se puso rígido al oír el click de la cerradura y se aferró al brazo de Harry desesperadamente.

"Está bien, Ron," dijo Harry en voz baja, rezando porque su plan hubiese funcionado y sus palabras fueran verdaderas.

Se le congeló la sangre cuando las dos figuras que entraron eran definitivamente más altas que sus amigos.

Pero entonces, uno se sacó la máscara, terminando con el encantamiento ilusorio y revelando a una sollozante Hermione.

Corrió hacia los dos mientras Draco se ponía la máscara sobre la cabeza y comenzaba a arrastrar los dos cuerpos de los guardias hacia la celda.

"'Mione?" preguntó Ron sin creerlo cuando su novia lo abrazó abruptamente.

"Ooh, 'Mione, cuidado. Maleficio Cruciatus," advirtió Harry antes de ir a ayudar a Draco, ya que Hermione estaba ocupada junto a un estupefacto Ron, besándolo por toda la cara. Mientras caminaba, se reparó los cristales de los anteojos con un hechizo.

"Estás bien, Harry?" preguntó Draco, notando las manos temblorosas de Harry mientras arrastraban adentro al segundo guardia.

"Si. Muy aliviado de verlos," dijo. Draco mirando sus manos y Harry siguió su mirada. "Oh, Cruciatus. Sólo fue uno corto. He pasado peores," dijo sin darle importancia.

Draco levantó una ceja pero Harry lo ignoró y fue a buscar a Ron y a Hermione.

"Realmente vamos a salir de aquí?" preguntó Ron, aún shockeado.

"Por supuesto. Te prometí un banquete o no?" dijo Harry mientras Draco ayudaba a Ron a ponerse de pie.

"Te diré algo, Weasley, incluso lo haremos en mi casa. Elfos domésticos esperando cumplir cualquiera de tus necesidades," dijo Draco. Hermione estaba demasiado preocupada por Ron como para molestarse por los derechos de los elfos domésticos.

"De verdad?" preguntó Ron esperanzado.

"Seguro, por qué no? Pero primero, tenemos que salir de aquí," dijo Draco, volviendo a concentrarse.

Ron estaba demasiado débil como para pararse por sí mismo, y menos para caminar, así que Harry y Hermione pusieron sus brazos sobre sus hombros y ayudaron al chico a pararse. Draco volvió a ponerse la máscara y asomó la cabeza antes de hacerles un gesto a los demás para que lo siguieran.

Estaban todos en silencio mientras avanzaban por los pasillos de piedra, Draco adelante, revisando cada esquina antes de indicarles que continuaran.

"Qué tan lejos estamos yendo?" susurró Ron débilmente.

"Sólo tenemos que salir de las mazmorras para usar el traslador," le contestó Harry en un susurro.

Adelante, Draco de repente se quedó congelado al asomarse por una esquina antes de enderezarse e intentar aparentar normalidad.

"Qué estás haciendo aquí abajo?" preguntó una voz grave. "Creí que nosotros éramos los únicos que se suponía que deberíamos estar patrullando aquí.

"Dónde está tu compañero?" preguntó otro. "No me digas que perdiste a tu compañero."

Hermione se puso rápidamente su máscara y les hizo gestos a los chicos para que se ocultaran en el cuarto más cercano antes de soltar el brazo de Ron. Se apresuró a acercarse a Draco mientras Harry ayudaba a Ron a meterse a la habitación y cerró la puerta tras él. Tan pronto como cerró la puerta, pequeñas llamas se encendieron en las antorchas colocadas en las paredes para revelar una gran celda vacía. No era como aquella en donde habían mantenido a Ron, sino que parecía más nueva. Las paredes eran rojo sangre y había una inscripción en negro en un idioma antiguo que ninguno de ellos pudo leer.

"Harry?" preguntó Ron temblorosamente. "Escuchaste eso?"

Harry asintió inquieto. Suavemente, gritos lejanos sonaron alrededor de ellos como si vinieran de un recuerdo.

De repente, pudieron escuchar palabras susurradas flotando a su alrededor, como si alguien estuviera susurrándolas mientras los rodeaba. La voz sonaba como si saliera de las mismas paredes y leyera la inscripción al tiempo que ésta brillaba con un extraño color rojo.

"Harry," susurró Ron con voz asustada, aferrándose al brazo de Harry con miedo en sus ojos, recorriendo la habitación con la mirada.

"Harry! Ron!" la voz de Hermione llegó a través de un pequeño agujero en la puerta. Harry ayudó a Ron a acercarse. Imaginando que los Mortífagos se habían ido, Harry tiró de la puerta frunciendo el entrecejo. No se abría.

"Hermione, sácanos de aquí. Tengo un mal presentimiento sobre esto," dijo Harry nerviosamente. No podía ver el rostro de Hermione. Sólo podía ver oscuridad a través del agujero.

"Harry," llegó la voz asustada de Draco, "para qué diablos se metieron allí?"

"Necesito recordarte que los Mortífagos se estaban acercando por la esquina?"

"No importa," lo interrumpió Draco. "Escúchame, Harry, están en la cámara de las pesadillas."

"La qué?" preguntó Harry nervioso. No le gustó como sonaba eso.

"Escúchame, Harry. Tú también, Weasley. Han entrado a una cámara de tortura psicológica. Todo lo que vean NO ES REAL. Tienen que recordar eso y ayudarse entre ustedes a tenerlo presente porque la cámara les jugará trucos con sus mentes y las puertas sólo se abrirán una vez que superen sus pesadillas. Sus miedos las alimentan pero no les pueden hacer olvidar que no es real. No es real!" dijo Draco extremadamente rápido y urgido.

Harry y Ron se miraron con miedo.

"Qué es lo que no es real? Draco, qué va a suceder?" preguntó Harry sin aliento.

"Va a…"

Se interrumpió la voz de Draco.

"Draco?" lo llamó Harry ansiosamente. "Draco? Están bien? Pasó algo?"

"Harry," dijo Ron temblando. "Creo que no les pasó nada. Creo que ha comenzado."

"Qué es lo que comenzó?" preguntó Harry, intentando no sonar atemorizado.

"No lo sé," dijo Ron en voz baja, con el miedo en su voz. "Algo malo."

La inscripción brilló con un tono rojo oscuro antes de desaparecer.