Me da gusto presentar el siguiente capítulo.

Capítulo 20: Regreso a Casa

Dos semanas después

A pesar de su reticencia inicial, los señores Northwest no protestaron en que Pacifica consiguiera un empleo de verano. Todavía quedaba buen tiempo y supuestamente Preston lo hizo para que ella aprendiera responsabilidad, y luego le dijo textualmente a su madre: Así no tendremos tanto gasto en Venecia, que se quede está bien. No le importó, además, podía estar todo el día sintiéndose verdaderamente útil mientras que Gideon consiguió un pequeño empleo en el nuevo taller mecánico del pueblo. Como el resto de la semana, ella se quedaba lavando los platos después de la hora de cerrar, ya era de noche, y sólo quedaban Susan y ella; sólo bastó que ambos fueran a desayunar allí, recordando cómo se conocieron y pidieron lo mismo de ese día. Una de las empleadas salió furiosa por la puerta alegando que Susan era muy injusta, seguidamente la mayor salió diciendo que le daría el empleo al primer idiota que lo pidiera, pues trabajaría mejor que ella. Pacifica fue la única, todo pasó después de que Gideon se metiera al baño—tal como ese día—.

Era una decisión apresurada, pero poco le costó acostumbrarse, y luego supo que esa mujer renunció después de que Susan la encontrara teniendo sexo con un cliente, eso y que prácticamente era una holgazana. Nada de eso le impidió llamarla de todo. Por el momento, Pacifica estaba muy agradecida de tener un empleo, en donde todas las noches se quedaba después de cerrar para limpiar la cocina sin cobrar horas extras, pues ella estaba feliz de no pasar tanto tiempo en su mansión.

—Me voy, Pacifica—anunció Susan desde la puerta.

Pacifica dejó los platos, se quitó los guantes y salió sonriente hacia la mujer. Se limpió una mota de polvo invisible de su uniforme color rosa y luego recibió las llaves.

—Te dejé un regalo sobre el mostrador—dijo la anciana.

—Oh señora. No era necesario.

— ¡Claro que sí! Feliz cumpleaños.

—Muchas gracias, Susan.

Se dieron un corto abrazo antes de que la mayor se fuera y la dejara en la oscuridad. Escuchó ruido en la parte de atrás cuando regresó a la cocina y al salir descubrió a un montón de gnomos que buscaban allí. Rodó los ojos con molestia y después de unos minutos salió con una tarta en la mano, incompleta, y que un cliente dejó sin comer después de que lo llamaron de urgencia.

—Oigan, enanos. Aquí tienen, ahora no hagan tanto ruido y dejen en paz esa basura.

Uno de ellos se acercó, la olfateó de sus manos dejándole una mueca de desagrado a la rubia, luego simplemente lo tomó y se fue corriendo con todos sus compañeros. Otra vez regresó a la cocina, terminó de lavar los platos y luego al restaurante después de comprobar por décima vez que todo estuviera en orden. Viendo las mesas limpias, los platos relucientes, el piso limpio y sus dedos arrugados con olor a cloro y jabón, se sintió cansada y bien consigo misma; después de una vida en la que hacían todo por ella tratar de trabajar se sentía muy bien. En el mostrador había un pequeño pastel con un 17 hecho con merengue, le dio una probadita y saboreó con gran placer. Tocaron a la puerta, abrió con mucho gusto de saber quién era.

—Hola, linda ¿Cómo va tu noche?—preguntó Gideon después de darle un beso.

—Mejor ahora que viniste. Pasa, nos vamos en un segundo.

Esa noche Pacifica "celebraba" su cumpleaños, Gideon sacó una cajita y se la entregó, llevaba un pequeño listón rojo por encima. Se vieron unos segundos mientras lo abría y luego Pacifica sonrió encantada por el detalle. Eran un pequeño par de pendientes, con un brillante cada uno.

—Dios mío, Gideon, son preciosos.

—Me alegro de que te gusten. Siento que no estén a la altura de tus alhajas traídas de, no sé, la luna o algo así.

Rieron al sentarse en las butacas de la barra, Pacifica los guardó igualmente conmovida. El montón de joyas en su habitación poco le importaba, nunca las usaba, sin embargo, el regalo de su novio las superaba por mucho. Nadie le había regalado nada, al menos no con cariño. Gideon volvía a ser el primero en ello. Cerraron el restaurante, ya casi era medianoche, y caminaron tranquilamente hasta la mansión. Todo iba relativamente normal, lo más que pudo después del desastre que sucedió en los pocos días de verano que pasaron.

Los señores Northwest pasaron a su casa, sólo para recoger sus maletas y luego largarse. Ni siquiera les importó que Gideon estuviera sentado en sus carísimos sillones traídos de quién-sabe-dónde y luego desearle un feliz cumpleaños desde la puerta a Pacifica, ni siquiera les interesaba que Paul no estuviera. En ese lapso, Stan acudió al auto-lavado sólo para platicar un poco con él; pensó que tal vez fuera su imaginación, pero se veía meditabundo, incluso enojado, y cuando le hablaba por el supermercado, tanto él como Sally se mostraban distraídos. Pensó en Dipper y Mabel, en cómo lo estarían llevando, Pacifica casi pudo leer su mente.

— ¿Crees que estén bien? Dipper y Mabel.

—No lo sé. Supongo que sí.

Tener un par de amigos en una relación era normal. Para Pacifica, en tanto, le resultó un poco enfermizo el tema del incesto, atribuido a que ella fue una de sus víctimas; sin embargo, los gemelos le mostraron una perspectiva diferente de este. Una relación de amor, como un par de mejores amigos ¿Y cómo no? Se conocían de toda la vida, eran prácticamente inseparables. Algunas veces quiso preguntarle a Mabel ¿Habrá alguien más como ustedes dos? Y pensó que probablemente así era. Había mucho por explorar todavía.

—Supongo que pasará un buen tiempo antes de vernos nuevamente. Deberíamos hablar con Stanford, tal vez él los visite antes y podríamos ir con ellos—repuso Gideon.

—Sólo que veamos a Mabel, Gideon. Hemos hablado una sola vez desde que se fueron y se escuchaba muy angustiada, supongo que la razón viene sobrando. Ellos no tienen una vida perfecta tampoco ¿Sabes?

Y nuevamente el mar de pensamientos. Gideon recordó nuevamente las palabras de la violinista. ¿Sabes lo que ellos hubieran dado por tener padres como los tuyos? Mientras que Gideon tuvo unos padres presentes, consentidores y amorosos hasta donde pudieron, Pacifica aguantaba a un malnacido que la violó cuando era niña y unos padres despreocupados que la abandonaron incluso ahora que era su cumpleaños. Pacifica le contó de camino a la cabaña sobre lo que dijo Mabel. Sus padres además de despreocupados, eran adictos al alcohol y las drogas, recordando el especial énfasis en que no eran muy apegados a otros miembros de la familia fuera de Stanford y Sally, y aunque no eran tan adinerados como Pacifica, podían vivir bien. Eso llegaba a que Dipper se iría a otro estado.

—Ya veo… supongo que los juzgué mal la primera vez que los conocí.

—Nos juzgamos mal entre todos, así que tampoco sirve lamentarse

Se empezó a reír hasta ruborizarse un poco, Gideon la miró con curiosidad, se soltaron viéndose graciosamente y habló.

—Es increíble el tiempo que pudimos ser buenos amigos. Ahora que se fueron siento que los extraño demasiado, Gideon.

—Igual yo ¿Pero qué más da? No podemos hacer nada, salvo esperar el siguiente verano.

Llegaron a la mansión. La rubia se quedó mirando los setos con forma de animales, su mansión en penumbras, sintiendo que todo había sido tan fugaz que apenas lo podía creer.

—Hasta el siguiente verano—dijo mirando las estrellas.

—O—O—O—O—O—

El sentimiento de desconcierto todavía estaba presente en la Cabaña del Misterio. Los señores Pines recibían gustosos a Soos y Melody, que ante cualquier pequeña observación o problema por algo acerca de la boda acudían a ellos, pero el saber que sus sobrinos estaban más relacionados de lo que creían, los confundía en ciertos aspectos. Esa noche mientras cenaban, Sally permaneció extrañamente callada, Stan la miraba como esperando que expresara el odio por Dipper y Mabel, en cambio, ella pensaba lo mismo de él. Ahora tomaban café, con una única lámpara encendida mientras contaban el dinero que ganaron ese día, nada más que 10,750 dólares. Nada mal.

— ¿Esto cambia algo, Sally?—se atrevió a preguntar.

— ¿De qué hablas?

—Tú lo sabes, Dipper y Mabel.

— ¿Qué decir al respecto, Stan? Es incesto.

Las palabras salieron de su boca, estrictas, no distinguió rastro de enojo o repulsión hacia ellos. Suponía que eso era «bueno».

—No puedo creerlo. Es decir, siempre se notaron tan unidos, ahora mismo me pregunto: ¿Cuánto tiempo llevan así? ¿Eran tan unidos por esa relación precisamente?—dijo Sally en voz baja.

— ¿Relación?—titubeó.

—Sabes a lo que me refiero, amor.

Stan se puso a pensar en algo así. Cuando era niño y jugaba con Stanley, nunca pasaba más allá de eso, juegos. El cariño que tenía por su hermano, aún con su extraña vida metiéndose en problemas, se mantenía con el paso de los años. Aunque su vida fue difícil, le resultaba incómodo pensar en algo "romántico" con él, a sabiendas que él era el único que lo apoyó hasta el final, incluso en su búsqueda absurda de conocimiento y poder. Eso y que era heterosexual, de una manera circunstancial, claro.

— ¿Alguna vez lo habías visto?—preguntó Sally nuevamente.

—Una vez—respondió—. Cuando estuve en el ejército. Era una familia en Holanda, llegaron allá después de la segunda guerra mundial. Eran primos, pero resulta ser casi lo mismo.

—No es lo mismo a un parentesco tan directo como el de ellos. Dipper y Mabel son GEMELOS.

Sally alzaba la voz cada que resaltaba un punto importante, eso le gustaba a Stan.

—Sigue siendo parecido.

— ¿Ahora de qué hablas?

—Aprovecharon el caos del holocausto para fugarse, eran judíos.

Su mujer puso el dinero que quedaba después de pensar en los gastos y ahorros para abastecerse por la mañana con frutas y verduras, y lo miraba con gracioso recelo. Las cosas irían en serio ahora.

—El punto es que se ayudaron en una situación donde no podían salir. Estaban aislados, con los alemanes pisándoles los talones. No podían huir, ni podían irse a ninguna otra parte ¿Entiendes lo que quiero decir?

—Por muy difícil que sea la vida de Dipper y Mabel con sus padres, los cuales son una mierda de persona, no es motivo para que ellos dos… bueno… ya sabes.

—Cariño, tú y yo hemos estado en situaciones parecidas. ¿Lo negarás?

Sally se sentía atraída por cualquier idiota que le juraba amor y luego terminaba lamentándose, Stan fue la excepción y estaba feliz. Stan, por su parte, todavía seguía evitando el contacto con el resto de su familia, obsesionado con rescatar a su gemelo, al único familiar que de verdad amaba además de Dipper y Mabel. Eso lo sabía bien. Eran situaciones difíciles en las que buscaban a su único apoyo en la situación que les tocó. Para sus sobrinos, esa persona resultaba ser su propio gemelo. Alguien en quién apoyarse…

—No creo que esté mal, Sally.

—Eso ya lo sé.

—Entonces… ¿Qué?

—Lo mismo pregunto ¿Qué? Es cierto, han vivido de todo junto al otro—hubiera querido no decirlo, no sabía con exactitud cuánto era «todo»—Seré sincera, Stanford. No tengo nada contra esos niños ¡Los adoro! Pero no hay nada que hacer ahora. Están separados, y desde el punto de vista moral, es mejor así.

Stan se empezó a reír, negando con resignación mientras miraba la entrada al laboratorio.

—Mandé la moral a la mierda en el momento que construí esa maldita cosa—señaló furioso.

—No es que yo la haya echado por el drenaje, Stan. Si ellos se quieren, digo ¿Qué más da? Sólo trato de ver por su bienestar.

— ¿Bienestar?

—La sociedad no ve esto todos los días, hay que entender eso.

— ¿Entonces los aceptas así?

Sally lo miró, sus mejillas tomaron algo de color, y luego sonrió.

— ¿Tú los aceptarías así?

—Por supuesto. Son mi familia, me he acostumbrado a cosas peores, y dejando eso de lado, me alegro de que estén felices, pero ¿Qué dices tú, cielo?

— ¿Bromeas? Por supuesto que sí… aunque me costará un poco asimilarlo. Me hubiera gustado presumir que soy feliz a esa edad. No muchos tienen ese privilegio, verdaderamente me refiero.

Nuevamente el silencio. Por mucho que esa fuera su opinión, no era la de los demás. El motivo que los orilló a relacionarse de esa manera ahora no importaba, así mismo, ambos esperaban el peor de los escenarios. Dipper y Mabel no eran comunes, ni ellos. Y si se tenían la mitad del cariño que vieron en ese vídeo y del que tanto se mostraban con ellos al frente, sabían que ninguno dejaría así las cosas. Eso les preocupaba.

Dos meses pasaron.

—O—O—O—O—O—

El viaje fue largo, además tenía que estar al pendiente de no llamar mucho la atención. Tenía la ligera sospecha de que su padre ya le hubiera informado a Mabel sobre su fuga, aunque tomando en cuenta los "asuntos importantes" que debía resolver, quizás ni siquiera se haya dado cuenta de que él no estaba en casa desde hacía ya una semana. Antes de irse, Dipper husmeó entre sus cosas, y luego de robarle dinero suficiente para largarse pudo darse cuenta de que sus padres estaban en bancarrota, además de lo poco que tenían para sostenerse no había nada más, ni siquiera en su fondo de ahorros. Pensó que tal vez ya hubiera un comunicado, aunque era muy poco probable.

Durante sus viajes en autobús estuvo pensando en muchas cosas, ahora mismo se dirigía a hacer algo que no quería hacer, se estaba viendo obligado. Terminaría por fin su relación con Mabel. En los dos meses que pasaron las conversaciones telefónicas y por internet que mantenían solían debilitarse muy rápido, y aunque Mabel siempre terminaba con un «Te amo» Dipper respondía más por acto reflejo que por querer hacerlo. No significaba que ya no la amara, sino que su mente, tal como en los años anteriores a ello, estaba muy lejos de sí, pensando a futuro.

¿Qué diablos estaba pensando al creer que Mabel y él podían ser felices? Era una relación inmoral, no aceptada, no un estúpido libro de cuentos. Era la realidad golpeándole sin piedad en la cara, diciéndole que no importaba lo mucho que la amara, eso era imposible ¿Qué sucedería en el futuro? Dipper sabía que nada duraba para siempre ¿Qué sucedería cuando Mabel se enamorara de otro sujeto? ¿Si él se enamoraba de otra? Su mente gritaba que eso no sucedería, que estaría con Mabel toda su vida pero ¿Y si se equivocaba? ¿Acaso mantendrían todo lo que vivieron como un simple capítulo más de sus vidas? ¿Se evitarían durante toda la vida para no recordarlo? Todo era demasiado pesado, había demasiadas variables.

¿Y si ella quería tener familia? Rumbo a cumplir los diecisiete años, todo parecía muy lejano, y el tiempo luego parecería muy corto, en cualquier momento estarían allí a unos cuantos meses de ir a la universidad—si lograban conseguir dinero o algo—luego tal vez graduarse y ser profesionistas, inminentemente formarían una relación estable con algún extraño. Su mente era un jodido infierno justo ahora. Afrontó muchas cosas con ella, incluso algo fuera de su propia imaginación y más allá de las rarezas de Gravity Falls. Era momento de aceptarlo, había cosas que tendrían que afrontar por sí solos. La primera sería resignarse a que su relación simplemente no podía ser, buscar todas las razones ahora mismo resultaba tonto pues existían demasiadas, y entre más cavaran, más encontrarían.

La miró desde lejos, sola. Rechazando a todos. Dipper acababa de llegar desde Salt Lake City. Mabel se veía triste, deprimida; se sentía culpable de ello, pues fugarse simplemente se le ocurrió de la noche a la mañana, estaba harto. Su padre no paró de insultarlo por diversas cosas. No tener amigos en la escuela, no interesarse en alguna chica y enclaustrándose en casa sin nada más que hacer que mirar sus "estúpidas grabaciones" de cuando era niño. Tenía paciencia, y esta se acabó cuando ese malnacido le perjuró que nunca más volverían a saber de ese par de rameras.

Pudo simplemente darle un golpe, estaba drogado y no se defendería, aun así prefirió no hacerlo; robarle algo de dinero y tomar el primer autobús hacia Nebraska—no lo pensó mucho—pareció una buena idea y luego de ello tomó una decisión. Se acercó hasta a ella, se acababa de cambiar en un baño de la gasolinera, y entonces se vieron a los ojos. Por unos segundos percibió miedo en los ojos verdes de Mabel, luego enojo, y finalmente fue repelido por la alegría, corrió demasiado rápido hacia él y casi pudo levantarlo con un abrazo.

— ¿Dónde estuviste? ¿Por qué no llamaste? Eres un idiota, estaba muy preocupada.

Eran muy buenas preguntas. Dipper la tomó de la mano y caminaron con rumbo a cualquier sitio, tal vez un lugar donde pudieran hablar tranquilos. Mabel daba saltitos alegres, sus ojos brillaban por verlo de nuevo.

— ¿Dónde estuve? Bueno, por varios lugares, viajar en bus es muy cansado ¿Por qué no llamé? Quería darte una sorpresa, ahora veo que el muy imbécil de papá lo estropeó todo.

—Llamó diciendo que te habías fugado, mamá le gritó como una idiota por el teléfono. Me da vergüenza de recordarlo—Mabel le recargó la cabeza en el hombro por un momento—. Perdóname por llamarte idiota…

—Descuida, Mabs, ya sé que puedo ser un idiota de vez en cuando. Perdóname tú a mí, no llamé porque temía que supieran a dónde me dirijo.

— ¿No venías aquí?

Se detuvieron en medio de un vecindario en los suburbios, Dipper notaba algo de sudor en su camisa roja y se mordió el labio mirándola de reojo.

—No exactamente, Mabs. Estuve pensando en algo últimamente, algo que seguramente… no lo sé. No sé a dónde llevará esto.

—Es, ya sabes "¿La charla?"

Dipper asintió.

—O—O—O—O—O—

Escogieron un lugar poco transitado por la tarde, una pequeña fuente a las afueras de la biblioteca que Dipper frecuentaba. Comían unos dulces, a Mabel se le antojaron unas gomitas y Dipper se hartaba con chocolates.

— ¿Qué pasaría con nosotros? No lo sé ¿Qué crees que pasaría?

—Vivir así, Dip ¿Qué más nos queda? Podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para luego, no sé, rentar un departamento lejos de ambos, un lugar intermedio.

—Has evitado esto durante todo el verano, Mabel ¿Quieres por favor tomarlo en serio?

—Lo sé—se disculpó sonriendo tímidamente y tomándolo de la mano.

—Esto ¿Adónde nos lleva? Lo pensé. Somos hermanos, te amo y lo sabes—Dipper se tragó un pedazo de chocolate que le supo muy amargo—. Creo que te estoy robando tu vida.

— ¿Cómo dices?

No había manera fácil de decirlo. Estando en Salt Lake City Dipper entendió que no podía robarle su vida a Mabel. Era doloroso, y cada palabra en su mente de lo que quería decir se atascaba como su confesión en ese claro a la luz de la luna.

—Dipper ¿A qué te refieres?

—Mabel… siempre me lo has dicho, pienso demasiado las cosas. Esta vez es por tu bienestar… dime ¿No quisieras tener una familia algún día? ¿No repetir los errores de nuestros padres?

Mabel estaba callada, mirando al suelo. Confundida.

—Cuando empecé esto fui muy egoísta. Pensé que podía tenerte a mi lado tanto como quisiera y nunca sentirme mal por ello, luego sucedieron las cosas, y caí en cuenta de que si no terminamos con esto… Lo siento.

— ¿Quieres terminar?

Eso parecía una pregunta muy tonta, era obvio, así que Dipper no pudo hacer sino tragarse su cobardía para verla a los ojos. Mabel empezaba a llorar, sonriendo, algo muy extraño.

— ¿Terminar qué? Tú no lo empezaste, no en el claro. Lo hice yo.

— ¿De qué hablas?

—Lo mencionaste en tu carta de despedida. Nunca te dije cuándo fue que me enamoré de ti, lo dejé de lado porque por fin estaba contigo—se acercó más y lo besó, era muy dulce—. En todas las maneras que pude imaginar desde que era una niña. ¿Aguantar desde los doce años? Yo te amo así desde que teníamos diez, Dipper.

No lo esperaba, vaya que no. El sonido de la fuente al activarse lo hizo dar un saltito, estaba muy nervioso y Mabel se rio por ello, estaban nuevamente en esa burbuja compartida. Sólo ellos y nadie más. Mabel agitó el agua de la fuente, extrañamente estaba muy limpia, y poca gente pasó por ahí directamente a las calles que conducían al centro.

—Todo ese tiempo creí que si te lo contaba me mirarías muy raro—soltó una risilla nerviosa—. Aunque somos pareja creí que lo verías muy infantil, algo increíble, pero la abuela decía que el amor de una infancia es algo de lo más puro que puede existir. Y yo le creí desde ese día.

— ¿Qué día?—preguntó Dipper con una media sonrisa, sonrojado levemente.

—El día que hiciste algo lindo para mí. Recuerdo que estábamos en los columpios, donde la abuela nos llevaba, y hacía calor. Nos compró un helado y nos sentamos a la sombra de un árbol. Fui muy torpe y dejé caer el mío, quise llorar, y cuando menos lo esperé me estabas dando tu cono.

—No lo recordaba… ¡No lo recordaba!

Dipper empezó a reír, Mabel estaba ciertamente avergonzada, era gracioso, y pensó que Dipper no la tomaría en serio. No lo culparía, aquel gesto era muy flojo para convertirse en un amor que perduró tanto tiempo.

—No es sólo el helado, torpe—le golpeó el hombro—. Era, ya sabes, simbólico. Porque luego hubo más. Hacíamos el ridículo en las fotos escolares, estábamos juntos aunque teníamos amigos. Yo tenía pesadillas y me dejabas dormir contigo, en tu cama quiero decir. Luego la abuela murió.

El castaño borró la sonrisa y la miró a los ojos, Mabel tampoco sonreía.

—Cuando ella se fue, estuviste ahí, abrazándome y diciendo que está en un lugar mejor. Que nos mira desde donde quiera que esté y que nos amaba todavía. Antes de ese día siempre pensé que ese cariño que te tenía era sólo eso, cariño. No era así. Tenía miedo de perderte, de que me separaran de ti, aunque sabía que eso era imposible. En esos días lo creía. Los inocentes gestos que tenías conmigo me dieron confianza, ella también decía que amara a quien demostrara quererme sin pedir nada a cambio. Eres tú, siempre lo fuiste. Estabas ahí para ayudarme a sobrellevar las palabras hirientes de mamá y los golpes de papá cuando se enojaba conmigo.

— ¿Cómo fue que llegaste a eso, Mabs?

Se abrazaron, ambos con los ojos llorosos. Ella respiró profundamente, y luego prosiguió.

—Alguna vez me explicó que amar no tenía nada de malo. Decía que demostrar cariño y apoyo eran las más grandes expresiones de amor en silencio. No sé, dije que quería alguien como tú, no a ella, pero lo pensaba. Éramos amigos, familia, y conforme crecíamos vimos el cambio de papá y mamá. Entonces surgió el apoyo, el consuelo—contuvo el llanto y luego tomó aire—. Me sentí horrible porque conforme pasaba el tiempo la manera de verte fue muy diferente, pensé que interpretaba todo tu apoyo y nuestros juegos de manera incorrecta. Que estaba equivocada.

Dipper pensó que Mabel jamás había sido tan elocuente en toda su vida hasta ese momento. Sus brazos le dieron felicidad, consuelo, e incluso se sintió avergonzado. Él se enamoró de su vivacidad, de su radiante felicidad y optimismo, simples actitudes. En cambio ella se fijó en el apoyo y las palabras, las pequeñas muestras de afecto. Actitudes al fin y al cabo, con un nombre más rebuscado. Se apartó de ella, seguía sonriéndole con mucho amor, peinó un mechón de su cabello tras la oreja, para él siempre se vería hermosa.

—No soy una tonta, sé a lo que te refieres. Créeme, si quieres terminar con esto no me opondré, sé que no podemos hacer nada más porque somos hermanos. Todo lo que venga en el futuro, sea bueno o malo…

—No digas nada, Mabs, nada.

Ahora también se sentía como idiota—gran sorpresa—venía con la intención de terminar esa relación que estuvo anhelando desde que era un púber, ahora mismo sus piernas flaqueaban como si fuera la primera vez que la tenía en sus brazos. Tal vez no importaba mucho, el futuro estaba allá afuera, esperando, siendo bueno o malo. Al fin y al cabo la vida resultaba ser demasiado corta, cuando se era un Pines, incluso más. Todo lo que vendría, problemas, familia, tristeza, alegría no importaban siempre y cuando pudiera vivirlas con ella. Ya había luchado con un demonio para tener eso, no permitiría que el inmundo lazo de sangre que combatió buena parte de su vida le estropeara lo que logró conseguir.

—Vámonos—dijo pegándola a su cuerpo de nuevo.

— ¿Qué? ¿A casa?

—Sí, a casa.

Cuando lo miró a los ojos supo que Dipper no se refería a SU casa, recogieron sus cosas del suelo y corrieron con una sonrisa bien marcada en el rostro, sin saber qué les deparaba el futuro. Dispuestos a aceptarlo. Fuera bueno o malo.

—O—O—O—O—O—

Tal vez sus padres estuvieran en bancarrota, pero eso no significaba que ellos estuvieran precisamente desamparados. Sus ahorros de cumpleaños les servirían bastante bien ahora que lo necesitaban, en cuanto llegaron a casa y se aseguraron de que su madre no estaba, Mabel metió tanta ropa como pudo en su maleta más ligera, abrió el baúl y recogió su diario, guardándolo hasta el fondo, no importaba nada más de sus cosas salvo el dinero que los llevaría sin rumbo por un tiempo, luego de ello salieron a toda prisa de la casa, siguiendo el plan de Dipper. Regresarían a Gravity Falls.

Sí, no querían importunar a sus tíos, aunque siempre quedaba la alternativa de esconderse y recurrir sólo cuando ya no pudieran, sonaba pesimista pero debían afrontarlo también. Ya inventarían algo si ellos les preguntaban sobre qué los llevó hasta allá en primer lugar, mintieron buena parte del verano después de todo. Al pasar por las puertas de la terminal de autobuses—un lugar pequeño sólo para llegar—sintieron el pequeño aire de libertad que les daba esa decisión tan apresurada. Era como besarse libremente en la cabaña estando sus tíos presentes.

— ¿A qué hora llega el siguiente autobús a Gravity Falls?—preguntó Dipper apresurado.

—Veamos… el siguiente con rumbo a Oregón se va en… una hora.

— ¿Es lo más pronto que puede salir?—preguntó Mabel.

—Más o menos ¿Mucha prisa, cielo?

La castaña torció la boca por el fastidio, en una hora podían pasar muchas cosas, entre ellas que sus progenitores adquirieran la chispa de paternidad que les hizo falta después de que dejaron los pañales y pensaran en buscarlos. Ahí estaba Dipper, caminando de un lado a otro mientras ella se ponía cada vez más ansiosa, como si estuvieran guardando una bomba dentro de sus mochilas. Se acomodó en su asiento de plástico—asquerosamente tibio—esperando que él se calmara, no parecía lograr nada.

—Por favor cálmate, no es para tanto. Me pones nerviosa, ya lo hablamos.

—"¿No es para tanto?" Mabel, todavía corremos peligro.

—Te digo que todo estará bien, cuando lleguemos a la cabaña…

—No, no llegaremos ahí.

— ¿Por qué?

—Será el primer lugar donde decidan buscarnos, Mabel. No hay que darles problemas a Stan y Sally.

—Oh demonios.

Mabel se frotó la frente, estaba sudorosa, ahora mismo parecía querer desmayarse. Sonrió con desdén al notar que estaba mandando todo al carajo por seguir a su hermano, fugándose como la típica pareja incomprendida, esta vez resultaba serlo. Aunque no estaba nada mal, de todo lo que sucedió sólo podía pensar en cuán feliz estaría cuando hablara con sus rubios favoritos. Casi pasó una media hora cuando la misma señora con cara de aburrida les avisó que el dichoso transporte llegaría "unos minutos tarde". Malditos tecnicismos, fue lo que pensaron, aunque siempre relajándose porque muy en el fondo sabían que sus padres no se preocuparían.

—O—O—O—O—O—

Medio mareada por el alcohol, Rose pensaba en lo que haría cuando llegara a casa, tal vez mirar los cuadernos llenos de dibujos de Mabel. Durante los años que duró casada nunca pensó en que algo podría salir tan mal de alguna manera, ahora mismo tenía deudas hasta el cuello, y Mabel se salvaba de ayudarla por el simple hecho de ser menor de edad. Tal vez lo escuchó en alguna parte, pero cuando fuera mayor la haría trabajar como un asno.

Librarse de una boca para alimentar—aunque estuviera lejos—resultaba benéfico, pues de su bolsillo estaba corriendo—al menos por ahora—que Dipper pudiera mantenerse unos días por allá, ahora venía George y le decía que se fugó. En su tono tan monótono de voz lo único que pensó fue que, por una vez en su patética vida, sonaba verdaderamente preocupado. Claro que no por Dipper, incluso Mabel les traía sin cuidado.

Tal vez sus hijos no lo supieran, pero fueron el resultado de una noche en donde tanto ella como George estaban tan drogados, que el roce de su pene adentro—estando drogada su miembro no era tan pequeño—resultaba ser más "delicioso" sin condón alguno. A Mabel le dieron anticonceptivos cuando cumplió catorce años, su ciclo era extrañamente abundante—al menos su abuela hubiera dicho que eso se debía por ser una puta—sabía que su hija era tan virgen como una religiosa y tan infantil que resultaba insoportable, de no ser por sus pechos, sería la fantasía de un pedófilo con dudas.

Al llegar a casa se anunció azotando la puerta, se dirigió hacia su extenso catálogo de bebidas y se anunció mientras se servía un poco de whiskey. Las cervezas con Helen resultaron poco y la sed acrecentaba.

—Mabel, ya llegué ¿Tienes hambre?

No respondieron, en cambio, una figura con atuendo negro salió de la cocina, ella le daba la espalda y lo hizo de un modo tan sigiloso que no escuchó nada. Atuendo militar de color negro, el uniforme para un asedio nocturno y en la espalda llevaba las pequeñas letras, invisibles de lejos: UT. Cuando se volteó dejó caer el vaso, rompiéndose en el suelo cuando se fijó en los lentes y rojos y su pasamontañas de color negro.

— ¿Quién diablos es usted?—el miedo la volvió presa en pocos segundos.

—Me temo que ha sido… ¿Cómo dicen ustedes los estadounidenses? Adquirida, aunque la palabra es "comprada".

— ¿Qué demonios?

—Se lo pido amablemente, venga con nosotros, señora Pines.

Ese acento ¿Qué era? ¿Ruso, alemán? De todas formas echó a correr con dirección a la cocina, encontrándose luego con un segundo invasor que le rompió la nariz en cuando atravesó el marco, la sangre apenas la sintió en medio del espanto. Entretanto, el intruso que la recibió se comunicó con sus superiores.

—Tenemos al objeto ¿Cómo procedemos?

—Asimílenlo.

—Entendido. Fuera.

El militar sacó un frasco de su bolsillo en el chaleco antibalas, estaba lleno con píldoras azules y cuando su compañero le abrió la boca, levantándola aturdida del suelo, él metió el fármaco hasta su garganta usando dos dedos. Se atragantó por unos segundos, luego se quedó quieta, y la sangre que seguía saliendo por su nariz se tornó de un asqueroso color violeta al cabo de unos segundos, y luego, tal como ellos lo sabían, entró en coma.

—O—O—O—O—O—

Era mejor así. Una vez que llegaron a Oregón ya casi era la tarde del día siguiente, todo un día de viaje, deteniéndose sólo para bajar al baño de alguna estación de paso. La gente de Gravity Falls no parecía sorprendida de verlos regresar, todo estaba en calma, una calma que aliviaba cualquier rastro de pena en ellos.

— ¿Adónde quieres ir primero?—preguntó Mabel.

—Honestamente no lo sé… deberíamos buscar un lugar en dónde quedarnos ¿No crees?

—Qué feo se escucha eso, es como si creyeras que Stan nos dejará en la calle.

—Sé que no lo haría, pero no debemos darle problemas ¿Entiendes?

— ¿De verdad crees que mamá y papá nos estén buscando? Porque yo no.

Se encogió de hombros y, nuevamente dejando de lado a toda la gente de Gravity Falls, se besaron tiernamente como cualquier otra pareja. Avanzaron por la calle, pensando que sería buena idea quedarse en el hostal el pueblo, una habitación pequeña, presentable y barata que les serviría por unos días. Hasta que Dipper pensara en qué hacer. Lo dicho. Podía ser un idiota en muchas ocasiones. Escucharon el sonido del agua, de varios coches pasando por ahí, y luego, el pecoso los advirtió con verdadera sorpresa.

— ¿Dipper, Mabel? ¿Son ustedes?

Los gemelos voltearon, derecho hacia el taller, estaba Gideon sonriéndole con las manos manchadas de aceite.

— ¡Gideon!

Mabel corrió a abrazarlo sin importarle lo poco presentable que estaba, Dipper por su parte esperó que ella lo soltara para abrazarlo también.

— ¿Qué están haciendo aquí? El verano ya pasó ¿Lo saben, verdad?

—En realidad… nos escapamos de casa—Mabel se rascó la cabeza algo nerviosa.

— ¿Huyeron? Vaya, eso sí… no, la verdad es que sí lo esperaba.

— ¿Conseguiste trabajo? Eso es genial—se hizo notar Dipper, recibió una mirada incrédula de Gideon.

—No te burles, Pines. Es lo mejor que pude conseguir.

—Oye, no me burlo, de hecho me gustaría saber si, ya sabes, no necesitan una mano extra aquí.

Esta vez sí se quedó confundido, torció la boca y vio a su viejo jefe comiendo. No era tan mala idea tener a alguien que sí supiera lo que hacía en ese lugar, tal vez dejaría de ser tan aburrido.

—En realidad sí, el tuerto Moe se acaba de retirar.

— ¿Tuerto Moe?

—Digamos que "el tuerto Moe" se convirtió en "el ciego Moe" la semana pasada. ¿Así que piensan quedarse?

— ¿Stan pasa por aquí muy seguido?

—Le he dado cupones para esas cosas ¿Cómo se llamaban? No sé, cosas de los motores. Pero no, no se acerca por aquí.

—Supongo que eso ayudará en algo.

Mabel le sonrió con desgana, seguía feliz, aunque ahora tendrían que ver la manera de resolverse la vida por sí mismos. No estaban seguros de qué dirían, porque un encuentro con Stan estaba seguro. Alguna excusa se les ocurriría.

—Entonces ¿Adónde se dirigen? Es obvio que no quieren ver a Stanford.

—Nos quedaremos en el hostal, ahora que terminó el verano suponemos que se estará vacío ¿Cómo está Pacifica?—Mabel le sonrió recuperando el ánimo.

—Bastante bien, ahora mismo debe estar trabajando.

— ¿Sigue con Susan? Pensé que sería por el verano solamente.

—Es medio tiempo, va al salir de la escuela—soltó una risilla—. Supongo que eso no les importa ahora ¿Verdad, tórtolos?

—Oh, viejo. No tienes ni la menor idea—Dipper le golpeó el hombro—. Como sea, supongo que vendré más tarde. Háblale bien a tu jefe de mí ¿Sí?

—Claro, luego vamos con Pacifica si les parece ¿Vale?

—Hasta entonces.

— ¡Nos vemos más tarde, Gid!

Mabel tomó de la mano a Dipper y caminaron, segundos después escucharon que su jefe lo llamaba para arreglar quién-sabe-que-cosa. Camino al recinto esperaban ver algún rostro conocido, tal vez a Wendy, Candy, Grenda o sus primos, pero todo el camino siguió en calma hasta entrar en la pequeña recepción; la mujer no protestó en darles la llave. Después de todo no sería la primera joven—tal vez demasiado—en llegar a ese lugar y pasar un buen rato. Al entrar en la habitación, sin querer Mabel contoneó el trasero captando la atención de su hermano, que en un gesto tan cariñoso como seductor, se acercó por detrás para abrazarla y besarla en el cuello.

— ¿Qué locura estamos haciendo, Dipi-dy?—se volteó en sus brazos, comentando con risillas.

—La más grande de nuestras cortas vidas, Mabs.

Habían ansiado tanto por un beso del otro las últimas semanas, ahora mismo, sin importar el viaje en autobús y el poco contacto que habían tenido, ambos caían nuevamente en el juego del otro, se separaron viendo directamente hacia la cama.

— ¿No te parece que está muy ordenada, Dip-Dip?

—Más de lo que me gustaría… aunque no estaría mal echar un vistazo a la regadera, ¿No lo crees?

— ¿La…?

Reaccionó nuevamente cuando Dipper le quitaba el suéter y la blusa, alzando sus manos para darle el camino libre y quedar solamente con su sostén frente a él, la manera en que la miraba le hacía arder en deseo. Tenían toda la tarde. No. Todo el tiempo del mundo.

—O—O—O—O—O—

Ya era de noche cuando los gemelos se alistaban para salir, las diez exactamente. No hubo problema en tanto a Dipper y el trabajo que planeaba conseguir, temporalmente claro, sino que Gideon prontamente logró que su jefe lo considerara. Ahora mismo bajó para ver que todo siguiera en calma, mientras tanto Mabel se cepillaba el cabello frente al modesto espejo, pensando en todo lo que vendría en unos cuantos días. Ahora que estaba lejos, y que el presentimiento de que no regresaría a su vieja vida, trataba de visualizarse en un futuro. Siempre creyó que yendo a la universidad encontraría un departamento que pudiera compartir con Dipper, tal vez que mejoraría en sus dibujos y conseguir un empleo en alguna rama como esa.

Recordó que le gustaba la ventriloquia, más que nada era el hecho de entretener a los niños, y si todo iba bien ¿Por qué no desempeñarse en animación? Tal vez crear caricaturas para los niños fuera genial, aunque ahora eso mismo parecía un sueño demasiado lejano, tanto como que sus cuadros, bocetos y dibujos tuvieran un espacio en alguna exhibición de cualquier galería. O de cualquier concurso cualquiera, había que empezar por algo pequeño.

Una vida junto a su hermano no sonaba a cosa sencilla. Habría que esforzarse, no vivirían de besos y cariñitos, si ese fuera el caso, seguramente se volverían millonarios cuando ella entrara en su fase "súper adorable". Rápidamente divagó y se imaginó estando juntos en algún lugar lleno de cosas fantásticas; nubes de algodón de azúcar, caramelos creciendo como fruta en los árboles, un lugar donde sus mascotas estuvieran vivas, más que nada un lugar donde pudieran estar juntos sin preocuparse por el futuro. Una burbuja donde sólo estuvieran ellos dos.

—Qué imaginación tan activa tienes, mi Estrella.

— ¿Bill?

—Detrás de ti, Mabel.

Por el espejo no había visto nada, sin embargo ahí estaba él, se veía como siempre. Amarillo, flotante. Con cierto tono burlón.

—Entonces ¿Cómo va tu luna de miel?

—Je, vamos, haces que me sonroje… oye, un momento. Acabo de recordar que estoy enfadada contigo, ¿Qué quieres?—se cruzó de brazos y luego repuso acusatoriamente—. No viste lo que acabamos de hacer en esa cama ¿Verdad, pervertido?

—Vaya, qué voluble ¡Me encanta!—carraspeó y prosiguió—. De haberlo querido, créeme, te hubiera visto en solitario, como ya dije, siempre me has parecido muy hermosa… supongo que eso se escuchó mejor en mi cabeza ¿No te ofendí? Qué digo, claro que no. En fin, sólo pasaba para ver cómo les estaba yendo ahora que escaparon de casa.

—Ah, Bill. ¿Qué te digo? Estamos comenzando, si quieres averiguarlo deberías preguntar unos meses después. Iniciamos… supongo que bien, aunque no se está seguro de muchas cosas ¿Sabes?

—No hace falta ser un genio para saber que están huyendo ¿Verdad?

Ella asintió y Bill se acomodó a su lado en la cama, sentándose junto a ella y sacándole una sonrisa.

—Te confesaré algo. Dipper y tú se ganaron mi admiración.

—Pensé que con todo esto dirías que…

—Oye, oye. Cualquier tarado con medio cerebro puede enfrentar a un monstruo, pero ir en contra de las reglas impuestas por tu propia sociedad requiere de mucho valor. Valor y astucia, me hacía falta mucho de lo que ustedes tienen, yo solía ser bastante solitario, nunca me metía con nadie, aunque eso no impidió que todos los demás me… no importa.

—Bill, puedes decir…—Mabel rápidamente se centró en sus palabras.

—En cualquier caso—interrumpió—. Me alegro mucho de que siguieras mi consejo, Mabel.

— ¿Un momento? ¿Hablas de "dejar fluir las cosas"? ¡Por un momento pensé que de verdad me habías dejado a mi suerte!

— ¿Acaso tengo cara de tonto? Bueno, prácticamente no tengo cara.

—Bill… ¿De qué hablas? ¿Todo esto fue parte de lo que me dijiste esa noche?

—Cada segundo de lo que está ocurriendo, y debo decir que me hace muy feliz ver que no arruinaste todo.

— ¿Estás consciente de que pudimos evitarnos todo esto si me lo hubieras dicho en primer lugar?

Mabel pasaba de estar triste a feliz, de feliz a enojada y de enojada a melancólica. De verdad le encantaba esa chiquilla tan linda.

— ¿Recuerdas que te dije algo sobre jerarquías y todas esas cosas?

—Sí…

—Me mostraron lo que quise ver, con la condición de no decirte nada, aunque como el "genio de las cláusulas" que soy me di cuenta de que eso no me impedía darte una simple instrucción. Una instrucción que seguiste al pie de la letra, por lo que puedo ver ¿O de verdad no te parece tan extraño el hecho de estar aquí tan pronto?

—No lo consideré—se llevó la mano al mentón.

—Además, claro, estaba débil ¿Alguna vez has tenido tanta gripe que ni siquiera te puedes levantar para ir al baño? Pues era algo como eso.

— ¿Por qué te prohibieron decirme algo? Eso no es correcto, estoy consciente de que puede ser algo peligroso aunque me gustaría mucho saberlo ¿Quién te lo mostró?

Esta vez fue Bill quien se quedó sin palabras, se quitó el sombrero y le quitó una pelusilla invisible, algo que hacía cada vez que necesitaba formular correctamente una respuesta. Nunca lo había hecho hablando con una chica; no quería dejarla sin una respuesta, eso tampoco se lo prohibieron, además si con eso podía estar con Mabel unos minutos más, no le veía el problema.

— ¿Recuerdas algo de la fiesta? Ya sabes, en medio del bosque.

—Oh, eso—no era muy bueno, de hecho estaba algo nublado, y las siluetas de seres horrendos ahí estaban— ¿Qué pasa con eso?

—Parte de mi trabajo estaba ligado a trabajar con… bueno, con tres "hermanas" que pueden verlo todo acerca de todos, me permitían verlo junto con ellas, así yo podría ver si me convenía hacer cierto contrato. Tecnicismos nada más, yo me encargaba de "desviar" a quienes les gustaría cambiar ciertas cosas de su vida. Nos dedicamos a lo mismo en cierto modo.

— ¿Hermanas? ¿Son sobrenaturales?

—De algún modo, no importan mucho ellas, sólo que yo podía ver cómo saldrían las cosas con el Guardián y todo. Antes de que me grites déjame aclararte que los movimientos de Dipper fueron en cierto momento muy erráticos; de pronto ustedes vivían, luego no, luego sí, luego sufrían. En uno de esos escenarios yo accedía a matar a tus padres y tomarte como mi novia. No salía nada bueno de ello, me pedías poseer el cuerpo de Dipper y vivir siempre así, era muy extraño.

— ¿Y qué tiene que ver con la fiesta, Bill?

—El escenario más próximo, el que debió de cumplirse, era que el Guardián triunfara, tú y Dipper y todos tus amigos morirían en ese lugar—habló difícilmente, moviendo demasiado las manos—. Yo decidí que no quería verlos morir y llegué con Liz para salvarlos, luego de eso se confundieron los hilos y muchas cosas sucedieron. Las hermanitas no me dejaron ver lo que pasaría después, todo por interferir en un momento que no debió de ser alterado.

— ¿Dipper y yo deberíamos estar muertos?… esto no puede ser… Bill si es una broma…

—No lo es. No me quisieron dar razones, supongo que tampoco estaba en planes que yo interfiriera. Algo debió ser. El punto es que no pude decirte más, temía que al hacerlo todo cambiara. El viaje, su huida, esta conversación, todo pudo ser diferente. Todo debió pasar en el momento correcto.

—Gracias, Bill… no pensé que te simpatizáramos tanto.

—Oh, odio a Dipper. Lo hice porque te quiero a ti.

Ambos soltaron una risilla, Bill veía lejos en algún punto del cuarto, callado. La vida de Mabel nunca fue normal, no quisiera que fuera de otro modo; verse en un romance prohibido, había besado a un tritón, salió con un montón de gnomos y ahora mismo un demonio demostraba estar bastante enamorado de ella. No sería lo que pensaba unos años atrás, pero le gustaba así.

—Bueno, ahora mismo supongo que viene demás decirte que puedes contar conmigo cuando quieras. De verdad, sólo llámame y yo estaré ahí.

— ¿Para todo? ¿Incluso montar en un pegaso?—comentó con la mirada iluminada.

—Todo, ni siquiera es necesario que me invoques, eso es para los fracasados que no me simpatizan, tú sólo tienes que llamarme con la mente y estaré allí en un segundo.

Bill le tocó la frente y se elevó nuevamente, le dejó un punto de color azul en medio y desapareció al cabo de unos segundos. Era una sensación extraña.

— ¿Crees que todo vaya bien a partir de ahora, Bill?

—Honestamente no lo sé ¿No es mejor así? Voy a tomarme unas vacaciones, vendré en unos meses para verte ¿Te parece?

—Por supuesto, ¿Adónde irás?

—Ah, no sé. Ahora tengo una compañera, una existencia por completo en solitario puede ser cansado, además me encanta la música. Cuídate mucho, Mabel. Salúdame a Dipper ¿Sí?

Dicho eso, Bill desapareció desvaneciéndose lentamente, Mabel aun dudaba en tanto a eso. Confiaba en él, aunque la viera de vez en cuando, era inquietante, y esperaba que no la viera literalmente todo el tiempo. Se reunirían con Gideon y Pacifica, tal vez eso la calmara un poco, tenían buen tiempo para prepararse.

—O—O—O—O—O—

Pacifica les abrió la puerta, ni siquiera le dio tiempo a Mabel de reaccionar cuando la abrazó de manera tan efusiva que le robó el aliento, incluso los chicos se miraron con gusto.

— ¡También me da gusto verte, Paci!

—Lo siento, es que cuando Gideon me dijo que andaban por el pueblo no podía creerlo ¡Adelante, hasta pedí permiso de salir temprano!

Mientras las chicas se ponían al corriente sacando algunos galones de helado del refrigerador, Gideon le detuvo el paso a Dipper agarrándole el hombro. Aunque no pasó mucho tiempo, su amigo realmente se veía mejor que durante el verano; se cortó el cabello, estaba bien vestido, e incluso le notaba unos centímetros más de estatura.

—Perdona la pregunta, Dipper, aunque de verdad no tengo muy seguro qué es lo que estás pensando… ¿Crees que todo esto estuvo bien?

—No teníamos muchas opciones, Gideon. Además te mentiría al decir que no estoy feliz con el resultado.

—Sé que no, Mabel es una chica excepcional. Aun así no dejo de preguntarme ¿Pensaste bien en el futuro?

— ¿Quién no, amigo? Fueron muchas cosas a considerar, no creas que no estoy presionado. Arrastrando a Mabel conmigo en esto—se frotó la cara con preocupación—. Seguramente nos ganaremos el desprecio de Stan si se entera de todo.

—Los cubriremos tanto como podamos, aunque no podremos hacer mucho si deciden llamar a sus padres y todo eso.

—No importa, ahora mismo tengo otras cosas en las qué pensar.

El rubio se encogió de hombros y fue a la cocina, tomó su plato y se sentó junto a Pacifica; mientras tanto el castaño pensaba en un plan de escape por si se daba la oportunidad ¿Qué le quedaba? Si Stan los atrapaba en una de sus muestras de cariño sería el final de todo lo que hizo. El sentimiento de culpa todavía hacía estragos en él, sentía náuseas y unas ganas terribles de gritar mientras se arrancaba los cabellos con las manos.

—Oye Dipper ¿Te quedarás ahí toda la noche? ¡Ni siquiera me saludaste, grosero!

— ¿Eh? ¡Oh, lo siento, Pacifica!

—Déjalo, tiene muchas cosas en la cabeza ahora.

Mabel lo miró confusa después de escuchar a Gideon decirlo, estando en la cama Dipper no mostró en ningún momento esa expresión. Vacío, vacío y miedo ¿Se estaba arrepintiendo de estar ahí? Recordó lo que dijo Bill, todo estaba en orden, en paz, nada cambiaría eso.

—No diré nada sobre lo que acaban de hacer, sólo que si algo llegara a suceder vengan rápido hacia acá, ya veré cómo los encubro.

—Gracias, Pacifica… pero me gustaría hablar de otra cosa ¿Cómo van ustedes?

—Bastante bien, ahora logro sentirme mucho menos inútil. Era como la chica en la relación—habló Gideon con fingida molestia.

—Nos va algo mejor, mis padres me dejaron conservar mi empleo, siento no habértelo contado, me cuesta un poco acostumbrarme a los horarios—explicó la rubia.

—Por cierto ¿Saben qué mosca le picó a Bill? Un día fue a verme y dijo que me regalaba su cabaña en el bosque.

— ¿Qué?—preguntaron ambos gemelos.

—Sí, me la encargó porque dice que saldrá a alguna parte, no me dijo adónde exactamente, pero recalcó que era de Liz y no quería que se quedara sola. Vivo ahí desde entonces.

—Yo digo que parece algo de película de terror, aunque tomando en cuenta todo lo que he visto, ya no me sorprende—opinó Pacifica.

—Bill portándose amable… ¿Qué querrá decir?—preguntó Dipper, adoptando nuevamente su faceta curiosa, en cambio Mabel sonrió.

—Algunas veces no se quiere decir nada, Bill solamente está siendo amable. No hay porque buscarle un doble significado, Dipi-dy.

Gideon y Pacifica no notaron nada raro en la respuesta de Mabel, aunque esperaba que Gideon se diera una ligera idea, ella seguía comiendo helado tan tranquila dirigiéndole una sonrisilla confiada, relajada. Se sintió bien, creyó que no vendría mal un descanso, aunque quedaban algunos peldaños por escalar antes de decir que todo, absolutamente todo estaba bien; se resignó y comió su porción de helado sabor chocolate.

—O—O—O—O—O—

Elisa admiró su nuevo instrumento, a diferencia del violín color negro entregado por el Guardián, su nuevo instrumento era de fina madera tallada, sin retoque, muy clásico. Se veía muy bien para ella, estaba perfectamente afinado, y sin nadie que le dijera lo que debería de hacer, se le quedó mirando a Bill con agradecimiento.

—Entonces ¿Adónde quieres ir primero?—preguntó el triángulo.

—Bueno, se podría decir que somos inmortales y libres de reglas, cualquier lugar es bueno.

— ¿Si sabes que puedes irte cuando quieras, verdad?

—Detalles, detalles. Me gustaría viajar contigo por un tiempo, podríamos conocernos mejor, Liz me dijo que debería hacerlo, y casi siempre quise hallar la oportunidad para hablar contigo.

Bill sabía muy bien que eso no era del todo cierto, confiaba en las palabras de Liz, pero no se imaginaba a esa chica buscándolo para aclararle algunas cosas. Como le dijo en primera instancia. Elisa se colgó el violín nuevo en la espalda, dándole aspecto como si enfundara su arma, así era en algún modo.

—No buscarás a Pacifica, ¿O sí, Elisa?

—Era más un capricho, estaba enojada, nadie se atrevió a desafiarme de esa manera. Como sea, esos niños no tienen más interés para mí.

—Me alegro de oír eso ¿Camino largo o corto?

Bill extendió las manos, en la derecha había un portal hacia París, por la izquierda señalaba el horizonte oscuro. Elisa no lo pensó mucho pasando hacia Francia rápidamente, sería bueno estar allí acompañada esta vez. Antes de irse con ella, Bill miró hacia el pueblo, queriendo regresar y decirle algo más a "su Estrella", no lo vio muy necesario. Ya la vería en unos meses.

—O—O—O—O—O—

Frambueza14: Siento mucho la demora, espero que lo disfrutaras.Yo acepto encantado ir a Francia y encontrarme con Chatnoir y Ladybug, con tal de que pasemos luego a Londres, quisiera ver el set de rodaje de Doctor Who jajaja.

Elice, Si estás leyendo esto, mi prometida ya pidió oficialmente tu permiso, aunque en otras noticias, ¡Ella está dispuesta a una relación abierta! O claro, puedes ser la Dama de Honor en nuestra boda ¿Qué dices?

En otras ocasiones lo he dicho, me encanta el MaBill, y ciertamente desde un inicio quise ponerlo de una manera menos romántica, limitando al Dorito a sólo un amigo que era malo en primer momento para luego admitir que cayó en las redes de nuestra castaña favorita jajaja. Ojalá que les haya gustado, muchas gracias por seguir leyendo. Realmente no tengo mucho que decir esta vez, así que me despido. Hasta la próxima.

Slash.