Notas de la autora:

No sé cómo pedirles perdón por la tardanza, pero... ¡PERDÓNENME! Estamos en tiempos de exámenes y trabajos, y no tuve la tranquilidad para ponerme a actualizar (no me van a perdonar, ¿no? Seres malignos... xD).

Saludos especiales a Suiseki, Antotis, MarianUchiha, Ryukaze-sama, anakaulitz, Nona Slytherin, Artemusa y espero no dejarme a alguien por ahí (?) Horrendo humor, lo sé (xD).

Disclaimer: Kishimoto Masashi es el propietario de Naruto y sus personajes.


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo XXI – Un respiro latiendo negro

No había nadie más en aquella enorme recámara. Lo presentía. A pesar de los diez formidables sillones, casi tronos de metal dorado y pieles de cuero, ninguno de ellos estaba siendo ocupado. Sólo quizás le inquietaba la mirada elocuente de una imponente figura de mármol gris, erguida al fondo de la habitación con ambas manos abiertas y ribetes de plata cayendo de una cabeza demasiado aplastada. Le pareció que aquel par de ojos la miraban directamente.

Sakura desplazó su atención al muchacho. Creía haberle oído dirigirle la palabra, pero pronto advirtió que había sido una simple ilusión del viento. La ráfaga sacudió las antorchas dispuestas por las paredes talladas con extraños tapices y le erizó la piel obligándola a frotarse los brazos.

—Así que Haruno... —dijo fría y secamente el Akatsuki.

No llegó a tomar ningún asiento, por lo que le resultó difícil identificar su nivel de importancia en la organización. A simple vista no lucía diferente al resto de componentes de élite que había conocido, pero había algo aterrador en su mirada que no le hacía parecer un ser de su mundo.

El muchacho se sentó en uno de los escalones previos a los sublimes sillones. Se apartó uno de los mechones de fuego de la cara y se apoyó desinteresadamente sobre las rodillas. Su pesada mirada no la abandonó en ningún momento. Se sentía evaluada hasta la última fibra y podía notar cómo intentaba desarmar hasta su más endeble defensa.

—¿Por qué estás aquí? —inquirió. La voz sonó como si llevara años enmudecida—. Me preguntaba por qué seguías con vida.

Sakura se quedó callada. Ni siquiera ella misma tenía una respuesta coherente que ofrecerle, y simplemente, optó por mantener el ceño fruncido.

—No pareces la gran cosa —añadió sin particular emoción—. Oí que habías soportado estoicamente el viaje en compañía de dos de nuestros ninjas de élite, no precisamente los más gentiles. Que habías sobrevivido al laberinto acuático en otro de nuestros refugios y que tu impertinencia te había puesto varias veces en la picota... —Suspiró meditabundo y se inclinó ligeramente hacia atrás mientras se sujetaba una rodilla—. "Qué extraordinario ser tendría el poder de arrastrar al portador del Kyuubi a lo que sin duda, será una trampa", fue lo que pensé —y se detuvo para mirarla nuevamente de cabeza a pies—. Ni de lejos le haces honor a la idea que me había hecho de ti en principio...

—Y sin embargo, aquí sigo —interrumpió ella en un deje de osadía.

—Exacta e inexplicablemente. Tal vez es lo único que realmente te hace interesante.

Ella bufó por la nariz.

—Tal vez es lo único que puedes ver más allá de esas agujereadas narices.

Era oficial: acababa de hacer nuevos amigos en Akatsuki. Justo lo que necesitaba para prolongar su existencia.

El muchacho no se movió y no supo en qué momento el frió beso de una daga comenzó a congelarle la garganta. Intentó virar los ojos, pero sólo advirtió la estoica figura de un hombre más corpulento, pero con el mismo tono anaranjado en el cabello y, podía jurar que le pareció que ambos eran la misma persona.

—Podría matarte aquí ahora mismo. ¿Piensas que eso nos afectaría en absoluto? —continuó el muchacho—. Más importante aún, ¿por qué tengo la sensación de que no has intentado resistirte lo bastante? —Los párpados se entrecerraron sobre las llamativas formas onduladas alrededor de sus pupilas. Esperó unos segundos para calibrar las ideas y enseguida prosiguió—. ¿Hay algo que te gustaría contarme? Haruno, ¿no quieres irte?

Hubo un impecable silencio. Por supuesto que quería, sobre todo ahora que tenía semejante expresión sádica en frente. Pero no todavía, y desde luego, no sola. Pero él no tenía por qué saberlo. Era imposible que hubiese escarbado tanto en sus adentros.

«Tiene que ser un truco», pensó. Ese individuo debía de estar jugando con ella y no iba a caer en la trampa.

Recordó la conversación con Konan. Había una persona que la quería con vida, ¿y qué si era precisamente él quién la necesitaba?

—Entonces, hazlo —le incitó ella en un impulso de valentía. Agarró el brazo que la mantenía inmovilizada y presionó la hoja de acero sobre su propio cuello. El muchacho ni siquiera se inmutó al presenciarlo.

—Haruno, evidentemente, te has equivocado —garantizó con el mismo tono neutro.

En esa expresión supo que le decía la verdad. Quizás el joven no iba de farol y no era ni la mitad de valiosa que ella creía. La daga raspó levemente la piel de su cuello y podía dar fe de que sería lo último que sentiría.

Por fortuna, las puertas traseras se abrieron de un solo empuje y notó el brío del aire entrando agresivo y congelado.

—¡Pain! —gritó una voz familiar.

Fue automático; el filo dejó de hacer presión en su garganta y ella empezó a notar la humedad del sudor recorriéndole la sien a borbotones.

Sakura quiso voltearse aunque sabía con certeza quién era la persona invasora. Escuchó los pasos adelantándose y seguidamente vio a Konan posicionándose a su lado. Tenía la expresión más humana que le había visto a la asesina en todo el tiempo. Ella empezó a hablar con un hilo de voz tenue.

—No lo hagas. No deberías.

El aludido se mantuvo en silencio. Alzó una de sus anaranjadas cejas y fue el primer indicio que dejó de asemejarle a la pulida estatua de mármol que tenía detrás.

—Ahora no sólo desobedeces mis órdenes, sino que pretendes dármelas —respondió el muchacho en el mismo tono tétrico que le habría aplicado a su rehén.

—Yo nunca he pretendido cuestionar tu autoridad, pero esto es mejor que asesinarla, como habías ordenado.

—¿De qué me sirve? Ya no nos es necesaria.

—Lamento no opinar lo mismo —replicó la asesina.

Sakura dedicó su silencio a interpretar lo que estaba presenciando, pero se sintió indispuesta por cualquier perspectiva: ¿Qué era eso? ¿Konan la estaba protegiendo? ¿Desde cuándo, por qué? Pensaba que a la asesina no le hacía ni pizca de gracia tener que seguir escuchando su respiración y que si la técnica médica seguía siendo su salvavidas era únicamente porque alguien se lo había impuesto. Pensaba que ese alguien podía ser él pero, después de todo, siempre había estado en las manos de la Akatsuki.

«Ya no nos es necesaria», reprodujo dentro de las paredes de su cráneo. ¿Qué quería decir? Si el objetivo de Akatsuki era atrapar al Kyuubi, que ella estuviese allí era todo ventajas. ¿Habrían encontrado un modo más efectivo? ¿Cuándo decidieron eso? Había algo que no le encajaba...

—¿No vas a confiar en mí? —Sakura oyó la pregunta de la muchacha con atención—. No estoy segura de si ella podrá lograrlo, pero lo que tengo claro es que es la única oportunidad que tendremos para que alguien con su capacidad sea capaz de ejecutar esa técnica para nosotros.

—¿Qué técnica? —quiso saber Pain, y Sakura podía asegurar que había visto vacilar a la joven a su lado.

—La salvación —aclaró Konan detenidamente—. Imagina poder devolver a la normalidad a un ser humano sentenciado. O lograr burlar la barrera entre la vida y la muerte. ¿No es lo que siempre hemos querido? ¿Sabes todo lo que podríamos obtener gracias a esa técnica?

Pain pareció seguirle los pensamientos. Soltó una bocanada de aire y se incorporó para descender con paso firme de las empinadas escaleras en dirección a la muchacha de cabello azulado. Se quedó un tiempo mirándola fijamente y Sakura tuvo la sensación de que no debía estar ahí.

El Akatsuki terminó sosteniendo el mentón de Konan y una sombra de dolor oscureció sus llamativos ojos de fiera cuando se acercó tanto que podía respirar su aliento.

—No —dijo Pain—. Probablemente lo confundas con lo que tú siempre has soñado, con lo que has querido traer de vuelta —Y se detuvo para tomar las finas manos de su compañera y reposarlas a la altura de su pecho—. Después de todo, éste es el cuerpo que siempre has deseado y no importa que lo ocupe, para ti siempre estará frío. Y vacío.

Konan tragó grueso. Vio la decepción escrita en la expresión del hombre, pero aunque quiso detenerlo, Pain se apartó con brusquedad y caminó hacia la luz que brotaba de las enormes puertas completamente abiertas.

—Haz lo que quieras —añadió. Konan parecía estar haciendo su último intento mental para retenerlo.

De igual manera, el enorme sujeto abandonó a la ojiverde y ésta cayó al suelo por el inesperado movimiento. Sakura se llevó una mano a la garganta y respiró profundamente sin poder creer todavía que hubiese salido entera de ésa.

Por un momento casi imaginario creyó escuchar a la asesina susurrando otro nombre que desconocía: Nagato.

—Konan —murmuró levantando la vista, sintiendo que la había arrancado de su ensimismamiento.

—Cállate. No creas que puedes utilizarnos sólo por esto, ya le has oído. Sabía que no podía fiarme de ti desde el principio. Ni se te ocurra empeorar las cosas otra vez. Ni se te ocurra... —repitió con dureza.

Y, Sakura pudo entender que se refería al incidente del día anterior. Ella había estado al tanto del intento fallido de huida, y si lo había dejado pasar por alto, era indiscutiblemente para no empeorar las cosas con ese tal Pain. En cierto modo, la protegía de él.

Ahora más que nunca Sakura comprendió cuánto la asesina la necesitaba. Konan albergaba un tipo muy especial de sentimientos. Ella también los conocía bien.

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Cuando al fin posó los pies en el Centro médico encontró el lugar prácticamente deshabitado. No podía campar a sus anchas sabiendo que el doctor podía asaltarle desde cualquier esquina para tenderle un test completo de quinientas preguntas, pero deambuló lo necesario para darse cuenta de que había novedades importantes en el refugio.

Tanto hermetismo no era normal de repente y eso sólo podía significar que alguien estaba de vuelta.

En cuanto Itachi llegó a la última planta se percató de que no la encontraría allí. Los ojos oscuros repararon en la última puerta, la más silenciosa, casi más sepulcral y desoladora que el resto del edificio. Allí había estado Kisame y, probablemente ella aún no sabía que ya no era así. De otro modo, supuso que estaría armando un escándalo por la incompetencia de aquellos que lo habían atendido o aún peor, lamentándose por no haber podido hacer lo suficiente por ayudarle...

Sí... Itachi sabía que esa idiota lloraría...

Le dio un vistazo al resto del refugio y suspiró de frustración al no haber caído antes en lo más evidente. Enseguida, estuvo delante de las enormes contrapuertas de la Sala de Reuniones, lugar que seguramente tenía más valor como biblioteca para cierta personita, aunque, al atravesar el umbral no vio a nadie en quien estuviese interesado allí.

En la enorme mesa principal encontró a un grupo de shinobis discutiendo cualquier chismorreo de las revueltas en los países aliados; y a los lados de los enormes ventanales, otro grupo más ocupado en correr los pesados cristales para que entrara el aire fresco del mediodía.

Rodó los talones y estuvo a punto de irse cuando oyó de pronto un estornudo venido de la nada. Itachi atravesó la extensión de la recámara, pasando por la mesa principal esperando ser inadvertido y agachando sutilmente la cabeza cuando reconoció a uno de los ninjas con los que había hecho misión alguna vez en el pasado.

Estuvo un rato mirando de un lado a otro hasta apoyarse en una de las vitrinas.

Itachi dedicó tres segundos a admirar la figura de la muchacha subida en la delgada y alta escalerilla de madera. Tenía que alzar la barbilla hasta el punto de ser incómodo, pero se le antojó la idea de que pertenecía a un plano dimensional diferente.

Por un instante pensó en marcharse, pero la voz de su inconsciente lo persuadió pronto. Necesitaba resolver ciertos asuntos o de verdad acabaría volviéndose loco.

La vio intentando extraer un grueso libro estancado entre otros dos toscos volúmenes. La chica estuvo forcejeando un rato hasta finalmente conseguir sacarlo de un tironazo. El súbito movimiento la hizo tambalearse sobre la escalerilla y suspiró aliviada cuando ésta dejó de moverse y estuvo lo bastante bien sujeta como para no tentar a su suerte. Se las apañó para pasar la vieja tapa de cuero, y al hacerlo, levantó una leve polvareda que la hizo estornudar y zarandearse una vez más en las alturas.

—Salud —le dijo al fin y, notó el respingo que dio la joven por la inesperada interrupción.

La kunoichi alzó las cejas sorprendida y esbozó un tímido "gracias" que sonó tan robótico como lo había sido su movimiento de cabeza cuando regresó al libro.

—Ah. No cabe duda de que interrumpo una lectura interesante. Si quieres vuelvo luego —continuó con sarcasmo, a la vez que repasaba con aburrimiento el grosor del volumen que ella tenía en las manos.

—No digas tonterías, es sólo que no esperaba verte por aquí. Pensé que estarías cansado hoy.

—Yo tampoco esperaba no verte allí. Dado el caso, quizás no tendría que estar en este lugar haciendo esto.

La chica viró hacia abajo, pero no dijo nada más por un buen rato. Itachi adelantó unos pasos exasperado y ella tuvo la precaución de subir un peldaño más sobre la escalera.

—¿Vas a bajar o no?

—¿Tiene que ser ahora? Estaba empeñada en... —Sakura se detuvo. En efecto, a juzgar por el modo en que alzó atónito las cejas, tenía que ser en ese preciso momento. Ella hizo un mohín gracioso y ladeó la cabeza antes de continuar, figurándose que ya debía estar enterado de la visita que había recibido en la mañana—. ¿Estás preocupado? —le preguntó a colación.

—¿Podría no estarlo? —Tragó saliva un momento. Las mil y una formas que había ensayado para empezar aquello se le acababan de disolver en la cabeza—. Ayer...

—Itachi —le dijo de repente—. Vamos a olvidarnos de lo que pasó ayer.

Si ella hubiese apartado los ojos del libro, habría notado que su frialdad lo había dejado boquiabierto. El Uchiha quiso buscar otro modo de encaminar el asunto, pero ella habló pronto.

—No fue agradable para ninguno de los dos. Admito que tuve sentimientos encontrados en ese momento, pero no quiero que te sientas culpable por ello.

¿Que... qué?

De nuevo volvió a mover los labios pero definitivamente no hubo nada que escapara de ellos. Se sintió un idiota yendo hasta allí sólo para aclarar lo que a ella le parecía tan obvio.

—Además, no va a pasarme nada. Créeme, si quisieran deshacerse de mí por lo que casi-pasó-ayer ya lo habrían hecho. Nah... —siguió con despreocupación—, soy una chica con estrella, así que no te molestes en disculparte. Estoy segura deambulando de aquí para allá, no van a tomar represalias conmigo. Puedes estar tranquilo.

—Se puede saber... ¿de qué demonios estás hablando? —preguntó con frustración—. No he venido aquí para disculparme...

—Pues por el lío en el que me metiste ayer, quizás deberías... ¿no?

—No me arrepiento de haber intentado liber-...

—Itachi, cállate —exclamó con nerviosismo, sirviéndose de su alta posición en la escalerilla para cerciorarse de que ninguno de los shinobis que ocupan la mesa principal en la Sala les prestaba la más mínima atención. Definitivamente él no debía saber nada de su encuentro con el líder, pero tenía la impresión de que Pain acabaría asomando la cabeza de entre los libros en cualquier instante—. Baja la voz, ¿quieres?

—... lo hubiese tomado en serio, ni siquiera lo habría intentado. Lo volvería a hacer, ¿por qué demonios iba a pedirte perdón por ello?

Itachi bufó mientras se apartaba para apoyar un brazo en uno de los estantes. Sakura por su parte cerró el libro de golpe y se concentró en el tímido bochorno que empezó a colorearle las mejillas.

—Entonces... ¿qué es? —la escuchó murmurar casi con enojo.

No lo hizo a posta ni en realidad habría querido hacerlo, pero cuando las brillantes perlas jade incidieron expectantes en él, no pude evitar rememorar la extraña sensación de haber tenido esos ojos tan cerca e, involuntariamente, acabó mordiéndose sugerente el labio inferior sin ni siquiera darse cuenta.

Sakura sintió una inesperada oleada cálida al contemplar ese gesto y, cuánto más o cuánto menos, estaba convencida de que empezaba a pillarle el punto.

—Ah, te refieres... Eso... —No le importó por qué página abrir el maldito libro y ni mucho menos prestó atención a que lo estaba tomando del revés. Sólo quería apartarse la oscura mirada de encima y bendijo la escalera a la que tuvo la dicha de subirse—. ¿Ésa es la razón por la que tienes esa expresión de pánico? No doy tanto miedo...

—¿Podrías bajar un momento? Por favor —insistió, irritado.

—Descuida, no hay nada de lo que preocuparse...

—Sakura...

—No. —Su voz sonó tan tajante como un mandoble cortando el viento. Apartó la mirada de la encuadernación y lo enfrentó con un rostro sereno. Esa expresión tan rotunda lo hizo sentir confuso, como si no fuera él supuestamente el mayor de los dos—. Está bien así. No soy una cría a la que vaya a rompérsele el corazón, ¿entiendes? No tienes que tratar de ser correcto conmigo para que no me haga ilusiones ni buscar las palabras que me harán sentir bien. Eso ya lo sé. Y lo entiendo, de veras que lo entiendo. No esperaba que la idea te hiciese sentir cómodo, por supuesto. De hecho, nunca he esperado nada y, puede que sea muy egoísta de mi parte, pero si al menos pudiese pedirte algo, es que me conformo con que lo sepas.

Sakura sonrió al descubrir lo sencillo que había resultado en realidad decirle todo aquello.

—Me siento mejor así —concluyó.

Él la miró atentamente, juraría que con los cinco sentidos puestos en cada pequeño movimiento que hacía y, a juzgar por su expresión, había acertado librándolo de una conversación embarazosa e innecesaria.

Sakura suspiró aliviada. ¿De qué serviría hablar de sentimientos que no les llevarían a nada? Tarde o temprano, alguno de los dos se marcharía.

En cuanto ambos terminaron de repasar esas palabras en sus cabezas, vio cómo Itachi se enderezaba y comenzaba a girar con impaciencia la ruedecilla metálica que hacía de tope en la escalerilla. La susodicha empezó a temblar peligrosamente y entonces no supo a dónde demonios agarrarse.

—¿Qué haces? ¡Estat-... Para! ¡Me voy a caer! —exclamó mientras perdía el libro de las manos.

El Uchiha pareció no escucharla. El sonido chirriante de la ruedecilla estaba empezando a ponerla nerviosa y subió los peldaños de la escalera a medida que sentía que la misma menguaba.

Hubo un momento en que ya no tuvo más que hacer y, simplemente, entrecerró los ojos a modo de rendición hasta que sus talones rozaron por fin el suelo firme. Se volteó para regalarle una mirada desaprobadora; ahora era ella la que tenía que alzar la vista para mirarle a los ojos.

—¿Y ya está? —preguntó él. Sakura parpadeó mientras observaba cómo le fruncía el ceño—. ¿Después de eso piensas que voy a darme media vuelta y olvidarme de lo que has dicho? ¿Es así de simple? —Sakura resopló y él le sostuvo el mentón con una mano cuando ella hizo ademán de mirar a otro sitio—. ¿Por qué? ¿Por qué soy un hombre sin sentimientos a quien algo así no le afectaría? No me creo que a estas alturas pienses así de mí. Dime que no.

Ella negó con la cabeza aunque no dijo nada.

Lo había arruinado. Sabía que aunque Itachi demostrara poco afecto por las cosas, ella le importaba lo suficiente. No era tan tonta como para no darse cuenta de que alguien que se arriesgaba únicamente por protegerla era tan valioso como un amigo.

Estuvo a punto de dejar caer un par de lágrimas, pero se sorprendió cuando él presionó con los pulgares en los extremos de sus ojos como si desease retener esa intención indefinidamente.

—Las personas a las que aprecio no acaban nunca bien y a mí no me había importado nadie de esta forma en mucho tiempo. No quería que me dejaras hacerte daño, porque ten por seguro que te lo haré. Pero... no hagas ver esto como si no mereciera la pena. Para mí es lo único que me ha hecho sentir mejor desde... ya no siquiera lo recuerdo, sinceramente.

Algo se enlazó en su garganta mientras ella pensaba en lo confuso que se le hacía estar oyéndole decir eso. No le importó. Estaba enamorada de él y aun si la hubiese apartado lejos, eso no cambiaría.

Debió estar más tiempo pensativa de lo que imaginó porque, él enarcó indeciso una ceja y se azoró en cuanto ella suspiró por enésima vez.

—Si no me dices algo voy a salir huyendo por esa ventana, ¿sabes? —bromeó nervioso.

Ella se frotó la nariz e inhaló tímidamente para absorber esas malditas lágrimas traidoras.

—Te quiero —respondió de repente. Tan rápida e impredecible que Itachi se cuidó de no expresar lo increíblemente enternecido que le había hecho sentir aquello. Ella resopló—. ¿Vas a abrazarme ya o hace falta que lo repita? Ya te he dicho que no voy a partirme.

Él la miró con gesto divertido. Le hizo un movimiento leve con la cabeza y Sakura miró al grupo de ninjas colocado en la enorme mesa.

—Bah —se mofó ella apartándolo a un lado—. Gallina.

Aunque ella caminó deprisa, consiguió atraparla enseguida por el brazo. La miró tan intensamente a los ojos que ella se arrepintió de haber hecho la maldita broma. Cuando se acercó tanto que no supo si en realidad llegaría a rozarle los labios, desvió el rostro para susurrarle en el oído.

—Te voy a esperar después... —La nariz del muchacho le acarició la oreja y ella encogió presurosa el hombro por el súbito cosquilleo—. Vamos a averiguar lo valiente que eres tú.

Sakura tragó grueso cuando él elevó las comisuras de sus labios. En algún punto entre esas frases se le había detenido el corazón y no pude seguirle con la mirada cuando se marchó tan campante de la espaciosa recámara.

«Y por cierto, sí que haría falta que me lo repitieras de vez en cuando. A veces me falla la memoria», le dijo con saña antes de apartarse.

No sabía si odiaba amar a ese hombre o amaba odiarlo en aquel momento. Retorció el gesto con rabia y se apartó un mechón de cabello con orgullo.

Si había querido asustarla, estaba claro...

… que lo había conseguido.

::x::x::x::

Nadie supo cuánto tiempo estuvo merodeando por aquella planta...

Se sabe que Goro la vio llegar después del almuerzo. Pensó que seguía al Uchiha, quien se dirigía directo a su cuarto pero, ella caminaba demasiado atrás y demasiado tensa como para estar haciéndole compañía.

Al shinobi le despertó curiosidad. Ya la había visto hacer cosas más raras anteriormente, pero cuando quiso acercarse a preguntarle con una gran sonrisa, ella palideció como si se hubiese topado con un espectro y sacudió enérgicamente las manos invitándolo a quedarse atrás.

Goro no entendió una palabra de aquel comportamiento, pero se alejó por el mismo lugar que había venido y no regresó hasta varias horas más tarde. Fue la segunda vez que la vio allí, y se preguntó si la joven se había pasado todo el tiempo sin moverse del sitio.

Sakura estaba detrás de una de las esquinas. Cada vez que notaba el más imperceptible sonido, asomaba un poco el rostro para explorar el rellano, pero al no encontrar lo que fuere que quería, soltaba un sonoro resoplido y volvía a apoyar la espalda contra la pared.

En esa ocasión, Goro no se atrevió a acercarse. Se quedó rígido en mitad del pasillo, con su pila de documentos bajo el brazo y observando cómo se abría inesperadamente una de las puertas.

Uchiha Itachi salió de su habitación. Goro lo vio vistiendo un atuendo ligero e imaginó que debía dirigirse a realizar algún tipo de entrenamiento. Cuando le pasó por el lado lo saludó simplemente alzando las cejas y desapareció rápido como una sombra por las escaleras mientras parecía no haber notado la otra presencia que clavó sus ojos en él desde la lejanía.

No fue hasta entonces que la vio salir.

Al ninja le pareció que tenía incluso una expresión de sonrisa en la boca, pero se corrigió cuando él insistió en mirarla inquisidoramente.

—Qué —dijo ella de repente.

—Me da miedo preguntarlo, pero honestamente, ¿qué estás haciendo? —siguió él con gesto derrotado.

—Tengo que ir al cuarto de Uchiha Itachi. ¿No es obvio?

Goro pestañeó antes de quedar ligeramente hipnotizado por esa expresión de inocencia. Balbuceó dubitativo y señaló con el pulgar la tanda de escaleras que tenía a la espalda.

—Acaba de irse, ¿no lo has visto? Ha pasado por... ¿Sabes? —continuó el hombre encogiéndose de hombros—. Mejor no quiero saberlo. Adiós y muy buenas.

Sakura frunció un poco el ceño. No le hizo gracia esa última mirada que le hizo sentir una lunática, pero no le nació seguir perdiendo el tiempo. Fingió que tocaba la puerta y la abrió sin ningún cuidado. Metió un pie en la habitación y miró hacia abajo para cerciorarse de que también entraba el otro. Por último dio un repaso con la mirada al sitio y finalmente suspiró desahogada.

—Bien... Vine y no estabas... —se dijo para sí misma con un aire de victoria—. No digas luego que no cumplí.

—No, en serio... ¿qué estás haciendo?

Sakura gritó. Sintió que no fue ella, sino el corazón quien la había impulsado a moverse tan fuerte que tropezó con el enorme armario del cuarto, desplomándolo con un ruido sobrecogedor. Goro se abstuvo de seguir intentando calmarla en cuanto el primer empujón de la joven lo hubo mandado directo a uno de los muros del pasillo, y levantó las manos en son de paz al tiempo que la veía aferrarse el pecho.

—¡Me vais a matar un día! —dijo y, la frase se le hizo de lo más irónica—. ¿Qué es lo que quieres?

—Quedarme tranquilo, qué si no. El mandamás ya está aquí, ¿lo sabías? No es como si pudiera hacer la vista gorda como antes y lo que estás haciendo —mencionó arrugando la nariz—, es de lo más sospechoso.

—¿Sospechoso, Goro? —Enarcó una ceja y miró a su alrededor antes de tensar una sonrisa maliciosa—. Sospechoso es poner un pie en este cuarto sin que te hayan dado permiso, ¿no te parece? ¿Cómo vas a explicar eso?

Goro no pareció afectado cuando ella señaló el armario derrumbado sobre la cama. Las puertas del mismo se habían abierto y se había creado un desastre de ropas y objetos que se esparcieron por el suelo.

—Está bien, te ayudaré antes de irme —cedió el shinobi.

—No necesito ayuda —repuso ella.

—Claro que sí. Ese mueble parece muy... —y antes de lo que dura un parpadeo, la kunoichi devolvió el armario de vuelta a su sitio original. Goro soltó una carcajada socarrona y le apretó el músculo del brazo haciendo que ella sonriera también—. Vale, eres fuerte. Confió en que sabrás apañártelas sin mí...

Sakura sabía que Goro se estaba quitando el muerto de encima, pero no podía arriesgarse a burlarse de él. El hombre desapareció pronto de la habitación y ella debía ser lo más veloz posible deshaciendo el pequeño caos. No le apetecía que el dueño la viera en esas tesituras y si llegaba otro, estaba convencida de que el malentendido empeoraría.

Sakura hizo rápido el trabajo de acomodar la ropa. Como cualquier chica, había adquirido esa habilidad en el transcurso de su adolescencia. Según sus padres, era eso o perder la sesión de entrenamiento con su equipo, y de entre todas las cosas, no hubiese dejado que eso pasara nunca. Una sesión no era lo más importante, pero sentía que no podía fallarles tampoco en ese aspecto.

El pensamiento la hizo sentir melancólica por un momento, pero continuó guardando los objetos como si fuese una autómata.

—Listo —dijo sacudiéndose las manos por inercia.

Estaba convencida de que había terminado con todo hasta que dio un leve golpe con el talón a un frasco que rodó hasta perderse bajo la cama del Uchiha. Cuando se agachó y levantó la gruesa tela de la manta, se percató de que había hecho deslizar también un pequeño cuaderno que quedó maltrecho y semiabierto en forma de V invertida. Se le habían doblado un par de hojas, pero lo enderezó hasta conseguir que casi no se notara.

No supo lo que tenía en las manos hasta que no lo cerró del todo y recorrió la tapa con la palma de la mano. La imagen de aquel pequeño cuadernillo le atravesó el pensamiento hasta fundirse en su memoria y le temblaron las manos cuando pensó en que podía encontrar algo que ya sabía escrito sobre las últimas páginas.

Sakura lo supo enseguida.

Reconoció esa letra sin dudarlo. Ya había tenido ese cuaderno una vez en la manos. Ella tenía siete años.

CONTINUARÁ...


No sé si decir que las respuestas vienen solas y que las cosas siempre pasan por algo, o que las respuestas se dan por algo y que las cosas, nunca, nunca, nunca vienen solas...

Espero que nos leamos pronto =) ¡Gracias!

Shizenai