Capítulo Veinte
Londres
Cocina de la casa de Mathew Whitherspoon y Evelyn Bright
Evelyn miró lo que había frente a ella en la mesa y meneó la cabeza, dubitativa.
- No lo sé, Molly…
- ¡Oh, vamos Evelyn! ¡Esta es una opción excelente!
- Excelente para ti, que sabes cómo hacerlo. Yo no sabría siquiera por dónde empezar.
- No necesitas saber por dónde empezar. Lo único que necesitas hacer es conjurar el hechizo y se hará solo – afirmó Molly, intentando convencerla.
- Pero se hará con mis habilidades que en este tema son nulas.
- Nunca he pensado en ti como alguien que tuviera nulas habilidades en ningún tema.
- Lo que demuestra que todavía puedes descubrir cosas sobre mí.
Molly miró algo decepcionada a la bruja sentada en la cabecera de la mesa, junto a ella.
- Bien. Si no quieres hacerlo, no lo hagas. Sólo creí que ésta era una buena idea.
Evelyn se mordió el labio, presintiendo que acababa de ofender a la pequeña pelirroja, de rostro curtido y manos algo ásperas de tanto trabajo. La culpa la cubrió y se sintió avergonzada. Al fin y al cabo, lo único que Molly intentaba hacer era ayudarla.
- No es que no quiera hacerlo, Molly. Es una opción excelente y si tuviera más tiempo trataría de aprender, pero Navidad es en cuatro días y no quiero que mi primer regalo a Harry sea algo que no le quede o no le guste.
- Él igual lo apreciaría – replicó Molly.
Evelyn se respaldó y jugó con las agujas y la lana que Molly había colocado frente a ella apenas llegó.
- Tú no entiendes, Molly – dijo en voz baja tras un momento, haciendo girar una de las agujas como si se tratara de una estaca -. Necesito que mi regalo sea algo especial… No te ofendas, pero no quiero que sea algo que le hayan dado antes o que cualquiera pudo darle, sino algo que sólo yo pueda darle. Algo… especial – musitó.
La expresión de Molly se suavizó al detectar la inseguridad escondida tras las palabras. Extendiendo su mano, cerró los dedos alrededor de los encallecidos nudillos de Evelyn.
- Cualquier cosa que tú le des será especial – aseguró -. Tú eres su madre.
La bruja del cabello negro negó con lentitud sin mirar a su amiga a los ojos.
- No lo soy.
- ¡Por supuesto que lo eres! – exclamó Molly.
- No, Molly. No lo soy – dijo Evelyn con firmeza -. Por muchas razones, y sin importar que él sepa lo sucedido, Lily sigue siendo su madre. En su mente y en su corazón, lo es. Y sé que es así porque cada vez que lo miro a los ojos… jamás me mira como tus hijos te miran a ti – levantó el rostro y clavó sus húmedas pupilas en las de la otra bruja -. Y está bien. De verdad que sí. Yo lo entiendo… ¿cómo podría pensar en mí como su madre si me conoció hace apenas unos meses? No lo he cuidado cuando estuvo enfermo, no le curé ninguna rodilla lastimada, no lo ayudé con su tarea, no lo castigué por romper algo jugando al Quidditch dentro de la casa… No he sido su madre, Molly – volvió a bajar la vista hacia la mesa -. Y realmente no pretendo que me trate o me vea como tal de buenas a primeras. Pero esta es nuestra primera Navidad juntos y quiero… no sé… darle algo que cuando lo mire, o lo use, piense en mí.
Molly Weasley se quedó callada mirando a la mujer a su lado.
- Estoy segura que es una cuestión de tiempo, Evelyn – murmuró tras un momento -. Harry es un buen chico. Algo lastimado y con muchos demonios, pero heredó todas esas cosas tuyas y de Mathew que valía la pena heredar. Sólo dale tiempo.
- Sí… Tiempo – musitó la cazadora.
Ella no tenía tiempo. Lo sabía. Pero no creyó que tuviera sentido explicarle a Molly que para ella, el mañana no era algo con lo que soñar. Así que levantó el rostro y parpadeó repetidas veces, enderezándose y sonriendo con algo de tristeza.
- Te diré qué haré… prometo que aprenderé a tejer para poder regalarle un sweater a Harry la próxima Navidad… ¡qué diablos! Hasta le tejeré uno a Mathew.
- ¿De veras?
- Por supuesto.
Molly miró a Evelyn y, suspirando, tomó la lana y las agujas para guardarlas en su bolso.
- Olvídalo. Que tú te pongas a tejer tiene tanto sentido como que yo salga por ahí con una estaca a buscar vampiros.
Evelyn fue a decir algo pero se dio cuenta de que en realidad, era cierto. Y no tenía sentido negarlo. Así que esta vez fue ella quien apretó la mano de la bruja pelirroja.
- Gracias por pensar en mí, Molly. En verdad lo aprecio. Debo confesar que me costó bastante decidir qué darle a Harry, pero me parece que encontré el regalo perfecto.
- ¿Qué cosa? – preguntó Molly.
- Un par de guantes de Quidditch.
Una expresión de escepticismo cruzó las facciones de la madre de Ron y Ginny.
- ¿Te parece que unos guantes de Quidditch serán algo significativo para Harry? Es decir, a él le encanta jugar, todos sabemos eso, pero unos simples guantes…
Las facciones de Evelyn se estiraron en una mueca que muy pocas veces llegaba a ser sonrisa.
- Éstos no son cualquier par de guantes, Molly.
- ¿No?
- Son los guantes que James me regaló la Navidad luego de que Mathew y yo conjuráramos el bargaine – respondió la bruja -. Fueron el primer regalo que James me hizo.
- Ah – murmuró Molly, respaldándose en su silla – Sí, tienes razón en que a él eso le gustará –. Miró las manos de Evelyn, que eran delgadas, y pensó en las de Harry, más anchas y grandes -. ¿Estás segura de que esos guantes van a venirle bien? Tus manos son más pequeñas que las de Harry.
Evelyn sonrió, esta vez con una sonrisa genuinamente divertida.
- Bueno… nunca se lo dije a James, pero cuando me compró esos guantes debió medirlos con sus manos, porque me quedaban enormes.
- ¿O sea que nunca los has usado?
- ¡Por supuesto que los usé! Con lo mal que yo le caía a James antes del bargaine, el regalarme algo para Navidad debió representar todo un reto para él. Sólo que nunca le dije que cada vez que me los ponía, debía achicarlos con un hechizo y luego volverlos a su tamaño normal.
Molly la miró sin entender.
- ¿Y por qué no los dejabas de tu tamaño directamente?
- Por las dudas algún día él los tomara y notara que eran más pequeños. No quería que se sintiera mal – explicó Evelyn -. James era un tipo muy sensible con esos detalles.
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Londres
Ático de la casa de Mathew Whitherspoon y Evelyn Bright
Tres golpes secos resonaron en el altillo de la casa de los Whitherspoon cuando George aporreó un pisapapeles contra el escritorio de caoba.
- ¡Silencio! – dijo Fred con voz grave, aún cuando nadie estaba hablando -. Se da inicio a la sesión del tribunal Weasley. El orden del día: El novio de Ginebra Weasley.
Harry, que había sido sorprendido cuando se dirigía hacia su habitación por Bill y Charlie y arrastrado hasta allí sin mayores explicaciones, estaba sentado en una silla en el medio del cuarto. Entre divertido y aprehensivo, contempló los semblantes serios de los cuatro hermanos Weasley mayores que se encontraban sentados frente a él. Ron había elegido un lugar un poco más neutral, a un costado, pero hasta ahí llegaba lo neutral de su actitud.
George carraspeó y metiendo la mano en el bolsillo de su nuevo pantalón de piel de dragón, comenzó a caminar frente al auditorio.
- Como todos sabemos, y de acuerdo a las afirmaciones de la propia Ginebra Weasley, el aquí presente interpelado Harry Potter ha tenido la osadía de involucrarse sentimentalmente con la mencionada bruja, sin el debido permiso y consentimiento de las partes interesadas en el asunto. Es decir, sus hermanos mayores – con un gesto grandilocuente, se volvió hacia su hermano Fred -. Fred Weasley, por favor, presente el caso ante el tribunal.
Fred procedió a ponerse de pie mientras George se sentaba. Harry se habría reído si no supiera que esos cinco magos en verdad podrían arrancarle la cabeza, si Ginny llegaba a derramar una sola lágrima por su culpa.
- Los hechos son los siguientes: el interpelado, Harry Potter, aparentemente llevó a la inocente Ginebra Weasley a un lugar aislado y procedió a convencerla de que ser su novia era una idea perfecta. No estamos seguros de qué métodos usó para convencerla – todos los ojos se clavaron en Harry, que se encogió un poco.
- De lo que estamos totalmente seguros es que no queremos enterarnos – afirmó George.
- Lo que sí se sabe es que retornaron de este lejano y recóndito sitio a altas horas de la noche, ostentando manos entrelazadas, según la declaración del testigo aquí presente Ronald Weasley – prosiguió Fred, mirando a su hermano menor que asintió sin decir nada -. El mismo testigo declaró que este giro de los acontecimientos surgió alrededor de un mes después de que Harry Potter protagonizara una escandalosa discusión con Ginebra Weasley, durante un desayuno en el Gran Salón de Hogwarts.
- Otros testigos afirman que en dicha discusión, la hombría de bien del señor Potter fue puesta en duda por la señorita Weasley. Incluso circula la teoría de que habría sido éste, y no otro, el motivo que llevó al señor Potter a acercarse a la señorita Weasley – acotó George.
- ¡Hey, eso no es cierto! – exclamó Harry, ofendido.
Fred golpeó la nuca de Harry con la mano.
- Se le recuerda al interpelado que no se le permite hablar hasta que le llegue su turno – dijo antes de volver a pasearse -. Como decíamos, circula la teoría de que el deseo del señor Potter de borrar la idea que se instaló en el inconsciente colectivo, luego de la acusación de la señorita Weasley, es lo que lo llevó a traspasar la barrera de lo amistoso y adentrarse en el terreno de lo sentimental. Sin embargo – afirmó, levantando un dedo al mismo tiempo que la voz – circula otro rumor que afirma que esto se veía venir desde hace mucho. ¿Señor Weasley? – dijo, mirando a George.
Una vez más cambiaron lugares y George comenzó a pasearse, haciendo que sus pantalones de cuero brillaran con colores extraños cuando se movía.
- Los hechos que sustentan esta segunda teoría tienen su origen en las variadas muestras de interés que el mencionado señor Potter y la señorita Weasley han desplegado a lo largo de los últimos años. Sutiles en su mayoría, según testigos – y una vez más miró a Ron, que puso los ojos en blanco -, esta pareja no ha dejado de gravitar uno alrededor del otro desde el pasado año. Tardes de charlas, realización ilícita de hechizos a la media noche, paseos por cementerios locales al amanecer…
- Eso difícilmente puede ser considerado un paseo y no fue mi idea que ella fuera. Fue culpa de Ron y Hermione – se quejó Harry.
George se limitó a golpearle la parte trasera de la cabeza nuevamente y prosiguió.
- En resumen, nuestras fuentes nos indican que, mayormente, el señor Potter se ha mostrado siempre interesado en el bienestar de la señorita Weasley.
- Sin olvidar que le salvó la vida hace cuatro años – agregó Ron, hablando por primera vez.
- Descuide, señor Wealsey. Ninguno de nosotros ha olvidado ese detalle – le aseguró Fred con solemnidad.
- Por lo tanto – exclamó George, levantando la voz nuevamente con lo que atrajo hacia él la atención de todos - lo que se discute aquí, básicamente, no es si el señor Potter puede o no ser el novio oficial de la señorita Weasley – continuó -. Todos los presentes conocemos a la mencionada bruja y sabemos que está más allá de nuestras manos, e incluso me atrevería a decir de las del señor Potter, tomar cartas en semejante asunto. Una vez que ella ha tomado una decisión, ir contra sus deseos se vuelve algo complicado. Y viendo que ella ya ha tomado esta decisión, este tribunal no va a discutirla.
- Ah, ¿no? – preguntó Harry, aliviado, por lo que recibió otro golpe en la nuca de parte de George.
- No. Lo que se discute en el orden del día es la manera en que, de ahora en adelante, el señor Potter deberá conducirse con la señorita Weasley. Y sus obligaciones para con sus futuros cuñados, por supuesto.
- ¿Futuros? Y no te atrevas a golpearme de nuevo – dijo Harry, levantando la mano para detener el cachetón.
- Sí, futuros – aclaró George.
- ¿No se están adelantando un poco? – preguntó entonces Harry, frunciendo el ceño.
- No pensarás salir con nuestra hermana sólo para divertirte por un tiempo, ¿verdad Harry? – preguntó Charlie, levantando sus cejas.
- Porque NADIE está con nuestra hermana sólo por diversión – aclaró Bill, con los brazos cruzados y el colmillo que usaba como adorno moviéndose levemente cuando inclinó su cabeza para mirarlo con fijeza.
- Yo nunca dije que estoy con ella por diversión – aclaró Harry, que sentía un considerable respeto por los dos Weasley mayores –. Sólo digo que hablar de futuros cuñados es como dar por sentado que Ginny y yo, algún día, vamos a casarnos o algo parecido.
- ¿Algo parecido? – preguntó entonces Ron.
- Está bien, casarnos. Nada fuera de casarnos. Pero… ¡tengo 16 años! ¿No les parece que nos estamos adelantando?
- Casi 17 – lo corrigió Fred -. Y los antecedentes familiares por ambas partes señalan una tendencia a contraer matrimonio a edades no tan avanzadas – aclaró.
- Por el lado de la señorita Weasley, sus padres se casaron apenas salieron de Hogwarts – señaló George.
- Y por el lado del señor Potter, sus padres se casaron ANTES de salir de Hogwarts – concluyó Fred -. Por no mencionar que, contrario a la creencia popular, el bargaine que los unió en matrimonio se conjuró de la manera antigua y tradicional.
- Lo cual, a nuestro entender, podría dar todo tipo de ideas equivocadas al señor Potter acerca de lo que es correcto o no hacer con su novia – aseveró George.
Harry miró a los mellizos con la boca abierta y el rostro incendiado, antes de volverse hacia Ron que estaba muy colorado y tenía el ceño fruncido.
- Maldición, George… ¿tenías que mencionar eso? No era exactamente una imagen que necesitara tener en mi mente – afirmó el muchacho, sacudiendo la cabeza con un estremecimiento.
- Yo no estoy planeando conjurar nada parecido a un bargaine con Ginny – afirmó Harry incómodo, una vez que logró encontrar su voz nuevamente.
- ¿Y qué es exactamente lo que estás planeando? – preguntó entonces Fred –. Porque déjanos decirte, querido Harry, que aunque todos te queremos como un hermano…
- Y fuera del hecho de que parece que has resultado ser un lejano pariente nuestro – agregó George.
- Es de Ginny de quien estamos hablando aquí. Ginny – Fred recalcó el nombre mientras se cernía sobre Harry desde su considerable altura.
- Nuestra hermana menor – aclaró George.
- A quien juramos amar y proteger de cuanto indeseable caminara por allí en el exacto minuto en que nació – agregó Charlie.
- Y por quien no tendríamos problema alguno en arrancar la cabeza de quien la haga sufrir – añadió Bill, señalándolo con el dedo índice en un claro gesto de advertencia.
- Aún si esa cabeza es la del invaluable Harry Potter – concluyó Fred.
Llegados a este punto, los cuatro hermanos mayores miraron a Ron, que permanecía sentado con los brazos cruzados y las piernas estiradas, enlazadas por los tobillos.
- ¿Qué? – preguntó el muchacho.
- ¿No tienes nada que agregar?
Ron levantó un hombro con despreocupación.
- No. Harry y yo ya tuvimos esta charla y llegamos a un acuerdo de caballeros.
Harry asintió a esto.
- ¿Un acuerdo de caballeros? – preguntó Fred, interesado.
- ¿Qué acuerdo? – quiso saber Charlie.
- Si Harry le rompe el corazón a Ginny, yo le romperé la cara a él – dijo Ron.
- Y yo se la rompo a él si lastima a Hermione – agregó Harry.
- No sé a qué viene ese comentario. Yo no soy el tema aquí y Hermione no es mi novia – murmuró Ron, ruborizándose nuevamente ante las miradas sabihondas de sus hermanos.
- Sin embargo, ese no es un asunto menor. Tal vez deberíamos programar otra sesión para tratarlo debidamente – sugirió Fred.
- Me parece una idea excelente – dijo George -. Pero ahora volvamos al tema que nos ocupa.
- Señor Harry James Potter, esto es lo que este tribunal espera de usted como novio de Ginebra Molly Weasley – con una floritura, Fred tomó un pergamino que estaba sobre el escritorio de Mathew y lo desplegó frente a él.
- Punto 1: Manos quietas. No habrá libres vagabundeos de manos. Los lugares permitidos son manos, brazos, hombros y el cuello. Todo punto por debajo de la línea de las clavículas está prohibido, incluso por encima de la ropa.
George tomó el pergamino que Fred le tendía y carraspeó levemente antes de leer el siguiente ítem.
- Punto 2: Besos castos. Nada de sesiones intensas. CAS-TOS.
- Punto 3: Modales – continuó Fred -. En todo momento la señorita Weasley será tratada con la delicadeza que su estatus de dama merece. Abrir puertas, apartar sillas, dejarle un abrigo en caso de que refresque y recordar todos los aniversarios importantes.
- Punto 4: Lenguaje – leyó George -. Jamás le levantará la voz ni la llamará de maneras groseras, por muy enfebrecida que sea una discusión. Dada la tendencia del señor Potter a explotar de tanto en tanto, le aconsejamos que se muerda la lengua antes de gritarle a la señorita Weasley.
- ¿Y qué hay de la tendencia de Ginny a explotar? – preguntó Harry, cruzándose de brazos -. Porque no me malentiendan, para mí Ginny es perfecta, pero su temperamento no entra precisamente en la categoría de suave.
- En caso de que la señorita Weasley explote, el señor Potter deberá aguantarse la andanada como un hombre y sin rechistar. Y deberá permanecer callado hasta que esta sesión termine – aclaró George dándole el pergamino a Fred, quien se aprestó a seguir leyendo.
- Punto 5: Demostraciones públicas de afecto. Mínimas. Nadie quiere verlas.
Bill y Chalie asintieron mientras George volvía a tomar el largo escrito.
- Punto 6: Intenciones. Dado que decidió llevar la relación al terreno de noviazgo, el señor Potter deberá de ahora en adelante tener siempre en mente que en la familia Weasley no existen las relaciones por diversión.
- ¿Y qué me dicen de esa ayudante de la tienda? – preguntó entonces Harry, que se debatía entre la vergüenza, la diversión y las ganas de salir de allí cuanto antes.
- Un desliz sin importancia que no puede ser considerado un antecedente en absoluto, pero que nos lleva directo al punto 7: Los deslices – continuó Fred -. Cero. Inexistentes. El señor Potter no mirará otras brujas, no notará a otras brujas, desconocerá la existencia de cualquier otra bruja.
- ¿Puedo conocer a Hermione? – inquirió Harry, cruzándose de brazos.
Esta vez la patada a su silla llegó desde Ron, provocando una carcajada de Bill y Charlie mientras Harry se aferraba al asiento para no caerse.
- ¡Como amiga! – exclamó, divertido.
- Idiota – murmuró Ron.
- Punto 8…
- ¿Qué está pasando aquí?
La voz de Ginny cortó en seco la lectura del listado, que por lo que Harry había llegado a atisbar era bastante extenso. Los seis muchachos se giraron para encontrarse con la joven parada en el vano de la puerta, mirando a sus hermanos con el ceño fruncido.
- Nada – respondió Charlie.
- Sólo charlábamos – agregó Bill.
- Ya sabes… charla de chicos – señaló Fred, enrollando el pergamino como al descuido y pasándoselo a George, que lo guardó en el bolsillo de su saco.
- Charla de chicos y un cuerno – dijo Ginny, cruzándose de brazos -. ¿Harry? – preguntó entonces.
El muchacho miró a los hermanos Weasley, que mostraban sus mejores expresiones de absoluta inocencia, y se tragó la risa.
- Estábamos hablando de… automóviles. Ya sabes, ahora que he aprendido a conducir quizás me compre uno – dijo en un arranque de repentina inspiración.
- Exacto – confirmó George.
- Automóviles – concluyó Fred.
Los ojos de la chica se entrecerraron, suspicaces.
- Mamá dice que si no están todos abajo en dos minutos se quedarán sin cenar – dijo sin suavizar su expresión.
Sus hermanos se pusieron en movimiento con rapidez, sabiendo que su madre raramente hacía amenazas en vano. Entonces Harry dejó salir el aire que había estado reteniendo.
Pudo ser mucho peor y lo sabía.
Poniéndose de pie se acercó a Ginny, que lo abrazó por la cintura y lo miró con el ceño algo fruncido.
- ¿Y bien?
- Y bien ¿qué? – preguntó Harry cerrando las manos en la espalda de la chica.
- ¿Qué era todo esto?
- No era nada – respondió, levantando una mano para colocarle un mechón de pelo detrás de la oreja.
Inclinándose, la besó con suavidad. Entonces la voz de George resonó desde abajo con fuerza.
- ¡PUNTO CINCO!
Separándose algo sobresaltados, ambos estallaron en una carcajada antes de que Harry se volviera hacia la puerta. Tomándola de la mano, cruzó el brazo de Ginny por el frente del pecho de la chica, de manera que su brazo quedó sobre los hombros de ella y sus manos colgaron, entrelazadas.
Ginny besó el dorso de la mano de Harry y le sonrió, divertida.
- En cuanto a esa nada que aconteció recién entre tú y mis hermanos – dijo y Harry la miró levantando una ceja -, olvídate de los puntos 1, 2, 5 y 6; prometo cumplir por mi parte los puntos 3 y 4, pero ni se te ocurra saltearte el punto 7 o para cuando mis hermanos lleguen hasta ti, no quedará nada con lo que puedan trabajar. ¿Estamos claros, Potter?
Riendo, Harry se detuvo en el descanso del primer piso. Volteando a Ginny hacia él, la besó hasta que un gemido salió de la garganta de la chica y tuvieron que separarse para recuperar algo de aire.
- Clarísimos, Weasley – murmuró, antes de seguir descendiendo hacia la planta baja.
